Para romper el estigma

JJ Almeida en la graduación de la Academia Blogger

JJ Almeida en la graduación de la Academia Blogger

Hace poco más de 60 días Juan Juan Almeida entró en huelga de hambre. La suya es, de cierta forma, la más solitaria de las huelgas. Cierto que muchos bloggers y otros amigos hemos estado al tanto de su estado y hemos seguido su larga saga en pos de una autorización de salida que le permita atenderse una severa dolencia de salud cuyo tratamiento no es posible aplicarle en Cuba; cierto es también que varios sitios digitales han publicado sus peripecias (detenciones incluidas) presionando constantemente a las autoridades y exigiendo su derecho a viajar, a reunirse con su familia y a seguir el tratamiento correspondiente a su enfermedad, pero de cualquier manera la opinión pública no se ha movilizado aún lo suficiente.

Meditando sobre la encrucijada en que se encuentra Juan Juan, pienso en lo difícil que resulta su caso y en los estigmas que lo lastran a la hora de concitar la solidaridad que tanto necesita. Primero, porque su lucha, al insertarse en las cotas de un drama personal, carece de los ribetes heroicos que la solidaridad tradicional demanda; su disputa, dicen algunos necios, no es por Cuba y los cubanos, sino para resolver su problema particular. Porque no acabamos de descubrir que el suyo es el drama de cualquier cubano y, por tanto, el de todos. Segundo, porque los medios de prensa internacional más famosos y de mayor alcance prestan atención a aquel cuyo largo bigote o cuya cantidad de perforaciones en el cuerpo mereció un record Guinness, pero no a la tragedia de un hombre solitario  que acude a un recurso desesperado para defender el derecho a salir y entrar libremente en su propio país. Tercero, y su mayor estigma, porque JJ –como lo llamamos muchos– es hijo del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, lo que conlleva un fuerte prejuicio: siendo así, es “de ellos”, gozó de beneficios y privilegios que no tuvo la mayoría de nosotros y, por tanto, “merece lo que le ocurre”. Un patrón que se ha repetido varias veces cuando he expuesto en algunos círculos de amigos el dilema de JJ, como si ser nacido de alguien en particular entrañara un maleficio, como si para cada uno de nosotros nuestros padres no fueran siempre queridos y queribles, o como si la casualidad de no pertenecer por derecho de cuna a los ungidos nos otorgara algún certificado de pureza moral y nos colocara por encima de “los hijos de alguien”.

Por mi parte, pienso que precisamente su origen hace más difícil su lucha que la mía. Su ruptura ha sido mayor y también es superior el costo de su osadía. Desde mi vertical disidencia no he perdido, sin embargo, ni un solo amigo (más bien he ganado muchos amigos nuevos); no he tenido rupturas o resentimientos familiares, nadie me separa de los míos (de los vivos o de los muertos) y no he sufrido rechazo alguno. No ha sido éste su caso.

Yo prefiero ver a JJ de otra forma: no como al privilegiado que no es, sino como a otro de mis compañeros de ruta. Elijo despojar de nombre y pedigrí a este hombre y ver al ser humano que carece de los mismos derechos que carecemos todos en la Isla –y hasta algunos fuera de ella–, incluyendo ese derecho supremo que es la Libertad. Este es un hombre enfermo que, gracias a muchos amigos que lo quieren (y no a la revolución, que por alguna razón lo detesta… Y ya eso lo hace bueno a mis ojos), tiene la posibilidad de mejorar su salud fuera de Cuba, pero el gobierno le impide viajar y lo condena así a morir. Este es un hombre impedido de reunirse con su esposa e hija por haber cometido el increíble pecado de escribir un libro donde dice lo que sabe, lo que cree y lo que opina sobre ciertos temas incómodos para la oligarquía guerrera, dueña de los destinos de todos. Yo elijo solidarizarme con este ser humano al que reconozco muchísimos gestos de solidaridad hacia otros y hacia nosotros, los desobedientes, con los que ha echado su suerte.

Desde el 10 de agosto de 2010 Juan Juan Almeida ha sido hospitalizado en La Habana. Su salud se ha deteriorado y su cuerpo se ha debilitado por el largo ayuno. Su demanda, salir de Cuba, ha dejado de ser un reclamo individual, aunque el propio JJ no tenga pretensiones de líder o de bandera: es hoy el reclamo de un derecho de todos los cubanos. No le dejemos solo.

Acerca de Miriam Celaya

Miriam Celaya González Nací en La Habana el 9 de octubre de 1959, mi patria chica es La Habana Vieja “intramuros” anterior al embate museológico del Historiador y a la destrucción de otros tornados artificiales. En el orden familiar, soy esposa, madre de dos hijos, abuela de dos nietos y amiguísima-cómplice de dos nueras. Soy aficionada al cine, lectora compulsiva, amante del debate, disidente incorregible y trasgresora impenitente. Me encanta cocinar, escribir, disfrutar de mi familia, reunirme con mis amigos, hacer rabiar a mis enemigos y, de vez en vez, también disfruto la soledad. Aunque soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, en realidad nunca me dediqué a la crítica artística sino a las investigaciones arqueológicas y de antropología sociocultural, y fundamentalmente al estudio del arte alfarero taíno. Más allá de Alma Mater, soy autodidacta por naturaleza y empírica de cada camino que emprendo. Trabajé durante poco más de 20 años en el departamento de arqueología del Instituto de Antropología, que forma parte de un delirio conocido como Academia de Ciencias de Cuba, desde donde publiqué varios artículos científicos y escribí en coautoría con un colega dos monografías, aún inéditas. He sido profesora de literatura y lengua española, de cultura taína y de arte precolombino cubano, y desde finales de 2004, comunicadora por cuenta propia o algo así como “periodista espontánea”. Llegué al periodismo ciudadano como parte del consejo de redacción y colaboradora habitual de la primera revista digital independiente realizada y administrada desde Cuba (Consenso). Más tarde sería la revista Contodos y su sitio web (desdecuba.com) fue la cuna de la también primera plataforma-blog libre dentro de la Isla, creada por Yoani Sánchez en 2007. Allí publiqué utilizando varios seudónimos, en especial T. Avellaneda, como homenaje a la poetisa camagüeyana que tanto admiro. Entre diciembre de 2007 y enero de 2008 inicié esta, mi propia bitácora personal, Sin EVAsión, escribiendo bajo el seudónimo de Eva González, nombre que había elegido para firmar mis colaboraciones con la publicación digital Cubaencuentro. En julio de 2008 revelé mi identidad y desde entonces firmo mis trabajos con mi propio nombre. En todos estos años he colaborado con varias publicaciones y espacios digitales, además de los ya mencionados: revista Voces, revista Convivencia, Diario de Cuba, Cubanet y Penúltimos Días. Algunos otros espacios independientes me han honrado reproduciendo artículos de mi autoría. En 2009 resulté ganadora del Premio de Periodismo Digital del concurso blogger independiente “Una Isla Virtual”. En el propio año fui a la vez profesora y estudiante de la Academia Blogger creada por Yoani Sánchez para impulsar el periodismo ciudadano en Cuba. En 2011 obtuve Mención en el Sexto Concurso de Ensayo Caminos de la Libertad, de la Fundación Salinas (México) y en 2013 fue publicado el libro “Cuba in focus” por la Editorial Clío, del cual soy coeditora y coautora. En la actualidad sigo escribiendo para varias páginas y conservo mi bitácora, a la vez que procuro adelantar algunos proyectos editoriales pendientes.
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