Gratitud

Con varios días de retraso logro acceder a mi blog para agradecer públicamente a todos los amigos y a los medios que se mantuvieron atentos y preocupados por nosotros durante la razia represiva de los pasados días finales del 2014.
Mi hijo, el periodista independiente y reportero de 14ymedio.com, Víctor Ariel González, fue detenido cerca del mediodía del día 30, cuando salía de su edificio para ir a mi casa a almorzar, justamente en los momentos en que su padre y yo pasábamos a recogerlo. Por esa rara casualidad fue el único de las decenas de detenidos de esa jornada cuyo paradero no era desconocido, ya que sus padres nos montamos junto a él en la patrulla policial que nos condujo a los tres la unidad policial de Guanabacoa, donde lo tuvieron arrestado a él hasta el 31 de diciembre, cuando fue liberado en horas de la tarde, mientras nosotros permanecimos fuera.
Durante las 25 horas y media que lo retuvieron allí, recibimos decenas de llamadas de amigos de adentro y de fuera de Cuba: Yoani Sánchez, quien se mantuvo informando de toda la situación a través de las redes sociales; mis amigos y colegas de Cubanet, que reportó también cada detalle y los nombres de los detenidos; Elizardo Sánchez, de la Comisión Cubana de Derechos Humanos; Laritza Diversent, de Cubalex, quien se mantuvo en contacto con nosotros asesorándonos legalmente y cuyas orientaciones tuvieron una gran importancia para presionar, de acuerdo al derecho refrendado en la ley, por la liberación de Víctor Ariel; Luzbeli Escobar y un sinnúmero de colegas y compañeros de ruta que estuvieron en contacto permanente con nosotros.
No quiero pasar por alto los mensajes y llamadas de apoyo recibidos desde diferentes partes de Cuba y del extranjero: de los amigos del grupo Convivencia; de Henry Constantin, desde Camagüey; de mi amigo Frank, de Guanabo; de los imprescindibles Marta y Eugenio, mis sempiternos amigos de Kendall; de mi querida prima, de Hialeah, y de otros muchos que no mencionaré porque prefiero no exponerlos, ya que viven en Cuba y son valiosos activistas anónimos.
Les aseguro que la solidaridad y la fuerza que me transmitieron fueron cruciales para superar las duras horas de indefensión, impotencia y preocupación por el destino de nuestro hijo. No obstante, viví la satisfacción de encarar con mis verdades al menos a tres de los sicarios del régimen. Jamás imaginé que el odio de otra persona hacia mí fuera capaz de fortalecerme tanto y provocarme un sentimiento tan confortador. Eso son ellos: meros instrumentos de odio de un régimen más brutal cuanto más temeroso. Es impresionante ver estos jóvenes lacayos, servidores ciegos y sumisos al servicio de una dictadura a la que van a sobrevivir. Si no los despreciara tanto, creo que les tendría lástima.
Tanto los esbirros de la policía política como la policía uniformada, cómplice del atropello, estaban nerviosos. Es absurdo comprobar el miedo que les inspira la simple posibilidad de que los cubanos nos expresemos libremente. Apenas una artista anuncia un performance y se desatan los terrores del régimen, que lanza a sus perros a encerrar incluso a quienes no teníamos la intención siquiera de participar en el acto.
También por temor, hicieron esfuerzos para que mi esposo y yo nos marcháramos de la unidad policial. Los familiares de los detenidos por delitos comunes nos miraban con curiosidad, pero también con respeto, escuchando atentos cada cosa que decíamos.

“Les recomiendo que vaya para su casa. Víctor Ariel va a permanecer sujeto a investigación por un mínimo de 24 horas”, me dijo un joven payaso (contrainteligente) vestido de civil, quien –entre otras lindezas– me amenazó con apresarme “por desacato”. “Como si son 24 meses. Yo no me muevo de aquí hasta que lo liberen. Yo no sé si tú naciste de mujer, pero ese que tienen encerrado ahí, sin motivo alguno y violando sus derechos, es mi hijo. Méteme presa si te parece.”. Aquel etcétera se marchó muy molesto.
Mientras, muchos amigos se aprestaban a unirse a nosotros para concentrarse frente a la estación policial y exigir la liberación de Víctor Ariel, en caso que lo retuvieran preso por más de un día. Yo había advertido de esto a la policía, y estoy segura que ellos estaban ansiosos por que sus mandamases acabaran de liberar a mi hijo.
Al fin lo sacaron por detrás, a escondidas, para evitar escenas triunfales frente a su cuartelito, y lo devolvieron en una patrulla a su casa. Su padre y yo fuimos informados de esto por un uniformado, y nos anticipamos a su llegada para recibirlo en los bajos de su casa, donde lo dejaron.
Quiero también compartir con todos los lectores el orgullo que siento por la postura vertical de mi hijo, que regresó con la sonrisa amplia de siempre y la moral por los cielos. En todo el tiempo que estuvo preso se negó a ingerir alimentos o agua, como protesta por la arbitrariedad de su detención. Ni por un momento dudé de su valor, pese a la amenaza del instructor de Villa Marista, quien le aseguró que “si sigues haciendo lo que haces, se te va a procesar legalmente. Estás advertido”. Víctor Ariel no firmó el acta de advertencia ni la de detención, pero le respondió sencillamente a aquel sayón: “Voy a seguir escribiendo”.
Yo también. Y con toda seguridad estaré junto a él en cualquier circunstancia, por difícil que sea. Sé que se avecinan tiempos espinosos, pero también sé que ustedes estarán con nosotros. No faltaremos a la fe y confianza que nos han demostrado.
Otra vez, a todos ustedes, ¡gracias!

Acerca de Miriam Celaya

Miriam Celaya González Nací en La Habana el 9 de octubre de 1959, mi patria chica es La Habana Vieja “intramuros” anterior al embate museológico del Historiador y a la destrucción de otros tornados artificiales. En el orden familiar, soy esposa, madre de dos hijos, abuela de dos nietos y amiguísima-cómplice de dos nueras. Soy aficionada al cine, lectora compulsiva, amante del debate, disidente incorregible y trasgresora impenitente. Me encanta cocinar, escribir, disfrutar de mi familia, reunirme con mis amigos, hacer rabiar a mis enemigos y, de vez en vez, también disfruto la soledad. Aunque soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, en realidad nunca me dediqué a la crítica artística sino a las investigaciones arqueológicas y de antropología sociocultural, y fundamentalmente al estudio del arte alfarero taíno. Más allá de Alma Mater, soy autodidacta por naturaleza y empírica de cada camino que emprendo. Trabajé durante poco más de 20 años en el departamento de arqueología del Instituto de Antropología, que forma parte de un delirio conocido como Academia de Ciencias de Cuba, desde donde publiqué varios artículos científicos y escribí en coautoría con un colega dos monografías, aún inéditas. He sido profesora de literatura y lengua española, de cultura taína y de arte precolombino cubano, y desde finales de 2004, comunicadora por cuenta propia o algo así como “periodista espontánea”. Llegué al periodismo ciudadano como parte del consejo de redacción y colaboradora habitual de la primera revista digital independiente realizada y administrada desde Cuba (Consenso). Más tarde sería la revista Contodos y su sitio web (desdecuba.com) fue la cuna de la también primera plataforma-blog libre dentro de la Isla, creada por Yoani Sánchez en 2007. Allí publiqué utilizando varios seudónimos, en especial T. Avellaneda, como homenaje a la poetisa camagüeyana que tanto admiro. Entre diciembre de 2007 y enero de 2008 inicié esta, mi propia bitácora personal, Sin EVAsión, escribiendo bajo el seudónimo de Eva González, nombre que había elegido para firmar mis colaboraciones con la publicación digital Cubaencuentro. En julio de 2008 revelé mi identidad y desde entonces firmo mis trabajos con mi propio nombre. En todos estos años he colaborado con varias publicaciones y espacios digitales, además de los ya mencionados: revista Voces, revista Convivencia, Diario de Cuba, Cubanet y Penúltimos Días. Algunos otros espacios independientes me han honrado reproduciendo artículos de mi autoría. En 2009 resulté ganadora del Premio de Periodismo Digital del concurso blogger independiente “Una Isla Virtual”. En el propio año fui a la vez profesora y estudiante de la Academia Blogger creada por Yoani Sánchez para impulsar el periodismo ciudadano en Cuba. En 2011 obtuve Mención en el Sexto Concurso de Ensayo Caminos de la Libertad, de la Fundación Salinas (México) y en 2013 fue publicado el libro “Cuba in focus” por la Editorial Clío, del cual soy coeditora y coautora. En la actualidad sigo escribiendo para varias páginas y conservo mi bitácora, a la vez que procuro adelantar algunos proyectos editoriales pendientes.
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