Breve crónica de una restauración monárquica

Los cubanos que ya cruzamos la línea de la quinta década de vida vimos desaparecer de nuestros días de infancia (por voluntad de la castrocracia) las esperadas Navidades en que toda la familia se reunía jubilosa alrededor de una mesa bien servida, en una celebración más tradicional que religiosa. Creyentes o ateos, las fiestas de fin de año eran el pretexto para encontrarse y compartir, para renovar los afectos, para fortalecer la unión familiar. Las fiestas cerraban a inicios de enero con el día más esperado por los niños, el Día de Reyes, cuando despertábamos por nosotros mismos bien temprano en la mañana, para descubrir los juguetes que nos habían traído los bondadosos Melchor, Gaspar y Baltasar. Era, según lo recuerdo, todo un ritual en que mediaban los paseos con nuestros padres para mirar las vidrieras de las tiendas cargadas de relucientes y coloridos juguetes durante los días previos, la sempiterna carta a los Reyes colocada con toda ilusión la noche del 5 de enero dentro de los zapaticos más nuevos que tuviésemos, y quizás algún obsequio nuestro para los camellos y sus jinetes. Por ejemplo, mi hermano mayor y yo solíamos colocar yerbas para que comiesen los camellos y alguna caja de cigarrillos para los Reyes porque asumíamos que si nuestro padre fumaba, con seguridad también los Reyes lo harían.

Si no recuerdo mal, fue en la segunda mitad de la década de los 60’ cuando las Navidades y el Día de Reyes quedaron proscritos en Cuba. Eran, se decía por las autoridades, celebraciones religiosas que nada tenían que ver con el espíritu revolucionario y marxista de nuestro proceso. Muchos padres mantuvieron a duras penas durante un tiempo la tradición de los Reyes Magos –los míos entre ellos, aunque eran ateos– y el gobierno tuvo la astucia de no eliminar de un plumazo la fiesta infantil: con la perversidad que lo caracteriza estableció la “norma” que regiría por mucho tiempo la distribución de juguetes para que todos los niños fuésemos “iguales” y así se superaran las injustas diferencias burguesas donde, aseguraban, los niños ricos tenían juguetes y los pobres no. Desde entonces cada niño tendría derecho a tres juguetes al año, uno “básico” (con un costo superior a los cinco pesos de entonces) y dos “adicionales”, más baratos. Poco después se establecería otra variante y ya no serían dos adicionales, sino uno adicional y otro “dirigido”. Este último sería un juguete de poco valor monetario –aunque en definitiva la verdad es que el valor real de un juguete es el que le otorga cada niño–, algo así como un trompo, un paquete de soldaditos, un juego de “yaquis” o una suiza. Un detalle propio del sistema, experto en límites y parcelaciones: los juguetes “tocaban” a los niños hasta los doce años de edad. A los trece años ya no eras oficialmente niño.

La llamada “Ofensiva Revolucionaria” de 1968, que liquidó de golpe los últimos reductos de propiedad privada que sobrevivían en Cuba, también eliminó la posibilidad de adquirir algunos juguetes artesanales que se vendían en pequeñas quincallas y otros negocios familiares. La Habana, particularmente, tenía incontables quincallitas de aquellas. Todavía mi generación recuerda la variedad de juguetes que, por precios muy módicos, se compraban en aquellos modestos establecimientos y con los cuales muchos padres de las familias más humildes alegraban el 6 de enero de sus hogares.  Eso, sin mencionar que las tiendas que vendían los juguetes de producción industrial ofrecían precios para todos los bolsillos.

A principios de los 70’ la imaginación oficial introdujo un método más perverso aún: el sorteo. Este consistía en colocar en un bombo los números de las cartillas de racionamiento de cada núcleo familiar donde hubiera un niño en edad comprendida entre cero y 12 años. Cada número de cartilla que se iba sacando del bombo establecía qué día y en qué orden numérico “le tocaba” comprar a cada quien, dentro de los cinco días establecidos para la venta de juguetes. Aquel a quien le correspondiera la compra el primer día de venta tendría la posibilidad de acceder a los mejores juguetes, el infeliz que compraba el quinto día solo alcanzaba los rastrojos.

Está claro que a esas alturas los Reyes Magos habían desaparecido del proceso; los juguetes llegaban según la suerte que se tuviera en el bombo y sabíamos que los compraban nuestros padres en la tienda que le asignaban a cada uno. Otro delicioso detalle del sistema: se implementó un “Día de los niños”, que se celebraba en julio, en sustitución del tradicional Día de Reyes del 6 de enero.

Pero he aquí que las tradiciones y los sueños pueden más que cualquier dictadura y permanecen sembrados en lo más profundo de la memoria cultural de los pueblos. Desde hace varios años, sin que mediara aprobación oficial alguna, se ha venido restaurando en las familias cubanas esa peculiar monarquía de Los Reyes Magos y ya es raro el hogar en que los niños no celebren la fiesta del 6 de enero. Han regresado Melchor, Gaspar y Baltasar, aunque con ellos también se ha reciclado la perversidad del sistema.  Ahora son las tiendas de la castrocracia las que ofrecen los juguetes, siempre en divisas, para aquellos padres que puedan comprarlos a los exhorbitantes precios que ostentan. Por supuesto, ya no hay básicos, adicionales ni dirigidos; no hay bombos ni cupones asignados. Al parecer, ya el gobierno ha olvidado los afanes del igualitarismo, pero las facilidades que existieron antaño, cuando había juguetes para cualquier bolsillo, no han sido restauradas.

En cuanto a mí, celebro el retorno de los Reyes Magos, que en definitiva nunca se fueron del imaginario popular. Lástima que ahora la dictadura cubana, en su sempiterno cinismo, los esté utilizando en beneficio propio.

 

Acerca de Miriam Celaya

Miriam Celaya González Nací en La Habana el 9 de octubre de 1959, mi patria chica es La Habana Vieja “intramuros” anterior al embate museológico del Historiador y a la destrucción de otros tornados artificiales. En el orden familiar, soy esposa, madre de dos hijos, abuela de dos nietos y amiguísima-cómplice de dos nueras. Soy aficionada al cine, lectora compulsiva, amante del debate, disidente incorregible y trasgresora impenitente. Me encanta cocinar, escribir, disfrutar de mi familia, reunirme con mis amigos, hacer rabiar a mis enemigos y, de vez en vez, también disfruto la soledad. Aunque soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, en realidad nunca me dediqué a la crítica artística sino a las investigaciones arqueológicas y de antropología sociocultural, y fundamentalmente al estudio del arte alfarero taíno. Más allá de Alma Mater, soy autodidacta por naturaleza y empírica de cada camino que emprendo. Trabajé durante poco más de 20 años en el departamento de arqueología del Instituto de Antropología, que forma parte de un delirio conocido como Academia de Ciencias de Cuba, desde donde publiqué varios artículos científicos y escribí en coautoría con un colega dos monografías, aún inéditas. He sido profesora de literatura y lengua española, de cultura taína y de arte precolombino cubano, y desde finales de 2004, comunicadora por cuenta propia o algo así como “periodista espontánea”. Llegué al periodismo ciudadano como parte del consejo de redacción y colaboradora habitual de la primera revista digital independiente realizada y administrada desde Cuba (Consenso). Más tarde sería la revista Contodos y su sitio web (desdecuba.com) fue la cuna de la también primera plataforma-blog libre dentro de la Isla, creada por Yoani Sánchez en 2007. Allí publiqué utilizando varios seudónimos, en especial T. Avellaneda, como homenaje a la poetisa camagüeyana que tanto admiro. Entre diciembre de 2007 y enero de 2008 inicié esta, mi propia bitácora personal, Sin EVAsión, escribiendo bajo el seudónimo de Eva González, nombre que había elegido para firmar mis colaboraciones con la publicación digital Cubaencuentro. En julio de 2008 revelé mi identidad y desde entonces firmo mis trabajos con mi propio nombre. En todos estos años he colaborado con varias publicaciones y espacios digitales, además de los ya mencionados: revista Voces, revista Convivencia, Diario de Cuba, Cubanet y Penúltimos Días. Algunos otros espacios independientes me han honrado reproduciendo artículos de mi autoría. En 2009 resulté ganadora del Premio de Periodismo Digital del concurso blogger independiente “Una Isla Virtual”. En el propio año fui a la vez profesora y estudiante de la Academia Blogger creada por Yoani Sánchez para impulsar el periodismo ciudadano en Cuba. En 2011 obtuve Mención en el Sexto Concurso de Ensayo Caminos de la Libertad, de la Fundación Salinas (México) y en 2013 fue publicado el libro “Cuba in focus” por la Editorial Clío, del cual soy coeditora y coautora. En la actualidad sigo escribiendo para varias páginas y conservo mi bitácora, a la vez que procuro adelantar algunos proyectos editoriales pendientes.
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9 respuestas a Breve crónica de una restauración monárquica

  1. Sanny dijo:

    Informacif3n Bitacoras.com Valora en Bitacoras.com: bfCf3mo se hacen los bloques de Lego? Todos en algfan moetnmo de nuestra vida hemos jugado con los bloques de Lego, uno de los mejores juguetes que todo nif1o puede tener. bfTe has preguntado alguna vez cf3mo los fabrican? bfNo? Yo ..

  2. Puers sí, amigos lectores, tuve que dejar muchas cosas en el tintero porque resultaba imposible en un solo post pintar toda la iniquidad del sistema a propósito de estas fechas. Mi intención era precisamente que ustedes acabaran de redondear esos recuerdos. Gracias y un abrazo.
    PD: Otro detalle. A pesar de los astronómicos precios de los juguetes que se venden en Cuba, donde los salarios son apenas un símbolo, la calidad de los mismos es pésima y se rompen con más rapidez que la que se invierte en comprarlos.

  3. Milan dijo:

    Naci en el 69; asi que me toco eso que cuentas de la epoca del 70….asi mismito era; y tambien cierto que aquellos padres que alcanzaban numeros bajos en los bombos; pero no tenian dinero para comprarles juguetes caros a sus hijos, vendian el numero a otras personas que si lo tenian….Asi que en fin de cuentas, la gente siempre inventa como desigualar las “igualdades”….o escapar. Tanto como era cierto que algunos que se le daban “dietas especiales” por ser de “bajos recursos” (mas bajo aun que lo que estabamos todos), vendian los productos alimenticios adicionales que les daban…o los cambiaban por cigarros o bebidas….

  4. Ponernos de acuerdo para, noctalgicamente, decir lo mismo, es un comienzo que nos dá esperanza de ponernos de acuerdo para, objetivamente, Hacer Valer el Voto.

  5. Ernesto Gerardo dijo:

    Eva, se te queda en el tintero como en el periodo especial llego a plantearse en los periodicos y programas de tv que los juguetes eran una fantasia comercial y … !!!! no eran necesarios para los ninos!!!!… !!!!que con la imaginacion propia de la infancia se suplia todo!!!! Doloroso fue para mi mujer el ir de compras al centro Carlos III de la capital, hace unos anios, y constatar no solo que los juguetes mas baratos costaban 12 cuc ( o si lo prefiere, 300 pesos cubanos o 75 menos que la media salarial) sino que estaban estrategicamente distribuidos por todo el complejo de tiendas. Al mas puro estilo capitalista, se trataba de colocarlos a la vista de los pequenios para que la mayor cantidad de estos “motivaran” a sus padres -la mayoria de los cuales solo tiene para jabon o aceite- a adquirirlos. !Se veran horrores!

  6. El Lapón Libre dijo:

    Muy bueno y triste Miriam, pero se te ovidó el detalle de aquella ocasión en que los juguetes debieron ser adquiridos llamando a un número teléfónico, el cual debido a las pocas existencias de teléfonos privados provocó un colapso del añejo sistema telefónico que duró meses. Muchas personas adultas (padres, madres, tutores…) cuando fueron con sus hijos (o niños) -!Abajo la ilusión y muerte a la inocencia!- a comprar los juguetes, tenían en sus dedos las huellas de horas moviendo en círculo el jodido dial para lograr el milagro. Hoy veo estos hechos dispatarados (otra rayita del gatito viejo -que no tigre- verde olivo) en nombre de la -supuesta- igualdad, entre la nostalgia y el horror.

  7. elisabethno fue muy bien recibida dijo:

    Feliz Dia de Reyes Miriam y al resto de los lectores. Si es cierto que la revolucion a hecho desmanes en todos los ordenes, siempre he creido que el mas doloroso y malvado es jugar con los sentimientos de sus ciudadanos a niveles maquiavelicos. El quita y pon de tradiciones y creencias, no tan solo religiosas sino familiares y de costumbres que no tienen nada que ver con religiones. Es patetico. Aunque como Ud bien dice hay cosas contra las que no se puede, podran estar adormiladas pero no muertas. El descaro es que jueguen con eso como si de un juguete programado se tratara. Pero hoy es un dia para pasarla bien, esperanza, y que lo disfruten. Saludos

  8. Filo Sofia dijo:

    Gracias por este post.

  9. rodolfo hugo pidal saborido dijo:

    SRA.: Nuestra Presidente ha eliminado a Papa Noel por television en razón de que es extranjero (SIC) pero todavìa no se animò con los REYES MAGOS, esperemos que no. Su artìculo trae a mi memoria la alegrìa que tenìamos cada 6 de enero, allá en la decada de 1930 cuando salìamos a la calle en Buenos Aires para mostrar los juguetes que nos dejaban los Reyes ya que la noche anterior poníamos el pasto y el agua para su descanso. Esa misma alegrìa la ví en mis hijos cada 6 de enero y la veo todavìa en mis nietos. El artículo del opinólogo CAMontaner sobre sus tres misterios me hizo recordar que un nieto mìo tiene su misterio: ¿Còmo pueden vivir dos mil años si las personas se mueren muchísimo antes? Se le explicó que en breve tiempo resolverá sencillamente su interrogante pero hoy está aún esperando el 6 de enero y cuando se aclare su interrogante seguirá esperándolos para él y los que nos continúen en la vida
    pues una de las tantas cosas bellas que tiene el vivir es ver la felicidad de los niños.Amen. Gracias por el grato recuerdo que me trae su artículo y que me llevó por un momento a mi niñez. Saludo atte. RHPS