Un comentario y un artículo polémico

El trabajo de mi autoría, que a continuación reproduzco, fue publicado originalmente en la web Penúltimos Días el pasado26 de noviembre. Debido a que existen opiniones diversas y contrapuestas sobre el texto me permito ponerlo a consideración de los lectores habituales de este blog. Solo quiero hacer una aclaración preliminar: lo que algunos comentaristas consideran exigencias inadecuadas al gobierno español que -según ellos- debo hacer al gobierno cubano, les recuerdo que mis palabras se basan en palabras del cónsul de ese país en relación con los cubanos que han obtenido la ciudadanía de ese país, lo que me incluye y me otorga el derecho a opinar sobre las decisiones y acciones políticas de ese gobierno. Por otra parte, los lectores son testigos de que es práctica habitual en mí exigir al gobierno cubano los derechos que como cubana me corresponden.

Aquí les va:

Devaneos de una cubano-española

Días atrás leí una nota publicada por la Redacción de Cubaencuentro, fechada en Madrid el 30 de octubre bajo el título “Cónsul español en La Habana pide a sociedades hispanas en la Isla acoger a los nuevos cubano-españoles”, la cual me ha producido cierta perplejidad. Además de ofrecer algunos datos interesantes, el texto merece una lectura cuidadosa: muchas veces lo esencial está en los detalles, sobre todo cuando se trata de un discurso diplomático, lleno de omisiones y medias verdades.

El tema de los cubanos que han abarrotado la sede del Consulado Español en La Habana con el objetivo de acogerse a la nacionalidad de sus ancestros en virtud de la Ley de Memoria Histórica, resulta un signo elocuente de lo depreciada que se encuentra la condición de los nativos de la Isla. Basta consultar las cifras para tener una idea aproximada de la movilización que se desató por parte de centenares de miles de descendientes de españoles que en el transcurso de los tres últimos años han aspirado a recuperar la ciudadanía de sus abuelos.

Según la citada nota, por declaraciones del propio cónsul general de España, Tomás Rodríguez Pantoja, al cierre de 2011 se habían concedido en Cuba 65 000 nuevas nacionalidades y en la actualidad son 70 000 los cubanos que la han obtenido, mientras quedan todavía pendientes 140 000 expedientes de solicitudes. Si a esto se añaden los 28 000 españoles radicados en Cuba antes de la aplicación de la referida Ley, se puede concluir con facilidad que la cantidad de ciudadanos de ese país (es decir, los neo-españoles caribeños) surgidos en pocos años casi supera el total de inmigrantes españoles que arribaron a la Isla en todo el primer tercio del pasado siglo. En esas cifras no se incluyen las decenas de miles de cubanos de ascendencia española que por diversas causas se han visto imposibilitados de obtener la documentación imprescindible que se requiere para la obtención de la nacionalidad –como, por ejemplo, las certificaciones de nacimiento de los abuelos– y, en consecuencia, ni siquiera han presentado sus solicitudes ante las oficinas del Consulado.

En reunión sostenida con los directivos de sociedades españolas en Cuba, el señor cónsul expresó que “uno de los retos más importantes que tenemos, y que os pido que os toméis con el máximo cariño, es integrar en nuestras sociedades a todo este ingente número de españoles nuevos o viejos, renovados, que son los cubanos españoles que, a través de la Ley de la Memoria Histórica, van a recuperar la nacionalidad de sus ancestros”, y pidió a las comunidades españolas asumir “la responsabilidad de integrarlos en el espíritu de España”, debido a que algunos de los cubanos nacionalizados “no saben siquiera distinguir entre comunidades”. Anteriormente había afirmado en otro espacio que estas personas “no tienen todavía el sentimiento español (…) no sienten el país ni están pegados a nuestra realidad, pero son tan españoles como nosotros”.

Como cubana-española reciente, debo reconocer que en buena medida el señor cónsul tiene razón: aquí no tenemos ni la más peregrina idea de lo que pueda ser “sentirse español”, al menos no como parece considerarlo el diplomático. Somos, simple y puramente, cubanos, sin importar la cantidad y variedad de ciudadanías o pasaportes que llegaríamos a atesorar si nos fuera posible. No es un secreto, ni siquiera para el cónsul, que la abrumadora mayoría de quienes se han acogido a la ciudadanía española lo ha hecho con la esperanza de emigrar. Por cierto, el pasaporte español ni siquiera tiene tanta demanda como una visa norteamericana.

Y aquí quiero subrayar que soy una excepción en la regla: no tengo el menor interés en escapar de Cuba, ni en establecerme en España (ni en ningún otro país) y si decidí acogerme a la ciudadanía de mi abuelo, un vasco nacido en Busturia, es porque me corresponde tal derecho y porque si alguna vez tengo la posibilidad de visitar España sería preferible hacerlo en condiciones de ciudadana de ese país, con un pasaporte que me abriría las puertas que me cierra el cubano. Soy en definitiva una incurable adicta a los derechos. Tampoco me interesa “solicitar ayuda” para parasitar sobre el erario público que se sostiene sobre los impuestos de los españoles que aportan a él con su trabajo y su esfuerzo. No tengo espíritu de holgazana ni de mendiga.

En lo personal, no tengo idea de qué definiría el cónsul como “sentimiento español”. No creo que se precise de algún sentimiento nacionalista para experimentar una emoción profunda ante la historia y la cultura españolas. Los grandes maestros de su pintura; sus artistas; los innumerables genios de su literatura, en particular de su poesía, de los cuales Antonio Machado sigue siendo mi favorito; la fuerza y peculiaridad de su música y sus danzas; la riqueza y variedad de sus tradiciones; la fascinación de su rica historia cargada de luces y sombras, que en buena medida encierra las claves del propio devenir de la historia de mi patria, Cuba, y que también explica la idiosincrasia de mi propia nación e identidad, son elementos suficientes para comprender la singular empatía entre cubanos y españoles.

España me resulta más cercana, además, desde que comenzó a producirse la migración al revés: las décadas de dictadura han coadyuvado al desplazamiento de miles de cubanos que se han hecho de España su patria adoptiva. Muchos de ellos no tienen la nacionalidad española y una parte considerable no ha obtenido siquiera la residencia, pero hacen lo posible por sobrevivir en condiciones de desventaja y en medio de una prolongada y severa crisis económica. Quiero más a España desde que se ha convertido en el hogar de tantos compatriotas míos y desde que en el transcurso del último lustro he recibido el apoyo y las muestras de simpatía de españoles que me escriben y son seguidores de mi bitácora digital. Porque, aunque esto no resulte de interés para el señor cónsul, entiendo que el gobierno español pudiera no haber hecho una buena adquisición al otorgarme la ciudadanía: soy una disidente impenitente y me opongo a cualquier autoridad que coarte mis derechos. Como cubana disiento del gobierno de la Isla, y como española quisiera que, discursos condescendientes aparte, el Cónsul, representante en Cuba del gobierno de mi otra nación, me aclarase algunas dudas.

Me interesaría saber, digamos, de qué manera el Consulado piensa ayudar a que los cubanos que están recuperando la nacionalidad de sus ancestros “sientan el país (España)” o “se peguen” a la realidad española. Pongamos por caso, la sede diplomática de España en La Habana podría comenzar por introducir prácticas que reconozcan a los cubano-españoles los mismos derechos que a los españoles de nacimiento, ya que hasta ahora el trato que se otorga a unos y otros es marcadamente diferenciado, como lo demuestra el detalle de que cualquier nativo de España solo tiene que presentar su pasaporte comunitario o su DNI español para acceder a la sede diplomática, en tanto los cubano-españoles están obligados a utilizar su carné de identidad cubano para ello, aunque posean el pasaporte español. ¿Somos españoles de segunda categoría, ciudadanos sin pedigrí, españoles amateur?

El pasaporte es otro punto neurálgico. Es casi tan engorroso acceder al pasaporte español como al cubano. En mi caso, recibí la comunicación de otorgamiento de la ciudadanía en octubre de 2011 y más de un año después no he podido confeccionar mi pasaporte, ignoro por qué. Muchos cubanos que han obtenido la ciudadanía después que yo, ya lo poseen. Ante la falta de respuestas, he solicitado el trámite en varias ocasiones, sin éxito. Estoy inscrita en el registro consular de La Habana, pero soy una “española indocumentada”, sin saber qué ineptitud burocrática (si lo fuera) me impide acceder al documento que me identifica como ciudadana de España. ¿Será que el pasaporte español es tan selectivo como el cubano y ciertos elementos no tenemos derecho a él?

No conozco ningún nuevo cubano-español que haya sido invitado a las celebraciones por el Día de la Hispanidad que se celebra cada 12 de octubre, ni he tenido noticias de que el consulado tenga alguna propuesta de atención para este sector de sus “nacionales”. Por ejemplo, a pesar de las conocidas limitaciones de los cubanos para acceder a Internet, todos los trámites consulares requieren de citas previas que deben solicitarse por correo electrónico. No obstante, el consulado no ha tenido a bien habilitar una sala de acceso a la red de redes, ni siquiera para el uso de los cubanos que ya han obtenido su documentación como españoles. Tampoco se ofrece ese servicio en las sociedades culturales españolas. ¿No sería esta una forma efectiva de demostrar la buena voluntad del gobierno de Madrid y una vía para que los nuevos españoles estén mejor informados y conozcan más sobre su nación adoptiva? ¿No son las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones el medio más expedito para el libre intercambio cultural en la llamada aldea global?

Tampoco sé de cubano-españoles que sean libremente contratados y considerados como tales por las firmas comerciales de España que han invertido capitales en la Isla. ¿Qué impide que éstos sean contratados como españoles de ultramar y que gocen de los mismos beneficios salariales y los derechos laborales de cualquier otro español? Similares exclusiones se extienden a quienes han decidido independizarse del empleador oficial —el gobierno cubano— tras obtener la ciudadanía española. Conozco casos de cubanos que mientras fueron contratados a través de una bolsa empleadora oficial de la Isla pudieron ejercer su profesión en España sin que para ello les exigieran titulación de ese país. Sin embargo, al pretender emplearse como ciudadanos españoles en el mismo desempeño ahora se les exige documentación de centros de estudios españoles. ¿Es que acaso existe un acuerdo con el gobierno cubano para limitar los derechos de los españoles de ultramar? ¿Cómo se puede consolidar de esa manera el “sentimiento español”, cómo explicaría el cónsul semejante discriminación y cómo supone que estos nuevos españoles tengan la posibilidad de “penetrar” en la economía de sus empresas cuando en principio se encuentran marginados de ellas?

No me parece que el señor cónsul tenga muy claro que la integración no se puede sostener sólo sobre los “intercambios y actividades culturales”. Es decir, las panderetas, gaitas y castañuelas me parecen muy bien, pero como “derechos” resultan insuficientes. El gobierno de España podría hacer muchísimo más por los españoles de esta ínsula y también por su propia nación si concibiera políticas eficaces que estimulasen a éstos a permanecer en Cuba y que a la vez aportasen beneficios a la economía española. De hecho, aportar a España fue lo que hicieron hombres como mi abuelo vasco y centenares de miles de españoles que como él llegaron a esta Isla cargados de esperanzas para trabajar, prosperar y ayudar a los suyos en la patria lejana. No se trata aquí de ofrecer limosnas, sino de trazar estrategias de beneficio mutuo. Ojalá los hacedores de la política española en Cuba fuesen hoy tan determinados, creativos y auténticos como aquellos inmigrantes que antaño partieron de sus playas para recalar en las nuestras.

Acerca de Miriam Celaya

Miriam Celaya González Nací en La Habana el 9 de octubre de 1959, mi patria chica es La Habana Vieja “intramuros” anterior al embate museológico del Historiador y a la destrucción de otros tornados artificiales. En el orden familiar, soy esposa, madre de dos hijos, abuela de dos nietos y amiguísima-cómplice de dos nueras. Soy aficionada al cine, lectora compulsiva, amante del debate, disidente incorregible y trasgresora impenitente. Me encanta cocinar, escribir, disfrutar de mi familia, reunirme con mis amigos, hacer rabiar a mis enemigos y, de vez en vez, también disfruto la soledad. Aunque soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, en realidad nunca me dediqué a la crítica artística sino a las investigaciones arqueológicas y de antropología sociocultural, y fundamentalmente al estudio del arte alfarero taíno. Más allá de Alma Mater, soy autodidacta por naturaleza y empírica de cada camino que emprendo. Trabajé durante poco más de 20 años en el departamento de arqueología del Instituto de Antropología, que forma parte de un delirio conocido como Academia de Ciencias de Cuba, desde donde publiqué varios artículos científicos y escribí en coautoría con un colega dos monografías, aún inéditas. He sido profesora de literatura y lengua española, de cultura taína y de arte precolombino cubano, y desde finales de 2004, comunicadora por cuenta propia o algo así como “periodista espontánea”. Llegué al periodismo ciudadano como parte del consejo de redacción y colaboradora habitual de la primera revista digital independiente realizada y administrada desde Cuba (Consenso). Más tarde sería la revista Contodos y su sitio web (desdecuba.com) fue la cuna de la también primera plataforma-blog libre dentro de la Isla, creada por Yoani Sánchez en 2007. Allí publiqué utilizando varios seudónimos, en especial T. Avellaneda, como homenaje a la poetisa camagüeyana que tanto admiro. Entre diciembre de 2007 y enero de 2008 inicié esta, mi propia bitácora personal, Sin EVAsión, escribiendo bajo el seudónimo de Eva González, nombre que había elegido para firmar mis colaboraciones con la publicación digital Cubaencuentro. En julio de 2008 revelé mi identidad y desde entonces firmo mis trabajos con mi propio nombre. En todos estos años he colaborado con varias publicaciones y espacios digitales, además de los ya mencionados: revista Voces, revista Convivencia, Diario de Cuba, Cubanet y Penúltimos Días. Algunos otros espacios independientes me han honrado reproduciendo artículos de mi autoría. En 2009 resulté ganadora del Premio de Periodismo Digital del concurso blogger independiente “Una Isla Virtual”. En el propio año fui a la vez profesora y estudiante de la Academia Blogger creada por Yoani Sánchez para impulsar el periodismo ciudadano en Cuba. En 2011 obtuve Mención en el Sexto Concurso de Ensayo Caminos de la Libertad, de la Fundación Salinas (México) y en 2013 fue publicado el libro “Cuba in focus” por la Editorial Clío, del cual soy coeditora y coautora. En la actualidad sigo escribiendo para varias páginas y conservo mi bitácora, a la vez que procuro adelantar algunos proyectos editoriales pendientes.
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12 respuestas a Un comentario y un artículo polémico

  1. roxana aguilera dijo:

    Déjalos miriam ,yo quiero ver como cuando quien tu sabes este sólo mirando sus dedos, querer penetrar en el nuevo mercado cubano a través de los cubanos españoles!!! Por otro lado no hay nada a reclamar a España y si la vida al gob de Fidel
    Cuba por naturaleza está dotada para brillar por ahora de ausencias. Al fin y al cabo
    La gente recurre a la memoria histórica para oxigenarse !! Tanto da si es española como angolana o haitiana . Cuba es mucha cuba!! Y lo q no conocemos pq es privado de Fidel,vea las playas del sur de isla de pinos!! Zona militar por estar cerca de islas caiman!!

  2. Rinaldo Miguel Nodarse Hernández dijo:

    Magníficas y legítimas son sus palabras. Bien merecidas para el cónsul español en La Habana y para el gobierno de España. Tengo vividos más años en España que en la Isla de Cuba donde nací. Soy español y sigo siendo cubano, aunque no tengo ese pasaporte ni esa ciudadanía. Amo a mis dos Patrias. En sus palabras descubro idéntico amor por las dos naciones, que siguen siendo una, por razones históricas y emocionales. Y le amo a usted por casi todo lo que dice y puedo leerle.

  3. Juan dijo:

    Yo allá a España, ni de vacaciones, vamos.
    Estoy enteramente de acuerdo con la señora Miriam, es una pena que Cuba debido a la dictadura Castrista haya caido tan bajo como España, con lo bella y rica que es esa Isla, que tanto sirvió de refugio a vascos, gallegos, catalanes y hasta a los desendientes del rey Boaddil.

  4. María Benjumea dijo:

    Miriam, soy española y suscribo punto por punto lo que dices. Si quieren que los nuevos españoles se integren en la comunidad española, que empiecen por abrirles la embajada y darles acceso a Internet. Creo que el PP abomina de la iniciativa de dar la nacionalidad a tanta gente, y de la ley de Memoria Histórica en general. He conocido a cuabnoespañoles que han tramitado la ayuda que dan durante 18 meses, les han dejado la tarjeta del banco a parientes para que la cobren y se la manden a Cuba, y se han vuelto a su pais tan tranquilos, volviendo cada seis meses para renovarla.
    De “sentimiento de ser españoles”, ni rastro.

  5. Agustin Lopez dijo:

    hoy fue que lei tu articulo, hace algun tiempo atras escribi sobre este tema, lo hice en metaforas, quice plasmar mi propio dolor y mi protesta al ver como parte del mundo nos trata como mendigos y la mayor parte de los cubanos aceptamos esa condicion, pasamos el limite de las miserias y nos convertimos en miserables, no tengo la capacidad para destacar en ese fluido lenguaje y conocimiento como lo haces tu, pero siento tu articulo parte de mi espiritud. una vez mas tengo que dar gracias por que existas

  6. Ernesto Gerardo dijo:

    !Excelente, Eva! No conozco de cerca el tema; pero tal y como Ud. lo describe, me parece patetica la reduccion de “hispanidad” al tema folclorico cultural. Si conozco el caso de las ex-colonias de UK, cuyos ciudadanos (como uno mas arriba apunto) gozan de los mismos derechos de un nativo en tierra britanica. Se minimiza asi el feo flagelo de la xenofobia, cortando al menos sus raices institucionales. Creo que su posicion y analisis son los correctos.

  7. elisabethno fue muy bien recibida dijo:

    No conozco mucho la extension de la ley de Recuperacion de la Memoria Historica por lo que no voy a opinar de lo que no se. Si he oido sobre ese mismo afan en España y ha traido banstantes lios, el juez Garzon cogio su aguita, estaban excavando fosas comunes donde Franco “deposito” cadaveres sin pudor. Pero tal vez esto sea otra vertiente, como tampoco se si fue solo en Cuba o en el resto de America Central y del Sur, el derecho de solicitar la ciudadania española. Esta en su derecho de expresar sus ideas, pero como van las cosas no le arriendo las ganancias, la ultima Cumbre Iberoamericana en Cadiz ( hace unas semanas) la convocatoria es que inversiones de America latina eran bienvenidas y convenientes para España, se viro la tortilla como diriamos en buen castizo. Saludos, y no pierda el sentido de justucia, Suerte.

  8. Vladimir dijo:

    Pues yo tengo mis abuelos y bisabuelos españoles y no he movido ni un deo, España, se ha hecho tan aliada de los Castro que no me interesa para nada recuperar la nacionalidad del difunto Gallego Sebastian Moreno, o de la difunta Asturiana Matilde Ávila. Admiro a Inglaterra, que trata a sus excolonias como ciudadanos britanicos de ultramar!!! Abajo la presente España y la presente Cuba, la primera no es la tierra de la que me hablaban mis abuelos, y la segunda tampoco es la tierra de la que me hablaban ellos mismos

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  10. Vicente G Reyes dijo:

    Estoy de acuerdo con tu comentario. Recordando que Cuba, fue de las ultimas colonias en America , de liberarse de Espana y a la misma vez la mas prospera en los siguientes anos, dio cobija y trato a todos los espanoles emigrados como si fueran cubanos, estos crearon familias y se integraron.No es justo crear esa sublime marginacion.

  11. hectiquito dijo:

    Usted debe de entender que,esto es un juego de intereses,y que por encima de todo los cubanos-españoles que hay en cuba,es solo producto de una ley para liberar al govierno de cuba de tantos indignados,pero solo eso,lo otro es como decimos los cubanos,muela.mi recomendacion es que no se gasten un centavos en dicho pasaporte,por que perderan su dinero,y lo necesitaran para llevarse un plato de comida a la mesa,es sabido que con las dificultades tanto en españa como en cuba,donde un trabajador no puede ni hacer turismo dentro de su propio pais,menos aun,tener un pasaporte español para visitar a la madre patria,pensando en que alguien les ponga el dinero desde la peninsula,cuando se sabe que casi la mitad de los españoles estan sin trabajo.