El extraño “extrañamiento” de la prensa extranjera en Cuba

Un artículo de una agencia de prensa extranjera  recientemente divulgado en Internet –“La disidencia cubana en una encrucijada”, Paul Haven y Andrea Rodríguez, The Associated Press–, incurre en al menos dos de las más graves y comunes limitaciones del periodismo acreditado en Cuba: el menosprecio por los nativos de esta ínsula y un desconocimiento casi absoluto por la historia e idiosincrasia del país sobre el que pretenden “informar”.

Sin dudas, las botellas y los botelleros tienen un terreno bien abonado en ciertas agencias de prensa, lo que explica que Cuba ha devenido paraíso para algunos que, sin mucho esfuerzo y sin más riesgo que recibir algún leve tirón de orejas cuando se acercan demasiado a los límites de tolerancia establecidos por las autoridades, se lanzan a “analizar” un escenario que apenas vislumbran.  Pareciera que para ser reportero de “la realidad cubana”, un periodista foráneo apenas necesita una buena cámara fotográfica, un bolso con su correspondiente botella de agua, algunos shores y camisetas de algodón para soportar mejor la canícula, un par de sandalias sucias para tiznarse los calcañales caminando por las malolientes y polvorientas calles de la maltratada Habana –porque, además, tampoco suelen aventurarse a explorar la Cuba profunda y provinciana, esa que sufre incluso más que esta capital del olvido– y finalmente, para reportar a sus agencias, la conexión a Internet. Imagino que para tales profesionales de la prensa obtener un destino periodístico a Cuba sea comparable con sacarse la lotería. A fin de cuentas, siempre tendrán la oportunidad de publicar más adelante una realidad cubana bien diferente de la que cubrieron durante su estancia por acá, sacar así beneficios económicos adicionales y, de paso, limpiar la honrilla periodística con este ejercicio de ética retroactiva.

Solo así se podría explicar un enunciado como el que sigue: “Cuando se formaron las ‘Damas de Blanco’ en protesta por el encarcelamiento de activistas y periodistas cubanos en el 2003, la misión de este grupo de mujeres era simple: lograr la libertad de sus seres queridos”. Y es que la sutileza está en los detalles y en la forma de colocar las ideas, porque efectivamente,  la misión de las Damas en un principio era la liberación de sus familiares, pero tratándose de una lucha librada casi en solitario y en condiciones de dictadura, semejante cometido no podía resultar tan “simple”. De hecho, la evolución de siete años de experiencia condujo a una profundización de la conciencia de ese movimiento cívico y amplió sus horizontes, elevando sus cotas de exigencia.

Otra sugerencia tendenciosa apunta a que la marcha de Las Damas de Blanco es una suerte de distracción dominical, ya que se desplazan “en un tranquilo barrio de La Habana”, como si ellas levitaran sobre la ciudad sin atravesar barrios como Centro Habana y otros, de la capital e incluso de las provincias, que quizás no sean tan apacibles  como el aristocrático Miramar. En tales marchas no son agredidas por la gente común, en cambio resulta rara la ocasión en que no sufren el acoso de la jauría reclutada por la policía política (grupos “pro-oficialistas” dicen los periodistas de referencia en lugar de definirlos como lo que son: empleados del gobierno). De hecho, cada vez son más frecuentes los ataques contra las Damas y mayor la violencia con que las acosan los servidores del régimen.

Otro elemento que fundamenta la razón de ser de las Damas de Blanco y de su causa es que persiste la conocida como “Ley Mordaza” que puso tras las rejas a 75 periodistas independientes y a otros muchos disidentes. La mera existencia de esta disposición en el cuerpo legal del país legitima la represión, anula la libertad de expresión y hace posibles futuros encarcelamientos por idéntica o similares causas: expresar ideas no afines o contrarias a las disposiciones del régimen. La coherencia de las Damas estriba justamente en entender que no basta solucionar el efecto, sino que es preciso eliminar las causas que lo provocan para evitar que se repita el hecho.

Algunas otras inexactitudes, por así llamarlas, afloran en el oblicuo análisis de referencia, como la que se infiere de una frase tan ingenua como dañina, al considerar las liberaciones de los presos  un hecho que “deja sin causa” a las Damas de Blanco y coloca a “la comunidad disidente” en “una encrucijada, con el reto de redefinirse y de lograr el apoyo de una sociedad que nunca ha parecido particularmente receptiva o siquiera enterada de su mensaje”. Diríase que los periodistas de marras ignoran que esta sociedad no tiene más información sobre los disidentes y las propuestas opositoras que la que ofrecen los medios de difusión, de absoluto monopolio estatal, dedicados a demonizar y calumniar sistemáticamente cualquier propuesta alternativa; que el gobierno emplea todos los recursos a su disposición – en particular los cuerpos represivos– para mantener un cerco que impida la comunicación entre los disidentes y la sociedad; que la sociedad civil que comenzaba apenas a cobrar fuerzas en la República fue demolida desde los primeros años de la revolución de 1959 y que cinco décadas de terror silencioso han sembrado en los cubanos comunes el silencio o la mentira  de la falsa adhesión al gobierno como estrategias elementales de supervivencia. De hecho, podría considerarse un logro que en el “sondeo informal” realizado por AP a 30 cubanos  “consultados al azar”, cinco (el 16,6 %) podían identificar a Laura Pollán,  nueve (el 30%) a Guillermo Fariñas y tres (el 10%) a la bloguera Yoani Sánchez. En realidad tal resultado es bastante halagüeño para la disidencia, teniendo en cuenta las condiciones de Cuba.  Apenas dos años atrás los corolarios de semejante sondeo hubiesen arrojado cifras muy inferiores, prácticamente nulas.

La disidencia cubana es, ciertamente, pequeña y fragmentada, tal como corresponde a un país en que –de manera inversa– la dictadura es inmensa y monolítica. Pero una vez más se incurre en el error de hacer cotejos infelices, porque la resistencia cívica de acá no es comparable en ningún sentido con las sublevaciones ocurridas en el mundo árabe, ni tampoco tiene la intención de “emular” con aquella. Comparar la realidad social cubana, no solo con el mundo árabe, sino –por disparatada añadidura– con las de países como Gran Bretaña, España o Grecia, solo puede clasificar como una fantasía pueril o como una perversión. La aberración se afianza más cuando los avezados periodistas untan con crema de rosas a la autocracia verdeolivo: “Y aunque quizás falta libertad política en un país que fue gobernado por uno y otro de los hermanos Castro por más de 50 años, el gobierno dejó parcialmente sin argumento al movimiento (disidente) al permitir también en los últimos meses mayores oportunidades económicas, y al prometer que habrían pronto más reformas”. (El subrayado es de esta autora). Visto de esta manera, la creciente inconformidad y las múltiples expresiones de protesta y de reclamos de derechos que están sucediendo en toda la Isla en marea creciente, pese a las golpizas, mítines y detenciones que sufren los inconformes, parecerían  puras majaderías de algunos revoltosos de ocasión y que a este pueblo le bastan un puñado de reformitas de timbiriche. Lo que no explican estos reporteros foráneos es cómo se justifica entonces que la resistencia haya venido cobrando fuerzas precisamente en los últimos meses, cuando los cubanos tenemos “mayores oportunidades económicas” gracias a las socorridas y mal llamadas “reformas” del General R. Castro que, más que transformar la dramática situación socioeconómica del país, han devenido el último parapeto de defensa gubernamental frente a la opinión pública y una especie de válvula  de escape –pese a sus insuficiencias– ante el incremento de la presión dentro de Cuba y la irreversibilidad de la crisis general; apenas una rienda precaria para frenar el final inevitable del “modelo”.

Y aquí se evidencia otra trampa del subconsciente de los que, sin conocernos, suelen mirarnos por sobre el hombro y calificarnos desdeñosamente, porque si bien a los protestones de Europa se les conoce como “indignados” y pueden darse el lujo de marchar por miles, si a despecho de todas las imperfecciones de la democracia, ellos tienen los derechos que en Cuba hasta los periodistas extranjeros nos cuestionan y la oportunidad de elegir quiénes habrán de ser sus dirigentes; no es mucho lo que podemos hacer los indignados de Cuba. Pero, puesto en perspectiva y adecuando cada realidad, el movimiento disidente cubano sería comparable y hasta superior a las protestas que se están sucediendo en el mundo libre, toda vez que aquel es un universo que cuenta con el acceso a la información y a las redes sociales, que tiene sindicatos, organizaciones cívicas, derechos y libertades, opciones todas que a nosotros nos están vedadas.

Es cierto que a la oposición “tradicional” cubana le ha faltado coherencia, estrategias acertadas y conexión con la sociedad en su conjunto. La raíz del mal estriba, entre otras múltiples causas, en la orfandad cívica de un pueblo que nunca se distinguió por ser responsable y para el cual la política siempre es asunto “de otros” que la han hecho por él. Pero tampoco las transiciones europeas se caracterizaron por haber enarbolado en sus inicios grandes planes políticos que arrastraran multitudes, ni por la abundancia de líderes de relevancia o de gran impacto a escala social, y definitivamente eso no impidió que los cambios se produjeran.

Obviamente, algunos observadores aspiran en vano a que en Cuba suceda un milagro imposible; mientras ciertos reporteros acreditados parecen esperar que en realidad nunca ocurra nada que ponga en peligro el affaire tropical de un periodismo inocuo, irresponsable y sin compromisos éticos.

Acerca de Miriam Celaya

Miriam Celaya González Nací en La Habana el 9 de octubre de 1959, mi patria chica es La Habana Vieja “intramuros” anterior al embate museológico del Historiador y a la destrucción de otros tornados artificiales. En el orden familiar, soy esposa, madre de dos hijos, abuela de dos nietos y amiguísima-cómplice de dos nueras. Soy aficionada al cine, lectora compulsiva, amante del debate, disidente incorregible y trasgresora impenitente. Me encanta cocinar, escribir, disfrutar de mi familia, reunirme con mis amigos, hacer rabiar a mis enemigos y, de vez en vez, también disfruto la soledad. Aunque soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, en realidad nunca me dediqué a la crítica artística sino a las investigaciones arqueológicas y de antropología sociocultural, y fundamentalmente al estudio del arte alfarero taíno. Más allá de Alma Mater, soy autodidacta por naturaleza y empírica de cada camino que emprendo. Trabajé durante poco más de 20 años en el departamento de arqueología del Instituto de Antropología, que forma parte de un delirio conocido como Academia de Ciencias de Cuba, desde donde publiqué varios artículos científicos y escribí en coautoría con un colega dos monografías, aún inéditas. He sido profesora de literatura y lengua española, de cultura taína y de arte precolombino cubano, y desde finales de 2004, comunicadora por cuenta propia o algo así como “periodista espontánea”. Llegué al periodismo ciudadano como parte del consejo de redacción y colaboradora habitual de la primera revista digital independiente realizada y administrada desde Cuba (Consenso). Más tarde sería la revista Contodos y su sitio web (desdecuba.com) fue la cuna de la también primera plataforma-blog libre dentro de la Isla, creada por Yoani Sánchez en 2007. Allí publiqué utilizando varios seudónimos, en especial T. Avellaneda, como homenaje a la poetisa camagüeyana que tanto admiro. Entre diciembre de 2007 y enero de 2008 inicié esta, mi propia bitácora personal, Sin EVAsión, escribiendo bajo el seudónimo de Eva González, nombre que había elegido para firmar mis colaboraciones con la publicación digital Cubaencuentro. En julio de 2008 revelé mi identidad y desde entonces firmo mis trabajos con mi propio nombre. En todos estos años he colaborado con varias publicaciones y espacios digitales, además de los ya mencionados: revista Voces, revista Convivencia, Diario de Cuba, Cubanet y Penúltimos Días. Algunos otros espacios independientes me han honrado reproduciendo artículos de mi autoría. En 2009 resulté ganadora del Premio de Periodismo Digital del concurso blogger independiente “Una Isla Virtual”. En el propio año fui a la vez profesora y estudiante de la Academia Blogger creada por Yoani Sánchez para impulsar el periodismo ciudadano en Cuba. En 2011 obtuve Mención en el Sexto Concurso de Ensayo Caminos de la Libertad, de la Fundación Salinas (México) y en 2013 fue publicado el libro “Cuba in focus” por la Editorial Clío, del cual soy coeditora y coautora. En la actualidad sigo escribiendo para varias páginas y conservo mi bitácora, a la vez que procuro adelantar algunos proyectos editoriales pendientes.
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