Crisis de ausencia y un breve viaje inolvidable

Miami. Imagen tomada de Internet

Miami. Imagen tomada de Internet

Otra crisis de ausencia en mi viejo blog, nuevamente abandonado por razones de fuerza mayor: compromisos de trabajo impostergables, como corresponde a cualquier individuo cuyos ingresos personales dependen de su faena, y un breve (¡brevísimo!) viaje a Miami, de solo una semana de duración, porque debía terminar varios artículos y una ponencia que he de presentar a un evento.

No podría relatar lo agitado que resultó mi viaje al “entrañable monstruo”; aunque mis amigos cubanos de Miami me aseguraron que yo no estaba en Estados Unidos, “sino en Miami”, que parece igual pero no es lo mismo. Y, en efecto, allí una se siente tan rodeada del ambiente cubano que –de no ser por lo muy diferente del escenario– diríase que no había salido de La Habana. Visité Radio y TeleMartí, estuve en varios programas de su plataforma, conocí en carne y hueso a periodistas, locutores y amigos que hasta ese momento eran voces a través de los teléfonos, y me reencontré con colegas, periodistas y blogueros emigrados, como Luis Felipe y su esposa, a los que pude dar un abrazo. Estuve efímeramente en Cubanet, donde también me sentí bienvenida por los colegas de la redacción y me reencontré con el amigo Hugo Landa, al que conocí en 2013 en Estocolmo. Viví momentos muy gratos con todos ellos.

En Miami reí y lloré, colmada por las emociones de encuentros imperecederos con primos junto a los cuales crecí y que emigraron recientemente, y con amigos muy queridos, a uno de los cuales no veía hacía más de 20 años. Y también tuve el privilegio de visitar al hermano preferido de mi padre, compañero de juegos de su infancia y amigo de su juventud, que se marchó definitivamente 52 años atrás y nunca más volvieron a encontrarse. Fue a la vez conmovedor y lindo comprobar que más de medio siglo de barbarie y separación impuesta desde el poder político en Cuba no han logrado borrar el amor entre nosotros. Quisieron dividirnos y solo han logrado multiplicarnos más allá del estrecho de la Florida. Cierto que ha sido a un costo muy elevado, pero el odio ha fracasado.

No he podido responder a la pregunta de cómo es Miami, que frecuentemente me han hecho familiares y amigos a mi regreso a Cuba. Miami es indescriptible, al menos para mí. No es mi cuna ni jamás será mi casa, es cierto, pero en esa ciudad vibra la energía y la fuerza de la gente de esta Isla, que la han hecho crecer y han aportado a su prosperidad, con su tremenda capacidad de trabajo, por lo cual ya no me podrá ser ajena. Miami me rodeó de afecto sincero, allí no fui intrusa ni forastera, y quizás por eso no sé –ni puedo, ni quiero– definirla. Solo me vienen dos palabras a los labios cuando me piden mis impresiones sobre ella: amor y esperanza. Eso es Miami para mí.

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Las espinas del dinero, ayer y hoy

A propósito del post anterior, que -como era de esperarse- suscitó muchos comentarios, con buenas y con malas intenciones, me detuve en uno en particular. Se trata de un lector que comenta acerca de la que fuera nuestra revista digital Consenso, que -dice el propio comentarista-, abrió una ventana desde Cuba hacia el mundo. Coincido con él y, como parte del grupo gestor y del consejo de redacción de aquella revista, le agradezco la memoria y los elogios.

Pero en realidad su comentario me inspiró a buscar entre aquellos artículos que fueron publicados en su momento en Consenso, entre los que encontré uno del amigo y colega Reinaldo Escobar, que se relaciona con el tema motivo del debate: el dinero. Porque, aunque algunos leyeron en oblicuo mi texto y trataron de tergiversar el sentido de lo que expresé, atribuyéndolo a que yo atacaba personalmente “a quienes no les gustaba 14ymedio.com”, la lectura adecuada demuestra que yo lo que ataco es el vicio de la envidia, el cuestionamiento de las finanzas ajenas; justamente el mismo tema que trató en 2007, desde Consenso, el periodista Reinaldo Escobar, y que yo -contrario a mi costumbre de no publicar en este blog textos que no haya escrito yo misma- reproduzco hoy, previa autorización de su autor.  Juzguen ustedes mismos su vigencia, y espero que lo disfruten.

Las espinas del dinero

Reinaldo Escobar

Casi resulta superfluo explicar que cualquier actividad política genera gastos, desde la imprescindible existencia de cuadros profesionales que se dediquen a tiempo completo al trabajo partidista, hasta la elaboración y difusión de documentos, pasando por la realización de viajes, que implican transportación, alimentación y hospedaje fuera de las ciudades donde se reside; la organización de un seminario, un congreso o una conferencia de prensa, o simplemente conectarse a Internet ¿Puede pensarse en que es posible hacer política sin realizar estas cosas?

No existe la más mínima posibilidad de que una entidad en la incipiente sociedad civil cubana pueda fundar algo parecido a una empresa lucrativa, que tenga como propósito sufragar los gastos del trabajo político. No hay una paladar, ni una casa particular que alquile habitaciones, ni un taller de reparaciones de bicicletas, ni un payaso animador de cumpleaños que se atreva ni que pueda enfrentar esos gastos. Ni uno sólo de los dirigentes de la oposición interna posee un caudal de dinero propio, fruto del patrimonio familiar de antes de la revolución, ni tiene joyas que vender o herencia que disfrutar, la mayoría de ellos ni siquiera recibe un salario, pues son desempleados. Sin embargo se dedican a la política de forma profesional, se transportan, se hospedan, hacen congresos, imprimen documentos, reciben y envían correos electrónicos. ¿De dónde sale el dinero?

La respuesta que da el gobierno cubano a esta pregunta es que el dinero viene de los Estados Unidos, bien de los exiliados de la Florida, de fundaciones independientes o del propio gobierno norteamericano, quien, por si quedaban dudas, acaba de aprobar un presupuesto de 80 millones de dólares para esos efectos. Se sabe que algunos países de la Unión Europea o de América Latina también hacen aportes, pero está claro que, según la interpretación oficial de los hechos, este último dinero también viene, a la larga, de los Estados Unidos, a través de un extenso e intrincado camino.

Quizás la pregunta más interesante no sea de dónde viene el dinero, sino bajo cuáles condiciones se recibe.

José Martí recolectó la financiación para la revolución independentista entre los abnegados tabaqueros de Tampa, pero también de acaudalados filántropos norteamericanos, mexicanos y cubanos. Había una foto en el Museo de la Revolución, hace tiempo ya retirada de las vitrinas, donde se observaba a Fidel Castro sentado a una mesa delante de una montaña (una montañita) de dólares. La foto fue tomada en New York, mientras se recaudaban fondos para comprar el yate Granma más las armas de los 82 expedicionarios. ¿Había algún tipo de condicionamiento en esas donaciones? ¡Claro que sí! Ese dinero se daba en el primer caso, para terminar con la humillante colonia española y en el segundo, bajo la condición de derrocar la tiranía de Batista. No hay evidencias, ni siquiera chismes de pasillo, que den a entender que el dinero se usara para beneficio personal del apóstol, quien andaba siempre con el mismo raído traje negro, ni para lujos del máximo líder que, se dice, no cruzaba las piernas en público para que nadie viera los huecos en la suela de sus zapatos.

Mucha, muchísima fue la ayuda que recibió después la triunfante revolución cubana desde la Unión Soviética y del resto de los países socialistas, y no hablo solamente de lo que eufemísticamente se denomina un “justo intercambio comercial entre países pobres y países desarrollados”. Hablo de barcos llenos de armas y otros pertrechos de guerra, hablo de becas universitarias, transferencia de tecnología, colaboración de inteligencia policial, hasta viajes al cosmos, que nunca habrían tenido lugar si Cuba no hubiera cumplido con la condición de convertirse en el primer país socialista del hemisferio occidental. Es un hecho histórico que cuando Che Guevara viajó a la República Popular China, al final de la visita se redactó, como es costumbre, un “comunicado conjunto” en el que la parte china, en un alarde de sinceridad, objetó la calificación de “desinteresada” hecha por la parte cubana a la ayuda que el gigante asiático daba a la pequeña isla.

En esos primeros años, paralelamente a la subvención de la revolución, comenzó el financiamiento de la contrarrevolución. Está perfectamente documentado que al menos entre 1959 y 1965 casi la totalidad de las actividades opositoras estuvieron directamente financiadas por la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Los propios protagonistas lo han contado y todos ellos justificaban esta financiación, muy evidentemente condicionada, con el hecho de que el gobierno de Fidel Castro estaba apoyado por las potencias comunistas.

En la actualidad, los opositores cubanos van a la cárcel cuando se demuestra, o cuando existe la convicción, de que han recibido dinero de los Estados Unidos. Esa fue en cada caso, la acusación de más peso para las desproporcionadas condenas a que fueron sometidos los 75 condenados de la primavera negra del 2003. Se llegó a incluir en el mismo saco a periodistas que recibían el pago en divisas por sus artículos en periódicos extranjeros. Esto trajo, entre otras consecuencias, nuevas divisiones entre la oposición interna: los que no reciben dinero y los que lo reciben a través de la Oficina de Intereses norteamericana, y los que no lo reciben de los Estados Unidos, sino de instituciones independientes de Europa o de América Latina.

Lo que casi nadie se pregunta es de dónde sale hoy el dinero para publicar todos esos incosteables periódicos nacionales y provinciales que son órganos del Partido Comunista, de la Unión de Jóvenes Comunistas o de la Central de Trabajadores de Cuba. Cómo se han financiado durante años las tribunas abiertas, las marchas del pueblo combatiente, toda la base material de “la batalla de ideas”, las campañas por el rescate de los cinco combatientes del Ministerio del Interior presos en los Estados Unidos, los viajes al exterior, los extranjeros invitados a eventos políticos, las vallas en las carreteras, los pulóveres con lemas y consignas, las banderitas.

 ¿Acaso sería posible pagar todo eso de la cotización mensual de los miembros de esas organizaciones, que ni siquiera alcanza para pagar el salario de los miles de cuadros profesionales dispersos a lo largo y ancho de todo el país, en cada provincia, en cada municipio, que ocupan locales que no pagan alquiler, donde se consume agua y electricidad, donde hay teléfonos y secretarias, autos que derrochan combustible y que incluyen un chofer?

El trabajo político implica desembolsos, hágase desde la oposición o desde el gobierno. Si el partido que está en el poder cuenta a su disposición con las cajas abiertas del erario público para sufragar sus gastos y los que están en la oposición, además de no tener siquiera un reconocimiento legal, tampoco tienen literalmente ni donde caerse muertos, ¿cuál es la recomendación? ¿Dejar hacer al gobierno lo que quiera sin brindar la más mínima resistencia, o limitar las acciones a donde alcance la voz, sin ni siquiera un megáfono para amplificarla?

La única opción a donde son arrinconados los opositores que viven en la isla, para poder ejercer su tendencia política específica, es la de aceptar financiación de quien la ofrezca, a menos que se conformen con ser un “grupúsculo familiar” sin el más mínimo eco en la sociedad. Esto forma parte de la deliberada intención del gobierno de encarecer cualquier alternativa de cambio político en la isla. Esta intención encarecedora va desde una larga serie de consignas numantinas (socialismo o muerte, estamos dispuestos a derramar hasta la última gota de sangre…, primero se hundirá la isla en el mar…) hasta la modificación de la Constitución para decretar la inmovilidad del sistema. Mientras más difícil sea disentir, mejor para el gobierno. Si no son suficientes los obstáculos materiales y legales, si no es suficiente el miedo a ir a la cárcel, ahí están los escrúpulos éticos (¿los prejuicios?) que le impiden a las personas decentes recibir un dinero que los convierte automáticamente en mercenarios del imperialismo.

Lo ideal sería que los medios de difusión cubanos no fueran el feudo de un partido, sino un espacio público para todas las tendencias políticas; que del presupuesto del estado se destinara una parte para subvencionar el trabajo de la sociedad civil y el de los partidos políticos debidamente registrados ante la ley. Si el estado, en lugar de distribuir de forma equitativa estos fondos y recursos, tomados de la riqueza que el pueblo trabajador produce, los monopoliza sólo para un partido predilecto, pierde el derecho moral a preguntar de dónde sale el dinero de sus opositores. Mucho menos puede negar a nadie la posibilidad de que se convierta en donante desinteresado o inversionista calculador. El estado debiera proteger, a los ciudadanos que tengan una propuesta política, el derecho a defenderla y a ponerla a competir públicamente en igualdad de condiciones y sin que para hacerlo se vean obligados a venderle el alma al diablo.

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A quienes sirva el sayo…

Como era de esperarse, el nacimiento del nuevo medio digital 14ymedio.com concitó los ataques inmediatos de los servidores del régimen cubano. A pocas horas de la salida del medio, éste fue redireccionado por las ciber-huestes oficiales a una página dedicada (¡oh, supremo homenaje de la satrapía!), ya no a la descalificación del contrarrevolucionario medio periodístico como tal, sino a su “insignificante” gestora, la multi-premiada –y también multi- abominada– Yoani Sánchez Cordero, mala entre las peores.

Curiosamente, la esencia de las invectivas contra la terrífica Yoani no es la legitimidad de ejercer el libre derecho a la opinión, de crear un medio informativo para y desde Cuba, o de aspirar a que ese medio sea, además que una fuente de difusión, una empresa que le aporte ingresos a ella y a sus asociados, que pague a sus colaboradores, que potencie el periodismo independiente y que genere fuentes de empleo. “El pollo del arroz con pollo”, como diría el siempre soporífero Lázaro Barredo, hoy desaparecido de la escena pública, quien fugazmente fuera director del libelo “Granma”, es el cuestionamiento a los capitales de que dispone la bloguera para fundar dicha empresa, a los merecimientos o no de los premios recibidos por ella y a la naturaleza de sus fabulosos emolumentos, que en el imaginario colectivo de sus amargados detractores frisa, cuando menos, el medio millón de dólares.

Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente es que existan algunos personajillos de la disidencia interna (y personajes mucho más conspicuos, de “la externa”), que se han sumado al mismo sonsonete, demostrando así que la índole perversa de los autócratas verde olivo ha calado la conciencia de los cubanos más allá de los límites sospechados, envenenando también a un sector de los que se reconocen –y de hecho, son– enemigos de la dictadura cubana.

La virulencia alcanza tal magnitud que infunde pena. ¿Cuán mediocre puede ser un individuo que incluso se siente amenazado ante la mera presunción del éxito ajeno? ¿Por qué la prosperidad o los galardones y reconocimientos recibidos por otros han de constituir un motivo de preocupación, en especial cuando esos “otros” no solo han sido y son nuestros compañeros de causa, sino que en su momento nos han abierto espacio y han compartido junto a nosotros venturas y desventuras? ¿Qué rasgo oscuro de la cubanidad nos suele privar de la grandeza de regocijarnos con el triunfo ajeno?

En días recientes he asistido, no sin sorpresa, a los ataques recibidos por el nuevo periódico 14ymedio.com desde nuestras propias “trincheras”, como si del peor enemigo se tratara. Por fortuna, han sido mucho más numerosas las palabras de elogio y aliento, que llegan desde los más disímiles puntos, que las ácidas bilis generadas por los resentidos de siempre.

Las críticas más ponzoñosas, por supuesto, proceden de los sujetos más mediocres. Algunos de éstos se consideran a sí mismos “periodistas”, quizás atendiendo a alguna mágica herencia genética –aunque no necesariamente con calidad de pedigrí– o a que se sienten con derechos exclusivos, por cuestiones de “antigüedad”. De ser esto último un fundamento válido, habría que reconocerle, entonces, derechos especiales de poder político al régimen que lleva más de 55 años ejerciéndolo en Cuba.

No han faltado en este sui generismitin de repudio mediático ciertos lidercillos inflamados de aspiraciones mesiánicas, de esos que siempre saben cómo, cuándo y dónde deben hacerse las cosas, y que no pueden concebir, mucho menos tolerar, algo que resulta tan sano como provechoso para el desarrollo y la libertad, que se llama, simplemente, competencia.

Hay hasta quien afirma que la competencia, para que sea “sana” debe producirse en igualdad de posibilidades, lo que remeda al desastroso (y falso) igualitarismo ramplón impuesto por los Castro y cuyas infaustas consecuencias conocemos. No se enteran, pese a vivir de la “información”, que tal cosa como la “igualdad” no existe en ninguna parte del mundo y que las “oportunidades”, como las riquezas, hay que salir a buscarlas, hay que conquistarlas creándolas a costa de inteligencia y esfuerzos, porque no caen como una gracia divina sobre los hombros de algún elegido del cielo. Y cuando se alcanzan, no hay absolutamente ninguna obligación de repartirlas sin más. De hecho, es moralmente dañino hacerlo.

Se crea o no, existen personeros de la disidencia cubana que –a tenor con el propio gobierno– consideran el éxito ajeno como un freno a su propia realización. Y en el desenfreno de su frustración personal echan mano de cuanto recurso consideren oportuno, incluidas las lamentaciones y catarsis sobre las penurias que pasan los “no premiados”, o los “no financiados” para desempeñarse profesionalmente –eso que solemos llamar “llorar miseria”–, con un reconcomio tal que recuerda la máxima nacional: “yo no quiero estar tan bien como Fulano; yo solo quiero que Fulano esté tan jodido como yo”.

Para este tipo de sujetos no cuentan el talento, la laboriosidad, el empuje, el coraje, la voluntad ni –digámoslo con valentía y démosle su merecido lugar– las ambiciones. Para ellos, desde 14ymedio.com existe una “competencia desleal”, solo porque Yoani Sánchez ha recibido financiamiento (¡ay, qué palabra maldita!)y porque cuenta con un espacio lo suficientemente decente y cómodo para trabajar, por tanto no precisa usar como sofá la cama matrimonial. Yo consideraría esto una ventaja más bien higiénica que un símbolo de estatus, pero –claro– entiendo que no todos pensamos igual. Lo cierto es que para algunos de los más contumaces enemigos de los Castro el confort y el dinero (de los demás) son tan sucios como para la propia cúpula verde olivo.

Sin embargo, muchos omiten convenientemente que ellos mismos han recibido (o reciben) apoyo financiero –cosa que celebro muy sinceramente, y ojalá nunca les falte– mucho tiempo antes que 14ymedio.com, antes que alguien fuese premiado y con toda seguridad, antes de que surgiera y se desarrollara la blogósfera independiente cubana, de lo contrario no hubiesen podido sostener sus periódicos o revistas, motivo por el cual se pueden permitir desde tiempo atrás el pago de las colaboraciones. Y que sea enhorabuena.

Eso es algo que no pudo hacer nunca –por ejemplo– la revista Consenso, más tarde Contodos (2004-2007), precisamente por falta de financiamiento, y razón por la cual muchos de ellos no colaboraron con aquel proyecto, puesto que siempre han trabajado por dinero, como es razonable y normal, aunque en todos los tiempos han existido románticos que hagan algunas cosas gratuitamente. Se entiende que nadie está obligado a hacerlo. ¿Cuál es, pues, el agravio? ¿Por qué se desgastan atacando otros proyectos independientes? ¿Acaso no es mejor que prolifere la mayor cantidad posible de publicaciones para seguir horadando el muro del monopolio informativo del régimen?

Otra práctica que demonizan “los puros” es el marketing. Como si se tratara de algo obsceno, lo llaman “alharaca mediática”, y hablan de “ego exagerado”, “falta de humildad” (un mérito especial que, al parecer, creen abunda entre ellos). Porque, en el colmo de la perfidia, Yoani Sánchez no se conforma con hacer un periódico y punto, sino que aspira a hacer “el mejor periódico”, dice un crítico (¿o debiera decir “un criticón”?). Y cabe preguntar, ¿qué mal hay en perseguir la perfección?, ¿por qué alguien no podría desear sanamente alcanzar esa meta, en particular cuando trabaja con denuedo para ello?

En lo personal, como periodista ciudadana tengo la manía de creer que cuanto mejores trabajos escribo, tanto más me lo agradecerán los lectores, estén o no de acuerdo con la opinión que expongo. Y así procuro hacer con cada empeño que acometo, más allá de que me acerque o no en alguna medida a la perfección que persigo. ¿Por qué habría que conformarse alguien con menos? ¿Por qué sería esto un defecto?

Es curioso que ciertos sujetos que habitualmente parasitan sobre la opinión ajena para presentarla como propia (lo cual sí es desleal, y hasta fraudulento), que carecen de cultura, preparación o calificación –sea académica o autodidacta–, que “adornan” con mentiras o exageraciones las informaciones que se les da, que dibujan personas inexistentes en las entrevistas que publican y que cifran su relativo éxito en la abrumadora mediocridad (aún mayor) de quienes les rodean –lo que, de facto, los consolida a ellos mismos como individuos mediocres–, pretendan erigirse como paladines de la honestidad y como pozos de virtudes.

Y como la vanidad desmedida conduce irremediablemente al ridículo, los quejumbrosos huérfanos mienten o tergiversan la realidad: 14ymedio nunca ha declarado ser el primer medio digital independiente de Cuba, tampoco se declara “anticastrista” (ni “anti” nada, sino más bien “pro” libertades, que aunque parezca lo mismo no es igual), razón por la cual, desde las antípodas acusan a Yoani de caer en “ambigüedades”, porque siempre hay algún tarado que, pese a carecer de proyectos propios, se cree con derechos a dictar pautas sobre lo que deben ser (y hacer) los proyectos ajenos.

Y, para acabar con tanta monserga castro-socialista, ideada para esos que magistralmente definieron como “perfectos idiotas latinoamericanos” tres intelectuales mucho más sabios que yo, dejemos de una buena vez la eterna postura de pobrecitos víctimas, herniados mentales a los que hay que alimentar y subvencionar perennemente. Ni Yoani Sánchez ni 14ymedio.com, ni absolutamente nadie más que ellos mismos son responsables de la ausencia de éxito o de “financistas” para la superación de sus miserias.

La fórmula de la prosperidad, queridos idiotas de esta aldea insular, no estriba en esperar a que aparezcan generosos mecenas que “den”, sino en tener qué ofrecer. No hay que sentarse a esperar a que algún empresario aburrido quiera “hacer justicia” y les destine alguna limosna.

Quizás los gemebundos de ocasión deberían emplear la energía que emplean en lamentaciones en trabajar con mayor eficiencia y creatividad. De paso, no estaría mal que se actualizaran y se pusieran a tono con los nuevos tiempos. No se sientan precisados, ¡faltaría más!, son sólo algunas sugerencias Hecho esto, aventúrense a correr riesgos. Me refiero en particular a riesgos profesionales y financieros, así que no me vengan de nuevo con el bocadillo de que este o aquel estuvieron presos o que se juegan la vida “en la calle”, puesto que ese es un riesgo que corremos todos los cubanos: desde el atrevido que funda un partido político o escribe de manera independiente, hasta el infeliz que se roba tres libras de carne de un almacén. Ese es otro de nuestros más acendrados mitos. En Cuba la cárcel no depende de los méritos de cada quien, sino del capricho de la satrapía.

Y si alguien elige tomar este texto como una ofensa personal, sepa que no suelo desgastarme en esos menesteres, pero respeto toda elección conciente. Si no he mencionado nombres, no es por eludir la confrontación, sino porque no voy a regalarles ni un solo hit ni un mínimo de neuronas a un debate que, por demás, sería inútil; sabemos que algunos sujetos no tienen remedio. El tiempo suele ser un juez sabio. Sepan que tampoco me mueve el interés de ganar enemigos, pero tampoco se creen falsas expectativas: mis enemigos los elijo yo. No sé si los destinatarios de este post estén a la altura del conflicto o en capacidad de crecerse. En cualquier caso, sinceramente, les deseo muchísimos éxitos.

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Nota a los lectores

En los últimos meses las entradas de Sin EVAsión se han espaciado. Ruego a los lectores disculpen mis lapsos de ausencia de este blog. Contrario a lo que pudiera parecer, tales “vacíos” se deben al incremento de mi trabajo. Como saben, aunque este blog no fue precisamente el espacio digital en que me inicié como periodista ciudadana, sí contribuyó de manera importante en la divulgación de mis trabajos. Esto permitió que se me abrieran varias posibilidades de publicación en otros sitios, en los cuales aparecen regularmente artículos de mi autoría.

Recientemente comencé también a colaborar con el nuevo periódico 14ymedio, una oportunidad que no podría dejar pasar y un espacio en el cual seguiré colaborando con artículos de opinión, de análisis o reportajes. En la plataforma blogger de dicho medio también hemos abierto un blog colectivo mi hijo, Víctor Ariel, y yo. El título de ese nuevo blog es “A pie y descalzos”, que pretende ofrecer una visión de Cuba “a ras del suelo”, es decir, desde su gente común. Como resultado, ando muchas veces desbordada de trabajo, lo cual me consume tiempo y energías, y las actualizaciones de este sitio se ven afectadas.

También debo garantizar mis ingresos regulares, que no solo de romance y buenas intenciones se puede vivir: si bien años atrás escribía para Sin EVAsión casi en exclusivo, desde hace algún tiempo tengo la posibilidad de ganar dinero escribiendo para otros medios, y así lo hago. Yo no soy el Hombre Nuevo, así que mis detractores ya se pueden cebar a sus anchas con esta nota y con una declaración que hago sin asomo de disimulo (como acostumbro): me encanta el dinero que obtengo por mi propio trabajo y con mis limitados talentos; no se lo debo a nadie ni tengo la menor intención de avergonzarme por ello. Allá los parásitos y los envidiosos. Como dato adicional les digo que no recibo remesas, y eso me llena de satisfacción.

En cuanto a mis amigos, sé que no necesitan explicaciones, pero sí mi respeto y afecto, por eso les dirijo también esta nota, para que sepan que sigo con ellos.

No obstante, Sin EVAsión continuará siendo mi plataforma personal, la más íntima y querida, el espacio de mi propio “yo” individual. Si algún valor ha tenido mi trabajo en este sitio, a mis lectores se lo debo. Gracias por seguirme y no me abandonen. Tampoco yo lo haré.

Eva-Miriam

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Saga del “periodista” oficial, los terroristas confesos y el “gato”

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La lectura de un artículo recién publicado este jueves, 8 de mayo, en la página 4 del diario Juventud Rebelde (Terrorismo, la verdadera cara del Zunzuneo”, de Amaury del Valle), me ha traído a la memoria una alegre rumba flamenca que entre los años 70’-80’ popularizó un cantante español muy difundido en la radio por aquellos tiempos. Puede que los lectores que están transitando por sus 50 recuerden su simpática letra, que trataba de un sujeto ofendido porque alguien le había llamado “gato”, lo cual él consideraba un ultraje porque “el gato come ratones, el ratón se come el queso, el queso lo da la leche, la leche la da la vaca, la vaca tiene dos cuernos, ¡Ayay, lo mato!”. Cornudo era para él la verdadera significación que se escondía detrás del epíteto “gato”. Obviamente, se trataba de un cornudo, de ahí que él hiciera una asociación de ideas tan contrapuestas como un gato y los cuernos de una vaca.

Pues bien, el artículo periodístico al que me refería remeda fielmente la actitud del cornudo de la canción: asocia, ni más ni menos, la presencia e intenciones de los cuatro presuntos terroristas procedentes de Miami, recientemente detenidos en Cuba, con las redes Zunzuneo y Piramideo, que tanto han dado que hablar en las últimas semanas. Luego, Zunzuneo y Piramideo son redes tan “terroristas”, como los cuatro forajidos capturados.   De hecho, no está tan errada la idea, el régimen cubano siente un verdadero terror a la información y a las nuevas tecnologías de las comunicaciones.

Para entender cómo llegó a esta brillante conclusión el autor del artículo –a quien en lo adelante nombraré por sus iniciales, AV–, es necesario realizar un esfuerzo intelectual no tan divertido como la canción que recuerdo, es decir, hay que leer y analizar el texto para comprender todo el alarde de imaginación de AV que termina como la parábola del gato y los cuernos.

AV narra los hechos siguiendo la lógica que deben obedecer los cubanos como verdad única e incuestionable. No es necesario ofrecer pruebas, basta con el embutido oficial. No se precisa juicio, la “confesión” de culpa y el testimonio oficial son más que suficientes. No importa si cada vez lo hacen peor y de la manera más burda.

Según se declara, los cuatro terroristas capturados entraron “con un peligroso plan que se venía fraguando por más de un año” y “se introdujeron en el país”, “con el fin de atacar instalaciones militares”. Ellos pretendían “provocar acciones violentas y sembrar el caos”, para crear una “conmoción social”.

Diríase que la entrada de dichos agresores debió ser ilegal, habida cuenta que nadie “se introduce” por un aeropuerto, con todos los controles de fronteras, aduanas, y otros efectivos de seguridad que existen. Tampoco queda claro qué peligro podría derivarse de un plan terrorista contra instalaciones militares, dado que en Cuba, según nos lo ha dicho el mismísimo General-Presidente, tenemos invulnerabilidad militar. En todo caso, sería un ataque suicida, ¿no? Por último, no se entiende cómo harían posible cuatro míseros terroristas el propósito de provocar acciones violentas, el caos o la subversión ante millones de cubanos “revolucionarios”. Sin dudas, esta vez a los artífices del mito se les ha ido la mano.

Siguiendo la saga de AV, los cuatro malosos atrapados estaban bajo la tutela de otros tres terroristas con largo pedigrí de acciones contra Cuba, también residentes en Miami, quienes son –a su vez– amigos del peor de todos, Posada Carriles (uno de los sujetos que mayor sostén han ofrecido en la práctica a la ideología y estrategias del poder de los Castro a lo largo de décadas).

A partir de aquí AV comienza una larga relación de la abultada hoja terrorista de Posada Carriles y todos sus avatares entre 1973 y el presente, e igual hace un recorrido por las acciones de Magriñá. Ellos –se dice– fueron los que “alentaron y financiaron” a estos cuatro zopencos que acaban de capturar por acá.

¿Y cómo se relaciona todo lo anterior con  Zunzuneo y Piramideo? Pues porque, según analiza AV, “es demasiada coincidencia que la idea de efectuar atentados terroristas que desemboquen en acciones violentas sean precisamente los planes que se han orquestado en otras regiones del mundo”. Como si Cuba tuviese la misma importancia geopolítica, económica o estratégica de Siria, Ucrania y Venezuela.

También AV señala que “es muy curioso que estos planes terroristas se hayan organizado cuando paralelamente ya existían otros programas secretos ya denunciados, como los de la Usaid y diferentes agencias de Estados Unidos, para usar modernas tecnologías como Internet, correo electrónico y mensajes de texto entre celulares, con las cuales organizar supuestas redes de apoyo a las que movilizar en caso de conmoción social”. El “imperio” es un ingrediente imprescindible en la ácida sopa castrista.

Concluye AV que las acciones que planeaban los detenidos en instalaciones militares cubanas “se parecen mucho” a los objetivos que perseguían las redes Zunzuneo y Piramideo, creando “un falso estado de opinión sobre la realidad cubana”. Con esto, AV considera “demostrada” la “concatenación de los planes orquestados contra Cuba”, en ambos casos, encaminados en última instancia a justificar “acciones militares extranjeras” en nuestro país (¡¿¿??!). Puro terrorismo.

Y para que este complicado arroz con mango estuviese completo, no podían faltar en los exorcismos de AV la mención a los “opositores violentos” de Venezuela, como Leopoldo López y María Corina Machado, así como a “los irrelevantes mercenarios que dentro de Cuba abogan por sembrar el pánico y la muerte”. Misión cumplida, AV se esmeró, y de seguro le dan como estímulo una semana en el Campismo Popular.

Como se colige, el asunto no tiene, ni de lejos, la gracia de la canción del gato que citaba al inicio de este post. En realidad no tiene ni pizca de gracia. Queda claro que el gobierno, a través de sus pregoneros, ha comenzado una fase de “ablandamiento” de la opinión pública que suele anteceder las razias contra los sectores disidentes y el recrudecimiento general de la represión al interior de la Isla.

Porque, ya que de teorías conspirativas se trata, hay que recordar que con la castrocracia y sus servidores ocurre de cierta forma lo mismo que con los matrimonios ancianos: tras una convivencia tan prolongada muchas cosas son predecibles. De manera que resulta sospechosamente casual que en un momento tan difícil como el que está viviendo la economía cubana, con el descontento y el desencanto social crecientes, el aumento de la emigración, el deterioro de las prestaciones sociales, la falta de liquidez, la desesperación del régimen por obtener divisas, y otros nubarrones que ensombrecen el ambiente, aparezca una nueva “agresión enemiga-salvadora” en el horizonte político de los Castro, útil para justificar los atrincheramientos nacionalistas y la represión.

Tampoco parecen casuales el empeoramiento de los servicios de telefonía móvil, pese a las excusas que ha ofrecido la empresa estatal (militar) que se encarga de esos mercados, ni el hecho que salga publicado este macarrónico artículo en la prensa oficial justo tras el reciente anuncio de la bloguera Yoani Sánchez de la próxima cercana salida de su periódico digital. Incómodo para las huestes verde olivo que surja un nuevo medio de prensa independiente digital desde la Isla, precisamente cuando son más los cubanos con acceso a la telefonía móvil, con el servicio de mensajes de texto y de correo electrónico a su disposición. No está de más mantener el alerta, los castro-canes deben estar urdiendo desde ahora cuál sería la manera más expedita de acallar las voces críticas de dentro de Cuba.

En todo caso, sobran las teorías y acertijos de los defensores de este anciano, caduco régimen, pero nada va a salvar un sistema que ha demostrado sobradamente su ineficacia. No serán imaginarios ni reales terroristas quienes den al traste con él, y ya se sorprenderán sus servidores cuando descubran en la Cuba nueva, que un día habrá, quiénes son verdaderamente sus patrones.

Pero, como ocurre con las traiciones maritales, más vale que el cornudo se entere por sí mismo del engaño. Así que aprovecho para enviarle un mensaje personal al señor articulista de… ¿Juventud?,  ¿Rebelde?: ¡Amaury, eres un gato y bien!

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El “Capitán Alberto”

Citación enviada a Víctor Ariel a mi casa el pasado viernes 25 de abril de 2014

Citación enviada a Víctor Ariel a mi casa el pasado viernes 25 de abril de 2014

El pasado viernes 25 de abril un joven agente del Ministerio del Interior, vestido de civil –lo que equivale a decir, un elemento de la policía política–, abordó en las escaleras de mi edificio, justo a la entrada de mi apartamento, a mi madre, una anciana de 78 años, para entregarle una citación dirigida a mi hijo menor, el bloguero y periodista independiente Víctor Ariel González Celaya, con la indicación de que debía presentarse el sábado 26, a la 1:00 pm en la unidad de la PNR de Zapata y C, en el municipio Plaza. Mi madre, quien además tiene serias dificultades visuales, firmó la recepción del documento sin saber siquiera de qué se trataba.

Para ser justos, habían demorado bastante, Ariel abrió su blog desde agosto de 2013 y desde que nació él mismo como persona, estuvo estrechamente vinculado con el librepensamiento, de manera que nunca ha sido precisamente un sujeto “revolucionario”. Ni qué decir que las “amistades peligrosas” de su madre lo son también suyas.­

Es curioso que yo misma, opositora en activo desde 2002, jamás haya sido citada a las oficinas de la represión ni haya recibido una visita a domicilio (y conste, en mi casa no los quiero, ni soy de esos disidentes tan civilizados que los invitan a pasar y hasta les cuelan café), pero supongo que esto se debe a que “ellos” saben de antemano que no los considero interlocutores dignos de un diálogo. Nunca he tenido nada que conversar con ellos, que son un mero instrumento del régimen. Así, pues, al parecer prefieren asediar a mi familia: a mi esposo en 2008; a mi hijo ahora, y también consideraron oportuno coaccionar a mi madre. De verdad, son muy valientes estos muchachos de los cuerpos represivos. En un acto de extrema generosidad, atribuyo el gesto a que saben –yo nunca lo negaría– que mi familia es para mí la prioridad máxima. Molestándola me molestan a mí. Claro, ocurre que Víctor Ariel es muy joven, y ellos creen erróneamente que solo por eso es un objetivo “fácil”. Craso error. Víctor Ariel no es fácil ni siquiera para mí.

El caso es que –para variar– la citación de marras en sí misma constituye una flagrante violación de la Ley de Procedimiento Penal (Ley No. 5 , aprobada en sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, celebrada del 12 al 14 de julio de 1977, correspondiente al primer período ordinario de sesiones), por tanto, resulta improcedente por las razones siguientes:

Para empezar, Víctor Ariel no fue citado, como exige la Ley, en su dirección de residencia oficial y que obra en su documento de identidad, sino que los canes del clan Castro enviaron la citación a mi dirección particular. Para continuar, el “documento” expresa que “de no asistir a esta citación podrá ser multado según lo establecido en la ley penal vigente”, sin especificar la “ley” de referencia ni la cuantía de la multa. El objeto de la citación expresa “entrevista”, sin más detalles, como si entrevistarse con ellos cuando así lo dispongan, sin más requisito que su capricho, fuera algún tipo de obligación ciudadana. Por último, el papelucho lo firma un tal “Capitán Alberto”, al parecer un huérfano sin apellidos, del cual tampoco consta cargo alguno, pese a que el artículo 86 de la Ley expresa textualmente que La diligencia de citación se hace por medio de cédula expedida por el Secretario” y en ella debe constar la “Expresión del Instructor, Fiscal o Tribunal que la disponga”.

Como pueden apreciar los lectores en la copia que ilustra este post, la citación fue rellenada con una negligencia tal que ni siquiera tuvieron el cuidado de colocar el cuño al derecho.

Por supuesto, Víctor Ariel no se presentó a tan arbitraria “cita”, aunque no se negaría a asistir siempre que el documento citatorio cumpliera debidamente con todos los requisitos que establece la Ley.

Décadas de autoritarismo e impunidad por parte del gobierno y sus secuaces, disponiendo a su antojo de vidas y haciendas, les ha llevado a sentirse por encima de las leyes, como si no estuviesen obligados a cumplirlas. Lo más probable es que, habituados a imponerse con el terror sobre una población mayoritariamente temerosa, desconozcan lo que dicta la frágil legalidad “socialista”. Cierto que Cuba no es, ni mucho menos, un Estado de derecho; no obstante, aunque parcializado, retrógrado y excluyente, existe un ordenamiento legal que rige para todos, gobierno y su jauría incluidos.

Como seguramente saben el “Capitán Alberto” y comparsa, Víctor Ariel no ha cometido delito alguno y es un ciudadano respetuoso de las leyes; pero fue educado como la persona libre que es, por tanto no pueden tratarlo como si un esclavo de la dotación de los Castro se tratara. En lo sucesivo, sírvase el señor capitán, quienquiera que éste sea, a tratarnos con el debido respeto.

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Solo otro error de cálculo

Imagen tomada de Internet

Imagen tomada de Internet

Según recién ha declarado una funcionaria de la a Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA), las dificultades que se han estado confrontando en el servicio de mensajería de los teléfonos móviles y otras dificultades en las comunicaciones se deben a errores en el cálculo de la demanda.

Es un principio universal del sistema encontrar una explicación inversa ante cada dificultad, lo que se podría interpretar de la manera siguiente: no se trata realmente de la incapacidad de la única empresa telefónica de Cuba, sino de que hay demasiados usuarios. Es decir, que somos más adictos a las comunicaciones de lo que las autoridades habían imaginado.

Desde el 3 de marzo último, cuando inició el nuevo servicio de acceso a correo electrónico desde los móviles (nauta.cu), comenzaron a producirse considerables atrasos en la recepción de SMS e interrupciones en el servicio. Ahora la Directora Central de Servicios Móviles, Hilda María Arias, afirma que a lo largo de más de un año se estudiaron y se completaron los procesos de inversiones que requería este servicio, sin embargo “no calcularon el ritmo acelerado de la demanda en el corto tiempo en que se manifestó”, por lo cual, debido a la transferencia de datos “se están consumiendo más recursos de esa red”, lo que ha afectado la velocidad de recepción de e-mails y SMS, además del servicio de comunicación telefónica.

Por supuesto, aunque esta funcionaria explica que se están tomando medidas para contrarrestar las dificultades, la solución deberá venir de la mano de un crecimiento de las inversiones previstas.

ETECSA, como sabemos, es el nombre del monopolio de las comunicaciones en Cuba, controlado por la cúpula empresarial militar, que ahora se ha comprometido con extender los servicios a través de nuevas radiobases y ampliar la oferta con posibilidades de acceso a Internet, transferencia de saldo entre los móviles y extender el período límiteb de caducidad de las líneas celulares.

Sin dudas, de cumplirse la promesa, éstas serían buenas noticias para nosotros,  los adictos a la información y las comunicaciones. De todas maneras justificar las actuales dificultades del servicio después de más de un año de estudiar el proyecto y con la teniendo el antecedente de la gran demanda de los cubanos respecto de la telefonía celular, pese a sus altos costes, parece ser algo más que un simple error de cálculo.

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¡Querido “Bastardo”!

Abril 26 de 1988. Con mi "bastardo", a los 12 días de nacido

Abril 26 de 1988. Con mi “bastardo”, a los 12 días de nacido

Lo que se hereda no se hurta”, me comentaba hace varios meses a través del correo electrónico un amigo que vive en Miami, refiriéndose a mi hijo menor, Víctor Ariel González Celaya, quien para entonces recién había abierto su blog “Bastardos sin gloria” (agosto de 2013), título que homenajea a uno de sus realizadores cinematográficos favoritos, y que también reduce a una frase el sentimiento de bastardía de varias generaciones de cubanos, hijas de una quimera revolucionaria que acabó desheredándolas de toda gloria. De cierta forma, todos los nacidos a la vera de esta larga conjura de más de medio siglo tenemos algo de bastardos: la revolución cubana que simulaba prohijarnos acabó siendo una madrastra desalmada.

Algunas personas dicen que el orgullo es vanidad, y quizás tengan algo de razón en eso, pero sentir orgullo por el trabajo de mi hijo es una vanidad que me voy a permitir hoy desde este espacio, porque sé que una pequeña parte de ese espíritu de comunicador, esa manía de indagar en la realidad que vive y de opinar críticamente sobre las cosas que marcan el compás decadente de esta isla náufraga, es algo que ha bebido de mí y que entiendo como una muestra suya de respeto, consideración y complicidad. Ariel –su nombre familiar– también heredó, además del gusto por la redacción y por el libre ejercicio de la opinión, el carácter voluntarioso de ambos progenitores y no solo de mí. A la vez, él tiene su estilo propio.

Ahora anda lidiando con los mismos demonios que su díscola madre, pero lo hace a su manera, sin tutorías. No me permite la pedantería de revisar o corregir sus textos según mis cánones estilísticos o gramaticales, y hasta creo que le divierten sus propias meteduras de pata. Acepta sugerencias o críticas, pero se expresa en su personal lenguaje y desde su personal visión, que no siempre coincide con la mía. Respeto mucho eso. Como beneficio colateral, “Bastardos sin gloria” denota la frescura y a veces casi la ingenuidad de una persona que actúa solo de acuerdo con su conciencia y ofrece su percepción más sincera acerca de lo que acontece, sin intermediarios.

Sin embargo, el blog no es exactamente su estreno como aficionado de las letras. Tiempo atrás, cuando todavía era un estudiante universitario, ya Ariel había colaborado con la revista Voces bajo el seudónimo de Abelcaín (una simbiosis de los hijos de la Eva bíblica, que a mí me gusta interpretar como un guiño cómplice al seudónimo que usara yo misma en mis tiempos de “clandestinidad virtual”), y también ha escrito varios cuentos de ficción y otros textos inéditos, que ignoro si querrá publicar alguna vez. Hace varios meses es colaborador habitual de Cubanet, y algunos artículos suyos han visto la luz en la web del Diario de Cuba.

No negaré que, en medio de todo, siento mis temores por él; ya mis lectores habituales saben que no soy una Mariana Grajales: no envío a mis hijos a la guerra. Tampoco envié a Ariel a “las trincheras” del periodismo independiente, como algunos creen. En lo personal, hubiese preferido que le hubiese sido posible ejercer como ingeniero civil, la profesión que eligió y de la que se graduó en la Universidad Técnica de La Habana (CUJAE). Hubiese deseado que Cuba fuera una nación libre y próspera en la cual desarrollara todas las potencialidades de su talento, y que el camino de cada uno no constituyera siempre una opción ante la disyuntiva de ser un ilota o un ciudadano. El optó por la disensión viviendo bajo un régimen que adoctrina en la uniformidad y castiga el librepensamiento, pero yo jamás me opondría a su elección.

Por demás, dirigirse a un público desde el periodismo de opinión es asumir una responsabilidad que tiene consecuencias; es algo que se convierte espontáneamente en un compromiso y un riesgo: los lectores te aman o te lapidan con igual entusiasmo; los poderes te odian y la mejor protección que queda es la que nace del atrevimiento de seguir adelante y de la solidaridad que se recibe de muchos compañeros de ruta dentro de Cuba y de quienes nos leen y nos apoyan desde el exterior. Elegir el periodismo ciudadano en Cuba implica, además, balancearse sobre una cuerda floja entre el derecho a la libre expresión, el reclamo cívico y la denuncia, por un lado, y los riesgos de la represalia dictatorial, por el otro. Casi una temeridad.

26 años después

26 años después

Hoy me permito dedicar este post a mi hijo menor y desearle éxitos en el camino elegido y en los que emprenda en el porvenir. Tengo motivos muy poderosos para ello: él no solo es el único de los míos que desde el principio me ha apoyado y ha comprendido mi activismo como disidente, sino que jamás me ha reprochado que yo haya puesto en riesgo su porvenir o limitado las posibilidades de su vida en Cuba. Este lunes 14 de abril Ariel estará cumpliendo 26 años y es uno de los más jóvenes blogueros de la Isla. No aspiro a que sea el más profesional o reconocido de los periodistas independientes; me basta con que continúe siendo, como siempre, una persona honesta y veraz. Por eso le brindo a la par mis felicitaciones y mi gratitud: celebro la fecundidad de todo el tiempo que hemos compartido juntos, ¡que sigas creciendo para bien, querido “Bastardo”!

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Conduciendo en reversa

Imagen tomada de Internet

Imagen tomada de Internet

(Originalmente publicado en Cubanet el 11 de abril de 2014, bajo el título “Raúl Castro da marcha atrás”)

Con seguridad, la nueva Ley de Inversión Extranjera “aprobada” por la habitual unanimidad parlamentaria el pasado 29 de marzo de 2014, ha sido la comidilla fundamental del tema “Cuba”, tanto para la prensa oficial de la Isla como para la independiente y la extranjera. Con sus flexibilizaciones respecto de la vigente hasta ahora –promulgada en 1995–, la nueva regulación pretende lanzar el balón al lado contrario: si ahora los cubanos residentes en USA no pueden invertir en Cuba, ya no sería porque el régimen lo impide, sino por el grillete que les impone el embargo. Una habilidad del viejo cocodrilo verde olivo que, pese a todo el descalabro del sistema, mantiene sus mañas y acechanzas.

En medio de las expectativas del gobierno y  de los aspirantes a inversores, se extiende el amplio diapasón de los prescindidos de siempre: los cubanos comunes o “de a pie”, de los cuales no se reflejan opiniones en los medios, lo que magnifica la exclusión. Esta vez, sin embargo, la anulación de los derechos naturales de los cubanos está multiplicando el malestar social, en un escenario en el que se está verificando un acelerado desabastecimiento en las redes comerciales y un pertinaz y creciente encarecimiento de los precios y de la vida.

Rechazo a la ley de inversiones

Las carencias, sumadas a la inflación, a los reajustes y prohibiciones para ciertos renglones del comercio privado que han ocasionado el cierre de numerosos negocios familiares desde enero de 2014, a la incertidumbre en torno a la anunciada –y nunca debidamente explicada– unificación monetaria, así como la falta de expectativas positivas, son factores que enrarecen el ambiente social y desembocan en opiniones generalmente desfavorables sobre la nueva Ley y su impacto al interior de Cuba.

Un sondeo informal que realicé en días recientes en el municipio Centro Habana, tras la sesión extraordinaria del parlamento del 29 de marzo, muestra un rechazo a la nueva Ley de Inversión Extrajera, casi tan unánime como la “aprobación” acontecida en dicha plenaria: de un total de 50 individuos encuestados 49 se manifestaron críticos a la Ley y solo uno se manifestó indiferente. De hecho, el tema ha estado presente con relativa frecuencia en numerosos corrillos no sometidos al sondeo directo –cuestión poco común en una población usualmente apática con respecto a legislaciones–, en los cuales resultaba dominante la tendencia a criticar diferentes aspectos de la Ley.

Los principales motivos de descontento de la población se resumen en varios puntos principales:  la nueva Ley excluye arbitraria y despóticamente a los nacionales, lo que implica que se mantiene la falta de oportunidades para los cubanos de la Isla; los inversionistas extranjeros no solo tendrán grandes ventajas y consideraciones impositivas que nunca se han otorgado a los cuentapropistas, incluyendo las facilidades arancelarias por concepto de importaciones (algo que pedían los comerciantes de artículos importados y no se les concedió); el Estado seguirá siendo el empleador de quienes laborarán en empresas de capital extranjero, lo que implica la consiguiente sujeción de la contratación a la fidelidad –sea real o fingida– a la ideología oficial y los gravámenes sobre los salarios; se profundizarán las brechas sociales entre los sectores con mayor nivel de acceso al consumo y los sectores más desfavorecidos (estos últimos en crecimiento constante).

Colateralmente, muchos cubanos se cuestionan las veleidades de la política oficial que, sin sonrojos, privilegia el capital de los emigrados –otrora “siquitrillados, burgueses, apátridas, gusanos, traidores, escoria, etc. – por sobre los que permanecieron en Cuba. La reflexión lógica, incluso para los que se mantuvieron relativamente vinculados al proceso revolucionario, o al menos no han sido abiertamente opuestos al régimen, es que hubiera sido más sensato y oportuno emigrar para tener alguna posibilidad de invertir en la actual coyuntura. No faltan quienes perciben esta Ley como una traición del régimen a la “fidelidad” de los que eligieron quedarse, generalmente los cubanos más humildes.

Otro tópico que pone en entredicho la ya antes disminuida credibilidad del gobierno es el hecho mismo de apelar actualmente al capital extranjero como la tabla de salvación del sistema, cuando en 1959 se realizó todo un proceso de nacionalización que constituyó una de las medidas “más justas” y de mayor calado, a fin de “poner en manos del pueblo” lo que le había escamoteado el sucio capital burgués. Los cubanos se preguntan qué sentido tuvo expulsar el capital extranjero y 55 años después implorar por su retorno; es como desandar en reversa, pero sobre una vía más insegura y deteriorada. ¿No nos hubiésemos ahorrado más de medio siglo de carencias materiales y pérdidas espirituales de haberse conservado las empresas que ya estaban establecidas en el país? ¿Cuántos beneficios dejamos de recibir desde que el Estado, improductivo, ineficiente y pésimo administrador, se apropió de ellas?

¿De qué revolución tú estás hablando?

En todo caso, son mayoría los que tienen clara conciencia de que la revolución y sus alardes de justicia e igualdad social quedaron atrás, en algún recodo del retorcido camino. “¿Crees que esta nueva Ley va a salvar la revolución?”, le pregunto provocadoramente a un anciano que vende periódicos por mi barrio. “¡Muchacha!, ¿de qué revolución tú estás hablando?, ¿de  la que hizo escapar a Batista o de la que está haciendo escapar a todos los cubanos? La revolución del 59 se acabó desde que ‘este’ le entregó el país a los rusos; ahora lo único que quiere el hermano es devolvérselo a los americanos, y quedarse con su buena tajá”.

Probablemente nunca antes escuché una síntesis tan exacta de lo que significa hoy para muchos cubanos la historia de la revolución.

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¿La voz de los cubanos?

La arrogancia es un rasgo de la personalidad imposible de ocultar para quienes lo padecen. De hecho, es más visible cuanto más el individuo arrogante trata de cubrir su proverbial petulancia bajo un manto de fingida humildad. Lo peor de semejante sujeto, sin embargo, es esa capacidad histriónica que le permite engañar a grupos considerables de personas, en particular a aquellas que necesitan desesperadamente de alguien que hable “por ellos”, o a quienes –desde los antípodas– gozan de la gracia de autoridad.

En el caso de Cuba, donde la libertad de expresión, de prensa, de información y de asociación se cuentan entre las mayores ausencias de la sociedad, no es difícil que, de vez en vez, aparezca algún salvador que se autoproclame como “la voz de los cubanos”, lo cual –salta a la vista– delata una insolencia inconmensurable, no solo porque significa la atribución de potestades que nadie le ha conferido, sino porque asume a priori una mentira muchas veces repetida que para algunos necios  se ha convertido en verdad: que los cubanos no tienen voz.  Permítanme, señor Arrogante y su comparsa, enmendarles la plana: los cubanos de Cuba sí tienen voz, de lo que carecen es de medios para hacerse oír. Eso, para no mencionar el elevado número de sordos que existen en el mundo.

Pero, claro, siempre aparecerá un adalid resplandeciente –generalmente con credenciales e incluso con pedigrí–, quien desde su infinita sapiencia penetrará rápidamente en los intríngulis más profundos de la realidad cubana y será el único capaz de interpretarla con objetividad porque él, equilibrado y justo, “no está en los extremos del espectro”. Curiosamente, estos especímenes proliferan con particular virulencia entre los periodistas extranjeros acreditados en la Isla.

Como no deseo ser absoluta, supongo que los habrá también modestos y hasta respetuosos de los cubanos y de la realidad de la Isla, solo que yo no he tenido el privilegio de conocerlos. Quizás sea una fatalidad personal. Pero, lo dicho, hacer periodismo en Cuba armado con una credencial de un importante medio de prensa y con la relativa seguridad de que tu trabajo será publicado y –¡muy importante!– debidamente remunerado, parece tener un efecto alucinógeno sobre algunos de ellos.

Tal es el caso del cuasi cubanólogo Fernando Rasberg, a quien llamaré aquí de manera abreviada “R”, periodista recientemente caído en desgracia con su (ex) patrón, la BBC, quien ha escrito un quejumbroso post a raíz de su desencuentro con el poderoso medio y, ¡oh, sorpresa!, tras muchos años de trabajar como corresponsal en Cuba y cobrar sus emolumentos ha descubierto que “no comparte sus criterios editoriales”, según expone en su blog personal, Cartas desde Cuba www.cartasdesdecuba.com). Inexplicablemente a R le llevó más tiempo conocer los criterios editoriales de la BBC que las interioridades de una sociedad tan controvertida como la cubana.

Tanto nos caló R que “intentó ser la voz de los cubanos de a pie, de la gente común”, a través de su blog. Esto lo dice con tal convicción que incluso hay quienes, además de él mismo, se lo han creído. Y, como este señor no se arredra y se ha tomado muy en serio su mesiánica misión, propone que “a partir de ahora quienes tengan interés en seguir debatiendo sobre la realidad de la isla podrán hacerlo a través de mi página personal”. Muy humilde R, de verdad, y deberíamos estar agradecidos… ¿dónde más podríamos hacerlo si no?

Yo, confieso, no tengo muy fuerte el estómago, por eso leo los textos de R muy de tarde en tarde, y después paso algún tiempo desintoxicándome. Por ejemplo, me enferman frases como esta: “Tratamos de descifrar las claves del crimen del hospital psiquiátrico, donde murieron una treintena de pacientes de hambre y frío”. En lenguaje cubano, en realidad R. estaba “descubriendo” el agua tibia, porque aquel monstruoso crimen no estaba ni mucho menos cifrado en clave. Para la mayoría de los cubanos y para la totalidad de los periodistas independientes que cubrieron ampliamente la noticia y publicaron serios artículos de opinión sobre el caso, la esencia de los hechos radica en la naturaleza corrupta del sistema, de sus funcionarios y, en particular, en la impunidad de sus artífices y responsables principales: la gerontocracia dictatorial de más de medio siglo. Es decir, la misma a la que R reconoce el enorme mérito de universalizar la salud para los cubanos.

En un país medianamente democrático, ante un escándalo semejante más de un alto funcionario hubiese explotado por los aires. Pues bien, los hechos del hospital psiquiátrico son solo el botón de muestra de la calidad de los servicios de salud que se ofrecen a los cubanos de a pie, los cubanos comunes, que no tienen acceso a las clínicas en divisas ni al CIMECQ, donde se atienden los dirigentes y los ungidos. Por demás, los pacientes con problemas mentales son los más frágiles e indefensos.

Si R conociera un pelín más de la historia de Cuba sabría que, aunque insuficiente (como también lo es actualmente), en la Isla hubo salud pública desde los tiempos coloniales, por tanto, no se trata de una innovación castrista. Y había instituciones de salud que la revolución eliminó: yo misma, hija de un obrero calificado y un ama de casa, nací en octubre de 1959 en Acción Médica (Coco y Rabí, Santos Suárez, La Habana), una clínica de la que toda mi familia era “asociada”. Tanto la atención como el servicio allí eran muy buenos.

En cuanto a “la baja mortalidad infantil” tan publicitada, muchos especialistas en cifras se cuestionan la veracidad de las estadísticas cubanas. De hecho, éstas son tan veleidosas que no reflejan el número de neonatos que mueren antes de ser inscritos en los registros, porque existe una política oficial que se orienta  a registrar los nacimientos cuando los recién nacidos son sanos y tienen al menos ciertas garantías básicas de supervivencia. Conozco testimonios de padres cuyos hijos han nacido con determinadas malformaciones o padecimientos incompatibles con la vida y han permanecido hospitalizados varios días hasta su muerte, sin haber sido registrados nunca. Oficialmente esos niños jamás nacieron, de manera que transitaron del útero materno al sueño eterno sin los trámites burocráticos de rigor. Así las autoridades  evitan que constituyan un número negativo en las flamantes estadísticas oficiales que se exhiben al mundo. Qué podría importar, si hasta la Organización Mundial de la Salud reconoce los apabullantes logros de la medicina revolucionaria y aplaude emocionada.

En cuanto a “la educación universal”, huelgan los comentarios. Todo cubano nacido en este proceso, que ha cursado estudios en décadas anteriores y cuyos hijos y nietos también han sido escolares en Cuba, saben perfectamente del deterioro de la calidad de la enseñanza, de los maestros y de las instalaciones docentes, más acentuado en las últimas dos décadas. Eso, para no hablar del adoctrinamiento y de la segregación de los que piensan diferente a la línea oficial. Si R considera esto un logro, debería saber que también desde tiempos de la colonia en la Isla hubo enseñanza pública y privada, y que desde el siglo XVIII se fundó una tradición pedagógica en nuestro país que duró hasta que el totalitarismo de este gobierno la convirtió en rehén de la ideología y monopolizó, masificó y uniformó, para mal, toda la enseñanza.

Por ejemplo, mi nieto César –que cursa primer grado–, aprendió en su escuela quiénes son “los cinco héroes”, Che Guevara y hasta F. Castro; sin embargo, en clases nunca le han hablado de Carlos Manuel de Céspedes, de Ignacio Agramonte ni de ninguno de los padres fundadores de la nación cubana… Mucho menos de las grandes figuras cívicas de la historia de esta nación.

Otro asunto sería lo que R llama “la defensa civil más eficiente del mundo”. Esto ya parece alucinación como resultado de una sobredosis… de algo. ¿Qué es exactamente la “defensa civil” para este brillante periodista? La respuesta es un misterio, así que solo podemos especular. ¿Por casualidad se referirá a las espectrales MTT, cuya única “prueba” de existencia es el día de haber que donan anualmente todos los trabajadores estatales de este país y que nadie sabe a dónde va a parar y en qué se emplean esos fondos? ¿O será así como R llama a esa gran masa amorfa agrupada bajo el nombre genérico de “cederistas” que solo sirven para pagar al Estado unos centavos mensualmente y una vez al año encender algunas fogatas en la calle para exhibir el hambre colectiva consumiendo una repulsiva (“revolucionaria”) caldosa? ¿Ignora R que los CDR son hoy por hoy una entelequia, apenas los jirones de la más formidable organización que antaño creó Castro I para vigilarnos y delatarnos unos a otros y que llenó a este pueblo de desconfianza, envidias y rencores?

Al criticar a la disidencia y algunos otros males de Cuba, R dice buscar el necesario “equilibrio periodístico” (¡vaya eufemismo!). R sencillamente lanza lo primero que le pasa por la cabeza o le cae en la mano, ya sea una piedra o algo menos noble, lo cual –lejos de lograr algún equilibrio– solo consigue verdades a medias o turbias tergiversaciones. Es lo que ocurre siempre que algún “crítico” ataca los efectos evadiendo cuidadosamente señalar las causas. Así, R juega con la cadena, incluyendo algunos altos eslabones, pero mantiene una prudentísima distancia del mono. Así, cualquiera es equilibrista.

A “la disidencia” sí la fustiga, ¡y de qué manera! Es lo que ocurre cuando, desde su confort, R se cuestiona las finanzas que recibe esa misma disidencia que –como debería saber en tanto experto analista de la realidad cubana– es expulsada de sus centros laborales y de estudios y muchos de cuyos miembros carecen de otros medios de vida y de trabajo. A la vez, para R –como para el régimen cubano– resulta obvio que toda “la disidencia” está financiada por el gobierno estadounidense: al parecer, tienen pruebas de ello. Sin embargo, no conozco de algún disidente encarcelado por estar “al servicio de una potencia extranjera”. ¿Quién se podría creer que la satrapía verde olivo permitiría la existencia de tantos “mercenarios” cuando por el mínimo hecho de protestar o escribir un cartel antigubernamental muchos cubanos han sido reprimidos brutalmente o están encarcelados?

Pero siempre los seres humanos tenemos algo en común. He aquí que yo tengo mis coincidencias con R: tampoco soy “políticamente correcta”. Es más, algunas personas creen que no soy correcta en lo absoluto. Aunque sospecho que no tenemos el mismo concepto de lo que es “político” o de lo que es “correcto”. Por ejemplo, R dice que en su blog “analizamos las debilidades de la disidencia” (porque en su infinito pudor R abusa del plural de modestia y sustituye el “yo” por un humilde “nosotros”, un vicio muy común entre los oradores de la nomenklatura). Yo también a veces he criticado algunos postulados o programas opositores, fundamentando por qué no los comparto, lo cual no significa que no los respete, no apoye su lucha contra el régimen y por la democracia o no reconozca sus valores. Porque si de equilibrio se trata, atacar a la disidencia –el eslabón más débil de la cadena política en Cuba– es lo más fácil del mundo. No darle la oportunidad de réplica es, sencillamente, indecente.

Cierto que, como en todas las comunidades o grupos humanos, no todos los miembros de la disidencia son un ejemplo de virtud u honestidad, pero eso tampoco implica que la oposición sea un pozo de detritus. R ni siquiera reconoce valores a los grupos o individuos que por muchos años han estado haciendo un serio y creciente trabajo cívico al interior de la sociedad y gozan de gran prestigio tanto en sus comunidades como en el exterior de Cuba.

Manipular las informaciones, tergiversar y fragmentar la realidad para adecuarla a su antojo y desbarrar contra sectores e individuos que no tienen la posibilidad ni los medios para defenderse y que se encuentran en total desventaja frente a la dictadura más larga de este hemisferio, es oportunismo y mediocridad, pero sobre todo, es inmoral y anti-ético.

Por último, si, como afirma R, “el jefe diplomático de EEUU en Cuba recomendó al Departamento de Estado” leer su blog “para comprender la situación real” de nuestro país y tal cosa se reveló a través de “un cable secreto” filtrado por Wikileaks”, lo felicitamos sinceramente (a R, claro, porque el Departamento de Estado no tendría con ello más que otra interpretación oblicua de un extranjero que medra con la situación cubana). No hay dudas de que todavía R le podrá sacar otras ventajas a su innegable habilidad para venderse como especialista de los temas que escribe. Allá quienes le den crédito o le paguen por ello; es sabido que todos los espectáculos tienen su público. Llama la atención, sin embargo, que R considere como bueno el reconocimiento que le llega del gobierno que él suele condenar debido a que mantiene el “criminal bloqueo” contra la Isla y, por añadidura, nos financia a nosotros, la tenebrosa disidencia mercenaria. ¿Se peina o se hace los papelillos? Quizás ni lo uno ni lo otro; más bien el incidente halaga profundamente su vanidad y constituye todo un regalo para su arrogancia, de ahí el regodeo.

Creo que ya me he extendido demasiado. Habrá quienes opinen que tanto esfuerzo no valió la pena, habida cuenta que un refrán muy sabio reza: a palabras necias, oídos sordos. Yo he preferido por esta vez recurrir a otra sentencia: quien calla, otorga. Estos personajes sinuosos pueden llegar a ser muy dañinos. Por demás, mis lectores habituales saben que esta escribidora se caracteriza por la ausencia de folículos pilosos en la lengua, rasgo que molesta a más de un individuo. ¡Qué se le va a hacer!, me cuesta mucho permanecer callada ante las desvergüenzas. Chovinismos aparte, me escuece en especial tanta verborrea barata de un extranjero a quien, en definitiva, no le duelen Cuba, los cubanos, ni sus males. En lo que a mí respecta, si este señor fuese la voz de los cubanos, más nos valdría que guardase discreto silencio.

 

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