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Disciplina vs supervivencia

No arrojar basura

No arrojar basura

El tema de las indisciplinas sociales ocupó esta mañana un importante espacio en el noticiero matutino de la televisión nacional. La música con un excesivo volumen, la basura que se lanza desde los balcones, grafitis sobre los muros públicos, los escombros en medio de la calle y muchos otros ejemplos de lo que a diario ocurre, especialmente en la capital del país. Allí supimos que hay “Grupos operativos” dedicados a detectar y sancionar dichas irregularidades.

Muchas de estas indisciplinas, me atrevería a decir la mayoría, son el reflejo de la mezcla de dos elementos: por una parte la carencia de condiciones para hacer las cosas como deben ser y por otra la falta de educación cívica que lleva a los ciudadanos a comportarse de una forma incivilizada. He visto a algunos turistas (obviamente extranjeros) caminar cuadras y cuadras llevando en la mano el papelito del cucurucho de maní y a peatones nacionales arrojarlo graciosamente en cualquier sitio. Ni uno ni otro encontró nunca el cesto donde arrojar su desperdicio. Para qué contar lo que han tenido que hacer algunos vecinos cuando se vieron obligados a solucionar su acceso al alcantarillado y no les quedó más remedio que romper la calle creando con ello un nuevo bache en la ciudad.

 

En rigor pudiera decirse que “nada justifica” la comisión de una indisciplina que afecta a la comunidad, pero lo cierto es que muchas de ellas tienen al menos una explicación. Y de hecho hay una gran explicación general que se relaciona con esa conducta “acimarronada” en la que incurrimos a diario miles de cubanos y es la falta de recursos accesibles para enfrentar nuestros problemas, unida a la poca capacidad de participar en las decisiones que afectan a la sociedad en su conjunto.

Es lo de siempre, deberes y derechos deben ir juntos. Cuando al Estado solo parece interesarle que los ciudadanos cumplan sus deberes, estos se atrincheran en sus derechos y se saltan todas las reglas. Semejante situación es el caldo de cultivo para otros excesos injustificables y de difícil explicación.

Con Meme Solís en la distancia

meme

El concierto Otro Amanecer que se realizó en el teatro América los días 5 y 6 de enero en homenaje al maestro Meme Solís me provocó nostalgia, vergüenza y asombro.

Nostalgia, porque aquel programa A solas contigo que transmitía Radio Progreso pasadas las 10 de la noche, fue una de mis transgresiones preferidas en los años del servicio militar, cuando violábamos el horario de silencio y la prohibición de tener radios portátiles. Alrededor de la litera del recluta Andrés Villorín, poseedor del receptor, nos agrupábamos a escuchar aquellas canciones que eran un bálsamo de modernidad en el cerrado entorno de la música cubana de aquellos tiempos.

Vergüenza, porque en aquella época me pareció totalmente normal que Meme Solís fuera despojado de su derecho a presentarse en público por haber cometido la “incalificable falta” de solicitar la salida del país. Aunque lamentable, también me pareció normal y hasta aceptable, que sus canciones fueran desterradas de los programas radiales. Cuando ya casi todo el mundo lo había olvidado lo vi en persona, por primera y última vez, en el hotel Jagua de Cienfuegos donde animaba con el piano algunas noches del cabaret. Me pareció entonces que se estaba siendo generoso dándole aquella oportunidad.

El asombró me mordió porque en aquel concierto, donde casi todo el mundo estaba visiblemente emocionado, se pudo ver en la pantalla el rostro del cantautor acompañado de figuras como Maggie Carlés, Mirta Medina, Annia Linares, Xiomara Laugart, Albita Rodríguez y otras glorias de la música cubana que viven hoy fuera de la Isla. ¿Se estará produciendo un deshielo cultural para recuperar el daño ocasionado por tantos años de intolerancia política? ¿Estaremos en vísperas de que se produzca el homenaje a Celia Cruz?

La nostalgia fue compartida, especialmente por el público de mi generación. La vergüenza no se puso de manifiesto, porque nadie allí pidió disculpas a Meme Solís por el dolor que le fue ocasionado. El asombro se manifestó en aplausos de aprobación cada vez que aparecía una de aquellas divas prohibidas.

Me gustaría que Meme Solís supiera que no lo hemos olvidado y que ya nadie tiene la arrogante intención de perdonarlo por haberse ido de Cuba, sino en todo caso el deseo de pedirle disculpas por haberlo abandonado a su suerte.