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Percepción de riesgos

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Son muchos los que pretenden imprimirle a sus pronunciamientos el sello de identidad del discurso oficial. Para lograr mimetizarse y alcanzar la homogeneidad con ese lenguaje, seleccionan ciertas palabras, algunas frases e incursionan en formas de decir típicas de textos periodísticos, disertaciones académicas o alegatos jurídicos.

Uno de los más recientes elementos idiomáticos de esta naturaleza consiste en un curioso binomio en el que por una parte está el concepto de “percepción de riesgos” y en el otro “la vulnerabilidad”. Meteorólogos, epidemiólogos, especialistas de seguridad vial, economistas, no dudan en afirmar que en la medida en que se haga más elevada y precisa la percepción de determinado riesgo, podrá reducirse la vulnerabilidad de las presumibles víctimas de un peligro.

Confieso mi desconocimiento del origen de esta ecuación, que no solo me parece lógica, sino hasta lúcida. Sospecho que ha sido importada del entorno académico internacional –quizás de la estrategia militar o el lenguaje científico- cuando algún avispado miembro de alguna delegación cubana la atrapó por allá afuera para sembrarla en el fértil terreno de la falta de originalidad de la fraseología oficial. Lo curioso es que la combinación verbal no es deudora ni de la dialéctica marxista ni de la arenga de barricada. Es implacablemente fría, pero pegajosa.

Pruebe usted y confírmelo. Diga, por ejemplo, que la ausencia de información en nuestra prensa sobre hechos criminales reduce notablemente la percepción de riesgo que debe tener una persona en la calle y en consecuencia aumenta la vulnerabilidad ciudadana ante ataques criminales. Diga que el tono triunfalista de los informes ministeriales ante el Parlamento cubano no permite tener una adecuada percepción de los riesgos que amenazan a nuestra sociedad, lo que conlleva una mayor vulnerabilidad ya sea en la economía, la educación, la salud, el turismo, o lo que a usted se le ocurra.

Pongámonos a pensar en todas las vulnerabilidades que se abren ante nosotros, como grietas al borde del abismo, cuando falta la percepción sobre el riesgo que entrañan la falta de transparencia, el secretismo, la verticalidad del ordeno y mando, la poca participación ciudadana en las decisiones, la ausencia del debate político, la penalización de la discrepancia, en fin, que asusta.

Percibamos los riesgos, disminuyamos nuestra vulnerabilidad.

Fuimos Jóvenes

 Hace casi 27 años vio la luz el número 93-94 de la revista Somos Jóvenes. Aquella edición se hizo histórica por la publicación de dos temas de investigación, uno El Caso Sandra, sobre la prostitución y el otro, titulado Fraude ¿académico?. En aquella época tuve la ocasión de publicar una nota en el periódico Juventud Rebelde anunciando la salida de la controvertida revista. Entonces decía:

Bajo el título de Fraude ¿académico? se pone al desnudo uno de los fenómenos negativos de nuestra sociedad, que se extiende más allá del que cometen los estudiantes frente a los exámenes y se manifiesta en otros sectores que nada tienen que ver con el proceso docente educativo, al menos en lo formal.

Apoyado en una vasta investigación, donde se incluye una encuesta a estudiantes de diferentes centros, Fraude ¿académico? renuncia al estilo expositivo para entrar de lleno en el análisis, promoviendo así entre los lectores un cúmulo tremendo de interrogantes y soluciones.

27 años después miles de jóvenes habaneros se vieron precisados a repetir el examen de Matemática a las pruebas de ingreso a la universidad porque se había filtrado el contenido y un número aun no revelado de estudiantes lo habían adquirido en muchos casos pagando.

Quisiera invitar al autor de aquella investigación, Luís Manuel García a que nos actualice su opinión.

De paso recomiendo leer lo que publicó al respecto en agosto de 2009 en su blog Habaneceres

Mi mala memoria

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Las instituciones oficiales debieran cumplir lo que prometen. Si esa institución es la más oficial de todas y la promesa versa sobre asuntos esenciales, entonces la obligación se vuelve algo ineludible, casi solemne.

El Partido comunista de Cuba tiene, con los militantes de su organización y con el pueblo que gobierna por ley, al menos dos obligaciones pendientes contraídas ambas durante la Primera Conferencia Nacional, celebrada el 28 de enero de 2012

Una de ellas es terminar ya de redactar “la conceptualización de los fundamentos teóricos del modelo económico cubano” y la otra es la renovación del Comité Central del Partido en al menos un 20%.

En dicha conceptualización teórica habría que establecer los nexos entre la doctrina marxista leninista, que traza el rumbo del sistema socialista, y los lineamientos emanados del VI Congreso. Habría que explicar que no se están usando las melladas armas del capitalismo para hacer el socialismo sino que, aunque lo que se hace ahora se parece a las reglas del mercado, en realidad es planificación y que las ganancias que obtendrán los inversionistas extranjeros, fruto del trabajo de los obreros cubanos, no es obtención de plusvalía, sino otra cosa que habrá que nombrar de alguna forma.

En relación a la segunda deuda pendiente, la de “refrescar” el Comité Central, muchos esperan que en ese 20% de renovación esté incluido al menos el retiro de los octogenarios y la aceptación de un código diferente para la nueva meritocracia, donde ya no tendría que aparecer, la participación en la lucha contra la anterior dictadura ni la presencia en las tareas heroicas de los primeros años. De esa forma habrá en el CC hombres y mujeres que nunca dispararon sobre otro ser humano, que no confiscaron a nadie su propiedad y que ni siquiera arriesgaron su propia vida en aras de la causa.

Me pregunto cuántos militantes del PCC han planteado en su núcleo la inquietud de esta morosidad en el cumplimiento de compromisos tan elevados. Me pregunto cuántos cubanos se acuerdan de esas promesas y cuántos cifran en su cumplimiento algún tipo de esperanza.

Habrá quien diga que tengo buena memoria. En realidad mi memoria es mala. Muy mala.

 

14 y medio: Ni el primero ni el último

 Como ya ha anunciado Yoani Sánchez a mediados de la próxima semana verá la luz un nuevo medio digital al que hemos bautizado 14 Y medio. Tenemos la pretensión de actualizarlo diariamente y de ser posible más de una vez al día.

 Cuando Internet sea para los cubanos algo tan sencillo y accesible como para cualquier latinoamericano del siglo XXI, quizá entonces, estaremos en la lista de favoritos de las amas de casa que quieran confeccionar un postre, de los empresarios que deseen estar seguros de dónde invertir su dinero y por qué no, de los políticos que necesiten conocer las tendencias de la opinión pública.

Nos visitarán aquellos que estén buscando un plan para divertirse el fin de semana y quienes pretendan estar al tanto de la última obra de teatro, el más atractivo concierto, la más reciente novedad en las librerías.

Esperamos ser una referencia para todo cubanólogo que necesite cotejar la precisión de un dato o sumergirse en la complejidad conceptual del nuevo pensamiento social y una referencia también para un despistado turista que escucha el nombre del país por primera vez en su vida. La ventana donde asomarse para saber lo que está ocurriendo, el registrador de todas las pulsaciones, revisitador de la historia, mensajero de futuro, todo eso queremos ser.

No porque la mayoría tenga Internet empezaremos a ser un pueblo sin problemas y por eso 14 Y medio se propone ser el altavoz de los inconformes, de los atropellados por cualquier poder y muy especialmente el anhelado espacio de todo aquel que teniendo una opinión divergente o convergente carezca de una plataforma pública donde exponerla y someterla a debate.

Obviamente estas son pretensiones a largo plazo, pero nacemos ahora porque no queremos que las nuevas e inevitables realidades que sobrevendrán esperen por nosotros. De hecho no somos los primeros en tener sueños tan ambiciosos ni en trabajar para conquistarlos. ¡Ojalá tampoco seamos los últimos!

 

Un momento peligroso

Sin ánimo de ponerme paranoico quiero advertir que la oposición pacífica y la sociedad civil cubana pueden estar en vísperas de un momento muy peligroso. Recuerdo que la Primavera Negra de 2003 sorprendió a la opinión pública en medio de la intervención militar norteamericana a Irak.

Hoy el gobierno cubano parecería estar dispuesto a “aflojar” un poco la represión para ponerse en sintonía con los negociadores europeos, pero todo esto puede desplomarse estrepitosamente si el conflicto en Ucrania llegara a provocar un enfrentamiento entre los países miembros de la OTAN y Rusia.

Cuando la lealtad cubana a Rusia se convierta en un insulto inaceptable para Europa, los tiempos de la Posición Común serán recordados como una luna de miel. Entonces ya no habrá a quien prometer ni con quien simular que van a respetarse los derechos humanos en la Isla.

La herencia que la generación histórica pretende dejar a sus sucesores será un lastre muy dificil de llevar, pero más dificil de soltar. Qué Dios nos coja confesados.

Las Pancartas Invisibles

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No tengo noticias de que en el último medio siglo alguien haya logrado llevar al desfile por el Primero de Mayo carteles con un mensaje “políticamente incorrecto”. No dudo que se haya intentado; incluso creo posible que con una buena dosis de ingenio algún valiente haya enarbolado un letrero con segundas o terceras lecturas. Para esta celebración, que tiene la proclamada intención de ser la más grande del mundo, me gustaría elevar (o ver) un cartón donde se leyeran mensajes como estos:

“Raúl: la tierra no está temblando, pero nosotros sí”

(Disponibles de todos los sectores laborales)

 

“Millonarios de todo el mundo, inviertan su dinero en Cuba. Prometemos no hacer huelgas ni reclamaciones salariales.”

(Obreros de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel)

 

“Los médicos tuvieron paciencia para esperar mejores salarios, nosotros también”

(Trabajadores de la Educación)

 

“No necesitamos sindicatos independientes para apoyar la Revolución” (Cuentapropistas cubanos)

 

“Ningún cambio en la moneda hará cambiar nuestra actitud ante el trabajo”

(Sindicato de Gastronómicos)

 

“No nos hacen falta fuentes alternativas de información. Con lo que dice Granma nos basta y nos sobra.”

(Unión de Periodistas Cubanos)

 

Y así hasta que nos dure la fantasía. La que no alcanzará será la suerte, para que textos de esta naturaleza logren saltar la barrera de “la vigilancia revolucionaria”.

También dudo –que me perdonen los valientes- que se pueda juntar la inmensa dosis de coraje necesaria, aunque sea para atreverse con estas sutilezas.

Sin embargo, estos juegos de palabras quedarían como chistes inofensivos, si en la tribuna tuvieran el don de leer lo que llevan en sus mentes los que marchan (sin contar lo que piensan quienes no asistirán). Si las pancartas invisibles de pronto (por un milagro) se materializaran, entonces serían otros los que empezarían a temblar.

 

La Oposición económica

Acabo de leer unartículo titulado Escasez y represión , publicado por Alejandro Armengol en su bloc Cuaderno de Cuba (http://armengol.blogspot.com/) donde se ventila una idea que viene y va en algunas mentes inquietas, pero que no ha logrado escalar el olimpo académico. Me refiero a la Oposición económica.

Al primero que le escuché la expresión fue al colega Julio Aleaga quien mencionó el tema en un encuentro organizado por Espoacio Laical. Recuerdo que Arturo López-Levy, allí presente dijo, con un leve dejo de disgusto, que él no reconocía la existencia de la oposición económica porque no recordaba haber tenido ninguna referencia académica al respecto.

Quiero “aportar” a esta novedosa concepción los elementos que habrá que considerar a partir de la nueva Ley de Inversiones Extranjeras. donde habrá de todo lo que uno pueda maginarse, desde lavado de dinero, hasta piñata. Que esa sea la oposición deseada será otra polémica, pero habrá que reflexionar profundamente sobre el asunto, porque el camino de la nueva Cuba puede estar empedrado de las peores intenciones.

 

Repite y pon camarón

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Foto tomada de http://www.everystockphoto.com/photo.php?imageId=3555659

Mi excolega José Alejandro Rodríguez que tan atinadamente lleva la sección Acuse de Recibo en el periódico Juventud Rebelde, publicó el pasado miércoles los comentarios de un lector que se quejaba de la ausencia de cerveza en cafeterías y mercados.

Desde que me percaté hace un par de semanas de la escasez del refrescante líquido supuse que sería difícil que alguien se aventurara a quejarse de su falta porque con ello el atrevido se “echaría palante” como consumidor de un producto tenido por suntuoso en nuestras complejas relaciones mercantiles.

Recuerdo cuando en nuestro barrio abrieron la primera cafetería en divisa los comentarios coincidían que serían contadas las personas que fueran a gastarse “los fulas” en algo que no era de primera necesidad. La vida demostró que estábamos equivocados. A pesar de que un trabajador que gane 480 pesos moneda nacional (CUP) tenga que trabajar una jornada de 8 horas para sufragar el capricho de tomarse una fría, lo cierto es que ni la Cristal ni la Bucanero pueden ser consideradas privilegios de los nuevos ricos.

Si faltaran las aceitunas sin hueso, o el salmón noruego quizás nadie lo notaría, excepto los extranjeros residentes en el país y algún que otro “maceta” bien empoderado económicamente, pero sucede que hay una auténtica queja popular frente a la pérdida de la cerveza nacional y ha sido José Alejandro el primero en romper lanzas en la prensa, aunque con la limitación de que su queja va dirigida contra “las entidades productoras, distribuidoras o comercializadoras de la cerveza en Cuba” las que “ya era hora de que hubieran explicado el porqué de tan repentina desaparición”.

¿Por qué –en medio de una campaña contra el secretismo- nuestros medios de difusión no han ido hace rato ya a tocarle la puerta a quienes estarían obligados a dar la explicación? ¿Será porque desde la alta dirección del Departamento de Orientación Revolucionaria nadie ha bajado la orden de tratar el asunto? ¿O quizás se deba a que ningún periodista oficialista se atreve a confesar que él mismo se bebe “un lagarto” de vez en cuando o que trata con quienes se lo toman? Yo mismo he sido víctima de este incalificable complejo de culpa que nos lleva a dar la impresión de que no estamos ni siquiera enterados de que falta la cerveza.

El cadáver nonato de ese hombre nuevo que fracasó entre nosotros suele aparecer como un fantasma para sacarnos un susto cuando estamos a punto de tener un desliz consumista. !Solavaya!

 

Los presos

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No pasa una semana sin que recibamos una llamada telefónica desde alguna prisión de Cuba para denunciar abusos físicos, negación de visitas, falta de servicios médicos y otros atropellos más. La inmensa mayoría son presos comunes, hombres y mujeres, muchos de los cuales dicen haberse politizado en la prisión. La mayoría se considera totalmente inocente de los cargos que lo llevaron a la cárcel, otros aceptan su responsabilidad en los hechos imputados pero consideran haber recibido una condena desproporcionada.

Resulta casi imposible verificar estas denuncias y ese afán de objetividad que padecemos nos impide hablar de cada caso. Nuestro mayor tesoro es la credibilidad que hayamos podido alcanzar entre los lectores, pero cada llamada provoca un dilema que nos hace ver como egoistas o cobardes luego de escuchar que un cubano tras las rejas deletrea -para que lo copiemos bien- el nombre, cargo y grado del jefe de su prisión, el mismo que no permite que le llegue un medicamento, que le suspende la visita o que lo evía a la celda de castigo.

Por grave que haya sido la falta cometida ningún ciudadano debiera estar desamparado frente a los abusos del poder. ¿A quién le corresponde la obligación de velar por sus derechos?

 

La batalla del médico chino

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En septiembre de 2006 el doctor Jeovany Jiménez, ejerciendo su optimismo revolucionario escribió una carta al ministro de Salud Pública para protestar ante un ridículo aumento de salario que no se correspondía ni con las necesidades ni con la espectativa del sector. La respuesta fue sancionarlo con la inhabilitación de su profesión. Jeovany se hizo un blog; (http://ciudadanocerocuba.wordpress.com) y llegó al extremo de realizar una huelga de hambre. Increiblemente fueron restituidos sus derechos.

No estoy seguro si debo felicitar a Jeovany, a quien cariñosamente sus amigos le dicen “el chino”. Es cierto que en toda la historia laboral de Cuba nunca antes se había producido un aumento salarial tan elevado como el que beneficiará a partir del próximo mes de mayo a los trabajadores de la salud pública. Es obvio que en esta ocasión no se trata de una ridícula subida de sueldo, pues los incrementos en muchos casos duplican el salario original, pero también es verdad que en el mejor de los casos el plus recibido alcanzará para seis libras de carne de cerdo y una caja de cerveza. Si eso es un lujo o no, queda por determinar a partir de la estima en que se tenga a estos profesionales y lo que opinemos acerca de lo que realmente se merecen.

A lo largo de cinco años, Jeovany Jiménez envió un total de 20 cartas sin respuestas al Ministerio de Salud Pública, llegó a recopilar unas 300 firmas de apoyo a su solicitud. Ahora le dirán “aquel no era el momento” y que ahora solo les queda mostrarse agradecidos.