
Estimados amigos:
Con enorme interés he seguido el debate. Es posible que no conozca todos los criterios expuestos, pero suscribo firmemente la preocupación demostrada y la denuncia de la irresponsabilidad televisiva. Creo que los artículos de Desiderio y de Arturo recogen, con mesura y profundidad, las aspectos más sobresalientes. Sin embargo, hay otro que me parece sumamente inquietante y que no he visto reflejado con toda transparencia: ¿Por qué ahora, precisamente, esta muestra de lo que pudiera entenderse como un oportunismo, ahora que el Comandante Fidel Castro delegó el mando en el Segundo Secretario del Partido y Ministro de las Fuerzas Armadas? Creo que es algo más grave que un oportunismo político manifiesto. Creo que resucitar esos fantasmas en estos momentos resulta profundamente contrarrevolucionario, pues -como en el juego de las carambolas- las figuras resucitadas (o mejor, las tendencias que ellas representan, que están ahí, que siempre han estado y que nunca han desaparecido, sobre todo en la educación) se han querido identificar, a través de los discursos televisivos incluyendo los recursos iconográficos, con la máxima dirección de la Revolución, lo cual resulta nocivo no sólo para la imagen de la misma, dentro y fuera del país, sino también porque pone exhuma cicatrices no del todo curadas (imposible en tan poco tiempo; un error de esta índole en la cultura y en la educación se subsana sólo con el suceder de las generaciones) y ello conspira en contra de la unidad que se necesita en estos tiempos y agrieta la confianza reclamada. Es más grave, creo yo, que simples tentativas oportunistas, tal vez revanchistas.
Dr. Rogelio Rodríguez Coronel