
Para Antón de Milián
Muchos amigos y otros que no lo son tanto se han acercado a mí, interesados en conocer mi opinión acerca de este debate sobre los parámetros o simplemente, por el hecho de que la no-participación en el mismo, pudiera interpretarse como desinterés, apatía o en el peor de los casos... cobardía. Los que realmente me conocen, saben que no padezco ninguno de esos tres males. La razón es muy simple, no tengo correo. Pero me he mantenido al tanto de lo que sucede porque siempre hay almas bondadosas que me los han hecho llegar y porque he participado en diversas reuniones. Voy al grano: Nunca he pensado que Pavón, a pesar de sus ideas, actuara solo. El fenómeno es más complejo. En este punto es muy fácil pensar que debemos mirar hacia arriba, pero yo también estoy hablando de que debemos mirar hacia el lado y por momentos, hacia abajo. Los documentos que poseo, firmados por él, evidencian que se apoyaba no sólo en los acuerdos del Congreso de Educación... y Cultura, sino en un Asesor Jurídico de cuyo nombre no quiero acordarme y en otros representantes de instituciones, en este caso del Sindicato y del Ministerio del Trabajo. Pero sabemos que también se apoyó en criterios emanados de los propios Grupos de Teatro o sea, de sus Consejos de Trabajo. Consejos que en algunos casos recapacitaron y se unieron a las víctimas y otros que desde el principio apoyaron a las mismas. Los que salían de las famosas vistas efectuadas por la llamada Comisión de Evaluación, salían con una boleta en las manos, con diez días para apelar la sentencia, en caso de no estar de acuerdo o de lo contrario deberían presentarse so pena de que se les aplicara la Ley contra la Vagancia. ¿Podía Pavón solo crear esta maquinaria jurídica? No voy a contar, por supuesto, el calvario por el que tuvimos que pasar.
La historia es mas o menos conocida y este no es el marco propicio. Pero cuando este señor firma con su puño y letra en mi resolución de expulsión que: “ ...Sus obras OTRA VEZ JEHOVÁ CON EL CUENTO DE SODOMA y LA TOMA DE LA HABANA POR LOS INGLESES permiten calificar su literatura como pornográfica y obscena”... no está solo. Allí, en el documento figuran otras firmas. Y en el proceso, otros nombres. Él había preparado las condiciones antes de actuar. Y tuvo apoyo en gentes que pensaban como él. Y en el terreno de las ideas no sé si nos aportaría algo en este debate cuestionarnos quien pensaba igual y quien ya no. Porque el tiempo ha pasado. Hay una sola idea en la que yo concuerdo plenamente con Pavón. Un mundo mejor es posible. Sólo que para él, o para ellos, ese mundo es mejor sin mí, o sin nosotros, o sea, los parametrados. La superficialidad e ingenuidad, por decirlo de alguna forma, conque nos juzgó, nos costó mucho. Y me remito a ciertas palabras que Blas Roca dijo a Fernando Sáenz y a Lázaro Peña, “Los parametrados son una prueba viviente de fé en la Revolución, de que lo mal hecho será rectificado, porque si no, ya hubieran desistido... y a pesar de los no ha lugar en las diferentes instancias, ellos siguen insistiendo, para eso hay que tener mucha fé.” Y claro está que la teníamos y todavía la tenemos. Y por esa fé regresamos y estamos aquí. Pero para que este asunto hubiera quedado en el olvido que merecía, debió ser analizado y rectificado en ese momento. Se debió hablar y se debió juzgar. No se trata de venganza, ni tampoco voy a afirmar que de justicia. Se trataba y se trata, de salvar un proyecto de justicia social que estaba por encima de nosotros y hasta del propio Pavón y era a quien se le estaba haciendo el verdadero daño. El y sus aliados estaban afectando la credibilidad en ese proyecto y con esta masacre eran ellos los que le servían en bandeja de plata la comidilla a los enemigos de la misma. Para mí, esto nunca fue El Quinquenio Gris, para mí siempre ha sido El Período del Escándalo Silencioso. Generaciones que han venido detrás se han formado en ese silencio. Dramaturgos y Directores, Actores y Diseñadores, etc., han existido o no, en la enseñanza artística según el profesor se atreva o no a hablar de ellos. Por desconocimiento o por temor a no saber si ya estaban entre nosotros. Y es en estos jóvenes que ya son profesionales en quienes pienso ahora. ¿Qué pasará con ellos? ¿Estarán dispuestos a no cometer los mismos errores?
Discúlpame la demora y quizás la extensión de mis palabras.
José Milián
9 de febrero de 2007