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Varios

Mensaje de Fernando Jacomino
Fernando Jacomino


Mensaje de Fernando Jacomino, Vicepresidente del Instituto Cubano del Libro, a Francis Sánchez

Francis,

Desde que vi el mensaje tuyo y de Ileana en desacuerdo con la declaración de la UNEAC, sentí que, a nivel ético, algo raro estaba sucediendo con ustedes. Traté de seguir de largo, en medio de las presiones de esta etapa final de organización de la feria, pero una gran inquietud me lo impedía. Demoré todavía un poco más en responder porque quería buscar datos, explorar en varios documentos que recordaba muy vagamente y que algo me decía que tendrían relación con estos nuevos asuntos. Finalmente hoy, aun en medio de mil preocupaciones y temas pendientes, vine hasta la oficina con el fin de dedicar un rato del domingo a escribirte un poco sobre el tema.

Pese a la brevedad de la nota a que me referí arriba, es fácil comprender que, otra vez, te apartas del problema en sí, para evaluar el funcionamiento de la Unión. Veo además que has enviado el texto a una extensa lista de destinatarios entre los que se encuentra Ponte, enemigo confeso no ya de la política cultural de la Revolución, sino de la Revolución misma, integrante del Consejo de Redacción de la revista Encuentro, órgano que, como bien conoces, financian los yanquis. Ya hablamos en Ciego de cómo esta publicación ha intentado, una vez más, pescar en río revuelto.

Me cuesta mucho creer, honestamente, en esa imagen de víctima que presentas en aquel correo inicial. Allí escribías, por ejemplo, que los escritores jóvenes cubanos, vivimos en lo fundamental fuera de la historia, nos fueron poniendo (dices) —y nos acomodamos—- al margen, hasta esta posición de cada día, amnésica, inofensivamente al margen. Te confieso que esta fue una de las partes que menos comprendí de aquel texto, sobre todo porque es muy sencillo constatar que tus niveles de participación real en la vida cultural avileña y cubana, al menos en los últimos seis años, nada tienen que ver con los de alguien que haya sido colocado inofensivamente al margen. Percibo, eso sí, mucho de amnesia en todo esto, pero más en ti que en aquellos que supuestamente te confinaron a ese inexistente rincón.

Luego de esos años 90 muy duros (no sólo para ti, por cierto), en los que oficios como el de editor y otros relacionados con el libro eran una verdadera rareza incluso en la capital, vino otra etapa en la que no sólo has podido trabajar como editor de ediciones Ávila, sino que has publicado, en esa misma editorial, entre el 2000 y el 2005, 3 libros tuyos y otras 3 antologías de autores avileños preparadas y anotadas por ti, empezando por aquellos Arribos de luz que siempre mencionas y que fue la primera carta de presentación de muchísimos autores avileños que son cada vez más conocidos en toda Cuba. Pero has publicado además otros 3 títulos, en editoriales de Pinar del Río, Vila Clara y Guantánamo y, lo que es aun más importante, has podido expresar y publicar las más duras opiniones sobre este sistema que, sin bien imperfecto aun, ha hecho posible que, y cito aquí tus propias palabras en La Jiribilla, por primera vez las comunidades de autores de las distintas provincias tengan la posibilidad de existir realmente, es decir, de ver impresa, palpable, su obra.

Pero hay más. Como resultado de la proyección que ha dado a tu obra la publicación de estos libros, la Editorial Letras Cubanas acaba de publicar tu volumen de poemas El extraño caso del niño que dormía sobre un lobo, con lo que se cumple la trayectoria natural de un autor radicado en provincias que, a partir de las Ediciones Territoriales, se ha hecho visible para una de las editoriales cubanas de mayor jerarquía.

Mientras tanto, y a la par de que tus libros han ido publicándose, has tenido una gran participación, por ejemplo, en la organización del programa literario de la Feria del Libro en Ciego, evento para el cual propones invitados, conferencistas, libros a presentar, etc. Además de eso, asumes, también durante la Feria, un grupo de presentaciones de libros que tu condición de trabajador de la editorial no te impide cobrar. Trabajas como editor de la revista Videncia y mantienes, junto con Ileana, la revista digital de poesía Árbol Invertido. ¿No te parece un poco extraña esta manera de quedar inofensivamente al margen?

Y ya que estamos hablando de cobros, aprovecho para recordarte que has cobrado, desde el 2000 hasta la fecha, por concepto de derecho de autor, la cifra de 53 786 pesos, contando lo que cobrarás por la publicación de Letras Cubanas y sin contar tu salario como editor ni lo que has cobrado en eventos y ferias de otras provincias, eso ya sin vender tapitas de litro de leche puerta por puerta, ni cambiar ropa vieja por libras de arroz en las arroceras del fin del mundo, como dices te ocurrió en los ´90. En esa misma etapa Ileana, tu compañera, que trabaja como editora de Ediciones Ávila, publicó 5 títulos: 4 en la editorial donde labora y 1 en Sed de belleza, y ha ganado del 2000 a la fecha, por concepto de derecho de autor, la cifra de 38 394 pesos. Tampoco cuento aquí lo cobrado por ella en otras provincias.

Ya con respecto a la atención que has recibido por parte de las instituciones provinciales y nacionales, olvidas que tus reclamos, y los de los principales autores avileños, han sido atendidos directamente por el ICL, y que no ha faltado la crítica pública a los compañeros que allí han cometido errores en esa atención. En todos los casos hemos discutido los problemas directamente con ustedes. Así lo hicimos cuando consideramos excesiva la cifra de libros tuyos y de otros compañeros, incluida Ileana, en el catálogo de Ávila, y cuando se tomó la decisión incorrecta de suspender las mensualidades de Árbol invertido. En el primer caso, la discusión fue presidida por Iroel, y en el segundo fuimos hasta Ciego Rubén del Valle, Alex Pausides (por la UNEAC) y yo, y dejamos subsanado el error. Dimos en aquel momento indicaciones muy claras de que se retomara la revista y, pese a que se restauró el pago con carácter retroactivo, demoramos varios meses en volver a verla.

Con respecto a tu inconformidad con el documento de la UNEAC, debo también comentarte un par de cosas. A propósito de la circulación de los primeros textos que integran la polémica, entre ellos el tuyo, estuvimos varios compañeros en Ciego de Ávila y te explicamos, primero a ti solo y luego a los principales escritores avileños, toda la cadena de acontecimientos relacionada con la salida de Pavón en el programa Impronta. Hablamos también allí de la necesidad de que ustedes contribuyeran en lo que fuera preciso para resolver el asunto entre revolucionarios. Me llama la atención el hecho de que tú conociste la declaración antes de que se publicara en Granma. Aquella noche, al finalizar la reunión y el debate sobre varios temas, que se extendió luego a la sede de la UNEAC, leímos la declaración, que salió al día siguiente en Granma, y tú no manifestaste desacuerdo alguno. En aquel momento no te pareció deshonesto callar, luego sí.

Podría decirte algunas cosas más, pero ya se me acaba el tiempo y debo salir a hacer otras cosas que no pueden esperar un minuto más.

Saludos,

Fernando Jacomino.

Recibida el 4 de febrero de 2007

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