Consenso
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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Mensajes de Orlando Hernández
Orlando Hernández


Querido Desiderio:

Me disculpo por mi tardanza en incorporarme al debate, que se ha ido enriqueciendo día a día. No ha sido por cautela, ni por miedo, sino por cierta abulia o pesimismo del que espero ir desembarazándome. Por desgracia (o quizás por suerte) no vi el programa dedicado a la “impronta” de Pavón en la cultura cubana. Incluso pensaba que Pavón había muerto. Veo poca TV, y ese es el tipo de programa que generalmente me impulsa a cambiar de canal. De cualquier forma, me he leído tus rigurosos mensajes, los de Arturo Arango, Reynaldo González y otros que me han llegado, y en verdad que se me revuelven las tripas de pensar que la verdadera historia de un personaje tan nefasto no sólo haya podido permanecer discretamente silenciada durante tantos años, sino que pueda ser dulcificada desfachatadamente ahora mediante su presentación como poeta, rodeado de medallas, de fotos con personajes encumbrados, a la manera de un viejo héroe del trabajo o algo así. Parece un chiste del peor gusto. Y no lo es, desde luego.

No se me ocurre de dónde ha podido partir una decisión tan grotesca y ofensiva, pero de que es alarmante no me cabe duda. No creo que algo así pueda ser impremeditado, o fruto de un programador entusiasta, sobre todo en nuestra TV. Pero, por otra parte, creo que hay gente muy joven, Desiderio, que ni siquiera ha oído hablar de Pavón, ni de Papito Serguera, aunque hayan sufrido los mismos efectos dictatoriales de otros funcionarios por el estilo, de manera que el asunto no debiera desviarse tanto hacia la ya vieja y demostrada culpabilidad de Pavón, o de la dirección cultural de aquellos años, ni siquiera hacia las posibles “secretas intenciones” del ICRT o de la instancia que haya ordenado deliberadamente la construcción de ese programa, sino que habría que dedicarse más bien a desmenuzar con claridad todos los componentes de aquel prehistórico modelo que Pavón representa y que como dice el Dr. Rodríguez Coronel, es algo que siempre ha estado ahí, que no ha desaparecido, y que sigue manteniendo enrarecida y estrangulada nuestra política cultural, nuestra creatividad intelectual y artística y todo lo demás. No creo que el modelo Pavón se pueda clonar tan fácilmente si se comienza por explicar (como ya tú y otros intelectuales han comenzado a hacerlo) las razones de su decrepitud, de su inoperancia, de su malevolencia. Y para esto no basta con redactar un listado de víctimas o de amargas anécdotas de aquellos años (aunque no hay nada mejor que los ejemplos concretos), pero una discusión sobre el caso Pavón y el “quinquenio gris” sería Bohemia vieja si no incluye el análisis de todas sus secuelas y “actualizaciones” hasta la más reciente contemporaneidad. Después de todo estos son virus muy persistentes que van mutando con el contexto y a menudo se presentan con camuflajes muy variados que habría que localizar y denunciar. El hecho de que tu revista Criterios nos haya entregado múltiples ejemplos contemporáneos de análisis de cuestiones similares y de otras colaterales (racismo, corrupción, miedo, sexismo, etc) constituye un avance muy optimista para entender la forma de abordar con seriedad esos fenómenos. Creo que muchos (hablo por mí mismo, desde luego) nos hemos desacostumbrado a pensar y a escribir directamente sobre estas cuestiones porque se salen de nuestras “especialidades”, lo cual nos libera de compromisos que en realidad todos deberíamos asumir aunque sea de modo no profesional. Visto desde el lado positivo, quizás habría que interpretar la aparición de ese programa y de ese absurdo homenaje -no tanto como el gesto contrarrevolucionario que señaló el Dr Rodríguez Coronel, lo cual es muy sensato- sino como una provocación muy útil para reflexionar con más energía sobre las censuras y autocensuras, los burocratismos, los oportunismos, los silenciamientos y toda la sarta de lacras de -nuevo tipo- que ya conocemos y que mantiene en estado de descontento, de zozobra, de inseguridad, de temor a muchos educadores, pensadores, creadores, artistas, y desde luego a nuestra población en general. El hecho de que la tribuna de estos debates sea el correo electrónico y no los propios medios, las publicaciones, o la discusión pública (o cuando menos institucional), podría ir convirtiéndolo en un chismorreteo de viejos escritores y artistas lastimeros y rencorosos. Y estas son cuestiones que han infectado a todos y no sólo a los intelectuales y artistas. Creo que lo peor es descubrir en gente muy joven o perteneciente a sectores populares o vinculados a otras actividades supuestamente no intelectuales ni artísticas (pienso en el ambiente religioso de Ifá, por ejemplo, donde actualmente hay un rico y acalorado debate intelectual sobre cuestiones éticas, políticas, e incluso filosóficas, estéticas, etc), los mismos síntomas de esas enfermedades de pensamiento de las que aquí estamos hablando. El viejo síndrome de "eso no lo arregla nadie", o el de "no es el momento oportuno para discutir sobre esos asuntos", o "eso le corresponde decidirlo a las instancias correspondientes", etc, ha ido prolongando más allá de lo debido un montón de cosas por las que todos sufrimos diariamente en nuestros respectivos trabajos. Como bien sabes, eso que llamamos la cultura no es sólo asunto de los “culturosos”, ni de los teóricos de la cultura. Por eso no creo que haya que reducir el listado de voces por temor a que se cuele algún aprovechador de esta circunstancia. Esto --como debería ser en cualquier otra esfera-- es un asunto de todos. Incluso recibí un mensaje muy interesante que me envió un amigo y que escribió Doimeadios, y donde la picardía, el doble sentido funcionan como buenos instrumentos quirúrgicos, como sabemos que es lo propio del buen humorismo, hoy ya casi extinguido. Creo que hasta los propios "acusados" o aludidos deberían dar también sus puntos de vista. No me gustaría que todo este asunto terminara con un dictamen oficial que clausurara "desde arriba" este interesante y utilísimo debate. Sería muy triste comprobar que es cierto el pensamiento pesimista de que los perros pueden seguir ladrándole inútilmente a la rueda del Carro. Sobre todo cuando sabemos que ese carro (llámesele revolución, cultura cubana, nuestro país, la patria, o como cada cual quiera llamarlo) es un bien común, una propiedad colectiva.

Un abrazo

Orlando Hernández

Mensaje de Orlando Hernández a Arturo Arango

Querido Arturo,

Me alegró mucho recibir tu mensaje. Cualquier otro día tendremos que encontrarnos y conversar. De esto o de cualquier otra cosa. Ahora prefiero ir al grano. Supe ayer por Desiderio que habían tenido (quiénes?) una reunión con el Ministro y que estaban esperando “alguna” decisión. ¿Cuál? ¿De quién? No sé cómo han seguido moviéndose las cosas en las últimas horas, pero lo cierto es que -ninguno de los participantes en dicha reunión ha dicho hasta ahora nada concreto sobre lo que allí se discutió-. ¿Hubo acaso algún compromiso de mantener la discreción?

Debo confesarte que en las actuales circunstancias y dado el tono de sinceridad y “transparencia” que ha prevalecido en estos intercambios públicos cualquier manifestación de “secretismo” me parece fuera de lugar. ¿No lo crees así? Si estamos estrenando un estilo de debate virtual que tiene la gracia -y la valentía- de no ser anónimo, ¿por qué no mostrarnos todas las cartas? Ya es bastante incómodo que muchos interesados se hallen excluidos por no tener correo electrónico ni teléfono, o por no estar en nuestras listas de direcciones. Me parece que TODOS debemos tener el privilegio de compartir TODA la información. Nadie sabe qué tipo de “decisión” se está esperando, o se estuvo de acuerdo en esperar. ¿Acaso una simple disculpa del ICRT por sus meteduras de pata? ¿Alguna propuesta de sanción quizás? ¿Para quién o quiénes? En mi opinión, nada de esto me parece realmente importante. Ya todos hemos visto esas películas. Ni las disculpas (verdaderas o falsas), ni las sanciones (donde los sancionados a menudo “caen para arriba” o incluso son premiados años después con programas en la TV) van a arreglar nada. A estas alturas la mayoría está esperando decisiones más serias, más respetuosas, y sobre todo más amplias, más abarcadores, que permitan vislumbrar soluciones a toda una gama de malestares y preocupaciones que aquí se han planteado (y a otras muchas que no se han planteado) –a propósito- del caso Pavón. No hay que ser muy inteligente para notar que no son problemas de orden sindical o “gremial”, es decir, que afecten sólo o principalmente a los trabajadores de la “cultura”, sino que son problemas que interesan a todo el pueblo. ¿Acaso estamos defendiendo vanidosamente nuestra minúscula “libertad de expresión, de creación” como escritores y artistas?, ¿nuestro derecho a no ser censurados y por supuesto a no tener que autocensurarnos por miedo a ser censurados?

Esto, es cierto, ha sido catastrófico para nuestra producción intelectual, literaria y artística, pero estoy convencido que a los demás sectores de nuestra población les gustaría reclamar estos mismos derechos a poder expresarse sin tener que mentir, ni susurrar, ni vivir dobles vidas, a ser socialmente, ideológicamente, políticamente sinceros, sin miedo a las censuras y reprimendas de las otras muchas instituciones con las que estamos relacionados como ciudadanos. De donde se desprende entonces que no es sólo un asunto de “política cultural”.

Al parecer seguimos entendiendo la cultura en su formato reducido, elitista, como algo referido principalmente al “arte y la literatura”, o a la creación intelectual de un solo tipo, separado de todas las demás actividades intelectuales, estéticas, creativas de la vida social, económica, religiosa, etc. Que el bodeguero de la esquina, o el médico de la familia o el babalawo de la cuadra no puedan acusar los desmanes de un tal Pavón o un Serguera no los hace por eso menos víctimas de esos mismos defectos de fábrica que aquí hemos estado debatiendo. Me gusta insistir en esta idea de hacer de este asunto un problema social y no simplemente gremial. En verdad sería muy triste que todo esto cayera dentro del ridículo buzón de quejas y sugerencias del Ministerio de Cultura, o se convirtiera en la catarsis colectiva de una minoría. Por otra parte, tengo la impresión de que este asunto está tomando demasiadas vertientes, la mayoría de ellas más o menos improductivas. Algunos han aprovechado la ocasión para ventilar en público viejos rencores, otros, para lucir sus inteligencias y elocuencias, o para mostrar sus muy atendibles cicatrices. Quizás todo eso sea normal dentro de nuestro mundillo. Pero hay que salir de este círculo vicioso y dejar de mirarnos el ombligo --que es exactamente igual al de todos-- si es que queremos algo más que un nuevo remiendo.

Acabo de recibir la invitación de Desiderio para una conferencia en Criterios "El Quinquenio Gris: Revisitando el término", de Ambrosio Fornet como parte del Ciclo "La política cultural del período revolucionario: Memoria y reflexión”, donde también tú harás una comparecencia. Me parece muy bien, desde luego, pero también me preocupa que esto vaya convirtiéndose en un debate de tipo académico, “terminológico”, etc. Fuera de este mensaje de Desiderio, apenas he recibido mensajes nuevos, solo el texto de Amir y la discusión entre Rosa Ileana y Desiderio. Y el artículo de El País, por supuesto. En fin, o no hay nada nuevo que decir o todo está dicho? Ojalá que no sea ninguna de las dos.

Un abrazo y seguimos en contacto

Orlando Hernández

PD por supuesto, he dirigido este mensaje a todos los de la lista, o de la lista inicial, ya que hay otras muchas listas paralelas.

Otro mensaje de Orlando Hernández

¿Queríamos una respuesta? Ya tenemos una. El ICRT ha respondido. ¿Y ahora, qué? ¿Alguien sabe cuál es el próximo paso? Además de sentirnos nuevamente burlados, indignados, nada concreto podemos hacer, sino esperar. Al parecer, la “indignación generalizada de magnitudes y resultados imprevisibles” que decía Desiderio, tiene puesta una fea sordina. O a lo mejor me he ido quedando sordo. De aquel clarín mambí de los inicios, que con tanto orgullo escuchamos todos los cubanos, ahora sólo nos va quedando la trompetica china de la conga oriental. Sentado frente a mi PC, yo también espero. Fumando, desde luego. Veo con decepción como entran impunemente por Cubarte montones de respuestas a peticiones no solicitadas: viagras, Rolex y títulos universitarios a bajos precios. De vez en cuando me sobresalto con algún mensaje, pero es de carácter privado, para consumo personal.

No sé si en realidad habíamos hecho alguna petición, si habíamos solicitado una respuesta, ni a quién, ni para qué. Pero uno de nuestros principales pecados ha sido siempre precisamente ése: esperar respuestas, decisiones, medidas, conclusiones, y no poder tomarlas. Efectivamente: es algo que no está en nuestras manos. Hace mucho que entregamos las manos junto con los guantes. (Pero parece que me apresuro al prejuzgar, como me reconvino amistosamente Desiderio, y no lo digo con sorna: es cierto que aún falta la respuesta del Ministro, y la de la Presidencia de la UNEAC, y desde luego, las respuestas que inevitablemente vendrán luego de las conferencias en Criterios. ¿Debo seguir esperanzado? Algunos ya solo esperan las respuestas (o reacciones) generalmente lentas, imprevisibles de otras instancias aún más elevadas. El asunto ha quedado en manos de los expertos. Nosotros no sabríamos qué hacer. Somos demasiado poéticos, idealistas, románticos. O utilizamos demasiado el sentido común, las emociones. De cualquier forma, no sabríamos qué hacer con las respuestas porque no hicimos las preguntas correctas, las solicitudes correctas. O quizás no quedaron lo suficientemente claras. Ni siquiera para nosotros mismos. ¿Queríamos un desagravio retrospectivo? ¿Una disculpa? ¿Acaso un linchamiento? ¿O sabíamos que lo que queríamos era imposible, es decir, una luna como la que nos prometía mamá? Para tener la luna hay que buscarla, y no sólo pedirla. Y ya la estábamos buscando entre todos. Como dijo en un mensaje Francis Sánchez, de Ciego de Avila: “Lo mejor no está por pasar, lo mejor estaba pasando ya: pensar duro y abiertamente, dialogar atrevidamente, intercambiar criterios...”

Nuestros jefes de tribu se han sentado dos veces alrededor de la hoguera y no han logrado ni encender la pipa de la paz ni declarar ninguna verdadera guerra. Y ahora nuestros guerreros no saben si seguir enarbolando sus hachas o refugiarse nuevamente en sus tiendas y consultar a sus oráculos. No ha habido debate, ni polémica. Todos hemos estado de acuerdo. Hemos estado lanzando flechas simbólicas para defender el Honor, la Libertad y demás abstracciones por el estilo. Algunas flechas (muchas de ellas envenenadas) han herido a los de nuestro propio bando. Pero el enemigo permanece invisible, sobre todo porque una parte de él aún sigue estando dentro de nosotros. Sólo hemos señalado algunos de sus viejos disfraces: Pavón, Quesada, Serguera, “quinquenio gris”….

-Gracias a dios he tenido que interrumpir esta especie de etnografía metafórica que estaba haciendo. Acabo de recibir el texto de Roberto Cobas. No sé quién es, pero he encontrado ahí muchas ideas inteligentes, directas y sinceras, es decir, revolucionarias. O al menos así me lo parece. No he terminado de leerme su texto, pero ha puesto muchos dedos en muchas llagas. Hay que leer sin desconfianzas. También he leído ideas muy interesantes del historiador Pedro Campos Santos sobre el socialismo del siglo xxi, y me gustaría mucho invitarlo a compartir en este diálogo, como le comenté anoche telefónicamente a Desiderio. Sacar todo este asunto al campo de batalla que le corresponde, que es mucho más amplio en el que nos estamos moviendo, y que incluyen análisis económicos, sociales y políticos para los que no creo que todos tengamos mucha competencia. (Hablo por mí, desde luego) Buscar un poco de claridad no nos vendría nada mal. Es un momento bueno para hacerlo. Mientras esperamos “respuestas”, preparémonos para hacer (y hacernos) preguntas, muchas preguntas. No hay que desanimarse. No podemos estar equivocados.

Abrazos

Mensaje de Orlando Hernández a Pedro Campos

Orlando Hernández

Estimado Pedro,

Le agradezco mucho su rápida y decidida carta. Y me disculpo por no responderle de inmediato, pero he estado metido de cabeza en estos afanes y es ahora que he encontrado tiempo. Sabía de antemano que su posición iba a ser ésa. He leído casi todos sus ensayos y artículos en Kaosenlared, y me ha alegrado mucho saber que podemos contar con alguien como usted. La presencia de sus ideas en nuestros actual debate es de gran importancia. Sus posiciones son muy claras y apuntan a necesidades muy imperiosas de nuestra sociedad. En buena medida, si me atreví a circular su nombre y su email dentro de mi mensaje, fue para precipitar su aparición entre nosotros. En la medida de mis escasos conocimientos, he tratado de desviar todo este asunto desde el limitado tono gremial (vengativo, etc) con que se presentó al inicio, y dirigirlo hacia el plano social, económico y político que usted muy bien conoce, pero me faltan recursos para estructurar el discurso que ahora se necesita. Y en eso aparece usted. Si necesita que le envié los mensajes que hemos estado cruzándonos durante esta semana, lo haré de inmediato, para que pueda tener una perspectiva más amplia de todas las vertientes (incluso de aquellas emotivas, no muy coherentes, y desde luego, las opuestas) Si de verdad tenemos que hacer las cosas entre todos, hay que saber quiénes somos y como pensamos, para que no se nos suban a la cabeza los modelos teóricos demasiado abstractos. Le doy mi teléfono por si en algún momento desea llamarme: 41 40 18. Le repito, me ha dado una gran alegría su carta. Espero conversar con usted en cuanto sea posible. Como quizás sabe Desiderio Navarro ha organizado unas conferencias sobre estos asuntos el día 30 en Criterios, que se realizará en uno de los salones de la Casa de las Américas. Su participación allí me parece imprescindible.

Dígame si puedo enviar su carta y mi respuesta al resto de los interesados.

Un abrazo

Mensaje de Orlando Hernández a Carlos Sotomayor

Estimado Carlos Sotomayor,

Gracias por tu mensaje. Tengo poco tiempo para responder individualmente todas las cartas. Las que se hallan dirigidas sólo a mí dirección las conservo en privado hasta que su autor me autorice a hacerlas pública. Desgraciadamente, muchos se mantienen aún al margen de este foro por temor a futuras represalias (a veces en el pequeño circuito de su centro de trabajo, por ejemplo, o de su comité de base de la UJC, etc), sentimiento de desconfianza que considero muy lógico(?). Pero hay que ir perdiendo ese miedo y comenzar a circular todas las ideas sobre estos temas, de manera abierta y sincera si es que queremos darle solución a todos (o por lo menos a algunos) problemas. No sé que quieres decir con que eres un "simple trabajador de la cultura", porque una de las cosas que estamos discutiendo se refiere precisamente a eso: a dejar de pensar que unos trabajadores de la cultura (y este concepto de cultura debería entenderse de la manera más amplia), tienen más derecho que otros a hacer valer su opinión (e incluso a establecerla como ley) por considerar que poseen mayor competencia, o mayor jerarquía intelectual, o mayor poder político, administrativo, etc, dentro del aparato de dirección, etc, cuando de lo que se trata es que todos entendamos que los dirigentes, los "cuadros", las instituciones, a todos los niveles, son sólo nuestros "delegados", los voceros y defensores de nuestras necesidades y no precisamente nuestros jefes, o nuestros patrones, o nuestros mayorales. La idea es muy simple. Si no decidimos las cosas entre todos, alguien va a querer decidirlas por sí mismo, que es lo que ha estado llevando a nuestro país al descontento generalizado en que se encuentra. Recuerdate que la revolución se hizo sobre todo para que los "trabajadores simples" tuvieran todos los derechos que sólo poseían unos pocos. Con respecto a que los "bomberos" ya salieron a apagar este fuego, tengo una opinión muy distinta. Recuerda que es un fuego para quemar las cosas viejas e inservibles, y hay mucha gente interesada en que ese fuego no se apague. Todo lo contrario. Si se apaga, no será por culpa de los "bomberos", sino por culpa de nosotros mismos, de los trabajadores "simple" y de los "complejos".

Dime si me permites circular tu mensaje y mi respuesta. Tu preocupación (que supongo esté basada en un hecho concreto y no en un suposición) introduce un elemento que sería necesario hacer constar.

un abrazo

Orlando

18 de enero de 2007

Mensaje de Orlando Hernández a Francis Sánchez

Estimado Francis, me disculpo por no haberte respondido personalmente desde el inicio, sobre todo teniendo en cuenta que has sido uno de los que ha estado siempre muy al tanto de todo y muy preocupado y activo durante el desarrollo de este foro, debate o como se llame. No lo he hecho con nadie. A veces por falta de tiempo, o por otras consideraciones (respeto a privacidades solicitadas, etc) a las que siempre me atengo. A la mayoría (con excepción de Desiderio, Arturo Arango, etc) no tengo el gusto de conocerlos personalmente y ya me parece suficiente invadir sus privacidades a traves del uso de sus direcciones. Todos mis mensajes --con muy escasas excepciones-- han sido enviados a todos los que aparecían en las cartas que recibí de Arturo y Desiderio, y no soy muy ducho en esos asuntos del correo. Por lo que he leído de tus mensajes, creo que coincidimos en las cosas esenciales, lo cual es más que suficiente. Y eso me alegra. Entiendo perfectamente tu sentimiento --que espero haya ido desapareciendo-- de estar "ninguneado" por ser o estar viviendo en el "interior", como dices, pero, como bien sabes, también los del "exterior" en algún momento se han sentido igualmente ninguneados del "centro" del debate. La presencia de un numeroso grupo de destacados intelectuales y artistas también ha inhibido (o auto-ninguneado) a otros muchos trabajadores de la cultura que tendrían el mismo derecho (y las mismas ganas) de expresarse. Creo que es importante la más amplia participación de todos, ya que la variedad de puntos de vista es lo que puede enriquecer una posible solución. Pero yo mismo nunca he estado en ese ·centro", ni he querido tal cosa. Y me disculpo si mis mensajes han dado esa impresión. Soy un escritor "independiente", es decir, no recibo salario de ninguna institución desde 1989, y soy un simple miembro "de fila" de la Uneac, por lo tanto no he participado de las reuniones que allí se han celebrado, ni he podido formar parte de ninguna de las decisiones institucionales que se han tomado. Como tú, y otros muchos, he expresado mis opiniones libremente, con la mayor sinceridad. Te agradezco las menciones que haces sobre mí en uno de tus mensajes, que ahora no sé si sólo dirigiste a mí o a todos. Yo también he citado tus palabras en uno de mis mensajes, creo que el 3. Lo has recibido? Nunca te envié lo de El País que me pediste ni lo de Rosa Ileana, ya que consideré que sobre todo el segundo podía desviar el asunto hacia conflictos internos entre intelectuales, cuestión que me pareció muy peligrosa desde el comienzo, y aún me lo parece. En fin, que te he enviado otros que he recibido y estoy en la mejor disposición de seguir estos dialogos e incrementar la amistad, el buen entendimiento, y quitar de en medio tanta suspicacia y temor que nos mantiene separados a cada cual en su cueva. Estoy convencido, Francis, que entre todos vamos a solucionar algo, no sé cuánto, ni cuándo, pero es inevitable. Espero poder conocernos. Hasta entonces, un abrazo.

Orlando Hernández

21 de enero de 2007

Mensaje de Orlano Hernández a Yoani Sánchez

Por supuesto, Yoani. Desde el inicio me incomodó la conversión de este problema en un simple "tema" de agenda académica, "terminológica" (Quinquenio gris: revisitando un término") lo cual me costó una reprimenda pública de Desiderio, que preferí no contestar para evitar "desuniones en las filas". Su argumento era que esto permitiría de cualquier manera establecer debates hacia otras aristas del problema e incorporar opiniones de otros ámbitos de nuestra sociedad. Al cerrarse ahora el margen de admisión (por razones de "espacio" físico), quedarán fuera muchas personas y desde luego muchas opiniones. !!! Pues que lo trasladen ahora para el Karl Marx o para un terreno de pelota o un potrero, como decía Macho!!!. Estoy muy pesimista, y ni siquiera tengo ya el menor entusiasmo por dicha conferencia. Preferiría haber recibido un mensaje de algunos de los conferenciantes en vez de ir a escuchar ahora sus demorados razonamientos. Todos lo hemos hecho de manera espontánea, arriesgandonos a cometer errores, incoherencias, etc. Por qué ninguno de ellos ha participado hasta ahora públicamente en el debate? ¿Acaso podemos esperar ahora que sus textos nos entregue finalmente "la llave" que andamos buscando? No me parece que sea una llave para abrir, sino para cerrar. Ojalá me equivoque.

saludos

Orlando

22 de enero de 2007

Mensaje de Orlano Hernández a Pedro Campos

Estimado Pedro,

Te mandé el mensaje sobre la Conferencia que al parecer sólo fue enviado a los "usuarios" del correo Cubarte, y temí que no lo recibieras. Como quizás recuerdas, desde el inicio me incomodó que se tratara de convertir este asunto en un "tema" de agenda académica, terminologica (la conferencia de Ambrosio Fornet se titulaba "Quinquenio gris: revisitando un término", por lo cual sufrí una reprimenda pública de Desiderios, que ha sido su organizador como director de Criterios. Me abstuve de contestarle para no crear divisiones y acepté resignadamente sus argumentos, que preveían la aparición de un debate más amplio que el asunto "quinquenio gris" ya que contaba con la participación de otros sectores de la sociedad y no sólo con los "intelectuales y artistas". Ahora se ha reservado la entrada a los miembros de esas instituciones de intelectuales, escritores y artistas por razones de "espacio físico". No veo porqué entonces no podría trasladarse a un estadio de pelota o a un potrero, como dijo el periodista Reynaldo Escobar. Lo cierto es que ninguno de los intelectuales invitados a dar conferencias (con la excepción quizás de Arturo Arango) se ha expresado a traves de ningún mensaje de correos, que ha sido el medio aceptado por todos, conservando el privilegio de no equivocarse como ciudadanos, aunque puedan hacerlo luego sólo como conferencistas. Todo esto me tiene muy molesto. Me parece que la idea de hacer esas conferencias tiene un gran valor, pero está muy por debajo del valor que podría tener la convocatoria a un debate más amplio y participativo. Por desgracia, esa otra convocatoria nunca ha sido hecha, porque quizás sólo el propio Gobierno, o el Partido podrían hacerlo. Esto no es una película prohibida para menores de edad.

un abrazo

Orlando

22 de enero de 2007

Mensaje de Orlando Hernández a Desiderio Navarro

Querido Desiderio:

Lo siento. He acumulado muchas dudas e inconformidades. Confieso que ya había regresado a mi tienda a consultar a los oráculos, a rumiar descontentos, a prevenir, a precaver. Había cerrado de un golpe el libro de Sun Tzú y había continuado con mis lecturas de los Odus de Ifá y del Tao Te Ching. Una dolorosa inflamación del trigémino (un nervio que sólo conocía gracias al Trío Matamoros), una extracción de muelas (la 33), un osorde ni Ifá (que me vio Baba Eyiogbe, Oddí Takofeño, Ogbe Ate, aunque con Iré Ashegún Otá lese Orúnmila), el consejo de mi esposa y de muchos amigos, la rotura de mi PC, etc, se combinaron armoniosamente para alejarme abruptamente del debate. --Lo grave para mí es que estoy desobedeciendo las precisas advertencias de Orula quien me aconsejó alejarme. Y no lo digo en broma. Viviendo en un país como el nuestro, tengo la suerte de disfrutar de identidades múltiples, de utilizar una gran cantidad de tradiciones que muchas veces –como ahora-- entran en conflicto. Ifá, Tao, Kimbisa, Martí, el Ché, etc. Pero no soy chino. El trigémino puede extirparse (si me lo dice un “hombre místico”, como dice la canción) Y estoy seguro de que ni Orula ni Sambiampungo han querido censurarme, sino advertirme, cuidarme.

Pero los muchos mensajes y acontecimientos de estos últimos días me han encendido nuevamente los ánimos. Debo reconocer que la Bandeja de Entrada se ha convertido en uno de los libros que más conocimientos “culturales” ha estado ofreciéndome últimamente. Sufrí en silencio la Declaración de la Uneac, la de Alfredo Guevara, que ya se han vuelto documentos demasiado viejos, y también el anuncio (el tercero) de la Conferencia organizada por Criterios, y que por suerte tuve oportunidad de discutir contigo telefónicamente. Al recibir después de nuestra conversación la cuarta invitación (¡!) ya arreglada por ti, (con su correspondiente fondo gris) y descubrir que continuaba mi desencanto me pareció que mejor dejaba mis opiniones donde estaban, porque podrían ser malinterpretadas. Pedro Campos, que me visitó antier, me recomendó que dejara que los acontecimientos se sucedieran, que era inevitable que las discusiones llegaran a todos y que –a diferencia de lo que yo pensaba—las cosas estaban yendo incluso más rápido de lo acostumbrado, después de décadas de letargo. Si te enviaba un mensaje con todas mis dudas, podía crear “desunión en las filas”, o podía parecer que estaba saboteando una actividad que puede ser muy productiva. Por desgracia no pude escucharte en la Mesa Redonda, de manera que no puedo comentarte nada sobre eso. Ahora acabo de recibir la noticia del nuevo espacio “Palabras a los intelectuales” en la Biblioteca que el Dr Hart ha propuesto “para organizar encuentros y una línea de debate, de análisis sereno, sobre los problemas más difíciles que afectan al campo intelectual y a la cultura cubana». Luego he leído las cartas de Gustavo Arcos y de “Betty”, la carta de Enrique Colina, y otras muchas anteriores, de Reynaldo Escobar, de Yoani, Felix Sánchez, etc, etc, y no he podido dejar de recuperar el mensaje que en aquella oportunidad iba a enviarte. O partes de él. El resto lo lancé a la Papelera de reciclaje. Quizás debí darle a éste el mismo destino. Te envío estos fragmentos desordenados de manera privada, con la esperanza de que conozcas mis opiniones y recibir las tuyas, pero en el fondo creo que tu respuesta debiera ser conocida por todos los que se han interesado en este asunto y sobre todo en las posiciones de Criterios. Me disculpo por el estado fragmentario de la escritura. Son ruinas de textos, remiendos, que es lo que puedo hacer ahora. Estoy rabiando de dolor. No estoy como para dar mucha forma a mis ideas. Así que, por favor, no te fijes en las formas verbales. Mi mensaje es la expresión de una preocupación sincera, sin pliegues internos, y en modo alguno una acusación ni nada de eso contra ti, ni contra Criterios. Tómalo como un signo inequívoco de respeto y de amistad. Ya lo hemos conversado hace unos días.

--Ahora mismo he leído tu mensaje a “Betty” y me ha parecido desproporcionado. No creo, Desiderio, que todo el que te escribe con preocupaciones, dudas, o malestares (y yo lo haré dentro de un rato) estén tratando de cuestionarte o de acusarte, o implicarte en componendas. Pero Criterios ha llevado el protagonismo de este debate y la gente te escribe a ti lo que piensa. No sé quien es Betty, realmente, ni si merece todo lo que le has dicho. Quizás no. Yo también tuve un intercambio con ella y la conminé a que expresara públicamente sus opiniones. Creo recordar que es amiga de Magali Espinosa. Pero estamos en una “situación revolucionaria” muy compleja, mi hermano. No pierdas los estribos. La gente te respeta y trata de cuidarte, y a Criterios, por haber sido durante muchos años el espacio de reflexión que es, así que no seas receloso. A veces ese es el precio que hay que pagar por tener visibilidad en la “cosa pública”. Las palabras juegan malas pasadas en estos momentos. Y contigo hay que cuidarse como gallo fino al emplear ciertas palabras o ideas, ya que no abundan los semióticos. Pero pueden pagar justos por pecadores, no lo olvides.

-Creo que a estas alturas ya han salido a la luz la mayoría de los asuntos que a todos nos preocupan. Al menos los fundamentales. Por suerte, hemos escuchado pocos lamentos personales, muy breves recuentos de pérdidas, y mucho menos se han esgrimido proclamas “anexionistas” financiadas por enemigo alguno, sino todo lo contrario. También ha quedando muy claro que no se trata –como planteó la Declaración de la UNEAC-- de “la justa indignación de un grupo de nuestros más importantes escritores y artistas” ya que se ha visto que este asunto va mucho más allá de esas importantes figuras, incluso más allá de aquellos que pertenecemos a la UNEAC, o de aquellos que fueron víctimas puntuales de aquel período histórico se ha llamado –quizás provisionalmente -- “quinquenio gris”. Lo que se ha visto ha sido la también justa indignación de muchos escritores, intelectuales y artistas comunes y corrientes, no importantes, casi desconocidos, algunos quizás muy jóvenes para haber publicado algo, o que lo han hecho en “provincias”, etc, Pero quedaba claro también que era un asunto que interesaba a otros muchos que ni siquiera escriben ni hacen arte, pero forman parte de nuestra educada y creativa sociedad. Al menos por unos días todos se han sentido con los mismos derechos a expresar públicamente sus inquietudes, sus inconformidades, sus temores, y los que no han podido hacerlo, o no han querido, sus razones tendrán y habrá que respetar sus decisiones. La otra preocupación, de si la discusión se estaba desarrollando desde posiciones “revolucionarias”, también ha quedado clara: prácticamente todas lo son. Incluso aquellas posiciones que en apariencia pueden resultar demasiado exaltadas, irónicas, explosivas, mordaces, incendiarias, etc. Al menos esa es mi impresión. Muchos cubanos que se consideraban íntimamente contestatarios, hipercríticos, y hasta disidentes, o que pasaron a la categoría (siempre imprecisa) de “contrarrevolucionarios”, porque no estaban de acuerdo con muchas cosas que han estado pasando en nuestro país, han descubierto con sorpresa que eran profundamente revolucionarios. Y esto es un signo muy positivo y habrá que entenderlo y evitar que se deteriore, porque lo importante es arreglar nuestra sociedad y mientras más gente esté interesada en hacerlo, mejor. Incluir tiene que dar mejores resultados que excluir.

La Declaración del Secretariado de la UNEAC ha resultado timorata, insustancial, falta de sangre, como ya han expresado directamente muchos de los participantes. La otra “declaración”, la de Alfredo Guevara, se halla dirigida de manera exclusiva a denunciar con energía la “mediocridad e ignorancia beligerantes” del ICRT, con lo cual se sitúa --enérgicamente es cierto--solamente en la etapa inicial de este debate, ya mucho más adelantado. La propuesta –en mi humilde opinión demasiado ortodoxa-- de Armando Hart, intenta trasladar de manera mecánica nuestras preocupaciones actuales a un momento histórico y a un pronunciamiento (Palabras a los intelectuales, 1961) cuyos problemas de interpretación, y sobre todo de aplicación, ya todos hemos comprobado durante estos años, y que aún seguimos padeciendo, y vista en el contexto actual, no creo que sea una propuesta que satisfaga las necesidades más amplias que este debate ha generado, y que debería ir más allá del “campo intelectual” y de la “cultura cubana” tal y como ésta se sigue concibiendo para convertirse en un asunto de todo el pueblo. Reducirlo a nuestro “sector” será otra vez pernicioso. Es cierto que –como me dijiste—hay otros espacios para discutir las otras cuestiones (económicas, políticas, etc) es decir, las Asambleas del Poder Popular, la Rendición de Cuentas, las Reuniones de los CDR, etc, pero ya sabes cómo han estado funcionando.

De manera, querido Desiderio, que lo único que todos estábamos esperando era la anunciada Conferencia de Ambrosio Fornet (y las que seguirían luego) porque prometía proporcionar ese espacio de debate público que se estaba negando, o aplazando. Los cambios de lugar, buscando dar mayor cabida a los interesados eran una prueba de que Criterios y otras instituciones (Casa de las Américas, la UNEAC, el Ministerio de Cultura) lo estaban intentando. Pero ahora lo han frustrado, y han defraudado a todos. Esa es una realidad que no se puede tapar con un dedo.

Y aunque las conferencias generalmente son, como sucede en cualquier otro género literario, una cuestión de autor, las escuchamos y luego las aplaudimos. Y desde luego, al final escucharemos aquello de: “¿alguien quiere decir algo, preguntar algo, etc?”. Esa segunda parte –sin desdorar a los conferencistas, desde luego-- era vista por todos como el plato fuerte. Creo que los autores podrían incluso equivocarse como autores, como conferenciantes, o quedarse por debajo de las expectativas o necesidades de su auditorio, pero las intervenciones del público permitirían enriquecerla. Ahora el público se ha reducido extraordinariamente.

Me preguntaba, no obstante, y así te lo dije, por qué tendría que esperar hasta el día 30 para saber –no ya las ideas—sino las opiniones de los conferenciantes invitados? Ellos tendrían el privilegio de contar con varias semanas para hilvanar y dar explicación a muchos asuntos que los que participamos en los correos no tuvimos. Está bien. ¿Quizás Fornet nos entregue una “llave” para entrar en el meollo de tantos problemas?. Hubiera preferido un adelanto de sus opiniones. Todos podemos habernos equivocado en algo (el mismo Francis Sánchez lo reconoció con respecto a Ambrosio) pero lo hemos hecho como ciudadanos, con nuestras pasiones, nuestras ironías, etc, y no sólo como autores o productores de conocimientos o conferenciantes. Es algo bastante distinto.

--Creo que Criterios está asumiendo una responsabilidad muy delicada. Muy valiente en el sentido de que –como has dicho -- ha sido la única institución académica que ha organizado en tiempo record un evento sobre este asunto. Y tú también lo has dejado claro en tus mensajes personales. Pero su nueva decisión (o aceptación) de limitar la entrada a uno de sus eventos le añade un significado a la actuación de Criterios que debe ser explicada con mayor claridad, para evitar que la gente se confunda y saque conclusiones apresuradas.

-Algunos siguen esperanzados en que se constriña el asunto a los “intelectuales y artistas” (ya que les parece demasiado ambicioso o les asusta considerar el hecho evidente de que esta perspectiva ya ha demostrado ser demasiado estrecha y sectaria ante la posibilidad de hacer del debate un asunto del pueblo de Cuba) Entonces, creo yo, se impone, cuando menos, una declaración del Ministro de Cultura. ¿No es cierto? Es acaso imprudente en estas circunstancias emplazar a un Ministro o conminarlo a dar sus opiniones? O a otras instancias del Estado, el Partido etc? Los Ministros sólo pueden tomar decisiones finales, hacer declaraciones conclusivas, etc? No veo por qué aún no hemos recibido aún ninguna de esas opiniones.

Bueno, aquí hay otro fragmento de carta que no voy a reescribir.

Querido Desiderio:

Si me decido a escribirte este mensaje –a unos pocos días de celebrarse la conferencia-- es porque sería un acto deshonesto, incluso traicionero callarme lo que pienso o comentarlo a tus espaldas (o públicamente, sin antes comentarlo contigo). Ya lo he hecho hace unos días, telefónicamente, pero sigo teniendo casi las mismas dudas. Le he dado vueltas y más vueltas para tratar de convencerme de que estoy equivocado, pero no logro hacerlo. Si son pensamientos “infundados”, lo mejor será des-infundarlos. El asunto es que tengo (o sigo teniendo) reservas, o recelos, o reparos que hacerle a dichas conferencias, que, por otra parte, estoy seguro que pueden resultar muy exitosas. Mis reparos nada tienen que ver con la calidad intelectual de los conferencistas, y mucho menos con la tuya, ni con la demostrada utilidad pública de Criterios. Son reservas y recelos no por las conferencias mismas, ni por su función analítica, aclaratoria, sino por lo que dichas conferencias representan en este momento. Por lo que evitan más que por lo que se proponen. Llamémosle entonces recelos estratégicos, o tácticos.

Quizás estoy siendo demasiado suspicaz o desconfiado, pero creo que la conferencia se ha convertido en una reunión, una reunión no citada, pero donde asistirá y probablemente hablará el Ministro, junto a los presidentes de las Secciones de la UNeac, y algunos compañeros seleccionados de varias instituciones también seleccionadas, etc. ¿No es cierto? La conferencia podría ir más allá de lo académico, del analisis del maldito quinquenio, de Pavón, etc, o eso se presiente, pero sólo de refilón. Será una reunión (con Ministro) enmascarada de conferencia. Y es eso lo que me preocupa, o me molesta: que la conferencia (y de paso Criterios) se convierta en un apaga-fuegos o en una válvula de escape que evita o aplaza una convocatoria más amplia. No me malinterpretes. No me resulta cómodo asistir a la Conferencia de Fornet. Al menos con estas preocupaciones en mente.¿Voy a ejercer mi derecho a participar en un evento en el que tengo privilegios sobre otros?

Esperando la conferencia, mucha gente –incluso yo mismo-- ha detenido el cruce de mensajes.

El problema no es que descrea –como quizás pensaste-- de la importancia de los análisis teóricos, históricos, terminológicos, etc, (ya que después de todo Criterios, como tú mismo has dicho, es una “institución cultural académica”, y es ése el principal producto que ofrece) pero en las coyunturas actuales, su actuación ha adquirido un carácter que rebasa su función habitual.

En fin, no entiendo cómo Criterios decidió (o aceptó) que aquella “entrada libre” con que comenzó su invitación el día 13 se convirtiera en esta entrada restringida y controlada “por invitación”, dirigida a determinados miembros de determinadas instituciones y asociaciones y distribuida por ellas. Realmente, no reconocí el lenguaje, ni el estilo de Criterios en aquel mensaje burocrático y excluyente enviado desde Cubarte, y así te lo dije. Y Criterios –como ya sabes-- eres tú mismo.

Bajo el argumento de reservar espacio a los intelectuales y artistas se está segregando, excluyendo, discriminando a un número demasiado grande de interesados en un tema que como tú mismo dijiste, no sería sólo el “quinquenio gris”. Es como si para escuchar a la Sinfónica se invitara sólo a los músicos, musicólogos, compositores y directores de orquesta y se dejara al público afuera. Si el espacio ofrecido por la Casa seguía siendo pequeño, ¿no podía gestionarse un espacio mayor, como el Teatro Karl Marx, por ejemplo? Muchos lo han expresado así.

Por otra parte ¿porqué invitar a muchas de esas instituciones del “sector cultural” que no han expresado (y ha habido oportunidad y espacio donde hacerlo) su interés real por los problemas que el tema de estas conferencias ha provocado, y que va más allá de dicho tema? En mi opinión, si un sector debiera haber sido priorizado en estas invitaciones selectivas, sería aquél constituido por los que han participado con interés en este debate público por correos. De esos quizás habría que partir. Pertenezcan o no a esas instituciones.

Dices: “numerosas personas e instituciones del sector cultural”… Tengo la suerte , como te he dicho, de participar activamente en muchos “sectores” culturales que no se hallan comprendidos dentro de ese “sector cultural” del que habla ese mensaje. Como te dije (por poner sólo un ejemplo) la Sociedad Cultural Yoruba de Cuba no se halla entre las invitadas y que agrupa a una amplísima masa de babalawos, santeros, paleros y abakuás que en su conjunto constituyen una masa considerable de la población habanera y cubana, sin contar todos aquellos que no pertenecen a esa Sociedad, o que pertenecen a otras sociedades y fraternidades también culturales, productoras de cultura, aunque no se hallen institucionalizadas. Te comenté ese asunto, pero en la cuarta invitación, esta vez sí enviada por ti, tampoco aparece incluida ni esta institución, ni otras muchas, probablemente porque la orden de repartir las “credenciales” a partir de ese primer listado ya estaba dada. Seguir manejando ese restringido concepto de cultura, de “sector cultural” en el que privilegiadamente estamos, digámoslo así, para reservar espacio a los participantes en una conferencia (porque es sólo una conferencia, no es cierto?) implica una posición con la que Criterio no podría haber estado de acuerdo, por burocrática y elitista. Y eso lo sabes. Sobre todo en estos momentos y con tantas cosas que se han dicho. Todo eso preocupa a la gente, Desiderio, y te lo dicen a ti, porque estás en el centro de este asunto. No por otra cosa.

A cada rato vuelvo a leer estas oraciones, y me da verguenza ser un privilegiado por tener invitación:

garantizar que nuestros escritores, artistas e intelectuales en general puedan estar presentes

hemos decidido reservar la entrada, a través de invitaciones

Las invitaciones serán distribuidas la próxima semana por las respectivas asociaciones e instituciones.

Hay algunos que incluso quieren hacer ya las memorias de este asunto. Tú ya has planificado un libro con las conferencias. Todo eso está muy bien, desde luego. Pero creo que es muy prematuro. Están tratando de enterrar un muerto que está completamente vivo, que ni siquiera ha dado síntomas de desfallecimiento, sino todo lo contrario. Y de lo que se trata creo yo es de que no tengamos que seguir desenterrando cadáveres que como éste aún han seguido revolviéndose en sus tumbas. Las memorias y los libros vendrán después.

Bueno, esto no es carta, ni mensaje, está muy incoherente pero creo que eres capaz de saber por donde va la cosa. Te repito, no tomes a mal lo que mucha gente te está escribiendo, o pensando. Si pudiera, te hablaba mejor por teléfono todas estas cosas.

Un abrazo

Orlando

28 de enero de 2007

Mensaje de Orlando Hernández a Roberto Cobas

Estimado Roberto,

Primero que todo déjame agradecerte por haber participado en este debate con tus magníficos textos. Ya había leído algunos de ellos en Kaosenlared, así como los de Pedro Campos, y en uno de mis mensajes me tomé la libertad de provocar una mayor intervención de ustedes en este asunto, que iba tomando un camino demasiado reducido y gremial. Es posible que algunos hayan comenzado desde entonces a pensar de manera más amplia, pero aún así creo que muchos han decidido, o se han conformado con conservar la discusión dentro de los límites de ese minúsculo "sector cultural" que fue el principal invitado a la "conferencia". Según mi opinión, las propias "conferencias" organizadas por Criterios han ayudado a circunscribirlo ahí, por lo cual desde el comienzo me resistí a ellas. No discuto la utilidad parcial de los análisis históricos, "arqueológicos", etc de aquel período, pero en aquella coyuntura (que me gusta recordar como una “situación revolucionaria”) hubiera sido mucho más provechoso cancelarla o aplazarla con el fin de provocar que el Estado, el Partido, etc, tuvieran que asumir discusiones de mayor envergadura y con un auditorio mucho más amplio. Terminó siendo, para mi desilusión, una "reunión" medio informal (y hasta chistosa) con el Ministro de Cultura la cual fue enmascarada de "conferencia" sobre el “quinquenio gris”. Lo “académico” (y luego lo burocrático) hizo gárgaras y luego se tragó de un buche toda aquella efervescencia que ya iba tomando tímidamente un carácter popular y por lo tanto “peligroso”. Tuve oportunidad de discutir telefónicamente con Desiderio, y le envié una carta en privado sobre mis reservas e inconformidades así como sobre la posición que estaba asumiendo (o aceptando) el Centro teórico-cultural Criterios con respecto a las “invitaciones” selectivas, etc, pero fue una gestión improductiva. Probablemente cometí un grave error. De haber hecho públicas mis inconformidades, quizás habría logrado mejores resultados. Una nueva confrontación con Desiderio (que habría sido la segunda) hubiera podido ser vista como una especie de “escisión en las filas”, y en aquel momento no me pareció prudente, pero lo cierto es que habiendo sido el centro Criterios quien había organizado la conferencia, era el único que podía suspenderla. Y Desiderio no quería hacerlo, desde luego. Pero de nada vale que ahora me lamente.

Por desgracia (o quizás por suerte) he debido alejarme momentáneamente de todo este asunto aunque me mantengo informado. El estrés de esos primeros días me lesionó un músculo máximo-facial que aún me mantiene con analgésicos y laser-puntura. Lo cual, por cierto, es algo más benigno que una parálisis facial o una isquemia cerebral.

Disculpa toda esta descarga. Respondo ahora a tus preguntas. Sobre las intervenciones de esa noche no se ha publicado nada excepto el texto de Fornet, el cual Desiderio envío también por correo electrónico a los que se lo solicitaron. Sobre lo que se dijo allí esa noche no creo que se publique nada, a no ser que hayan grabado dichas intervenciones y decidan hacerlas públicas de aquí a 30 años. La intervención del Ministro no fue leída, sino improvisada, y sólo Desiderio Navarro leyó un texto introductorio antes que Fornet que quizás puedas solicitarle. Yo asistí a la conferencia (bastante avergonzado por disfrutar de ese privilegio) y después que el Ministro habló, me fui. El tono conclusivo de sus palabras ("no es el momento", "estamos rotando en la cola después de Irak", "no hay que quebrar nuestras instituciones", etc, así como su meticulosa defensa de la timorata declaración de la UNEAC, etc) fueron suficientes para mí. Según me han dicho, al final hubo un intercambio bastante fuerte e interesante entre el Ministro y Enrique Colina, y también con Zenaida Romeu, pero no sé nada sobre su contenido. La próxima conferencia será leída por el arquitecto Mario Coyula a fines de este mes, aunque aún no se ha determinado el lugar "indicado", de manera que no sé si será en la sala Che Guavara, en Criterios o en la Biblioteca Nacional. Y luego habrá otra de Arturo Arango, etc. Esas son las que van a enviar a aquellos que las soliciten y serán luego publicadas en forma de libro. Sería mucho más instructivo --como alguien ha propuesto- que se publiquen también todos los mensajes de correo, lo cual dudo mucho que llegue a realizarse. Con esto se supone que quedará enterrado el cadáver (todavía vivito y coleando) de este breve y esperanzador zafarrancho. Hasta nuevo aviso. Y con relación al socialismo del siglo 21 –como le dije en broma a Pedro Campos—quizás haya que dejarlo para el siglo 22… Disculpa tanto pesimismo. Seguimos en contacto.

un abrazo

Orlando Hernández

8 de febrero de 2007

REVISTA DIGITAL