
Una noche pasé frente al TV y vi la imagen de un anciano sentado con cara agriada pero conocida aun, el locutor dijo su nombre y me quede sorprendido. No sabia si existía o había muerto, hacia mucho tiempo que nadie pronunciaba su nombre, todos lo habíamos olvidado. Fue una cura de salud olvidar sus momentos de poder cuando puso en peligro todo el trabajo que se hacia por construir una cultura diferente, con aliento renovador. Si ha muerto, ni siquiera debemos recordarlo y para suerte nuestra no volveremos a oír su voz, ni firmara nuevos edictos; si vive, permitir que su voz vuelva a oírse, será sufrir otra vez las persecuciones, el miedo, la mentira. Por estas y muchas más razones que otros compañeros han esgrimido me adhiero a sus planteamientos.
Abelardo Estorino