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Mensajes de Amir Valle
Amir Valle


El asunto desde la otra orilla

De Amir Valle a Desiderio Navarro

En octubre del 2005 dije en la Feria de Frankfurt que desde hacía un par de años la intelectualidad cubana estaba observando un regreso sigiloso a los tristes años grises (que no fueron un quinquenio, bien se sabe ya). Un periodista preguntó: ¿y qué han hecho los intelectuales? Me hice un jubo para no responder esa pregunta porque la realidad arrastra hacia ese silencio al que se refiere Desiderio y que, en unos casos, es puro conformismo; en otros, puro miedo; y en unos cuantos, oportunismo de la peor clase y hasta complicidad. Hoy, por desgracia, y bien lo sabemos todos, hay unos cuantos Pavones operando en la cultura nacional.

Ojalá, como bien dice Arturo, este escándalillo trascienda, haga reflexionar y plantee un espacio abierto (y libre, sobre todo) donde se puedan esclarecer muchas cosas que han sucedido en nuestra Cultura (especialmente en la última década), cosas que, por cierto, no han tenido ni siquiera la debida reflexión intelectual por quienes debíamos hacerlo (y otra vez la reflexión y la crítica, cuando tuvo lugar, se hizo desde la sombra).

Espero que allí, en ese debate, dejemos de usar eufemismos, palabritas bonitas y frasecillas intelectualoides que complican la necesaria claridad y aprendamos a llamar a las cosas por su nombre. Muchas pruebas hay ya de que los llamados "errores" no fueron tales, pues respondieron a una estrategia de poder bien trazada para mantener a raya a una intelectualidad que, espero recordemos todos, tuvo un papel esencial en los más importantes movimientos revolucionarios del siglo XX y desde 1959 (a cocotazos) fue perdiendo su real protagonismo, incluso, a nivel de generación de un pensamiento social independiente y plural. Como espero llegue el momento de que no se intente librar de culpa, "pasar la mano", o "echar agua al dominó" a quien haya sido culpable de aquellos desastres y de muchos que se han cometido (y aún se cometen), y esa culpa, lo dejo bien claro, empieza en Fidel y llega hasta esos muchos Pavones que hoy conocemos. Eso, entre otras muchas razones que deben dilucidarse, hablando claro y sin medias tintas.

Amir Valle

De Amir Valle en respuesta a Arturo Arango

De acuerdo totalmente contigo, Arturo. Y para evitar equívocos, debido a que considero mi posición un poco incómoda y a que creo haber dicho con transparencia lo que pienso sobre este asunto, paso a ser alguien que se limita a "escuchar" desde el email. Confío en que, entre todos, se busque una solución adecuada a las muchas cosas que aquí se plantean y que, aunque no querramos, sobrepasan el asunto que le dio origen, aunque todo esté relacionado con ese ámbito amplio (y obligatoriamente plural aunque algunos parezcan olvidarlo) que es la Cultura. Y confío en que me sigan llegando estos debates y, espero, sus resultados.

Gracias, además, por señalar algo muy importante: hay muchos jóvenes escritores (y otros ya no tan jóvenes como yo) que, también, tienen derecho a opinar, apoyar, disentir. Yo mismo, en estos dos días he recibido varios mensajes personales de algunos de ellos que deben ser escuchados (Angel Santiesteban y Ena Lucía Portela, por ejemplo, por citar sólo a los más conocidos).

Un abrazo desde la fría Berlín

Amir Valle

Reflexiones para espantar el miedo por Amir Valle

Pensemos, colegas, pensemos. Dejemos de mirar solamente al pasado y fijémonos en la historia cultural del país desde 1959 hasta el momento en que escribo estas líneas. Andar con orejeras, como los viejos caballos de tiro, mirando al piso y doliéndose del cansancio vivido, resulta muy conveniente para quienes han acallado nuestras voces en todos estos años, sean fidelistas, llanusistas, aldanistas, pavonistas o, como dicen algunos adecuándose a los nuevos aires de la política, raulistas.

La reaparición de ciertos personajes siniestros de una parte de la oscura historia cultural cubana de los últimos cuarenta y ocho años, en espacios y horarios de mucha audiencia, no es que puede resultar „síntoma de algo“, como dicen algunos en los mensajes del debate suscitado, ni que sean anuncios de cambios que puedan regresar el mal, como han escrito otros, ni mucho menos que se hayan desenterrado tiranosaurios depredadores de las letras y las artes en Cuba. Lo sucedido obliga a dejar de lado los eufemismos, las ingenuidades, y las cegueras discriminatorias. A ello me refería en uno de mis mensajes cuando pedía que empezáramos a llamar a las cosas por su nombre, entre todos, en un diálogo plural, respetuoso e inclusivo. Lo que debemos tener claro, entonces, es que lo sucedido resulta, simplemente, más de lo mismo y responde a esa llamada „Política Cultural de la Revolución“ que hemos sufrido todos estos años.

Pero reflexionar anclados en ese punto significa dejar de lado las viejas rencillas, los egoísmos personales, las heridas sufridas, las revanchas por cobrar, y pensar en algo esencial: vivimos un momento en que se está definiendo, rearmando, reformulando el destino de un país, y los intelectuales, si siguen divididos por todas esas circunstancias, seguirán teniendo el triste papel del inútil callado que aprueba lo que otros piensan y deciden, en lo que constituye un bochorno para la historia de la intelectualidad en un país donde estuvimos siempre a la cabeza de todos los grandes movimientos políticos y sociales que se dieron, incluído el del proyecto original de la Revolución Cubana. Aún cuando muchas de esas rencillas, muchas de esas divisiones y muchas de esas heridas sean totalmente justificadas, se impone ser menos egoístas y pensar no en nuestro dolor personal, no en lo que perdimos o nos quitaron, sino en los dolores y las traiciones que sufre la Nación, y en los agujeros negros que existen en esa Nación, por nuestro conformismo intelectual, nuestros miedos, y nuestras ausencias como protagonistas del pensamiento social de las últimas décadas.

César López, en un acto de honestidad absoluta, escribe: „te comunico, con José Martí, „Yo soy honrado y tengo miedo“. Y es fundamental entender que no se llegará a un análisis real de todo lo sucedido si no se reconocen los miedos que nos han sembrado, pues toda la discusión y cualquier reflexión estará viciada por las limitaciones y autocensuras dictadas por el miedo.

Como Retamar una vez, deberíamos empezar preguntándonos: ¿A quién debemos el miedo?. Y la respuesta es una: el miedo no está donde no lo han creado, no está donde no existen razones para el temor. Entonces, ¿por qué sentimos miedo de hablar?, ¿por qué no llamamos a las cosas por su nombre y a los culpables por sus culpas? Y mucho más: si yo estuviera equivocado y todo dentro de la Revolución y de su proyecto cultural fuera limpio, iluminado, puro, ¿por qué razón se tiene tanto miedo? La Revolución exclusiva.

Muchos mensajes de este debate resultan la mejor prueba del carácter exclusivo del proyecto cultural revolucionario y del fuerte impacto de sus preceptos en la mentalidad de buena parte de la intelectualidad cubana. ¿Qué razones puede tener alguien para excluir de un debate intelectual a los que llama „contrarrevolucionarios“? ¿Hasta cuándo los intelectuales debemos soportar esa máxima de corte fascista que impone que „Cuba es para los revolucionarios“, „la universidad es para los revolucionarios“, etc? ¿Hasta cuándo los intelectuales cubanos, en un acto contrario a nuestra naturaleza, vamos a ser cómplices de presupuestos que limitan las libertades sociales y de pensamiento? ¿Por qué debemos aceptar el concepto de „revolucionarios“, „contrarrevolucionarios“ que nos ha sido impuesto? Esa arma ha sido usada de modo magistral por quienes nos han dividido y lamentablemente no hemos sabido, ni tenido el valor necesario, para generar un pensamiento sólido, maduro, valiente, que se oponga a esos designios.

De ese modo, me resulta muy peligroso escuchar a Paquita Armas decir que „no creo, por el momento en que vivimos, que sean días para entablar un debate sobre este tema vía electrónica“, porque en su opinión „Al enemigo no hay que darle – como decía el Ché – ni un tantito así“. ¿Ese intelectual que vive, por razones diversas y muy complejas de nuestro proceso, en otros países, es un enemigo? ¿Pedirle a ese intelectual (que es muy posible se haya ido debido al Pavonato y sus derivaciones) que busque con nosotros una estrategia para evitar desde la Cultura que los verdaderos valores de la Nación se pierdan, es darle armas al enemigo? ¿Acaso „los revolucionarios“ se sienten tan desvalidos que tienen que acudir al escamoteo y al ocultamiento de sus errores para sobrevivir al enemigo? Con esas simples palabras, seguro sin darse cuenta, Paquita Armas pone en el tapete un tema espinoso: apuesta por detener el debate vía email para evitar que „oídos inconvenientes“ se enteren de esta desastrosa verdad, del mismo modo en que Cuba niega el acceso libre y abierto a sus ciudadanos para que no puedan descubrir muchas otras verdades que no les han sido dichas y circulan libremente en internet. Es más de lo mismo, otra vez la exclusividad: „la internet y la información que en ella se encuentra es sólo para los revolucionarios“, pero en este caso, como diría Orwell en su Rebelión en la Granja („Todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que los otros“) ese privilegio el gobierno (de modo aún más exclusivista) lo reserva solamente para algunos revolucionarios que son más revolucionarios que los otros.

¿Con qué derechos se pretende seguir excluyendo al que piensa distinto del cada vez más necesario proceso de „pensar a Cuba“? Y más aún: ¿Hasta cuándo ese proceso de alimentar la Nación con el pensamiento ciudadano va a ser privilegio de unos pocos que, desde el poder, imponen lo que debe pensarse sobre algo que pertenece a todos? ¿Hasta cuándo nos vamos a burlar de José Martí, ese intelectual al que tanto se pone de ejemplo, olvidando que él dejó bien claro con su pensamiento que la Patria es de todos, es ara y no pedestal, y no es feudo ni capellanía de nadie?

La intelectualidad ¿unida?

No recuerdo ni conozco que en otro momento desde 1959 hasta hoy se haya producido en la historia cultural cubana un hecho similar: los intelectuales se unen, más allá de sus muchas diferencias, más allá de sus capillas y sus guerras personales, en un grito unánime y justo contra un hecho insólito que, debido a la experiencia política y cultural de estos años, no debería sorprender a nadie.

Pero eso indica algo: jamás la intelectualidad cubana ha estado unida.

Waldo Leyva en su mensaje dice „si no detenemos estas manifestaciones, la unidad, que con tanto cuidado, sacrificio personal y entrega hemos logrado...“ Y yo pregunto, como dije en uno de mis mensajes: „¿no creen ustedes que si en otros momentos hubiéramos tenido esa misma posición, se hubieran podido evitar tantos descalabros, tantos exilios y tantos silenciamientos sucedidos en las últimas dos décadas? Espero que este suceso no quede en una unidad temporal de la intelectualidad para oponer su voz y criterio a un fenómeno del pasado que hizo daño y que esa unidad sirva para revisar otros fenómenos que han sucedido y suceden.”

No ha existido unidad alguna, Waldo, todo lo contrario. La política cultural de la Revolución ha seguido excluyendo a quienes han pensado distinto, a quienes se le han opuesto, o a quienes no se le han sumado. Miles de ejemplos podemos poner todos y cada uno de nosotros. Y si puede hablarse de Unidad en todos estos años, entonces habría que hablar de la Unidad impuesta y la Unidad rebelde. Ha existido, sí, una Unidad de aquellos intelectuales y artistas al lado de la Revolución y su proyecto de Cultura. Pero Ojo: es una unidad impuesta y excluyente, porque si no estás allí simplemente no estarás en la Cultura y eso ha impuesto reglas bien rígidas que no deben violarse. En esa Unidad están los que creen en la Revolución, los que viven a costa de ella, los que se suman al carro para ver qué cuota del pastel cultural pueden comer, y los que no encuentran otro camino. Es una unidad falsa, viciada por los totalitarismos y las discriminaciones impuestas por el proyecto político. Una unidad a la sombra y bajo la égida del poder.

Y existe otra unidad, esa sí libre y de algún modo rebelde. Esa unidad cómplice, conspirativa, irreverente, pero siempre silenciosa, que compartimos todos cuando sabemos que el poder no nos escucha. Allí, en sus marcos, es donde realmente se están produciendo hoy, como un caldo de cultivo espeso y explosivo, las verdaderas variantes del pensamiento social que primará en Cuba en los tiempos futuros que todos sabemos que se avecinan (o al menos eso nos decimos en esos momentos de complicidad, ¿lo recuerdan?). Es esta una unidad esperanzadora, aunque sea una prueba de ese miedo que nos han inculcado todos estos años. Es una unidad contra el poder.

La levedad del síntoma

Poco antes de sentarme a escribir estas reflexiones desde Cuba y desde esos otros países donde los cubanos habitan su Cuba propia, la que nadie les ha podido arrebatar, llegaban varios mensajes preguntando: ¿Sabes algo de la reunión con Abel? Y he contestado: nada sé, pero pierdan las esperanzas, nada pasará. Sé claramente lo que allí sucederá. Abel se pondrá de parte de los intelectuales citados para hablar del problema. Como siempre, sorteará los momentos incómodos con sus chistes y sus juegos de palabras (Abel, es un hombre con un sentido del humor excelente, no lo olviden, y esa es un arma muy útil para los políticos). Al final prometerá „canalizar“ el asunto, pedir responsabilidades, etc. Y todo quedará en ese lugar.

Como las aguas se revolvieron, quizás algún pobre diablo cargará en el ICRT con las culpas. E incluso podrían poner a un locutor a leer una disculpa por el „error“. Nada más. Bien sabemos todos que el ICRT y la prensa cubana han sido siempre instituciones controladas directamente por las altas esferas del poder en la isla. Los que la han dirigido son hombres de primera confianza de ese poder y espero que nadie olvide que el actual director es un hombre con grados y porte de militar que salió de esas filas armadas dirigidas por quien hoy preside interinamente nuestro país: Raúl Castro. Llamemos a las cosas por su nombre, colegas. Nos van a dar, nuevamente, gato por liebre. Y lo peor, como han dicho algunos en varios mensajes, esto no es nada, hay que estar preparados para otras cosas que pueden venir.

Esperar una disculpa pública de quienes hicieron esos programas y (ojo) los trasmitieron en espacios de alta audiencia (no en cualquier espacio), es una ingenuidad. El pueblo a quien se le transmitieron esos programas es el mismo que en los últimos veinte años ha visto minimizados, manipulados con censura antihistórica y esquematizados en un blanco y negro bochornoso, los programas de estudio de su historia patria. Para esos espectadores Pavón y Serguera hoy son héroes. Y para echar por tierra esa ofensa a la inteligencia que es vestirlos de héroes en nuestra televisión (¿o debería decir la televisión del Partido Comunista?) sería necesaria una reconstrucción de los hechos siniestros de los que ellos fueron protagonistas y muchos de ustedes víctimas; sería necesario explicarle al pueblo aquellos ahora llamados „errores“ que muy bien Ena Lucía Portela llama „actos criminales“ y que yo, como dije en mi mensaje, sigo creyendo fue una estrategia bien planificada (desde entonces y hasta hoy) para mantener a raya a los intelectuales que, bien sabían los que arrebataron el poder a Batista, habían tenido una participación decisiva en muchos momentos álgidos de nuestra historia.

La Revolución, colegas, con el máximo lider a la cabeza, ha tenido una pésima memoria. Y esos „errores“ no son recordados, son eliminados de los libros, no existieron y, como le he escuchado decir a ciertos colegas de la izquierda, „son difamaciones del imperio“. E incluso, no lo olvidemos, el mismo „Proceso de Rectificación de Errores” fue llevado a cabo por los mismos autores de aquellos “errores”, sin que reconocieran sus propias culpas (o dejándolas caer sobre chivos expiatorios), viciando lo que de “rectificación” pudo haber tenido ese proceso.

¿Cómo permitirnos soñar que ahora van a revivir esos „errores“, precisamente ahora cuando está al mando del país quien estuvo directamente detrás de muchos de aquellos desastres y operó los hilos de esas tristes marionetas que fueron Pavón, Aldana y compañía? Como dice uno de los mensajes, es fundamental saber quién dio la orden para que se hicieran esos programas. Pero yo agregaría: más importante es averiguar a qué política y a qué estrategia responden órdenes como esas. Y encontraremos una respuesta clara: la política siempre ha sido la misma, con matices, con leves modificaciones de acuerdo a la inteligencia o la estupidez del Pavón de turno.

Si no buscamos en la raíz del problema, si no vamos a las esencias, este síntoma tendrá la levedad de un suspiro y seguirán pasando las cosas que hasta hoy han pasado. Me aterra ver cómo algunos quieren echar todas las culpas solamente a estos fascistas devenidos en dirigentes culturales. Desiderio Navarro dice: „¿Acaso somos realmente un país de tan poca memoria que no recordamos ya la penosa situación a la que fueron reducidas nuestras instituciones por obra del Consejo Nacional de Cultura...? Me quedo sin palabras. Y para no ser yo quien diga, busqué un fragmento del documental „Seres extravagantes“, que cuenta la historia de Reinaldo Arenas y muchos otros „diferentes“, entre ellos algunos de ustedes. Allí, en una tribuna, cierto personaje famoso, ataviado con un sombrero de guano, dice: „En nuestra capital, en los últimos meses, le dio por presentarse cierto fenomenito extraño, entre un grupo de jovenzuelos y algunos no tan jovenzuelos, que les dio por comenzar a hacer pública ostentación de sus desvergüenzas. Así, por ejemplo, les dio por empezar a vivir de forma extravagante, reunirse en determinadas calles de la ciudad, en la zona de la Rampa, frente al Hotel Capri...“ ¿No lo adivinan? Los que fueron condenados por sus „diferencias sexuales“ no deberían olvidar ese discurso. Y quienes quieran una respuesta a los verdaderos responsables de la tragedia cultural vivida en aquellos años y en las etapas posteriores, hasta hoy, sólo tienen que buscar en sus discursos siempre exaltados de aquellos años. Encontrarán cosas asombrosas. A muchos, por encontrarlas y comentarlas nos han llamado „apátridas“, „mercenarios del imperio“ y en el mejor de los casos „no revolucionarios“.

Nosotros, los más nuevos

Entre todos los mensajes me llamaron la atención dos de modo especial: los poetas Norge Espinosa y Sifredo Ariel. Ellos, desde posiciones distintas, manejaban dos tesis: los más ofendidos, decían, por obviedad deben ser los afectados por „aquella etapa“, en lo cual tienen razón, pero apuntaban no haberla vivido aunque recibieran „apenas ramalazos de su agónica resaca“ (Sifredo) y „Mi generación no tuvo que sufrir a ninguno de estos personajes. Sufrió a otros, copias de menor poder, a los que hemos visto entrar en el rango de no-personas, cuando poco a poco comenzó a flexibilizarse el diálogo que ellos mismos negaban“.

Confieso que viniendo de dos amigos tan lúcidos estas aseveraciones, y especialmente „agónica resaca“ y „diálogo“, me sacan de lugar y por eso quisiera ampliar e ilustrar lo dicho por ellos. ¿A qué dialogo te refieres, querido Norge, si el único diálogo posible que existe es ése de los que pactan con los dictados del poder cultural y político? Si tú vives, querido Sifredo, en esa misma Habana que yo habité (y habitamos) humana y culturalmente hasta hace unos meses, ¿cómo es posible que hables de una agónica resaca?

Pensemos. Supongamos que aquellos tiempos grises pasaron y que, como dicen algunos mensajes, no pueden volver a la tranquilidad cultural de hoy, empañada (reconocen algunos) por „imperfecciones“ y „actos irresponsables“. Desde que a Pavón y a otros los condenó el Tribunal Supremo o el „paso a retiro“, nada ha sucedido. Perfecto.

Visto así, a quién echaremos la culpa de los sucesos terribles generados a raíz de la conocida „Carta de los Diez“, escrita por „borrachos y poetas mediocres“ (¿recuerdan aquel documento que muchos firmaron?).

¿Quién explicará la represión cultural y policial sufrida por el movimiento plástico y teatral de fines del 80 que provocó uno de los más masivos éxodos culturales del país?

¿Alguien recuerda lo sucedido con Diásporas y Rolando Sánchez Mejías que lo llevó a escribir en 1995 su carta abierta a El País denunciando la censura en Cuba?

¿Alguien duda de los años de cárcel sufridos, por poner un simple ejemplo, por Reinaldo Hernández Soto, desde que, usando sus derechos ciudadanos, escribió una carta a Fidel Castro condenando el fusilamiento de Ochoa? Y en fechas más cercanas, ¿alguien es capaz de dudar que haya hoy presos por pensar diferente, sea del signo que sea lo que piensen, entre ellos algunos periodistas y escritores?

¿Son mentiras, no han existido, las presiones, sanciones y hasta expulsiones de jóvenes escritores cubanos por enviar sus obras literarias a la revista Encuentro de la Cultura Cubana (donde curiosamente, otros consagrados de la isla publican y, aunque reciben regañinas leves, nada pasa)?

¿Son mentiras las presiones, recomendaciones de no participar, visitas de los „fraternos agentes“ de la Seguridad del Estado que „atienden“ la Cultura a quienes publicaban o eran amigos de la Colección Cultura Cubana de la editorial Plaza Mayor, incluso antes de que, como se dijo, Patricia Gutiérrez „politizara“ su participación con un discurso donde lo único que defendía era el derecho de autores exiliados a presentar su libro en la Feria a la cual ella era invitada?

Abilio Estévez dice en uno de sus mensajes „hace años que me cansé (o fatigué) y volví la espalda“. ¿Alguien le ha preguntado las razones? ¿Se le ha preguntado por esas razones a otros que „se han fatigado“ y „se han ido“?

¿Alguien se ha preguntado las razones por las cuales en Europa, Estados Unidos y algunos países de América (como dice Magaly Muguercia en uno de sus mensajes) viven hoy nombres imprescindibles de las últimas promociones de escritores y artistas cubanos? ¿Son todos „emigrantes económicos“, esa cómoda categoría que suele emplearse en el discurso oficial para ocultar otras causas migratorias?

¿Alguien cree, a estas alturas, en las palabras del ministro de cultura cuando asegura que „en Cuba no hay un solo libro censurado“? No pongo mis ejemplos, que desmienten tamaña mentira, pero puedo mencionar a unos cuantos de quienes están leyendo estas palabras. Y si no existe censura, qué impide divulgar y dar a conocer en Cuba esas obras fundamentales que hoy se escriben por cubanos en muchos sitios del mundo. ¿O es que debemos creer que, como Reinaldo Arenas o Cabrera Infante, todos han dicho que no quieren ser publicados hasta que haya cambios políticos en la isla?

¿Qué justificaciones “culturales” hacen justa la concesión de los Premios Nacionales de Literatura y demás artes, solamente a escritores que han permanecido fieles, o que se han plegado a la Revolución, por motivos distintos? Y piénsese en este derecho violado, a pesar de que muchos de quienes los merecieron, o los merecen, no los aceptarían. Muchos sabemos, de propia voz de nuestros dirigentes culturales, que responde a una política cultural llegada digamos otra vez eufemísticamente “desde arriba”, ¿verdad, colegas del Instituto Cubano del Libro?

¿Tenemos que creer que es cosa de ciencia ficción las presiones, censuras y represiones sufridas por quienes hace años llevan adelante el proyecto, concurso y revista Vitral en Pinar del Río, de lo cual, para no citar a nadie de ese proyecto, pueden dar fe Pedro Pablo Oliva, a quien acaban de darle el Premio Nacional de Artes Plásticas, o los escritores Raúl Antonio Capote o Ángel Santiesteban, por citar sólo tres testigos?

¿No ha existido acaso la satanización de Antonio José Ponte desde que decidió cuestionar (en el lugar adecuado, es decir, ante los miembros de la UNEAC y en una asamblea) que la UNEAC era una contradicción desde sus mismas bases fundacionales? Y habría que preguntar también: ¿dónde estaba la unidad citada por Waldo cuando lo „desactivaron“ de la UNEAC y por qué no hemos exigido que se le respete su decisión de ser parte del Consejo de Redacción de la Revista Encuentro? Espero que no olvides, querido ministro Abel Prieto, aquella reunión en la Biblioteca Nacional donde les dijiste a todos los directores provinciales de Cultura que „había que tener cuidado“ con Ponte porque trabajaba para la revista Encuentro, financiada por la CIA, y con Amir Valle, porque está trabajando para „esa señora de la cuál no sabemos qué esperar“, refiriéndote a mi trabajo con Patricia Gutiérrez. Lo mismo que dijo Ponte, incluso con palabras más fuertes, lo acaba de decir Paquita Armas en su mensaje: „Que este intercambio de ideas camine tan rápido hace evidente la necesidad de un espacio de diálogo entre los artistas cubanos. La UNEAC dejó de ser lo que era y ahora no hay un lugar donde decir lo que se piensa“. ¿La condenaremos por esas „terribles“ palabras?

¿Nadie se ha puesto a pensar en el infierno que está viviendo, ahora mismo, el excelente narrador (y lo digo con todo propósito) y exalumno del Taller de Creación Onelio Jorge Cardoso, Luis Felipe Rojas, por haberse atrevido a fundar, allá en Cacocún, la Asociación de Jóvenes Escritores del Oriente, condenada por el „pecado tenebroso“ de destacar obras censuradas en Cuba, crear y difundir proyectos literarios independientes, luego de su desencanto con las instituciones oficiales?

¿Entonces jamás han sido perseguidas y censuradas por el poder político y cultural las revistas literarias independientes Cacharro(s) y Bifronte (y aunque no quiera debo mencionar mi revista Letras en Cuba y mis cápsulas literarias A título personal, que provocaron, además, el cierre de mi correo en la red Cubarte del Ministerio de Cultura)?

Y finalmente, aunque este listado seguro será ampliado por muchos de ustedes con sólo pensar un poco lo vivido en estas dós últimas décadas, ¿por qué se acaba de prohibir en el más reciente Festival del Nuevo Cine, en La Habana, la proyección del documental Arte nuevo de hacer ruinas, del realizador alemán Florian Boschmeyer, que ha obtenido ya varios premios en festivales internacionales de Europa y Estados Unidos?

Piensen en todo esto, busquen en sus propias experiencias y quizás sea bien distinta la respuesta a las preguntas: ¿Es el Pavonato un fenómeno del pasado?, ¿Los únicos afectados han sido los que vivieron aquella época del mal llamado „quinquenio gris“?, ¿son ellos los únicos que tienen derecho a sentirse ofendidos y preocupados?

Las cambiantes aguas

Nada terminó, colegas; todo sigue. Es parte de una misma esencia: „Las dictaduras, sean de derecha o de izquierda, no sólo intentan controlar la vida cotidiana del individuo, sino sus creencias y fantasías […]. Las dictaduras no confían en la literatura, porque ésta permite al hombre salir de sí mismo, vivir menos esclavo y saborear la libertad”. Eso lo dijo otro de los censurados en Cuba, Mario Vargas Llosa, quien fuera amigo de algunos de ustedes y que, bien sabemos, se apartó de la Revolución cuando descubrió muchas de las cosas que aquí comento, pues bien claro ha dicho ya él mismo que su salida del carro de la Revolución no fue sólo por el Caso Padilla.

Alguno de ustedes dirá: claro, su posición es cómoda, está en Berlín... y quién sabe. Pero recuerden que estas cosas también las dije en Cuba y por eso me hice incómodo. Nadie me paga. No pertenezco a ningún partido político. Asumo una responsabilidad que nos deben: la de pensar por cabeza propia y decir lo que se piense, sea lo que sea. Creo en aquellos sueños de construir un país mejor, un continente mejor, y un mundo mejor. Pero la historia misma ha demostrado que las dictaduras y los totalitarismos no sirven para hacer realidad esos sueños. Cuando alguien puso en la lista de mensajes “Y ya llegó el asunto a la otra orilla” el pecho se me encogió. He pasado un año entero obligándome a creer que estoy aquí por causas distintas. Pero he sido desterrado. Llevo meses pidiendo un permiso de entrada a Cuba que no llega a ningún sitio, a pesar de mis reclamos (y los de mi familia en Cuba) en la UNEAC, el Ministerio de Cultura y el Departamento de Inmigración. ¿Alguien de ustedes puede darme una respuesta de a qué se debe? Yo podría escribir otro artículo tan o más largo que éste con mis historias que allá unos cuantos saben, porque intenté pleitearlas exigiendo mis derechos ¿verdad, Abel?, ¿verdad, Carlos Martí? Ojalá respondan alguna vez a mis muchas cartas, como ojalá respondan alguna vez, con honestidad, a este reclamo que hacen ahora tantos intelectuales.

¿Qué nos queda? Entender que hay que buscar ese diálogo perdido, esa participación activa de la intelectualidad en las decisiones y la vida política y cultural del país en un espectro plural, abierto e inclusivo.

El querido Guillermo Vidal nos mantuvo unidos a muchos de sus amigos, durante muchos años, diciéndonos con aquella mirada suya, tan honesta, cada vez que veía una discusión entre miembros de nuestra promoción (a la cual él se sentía unido aunque no fuera la suya): „Caballeros, si nos dividen, nos joden“. No olviden eso.

Y tampoco olvidemos, como dice Waldo Leyva en su mensaje, que tenemos un „compromiso inviolable con las esencias de la Nación“, que no son, aclaro, las que nos han impuesto hasta hoy. Esas esencias siguen siendo las mismas a pesar de todo lo ocurrido en los últimos 48 años. Se han enriquecido las esencias. Se han complejizado, a pesar de nosotros y de nuestra abulia, nuestros miedos, nuestros egoísmos y nuestras vacilaciones.

En una de las conversaciones que tuve con el Presidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC, el colega Francisco López Sacha, cuando le pregunté cómo podía explicarme a mí mismo la doble moral con la que se trataba política y culturalmente la Colección Cultura Cubana de la editorial Plaza Mayor, me hizo una historia. Me dijo que el general Francisco Franco le ordenó a Dalí pintar un cuadro para su hija. Dalí pintó una mujer de espaldas mirando al mar.

-- ¿Esa muchacha es mi hija? – quiso saber Franco cuando vio el cuadro.
-- Es su hija – asintió Dalí.
-- ¿Y qué significa el mar? – se intrigó Franco.
Dalí miró al cuadro y sonrió antes de responder.
-- Son las cambiantes aguas de la política, General.

Y así es, colegas. La política, como las aguas, cambia. Los políticos, como las gotas de agua, cambian y van de un lado a otro, según la corriente que les impongan sus deseos y la historia. Nosotros, los intelectuales, aunque también cambiamos, seguimos siendo, en esencia, los mismos. Hagamos honor a nuestro destino, usemos el intelecto con toda la libertad y con la vergüenza que ello exige. Y sin miedos.

Berlín, 11 de enero de 2007.

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