Consenso
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
Portada | Nosotros | Contacto | Portafolios | Revista Consenso
indice

01. Abelardo Estorino
02. Abelardo Mena
03. Abilio Estévez
04. Alberto Acosta
05. Alfredo Guevara
06. Ambrosio Fornet
07. Amir Valle
08. Angel Santiesteban Prats
09. Antón Arrufat
10. Antonio Desquiron
11. Arturo Arango
12. Avelino Víctor Couceiro Rodríguez
13. Belkis Cuza Malé
14. Belkis Vega
15. Betty
16. Boris Iván Crespo
17. Carlos Celdrán
18. Carlos Espinosa
19. Carlos Repilado
20. Carlos Sotomayor
21. César Leal
22. César López
23. Cira Romero
24. Consenso
25. Criterios
26. Declaración de la UNEAC
27. Desiderio Navarro
28. Duanel Díaz
29. Eddy Jiménez Pérez
30. Eduardo Jiménez García
31. Eliseo Alberto
32. Emilio Hernández Valdés
33. Ena Lucía Portela
34. Enrique Colina
35. Enrique Pineda Barnet
36. Ernesto Yevgueni
37. Esteban Morales
38. Esther Suárez Durán
39. Eva
40. Félix Sánchez
41. Félix Sautié Mederos
42. Fernando Jacomino
44. Francis Sánchez
45. Frank Padrón
46. Gerardo Fulleda León
47. Gustavo Arcos Fernández-Brito
48. Haroldo Dilla
49. Hombre Nuevo
50. Isbel Díaz torres
51. Iskánder
52. Ismael de Diego
53. Ivette Vian
54. Jaime Sarusky
55. Joel Franz Rosell
56. Jorge Angel Hernández
57. Jorge A. Pomar
58. Jorge Angel Pérez
59. Jorge Camacho
60. Jorge de Mello
61. Jorge Luis Arcos
62. Jorge Luis Arzola
63. Jorge Luis Sánchez
64. José M. Fernández Pequeño
65. José Milián
66. José Prats Sariol
67. José Rojas Bez
68. Josefina de Diego
69. Juan Antonio García Borrero
70. Juan Carlos Tabío
71. Juan Pin
72. Leonardo Acosta
73. Leonardo Padura
74. Leonel Brito
75. Leticia Córdova
76. Loly Estévez
77. Luciano Castillo
78. Magaly Muguercia
79. Magaly Sánchez
80. Manuel Vázquez Portal
81. Marcos García
82. María de las Mercedes Santiesteban
83. Mariela Castro Espín
84. Marina Ochoa
85. Mario Coyula
86. Mario Crespo
87. Mario Vizcaíno
88. Maritza Corrales
89. Minerva Salado
90. Mirta Yañez
91. Néstor Díaz de Villegas
92. Norge Espinosa
93. Octavio Miranda
94. Omar Valiño
95. Orlando Hernández
96. Osvaldo Domeadiós
97. Pablo Menéndez
98. Pancho García
99. Paquito de Rivera
100. Pedro Campos Santos
101. Pedro Pérez Sarduy
102. Rafael Alcides
103. Ramiro Guerra
104. Reina María Rodríguez
105. Reinaldo Escobar
106. Reinaldo Montero
107. René Vázquez Díaz
108. Reynaldo González
109. Ricardo Reimena
110. Ricardo Riverón Rojas
111. Roberto Cobas Avivar
112. Rogelio Rodríguez Coronel
113. Rolando A. Pérez Hernández
114. Rosa Ileana Boudet
115. Senel Paz y Rebeca Chávez
116. Sigfredo Ariel
117. Tomás González Pérez
118. Víctor Fowler
119. Virgilio López Lemus
120. Waldo Leyva
121. Wendy Guerra
122. Yasef Ananda
123. Yoani Sánchez
124. Zenaida Romeu
125. Humor Gráfico
Lázaro Saavedra

126. Más humor Gráfico
Varios

Mensaje de Sigfredo Ariel
Sigfredo Ariel


Querido Jorge Ángel:

¿De verdad que alguien ha convocado en televisión, de cuerpo presente, al fantasma de Luis Pavón, mano verduga del peor periodo que ha atravesado la cultura de este país? Si fuera hoy el día de los Santos Inocentes no me hubiera extrañado recibir esta noticia, inconcebible por más de una razón: no se puede entender esta exhumación en el medio de comunicación más influyente y masivo -lisonja ha recibido, dices- tras tantos congresos, encuentros públicos, y todo tipo de reuniones a todas luces oficiales que han examinado aquellos oscuros días y han enjuiciado muy negativamente su dirigencia. Queda claro que el ICRT -sobre todo la instancia política que vigila y a la larga diseña sus programaciones- no recuerda aquella larga estación, el pavonato, como lo que fue, una durable vergüenza que abrió heridas no restañadas todavía, si es que son restañables.

Espero que esto no sea un signo de revalidar el estalinismo vulgar, cacerías de brujas, prejuicios, negaciones y límites de los años 70, Dios no lo quiera. En todo caso será un nuevo intento por restituir el dudoso relieve intelectual que nadie sabe por qué mérito artístico alguna vez gozó este personaje . Yo recuerdo que en los primeros años 80 apareció -para escarnio de Letras Cubanas, en edición lujosa en cartoné- una muestra de su "poesía" junto a otras antologías de intelectuales verdaderos que hacía muchos años no (Lezama dixit) hacían gemir las prensas: Fayad Jamís, Dulce María Loynaz, Fina García Marruz, Rafael Alcides y otros poetas que regresaban a la vida editorial: Pablo Armando, Díaz Martínez, Arrufat... ¿Por qué estaba Pavón en el selecto grupo? Que respondan los dirigentes editoriales de entonces, si quieren, aunque no vale la pena.

En los años que vinieron después no se volvió a escuchar aquel nombre sino para deplorar públicamente su gestión al frente del Consejo Nacional de Cultura y así lo evocan con frecuencia siempre que pueden muchos de los que sufrieron el silencio obligado, el no existir, la acusación de éste u otro estigma y a quienes Pavón y sus colaboradores dedicaron variadas formas de humillación. Se trata de un tema delicado del que nadie debe hablar por boca de ganso y yo no lo haré, por supuesto. Creo que a algunos de los hoy respetados escritores y artistas que han recibido Premios Nacionales en los últimos diez o veinte años les toca opinar sobre la nueva resurrección de su victimario. Podría esta inesperada aparición abrir un nuevo diálogo, ojalá que manteniendo a raya extremos y rencores. A nosotros, que no vivimos el pavonato en sí, que recibimos apenas ramalazos de su agónica resaca, nos tocaría escuchar, prestar atención y atar cabos. A propósito, ¿viste tú el programa?

Un abrazo

Sigfredo Ariel

Mensaje de Sigfredo Ariel sobre la Conferencia del 30 de enero de 2007

Fotos y mensajes que he recibido a lo largo de las últimas horas de jóvenes interesados en entrar en la tarde del martes a Casa de las Américas me ha hecho recordar días muy desesperanzados cuando los entonces escritores jóvenes -sin ser escandalosamente adolescentes- no podían ni siquiera soñar en intervenir en "las cosas" que tenían lugar en la UNEAC, entonces cuartel enemigo de lo que escribíamos, y de nosotros mismos.

Recordemos juntos, amigos cuarentones y cincuentones, tantos premios de concursos dejados injustamente desiertos -por consejos, presiones, intervenciones oscuras- los ataques semanales en Tribuna (y en El Caimán Barbudo incluso) a la poesía -y a la narrativa- intimista, escapista, "origenista"; aquella casona de 17 y H con gallitos finos huyendo de las vacilantes pisadas de escritores y artistas (no muy brillantes todos, por cierto, de los cuales ahora casi no se sabe nada ) que "cortaban el bacalao" en salones que frecuentaban opacos colegas húngaros, búlgaros, checoslovacos...

Parece, al leer algunos de los airados mensajes de jóvenes desconocidos que han llegado a este buzón, que una de las formas de "lo Pavón" se llama ahora "secretismo", -como la entiendo, palabreja muy cercana a la hipocresía, que es como antes se llamaba la doble moral. "Síndrome del misterio", he escuchado decir que hace algún tiempo algunos nombraban así esa aberración u otra por el estilo.

Nos guste o no, los invitados que subimos el pasado martes las escaleras de la sala Che Guevara ante los ojos de cientos de jóvenes que intentaron de balde entrar a la Casa tomamos parte de una especie de conciliábulo que para nuestro provecho (o quien sabe qué privilegio de escuchar y decir nos atribuyen) los excluyó.

Las explicaciones que les fueron dadas -ciertas, por cierto, las referidas a la magnitud del local y a sus limitaciones arquitectónicas- no fueron recibidas con satisfacción, como tampoco, hace veinte años, nos hubieran dejado satisfechos a nosotros razones semejantes.

Estos jóvenes quieren combatir a sus pavones, que son también, quién lo duda, nuestros. Tal vez pensaron que había llegado el momento para denunciar, pedir explicaciones, o al menos de enterarse de asuntos de un pasado que no se enseña ni se menciona en clases u hogares (otra vez el secretismo).

Esos muchachos confiaron en que cierta presión colectiva (insólita insistencia por asistir a una conferencia sobre política cultural) terminaría abriéndole las puertas de Casa de las Américas. A medianoche muchos estaban ahí, todavía. Sentí vergüenza, y no fui el único.

Si hubiera sido un concierto, lo decente hubiera sido a esa hora comenzar de nuevo la función.

Sigfredo Ariel

REVISTA DIGITAL