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Mensaje de Félix Sautié Mederos
Félix Sautié Mederos


Desiderio,

El debate que se está desarrollando comenzó estando yo en España y cuando llegué a La Habana, encontré en mi correo que un amigo se había encargado de remitirme el intercambio de mensajes efectuado al respecto. Te diré que en un primer momento sentí que se estaba pasando cuentas al eslabón más débil de una gran cadena. Me pareció que algunos se presentaban limpios de toda culpa y capaces de juzgar a los demás sin mirar para la viga que ellos mismos han tenido y tienen en sus ojos. Yo he sido participante de excepción en muchas cosas que se han estado hablando y he sido además victimario y víctima como muchos más que hemos creído en la posibilidad de tomar el Paraíso por asalto a partir del concepto tan repetido de que la violencia es la partera de la Historia. También han actuado dentro de mí las prevenciones que ya de viejo se me han exacerbado sobre las élites, las vanguardias y las masas en las que nos clasificaron y nos han enquistado desde hace más de 50 años. Yo he formado parte de élites y de las vanguardias y he actuado conforme a sus postulados y a la vez he sido víctima de esas mismas élites conformadas a partir de los más diversos signos y sectores. Además he recordado el pasaje evangélico de Mateo que dice que “con la misma medida que midáis se os medirá” así como el pasaje de Juan sobre la Mujer Adúltera en el que Jesús dijo que: Tire la primera piedra quien esté libre de pecado, entonces los que la juzgaban se fueron todos. En esa perícopa se plantea que mientras decía eso Jesús se puso a escribir sobre la tierra y algunos especialistas han planteado que muy probablemente escribió los nombres de quienes habían estado con la adúltera, sobre todo de los allí presentes que planteaban apedrearla. Todas esas cosas y muchas más que sería muy extenso explicarlas, han venido a mi mente con motivo del inicio del debate.

No obstante estos sentimientos iniciales sobre los inicios del diálogo, las reflexiones que te envió Belkis Vega y que me hicieron llegar a mi correo, golpearon con fuerza a mi conciencia y me decidieron a escribir algunas reflexiones al respecto y enviártelas.

Yo pienso a la vuelta de los años y después de haber vivido mucho, que todo este asunto inicial es un conjunto de lo mismo de hoy, hilvanado globalmente, porque estoy muy de acuerdo con un artículo planteado por un periodista de Ciego de Ávila titulado “La Crisis de la baja cultura” (Francis Sánchez) y con las opiniones de Amir Valle. Yo pienso que el problema que se planteó al respecto del tema inicial no fue algo aislado sino parte de la política de la Revolución en ese momento y que si se quiere ir a fondo hay que cuestionar a la política del Sistema en sus propios errores y desviaciones y mirar para arriba, no solo para abajo porque siempre para abajo y muy especialmente para los caídos es más fácil y menos riesgoso hacerlo. No eludo responsabilidades, aunque algo tengo que ver con el proceso de rectificación que culminó con la liquidación de la famosa Resolución No.3. Pavón de quien he sido amigo, me considero aun serlo y con quien he concordado y discrepado también, en realidad fue un ejecutor de algo que le orientaron desde los mismos centros de poder con los que han compartido y comparten muchos de los que hoy lo critican sin atreverse a ir más a fondo como en realidad requieren los verdaderos análisis de los problemas.

Desde hace 50 años he estado arriba, en los planos medios y abajo. Mis primeros tropiezos fueron en Juventud Rebelde, en Cultura también terminé con discrepancias y problemas serios y en 1994 tuve los últimos golpes antes de salir del mundo oficial. Y debo decirte que las veces que he estado abajo y he sido golpeado se podrían contar con los dedos de las manos, quizás de una sola, a quienes se me han acercado para apoyarme o simplemente animarme, que no fueran mi esposa, mis hijos, mi familia y algunos pocos amigos de siempre. Eso de alabar a quien está en el mazo y pisotear a quien está abajo, haciendo leña del árbol caído, es una de las mayores perversiones de ésta época, que además se presta mucho para el oportunismo y la doble moral que nos rodea por todas partes.

Otro problema generalizado desde las cúpulas hasta las bases, es la descalificación y el insulto para quienes piensan distinto, lo que nubla el entendimiento imprescindible para el debate sosegado que permita hurgar en las causas verdaderas de los problemas a los efectos de arrancarlas de raíz y resolver la sucesión de crisis en que nos hemos estado desenvolviéndonos desde hace muchos años. El triunfalismo, el paternalismo y la grandilocuencia universalista de un lenguaje y una actuación oficial que nos ha rodeado y que nos rodea por todas partes, es otro grave problema que genera una sucesión de males hoy agudizados y cuya solución necesariamente ha de pasar por reconocerlos todos sin excepción con un verdadero espíritu autocrítico, asumiendo nuestra verdadera dimensión y nuestros propios errores, porque no niego que haya por ahí quien se atreva a tirar una primera piedra pero digo a responsabilidad que yo no lo conozco incluyéndome lógicamente a mi mismo que tampoco podría tirarla y pienso que muy pocos podrían hacerlo.

Ya hace algunos años que vengo escribiendo en mis artículos periodísticos que lamentablemente solo se publican afuera en mi condición de corresponsal de prensa extranjera (las veces que me he decidido a enviar algunos a la prensa nacional he recibido el silencio como respuesta por lo que hace ya muchos años que ni siquiera lo intento) con la excepción de la sección fija que mantengo en la Revista Vitral de Pinar del Río, sobre la necesidad urgente de hacer un diálogo inclusivo de todos con todos y promover una efectiva reconciliación de los cubanos de adentro y de afuera en pro del bien común de la Patria, porque los pases de cuentas y las amenazas, repudios, insultos y descalificaciones de unos contra otros, desde todos los signos políticos e ideológicos sin excepción de ninguno, pueden generar una cadena de odios capaz de dar al traste con la nación misma.

Creo que hay que analizarlo todo, comenzando por lo más importante que afecta a la población reducida siempre a solo el cumplimiento de lo establecido, así mismo considero que el miedo generalizado a perder el estatus silencia la realización de este necesario análisis. Por eso en mi criterio habría que comenzar por debatir los problemas básicos de libertad de expresión y de conciencia, la necesidad imprescindible de verdaderas aperturas económicas que permitan la solución de muchas penurias que cada vez se generalizan más, así como que la población pueda sostenerse a sí misma con su trabajo a partir de salarios con verdadero poder adquisitivo, vinculando el salario a la norma de cumplimiento sobre la base de que todos reciban según su aporte de acuerdo con la cantidad y la calidad de su trabajo. Igualmente considero necesario facilitar un máximo despliegue de la creatividad individual y colectiva eliminando todas las trabas que se le interponen.

Todo esto unido con como una verdadera defensa de lo bueno que la Revolución ha traído, como es la educación, la salud pública, la seguridad social y los intentos de lograr una real equidad distributiva que no debe confundirse con el igualitarismo, dejando a un lado al triunfalismo que tanto nos daña y reconociendo ante todo los problemas actuales de estos logros que son muchos.

Estoy en contra de destruir la Revolución y mucho menos de sustituirla por un capitalismo feroz, pero sí pienso que hay que hacer muchas reformas, muchas rectificaciones y muchos cambios para salvar al proceso de justicia social y equidad distributiva en que se ha inspirado. Para eso considero que es imprescindible dejar el miedo a un lado, opinar libremente, estar dispuesto a trabajar en lo que sea necesario para lograr las rectificaciones y los cambios, mirando hacia el conjunto de problemas globales que nos afectan desde arriba hasta abajo, excluyendo a los rencores, los resentimientos, el odio y la búsqueda de chivos expiatorios entre los pequeños caídos en desgracia que ya no pueden defenderse. Así como abrir paso definitivamente y no sólo de forma virtual, a las nuevas generaciones para que asuman los principales y más altos timones de mando de la sociedad.

En este orden de cosas, estoy plenamente de acuerdo con el desarrollo de un diálogo cada más abierto a los problemas fundamentales generadores de los otros problemas, con un alto grado de civilización que se manifieste principalmente por el respeto de todos sin excepción alguna por las opiniones de todos (y valga la necesaria redundancia), aún por las opiniones de quienes pudiéramos considerar enemigos. Sé que después de tantos años de polarización esto es muy difícil, pero tenemos que intentarlo para salir adelante como nación. Tengo muchas cosas escritas y publicadas sobre estos asuntos y no quiero extenderme más. Creo que hay que tender puentes antes que cortarlos, sobre eso hace algunos años escribí un artículo porque pienso que cada vez tenemos menos tiempo para resolver nuestros problemas sin que se produzca el caos y la desolación.

Por eso doy por bienvenido al diálogo sin insultos, sin rencores, sin odios y con el respeto de todos para con todos, que busque el ideal martiano planteado en su frase: “Con todos y para el bien de todos”.

Félix Sautié Mederos.

CUBA: CUANDO MIRO HACIA ADENTRO

Con motivo del actual debate entre intelectuales cubanos

La realidad que nos rodea muy pocas veces coincide con lo que queremos que sea y aunque se considere una verdad de Perogrullo, debo decir que siempre se nos presenta tal y como realmente es, aunque los que están detenidos en el tiempo y los que quieren imponer sus criterios por encima de todas las circunstancias, ven una realidad virtual que coincide con lo que ellos quieren que sea y con lo que algunos quieren imponer a los demás.

Este dilema en relación con el análisis de la realidad en que nos encontramos inmersos y la concepción de la cual partimos, es un rasgo muy importante que se manifiesta en los análisis que se hacen sobre Cuba, los que son afectados determinantemente por el alto nivel de polarización tanto adentro como afuera del país al respecto del tema.

En este orden de pensamiento, identifico dos grandes vertientes virtuales, una que parte de una realidad que se quiere que sea, mediante la cual se presenta al sistema social cubano como un paradigma ideal sin defectos ni contradicciones antagónicas en su seno o bien la otra en que se demoniza totalmente a todo lo que tenga que ver con Cuba y su sistema social. En mi opinión, ambas versiones difieren esencialmente de la realidad que es.

En este sentido, el triunfalismo con que oficialmente se plantea la realidad interna, deja muy pocas oportunidades para la crítica necesaria, para el análisis en que todos podamos aportar nuestra forma de ver las cosas y nuestros criterios sobre los impactos reales de las políticas que se aplican. La práctica de la descalificación persistente de un lado y de otro, a quienes se atreven a plantear sus criterios con independencia de las fórmulas acuñadas de uno y otro signo, lo enturbia todo.

Las oportunidades de participación se hacen más difíciles y complejas dado el hecho de que los debates que se desarrollan sobre estas realidades, se realizan desde afuera del país en órganos extranjeros, en los cuales como es lógico tienen el papel principal personas que no viven dentro del territorio nacional. Los que estamos adentro contamos con muy pocas posibilidades de acceso a estos medios y cuando lo logramos entramos en un espacio donde la sospecha enrarece el ambiente.

Por otra parte, oficialmente se privilegia, destaca y publicita por todos los medios locales a las opiniones de las personalidades extranjeras, principalmente las de los que han asumido integralmente la versión oficial que se plantea. También se admiten o se pasan por alto sin mayores enfrentamientos, las opiniones críticas de determinados intelectuales marxistas del exterior, mientras los que permanecemos adentro sin convertirnos en alabarderos del pensamiento oficial al decir del Che, carecemos de los espacios, las seguridades y las oportunidades adecuadas para expresar nuestros criterios.

Las intromisiones y la agresividad del Gobierno de los Estados Unidos en todos estos años de Revolución han complicado seriamente la situación interna y afectan a esta necesidad del diálogo a partir de la consideración de que en una Plaza Sitiada las oportunidades para el diálogo son pocas, lo que en mi opinión no debe absolutizarse al punto de llegar al ahogo del pensamiento honesto y responsable de un signo u otro, porque sería materializar uno de los objetivos esenciales de estas agresiones ya expresado a finales del Siglo XIX, cuando la denominada Guerra Hispano Americana, en la que abiertamente se planteó el objetivo de compulsar a que los cubanos nos aniquiláramos unos contra otros. Estas intromisiones y agresiones son hechos reales a tener muy en cuenta, que se han manifestado y se manifiestan a través de múltiples agresiones concretas, así como de leyes y medidas arbitrarias, incluso algunas de carácter extraterritorial, entre las que se destaca el Bloqueo o Embargo como ellos lo denominan, pero que para el caso es lo mismo : una labor dirigida a tratar de compulsionar al pueblo de Cuba para que por hambre , miserias y desesperación inducida se revele contra el sistema establecido. Todo lo cual ha propiciado un ambiente de chantaje que incluye resultados controvertidos porque además de las profundas esencias ilegítimas y afectaciones reales de estas medidas, devienen también factores contradictorios que se usan para detener el pensamiento y la crítica constructiva.

A tales efectos, mirar hacia adentro desde adentro y expresarlo, incluso con una concepción positiva y de izquierda, se convierte en un ejercicio complicado y no exento de determinados riesgos, lo que constituye un problema muy importante, en mi criterio, para la puesta en práctica de una objetividad positiva que coadyuve al verdadero conocimiento de una realidad, que como es lógico y como resulta ser en cualquier época y latitud, se desarrolla en constante movimiento y se desenvuelve dentro de fuerzas encontradas, de un signo positivo o negativo, dado el carácter binario de la vida en su alternancia cotidiana entre el bien y el mal, lo acertado y lo erróneo.

Aquí quisiera reiterar algo que ya he planteado en otras ocasiones y es que considero que todos los cubanos sin excepción, deberíamos ejercitarnos en el respeto a las opiniones de los demás e incluso aprender a valorar los aspectos verdaderos y positivos que se expresen en las opiniones y criterios de quienes consideramos nuestros adversarios. Esta en mi opinión es una actitud de gran inteligencia y alto nivel de civilización.

En mi criterio, son estas circunstancias y coyunturas las que determinan una especial importancia al inusitado debate por la vía interna de correos electrónicos, que se ha comenzado a desarrollar a raíz de de la presentación por la Televisión Cubana de tres ex funcionarios de los medios culturales y masivos. En muchos años, nunca antes se había manifestado algo igual, totalmente novedoso, incluso por el medio empleado ya que en Cuba el correo electrónico se encuentra muy restringido y la red interna de la Cultura es una extraordinaria excepción al respecto. Este intercambio de correos electrónicos es muy especialmente novedoso también, porque ha concitado voces críticas de intelectuales cubanos principalmente de adentro junto con algunos que se encuentran radicados en el exterior, los que en su conjunto han comenzado a debatir con quienes no tienen la misma visión crítica. En mi criterio, el tema inicial fue limitado y muy parcializado, comenzó además con cierto sesgo de pase de cuentas sin mirar muchos de sus participantes a la viga que cada cual llevamos en nuestro ojos y tirando además una primera piedra desde tejados de vidrio. Así lo hice saber en mi primera participación personal en la que me presenté en mi condición de victimario y víctima; pero en definitiva por alguna parte había que comenzar y doy por bienvenido el debate y el diálogo que siempre es la mejor opción para enfrentar los problemas por muy complicados que sean, la cuestión es ahora reconducirlo hacia temas fundamentales que se refieran a los problemas generadores de otros problemas, a los problemas fundamentales y determinantes. En este orden de pensamiento considero necesario, no dejar que el debate sea mediatizado por intereses venales ni tampoco manipulado por otros intereses extraños a la solución positiva de los problemas que se plantean.

Es en esta dirección en la que he procurado enrumbar lo que ahora escribo, que simplemente constituye el resumen de lo que veo adentro de la sociedad cubana desde adentro en el momento actual y que considero solo un acercamiento no exento de errores y de consideraciones que requieran de correcciones y replanteamientos para su definición más adecuada, en búsqueda colectiva de la verdad que realmente es y sobre la cual debemos accionar de conjunto con vistas a la paz, la concordia, la justicia y el desarrollo de nuestra sociedad local. Por eso he comenzado mi análisis por plantear los obstáculos y acciones que se interponen a la posibilidad de debatir, de plantear honradamente nuestros criterios y opiniones sin ser coartados, descalificados ni mucho menos insultados, en el más pleno respeto de todos por todos. Estas posibilidades están directamente referidas a la libertad de conciencia y al libre albedrío inherentes a la condición humana.

En consecuencia, mi análisis no es totalizador, sino que abarca lo principal de por donde considero deberíamos comenzar para desbrozar adecuadamente la imprescindible necesidad de continuar con un diálogo entre cubanos de todos los medios sociales y condiciones, de adentro y de afuera, en donde se pase revista al universo de los muy agudos y complicados problemas que nos aquejan.

Desde hace algunos años en mis artículos y crónicas, he venido abogando por la necesidad del diálogo y la reconciliación y ahora que comienza un diálogo, que quizás no sea el ideal pero que constituye el que se ha hecho posible, debo ser consecuente y participar activamente y apoyarlo en todo lo que me sea posible.

Opino que si desde lo interno del país, no se entienden adecuadamente estos problemas por parte de quienes detentan los timones de mando de la sociedad y no se le da un verdadero respiro al pensamiento para que se facilite el desarrollo de la crítica, la autocrítica, el debate y que en consecuencia, se puedan expresar los desacuerdos, las proposiciones y los enfoques más diversos dentro de un espíritu de concordia, paz, fraternidad y respeto mutuo, lejos de fortalecer y afianzar a la Revolución en sus aspectos positivos que en toda circunstancia deberían preservarse , consolidarse y desarrollarse, se minarán por dentro las bases mismas de todo el proceso y su autodestrucción sería un problema de tiempo, lo que lamentablemente percibo que está sucediendo y quisiera encontrarme equivocado.

En mi criterio, estas reflexiones debería ser objeto de un análisis profundo con toda honradez y seriedad posibles, principalmente por los que desde sus responsabilidades accionan al objeto de limitar el pensamiento, la conciencia y el libre albedrío de las personas. Me parece que estamos en un momento de inflexión, aunque algunos se obstinen en negarlo, en el que la reconsideración, las correcciones de rumbo y los cambios positivos se hacen cada instante que transcurre, más imprescindibles al objeto de lograr realmente la vigencia práctica dentro de la sociedad cubana contemporánea del planteamiento martiano de actuar con todos y para el bien de todos.

En vez de emplear las energías y las fuerzas aún disponibles (porque realmente las fuerzas y energías se han ido lentamente agotando), tal y como lo hacen algunos, para coartar el pensamiento, la conciencia y el libre albedrío con responsabilidad moral y ética, deberían utilizarse en cambio para extender, liberar y desarrollar los procesos productivos y de servicios, facilitando la participación, así como las iniciativas individuales, familiares y colectivas que podrían cambiar definitivamente muchas de las tendencias negativas propiciadoras de la autodestrucción del proceso social, entre las que se podrían señalar el hastío que se generaliza sistemáticamente y el desinterés por el trabajo en su calidad y cantidad, con el que no se resuelven las necesidades básicas de la subsistencia; en torno a lo cual se plantean fenómenos de apropiación de recursos y mercancías de propiedad estatal que luego se circulan dentro de una red de mercado alternativo así como el cobro ilegal de gavelas por los servicios que como parte de su trabajo en el Estado prestan determinados funcionarios y otras formas más que sería extenso plantear, lo que se desarrolla dentro del marco de una profunda crisis de valores que requiere de un verdadero rearme moral de la sociedad.

Los problemas alarmantes de desorden y de corrupción que incluso han sido reconocidos y planteados por altos dirigentes gubernamentales y políticos, en mi opinión no se resolverán con una política represiva al respecto, la que controvertidamente podría afianzarlos y agravarlos. En este sentido, pienso que hay que asumir y reconocer su existencia como tal, para analizarlos profundamente en sus causas esenciales a los efectos de enfrentarlas en primer lugar y ante todo con medidas económicas y de orden administrativo, comenzando por el área del trabajo, las normas, los salarios y los precios al objeto de plantearse reformas concretas y las aperturas necesarias que faciliten un desarrollo consecuente que llegue efectivamente hasta los colectivos laborales y la ciudadanía en sentido general.

En este orden de cosas, serían necesarias profundas reformas en el área económica: los rendimientos vinculados con las normas, el salario en una moneda con verdadero poder adquisitivo, propiciar el desarrollo de la cooperativización, el trabajo por cuenta propia, las pequeñas empresas familiares y locales, la solución de los problemas que acarrea la doble moneda y el ajuste de los precios conforme a las realidades y niveles salariales a los efectos de que los ciudadanos puedan resolver su subsistencia y desarrollo a partir de sus propios esfuerzos. A tales efectos, sería imprescindible dejar a un lado a los voluntarismos, los paternalismos, las concepciones idílicas no posibles de aplicar en el campo de la economía y de la lógica de las personas, las restricciones normativas que conspiran contra el desarrollo individual y colectivo de la ciudadanía así como contra las satisfacciones válidas muchas de las cuales permanecen restringidas por criterios esquemáticos, las sacralizaciones y la implantación de un único pensamiento incuestionable.

En mi criterio, la solución de estos problemas contribuiría a un fortalecimiento efectivo de la base de la sociedad, el Ser Social, con positivas repercusiones sobre la superestructura o Conciencia Social, lo que unido al desenvolvimiento de la más plena libertad de conciencia y de creencias, propiciadoras en su conjunto de una necesaria recuperación de la espiritualidad tan dañada por los esquematismos generados por la política de ateísmo científico y sus secuelas, permitiría facilitar un clima propicio para la realización personal y colectiva de las personas, además de los reencuentros, las reconciliaciones y el perdón necesario que coadyuven a lograr un futuro de paz, justicia social, equidad distributiva real y desarrollo para nuestros hijos y nietos, que a su vez sería un importante factor capaz de aminorar y detener, el flujo de salidas definitivas del país que desangran progresivamente a la sociedad cubana contemporánea como resultado del hastío y la desesperanza. Además también pienso, que sería la fórmula más eficaz para el enfrentamiento a las tendencias anexionistas que algunos favorecen desde los Estados Unidos aprovechándose de las cerrazones y los dogmatismos en que muchos se ven atrapados internamente.

En estas circunstancias, se crearían las bases estructurales y supraestructurales, que facilitarían plantearse muy seriamente la realización de un esfuerzo por toda la sociedad en su conjunto, a favor de lograr un rearme moral, ético y cívico encaminado a recuperar una gran multiplicidad de valores que como consecuencia de todo el desgaste objetivo y subjetivo que ha sufrido la sociedad cubana contemporánea, se han ido perdiendo paulatinamente en un deterioro constante que es necesario detener con urgencia. Este un tema muy complejo que requiere de un análisis específico y solo lo he apuntado a los efectos de la necesaria unidad del conjunto de las situaciones que se observan cuando se mira hacia adentro con plena objetividad, responsabilidad y honradez de pensamiento.

Ahogar el pensamiento propio en su conjunto tanto al que acepta como al que difiere, acallar a quienes lo emiten con sinceridad y honradez, actuar contra el estatus de quienes lo plantean, sería dejar tierra arrasada dentro del campo de la verdadera inteligencia y voluntad de desarrollo positivo hacia el futuro. Esta situación podría mantenerse por un tiempo determinado pero en definitiva en la medida que se prolongue la crisis interior iría aumentando y eso realmente lo considero dañino y muy riesgoso.

Estos son, en mi criterio, algunos de los problemas principales, generadores de otros problemas, que afectan al Sistema Social cubano en la actualidad y que saltan a la vista cuando miro hacia adentro: El enquistamiento en una única y rígida concepción del socialismo, sin adecuarla con la dialéctica y el desarrollo efectivo de la vida, sin tampoco tener en cuenta que las personas necesitan realizarse durante su única vida conocida terrenalmente, ser libres de conciencia y de acción. Pienso que la fórmula no debería ser acallarlos y convertirlos en un tema tabú, sino afrontarlos abiertamente comenzando antes por reconocerlos, identificarlos, debatirlos y poner manos a la obra para su solución o de lo contrario resignarnos a ser meros espectadores de un proceso sutil de autodestrucción del Sistema Social por la vía de una implosión lenta y silenciosa.

Yo estoy en contra de destruir la Revolución, no me oculto ni me ruboriza decirlo, proclamarlo y defenderlo, aunque las tendencias actuales de muchos sean otras encaminadas a enterrar el Socialismo y dejarlo atrás. Yo creo en el socialismo, pero un socialismo verdaderamente humano y democrático, con profundas esencias cristianas en el que se cumpla a cabalidad el concepto planteado por Rosa de Luxemburgo de que la libertad es para todos o no es.

Lo que aquí expreso lo hago desde adentro, con espíritu autocrítico, sin eludir responsabilidades y comprometido con un proceso en el que he participado durante casi 50 años, en el que he sido victimario y víctima. En resumen, planteo estas reflexiones y criterios con la voluntad de coadyuvar a depurar errores, rectificar rumbos equivocados, repudiar lo mal hecho y lo injusto, defender todos los derechos humanos sin excepción de ninguno y preservar las ideas primigenias y los logros de la Revolución y lo presento como ponencia para el diálogo y el debate responsable y respetuoso del cual espero y confío surjan las correcciones necesarias y la soluciones imprescindibles.

Es triste que adentro no haya espacio para publicar las ideas y el pensamiento crítico y constructivo y que solo se pueda hacer afuera corriendo además el riesgo de la desautorización, la tergiversación y el silenciamiento, pero creo que va siendo hora de decir claramente lo que se piensa porque en realidad cada vez queda menos tiempo para hacerlo con paz, honradez, armonía y buena voluntad.

(PUBLICADO EN EL PERIÓDICO POR ESTO, SUPLEMENTO DOMINICAL UNICORNIO, MÉRIDA YUCATÁN,

DOMINGO 11 DE MARZO DEL 2007)

Félix Sautié Mederos

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