
Respetados colegas:
Correo electrónico mediante he podido conocer en parte el intercambio de criterios suscitado por la aparición en la TV Cubana de un programa "Impronta" dedicado a Luis Pavón y la de Jorge Serguera como entrevistado en "La Diferencia". Desconozco el contenido de los mismos ya que actualmente estoy en España invitada por el Ateneo "Jovellanos" de Gijón. Confieso mi asombro cuando en algunos de los mensajes que he recibido vi equiparar a los mencionados "sucesos" la aparición de Quesada en "Diálogo Abierto" hace varios meses. A dos personas amigas que me preguntaron sobre el asunto les aclaré que se trató de un programa dedicado a evaluar los cinco años de trabajo del espacio y que en él se incluyó una opinión grabada previamente a Quesada en su condición de asesor de la Dirección de Programación de la TV Cubana encargado de "Diálogo Abierto" y otros programas.
El hecho de que se vinculara la aparición de Quesada varios meses atrás para referirse a un asunto puntual y técnico, con la inclusión de Luis Pavón en un espacio dedicado a personas con una obra intelectual aceptada como capaz de marcar una impronta y con la presencia y declaraciones de Jorge Serguera en "La Diferencia" no me extrañó demasiado: que lance la primera piedra el que alguna vez no se haya dejado conducir, como Vicente, por donde dice la gente.
Lo que sí me sorprende y motiva a escribir estas líneas es que el Secretariado de la UNEAC suscriba una Declaración donde admite compartir “la justa indignación de un grupo" ante tres programas de la TV y mencione en primer lugar a " Diálogo Abierto" que, automáticamente, queda implicado en "expresar una tendencia ajena a la política cultural que ha garantizado y garantiza nuestra unidad" ; en la valoración de la Presidencia del ICRT de "que en su gestación y realización se habían cometido graves errores" y en " las torpezas" que pueden ser aprovechadas para dañar a la Revolución. Yo me pregunto si se tomaron el trabajo de revisar el "Diálogo Abierto" que tan "generosamente" califican. Antes de opinar -y de publicar la opinión- hay que investigar.
Como directora y fundadora de "Diálogo Abierto" afirmo que durante seis años hemos salido al aire respetando a la cultura cubana y a sus protagonistas. Alimenta nuestro día a día no el Premio en su categoría recibido por el programa en el Primer Festival Nacional de la TV Cubana con el tema "¿Dónde está la novísima trova?" , ni el Premio Especial concedido por la crítica en el Segundo Festival (2006) por el espacio dedicado a "La crítica cultural en los medios" ; nuestro difícil bregar por la compleja tarea de hacer televisión en Cuba respira gracias a los televidentes que nos respetan y a las personalidades que acuden por sus medios y afán de colaboración a nuestro estudio para darnos el prestigio de su presencia y su verbo. Allí han estado Premios Nacionales de diferentes especialidades, expertos de sobrada categoría, funcionarios de la cultura y los medios de difusión, figuras consagradas e intelectuales y artistas que serán protagonistas del futuro.
Declaro que soy feliz por haber estado durante 27 minutos de mi vida junto a personas que con su existencia y su obra garantizan cultura y unidad.
No he mencionado nombres para no incurrir en olvidos, pero sugiero que los oficialmente encargados de "valorar" y "declarar" y los que ejerzan su derecho a opinar pidan criterios acerca de "Diálogo Abierto" a personas como Reynaldo González y Miguel Barnet (ellos sí han sido invitados al programa) quienes lograron convertir en obra de impronta valedera el tiempo de pesar que les causó una etapa que se simboliza ahora en Luis Pavón.
Sugiero que no mezclemos lo que -como el aceite y el vinagre- terminará donde le corresponda según las leyes naturales y sociales.
Sugiero que no se afirme que la indignación es de " un grupo" , sino que se recuerde a Hemingway y a su punta de iceberg.
Sugiero que al ciclo de conferencias programado por el singular y atinado Desiderio Navarro se una la voz de la doctora Isabel Monal, quien junto a Fernando Martínez Heredia (y a otros marxistas a prueba de mediocres, oportunistas y superficiales) podrían recordarnos cuanto costó al llamado "socialismo real" ignorar los conceptos de Antonio Gramsci; o el tiempo que dedicó Lenin al debate cultural con el poeta Mayakovski; o la realización artística en el París de las Vanguardias y no en el Moscú de la Revolución de Octubre de los talentos apartados por la ignorancia e irresponsabilidad en cuanto a política cultural de los que sucedieron a Lenin en la entonces asediada y admirada Unión Soviética.
Sugiero, sobre todo, que no se pretenda poner punto final a un debate necesario. De la discusión nace la luz: eso me enseñó mi madre, una señora educada en un hogar asturiano entre los prejuicios de la primera mitad del siglo XX, que fue maestra voluntaria, fundadora de los CDR y la FMC y que decidió casarse con un emigrante gallego, conocido en Morón por su militancia sindical y comunista ya en los tiempos en que Machado asesinó al líder obrero Enrique Varona.
Gracias a quienes me hayan leído hasta el final. Y a quienes sigan opinando.
Nos vemos pronto.
Loly Estévez.
22 de enero de 2007