
Después de aquella vez, donde me ocurrieron cosas tan dolorosas como bestiales, quedé como en estado letal. Lo que era para mí la posibilidad de vivir feliz y realizado se me fue abolina, como un papalote de colores furiosos. Creía yo en la verdad; pero olvidaba, de las "Cinco dificultades para decir la verdad" de Brecht, aquella de "en manos de quién pones la verdad". Presento una ponencia, redactada en dos cuartillas, en la que exponía mis criterios sobre los problemas para el desarrollo de la cultura nacional en nuestro país. Dije que negros y blancos no estaban en igualdad de condiciones para la integración de sus aportes culturales. La discriminación racial no se borra con un decreto. Y en esa ponencia presentamos diversos ejemplos. Desde la muñeca rubia en los brazos de una niña negra, como en un reparto para una novela o para un clásico los actores y actrices no podían ser negros, las mil formas de considerar al negro un ser salvaje y bruto que "si no la hace a la entrada, la hace a la salida". La reacción en contra de estos argumentos fue extraordinaria. Una mayoría de cubanos blancos pedían para mí, con el pulgar hacia abajo, que me echaran a los leones del circo romano. Por supuesto, esto me trajo una tajante consecuencia, me quedé sin empleo y sueldo durante algunos años, durante el tiempolos que Llanusa fue ministro. Por aquella ponencia me consideraron como el lider de un Poder Negro en Cuba, al estilo del Black Power y con ramificaciones en la "negritude" de nuestro amigo Cesaire, el gran poeta de Martinica. A partir de ese momento fui un apestado.
En medio de toda esta etapa oscura se muere una hija mía. Pasa el tiempo y un día me llaman a una comisión ideológica del Partido. Me dicen que cómo yo habia aguantado soportado tanto, que de qué vivía... Y ante mí estaba el Presidente del Consejo Nacional de Cultura, el Dr. Mucio, siquiatra. Esa fue la noche en que me rehabilitaban. Me observaron durante mucho tiempo, a pesar de que no tenía un salario, trabajaba de gratis para el teatro no ocho horas, sino muchas horas más. Era miembro del grupo Los Doce. Cuando me dieron de nuevo un salario fue lo mínimo. Todo esto ocurre hasta la llegada de Torquemada que me cita al Palacio del Segundo Cabo en una oficina oscura, con una lamparita, dirigida a mi rostro. Me dijo que mi Hamlet era negrista porque los actores que había seleccionado eran negros. Pero esta vez me dieron un traslado para mantenerme alejado del teatro; volver a cantar por todo el país en la Agrupación Benny Moré. Al teatro volví cuando el "hipo" de una resaca de Pavón lo sacó en camilla del Palacio de Segundo Cabo.
Tomás González Pérez
Otro mensaje de Tomás González Pérez
Queridos seres que alumbran el camino de nuestra selva oscura. Lo que estamos viendo era de esperar; pero no es todo, faltan otros que estan detras de estas "erinias". Seres que saben odiar, porque han puesto su odio, que es su unico talento, al servicio de una nefasta utopia que es la de poner bajo control todo lo que es hermosamente humano en una sociedad. La verdadera utopia que merece todo nuestro empuje es la de que se termine la ecuacion del hombre lobo del hombre. Ellos son de tal mediocridad que dependen de nosotros; pero como ellos saben que sin nosotros, toda la intelectualidad y el arte de talento, ellos no pueden hacer nada. Pero todo estos, cuidado, son los hijos de Manuel Sanguily; y recuerden por que muere Placido. Esto es un avance de lo que viene. Pero recuerden que lo que se acaba de ejecutar es la apertura de la "caja de Pandora". No hay que precipitarse. Faltan nombres. Una vez una bailarina de cabaret, por supuesto que no era una buena bailarina; aunque muy hermosa. Le pregunta a su amante: "Oye, Papi, tu que andas por alla arriba. Dime por que Torquemada puede hacer y deshacer? El anciano funcionario le contesto: "Lo ampara el poder divino". Esperar a que se descubran el rostro todos los que estan enmascarado. Recuerden que estamos cerca del Triangulo de las Bermudas. Y lo que hemos dado por fenecido, esta en realidad enmascarado.
Que chambones podemos llegar a ser.
Les quiero.
Tomas Gonzalez Perez