
Como sabes el argumento más utilizado para cualquier debate cultural público o privado cubano, divide los pulsos de los diferentes criterios en dos corrientes fundamentales, izquierda y derecha, a la larga términos que en realidad, y a mi modo de ver, circunscriben la discusión a criterios específicamente intelectuales, de un asunto que tiene mucho que ver con la naturaleza misma de la formación de la elite revolucionaria en el poder, que no ha sido la misma durante cincuenta años. Muy poco conocemos sobre los debates ideológicos a los que se enfrentaron los diferentes integrantes de la elite, menos de sus alianzas políticas internas. El justo temor a la fragmentación de esa elite, por una parte, propició que hayamos permanecido "compartimentados" todos estos años de un debate que hoy se expresa con abundante curiosidad entre los más jóvenes, confundidos por libros de historia, panfletos, nombramientos, fotografías y biografías autorizadas, revisadas y escritas tan insulsamente, como cualquiera de los libros aprobados durante el pavonato. Dentro de esa madeja de intereses políticos, insurreccionales y no insurreccionales, algunos anteriores a la caída del batistato, están los embriones de Pavón, o de los que como él fungieron como victimarios. Nada los disculpa. No los asiste razón alguna para tan arbitrario e inmoral comportamiento, pero sí contaron -y cuentan- con la autorización y la delegación de poderes. No fueron políticas aisladas y son fácilmente identificables en aquellos debates iniciales del triunfo revolucionario. Lo que ocurre desde hace mucho tiempo en la televisión, y ocurrirán cosas peores, estoy seguro que expresa más que una tendencia, la enorme ignorancia que hoy campea por su respeto en el ICRT, aunque pienso que en momentos de crisis, homenajear a los victimarios es también una manera de sacarlos del debate y evitar que a través de ellos se evidencien aquellas fisuras mayores. No voy a escribir un rosario de argumentos sobre esta última idea, que haría palidecer a la mayoría de los integrantes del debate y retirarse a una buena parte de ellos por miedo, desinformación o ignorancia. He pasado los últimos tres años de mi vida recogiendo testimonios, no solo de las víctimas, también de los victimarios, para articular un cuerpo verbal que regalarle a mi hija, de solo cinco años, cuando tenga edad para hacerse un juicio de los acontecimientos que pasaron. Aspiro a que se interese por los problemas que entorpezcan la vida y el porvenir del tiempo que le toque, pero muy pocas herramientas le están legando las instituciones, mucho menos ustedes los sobrevivientes. Cuando quieras, en las circunstancias que quieras, de la forma que elijas que sea en beneficio del amor, mi patria, lo mejor de la revolución y la cordura, cuenta conmigo para el debate. Pero Rey, bien sabes que jamás me invitarán.
Juan Pin