
Queridos Reynaldo, Antón, Senel y Rebeca, Jorge Ángel, Arturo, Angelito Santiesteban, Eduardo, Waldo, Amir, queridos todos:
Acabo de leer una buena compilación de correos intercambiados por ustedes en Cuba. Uhmm, se me pone la carne de gallina con todo esto.
Les sorprenderá un poco este correo, porque a la mayoría de ustedes no los veo desde hace muchos años y a los otros casi ni les escribo..., pero la verdad es que se me ha calentado la sangre. Ahora bien: Como yo no soy un revolucionario, y como nunca lo fuí, y como además por edad no padecí el Pavorato, y encima como desde hace ya cinco años vivo en el exilio más puro y duro, parece que no tengo mucho que aportar a este debate; pero, aparte de reiterarles mi cariño y apoyo incondicional (si es que lo aceptan de este guajiro refunfuñón echado por el Destino (como Barry Lyndon) en la extraña Germania), a pesar de todo me gustaría sumar unas pocas palabras a lo ya dicho.
Está claro que los Pavones y los Sergueras, como los zombies, son bestias fáciles de resucitar porque nunca fueron enterradas, y porque, esta vez como los vampiros, pertenecen a un vampiro mayor o al mismísimo Señor de las Tinieblas, que es en definitiva quien manda o quien hace que corra la sangre de los inocentes. Pero ya esto lo ha dicho alguien más, y encima todos los sabemos muy bien.
Como muchos de ustedes no olvidarán quizá, fueron innumerables las ocasiones en que las fauces de la Seguridad del Estado y sus compinches del Partido(o viceversa) se abrieron para tragarme, tal vez aprovechando la circunstancia de que todos ustedes, en la Habana, estaban demasiado lejos como para escuchar mis pataleos, allá en aquella pocilga de Ciego de Avila. Me dieron de patadas en los calabozos, me amenazaron y vejaron, y muchos en el "ámbito cultural" me menospreciaron y ningunearon durante años. Nadie, nunca, me quiso dar trabajo en Ciego de Avila, ni siquiera de almacenero en una Casa de cultura.
¿Y cuándo ocurrió todo esto? Por supuesto que no fue durante el famoso Pavonato, durante el cual yo no tenía más de cuatro años, sino en un período de tiempo que va desde mediados de los años 80s, todos los años 90s y casi hasta el mismísimo 2002, cuando casi por puro milagro de Abel y creo que de Barnet me dejaron salir del país hacia Berlín, después de haberme acosado hasta el último minuto a nivel de los recientemente reverdecidos CDRs, como parte de la Batalla de Ideas y con el consentimiento de Cultura, del Partido y de todos. A propósito, les cuento: mis sabuesos avileños estaban envalentonados, porque, según me contó alguno de ellos, los dientes afilados y la lengua babeante de rabia, después de que Abel interviniera en mi defensa la último vez, Sacha(quien también tantas veces tuvo que correr a causa de mi pellejo, gracias viejo) y otros funcionarios declararan a quien quisiera oírlos, que "la próxima " nadie me iba a defender. Servido en bandeja de plata!
Aparte de eso, yo estaba servido en bandeja de Plata por la Asociación Hermanos Saíz y por Alpidio Alonso, sencillamente porque en una de las reuniones preparatorias del Congreso de ésta(al cual me habían elegido delegado directo o algo así, ya no recuerdo bien, y al cual en definitiva nunca asistí), y ante el servilismo generalizado, me había atrevido a decir que no debíamos hacer un Congreso para complacer a Aquél(Fidel Castro) que había decretado por años la suspensión de tal evento, desde los tiempos de la AHS de Eloisa Carreras, cuando los artistas jóvenes todavía se atrevían a decir unas cuantas cosas a ese mismo poder que ahora los amenaza a ustedes, y que ya a mi no me puede tocar, gracias a la mediación de Dios y del Océano Atlántico.
Ya sé, ya sé, no crean que olvido que gracias a muchos de ustedes y a unos cuantos más y al hecho de que nunca cometí otro delito que llamar las cosas por su nombre y tener la lengua larga, no pasé nunca más de dos semanas en los calabozos. Gracias a eso y a que la máxima autoridad de la cultura no era entonces PaVoR, sino Abel Prieto. Pero es que en cierto sentido yo era un privilegiado, porque era un escritor joven(ya no tanto, que horror!) conocido y porque encima tenía el apoyo de algunos de ustedes, con influencias allaaaaá, en La Habana. Pero ¿y qué pasó con los que no tenían tales privilegios? Pues se pudrieron en la cárcel, y después al exilio, siempre al exilio. Y hablo de escritores: los otros, sean inocentes o no, que se jodan, aunque se trate de "no revolucionarios no contrarrevolucionarios", esa categoría tan rara o zombi ideológico que parece existir en Cuba.
Lo que quiero decir es que el Monstruo siempre estuvo y está ahí, listo para dar el zarpazo, porque no existen contrapesos que estabilicen la política del país; no existe la Razón, sino la caprichosa y a veces antagónica voluntad de unos pocos y la sumisión del rebaño.
Queridos míos, yo estaré rezando por ustedes en los tres idiomas en que pudiera hacerlo, por si Dios entiende alguno de ellos. Temo por todos ustedes. Creo que necesitan de mucha suerte y de la ayuda de Dios.
Un fuerte abrazo, desde Colonia, Alemania
Jorge Luis Arzola
11 de enero de 2007