“ MISIÓN DE LA JUVENTUD”

 

 AIMARA ¡Qué maravilloso es poder decir “tengo una misión, un para qué vivir, una gran responsabilidad”! Si ése es tu caso, tú quien ahora mismo estás leyendo, ¡en horabuena! Al terminar este texto sabrás por qué te digo esto. Tener una misión es la gran chispa para vivir, es como un efecto bujía en un automóvil. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra misión: poder, facultad que tiene una persona para desempeñar algún cometido. 

De esta definición se desprende que al tener una misión se experimenta ese poder vital para emprender algo.

Dentro de la psicología social está comprobado lo siguiente: “Si no diriges tu propia vida, alguien lo hará por ti”. Y es dramáticamente cierto. Imagínese su propia dinámica familiar, si no elige usted el restaurante a donde ir a cenar, otro lo hará por usted. Si ese modelo se experimenta desde pequeños, la lógica consecuencia es ese mismo comportamiento cuando jóvenes o adultos, y de ahí la gran dificultad para elegir una opción en la toma de decisiones en una junta corporativa.

En la juventud está el cambio de creencias, en la juventud se encuentra el desafío de mejorar, en la juventud se encuentran grandes respuestas. Los jóvenes necesitan encontrar esa misión que les permitirá vivir apasionadamente la vida, y la respuesta está siempre en su interior. Jesús dijo: “Si quieres encontrar la vida, has de mirar en tu interior”. También Buda lo dijo. Está escrito en las Sagradas Escrituras hebreas, el Corán, el Cita, el Libro Tibetano de los Muertos, el Tao, todos nos recuerdan lo mismo. Las búsquedas  fuera de uno mismo no tienen validez, lo extravían a uno. Joven: si quieres respuesta sobre ti, las respuestas están dentro, no fuera.

Lo más duro que puede haber en la vida es ser algo que no eres. Lo más fácil es ser uno mismo. Lo más difícil es lo que otras personas pretenden que seamos, porque no es nuestra esencia. Y para dimensionar esto necesitamos encontrar nuestra misión, desafiando a todo y a todos.  Vale la pena el riesgo que se corre en encontrar el sentido de nuestra vida, nuestra  misión  existencial.

Mira, permíteme explicarte algo, nuestra juventud pasa por épocas, por modas, por ciertos inconscientes colectivos que influencian el comportamiento y las creencias, como la etapa hippie, la época yuppie, la generación “X”, etc., y hoy se está viviendo una etapa enferma, una enfermedad que, dice el doctor Viktor Frankl, es de vacío existencial.

Pero, ¿cuándo se presenta este mal? “El vacío existencial se experimenta cuando el milagro de la vida prescinde del compromiso con la existencia”. Una misión nos invita al compromiso, una misión es la mágica cura para esa enfermedad del siglo XX. Una misión nos invita a responsabilizarnos. Vivenciar una responsabilidad nos hace aparecer en el mundo.

Se encontraba un militar con prestigio de ser villano, asesino y criminal, pues había mandado matar a miles en la última batalla, derramando sangre de cientos de inocentes. Cierto día reunió a todos sus soldados y seguidores para dictarles las siguientes estrategias de las guerras que se avecinaban. Todos los oyentes se encontraban impávidos ante su discurso, consternados por tantas muertes y tanta sangre derramada; de repente, entre la masa se escuchó a alguien quien lo increpó: “¡Oye tú, dónde estabas cuando murió tanta gente, dónde estabas cuando mataste a tantas familias!” Se hizo un escalofriante silencio. Nadie hablaba y no se supo de dónde surgió esa voz. El orador con una mirada penetrante ante sus oyentes, dijo: “¡Póngase de pie quien ha osado interrumpirme!” Ni uno solo lo hizo. Parecía que nadie respiraba, y luego de un largo silencio continuó el militar: “Tu respuesta ahí la tienes, yo estaba en donde tú te encuentrasahora”.

Hoy, aquí en un mundo globalizado, en un mundo que tiende a desaparecer fronteras, existe un recurso más poderoso que cualquier economía mundial, un recurso de más impacto que cualquier otro gran avance tecnológico, un recurso superior a cualquier cantidad de petróleo en el mundo, un recurso con más fuerza que cualquier armamento nuclear del planeta, ese recurso son nuestros niños y nuestros jóvenes, con una misión, con gran responsabilidad ante su propia vida. Cambiemos la perspectiva, cambiemos la óptica, ya no es suficiente gritar “¡Por mi patria!”, “¡Por nuestros jóvenes!”, ¡no!, necesitamos dimensionarnos más allá, y gritemos y actuemos ¡por el mundo!, ¡POR LA JUVENTUD DE ESTE PLANETA, CON UNA NUEVA CONCIENCIA! ¡Sí se puede! Cito a Margaret Mead: “NUNCA PONGAS EN DUDA QUE UN PEQUEÑO GRUPO DE CIUDADANOS PREOCUPADOS Y COMPROMETIDOS CON SU TIEMPO LOGREN CAMBIAR EL MUNDO; DE HECHO, ESO ES LO ÚNICO QUE LO HA CAMBIADO”. Del mismo modo que el estado de nuestra vida es un reflejo de nuestro estado mental, el estado del mundo es un reflejo de nuestro estado mental colectivo. La juventud de este planeta azul llamado tierra requiere de una nueva conciencia, y aquí ya empezamos.

En tu misión debe existir un nuevo modo de pensar, porque como dijo Albert Einstein: “Los importantes problemas a que nos enfrentamos no pueden resolverse al mismo nivel de pensamiento con que los hemos creado”.                                                                                                     

Este hombre, considerado como uno de los intelectuales más brillantes de los últimos tiempos, nos recuerda que no podemosseguir pensando en términos de división si deseamos traer la unidad a nuestro planeta. No podemos seguir pensando en términos militaristas si deseamos traer paz a nuestro mundoNo podemos seguir pensando en términos de odio si deseamos que haya amor en la tierra.

¿Qué tienes que puedas dar? Sin dejar de tener en cuenta que tu propósito es siempre dar, amar y servir en alguna capacidad, sea cual fuere la vocación que has elegido, es primordial saber qué vas a poder dar en tu misión y en tu propósito. No hace falta una inteligencia especial para saber esta simple verdad: no puedes dar lo que no tienes. Si no tienes dinero, es evidente que no podrás dar dinero. Este principio puede también aplicarse a tu contribución a la revolución espiritual y mental de un mundo globalizado hacia finales del siglo XX. Si no tienes dentro de ti amor, armonía o paz, será imposible que contribuyas con estas cualidades a la misión. En consecuencia, te hallarás entre aquellos que observan cómo tiene lugar esta revolución, o bien, se preguntan por qué no participan en ella o forman parte de la resistencia.

Lanzo una misión: “Ayudar al ser humano a ser más humano”.Recuerda que cada pensamiento puesto en práctica y convertido en un acto de ayuda, propósito o amor, será tu contribución a una gran misión colectiva. No tengas miedo a luchar por tu misión. Viene a mi mente lo que aprendí de uno de los mejores psicólogos contemporáneos, William James: “Una idea nueva se condena primero como ridícula y luego se desecha como trivial hasta que, finalmente, se convierte en lo que todo el mundo sabe”.

Hallarás un mundo repleto de verdad, bondad y belleza cuando abraces la misión que conlleva la responsabilidad de su creación, en lugar de rechazarla.

Si en unas cuantas líneas he logrado motivarte a que busques y encuentres tu misión, tu compromiso con la existencia, enamorarte de la vida, siendo un joven idealista que se lanza por su cometido vital, entonces, mi propia vida se encuentra en plena realización, ¡ha tenido sentido el que esté vivo y justifico mi existir!

 Pobre  del  que  tiene  miedo  de  correr  riesgos,

porque  ese  quizá  no  se  decepcione  nunca,

 ni  tenga  desilusiones,  ni  sufra

como  los  que  persigan  un  sueño.

El  hombre  es  bueno  cuando

hace  mejores  a  los  otros.

Dios santo,

danos la relación contigo que nos permita

resolver las diferencias con otras personas.

Por Cristo Jesús.

AMEN. 

Saludos  con  afecto.

r. g. a.

SI NO LUCHAS, TEN AL MENOS LA DECENCIA
DE RESPETAR A QUIENES SI LO HACEN.
JOSÉ MARTÍ

 

Acerca de Gustavo Pardo

Nacido en La Habana, Cuba el 18 de Diciembre de 1941. Especialista Geoteénico. Ex presidente de la Academia Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gra Logia de Cuba y ex Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del Grado 33 para la Republica de Cuba
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