REFLEXIONES SOBRE LA TOLERANCIA

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  La Tolerancia en el mundo Profano

 Los tiempos que nos tocan vivir son severos. Junto a la falta de ética y de moral, subyace el materialismo, el “individualismo feroz”, un desenfrenado impulso por obtener “más”. Y entonces la Intolerancia emerge tentadora, para repetir el tema del árbol y la manzana. De ver todos los días la intolerancia, falta de solidaridad, convertidas en costumbre, tal vez al punto de ni siquiera ser advertidas como tales. Por ello, hoy más que nunca resulta de suma importancia reflexionar sobre el tema de la tolerancia en estos momentos tan duros y difíciles, sobre todo para algunas personas de mediana edad, que sentimos -como decía Machado- que otro grupo nos ” ha helado el corazón”. Es importante tratar de profundizar en la dicotomía tolerancia – memoria histórica. En una ciudad francesa (Tarbes) cercana de Zaragoza, existe un monumento (muy común en Europa) en memoria de todos los deportados a campos de concentración. Enumera todos los campos (incluidos los españoles como el de Miranda de Ebro) y cita una frase que me parece maravillosa: “Ni odio, ni olvido”. Porque la Tolerancia nos debería enseñar a no odiar pero también a no olvidar. Con mucho esfuerzo individual intentemos no odiar, pero no nos equivoquemos intentando superar el odio con el olvido. Si olvidamos tal vez consigamos no odiar, pero a la vez impediremos sustituir “las malas situaciones” por otras mejores. Cuesta mucho imbuirse de tolerancia en momentos y lugares donde los valores democráticos que tanto nos ha costado conseguir, se encuentran en “almoneda”. Es duro ser tolerantes ante un Gobierno intolerante. Es duro ser tolerantes cuando la mentira se utiliza como “justificación de Estado”. Por ello resulta muy importante “profundizar” en la reflexión sobre la tolerancia como principio fundamental que tanto anhela la humanidad y que sin embargo a algunos nos cuesta un gran esfuerzo llevar a la práctica. ¿Qué es la tolerancia sino enterarse cada cual de que tiene frente a sí a alguien que es un hermano suyo, quien, con el mismo derecho que él, puede opinar lo contrario y concebir de contraria manera la felicidad pública? La Tolerancia para perfeccionarse, es decir para ser efectiva, real, debe de ser no solo una actitud individual sino una conducta social, pues justamente presupone como condición sinO quE non una conducta distinta de la nuestra con la que debemos convivir. Por eso la tolerancia es uno de los signos más claros de la civilidad y la cultura social de un pueblo. La Tolerancia esta relacionada directamente con la aceptación y el intercambio de IDEAS, en un ambiente de igualdad de posiciones, de respeto, de civilidad, no con situaciones o conductas individuales o colectivas socialmente aceptables o no. La Tolerancia debe convertirse en una practica común, en parte de nuestra civilidad como sociedad. La Tolerancia debe acercar posiciones, para superar las mínimas diferencias que nos separan y para, de una vez, centrarnos en todo lo que nos une. Una sociedad tolerante, por su propia naturaleza, rechaza (no combate, pues sería ponerse a su mismo nivel) indistintamente a todo aquel que dentro de ella no lo fuere. Desde el punto de vista profano y sobre todo desde el político, la tolerancia por supuesto que no puede ser sinónimo de indiferencia, de indolencia, sumisión o vasallaje. Es una condición imprescindible de la democracia y el mecanismo por el cual todas las partes pueden exponer sus ideas con civilidad y la ciudadanía puede inclinarse por la que le parezca más compatible a su forma de pensar de acuerdo con las condiciones específicas del momento y del lugar, todo esto en la arena de la denominada “opinión pública”, fomentada y conducida por los medios de comunicación. “La Tolerancia es una planta frágil que es cultivada de manera permanente por la Masonería desde hace casi 300 años. En medio de la gran crisis de valores que vivimos en la actualidad, la Masonería es una de las instituciones que ha podido mantenerse en pie, por lo avanzado en su práctica de la tolerancia y la fraternidad. Tolerancia es aceptar al otro tal cual es, con sus ideas políticas y religiosas, su posición social, además de su intelecto y moralidad. Tolerar es aceptar la diversidad tal como se presenta. Para lograr entender el concepto basta con mirar la naturaleza y ver que en ella conviven diferentes especies cumpliendo cada una el rol que le corresponde. Podríamos pensar en la tolerancia como la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y ubicarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona. Para practicar la Tolerancia debemos fundamentalmente respetar las ideas. Cualesquiera sean, tan solo condicionando su presencia en tanto impliquen hallarse en los parámetros del Bien. Lo mas execrable en materia de convivencia intelectual, es pretender clasificar o calificar a los que no piensan como nosotros. De ahí que la Tolerancia, en términos sociales, más que reactiva es proactiva, es decir, es una Actitud, una forma de ver y vivir la vida que todos los seres humanos debemos tener frente a os demás en cuanto a sus ideas, gustos, formas de ser, etc. aunque no sean iguales a los nuestros, una forma de conducirnos ante los demás que implica a la vez el derecho y la obligación de procurar respeto a las divergencias. Puede que nuestras palabras no sean bien recibidas por otros, que haya gentes que piensen distinto, pero si respetan lo que decimos, adoptan una actitud tolerante hacia nosotros. La tolerancia se rompe cuando el otro no la respeta y eso pone en peligro el bienestar colectivo. De ahí que haya cosas y hechos que por su propia naturaleza no son ni pueden ser tolerables: El abuso, todo aquello que causa quebranto, dolor, lo que nos aleja de la felicidad, que pretende nuestro libre pensamiento, anularnos como seres. La intolerancia se sustancia en la Intransigencia, el fanatismo, la terquedad, la obcecación, la obstinación, la tozudez, que si bien son sinónimos, agravan el padecimiento. Los intolerantes tienen un rasgo apropiado que los define: son ignorantes, pero no analfabetos. Suelen dañar reputaciones sin medir las consecuencias; repudian lo que no entienden ni saben; como carecen de ideas nobles y > ecuánimes, no esgrimen ideas: utilizan el puñal de la difamación, el filo de la palabra descalificante. La Intolerancia, en todos los tiempos, viene precedida de un halo de «virtuosismo» fundamentalista, que pretende soslayar la necesaria ética que impone el respeto hacia el otro, hacia sus ideas y sus acciones. La «presunción», junto con la Intolerancia, constituyen el caldo de cultivo -cuando no la causa- de todas las violencias y la maldad del ser Humano. No existe nada menos objetivo y triste que un hombre guiado por sus prejuicios, cerrado a la comprensión y fundamentalmente a la razón, y cuya conducta pueden derivar en causar perjuicios a quienes no tolera. Y para ejemplo, podemosverlo en el espejo de los Torquemadas de todos los tiempos.

About Gustavo Pardo

Nacido en La Habana, Cuba el 18 de Diciembre de 1941. Especialista Geoteénico. Ex presidente de la Academia Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gra Logia de Cuba y ex Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del Grado 33 para la Republica de Cuba
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