San Salvador, Febrero 2 de 1934.(Tomado de la revista “Shittah”, de la Gran Logia “Cuzcatlan”, de El Salvador).En la Tenida ordinaria del viernes anterior, el Venerable Maestro (V.M) de nuestra amada Logia, dispuso entre otras cosas dar prin­cipio a las Tenidas de instrucción del presente año masónico, con el objeto de acrecentar el acervo de conocimientos a los Apren­dices y Compañeros de este Respetable Taller, designándome para que en unión de otros Venerables Hermanos Maestros Masones (M.M) os hable sobre el sim­bolismo de los instrumentos del trabajo del Aprendiz: el MAZO Y EL CINCEL.Aunque no tengo la pretensión de sapiencia para delinear una charla de finalidad masónica que pueda orientar con efi­ciencia a mis queridos hermanos que me escuchan, me permito hacerlo por disciplina, empleando sí, toda mi buena voluntad para brindar mi pequeño bagaje intelectual masónico del que mucho necesito todavía para merecer tan honrosa distinción como esta, de instruiros en una ciencia que yo también, puedo deciros, empiezo a conocer. 

MAZO, MARTILLO O MÁLLETE, nombre que se da al ins­trumento que es símbolo de autoridad en la Masonería y que corresponde al Venerable Maestro (V>M). y a los dos Vigilantes, para que por medio de sus golpes dirijan los trabajos de los hermanos. Se dice pri­mer mallete al cargo de Venerable, segundo mallete al de Pri­mer Vigilante y tercer mallete al del Segundo Vigilante.CINCEL. Instrumento que sirve para el desbastamiento de las piedras.Queridos hermanos Aprendices y Compañeros. Estos dos instrumentos sencillos que en la vida profana no se les da nin­guna importancia y que muchas veces habréis visto amontona­dos en los rincones del olvido, en la masonería son símbolos pre­ciosos de alto significado, son objeto de constantes y cuidado­sos estudios, los que una vez comprendidos son ya una joya de mérito indiscutible; sabiéndolos aplicar en la práctica, consti­tuyen toda una obra. Estos son vuestros inseparables instru­mentos que debéis emplear en desbastar la piedra bruta.Feliz, enormemente feliz, el masón que puede emplear siem­pre con acierto estos dos instrumentos en toda su profundidad ideal. Porque, bien lo sabéis, la Piedra Bruta es la humanidad, nosotros mismos, el cincel es la razón y el mazo la voluntad. Cuando los golpes son firmes, un hombre humilde puede imitar a un sabio por la perfección de sus sentimientos; y cuando el cincel es bien forjado y el mazo es inquebrantable, también puede brotar al golpe formidable una piedra cúbica, sobre la que puede levantarse un mundo, por lo que Cristóbal Colón me­recía ser, si no lo fue, un masón, por lo menos un aprendiz.Nuestra Orden, hermanos aprendices, fue en sus orígenes una asociación de albañiles, de constructores, de aquellos que, piedra sobre piedra, levantaron en la antigüedad, en Egipto,Jerusalem, Roma, etc., etc., esos monumentos y esas catedra­les, que han sido la admiración de civilizaciones sucesivas. Y nosotros seguimos siendo albañiles, obreros constructores, con la diferencia de ‘que nuestras edificaciones han de ser sociales. Pero para hacer obras monumentales, formidables construccio­nes humanas, hemos de comenzar por edificarnos nosotros mis­mos, por cincelarnos interiormente, quitándonos todas las aspe­rezas que nos hacen inhábiles para la sociedad.Siguiendo estos principios, queridos hermanos, golpeemos siempre con acierto, trabajemos incansablemente porque nues­tra obra no tiene límites. Yo creo que la iniciación masónica no termina sino con los días de cada neófito y estamos obligados a laborar hasta conseguir el fin que nos proponemos, es decir al­canzar el perfeccionamiento que es la virtud.Penetrar en la Masonería no es pues asociarse a una ins­titución cualquiera, no es pertenecer solamente a una corpo­ración de mutuo apoyo, significa renacer de sí mismo para las nobles luchas interiores y para los nobles trabajos sociales.En la masonería operativa practicada por nuestros her­manos en la antigüedad, estos instrumentos a que se refiere mi plática, servían para labrar los materiales empleados en sus diversas construcciones, pero a nosotros, que practicamos la masonería especulativa de libres, antiguos y aceptados ma­sones, se nos ha enseñado a hacer uso de dichos instrumen­tos para un fin más noble y glorioso que es bien de la Humani­dad y de nuestra Logia en particular.El cincel, que simboliza primor, nos enseña que con las ventajas del estudio, la educación y las buenas costumbres se puede llegar a ser digno del aprecio del mundo entero; y el mazo, símbolo de fuerza, sirve para remover de nuestra alma las asperezas de la ignorancia y para apartar de nuestra mente y conciencia todos los vicios y superfluidades de la vida, preparándonos como piedras vivas para el edificio es­piritual de la eternidad.Bien estudiados estos dos instrumentos enseñan la clase de conducta que el hombre debe observar, no solamente para si mismo, sino para con sus semejantes. Muchos considera­mos la materia prima de nuestro carácter, pobre, mezquina, e inadecuada, comparándola con la de otros a quienes cree­mos superiores o privilegiados; pero si queremos, haciendo un esfuerzo de hombres de carácter y de buena voluntad, con paciencia, estudio y lucha tenaz, y con ayuda del mazo y cin­cel masónico, podemos forjar también a igual categoría nues­tra materia prima, trasmutando por albañilería espiritual,, la tosca piedra de naturaleza inferior en la finísima y tallada de nuestra divina y superior individualidad.Para terminar, ruego a mis queridos hermanos aprendi­ces y compañeros masones, que nos agrupemos en nuestro Taller con la perseverancia necesaria para que hagamos luz sobre los ciegos y aprendamos a manejar los instrumentos re­novadores que hay en él. Dejemos afuera del Templo todos los vicios y las cobardías, seamos buenos masones de verdad y sólo entonces tendrán los aprendices y compañeros la se­guridad de estar llevando su mandil con el prestigio que se debe; y nosotros los maestros tendremos la conciencia de me­recer serlo.


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