Tomado de : http://www.diariodecuba.com/cuba/1459145128_21253.html

El proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, en el que se inscriben el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, marca el fin de la confrontación y abre una nueva etapa en la que se impone la recuperación de derechos perdidos para que los cubanos participen como sujetos en los destinos de su nación. Uno de esos derechos es el referido a la soberanía nacional.

En el discurso pronunciado por el presidente cubano el 20 de diciembre de 2014, en la Asamblea Nacional del Poder Popular, expresó: “Entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba hay profundas diferencias que incluyen, entre otras, distintas concepciones sobre el ejercicio de la soberanía nacional…”.

El tema de la soberanía nacional durante la confrontación con Estados Unidos fue coto privado del Gobierno, pero Cuba es Gobierno y Pueblo. Para ello me remito a la definición del término  soberanía, su evolución a través de cinco de sus máximos  exponentes y su manifestación práctica en nuestra historia constitucional.

1- El francés Jean Bodin, defensor del absolutismo monárquico, en su obra fundamental Los seis libros de la república (1576), define la soberanía como el poder máximo que tiene el soberano para imponer leyes. Su tesis central es que la soberanía es absoluta, indivisible e irrestricta y que reside únicamente en el monarca, es decir, en el soberano, quien se somete solo a la ley divina o natural.

2- El jurista alemán Juan Altusio, en la obra Análisis Sistemático de la Política, introdujo el concepto de soberanía popular. Para él la soberanía reside en el pueblo y no puede ser enajenada ni transferida, porque es un patrimonio colectivo que se ejercita sólo en asociación. Altusio considera a la soberanía intransferible pero representable; mientras el instituido como gobernante es sólo un mandatario designado por el pueblo para una función pública, que de ser incumplida, el pueblo –depositario exclusivo de la soberanía– tiene la facultad de destituirlo.

3- El inglés Thomas Hobbes, ideólogo de la restauración monárquica de 1660, en su obra Leviatán (1651), parte de la existencia de un estado de naturaleza originario del cual la humanidad sale a través de un contrato para dar nacimiento a la sociedad civil. Mediante ese contrato los hombres transfieren la soberanía a la persona elegida para que los gobierne, es decir al monarca. Para su seguridad los contratantes pagan un precio: la renuncia a todos sus derechos y libertades a favor del instituido como soberano, quien no se somete –a diferencia de Altusio– ni a la ley divina o natural.

4- El francés Carlos Luis de Montesquieu, ideólogo de la monarquía constitucional, en su principal obra El espíritu de las leyes (1748) realiza una apología del constitucionalismo y de la monarquía parlamentaria, una monarquía constitucional con facultades limitadas por: Un Poder Legislativo bicameral, con una cámara alta de aristócratas y otra baja o popular integrada por elección mediante sufragio universal. Un Poder Ejecutivo para el cumplimiento de las leyes, depositado en el monarca. Y un poder Judicial para la aplicación de las leyes. La teoría tripartita de Montesquieu acerca de la división de poderes como única forma de librarse del despotismo, con la cual el concepto de de soberanía asumió su mayoría de edad, fue recogida por la revolución francesa en 1791 e incorporada a todos los textos constitucionales de Europa y América.

5- El francés Jean-Jacques Rousseau en El Contrato Social (1762), definió la soberanía como poder del pueblo. El propone  una forma de asociación capaz de defender y proteger a la persona y los bienes de cada asociado. Una asociación que convierte a los contratantes en una persona pública que toma el nombre de República, en la cual el soberano es el pueblo contratante. La soberanía es la autoridad donde reside el poder político y público de un pueblo, una nación o un Estado. Por tanto, para que una voluntad particular, como es el caso del gobierno de turno, esté conforme con la voluntad general tiene que estar sometida al sufragio libre del pueblo, que es el soberano.

Se trata de una democracia directa donde la soberanía radica en el pueblo. En esa democracia se distinguen la voluntad y la fuerza: Poder Legislativo y Poder Ejecutivo, donde el segundo se encarga de la ejecución de las leyes y del mantenimiento de la libertad tanto civil como política. La separación de ambos poderes es la garantía de que no puedan suplantar al soberano, es decir, al pueblo. Por su impacto El Contrato Social fue uno de los tratados de teoría política más influyentes del siglo XVIII. Desde entonces el término soberanía popular se convirtió en el evangelio de la revolución francesa y de los cambios contemporáneos.

Su primera manifestación en Cuba tuvo lugar cuando los revolucionarios de 1868, con diferentes concepciones sobre la República en Armas, convocaron la asamblea constituyente de Guáimaro (1869), donde se adoptó la forma de gobierno republicano y la separación de poderes: el Legislativo en la Cámara de Representantes, el Ejecutivo, en el Presidente.

De forma más o menos similar ocurrió con la Constitución de Jimaguayú (1895), donde el Gobierno Supremo de la República se depósito en un Consejo de Gobierno con poder legislativo, mientras el Poder Ejecutivo en el Presidente y un Poder Judicial, dependiente del Consejo de Gobierno, pero con funcionamiento independiente. Mientras en la Constitución de la Yaya en 1897 se procedió de forma similar. Esa tradición democrática se mantuvo en las constituciones de 1901 y de 1940, en las cuales se reconoció que la “soberanía reside en el pueblo y de éste dimanan todos los poderes públicos”.

En esa filosofía –según expresó el propio Fidel Castro en su alegato La Historia me absolverá– se alimentó nuestro pensamiento político y constitucional que fue desarrollándose desde la primera Constitución de Guáimaro hasta la de 1940. Y expresó: Es un principio elemental de derecho público que no existe la constitucionalidad allí donde el Poder Constituyente y el Poder Legislativo residen en el mismo organismo.

El desmantelamiento de los pilares básicos de la democracia después de 1959 abarcó desde la disolución del  poder tripartito, el desmantelamiento de la sociedad civil, hasta la sustitución de la Constitución de 1940 por unos estatutos denominados Ley Fundamental del Estado Cubano, que rigieron hasta 1976.

A juzgar por los principios constitucionales expuestos y por las palabras citadas de Fidel Castro, la Carta Magna vigente carece de constitucionalidad, porque su artículo 3 declara que en la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado. Algo imposible si en la misma se desconoce la división de poderes y el Gobierno nunca se ha sometido a sufragio universal.

Se requiere de una reforma constitucional para restablecer el principio de que la soberanía reside verdaderamente en el pueblo; una deuda pendiente con los que pensadores que definieron el concepto de soberanía y con los delegados cubanos  a las asambleas constituyentes que lo refrendaron en las constituciones que van de 1869 a 1940.

Tmado de: http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1458287347_21013.html

Los perjuicios infringidos por la revolución de 1959 a los intereses económicos de Estados Unidos condujeron al deterioro

de las relaciones entre ambos países. En medio de la Guerra Fría los desacuerdos condujeron a la ruptura de relaciones y a

la alianza de Cuba con la Unión Soviética. En ese contexto el gobierno cubano, en defensa de la “soberanía” nacional,

estatizó la economía, desmanteló la sociedad civil, restringió las libertades y tomó el camino hacia el totalitarismo.

 

La ineficiencia económica resultante del modelo implantado fue solapada por los subsidios soviéticos hasta que el derrumbe

del socialismo en Europa Oriental develó el espejismo y catapultó a Cuba a una crisis –bautizada con el eufemismo de

“Período Especial en Tiempos de Paz”–  que aún no ha sido remontada. Desde ese momento en adelante los cambios

introducidos, incluyendo las reformas iniciadas en 2008, han fracasado. Las penurias, los altos precios, los bajos

salarios, el descontento, la corrupción y el éxodo se apoderaron de un escenario amenazado por la crisis del chavismo que

pondrá fin a las subvenciones de Venezuela.

 

Por su parte las diez administraciones que ocuparon la Casa Blanca desde Eisenhower hasta Bush fracasaron en el intento de

producir cambios en Cuba y perdieron   influencia en la región. El gobierno de Barack Obama, desde su primer mandato en el

año 2009 comenzó a flexibilizar las medidas del Embargo y en su segundo mandato abandonó la política fracasada y ha puesto

en práctica nuevas medidas, incluyendo las últimas en víspera de su visita que prácticamente constituyen un acta de

defunción adelantada que más temprano que tarde será firmada por el Congreso de ese país.

 

Fracasados en el empleo de la fuerza y agotado el capítulo de ganadores y perdedores, se impuso el regreso a la política.

Ante la imposibilidad de encontrar un nuevo padrino el Gobierno de Cuba tomó el camino de acercamiento a Estados Unidos;

mientras el  presidente Barack Obama, con una plataforma que implica la renuncia a ser agente de los cambios en la Isla,

asumió la forma más eficaz para colaborar con la democratización de Cuba. Ambas partes, con una dosis de realismo

político, sostuvieron las conversaciones secretas que desembocaron en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas,

uno de cuyos efectos es la visita del presidente Obama a Cuba.

 

Tales hechos, con independencia de cualquier interpretación han despertado expectativas en un pueblo desesperanzado,

descreído, inmerso en la supervivencia y en fuga permanente hacia cualquier otro lugar del planeta.

La visita, además de ser la primera de carácter oficial de un presidente norteamericano a Cuba –la de Calvin Coolidge en

1928 fue para inaugurar la VI Conferencia Panamericana en La Habana–, tiene una enorme significación. De efecto del

restablecimiento de las relaciones diplomáticas, la misma, precedida con medidas concretas y declaraciones públicas de

compromiso con los derechos humanos, se convertirá en causa, porque: 1- Consolida el camino iniciado como está recogido en

el comunicado emitido por la Casa Blanca Acerca de la fecha de su arribo a Cuba, en el que se declara que servirá para

afianzar el progreso realizado hacia la normalización de las relaciones entre ambos países: avanzando los lazos

comerciales y personales que puedan mejorar el bienestar del pueblo cubano y expresar nuestro apoyo a los derechos

humanos. 2- Constituye un fuerte obstáculo para retroceder al  punto anterior al 17 de diciembre de 2014. 3- Coloca ante

los cubanos y ante el mundo, en una posición incómoda a los que, para sustentar el inmovilismo, insisten en enarbolar las

banderas de “enemigo” y de “plaza sitiada” y 4- Coadyuva al empoderamiento gradual de los cubanos. Un resultado favorable

para ambos gobiernos y especialmente para el pueblo cubano.

 

Si a ello se añade que Estados Unidos –separado por menos de cien millas de Cuba– es el tercer país más grande del orbe

por superficie terrestre y población, y la primera economía a escala mundial, no resulta difícil percatarse de lo que

representará para los cubanos la normalización de las relaciones.

 

Lo que ocurra después de la visita será responsabilidad exclusivamente de los cubanos, de nuestra comprensión del momento

y de la capacidad para actuar en un escenario en el que la contradicción entre los dos gobiernos será desplazada

gradualmente por las contradicciones internas entre pueblo y gobierno cubanos.

Por pragmatismo y responsabilidad los problemas acumulados pendientes de solución, que son muchos y complejos, requieren

de un tratamiento acorde con el cambio de época. Desaparecido el “enemigo” y dependiente de las relaciones con Occidente,

será extremadamente difícil sostener el planteamiento acerca de supuestas diferencias de concepciones sobre los derechos

humanos y con ello justificar la no ratificación de los pactos universales de derechos civiles y políticos y de derechos

económicos, sociales y culturales.

 

Más difícil aún será sostener la falsedad contenida en el editorial del el diario Granma del pasado 9 de marzo, acerca de

que Cuba defiende la indivisibilidad, interdependencia y universalidad de los derechos humanos, civiles, políticos y

económicos, sociales y culturales, pues el reconocimiento de cualquier derecho civil, político o cultural, carece de toda

eficacia si paralelo a ello se niegan total o parcialmente los derechos económicos y sociales. De la misma forma es

imposible ejercer y disfrutar los derechos económicos y sociales en ausencia de los derechos civiles y políticos.

 

A pesar de la existencia de fuertes obstáculos internos y externos, la fuerza de la historia de los derechos humanos en

Cuba nos indica el camino que comenzó en 1878 con el surgimiento de la sociedad civil cubana, que hizo acto de presencia

en las constituciones mambisas y en las constituciones republicanas de 1901 y 1940, las que en muchos aspectos se

adelantaron al contenido de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y que sufrieron un retroceso inadmisible

con la Constitución vigente, que limita los derechos a la defensa del sistema totalitario que condujo al país a la

profunda crisis estructural en que Cuba se encuentra sumida.

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1457476986_20788.html

Con el título Inversión extranjera, puntal para el desarrollo, el viernes 4 de marzo de 2016, el diario Granma publicó una conversación de los periodistas Sheyla Delgado y Oscar Sánchez con la funcionaria Déborah Rivas, del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera.

En el párrafo introductorio los periodistas cuentan que el profesor de negociación, Emilio Rodríguez Mañalich, solía decir en clases: la oportunidad es un ave blanca que pasa volando delante de nuestros ojos  una sola vez… Y, de no aprovecharla difícilmente podremos volver a verla. Y a Continuación dicen ellos que: “Oportunidades, precisamente, han sido el fruto más inmediato de la Ley No. 118 de la Inversión Extranjera en el país…”.

Razón lleva el profesor Rodríguez Mañalich, pues el tiempo es un juez severo y las oportunidades rara vez se repiten. Lo que no dicen ni los periodistas ni la funcionaria es que las autoridades cubanas son las que más oportunidades han perdido y continúan perdiendo.

Ningún país, mucho menos los subdesarrollados, puede sustraerse del papel que desempeña la inversión extranjera. Su rechazo en Cuba se mantuvo antes y después del derrumbe del socialismo en Europa Oriental. A pesar de los pocos resultados obtenidos con el Decreto-Ley 50 de 1982 y con la Ley 77 de 1995 se mantuvieron las restricciones, la ausencia de garantías y el tratamiento negativo, por cuya causa de unas 400 empresas mixtas que funcionaban en el año 2002 solo quedaron alrededor de 200. Sin embargo, hubo que esperar 20 años, incluyendo los pocos resultados de las reformas iniciadas en 2008, para proceder a su modificación.

Es necesario enfatizar que el estancamiento económico actual tiene su raíz en el proceso de estatización desarrollado entre las leyes de reforma agraria de mayo de 1959 y de octubre de 1963, con el cual la economía, al quedar subordinada a la ideología y la política, se desnaturalizó.

La nueva legislación, la Ley 118, aunque más flexible que la precedente, resulta insuficiente para remontar la crisis. Según las propias autoridades cubanas el país necesita de un crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto (PIB) entre el 5 y el 7%. Para lograr ese propósito se necesitan tasas de acumulación e inversión de no menos de un 25%, lo que requiere de un flujo anual de inversión del orden de entre 2000 y 2500 millones de dólares.

El escenario emergente de la reanudación de las relaciones con Estados Unidos constituye una gran oportunidad para dar el salto, pero será imposible sin la correspondiente voluntad política para hacerlo. La naturaleza y los fracasos cosechados por el actual modelo no admiten su actualización, se impone, pues, la sustitución.

En la presentación del Proyecto de Ley, el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz, dijo que la misma tiene fuertes implicaciones políticas ya que constituye una actualización profunda del proceso de transformaciones que se desarrolló al inicio de la Revolución para poner los principales medios de producción en manos del Estado Revolucionario. Es decir, el intento declarado es regresar a la estatización que generó la ineficiencia económica, con lo cual el nuevo fracaso está garantizado.

Algunos de los obstáculos de la actual Ley 118 son los siguientes:

1- El Gobierno busca fuentes de financiamiento externa a la vez que niega el derecho a los cubanos a participar como inversionistas.

2- No reconoce la función social de la propiedad y no admite la propiedad privada. En su lugar declara  que no permitirá su concentración en personas jurídicas o naturales.

3- Limita a los cubanos a un listado de actividades, llamadas trabajo por cuenta propia, restringida casi totalmente a servicios y sin personalidad jurídica.

4- Aunque brinda determinadas “garantías” a los inversionistas, la subordinación de los órganos judiciales al Partido y al Estado convierten al Gobierno en juez y parte, lo que pone en total desventaja al inversionista.

5- No permite la libre contratación de la fuerza de trabajo y deposita esa función en una empresa estatal,

5- No reconoce la libertad sindical –derecho de trabajadores y patronos para fundar sindicatos sin autorización previa–, un principio consagrado en la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo, regulada en el Convenio 87 de esa institución e incorporada en la Declaración Universal de los Derechos Humano, en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y en la  Convención Europea de Derechos Humanos.

Esas, entre otras limitantes, impiden aprovechar la oportunidad que brinda el actual escenario, en el que Estados Unidos ha comenzado a flexibilizar el Embargo, mientras el Club de Paris y otros acreedores están renegociando la deuda cubana y condonando toda o una parte de ella.

En la conversación con Granma, al referirse al impacto de la Ley de Inversión Extranjera, la funcionaria explicó que: “El bloqueo de los Estados Unidos contra la Mayor de las Antillas sigue siendo el obstáculo fundamental para la atracción de capital extranjero”. Esa afirmación esquiva una verdad. Si es cierto que no se ha modificado sustancialmente –entendiendo por ello la derogación del Embargo–, no es menos cierto que ha sufrido importantes modificaciones. Antes del inicio de las negociaciones, Estados Unidos realizó enmiendas en las normas de los Departamentos del Tesoro y del Comercio y ha puesto en vigor un paquete de medidas que ha debilitado el Embargo e  influido en el acercamiento de otras naciones para negociar con Cuba.

Si de pérdidas de oportunidades se trata, el gobierno de Cuba debería implementar medidas para crear un escenario favorable a la eliminación del Embargo. Tales  medidas neutralizarían a las fuerzas que se oponen, fortalecerían al sector privado y facilitarían el surgimiento de una clase media, que tanto necesita nuestra economía.

Le corresponde, pues, al gobierno cubano, aprovechar la oportunidad, no sólo para la normalización de las relaciones con Estados Unidos, sino para lo más importante: devolver a los cubanos los derechos y libertades secuestrados, sin lo cual no habrá resultados positivos.

La situación constituye una inaceptable violación de la Constitución vigente, que en su artículo 14 reza: la economía se basa en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción. Y una negación del concepto martiano que define la República como estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios.

http://www.diariodecuba.com/cuba/1456444229_20493.html

Dos momentos en la república cubana, título de un artículo de Pedro Antonio García, aparecido en el diario Granma el pasado 24 de febrero, realiza una comparación entre las constituciones de 1901 y 1976 que merece ser debatida, razón por la cual me detendré en tres de sus planteamientos.

1- No fue la Revolución la que derrocó la democracia representativa, sino el régimen surgido con el golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, el cual interrumpió el ritmo constitucional del país, destituyendo al presidente electo; clausuró el Congreso, derogó la constitución de 1940 y el democrático Código Electoral de 1943.

La Constitución de 1940 conservó la división de los poderes públicos y los derechos reconocidos en la de 1901 y agregó otros: el derecho a desfilar y formar organizaciones políticas contrarias al régimen, la autonomía de la Universidad de la Habana, la declaración de punible a todo acto de prohibición o limitación del ciudadano a participar en la vida política de la nación, así como el reconocimiento de la legitimidad de oponer resistencia para la protección de los derechos individuales. La interrupción de esta Constitución con el Golpe de Estado de 1952 es un hecho, como lo es que, gracias a las acciones cívicas y militares –incluyendo el Asalto al Cuartel Moncada– Fulgencio Batista la restauró en febrero de 1955.

Sin embargo, la revolución de 1959 en lugar de restablecerla plenamente, sin consulta popular, la sustituyó por la “Ley Fundamental del Estado Cubano”; unos estatutos que le confirieron al Primer Ministro las facultades de Jefe de Gobierno y al Consejo de Ministros las funciones del Congreso. Esa modificación resultó similar a la realizada por Fulgencio Batista al implantar en 1952 los Estatutos Constitucionales. Esa Ley Fundamental del Estado Cubano rigió hasta 1976, año en que se promulgó la primera constitución revolucionaria, que fue ligeramente modificada en 1992 y devenida mecanismo de freno en 2002, cuando al declarar irrevocable el sistema político vigente dejó de reflejar los cambios que de forma regular se producen en cualquier sociedad. Y por lo cual, el pueblo, supuesto soberano, no podrá reformar una Ley de Leyes que declara eterno un sistema que los que nacieron después de esa fecha y los que están por nacer no han elegido.

Juan Gualberto Gómez –a quien Pedro Antonio García  reconoce como figura cumbre del independentismo–, en la Asamblea Constituyente de 1901 se opuso al intento de establecer constitucionalmente nada que pudiera convertirse en freno social. Sus palabras fueron: yo conceptúo que es una doctrina antiliberal, que nosotros, aprovechándonos de la circunstancia de estar aquí reunidos para un mandato definido pretendamos ligar el porvenir, cerrar el derecho de nuestro pueblo hacia el mañana, deteniendo su impulso… Juan Gualberto se refería a lo contraproducente y perjudicial de legislar lo que le correspondía a otros. Palabra que olvidamos al aprobar que el sistema político vigente es irrevocable.

2- De ahí que dentro de la Constitución de 1901, a la par de que sus artículos establecían el principio de independencia y soberanía y anulaba la existencia de otras leyes que mermaran ese principio… excluía a las mujeres en el voto, universal para los hombres y otorgaba al Presidente de la república facultades propias de un Capitán General de la Colonia. Obviamente defendía la propiedad privada…

La Constitución de 1901 refrendó los derechos fundamentales: el hábeas corpus quedó recogido en el artículo 16 (todo detenido será puesto en libertad o entregado al juez o tribunal competente dentro de las 24 horas siguientes al acto de detención)”; la libertad de expresión: (de palabra o escrita, por medio de la imprenta o por cualquier otro procedimiento)” en el artículo 25; los  derechos de reunión y de asociación (para todos los fines lícitos) se plasmaron en el artículo 28; y la libertad de movimiento se consagró en el artículo 29. Esos derechos-libertades –universales, indivisibles, sagrados e inalienables – constituyen los cimientos de la participación ciudadana y de la soberanía popular.

Lo avanzado de la Constitución de 1901 lo prueba el hecho que los derechos en ella recogidos fueron proclamados casi medio siglo después por la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. También lo demuestra que el primer proyecto depositado en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas para su elaboración fue presentado por la delegación cubana a ese evento constitucional.

La Protesta de los Trece, las luchas campesinas de San Felipe de Uñas, el Realengo 18 y Ventas de Casanova; las luchas estudiantiles y el reconocimiento de la autonomía universitaria, el movimiento huelguístico desde 1902 hasta el derrocamiento de Machado, la derogación de la Enmienda Platt y la correlación de fuerzas presentes en la Asamblea Constituyente de 1939 son algunos ejemplos de la eclosión de la sociedad civil cubana cuyas bases estaban refrendadas en la Constitución de 1901.

El autor del artículo señala dos limitantes de la Constitución de 1901: 1- la exclusión de las mujeres al voto y 2- las facultades otorgadas al Presidente de la República, las que califica propias de un Capitán General de la Colonia. Veamos:

Acerca de lo primero, es cierto que la Constitución de 1901 no refrendó el derecho al sufragio universal. Sin embargo, haciendo uso de las libertades reconocidas por esa Carta Magna, las mujeres fundaron múltiples asociaciones, órganos de prensa y efectuaron reuniones y mítines para pronunciarse a favor de sus derechos. En 1917 se concedió a la mujer la patria potestad sobre sus hijos y la libre administración de sus bienes, en 1918 se aprobó la Ley del Divorcio, en 1923 se celebró el Primer Congreso Nacional de Mujeres y en 1925 tuvo lugar el Segundo Congreso Nacional, con tal impacto, que el presidente Gerardo Machado les prometió conceder el derecho al voto.

Después del derrocamiento de Machado en 1933, la Alianza Nacional Feminista apeló al presidente provisional, Carlos M. de Céspedes (hijo), para exigir el derecho al voto. Resultado de esas gestiones en enero de 1934, durante el gobierno de Ramón Grau San Martín, se convocó una Convención Constituyente que reconoció el derecho de la mujer a votar y a ser elegida. Durante la presidencia del coronel Carlos Mendieta se aprobó una Constitución provisional, que en su artículo 38 extendió formalmente el voto a la mujer. Y en febrero de 1939 previo a la Asamblea Constituyente que redactó la Carta Magna de 1940, las féminas convocaron al Tercer Congreso Nacional de Mujeres, donde se exigió “una garantía constitucional para la igualdad de derechos de la mujer”. Finalmente ese reclamo se refrendó en la Constitución aprobada en 1940. Gracias a ese resultado la mujer cubana ejerció legalmente el derecho al voto en las elecciones de 1940, 1944, 1948, 1954 y 1958.

Acerca de lo segundo, es decir, de las facultades otorgadas al Presidente de la República, propias de un Capitán General de la Colonia, basta comparar dichas facultades de un Poder Ejecutivo, limitado por el los Poderes Legislativo y Judicial con las facultades establecidas después de 1959 de un poder totalitario, con un solo partido y el control monopólico de la propiedad de los medios de producción. Aquí los comentarios huelgan.

Como puede verse, a pesar de que la República nacida en 1902, no era exactamente por la que se había luchado, el hecho innegable es que Cuba se incorporó a la comunidad internacional de naciones con personalidad jurídica propia, se cerró el paso a la anexión, se desembrazó de la Enmienda Platt y se convocó la Constituyente de la cual emergió la flamante Constitución de 1940 que le sirvió al Dr. Fidel Castro para fundamentar su defensa en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada en 1953.

3- “En 1975, abocado el país a transformaciones más profundas, la Constitución del 40 ya no se ajustaba al momento histórico. Era necesaria una nueva Ley de Leyes que rigiera la nueva etapa de la Revolución que se estaba viviendo. Un grupo de juristas, designado por las organizaciones políticas y de masas, redactó un proyecto de Carta Magna. En cada centro docente y de trabajo, unidad militar, cuadra citadina, finca y cuartón campestre, el pueblo debatió el proyecto y le hizo correcciones y adiciones.

Aquí lo primero es que, si Cuba estuvo sin Constitución de 1959 a 1976, no era necesaria una nueva constitución, sino simplemente una Constitución, pues los estatutos de 1959 no alcanzan esa dimensión.

La Constitución de 1976 reconoció los derechos-libertades como la igualdad ante la ley, el derecho a sufragio para ambos sexos, la libertad de palabra, de prensa, de reunión, de asociación y de manifestación. Su diferencia con la de 1901 y la de 1940 radica en que dichos derechos quedaron subordinados al artículo cinco, que reconoce al Partido Comunista como la fuerza superior dirigente del Estado y de la sociedad para construir el socialismo y avanzar hacia el comunismo, todo lo cual está sintetizado en las palabras a los intelectuales de Fidel Castro: dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada. Y en consecuencia, los artículos seis y siete definen cuáles son las asociaciones que reconoce, protege y estimula el Partido Comunista, con lo cual la historia constitucional de Cuba sufrió una regresión histórica.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/deportes/1456146429_20386 http://www.diariodecuba.com/deportes/1456146429_20386 .html

Hace 55 años el Gobierno Revolucionario desmanteló las instituciones cívicas existentes y las sustituyó por otras de corte totalitario. En ese proceso el 23 de febrero de 1961fue creado el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER.

La preocupación y ocupación por el deporte y la educación física en Cuba se remontan a principios del siglo XIX. Como demuestran los siguientes hechos:

En 1807 la Real Sociedad Patriótica de La Habana envió al padre Juan Bernardo O´Gaban a Europa para estudiar las ideas pedagógicas de Pestalozzi, que prestaban gran importancia a la Educación Física y al Deporte, y a su regreso en 1808 se inició la introducción de dichas ideas en el sistema educacional, por lo que a O´Gaban se le considera el padre de la Cultura Física en Cuba. en 1928, con pocos recursos, se creó el “Instituto Nacional de Educación Física” que funcionó hasta 1932; en 1935 se organizó la “Comisión Nacional de Educación Física”; en 1936 se creó el puesto de “Comisionado de Pelota Profesional”, asumido por el coronel Ignacio Galíndez; y en 1938 se creó la” “Dirección General Nacional de Deportes”, encabezada por el coronel Jaime Mariné, bajo cuyo mandato se fundó el Salón de la Fama del Béisbol Cubano.

La pelota se jugó en Cuba desde la segunda mitad del siglo XIX. Para esa fecha ya existían los Rojos del Habana, en 1874 se jugó en Palmar de Junco el primer partido registrado con estadísticas, en 1878 se creó el Almendares Base Ball Club y se fundó la Liga Cubana de Béisbol, que existió hasta 19961. Se construyó el primer Stadium frente a la Quinta de los Molinos, donde cubanos y equipos norteamericanos que viajaban a Cuba jugaron durante 35 años.

Durante las primeras tres décadas de República ya existían cuatro circuitos: el profesional; el semiprofesional; el de los centrales azucareros; y el amateur, heredero de la pelota que los cubanos de clase media y alta trajeron de Estados Unidos a Cuba.

En los años 30 del pasado siglo, con la reorganización de la Liga y la participación del Gobierno, la pelota cubana tuvo su Edad de Oro. Mientras el pacto con el Béisbol Organizado, la prosperidad de la posguerra y la conversión de La Habana en centro turístico moderno, aseguraron a la Liga Cubana la posición de circuito principal en América Latina. Bajo la dirección del Coronel Ignacio Galíndez, Comisionado de Pelota Profesional, entre 1936 y 1937 se desarrolló el campeonato de Base Ball, considerado por la crítica y por la afición como campeonato Modelo.

Después de la Primera Series Mundial de Béisbol Amateur, celebrada en Londres en 1938, las cinco siguientes, efectuadas entre 1939 y 1943 se efectuaron en el estadio Cerveza Tropical, en La Habana, de las cuales Cuba ganó cuatro.

Desde 1940, gracias a la radio, la pelota llegaba a todos los rincones del país y a partir de 1950 comenzó su trasmisión televisiva. A mediados de esa década se trasmitían por dos canales diferentes y se comenzó la trasmisión de la Serie Mundial mediante un avión que sobrevolaba el Estrecho de la Florida con antenas de relevo, posteriormente se trasmitieron en vivo y en directo. La existencia en 1951 –diez años antes de la creación del INDER– de 14 mil televisores y cerca de 600 mil aparatos de radio, convirtieron a la Liga Cubana en una pasión.

La participación de políticos y militares en la dirección del deporte constituyó una tendencia mundial que tuvo su momento cumbre en los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín en 1936, los cuales fueron utilizados por Adolfo Hitler para promover el nacional socialismo. Cada equipo nacional representaba a su país a imagen y semejanza de los ejércitos. Cuba no fue una excepción, el apoyo del General Fulgencio Batista y la presencia de militares como Mariné y Galíndez en la dirección del deporte cubano así lo confirman.

En Cuba, esa relación entre política y deporte estuvo presente en el discurso modernizador del autonomismo en el siglo XIX y en presidentes de la República como Gerardo Machado y Fulgencio Batista, pero no existen antecedentes de un jefe de Estado que haya intervenido con tanto énfasis y de forma tan prolongada en el deporte nacional de su país como lo hizo Fidel Castro con la pelota. Una intromisión de corte totalitaria que separó la pelota de la sociedad civil y la subordinó a la política. A consecuencia del diferendo entre Cuba y Estados unidos se abolió la pelota profesional, se disolvió la Liga Cubana y se iniciaron las series nacionales “amateurs”.

La subordinación del deporte a la ideología se expresa en que el Estado asume y costea todos los gastos a cambio de la fidelidad como requisito inviolable para participar. Con esa pelota “libre” Cuba estableció la supremacía durante décadas en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales. Se proclamó la gran victoria sobre la pelota “esclava”, pero a un costo insostenible para un país sin economía.

El 2 de enero de 1967, el jefe del Estado cubano dijo: Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota… Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales.

Ocho años más tarde, en octubre de 1975, rebosante de alegría expresó: si en otros países de América latina no existe la revolución social, no se desarrolla la revolución social; por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte.

La ilusión se desvaneció al comenzar los choques con presencia de profesionales, la pelota “esclava” demostró ser superior a la “libre”, como lo indican los resultados en todos los topes, particularmente en los clásicos y en las series del Caribe. Así arribamos, al 55 aniversario del INDER sufriendo las consecuencias.

En el I Clásico (2006), Cuba, el equipo que más ponches recibió, que permitió más carreras y sus lanzadores fueron los más descontrolados, ocupo el segundo lugar. En el II Clásico (2009), el equipo cubano fue superior al anterior en ofensiva, pitcheo y defensa, pero retrocedió hasta el quinto lugar. En el III Clásico (2013), a pesar de contar con un equipo superior no pudo mejorar la quinta posición. La consigna de regresar con el escudo o sobre el escudo, exhibir los más altos per cápita de medallas de oro por habitante y alardear de que podemos combinar algo que no pueden hacer los jugadores profesionales porque nuestros atletas ni se venden, ni traicionan a su pueblo y a su patria, resulto irrealizable.

La medida de la degradación se manifestó a mediados del año 2013, cuando al topar con una selección de estudiantes universitarios norteamericanos, el equipo nacional que habían derrotado a las selecciones universitarias estadounidenses en ocho de diez oportunidades, a pesar de superar a sus contrarios en experiencia y promedio de edad, fueron barridos en cinco partidos por verdaderos amateurs.

En la serie del Caribe 2016, la edición 58, celebrada entre los días 2 y 7 de febrero pasado en República Dominicana, En un torneo de seis juegos entre los equipos Venados de Mazatlán (México), Cangrejeros de Santurce (Puerto Rico), Tigres de Aragua (Venezuela), Leones del Escogido (Dominicana) y Tigres de Ciego de Avila (Cuba), estos últimos con 16 refuerzos de los mejores jugadores y sólo 12 atletas de su nómina, perdieron los primeros tres juegos, ganaron el cuarto y cayeron en semifinales por segunda vez frente a México. El resultado: cero medallas y dos jugadores menos, entre ellos el estelar Yulieski Gurriel y su hermano Lourdes Gurriel.

En la edición 56 de 2014, año en que Cuba se reincorporó después de más de medio siglo ausente, el equipo Villa Clara, ganador de la 52 Serie Nacional, también reforzado como de costumbre perdió en Isla Margarita, Venezuela, los primeros tres partidos con México, Venezuela y República Dominicana, ganó el cuarto a Puerto Rico, pero no pudo llegar a semifinales.

En la edición 57 de 2015 en Puerto Rico, el equipo Vegueros de Pinar del Río, ganador de la 53 Serie Nacional, también perdió los primeros tres juegos, ganó el cuarto y gracias al balance de ganados y perdidos entre los demás equipos pasó a semifinales y se impuso en el último juego 3 x 2 ante Puerto Rico en la décima entrada, Ganó el campeonato, a pesar del balance negativo de dos ganados y tres perdidos. Contradictoriamente varios cubanos que abandonaron el país en años anteriores desempeñaron un papel destacado en las victorias de México y Venezuela, equipos ocupantes de los dos primeros lugares.

Después de una brillante historia beisbolera, de haberse medido con los mejores del mundo y haber triunfado, hoy países sin tradición en este deporte nos vencen o en el mejor de los casos ganamos con susto.

El estado de la pelota –deporte nacional y componente cultural de la nación– es reflejo de lo que está ocurriendo en todas las esferas de la sociedad desde la economía hasta la espiritualidad de los cubanos. Por tanto, la salida de la profunda crisis en que se encuentra será imposible sin acometer simultáneamente las transformaciones estructurales que el país demanda.

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1455053129_20104.html

El viernes 29 de enero de 2016, el Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), José Ramón Machado Ventura, confirmó el retroceso sufrido por la industria azucarera. La zafra está muy mal –dijo– es la realidad, la zafra tiene problemas., porque esta época es precisamente que la zafra necesita estar seca, hasta un poquito de frío…

Aunque los factores climáticos han afectado las labores agrícolas, la causa principal de que la zafra esté muy mal, hay que buscarla en otra parte. No se trata de la presente zafra sino de un declive pronunciado que comenzó en 1990 y cuyas causas apuntan al proceso de estatización que se inició en 1959, lo que se puede argumentar con una breve ojeada al pasado.

Cuba –principal productora y exportadora de azúcar del mundo– en 1894 ya producía 1 millón de toneladas. Luego; a pesar de la destrucción causada por la tea incendiaria durante la guerra de independencia, en 1904 sobrepasó el millón de toneladas; en 1925 produjo 5,16 millones; y en 1952 estableció el record de 7,13 millones. ¿Qué sucedió entonces?

Con el voluntarismo y el monopolio de la propiedad, el Gobierno revolucionario intentó producir 10 millones de toneladas. Para ese fin con una campaña monumental que dislocó toda la economía alcanzó 8,5 millones. A esa cifra se aproximaron las zafras de 1982 y 1990. A partir de entonces comenzó un descenso sostenido que redujo la producción a 3,5 millones en el año 2001; una cifra casi similar a la producida en 1918. La respuesta del Gobierno fue designar a Ulises Rosales del Toro –quien de soldado llegó a General de División y Jefe del Estado Mayor General– Ministro del Azúcar para detener el declive.

El flamante ministro presentó una nueva arquitectura del azúcar, consistente en dos medidas: la “Reestructuración de la industria azucarera” y la “Tarea Álvaro Reynoso”, con las cuales pronosticó una recuperación que alcanzaría la cifra de seis millones de toneladas.

La Nueva arquitectura tenía por objetivo lograr un rendimiento mínimo de 54 toneladas de caña por hectárea –cuando el promedio mundial, según la FAO era de unas 63 toneladas– y un rendimiento industrial del 11%, que significa extraer 11 toneladas de azúcar de cada 100 toneladas de caña.

Una vez puesta en marcha la operación, con el argumento de la baja de los precios en el mercado internacional cerró 71 de los 156 ingenios existentes y redistribuyó para otros cultivos el 60% de las tierras cañeras.

La zafra 2002-2003 produjo 2.10 millones de toneladas, lo que puso al Gobierno ante la disyuntiva de importar azúcar para el consumo interno o incumplir los compromisos exteriores. La segunda, 2003-2004 logró un ligero aumento, para descender en la de 2004-2005 hasta 1,3 millones de toneladas: la menor de los últimos cien años y similar a la cifra producida en el año 1907. Ese resultado demostró la gran diferencia entre la dirección de tropas, donde las voluntades individuales no cuentan y la labor económica, donde el interés individual constituye un factor determinante; lo que confirmó aquel pronunciamiento de José Martí dirigido al General Máximo Gómez: un pueblo no se funda General como se manda un campamento.

En 2008, ante la crisis –calificada por el Presidente del Consejo de Estado como asunto de máxima seguridad nacional– el Gobierno creó las Delegaciones Municipales de la Agricultura para controlar más cerca de la base productiva, ignorando que los controles desde el Estado papá a los productores niños, en medio del desequilibrio existente entre salario y costo de la vida, convierte las inspecciones en una forma de corrupción. Agrónomos, pecuarios y veterinarios fueron convertidos en especialistas integrales, dotados de transporte y combustible para controlar informes y fiscalizar a los productores. Sin embargo las zafras concluidas en 2009 y 2010 no reportaron ningún avance.

Con el andamiaje de control, unido a los Lineamientos de la Política Económica y Social, y la sustitución del Ministerio del Azúcar por el monopolio AZCUBA, el Gobierno intentó incrementar la producción de azúcar y los derivados de la caña.

En la zafra 2011-2012, a pesar de que se contó con suficiente caña y con el 98% de los recursos contratados, el plan de 1 450 000 toneladas de azúcar presentó las mismas deficiencias de las anteriores. En Radiografía de una zafra: el salto que no se dio, publicado en Granma el 18 de mayo de 2012, los periodistas Juan Varela y Sheyla Delgado, plantearon que para la fecha de cierre, la zafra estaba al 94%.

En la zafra 2012-2013, AZCUBA planificó producir 1,7 millones de toneladas y aseguró que la mayoría de las fábricas cerrarían antes del mes de mayo. El resultado fue más de lo mismo. Las fábricas continuaron moliendo fuera de tiempo y se incumplió el monto planificado. Cuando era evidente el incumplimiento, el Segundo Secretario del PCCC, el 17 de mayo de 2013 dijo: “Vamos a hacer casi 300 000 toneladas más que el año pasado, pero no cumplimos”.

A pesar de los fracasos, AZCUBA anunció que la zafra 2013-2014 sería la mejor de la última década. Se planificó 1,8 millones de toneladas (200 mil por encima de la anterior). Para mayor garantía, Machado Ventura recorrió una buena parte de los centrales azucareros apelando a la conciencia. Al final la mejor de la última década, aunque los centrales molieron hasta el mes de junio, penosamente sobrepasó la zafra precedente.

En la zafra 2014-2015, con la misma audacia, AZCUBA planificó producir 2 millones de toneladas (cifra que se produjo en Cuba en 1912, pero que ahora representaba un enorme reto). Las reparaciones comenzaron en julio de 2014, los recursos llegaron a tiempo, se incorporaron otros dos centrales azucareros, se indujo mayor acumulación de sacarosa en la caña con el madurador sintético Fitomas-M, se diseñó una estrategia tecnológica para hacer viable y sostenible la zafra en condiciones de humedad, se trabajó en la reconstrucción y alistamiento de unos 3 400 remolques, se destinaron 15 millones de dólares a comprar equipos para recuperar sistemas de riegos y caminos, más del 90% de la cosecha se realizó de forma mecanizada, y se incrementó al 50% el tiro directo de la materia prima al basculador.

Para mayor seguridad, el Segundo Secretario del PCC reinició su acostumbrado recorrido por casi todos los centrales del país. Hasta el 31 de diciembre todo indicaba el cumplimiento del plan. Sin embargo, la caña dejada de moler, el tiempo industrial perdido y las deficiencias en la cosecha y el transporte hicieron su reaparición. Al finalizar enero ya se habían acumulado cinco días de atraso y al finalizar febrero se había molido solo el 91% de la caña planificada. El lunes 23 de marzo, la periodista Ana Margarita González, en Trabajadores, escribió: debido fundamentalmente a las roturas, la norma potencial se aprovecha al 68% y el tiempo perdido es alto (6,93%). El incumplimiento en la tercera semana de marzo ya era de 8%.

Ante el fracaso se acudió nuevamente al gastado recurso del llamamiento. El Sindicato del ramo y AZCUBA convocaron a una jornada especial por el cumplimiento del plan, denominado “¡Por un abril de victorias!”. A pesar de ello, el ritmo comenzó a disminuir. El 17 de mayo, José Machado Ventura, dijo: “Vamos a hacer casi 300 000 toneladas más que el año pasado, pero no cumplimos”.

En resumen, el cambios de dirigentes, la Reestructuración de la Industria Azucarera, la Tarea Álvaro Reynoso, el cierre de unas 100 fábricas de azúcar, la redistribución para otros cultivos de un alto por ciento de las tierras destinadas a las plantaciones de caña, la sustitución del MINAZ por AZCUBA, un variado paquete de medidas económicas y estructurales y los llamamientos ideológicos, no lograron la cantidad de caña por hectárea ni el rendimiento industrial planificados.

Ahora, apenas iniciada la zafra 2015-2016, en el quinto año de AZCUBA se repiten los mismos problemas, con la novedad de que no hubo que esperar la terminación de la cosecha para anunciar el último fracaso. Machado Ventura lo hizo en el mes de enero. La conversión del mayor complejo azucarero del mundo en uno de los productores menos eficientes es un caso particular de la crisis general en la agricultura, cuyas últimas manifestaciones son los altos precios, la escasez de productos agrícolas y el anuncio adelantado del fracaso de la presente zafra.

 

Tomado de : http://www.diariodecuba.com/cuba/1454938517_20068.html

Un día como hoy 7 de febrero, del año 1901, falleció en Madrid Ana Betancourt de Mora, una de las cubanas que integran el apretado pelotón de la emancipación femenina en nuestro país. Hoy, a 115 años de su muerte, la igualdad de la mujer, que solicitó ante el primer gobierno de la República en armas constituye un objetivo pendiente.

Salvo las diferencias propias de cada género los hombres no poseen ningún atributo, divino o natural, que le brinde superioridad social sobre las mujeres. Sin embargo, a través de la historia humana la mujer ha sido considerada como ser inferior. En la legislación romana carecía de control legal sobre su persona, sus pertenencias y sus hijos; en el feudalismo las propiedades se heredaban por línea masculina; y en las legislaciones modernas, a pesar de los avances alcanzados, esa concepción machista y patriarcal continúa reproduciéndose en y a través de las relaciones sociales.

Aunque las manifestaciones contra ese injustificado estado de desigualdad son remotas, no fue hasta el siglo XVIII que las mismas se estructuraron en Europa como corriente de pensamiento y de acción: en el feminismo.

En el siglo XIX cubano no pocas mujeres, distanciadas del comportamiento tradicional desafiaron los valores machistas y patriarcales predominantes. Figuras como Mercedes Santa Cruz y Montalvo1, y Gertrudis Gómez de Avellaneda2,  precursoras del feminismo moderno, desde sus obras literarias criticaron la desigualdad de la mujer. María Luisa Dolz, considerada la primera feminista moderna de Cuba, formó varias generaciones de jóvenes educadoras imbuidas en las ideas de la independencia nacional y la liberación de la mujer. Otras como Edelmira Guerra de Dauval3, reclamaron el derecho a ejercer el voto.

En la lucha por la independencia muchas cubanas integraron los clubes del Partido Revolucionario Cubano y participaron directamente en la lucha insurreccional. Por sus  hazañas 25 de ellas fueron ascendidas de grado (una Generala, tres Coronelas y más de 20 Capitanas). Entre las mujeres que se incorporaron a las gestas independentistas ocupa un lugar destacado la camagüeyana Ana Betancourt, que marcó una diferencia por lo que dijo y en el lugar que lo hizo, lo que la ubicó entre las pioneras de la emancipación de la mujer cubana.

Proveniente de una familia acaudalada, Ana Betancourt realizó diversas acciones por la independencia. Contrajo matrimonio con Ignacio Mora, uno de los 76 camagüeyanos que se alzaron en armas en 1868 en el paso Las Clavellinas. Hombre de gran cultura e ideas avanzadas, Ignacio le enseñó idiomas, gramática, redacción e historia y la introdujo en las ideas políticas y liberales.

E12 de abril de 1969 el matrimonio Mora-Betancourt, participó en el acto de investidura de Carlos Manuel de Céspedes, primer Presidente de la República en Armas. Allí presentó una petición a la Cámara, que fue leída por Ignacio Agramonte, en la que solicitaba que tan pronto estuviese establecida la República se concediese a las mujeres los derechos que en justicia eran acreedoras. El día 14 de abril, en un mitin celebrado por la noche en la Plaza Guáimaro, inflamada de emoción, patriotismo e idealismo, Ana pronunció las palabras siguientes: La mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime en que una revolución justa rompe su yugo, le desata las alas… Cuando llegue el momento de libertar a la mujer, el cubano que ha echado abajo la esclavitud de la cuna y la esclavitud del color, consagrará también su alma generosa a la conquista de los derechos de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad, abnegada, que mañana será, como fue ayer, su compañera ejemplar!

Según ella, Carlos Manuel de Céspedes, haciendo alusión a sus palabras, dijo que se había ganado un lugar en la Historia, que el historiador cubano tendría que decir: una mujer adelantándose a su siglo pidió en Cuba la emancipación de la mujer.

En la República, emergida en 1902, la labor de las feministas cubanas se multiplicó. Celebraron congresos, hicieron peticiones a los políticos, establecieron coaliciones con diversos grupos políticos, se manifestaron en las calles, se  dirigieron al público a través de la prensa escrita y la radio, construyeron clínicas de obstetricia, organizaron escuelas nocturnas para mujeres, desarrollaron programas de salud y establecieron contactos con grupos feministas en el extranjero. Resultado de esas luchas en 1918 se aprobó la Ley del divorcio y en 1919 las cubanas habían alcanzado el mismo nivel de alfabetización que los hombres, pero la mayor batalla, la del derecho al voto estaba pendiente.

El 12 de agosto de 1933, cuando Carlos Manuel de Céspedes (Hijo), asumió interinamente la presidencia de Cuba, la Alianza Nacional Feminista, retomando la petición realizada por Ana Betancourt en la Asamblea de Guáimaro, exigió el derecho al voto. El 9 de septiembre de ese año, el gobierno conocido por la Pentarquía concedió el voto a la mujer mediante un decreto presidencial. En 1934 se aprobó una Constitución provisional que extendió formalmente el voto a la mujer. En 1939, el Tercer Congreso Nacional de Mujeres, exigió una garantía constitucional para la igualdad de derechos de la mujer. Y finalmente, la Asamblea Constituyente de 1939, en la que participaron dos feministas, refrendó el sufragio universal, igualitario y secreto.

La revolución de 1959 –desde la etapa insurreccional– repitió los esquemas tradicionales. En el Alegato La Historia me Absolverá, en 1953, no se mencionó a las mujeres ni al definir el concepto de pueblo, ni en las primeras cinco leyes que se proclamarían al triunfo,  ni en los seis problemas que planteaba resolver. A diferencia de lo ocurrido en la Guerra de Independencia, donde al menos una mujer alcanzó el grado de General, ninguna fémina bajó de la Sierra Maestra con el grado de Comandante.

Durante el desmontaje de la sociedad civil en 1959, las organizaciones femeninas fueron disueltas para conformar la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), creada y subordinada al Gobierno, lo que explica que cada uno de sus congresos haya sido presidido por las más altas autoridades del Partido y del Estado. Esa subordinación fue confirmada por el Segundo Secretario del Partido Comunista, quien presidió el IX Congreso, al decir: Si genial, oportuna y verdaderamente reivindicadora fue la idea de Fidel, líder histórico de nuestra revolución, al crear el 23 de agosto de 1960 la FMC, también lo fue su acertada decisión de poner al frente de la naciente organización femenina a la compañera Vilma Espín Guillois.

Al no gozar de autonomía el feminismo en Cuba se encuentra en el mismo punto en que lo dejó Ana Betancourt: en la petición de derechos. La diferencia es que ahora ni se pide, sino que la única asociación permitida recibe las orientaciones de una estructura que no se ha sacudido la mentalidad machista y patriarcal, como lo demuestra la presencia de un hombre dirigiendo cuando evento femenino se realiza.

Las razones por las que las féminas venían luchando de forma autónoma, en las que Ana Betancourt marcó un punto de inflexión, 15 años después de su muerte continúa pendiente. El derecho al trabajo o a la educación, es parte, pero no el todo. Ello demuestra que el momento de pedir, debe ceder el paso al momento de exigir y actuar. Se requiere de asociaciones femeninas  autónomas que permitan a las mujeres cubanas definir por sí solas sus prioridades, objetivos y formas de lograrlo, lo cual continúa pendiente de realización.

1 Mercedes Santa Cruz y Montalvo (Condesa de Merlín) (1789-1852),  reflejó en su obra literaria los sentimientos femeninos, su raíz nacional y las perspectivas de la mujer.
2 Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873),  la mayor escritora cubana del siglo, XIX, editó el Álbum cubano de lo bueno y de lo bello, en el que alentaba a las mujeres a cuestionarse el dominio masculino.
3Edelmira, fundadora y presidenta del club Esperanza del Valle, ayudó a formular el manifiesto revolucionario del 19 de marzo de 1897, cuyo artículo 4 rezaba: “Queremos que las mujeres puedan ejercer sus derechos naturales a través del voto a la mujer soltera o viuda mayor de veinticinco años, divorciada por causa justa”.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1454576880_19959.html

La propiedad y la crisis

El Gobierno de Cuba una vez que arribó al poder imbuido por un voluntarismo exacerbado, ignoró las leyes que rigen la economía y la subordinó a la ideología. Desde ese momento la pérdida de la autonomía que requieren los procesos económicos la convirtió en factor de pobreza.

En 1959, con la primera ley de reforma agraria el Gobierno entregó títulos de propiedad a 100 mil campesinos pero concentró en sus manos el 40,2% de las tierras cultivables. En 1963, con la segunda ley de reforma agraria, las mil fincas que tenían más cinco caballerías engrosaron el fondo de tierras estatales, que aumentó hasta el 70%. En 1976, con el objetivo de disminuir el número de pequeños propietarios inició un proyecto de “cooperativización”, mediante el cual creó las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), elevando así hasta el 75% la propiedad estatal. El resultado fue la ineficiencia, la escasez de productos y los altos precios, lo que obligó en 1993 a convertir una parte de las tierras estatales inutilizadas en Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), pero conservando la propiedad de las mismas.

Catorce años después, el 26 de julio de 2007 en el discurso pronunciado en Camagüey, el General Raúl Castro reconoció las deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes reflejadas en los campos infectados de marabú y anunció la decisión de cambiar todo lo que deba ser cambiado. Y en 2008 se promulgó el Decreto Ley 259, mediante el cual comenzó la entrega de tierras ociosas a particulares. Sin embargo, la medida soslayó la declaración de cambiar todo lo que deba ser cambiado y se limitó a traspasar en usufructo una parte de las tierras que el Estado no logró hacer producir. El pobre resultado obtenido no logró lo que se propuso.

De las 170 mil hectáreas que poseían las 1 989 UBPC existentes, casi el 40% permanecían ociosas; su extensión, aunque abarcaba el 27% de la superficie agrícola del país, sólo producían el 12% de los granos, viandas y hortalizas, el 17% de la leche y sólo el 27% tenían resultados satisfactorios. En el año 2010 el 15% de las UBPC cerraron con pérdidas y otro 6% ni siquiera presentó balance económico. Para detener el deterioro, en agosto de 2012, el Consejo de Ministros dictó un paquete de 17 medidas y un nuevo Reglamento General para las UBPC, que reconocía lo que antes se  había negado: la capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones, es decir personalidad jurídica.

En diciembre de 2012, sin alterar la estructura de la propiedad, se sustituyó el Decreto-Ley 259 con el Decreto-Ley 300, el cual alivió algunas restricciones, pero conservó otras e implementó nuevas. En su artículo 11 reza que: los usufructuarios pueden integrarse a una Granja Estatal con personalidad jurídica, a una UBPC o a una CPA, para lo cual “el usufructuario le cede el derecho de usufructo sobre las tierras y las bienhechurías a la entidad a la cual se integra”.

En 2013, en la reunión del Consejo de Ministros del mes de mayo, Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Estado, reconoció que: las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no ha conducido al necesario aumento de la producción. Finalmente en 2014 el Decreto-Ley 300 fue modificado con el  Decreto-Ley 311.

La perdida de la autonomía –que es a la economía lo que el oxígeno a los cuerpos vivos– conjuntamente con el voluntarismo, los métodos de ordeno y mando, la planificación centralizada, la incapacidad de jefes y administradores y la merma del interés de los productores, conformaron la ineficiencia agrícola que caracteriza la agricultura cubana desde hace varias décadas.

El proceso descrito demuestra la imposibilidad de resolver la crisis en la agricultura con el monopolio de la propiedad estatal y conduce al análisis del usufructo y de las cooperativas en Cuba.

Las cooperativas y el usufructo

En cuanto a las cooperativas, la Declaración de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), adoptada en 1995, define las cooperativas como asociaciones autónomas de personas que se unen voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes, por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada.

De acuerdo a esa definición las creadas en Cuba –con excepción de las Cooperativas de Créditos y Servicios, que aunque sin personalidad jurídica, los campesinos conservaron la propiedad de la tierra y los medios de producción– no clasifican como tales.

Las Cooperativas Cañeras, creadas en marzo de 1960 en áreas que antes pertenecían a los ingenios azucareros, casi inmediatamente fueron convertidas en empresas estatales. Las CPA surgidas en 1976 con el propósito de reducir aún más la cantidad de tierras en manos privadas, también fue una decisión estatal. Y las UBPC, organizadas en 1993, no resultaron de una verdadera socialización, sino de la crisis en la agricultura estatal.

Si las cooperativas en Cuba se crean por voluntad del Estado; si su reglamento lo emite el Consejo de Ministros; si el que autoriza su constitución es quien controla, evalúa su funcionamiento y define cuando los “asociados” pueden contratar trabajadores asalariados; si  las actividades y tareas que pueden asumir los “socios”, se crean en los lugares que el Estado decide, y “se ocupan de los segmentos del mercado que no resultan competitivos para la empresa estatal”; y encima de lo anterior, el Estado conserva la propiedad sobre los medios fundamentales de producción, entonces no son verdaderas cooperativas, sino cooperativas estatales de usufructuarios.

Una prueba contundente de ese falso cooperativismo fue el reporte publicado en el diario Granma del viernes 25 de enero de 2013, donde se dio a conocer la decisión de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños de sustituir o liberar de sus funciones a 632 presidentes de cooperativas agrícolas.

Por su parte el usufructo consiste en el disfrute de un bien ajeno. Si se hubiera sido consecuente con el principio de cambiar todo lo que deba ser cambiado, las tierras ociosas e infectadas de marabú, se hubieran entregados en propiedad a los que trabajan la tierra. Nada justifica que los productores privados, que han demostrado capacidad para producir con eficiencia, sean usufructuarios y el Estado, responsable de la ineficiencia, sea el propietario. La pregunta nos remite a una de las razones declaradas de la revolución de 1959 de entregar la tierra a los campesinos: ¿Por qué ahora la tierra no es de quien la trabaja?

Ni las tierras estatales, ni las cooperativas creadas por el Estado, ni las 17 medidas de 2012, ni los sucesivos decretos que entregaron tierra en usufructo han logrado sacar a la agricultura cubana de la crisis creada por el monopolio estatal de la propiedad, al contrario, la crisis se ha agudizado. Tal resultado, quiérase o no, coloca en el orden del día la necesidad una nueva reforma dirigida a eliminar los latifundios estatales, convertir a los actuales usufructuarios en propietarios y transformar el resto de la propiedad estatal en propiedad privada y en grandes empresas cooperativas.

Por tanto lo que se impone es determinar cuál o cuáles son las formas de propiedad más eficaces en cada momento y lugar para el desarrollo personal y social, que es lo que hace de la institución de la propiedad un fundamento del orden personal y social.

El no reconocimiento de esa necesidad explica que los administradores de cooperativas puedan ser separados no por los socios, sino por una institución paraestatal como es la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, o que el Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba amenace a los usufructuarios con la enfática declaración: “La tierra es del Estado”, “Se la quitamos sin mucha discusión”. La pregunta que cae de su propio peso es ¿Y qué va a hacer el Estado con una tierra que nunca logró hacerla producir?

La respuesta pasa por la democratización de las relaciones económicas, para que de forma paralela al Estado, los cubanos participen como sujetos con derechos institucionalizados.

Tomamdo de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1454356777_19905.html

La agudización del desabastecimiento y los altos precios de los productos del agro en el cruce del año 2015 al 2016 anuncia el colapso del modelo económico cubano. Los discursos en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) el 29 de diciembre de 2015, semejaron un toque a rebato; mientras la reunión del Segundo Secretario del Partido Comunista con usufructuarios el sábado 23 de enero en Artemisa fue la primera escaramuza, que por su desacierto pudiera ser la antesala del toque de queda. El colapso deriva de un modelo estatista, de corte totalitario, lo que se puede demostrar de forma sencilla solo retomando algunos artículos que publiqué a partir del año 2001.

En el artículo Nuevo aniversario, viejo problema, publicado en junio de 2001 en el Blog de Dimas expuse que, con las leyes de reforma agraria de 1959  y 1963, el Estado concentró un volumen de tierras superior a la de los latifundios que expropió. Luego, con las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), creadas en 1977 con campesinos que “voluntariamente” unieron sus tierras y medios de producción, la propiedad estatal se elevó hasta el 75% de la tierra cultivable. Tal concentración obstaculizó la diversificación de la propiedad, la identificación, el arraigo y la cultura de pertenencia del campesinado, lo que se tradujo en ineficiencia. Los pequeños agricultores, con el otro 25% de la tierra, garantizaron el peso fundamental en el cultivo de café, de tabaco, la mitad de las viandas, hortalizas y frutas y el 18% de la caña1. La estatización devino escasez y aumento de los precios, agravado por los bajos salarios.

En La agricultura cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado, de  agosto de 2007, publicado en el Blog de Dimas, me referí al discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro el 26 de julio de ese año en Camagüey, en el que reconoció las deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes que se reflejan en los campos infectados de marabú y planteó introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios.

La razón del agravamiento es sencilla. Cuando la economía en lugar de regirse por sus propias leyes se subordina a la política y a la ideología queda condenada al estancamiento y la involución, pues su eficiencia es directamente proporcional al grado de autonomía respecto a los intereses políticos o ideológicos. Cuando además, la crisis se prolonga extremadamente en el tiempo, como ha ocurrido en Cuba, el modelo se torna irreparable. ¿Por qué?, porque el interés de los trabajadores depende en buena medida de la remuneración y de la propiedad. Cuando esa relación se deteriora los desposeídos o impedidos de ser propietarios y/o de recibir salarios en correspondencia con el costo de la vida, prefieren subsistir a través de ilegalidades, engaños, robos, mendicidad y apropiación de la propiedad de todo el pueblo, que en definitiva no es de nadie, con el consiguiente perjuicio productivo y deterioro espiritual.

En ¿Por qué Vietnam si y Cuba no?, publicado en el Diario de Cuba en abril de 2012, se confirma lo antes dicho. Este país que entre 1930 y 1975 estuvo sometido a guerras, que en la última de ellas se arrojó sobre su territorio tres veces más que las empleadas durante la Segunda Guerra Mundial, que el 15% de la población pereció o resultó herida, que en el Sur se destruyó el 60% de las 15 mil aldeas existentes, y como colofón, al concluir esa guerra tuvo que enfrentar el bloqueo y los ataques fronterizos.

Después que el  sistema de economía planificada –como el cubano– sumió al país en el hambre y la superinflación, en 1986 emprendieron el Doi Moi: un programa basado en mecanismos de mercado, autonomía de los productores, derecho de los nacionales a ser empresarios y entrega de tierra a los campesinos. En ese mismo año, pero en dirección contraria, las autoridades de Cuba optaron por la Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, un proyecto, dirigido a impedir la influencia de la Perestroika iniciada en la Unión Soviética.

El Doi Moi elevó la iniciativa, el interés y la responsabilidad de los agricultores, producen alimentos para más de 76 millones de habitantes y ocupan el segundo lugar mundial en exportación de arroz, detrás de Tailandia; el segundo en café (que los cubanos le enseñaron a cultivar), detrás de Brasil; y el primero en pimienta. Sin dedicar mucha propaganda contra el imperialismo, por sus resultados económicos Estados Unidos en 1993 dejó de oponerse a la concesión de créditos, en 1994 suspendió el embargo y en 1995 estableció relaciones diplomáticas.

En Cuba, ante el derrumbe del socialismo en Europa Oriental, el gobierno introdujo un pequeño grupo de medidas coyunturales en 1993 y tres años después las paralizó para evitar la formación de una clase media. Hoy nos debatimos en una profunda crisis cuya más evidente manifestación son los altos precios y la escasez.

En tiempo complementario, publicado en el Blog de Dimas, en octubre de 2007, escribí: “La historia la hacen los hombres, pero el tiempo acota sus límites. De acuerdo a esa ley los hombres pueden acelerar o retardar los procesos históricos, pero sólo hasta cierto punto”. En este sentido, demorar las soluciones estructurales, con independencia de lo que se esgrima es pura retórica, la que se torna peligrosa cuando la esperanza desaparece y el miedo cede terreno. Ante ese cuadro la alternativa es cambiar o ser cambiado, pues el tiempo, terco e inexorable, se impondrá.

Cinco años después de iniciados los cambios, el 21 de diciembre de 2013, en la ANPP Raúl Castro expresó: “Continuaremos avanzando con decisión en la implementación de los acuerdos del Sexto Congreso, sin prisas, pero sin pausas, repito, sin prisas, pero sin pausas”. Un planteamiento que devenido slogan gubernamental, se puede traducir como la decisión de no cambiar nada que amenace el poder. La imposibilidad de avanzar y al mismo tiempo conservar el poder ha comenzado a despejarse. En la ANPP citada,  ante el evidente empeoramiento manifestado entre otras cosas en la escasez y los altos precios, el propio Raúl Castro expresó más o menos lo siguiente: Tenemos que hacer algo, hacerlo ya, mañana mismo, aunque nos equivoquemos. Sus palabras confirman el vaticinio. El tiempo se impuso. Ahora, será más difícil, por no decir imposible, hacer lo que no se hizo a tiempo. El Gobierno enfrenta una contradicción insoluble: la incompatibilidad de los cambios con la conservación del modelo. En este sentido hay que reconocer el mérito de los Lineamientos, no por los resultados, sino porque rompieron el inmovilismo precedente. Ahora, en el nuevo escenario, con independencia de la voluntad de sus promotores, los cambios iniciados se pueden lentificar, pero no se pueden detener.

Fuera de tiempo, una vez más se comienza mal. En Política, Estado, Mercado y Sociedad Civil, publicado en la revista Convivencia en febrero de 2011, recordé que las sucesivas divisiones del trabajo condicionaron la necesidad del intercambio que generó el mercado: esa forma de relación social donde las personas con dinero, productos y servicios se encuentran para intercambiar. Efecto de la producción, el mercado activa el consumo y origina nuevas demandas. De tal forma, la libre concurrencia de productores y consumidores, mediada por los comerciantes, constituye un factor imprescindible del desarrollo. Cuando el Estado suprime esa libertad, elimina o disminuye el interés de las personas por el resultado, repercute en la cantidad, calidad y diversidad de la producción, hasta conducir a la caricatura que son hoy nuestros “mercados y a la situación explosiva que se está generando.

Se vuelve a comenzar mal, porque en vez de atacar las verdaderas causas de los fracasos se busca un chivo expiatorio para desviar el creciente descontento, lo que explica la arremetida contra los intermediarios. La esencia oculta detrás de ese resultado negativo es que la economía prisionera de la política se desnaturaliza, involuciona y deviene factor de pobreza material y espiritual; un resultado en el que la estructura de la propiedad, el monto de los salarios y el interés de los productores desempeñan un papel decisivo.

Sencillamente el modelo es inviable y el tiempo de prueba se agotó. A pesar de ello Cuba tiene un potencial enorme y puede ser rica, pero ello es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.

La Habana, 28 de enero de 2016

1 J. MAYO. Dos décadas de lucha contra el latifundismo. Breve historia de la Asociación Nacional Campesina, p. 20

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1453885155_19764.html

El siglo XIX cubano se caracterizó por la violencia. Entre las conspiraciones separatistas de las primeras décadas y la guerra hispano-cubana-norteamericana que cerró la centuria, se sucedieron las sublevaciones de esclavos, las expediciones anexionistas y las guerras independentistas. En esos episodios miles y miles de cubanos hicieron patria mediante las armas. De forma paralela, como dos caras de una moneda, otros muchos cubanos hicieron patria mediante la educación, la ciencia, las construcciones y la cultura, sin cuya obra Cuba sería impensable.

Un día como hoy, el 28 de enero de 1891, a los 92 años de edad falleció en La Habana uno esos héroes de la paz, el insigne investigador y profesor de Ciencias Naturales, Felipe Poey Aloy, padre de los naturalistas cubanos, iniciador de la era científica de la historia natural en Cuba y junto a Félix Varela, José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Domingo Delmonte, considerado integrante de la pentarquía creadora.

Nacido en Francia, renunció a su ciudadanía para asumir la cubana. Estudió Leyes en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde fue alumno de los presbíteros Félix Varela y Justo Vélez. En 1821 obtuvo el grado de Bachiller en Leyes y se trasladó a Madrid, donde se graduó de abogado.

En 1826 viajó a París, donde conoció al creador de la Anatomía Comparada y la Paleontología, a Jorge Cuvier, quien lo introdujo en los principios básicos de la Ictiología1. Las observaciones acerca de la flora y la fauna de Cuba (85 dibujos sobre peces cubanos y 35 conservados en brandy) que Poey había realizado como naturalista innato, fueron utilizadas por Cuvier en la Historia general de los peces.

Durante su estancia participó en la fundación de la Sociedad Entomológica de Paris y publicó sus primeros estudios sobre los insectos, entre ellos la Centuria de Lepidópteros de la Isla de Cuba. Además, estudió el bórer de la caña de azúcar y las plagas de los aguacateros y fue autor del primer libro de Geografía de Cuba.

En 1835 ejerció como profesor de Geografía de Cuba, Geografía Moderna, y Lengua Francesa y Latina en el Colegio San Cristóbal de Carraguao2. En 1837, la Real Sociedad Económica de Amigos del País3 le encomendó participar en el reconocimiento geológico de la Isla de Cuba.

En 1838 presentó un proyecto para establecer el Gabinete de Historia Natural, el que pasó a formar parte de la Universidad de La Habana. En reconocimiento a su labor, fue nombrado Miembro de Mérito de dicha Sociedad.

Desde 1842, en la Real y Literaria Universidad de La Habana, impartió las asignaturas de Zoología y Anatomía Comparada y las de Botánica y Mineralogía, ejerció la Cátedra de Geografía de Vertebrados y fue Decano de las facultades de Ciencias y de Filosofía y Letras.

En 1839 editó en La Habana el libro de texto Cartilla Geográfica y publicó el Compendio de Geografía de la Isla de Cuba – primera obra de su tipo escrita e impresa en el país– y en 1840 el Compendio de Geografía Moderna.

En 1861 fue uno de los 30 miembros fundadores de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, en la que formó parte de la Comisión de Ciencias Naturales, distinguido como Académico de Mérito, propuesto como Miembro de Número de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba y elegido su Presidente.

En 1883 envió una versión manuscrita de su Ictiología Cubana a la Exposición Colonial de Amsterdam, la que fue premiada con Medalla de Oro y Diploma de Honor.

Además de la ciencia y la enseñanza, Poey fue promotor de la cultura literaria y ejerció el periodismo. Entre otras obras tradujo y compendió la Historia de los Imperios de Asiria; presidió la Sección de Literatura del liceo de la Habana; en el liceo de Guanabacoa, del cual fue Socio de Honor, presentó el discurso Unidad de la especia humana; integró la Sección de Ciencias Naturales del Nuevo Liceo de La Habana; y participó en las tertulias que encabezaba Domingo Delmonte, en las que se reunía lo más prometedor de la juventud intelectual de la época.

Fue colaborador de La Aurora, que encabezaba el dirigente obrero Saturnino Martínez. Colaboró en periódicos y revistas como: La Honesta Cubana, El Faro Industrial de La Habana y La Piragua, en varios números de El Artista. En la Revista Zoológica de la Isla de Cuba publicó el primer estudio científico dedicado a los peces cubanos.

Entre 1865 y 1866 publicó el primer tomo del Repertorio físico-natural de la Isla de Cuba, referido a los descubrimientos de las principales especies zoológicas del país. Otros artículos aparecieron en los Anales de la Sociedad de Historia Natural de Madrid y en publicaciones seriadas de los Estados Unidos, como el Boletín de la Comisión de Pesca, o los Anales del Museo de Historia Natural de Nueva York.

Entre 1851 y 1858 preparó la edición en dos volúmenes de las Memorias Sobre la Historia Natural de la Isla de Cuba, con los resultados de sus estudios zoológicos, acompañados por láminas ilustrativas. Entre 1865 y 1868 publicó los dos números del Repertorio físico-natural de la Isla de Cuba.Su obra monumental, Ictiología Cubana se imprimió en 1955 con una parte del texto del manuscrito ictiológico sin los dibujos de su “Atlas”; en 1962 con parte del texto y varias láminas de su “Atlas”; y en el año 2000 de forma íntegra, en dos tomos de texto y un “Atlas”.

Por sus investigaciones Poey gozo de gran reconocimiento internacional: Corresponsal del liceo de Historia Natural de Nueva York; Miembro de Honor de la Sociedad de Ciencias de Búffalo, de la Sociedad de Amigos de la Historia Natural de Berlín, de la Sociedad Española de Historia Natural y de la Real Sociedad Científica de Londres; Miembro de la Sociedad Estomatológica de Filadelfia; Corresponsal de la Sociedad de Historia Natural de Boston y de la Sociedad de Historia Natural y Horticultura de Massachusetts; Miembro Corresponsal de la Academia de Ciencias de Filadelfia. El 26 de mayo de 1913, aniversario de su nacimiento, se fundó la Sociedad de Historia Natural de Cuba, con su nombre.

Su funeral se efectuó en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, fue enterrado en la Necrópolis de Colón y posteriormente exhumado y trasladado a la Facultad de Ciencias del recinto universitario, donde reposa actualmente.

A 125 años de su fallecimiento, los cubanos tenemos una enorme deuda con este héroe de la paz, que hizo patria desde la ciencia y la cultura y que nos legó un valioso conocimiento de los peces. A pesar de ello en Cuba, un país rodeado de mar, el pescado, no sólo se limita a 11 onzas mensuales por persona, sino que casi siempre la Empresa de Comercio del Estado distribuye pollo por pescado, cuando el pescado más que producirlo, comprarlo o investigarlo, lo único que requiere es pescarlo.

1 Ictiología, rama de la zoología que estudia el comportamiento y la biología de los peces y a la que Felipe Poey dedicó sus mayores investigaciones, en las que incluía la visita diaria a la pescadería en La Habana en busca de nuevas especies nuevas escondidas en la pesca. A Peter Artedi, discípulo del naturalista sueco Carlos Linneo, se le considera como padre de esta disciplina científica.

2 Colegio de San Cristóbal de La Habana, conocido por Carraguao, cuya dirección fue asumida en 1834 por José de la Luz y Caballero, donde introdujo el método explicativo, contrario al uso y abuso de la memoria.

3 La Sociedad Económica Amigos del País se fundó en 1792 a imagen y semejanza de las surgidas en España durante la segunda mitad del siglo XVIII, en el marco de las ideas de la Ilustración.