Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1383508055_5785.html

El camino para salir de la crisis está claro, lo que falta es voluntad política para transitarlo. Entre las reformas parciales del gobierno de Raúl Castro se anunció la puesta en vigor de un cronograma de medidas para eliminar la dualidad monetaria, implementada a raíz de la pérdida de los subsidios soviéticos. Una mirada retrospectiva al tema ayuda a identificar algunas de las causas y limitaciones del  anunciado cronograma.

En el período comprendido entre las dos grandes guerras de independencia que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX cubano, la Isla se convirtió en el primer país en arribar al millón de toneladas de azúcar, de la cual más del 90% se exportaba hacia Estados Unidos. Ello permitió al país vecino imponer a España el tratado de reciprocidad comercial conocido como Bill Mc Kinley, mediante el cual se estableció la libre entrada de azúcar cubana a esa nación. De forma simultánea se desarrolló una alta concentración de la propiedad agraria, especialmente en compañías norteamericanas. En esa condición de dependencia económica, al cesar la dominación española el gobierno de ocupación introdujo el dólar como patrón monetario básico, el cual se fue imponiendo hasta la desaparición de las monedas restantes (francesas, españolas, mexicanas), lo que explica la presencia del dólar en los primeros años de  la República nacida en 1902.

En ese contexto, con el propósito nacionalista de disminuir la dependencia respecto al dólar norteamericano, el gobierno del general Mario García Menocal dictó en 1914 la Ley de  Defensa Económica, la cual dio nacimiento a la moneda nacional. Esa ley estableció un patrón de oro como unidad monetaria con el mismo peso y ley que el dólar. Así, de una decisión nacionalista, emergió la primera versión de dualidad monetaria en Cuba, que duró hasta los años 50 del pasado siglo.

De forma diferente, en 1991, la desaparición de la Unión Soviética provocó la pérdida de las enormes subvenciones basadas en relaciones ideológicas, las cuales solaparon durante décadas la ineficiencia del modelo cubano. Ese hecho, unido a la depresión en los precios del azúcar, condujo al país a una profunda crisis estructural bautizada con el eufemismo de Período Especial en Tiempos de Paz. En respuesta a la crisis, el gobierno cubano, en lugar de emprender una reforma profunda dirigida a lograr una economía propia y eficiente, definió una estrategia dirigida a salvar al modelo y conservar el poder. Con ese fin introdujo varias medidas  coyunturales.

En 1993 se crearon las Unidades Básicas de Producción Cooperativas, mediante las que se les entregó una parte de las tierras ociosas del Estado a los trabajadores en condición de usufructo; se autorizaron los mercados campesinos y el trabajo por cuenta propia; se dio la entrada al turismo y a la inversión extranjera; se admitieron las remesas familiares del exterior; se despenalizó la tenencia del dólar y, en 1994, se autorizó su libre circulación, dando lugar a la actual dualidad monetaria.

Como puede apreciarse, la dualidad monetaria introducida en 1914 fue motivada por razones diametralmente opuestas a la ocurrida en 1994. La primera creó e introdujo la moneda nacional paralela al dólar, la segunda legalizó al dólar paralelo a la moneda nacional.

El camino y la voluntad política

Las causas que condujeron a la dolarización en 1994 tienen su raíz en las primeras medidas revolucionarias, cuyo fin declarado era la desaparición de todas las relaciones mercantiles y, con ellas, del dinero. En 1960 se nacionalizaron todas las entidades bancarias nacionales y extranjeras que existían en Cuba, en 1961 se centralizaron en manos del Estado, mientras la dirección de esas actividades se puso en manos de los revolucionarios procedentes de la lucha armada. Así ocurrió con figuras cuya concepción de la economía difería de las del líder de la revolución, como ocurrió con el economista Felipe Pazos Roque, fundador y primer presidente del Banco Nacional de Cuba desde su fundación en 1948, quien a pesar de renunciar a esa responsabilidad por su posición contra el Golpe de Estado de 1952 y ser nombrado nuevamente al frente de esa institución en 1959, fue sustituido unos meses después por el comandante Ernesto Guevara.

La marcha del proceso fue más o menos la siguiente: se introdujo el dólar en 1994; se creó el peso convertible (CUC), una segunda moneda nacional como alternativa al dólar y con el mismo valor que éste; en 2004 se eliminó la circulación del dólar; luego se impuso un impuesto al dólar del 10% y se revaluó el CUC con relación al dólar en un 8%; en marzo de 2011 se retomó el valor original de uno a uno pero se mantuvo el impuesto del 10%. En resumen, se mantuvo la dualidad gracias a la cual Cuba es el único país del mundo con dos monedas nacionales, ninguna de las cuales es realmente convertible.

La dolarización y la dualidad monetaria, además de multiplicar la diferenciación social, aumentaron la pérdida del poco valor que ya tenía el peso cubano, una de cuyas manifestaciones fue la inflación expresada en los precios del mercado negro, en la disminución de los menguados salarios y en el desestímulo a la producción.

La moneda cubana, representación del dinero, perdió o disminuyó sus funciones como medida de valor, instrumento de adquisición de bienes, medio de atesoramiento, instrumento de liberación de deudas y medio de pago. Por ese resultado la unificación monetaria, si bien constituye un paso imprescindible para el actual o para cualquier otro Gobierno, no resolverá  la actual crisis estructural, debido a que la moneda cubana no está respaldada por el Producto Interno Bruto, es decir, por la suma de los bienes y servicios que le permitan reasumir sus funciones y equipararse a las monedas foráneas.

La salida está en priorizar la eficiencia productiva, para lo cual se requiere de la inversión nacional y extranjera, que provea al país de capital, tecnología y mercados, lo que a su vez exige una nueva Ley de Inversiones y la elevación de los salarios actuales, que no alcanzan para cubrir más de la tercera parte de las necesidades básicas. Pero como solo se puede distribuir lo que se produce, el Gobierno se enfrenta a una compleja contradicción: sin aumentos de salarios los cubanos no están dispuestos a producir y sin producción es imposible elevar los salarios, por lo que la unificación monetaria por sí sola resultará fútil.

En fin, que continúa en falta un proyecto integral que incluya la descentralización de la economía, permita la formación de una clase media, destrabe los obstáculos que frenan la producción y restituya los derechos y libertades ciudadanas. El camino está claro, lo que falta es la voluntad política para transitarlo.

 

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1379923457_5202.html

Una de las figuras centrales de la oposición cubana, acompañó a la revolución desde antes del triunfo y terminó condenado a 20 años en las cárceles castristas. El economista independiente Oscar Espinosa Chepe, fallecido en Madrid, hace balance de su vida y sus ideas en esta entrevista.

Nacido en Cienfuegos el 29 de noviembre de 1940, Chepe se vinculó al movimiento revolucionario en el Instituto de Segunda Enseñanza de esa ciudad. Tras 1959 ocupó diferentes responsabilidades en la Juventud Socialista (JS) y en la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), en la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN) y en la Oficina del Primer Ministro Fidel Castro. Fue castigado por sus criterios a recolectar guano de murciélago en cuevas y a trabajar en la agricultura. En el Comité Estatal de Colaboración Económica fue encargado de las relaciones económicas y científico-técnicas con Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia, consejero económico en la Embajada de Cuba en Belgrado, y especialista en el Banco Nacional de Cuba, entidad de la que fue expulsado por sus ideas en 1992. Desde ese momento, Chepe se desempeñó como economista y periodista independiente, labor por la que en marzo de 2003 fue condenado a 20 años de prisión, saliendo de la cárcel en noviembre de 2004 mediante una licencia extrapenal por enfermedad.

Se habla de Chepe como economista o periodista independiente, pero se conoce poco de otros aspectos de su vida ¿Cómo fueron  tus primeros años, tu entorno familiar?

Nací en Cienfuegos. Mis padres, de orígenes humildes, llegaron a ser comerciantes del giro de farmacias. Mi madre también tenía negocios de inmuebles y junto a mi padre llegó a poseer una droguería en sociedad con otras personas. Tuve una niñez feliz, pero siempre me interesé por la historia, la política y la justicia social; interés estimulado por mi padre, quien fue miembro del antiguo Partido Comunista y participó en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado, causa por la que sufrió prisión. Durante los estudios de bachillerato establecí contactos con miembros de la Juventud Socialista

La siguiente entrevista realizada por Dimas Castellanos tuvo lugar en La Habana, en 2009.(JS) y otros estudiantes, con los cuales participé en actividades de protesta contra la dictadura de Batista, como la huelga azucarera de 1955, cuando los estudiantes íbamos a las asambleas de los trabajadores a alentarlos para que se unieran al paro. En esas actividades conocí a dirigentes sindicales que pertenecían al Partido Socialista Popular (PSP).

¿Sufriste alguna consecuencia por esas actividades?

En 1957 fui acusado de hacer un sabotaje en Cienfuegos, en el cual yo no había participado, pero me encarcelaron y juzgaron en el Tribunal de Urgencia de Santa Clara. En ese juicio me defendió quien después fuera Presidente de la República, el Dr. Osvaldo Dorticós Torrado. Salí absuelto, pero bajo la amenaza del Jefe de la Policía de Cienfuegos de que tenía que irme de la ciudad. Por esa razón vine a La Habana y comencé a estudiar en un colegio metodista llamado Candler College, donde proseguí mi actividad política, razón por la cual a principios de 1958 fui expulsado del centro.

¿En qué organización política militabas en esa época?

Estuve en el movimiento estudiantil vinculado al Directorio Revolucionario 13 de Marzo hasta el triunfo de la revolución. Entonces, cuando se reorganizó la JS, que era la organización juvenil del Partido Socialista Popular, empecé de nuevo mis vínculos con esa organización. Fui su presidente en Cienfuegos y miembro del Comité Provincial en la antigua provincia de Las Villas, hasta que se produjo la integración de las organizaciones juveniles en la AJR, en la que llegué a ocupar el frente de propaganda en el Comité Provincial en Las Villas y a integrar el Comité Nacional. En esta organización participé en la creación de los comités de base en Cienfuegos, incluso en zonas rurales donde habían alzados contra el Gobierno.
Recuerdo que un dirigente campesino con quien participábamos en esas tareas, Juan González, más tarde perdió la vida en una emboscada. Mucho después, cuando ya estaba en el Comité Provincial, uno de nuestros choferes también murió en otra emboscada; se llamaba Héctor Martínez, un joven humilde de origen campesino y como todos nosotros, lleno de ilusiones. Fue una etapa muy triste en la que los cubanos nos enfrentamos en una guerra que no tenía sentido, porque era entre hermanos. Después el Gobierno de forma cruel desalojó de las montañas a muchas familias, con la pérdida de sus tierras y pertenencias bajo el pretexto de que cooperaban con los alzados en armas. Con esas familias se crearon pueblos fantasmas en Pinar del Río y en otras provincias. Fue una etapa sangrienta en la que se impuso el odio. Duró varios años y solo salió victorioso el totalitarismo, al implantar el miedo en la sociedad. Los cubanos en su conjunto, incluidos los que arriesgaron sus vidas por un ideal, salimos derrotados.

¿Hubo en esa etapa algún hecho significativo que te dejara marcado?

Hubo muchos. Recuerdo en Cienfuegos las primeras milicias que fueron a combatir al Escambray. Yo estaba en un batallón que mandaron para Cayo Loco, donde se encontraba el remanente de la Marina de Batista, que estaba bajo sospecha. También recuerdo el entusiasmo, porque en aquella época la revolución tenía un apoyo abrumador. Otro hecho muy emocionante fue la Declaración de la Revolución como socialista. Yo estaba hablando en una asamblea de la AJR en Sancti Spiritus y en ese momento venía un montón de gente por la calle con banderas rojas gritando ¡Viva la revolución socialista!, y era que Fidel Castro había proclamado el carácter socialista en La Habana, en vísperas de Girón. Al otro día, cuando muy temprano se conoció del desembarco por Girón, me subieron a un jeep sin saber para dónde iba y era para proteger con ametralladoras calibre 30 el aeropuerto de Santa Clara. Yo iba como una especie de Comisario, con milicianos que no tenían mucha experiencia, pero con una disposición total al sacrificio. La misión era proteger ese lugar estratégico, poco distante de la Ciénaga de Zapata, de los ataques de la aviación. Por suerte no pasó nada. Esos momentos nos marcaron, creíamos que íbamos a convertir a Cuba en un paraíso y abrumadoramente el pueblo estaba lleno de esperanzas. Había una confianza total en el futuro, en los líderes, en especial en Fidel, en el Che, en Raúl. Para muchos de los que procedíamos de la JS la referencia mayor era Raúl Castro; sabíamos que él había estado en la JS. Eran tiempos de un enorme entusiasmo e ingenuidad, sentimientos transformados posteriormente en una colosal frustración.
Después de esa primera experiencia en el movimiento juvenil ¿militaste en alguna otra organización política?

Milité en las Organizaciones Revolucionaria Integradas (ORI), llegué a ser Secretario de núcleo en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), donde era Jefe de Departamento cuando se estaba formando el Partido en el seno de las ORI. Allí estaba Antero Regalado, un viejo líder campesino y otros dirigentes que eran altos funcionarios del INRA.

¿El INRA era en aquel momento algo como un Gobierno paralelo?

Sí, sí, era un Gobierno, incluso las Zonas de Desarrollo Agrario eran casi repúblicas y los jefes de esas zonas eran los que confiscaban la tierra, eran jerarcas con un poder tremendo. En la Dirección de Planificación de los Abastecimientos, donde yo trabajaba, al principio pusieron a un latinoamericano como responsable, pero el hombre resultó un desastre, y como no había más nadie, me pusieron a mí de Jefe. Yo tenía unos 21 o 22 años y mis conocimientos se limitaban al bachillerato. En aquella época recuerdo que al poco tiempo quitaron del INRA al Ingeniero Santos Ríos. El Presidente era Fidel Castro, pero en la práctica ese señor era el que dirigía el organismo; entonces lo quitaron y nombraron a Carlos Rafael Rodríguez, como presidente del INRA, y me pusieron en un cargo que yo no quería, porque sabía que no tenía conocimientos, mi objetivo entonces era estudiar economía en la Universidad de la Habana. Además, había unos planes especiales de Fidel Castro que solo él controlaba. A las tres semanas de terminarse el Plan del año se aparecían los enviados de los proyectos de Fidel con otros planes y entonces se desbarataba toda la planificación al desviarse los recursos… aquello era una locura.

¿Después de eso ocupaste algún otro cargo dentro del Gobierno?

Después pasé a la JUCEPLAN. Allí hicieron cambios de funcionarios y le pidieron personal a Carlos Rafael. Entre los que seleccionaron estaba yo. Fui a trabajar en el sectorial de la agricultura como Jefe del Departamento del Plan de Abastecimientos para la Agricultura y la Pesca. Trabajaba por el día y estudiaba economía por la noche en la Universidad de La Habana, hasta que se crearon los Equipos de Investigación Económica. Entonces me escogieron para trabajar en el equipo de Ganadería.

Unos meses después de haberse creado esos equipos parece que Fidel Castro decidió que algunos pasaran a trabajar directamente con él, siendo ubicados en la calle 11, cerca de donde vivía Celia Sánchez. Allí hacía lo que me mandaban, me pusieron en lo de la inseminación artificial, que fue una locura, porque un plan de inseminación se supone que se haga para un lote de vacas escogidas con determinadas características y aquello era inseminar a cuantas vacas aparecieran. Al mismo tiempo fui al campo y me di cuenta del desastre que había. Los propios guajiros y los dirigentes del INRA en el Escambray me enseñaban que aquello no iba bien. En ese tiempo tuve la oportunidad de comenzar a leer a algunos economistas del campo socialista. De los soviéticos recuerdo a Liberman, y a los polacos Oskar Lange, W. Brus y M. Kalecki, que planteaban críticas dentro del marco del socialismo.

Yo empecé a darme cuenta de muchas cosas y trabajando con Fidel Castro, comprendí que algunas cosas carecían de racionalidad, como la liquidación del estímulo material que ya el Che había propugnado, la destrucción sistemática de la contabilidad y los controles económicos y en particular la confiscación masiva de la propiedad privada. Fui espectador de la polémica entre el Che Guevara de un lado, que defendía el Sistema Presupuestario de Financiamiento, que era una monopolización de toda la economía, y Carlos Rafael Rodríguez de otro, que mantenía posiciones de autogestión, más lógicas y flexibles, aunque, como descubrí después, también impracticables en un sistema disfuncional. Teóricamente Carlos era brillante, pero además astuto y no sostenía la polémica directamente con el Che, sino a través de terceras personas. El Che era un hombre que con su teoría económica estaba totalmente equivocado, la historia se encargó de demostrar su error, y hoy en Cuba ni se menciona el Sistema Presupuestario.

Ante esa situación yo expuse mi criterio en el equipo, lo defendí y por eso me llevaron a una reunión para convencerme de mis “concepciones erradas”. No me convencieron y entonces me llevaron a una discusión con José Llanusa Gobel, que en aquel momento era Ministro de Educación y persona muy cercana a Fidel Castro.

¿Qué ocurrió en esa reunión?

Tuvimos una discusión fuerte, él queriéndome convencer y yo cada vez más fortalecido con mis ideas por las propias cosas que él me decía, como esa de construir el comunismo y hasta suprimir el dinero. Yo le preguntaba: ¿sobre qué base económica y qué conciencia? Yo le aceptaba que tenía que haber estímulos morales, pero al mismo tiempo que había que pagarle más a la gente, en concordancia con la cantidad y calidad del trabajo realizado, que es lo que últimamente ha estado diciendo Raúl Castro. Llanusa me dijo que yo estaba muy mal.

Al poco tiempo compraron un toro en Canadá que parecía un elefante y nos mandaron un recado para que fuéramos a verlo. Allí estaba Fidel, impresionado, dándole vueltas al toro. Después se comprobó que lo habían dañado, parece que le sacaron mucho semen antes de venderlo, tanto que lo perjudicaron. Estando allí llegó Llanusa y se puso a hablar con Fidel; nosotros nos fuimos, pero al otro día por la tarde llegó Fidel con la escolta a nuestra oficina y empezó a decirme cosas ofensivas: nosotros sabemos con quién tú andas y con quién te reúnes. Yo le dije, mire Comandante, a usted le han informado mal, yo no me reúno con nadie ni ando con nadie, yo le estoy diciendo a usted lo que me enseñaron en la Universidad de la Habana. Él tomó aquello como una falta de respeto y se puso violento. Yo solo le dije la verdad, mis puntos de vista se fundamentaban en lo estudiado en la Universidad, donde nos impartían clases muchos profesores soviéticos e hispanos-soviéticos y donde El Capital de Carlos Marx era nuestro texto básico. En modo alguno, en aquel momento, yo deseada oponerme a su proyecto, pero no podía callarme ante tantos dislates y políticas disparatadas, que entre otras cosas estaban en flagrante contradicción hasta con las concepciones marxistas.

¿Pero eso tuvo alguna otra repercusión?

A los dos o tres días me llamó la jefa del Equipo y me dijo que tenía que irme de allí. Eso fue en julio de 1967, me sacaron y hasta enero de 1968 estuvieron enviando el salario a mi casa. En ese tiempo se produjo el juicio a “la microfracción”. Entonces el secretario del Partido en La Habana, de apellido Betancourt, me citó para preguntarme lo que yo creía del juicio a “la microfracción”, porque los planteamientos de los acusados casualmente coincidían con algunos de los que yo había hecho. Después me preguntó si seguía pensando igual. Le dije “sí, si yo le digo a usted que cambié, lo estoy engañando. ¿Usted quiere que yo lo engañe?”. Me dijo “entonces te vamos a mandar a hacer una acción heroica para que te reformes, porque lo que pasa es que tú nunca has trabajado duro”.

Me mandaron a sacar guano de murciélago en varias cuevas como La Jaula, en el camino que va para la Escalera de Jaruco, en Quivicán y en Pinar del Río, donde me enfermé, por eso me sacaron de allí y me mandaron a trabajar en el Cordón de La Habana, con brigadas de personas sancionadas por haber cometido delitos comunes. Aquello era humillante para mí, porque yo me consideraba un revolucionario. Fue una etapa muy dura, pero yo seguía en la revolución, seguía pensando que eran errores que se cometían y que había que soportarlos hasta que se corrigieran, pero el tiempo pasaba y no se resolvía nada.

¿Cómo fue posible que después de eso trabajaras en el servicio exterior?

Pasados casi dos años de castigo le escribí a Carlos Rafael Rodríguez y también a Osvaldo Dorticós, que me conocía de Cienfuegos. Entonces un buen día Llanusa me llamó y se disculpó conmigo; me dijo que se había cometido un error enorme y que él nunca mandó a hacer lo que hicieron, que si quería que trabajara con él. Le dije que no, que con él no trabajaba. Me preguntó ¿dónde quieres trabajar? Le respondí que en el Ministerio del Azúcar con Miguel Ángel Figueras, un licenciado en economía que había sido profesor mío y que era viceministro de ese ramo. Cogió el teléfono y lo llamó e inmediatamente comencé a trabajar en ese Ministerio, pero realmente yo estaba muy decepcionado.

Un día fui al Centro de Asistencia Técnica (CAT), que coordinaba Humberto Knight, quien un poco receloso me preguntó si quería ir para allá. Le dije que sí, porque siempre admiré a Carlos Rafael Rodríguez, que era quien dirigía esa dependencia. Carlos Rafael era un hombre muy inteligente y educado; provenía del antiguo Partido Comunista. Empecé a trabajar como un simple auxiliar, pero confeccioné una metodología para evaluar el trabajo de los especialistas extranjeros y fui felicitado por los organismos superiores. Entonces Carlos Rafael me llamó para que se la explicara. Cuando comenzamos a hablar, yo le digo: “Doctor, usted fue Comisionado en Cienfuegos al final de la revolución del 33″, y él me pregunta: “¿Cómo tú lo sabes?” Se quedó mirándome y exclamó: “Ah, ¿tú no eres hijo de Oscar Espinosa?”.

Resulta que mi papá me había narrado que una vez participó en la creación de un Soviet, lo cogieron preso y lo mandaron para La Habana. Entonces Carlos Rafael, que tenía funciones dentro del gobierno de los Cien Días, lo ve y le dice: “Ven acá cómo tú vas a estar preso en la revolución”. Y mi papá le respondió: “Esto no es revolución, esto es una mierda”. Lo ofendió, en ocasiones mi padre era algo agresivo, y el Partido Comunista en aquellos tiempos era extremadamente arrogante y sectario. Carlos Rafael me hizo ese mismo relato durante la conversación y me decía: “¡Tu papá era del carajo! ¿Tú no serás igual que él?”

En resumidas cuentas, me quedé a trabajar con él, a unos metros de su oficina en el Palacio de la Revolución, en la atención a las relaciones con Checoslovaquia y a Hungría. Después, también comencé a ocuparme de los vínculos económicos y científico-técnicos con Yugoslavia. Debo reconocer que en las oportunidades que pude estar al lado del Dr. Rodríguez, como lo llamaban respetuosamente en el exterior, aprendí mucho, sobre todo en lo concerniente a sus opiniones antidogmáticas y abiertas al diálogo; opiniones reservadas a círculos estrechos de personas por la posición que él ostentaba. Esto sin poner en duda nunca su posición de convencido marxista.

¿Qué hacías allí?

Atendía las Comisiones Intergubernamentales y ocupaba las secretarías en esas comisiones. Además, discutía con la parte extranjera el establecimiento de Acuerdos, Condiciones Generales de Cooperación y Convenios Estatales de Crédito, algunos con poderes especiales de Gobierno, algo raro pues nunca pertenecí al PCC, una condición casi básica para participar en este tipo de negociaciones. Después nos mudamos para Primera y B, en el Vedado, y estando ahí empecé a viajar. El primer viaje fue a Hungría en 1973, lo hice con Carlos Rafael. Por cierto aquello fue tremendo, había una cantidad enorme de documentos a suscribir y cuando fui a revisar la mitad de los documentos no se habían firmado, los tenían que firmar Carlos Rafael y Miklos Ajtai, vicepresidente del gobierno húngaro. Pensé que aquello iba a ser del carajo, sin embargo, hablé con Carlo Rafael abiertamente y le dije lo que había pasado. Me dijo “no hay problemas, ven para acá”, y se pusieron los dos a firmar después que había pasado el acto de las firmas y la televisión.

También estuve muchos años de secretario de Checoslovaquia y participé en muchas sesiones con vicepresidentes del gobierno cubano. Por ejemplo con José Ramón Fernández, con Ricardo Cabrisas y otros altos dirigentes. Mi departamento atendía también la parte comercial de las empresas del Comité Estatal de Colaboración Económica. Tenía una relación laboral buena, pero pienso que no se me aprobaba como Jefe de Departamento por el problema que había tenido con Fidel Castro.

¿Qué es lo que no se aprobaba?

No estaba nombrado, era un cargo del Comité Central, yo lo ejercía pero no estaba nombrado. Estuve así como diez años, viajando, negociando millones de rublos y después iban los ministros y vicepresidentes a firmar. Se hacían diferentes negocios, por ejemplo los jóvenes que se mandaron a Checoslovaquia, a Hungría a trabajar. Me refiero a los cooperantes. Todos esos documentos yo los negocié, incluso en el caso de Checoslovaquia los discutí con un viceministro checo. Pero eso no funcionaba bien. Lo que ocurría era que aquí le decían a los muchachos que no podían traer esto y lo otro, que solo podían recibir una cantidad de coronas y el resto se las tenían que dar al Gobierno. Así y todo, los muchachos estaban locos por irse para allá. Además, los checos y los húngaros manifestaban que aunque nuestros jóvenes eran muy enamorados y se fajaban mucho, a la hora de trabajar eran superiores a los de otros países.

¿Hasta cuando estuviste en ese tipo de trabajo?

Atendiendo Hungría y Checoslovaquia estuve hasta 1984, entonces me designaron Consejero Económico en Belgrado, Yugoslavia. Tenía una oficina y una gran autonomía. Esas cosas siempre crean fricción con el embajador, pero laboralmente no tenía problemas. Comenzó la Perestroika y yo expresé que estaba de acuerdo con Gorbachov. Entonces un yugoeslavo me hizo un acercamiento que yo, aunque lo informé al centro de la Seguridad que había allí, no lo puse en conocimiento inmediatamente del embajador, me demoré algunas horas. Ellos aprovecharon esa situación y la tomaron como pretexto porque me querían sacar, ya Fidel había estado allí en una visita que hizo a Belgrado y me había visto y por la cara que puso fue evidente que no le gustó mi presencia. Entonces, cuando voy a Cuba de vacaciones, en abril de 1987, me dijeron que no podía regresar. Me manifestaron que querían preservarme, que el enemigo me quería hacer daño. No me dejaron regresar ni a recoger las cosas. A mi esposa, Miriam, que también era diplomática a cargo de los asuntos de cultura, prensa y deportes, sí la dejaron regresar a recoger nuestras pertenencias y siguió trabajando en el MINREX, pero a mí me sacaron del sector y me enviaron a trabajar al Banco Nacional.

Allí, en calidad de especialista, atendí empresas del Poder Popular y del Ministerio de Comercio Interior y empecé a hacer planteamientos acerca de la necesidad de hacer reformas. En marzo de 1992 me citaron a una reunión en la que sacaron hasta el problema con Fidel. Me dijeron que cómo iba a estar planteando cosas que se habían discutido en el último Congreso del Partido. Yo les expresé que yo no tenía por qué aceptar lo acordado en el Congreso, que no era militante del Partido, y empecé a discutir con cifras tomadas de la misma institución. Entonces me sacaron del Banco y remitieron para un banquito que está cerca de mi casa a llevar papeles sin importancia, donde tú y yo nos conocimos. Bueno, poco a poco empecé a hacer artículos a máquina y a repartirlos por todas partes, a los amigos. Ahí tú tuviste el contacto conmigo. También compañeros de Payá comenzaron a tener vínculos conmigo. Los papeles que hacía a máquina, tú me ayudabas más tarde a reproducirlos en computadora. Entonces se fue ampliando el círculo de conocidos y empecé a tener un programa por Radio Martí que se llamaba Hablando con Chepe, hasta que caí preso en 2003, fui a prisión y me condenaron a 20 años.

¿Qué efecto tuvo esa condena en una persona como tú que había dedicado toda su vida a la revolución y al socialismo?

Fue muy duro, incluso hubo un momento muy delicado para mí, fue cuando me trasportaron para Guantánamo a cumplir la sanción. Hasta el gobierno de Batista hubiera sido más limpio en la forma en que me juzgaron, las acusaciones eran mentiras. Fueron tan burdos que me las dieron por escrito: que si yo era agente de los norteamericanos, cuando todo el mundo sabe que nunca he estado de acuerdo con la política de Estados Unidos hacia Cuba; que si tuve reuniones con varios congresistas norteamericanos, cuando ellos sabían que lo que yo le había planteado a esos congresistas era que quitaran el embargo. Eso fue una cosa realmente terrible. He llegado a la conclusión de que yo he seguido la línea revolucionaria y que es el Gobierno el que ha estado en contra de esa línea, que se ha convertido en inmovilista, conservador y contrarrevolucionario, que no es ni nacionalista, porque en práctica ha dañado la identidad nacional, ha empujado a irse del país a millones de cubanos, y una parte considerable de la población que queda en la Isla anhela también marcharse.

¿Sientes odio hacia alguna de esas personas que te hicieron daño?

No, yo trato de evitar el odio, porque te bloquea la inteligencia. Hay que buscar un punto reflexivo para tratar de entender, pues hay algunas cosas que no son fáciles de comprender. Yo he llegado a la conclusión de que en Cuba no puede haber una salida a la crisis sin la reconciliación. Esa es la única vía que tenemos los cubanos, como pasó en España, como pasó en Chile. Por supuesto puede haber justicia —justicia para todo el mundo—, pero Cuba no tiene ninguna posibilidad de resolver sus problemas, si no es sobre la base de un compromiso nacional y de la reconciliación. Hay que buscar un compromiso. Mi idea es que podemos iniciar un proceso de diálogo que pueda terminar, como pasó en los años 30, con una nueva Constitución que se parezca en su espíritu lo más posible a la de 1940. Ahora, la situación es tan grave que hay que tomar una serie de medidas como son el acceso de los campesinos a la tierra, ampliar el rango del trabajo por cuenta propia, permitir la pequeña y mediana empresa y después una Constituyente que siente las bases como se hizo en el 40 donde participaron conservadores, cristianos, comunistas, liberales, todo el mundo. Esa es mi propuesta.

Pero antes sentiste odio ¿Eso significa que has evolucionado?

Sí, hubo una etapa… Tengo que reconocer que yo provengo de las filas comunistas, donde se hablaba de la lucha de clases y que de cierta forma se pregonaba el odio, pero yo he superado todo eso, me he dado cuenta de que eso no lleva a ninguna parte, que no te permite analizar, porque partes de una serie de prejuicios y llegas a un análisis parcializado. Por supuesto soy un ser humano y tengo sentimientos, me han perseguido bastante y puede ser que en algún momento, en algún análisis que haya hecho, me haya dejado ganar por ese tipo de sentimiento. Trato de evitarlo, incluso en mis trabajos, y no me acomplejo por eso, he juzgado a algunos dirigentes cubanos en términos positivos cuando han expresado cosas que considero acertadas. Por ejemplo, el discurso de Raúl Castro el 26 de julio de 2007 lo sigo considerando un discurso realista y lo he dicho, incluso mucha gente me ha atacado por eso y por muchas más cosas que se he manifestado sobre personas que no son precisamente amigos míos. Creo que debo seguir por esa línea, para que el odio y los prejuicios no me cieguen al hacer los análisis. Hay una norma que trato de seguir, no sé si lo logro siempre, y es tener el corazón muy caliente y la mente fría.

¿Ocurre que cuando las revoluciones llegan al poder y se convierten en fuente de derecho, los propios revolucionarios terminan siendo víctimas?

Estoy consciente de eso, pero eso no es revolución. Aquí lo que ha habido es un asalto al poder por una gente que quiere el poder sobre todo, eso no lo califico de revolución. El hecho de que alguna revolución haya tenido violencia, no quiere decir que toda revolución tenga que usar la violencia. Ha habido muchas revoluciones en distintas esferas de la vida de los seres humanos que han sido de avance, de desarrollo, de progreso. Yo no asocio la revolución necesariamente con la violencia.

¿Lo ocurrido te ha llevado a alguna rectificación en tus ideas?

A la conclusión que he llegado es que las distintas doctrinas no dan la verdad absoluta. Creo, por ejemplo, que las concepciones que defienden bien la propiedad privada o bien la propiedad social, no son contradictorias y pueden coexistir. Hay muchos países en el mundo donde existe la propiedad pública real —no como en Cuba donde eso es una ficción— y al mismo tiempo existe la propiedad privada, hay mercados, hay competencia; o sea, que se pueden compatibilizar las dos cosas. Las sociedades más exitosas en el mundo son las que han empleado este modelo, de una forma u otra.

Por ejemplo en el índice de desarrollo humano del PNUD en niveles de vida, en riqueza por habitante, en transparencia, en índices muy bajos de corrupción, están esas naciones como Holanda, Noruega, Suecia, Finlandia, Canadá, Dinamarca, cada una con sus peculiaridades, porque eso no se puede calcar. Ese es el camino.

Ahora mismo, primero con la caída del Muro de Berlín y después con esta crisis económica mundial, se ha demostrado que ni el individualismo ni el estatismo extremo tienen soluciones. Hay que ir en busca de una sociedad donde esté la propiedad privada, porque el deseo de reconocimiento social y de tener éxitos materiales, dentro de determinadas regulaciones y controles puede ser altamente beneficioso; pero al mismo tiempo es útil la propiedad pública, porque en muchos sectores los niveles de ganancia no son muy atractivos para la iniciativa privada y ahí el Estado tiene que jugar un papel más importante. Actividades que, aunque no den réditos altos, hay que hacerlas, como la educación, la salud pública, y otras ramas donde el Estado tiene que estar presente por la razón apuntada o por motivos estratégicos. Me refiero, por supuesto, a un estado democrático.

¿Te defines como marxista?

No, yo diría francamente que no. Porque incluso a Marx, cuando se le preguntó si era marxista dijo que no. Marx es un hombre que hay que estudiarlo en su tiempo. Los problemas del siglo XIX no son los de hoy. Pedirle a Marx soluciones para los que tenemos actualmente es un error. Incluso algunos de sus planteamientos no se cumplieron. Rosa Luxemburgo, su seguidora, en su análisis de la teoría marxista, reconoce que la Teoría del Empobrecimiento Absoluto de la clase obrera no funcionó; la proyección de que el socialismo iba a triunfar primero en Europa Occidental, donde había una clase obrera más numerosa y desarrollada, tampoco funcionó. No creo que Marx quisiera convertirse en un pitoniso. Hay un solo texto donde habla de futuro que es en la Crítica al Programa de Ghota, por eso yo no soy un marxista, me parece un absurdo.

Yo creo que el mundo necesita una serie de soluciones que no se pueden buscar ni en el siglo XIX ni en el XX, hay que desarrollarlas ahora, incluso instituciones que fueron tan valiosas en el siglo XX como el Fondo Monetario o el Banco Mundial, tendrán que adaptarse a las nuevas circunstancias. Varias concepciones, válidas en el pasado, hoy con el avance indetenible de la globalización, la ciencia y la tecnología, son obsoletas. Necesariamente se impondrán novedosas formas de pensar e interactuar en el mundo. Creo que la cooperación internacional asumirá un rol mucho más importante que hasta el momento. A su vez habrá mejores posibilidades para combatir la ignorancia, el hambre y la miseria a escala planetaria, así como los retos para la vida humana de carácter medio ambiental. Estoy seguro que este proceso llevará al fortalecimiento de la Organización de la Naciones Unidas, dándosele a esta institución muchas más facultades.

Fuiste excarcelado bajo ‘licencia extrapenal’. ¿Qué es eso?

La “licencia extrapenal” por enfermedad significa que puedo volver a prisión cuando se considere que me he curado; cosa que es absurda porque mis enfermedades son crónicas. Ellos me citaron al Tribunal Provincial del Municipio Playa dos años después de salir de prisión para recordarme eso, para decirme que no puedo salir de La Habana sin permiso, que tienen una Comisión en el barrio que me está supervisando y en función de lo que diga, yo puedo regresar a la cárcel. Aquí arriba de mi apartamento, en el número ocho, hay una oficina de la Seguridad del Estado, que pienso está monitorearme. Incluso no me dejan salir al exterior. Han aplicado políticas diferentes con las distintas personas, a algunos de los liberados sí les han dejado salir. Yo pedí ir para Estados Unidos, pero me lo negaron. Incluso he sido invitado a eventos en Polonia, Puerto Rico y otros lugares y, aunque he efectuado todos los trámites establecidos, nunca recibí la autorización para salir: la famosa Tarjeta Blanca.

¿Cómo estableciste la relación entre economía y política?

No se pueden separar. En eso Marx sí pudiera tener algunos elementos positivos, él decía que las relaciones de producción son la base de una sociedad y yo sigo creyendo que es así, sin negar que haya una interacción entre la base y la superestructura. Yo creo que si hay más libertad económica, va a haber más libertad política. En eso Fidel Castro está claro, él se niega a que haya alguna apertura económica porque sabe que una cosa lleva a la otra, eso sería inevitable. Los norteamericanos tienen enormes restricciones en el comercio con Cuba, no dan créditos, hay que pagarle antes de que lleguen las mercancías, no compran nada, hay que utilizar barcos extranjeros. Sin embargo, con todos esos obstáculos, ya Estados Unidos está por lo menos en la cuarta posición en el comercio con Cuba, por lo tanto eso va a tener influencia. Si existiera más libertad, nos sentiríamos más dueños de nuestro futuro, eso le daría un impulso a las luchas por las libertades políticas, a la creación de un propicio tejido económico.

La Ley de la Entrega de la Tierra en Usufructo está llena de cortapisas y eso no es por gusto; está bien pensada para que la gente no se sienta propietaria, por lo tanto yo sí creo que hay un nexo muy grande entre política y economía. Cuba es un país con un entorno geográfico y tradiciones sociopolíticas mejores que China, pero aún en China, con las transformaciones económicas, la gente empieza a luchar; ahora mismo con esta crisis y el cierre de empresas las protestas allí son enormes, ni que decir de Rusia. La libertad es también un elemento de producción. Yo defiendo esa tesis, en la medida que la competencia juega un papel más importante hay más libertad de movimiento, de pensamiento, para poder escoger la mejor variante en un mundo cada vez con mayores opciones, donde el diálogo y el debate responsable y civilizado son indispensables para lograr un desarrollo sólido y sustentable.

¿Desde tu punto de vista cuáles serían los obstáculos principales para un cambio en Cuba?

La primera es la voluntad política de ir avanzando de forma gradual. Yo empezaría por la agricultura, dándole la tierra a la gente, dándole facilidades para que puedan pagarla, donde la gente pueda asociarse sobre la base de la voluntariedad. El Estado puede mantenerse en determinadas áreas, en eso no hay una contradicción. Y bueno… cuánto va a ser el área privada y cuanto el área pública, eso lo dirán los resultados y las condiciones concretas. Yo creo que la actividad pública puede ser eficiente en la educación, la salud pública y otros sectores. Antes de la revolución en Cienfuegos los estudiantes venían de la escuela privada a la pública en la enseñanza secundaria y no lo hacían porque fuera gratis, sino porque tenía más calidad. Pero al mismo tiempo se puede permitir la enseñanza privada con determinadas regulaciones, como lo era antes de 1959.

Cuando tuve que venir para La Habana lo hice para una escuela privada; de todas formas el Estado hacía exámenes de comprobación. No se puede caer en extremos. El extremo estatal cayó con el Muro de Berlín y el extremo neoliberal ha caído con la crisis actual. Ahora Obama quiere garantizar el seguro de salud a más de 40 millones de norteamericanos y mejorar la educación pública, por eso lo están calificando de socialista, eso es una tontería. Hay que promover las iniciativas privadas, son un decisivo factor de avance social y desarrollo económico, pero con determinadas regulaciones para evitar las ambiciones desmedidas, el enriquecimiento indebido.

¿Le das algún peso a la política norteamericana en los problemas de Cuba?

Yo sí creo que la política norteamericana tiene una responsabilidad en todo esto, y grande. Yo siempre he expresado que el gobierno cubano ha tenido dos grandes aliados: la Unión Soviética dio un apoyo económico inmenso al régimen, pero desde el lado político han sido los Estados Unidos, con su proceder equivocado, quienes han beneficiado al totalitarismo. La política de aislamiento y embargo ha sido oxígeno para los sectores más conservadores dentro del Partido y Gobierno.
En 2003 se publicó tu libro ‘Crónicas de un desastre’ y en el 2007 se publicó ‘¿Revolución o involución?’ ¿Existe una relación directa entre ellos?

Existe una relación directa, son recopilaciones de artículos que expresan mis puntos de vista acerca de la génesis del drama cubano, las concepciones de cómo salir de la crisis y propuestas para la reconstrucción nacional, en un marco de reconciliación que deje a un dado los odios que por tanto tiempo han envenado a los cubanos. Se diferencian en épocas, Crónicas de un desastre comprende una época y ¿Revolución o involución? comprende otra. Yo diría que contienen una maduración del pensamiento, logrado por la meditación, el diálogo con otras personas, incluidas algunas con las que no coincido en variadas cuestiones, y los largos años de enfrentamiento al totalitarismo. Por ejemplo en el último libro hay una serie de artículos que hice sobre las Metas del Milenio, adoptadas por la ONU. Ello me llevó a realizar una significativa recopilación de datos, de estudios de la historia de la teoría económica cubana que demuestran que la Cuba de antes no era un desastre, como señala la propaganda oficial. Investigando he llegado a la conclusión de que efectivamente había serios problemas que lastraban el progreso nacional, pero Cuba había avanzado de 1902 a 1958 a pesar de los gobiernos y no por la voluntad de los gobiernos.

La sociedad civil cubana avanzó en la educación y la salud pública. En esta última tenía en aspectos importantes una situación superior a países europeos, con indicadores como el número de médicos por habitantes, la esperanza de vida, la mortalidad infantil. Tanto en educación como en la salud había avances comparables con Europa, no con América Latina, donde los únicos países que se podían comparar con Cuba eran Chile, Argentina, Uruguay, quizás Costa Rica. Cuba no empezó en 1959, independientemente que después se hicieron grandes esfuerzos y que en la medicina y educación se llegó a favorecer a sectores que estaban marginados antes de 1959, sobre todo en zonas rurales. Lamentablemente, hasta esos avances, logrados por los esfuerzos del pueblo, están inmersos actualmente en un proceso de involución al carecerse de la indispensable sustentación económica.

En el prólogo a ‘Cuba, ¿Revolución o involución?’, Carmelo Mesa Lago dice: los documentados trabajos de Oscar Espinosa han inspirado e influenciado la obra de muchos economistas cubanos en el exterior. ¿Qué significa para ti esa afirmación y cómo ha sido tu formación para alcanzar ese nivel de profesionalidad?

Bueno a mí me enorgullece que una persona que admiro tanto y que pienso que es el mejor economista cubano vivo, que trabaja para organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo, haya realizado esta evaluación sobre mi trabajo, eso para mí es algo muy alentador. Lo que yo he hecho es buscar datos, información, resumir, investigar sobre las propias cifras oficiales, buscando sus falsedades. Utilizar datos de CEPAL, de Naciones Unidas, de revistas extranjeras, de la prensa. Si vas a mi casa, vas a encontrarte miles de recortes de periódicos y revistas como El País o ABC, El Mundo, El Nuevo Herald, The Economist e incluso de factura oficial como Granma y Juventud Rebelde, que se dedican a hacer análisis de economía y también de hechos sociales, históricos. Me gusta mucho la historia, lo que más me gusta es la historia, soy un fanático de ella, siempre tengo un libro a mano. Muchas veces veo paralelos en la historia de Cuba, muchas cosas parecen repetirse, por ejemplo la obcecación de España por no hacer reformas, por mantener una posición inmovilista, esa posición de no hacer nada en aquella época se convirtió en una de las causas fundamentales de las guerras de independencia. Y ahora aquí está sucediendo una cosa parecida, la obcecación del gobierno cubano hace que se cierren todas las puertas. Hasta ahora no hay peligro de estallidos, pero nadie sabe si esta situación se mantendrá.

Tus trabajos contienen recomendaciones de importancia, pero el Gobierno, que es quien puede implementarlos, no los tiene en cuenta. ¿Qué importancia tiene tu labor?

Yo me conformo con leer mis artículos por la radio extranjera y que alguien los escuche. Me conformo con saber que algunas personas los reciben por internet, o los leen en periódicos editados en el exterior. Que algunas entrevistas que doy para la televisión de otros países llegan aquí, gente que te dice, ¡te vi en la televisión! Estoy conforme con las copias que generosamente reproducen los amigos. Es el comienzo, estoy seguro que todo cambiará para mejorar. Un tiempo atrás no teníamos internet, ahora con muchas dificultades la tenemos, quién sabe si el día de mañana también la pueda tener en mi casa.

¿Consideras que esa semillita en un momento determinado pueda germinar?

La idea es esa, hay que sembrar para el futuro, quizás yo lo vea o no lo vea, pero modestamente estoy tratando de colaborar de forma independiente, porque tú sabes que no pertenezco a ninguna organización. Algunas veces me piden una colaboración y la doy, al que no la quiera no se la doy, y participo así dando mis ideas. Hago lo que puedo, incluso pienso, como tú dijiste, que mi trabajo puede ser útil al propio Gobierno y ojalá sirva para conducir a Cuba hacia la democracia, yo no tengo inconveniente en eso, ojalá, y sin aspiración personal alguna.

¿Para ti cuál es la Cuba deseable y cuál la Cuba posible?

Para mí la Cuba deseable es la que trazó en líneas generales la Constitución de 1940, me parece que esa Cuba responde al deseo expresado por José Martí de una “república con todos y para el bien de todos”. Ese es mi ideal de Cuba, donde sean compatibles las aspiraciones individuales, incluyendo la propiedad privada, la existencia del mercado como herramienta importante de distribución de los recursos, la competencia, las posibilidades de superación; con una participación pública importante que complemente la iniciativa privada, siempre sobre la base de un control democrático; que existan debates, partidos políticos, pero que no haya que esperar las elecciones para la toma de decisiones. Esas características las considero posibles. No creo que sea un sueño, es algo que otros han logrado y me pregunto por qué nosotros no podemos también obtenerlo con tesón, con inversiones fuertes en la educación, en la cultura, que preparen el terreno para avanzar hacia ese destino. Yo creo que en la historia, el pueblo cubano ha mostrado tener motivaciones, aspiraciones y puede llegar a eso.

¿Qué acontecimientos dejaron una huella profunda en tu persona?

Algunas cosas han dejado huellas profundas de forma positiva o de forma negativa en mi persona. La victoria del primero de enero de 1959 me hizo soñar con muchas cosas, para terminar en una enorme frustración nacional. Fue un día que nunca podré olvidar. Mi trabajo en el movimiento juvenil, luego como diplomático tratando de obtener ventajas para mi país. Siempre he cumplido con mi deber, con mi conciencia. Quizás con equivocaciones, pero siempre con la mejor voluntad de hacer algo útil para Cuba. En cuanto a aspectos negativos también hay hechos que me han marcado. En 1967 me expulsaron de los equipos de Investigación Económica y me enviaron a recoger estiércol en las cuevas y a trabajar con delincuentes; en 1987 me sacaron del sector de las relaciones exteriores; en 1992 fui expulsado del Banco Nacional; botaron a Miriam, mi esposa, de su trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, precisamente por continuar conmigo. Otro golpe de una potencia terrible fue cuando me detuvieron en 2003 y condenaron a 20 años de cárcel, en condiciones infrahumanas. Todo eso fue muy duro, pero bueno, gracias a la vida, a Dios, no sé a qué, siempre me levanté, aunque no fue fácil.
Cuando falleció tu madre estabas en la cárcel…

Mi madre falleció unas semanas después que salí de prisión. Pude estar con ella, ya estaba muy mal, una parte del tiempo estaba inconsciente, sufriendo mucho. Ella fue un ejemplo de trabajo, de tesón, de lucha y además muy tolerante. Nunca fue comunista, siempre rechazó esos conceptos. Ella era creyente, pero era tolerante. Jamás, aún en la etapa en que yo milité en los grupos marxistas, se opuso; respetó mi decisión como la respetó cuando decidí oponerme al totalitarismo.

¿Te sientes realizado?

Yo me siento realizado, siento que hice algo por mi país, que en determinado momento me fue difícil porque he recibido la incomprensión de muchos compatriotas, pero también se recibe la cosecha. El pueblo toma conciencia y muchos compatriotas se incorporan al movimiento de oposición, muchos intelectuales, gente valiosa. Creo que el objetivo de la sociedad que quiero, de reconciliación nacional, ese concepto que lleva tantos años conmigo, está triunfando y eso realmente es reconfortante.

¿Tienes amigos y/o enemigos?

Yo no considero a nadie mi enemigo, aunque algunos sí me consideran un enemigo. Yo no odio a nadie, yo he desechado el odio, porque el odio no te deja pensar. Como ser humano puede ser que en determinado momento me enfurezca y la ira me gane, pero siempre trato de desechar eso. Tengo muchos amigos, personas que realmente estimo, incluidas algunas con las cuales tengo puntos de vista distintos. Tú mismo eres una de esas personas, algunas veces hemos discutido, confrontado nuestras ideas, pero seguimos amigos. Hay personas en el exterior con las que nunca he hablado personalmente pero que llevo años hablando por teléfono: economistas, especialistas, periodistas. Así tengo muchas personas que me ayudan, que quieren apoyarme en mi lucha.

Tu madre era católica ¿sus creencias tuvieron alguna influencia en ti?

Mi madre fue católica, muy creyente, pero jamás quiso imponerme sus creencias. Mi padre fue comunista pero terminó siendo un creyente católico. Después él se fue de Cuba y murió en Nueva York. En sus últimos años rechazó totalmente este sistema y murió como creyente, católico, muy, muy creyente. Era un hombre inteligente, incluso cuando era comunista me puso a estudiar en una escuela primaria metodista, la Eliza Bowman, dirigida por misioneras norteamericanas, de las cuales conservo excelentes recuerdos. Cuando no era creyente me aconsejaba estudiar la Biblia, porque la consideraba muy valiosa. Después conocí a otros comunistas que pensaban igual. Por ejemplo a Carlos Rafael Rodríguez, que conocía la Biblia muy bien y la citaba bastante. Está la historia de Juan Marinello, en una oportunidad le preguntaron que si se quemaba su biblioteca qué libros iba a rescatar y respondió: la Biblia.

Haciendo una valoración de tu vida ¿consideras que debes de cambiar algo o estás conforme?

Estoy conforme con todo lo que he hecho en mi vida. Me siento muy orgullo porque hice en cada momento lo que mi conciencia me dictó. Cuando trabajé con Fidel Castro pude hacer lo que hacía todo el mundo y no hubiera tenido ningún problema, pude mantener una posición oportunista y aceptar todo lo que se decía allí. También cuando me sacaron del trabajo de relaciones exteriores pude haberme adaptado, tenía hasta una posición laboral muy buena, incluso firmé muchos documentos a nombre del Gobierno, aunque no era militante del Partido. Se me envió a diferentes países como asesor, a Granada, donde estuve con Maurice Bishop, a Corea del Norte, donde estuve con Kim Il Sun. No tenía necesidad de buscarme ningún problema, pero mi conciencia me dictaba otra cosa y ellos me tomaron como si fuera enemigo y me llevaron a esta posición.

Después de todo tengo que agradecerles, con las persecuciones y el acoso me llevaron a comprender que la situación cubana es imposible de resolver con tibias reformas, sino que se necesita un cambio radical de todo el disfuncional sistema que ha conducido la nación al desastre. Yo soy hijo de la burguesía, porque mi familia tenía dinero, mi madre tenía una compañía farmacéutica, propiedades en Cienfuegos y en La Habana; todo eso yo lo dejé de lado y me uní a la revolución sin ningún interés material. No me uní a la revolución por un interés ni de clase ni de nada, sino por la justicia social y amor sincero a mi país.

He llegado a la conclusión de que la democracia es fundamental, es un arma política, un arma social, un arma económica. La democracia y la libertad son componentes indispensables para el desarrollo de una nación en todos los campos; el respeto a la soberanía individual, en un marco legal democrático es uno de los factores determinantes para el avance de los pueblos. Yo pienso que una de las grandes ventajas de la sociedad norteamericana y de otras sociedades es que han sabido mantener un equilibrio y un poder de autocrítica por generaciones.

¿Qué figuras de nuestra historia han tenido influencia en tu formación?

Hay personalidades de nuestra historia en las cuales encuentro referencias insustituibles. En primer lugar Félix Varela, cuando uno lo lee se pregunta, pero ¿cómo este hombre en esa época podía decir tales cosas? Porque no es lo que dijo, sino cuando y con qué visión lo dijo. Otra figura es Martí, personaje cimero en la historia de Cuba, sin soslayar a genios militares y políticos como Antonio Maceo y Máximo Gómez. No se puede olvidar al tercer descubridor de Cuba, a Don Fernando Ortiz, que es una piedra angular de la cultura cubana, un hombre que en oportunidades rechazó tentadoras ofertas políticas porque quería mantenerse al margen de los partidos, y poder realizar sus análisis sin ningún compromiso. Juan Gualberto Gómez, un hombre que de esclavo llegó a ser una personalidad extraordinaria. Enrique José Varona…, hay incluso algunas figuras que habrá que rescatar con independencia de que hayan cometido errores, como es el caso de algunos autonomistas que jugaron un papel importante en la formación de la conciencia nacional, porque muchos de ellos, de forma astuta, utilizaron las limitadas libertades que dio el gobierno español para crear las condiciones que después permitieron a los luchadores por la independencia demostrar que ya no había otra alternativa que la separación total de España. Está Jorge Mañach y también Ramiro Guerra, uno de los textos más importantes que se han editado en Cuba es su libro Azúcar y población en las Antillas. La lista de hombres extraordinarios que ha producido nuestra pequeña isla es enorme.

¿Deseas agregar algo?

–Creo que lo dicho es lo fundamental, eso es lo que puedo decir.

Tomamdo de: http://www.diariodecuba.com/cultura/1376175806_4589.html

A 125 años de su muerte, ocurrida el 11 de agosto de 1888, los resultados científicos que nos legó el eminente químico, fisiólogo, agrónomo, tecnólogo industrial y divulgador científico Álvaro Reynoso y Valdés, continúan en lista de espera. Mientras la prensa oficial cubana le presta una atención exagerada a los hechos y personas vinculadas a la política y a las guerras, se limita a mencionar a Reynoso como parte de las efemérides sin indagar en su obra ni presionar para que sus aportes se conviertan en resultados productivos.

Álvaro Reynoso, uno de los cubanos que colaboró desde la ciencia al progreso y a la conformación de las bases de la nación cubana, estudió en el colegio San Cristóbal (Carraguao), se graduó de Bachiller en Ciencias en la Real y Literaria Universidad de La Habana, continuó sus estudios  en la Universidad de La Sorbona, en París, donde se graduó en 1856 y obtuvo el doctorado, convirtiéndose en uno de los mejores químicos de su época.

Desde los primeros años de estudios comenzó a publicar los resultados científicos obtenidos: Nuevo procedimiento para el reconocimiento del Yodo y del Bromo; Diversas combinaciones nuevas del Amoníaco en los Ferrocianuros; Acción de las bases sobre las sales y en particular sobre los arsenitos; La separación del Acido Fosfórico de sus combinaciones con los Óxidos Metálicos; Presencia de azúcar en las orinas de los enfermos histéricos, epilépticos y su relación con la respiración; Efecto del Bromo sobre el envenenamiento por el curare (un veneno utilizado por los indios para emponzoñar sus flechas); Estudios sobre la cría artificial de peces de agua dulce y otros.

Al graduarse en 1856  unos veinte trabajos suyos habían sido insertados en publicaciones especializadas de Francia y España. Fue elegido Miembro Correspondiente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid y de la Real Academia de Historia de España, recibió la Real Orden “Catedrático de Química Aplicada a la agricultura y Botánica” de la Escuela General Preparatoria de La Habana” y “Catedrático de Química Orgánica ampliada” en la Universidad Central de Madrid, entre muchas condecoraciones.

Al regresar a Cuba en 1858 con un laboratorio dotado de los más modernos equipos e instrumentos, una excelente colección mineralógica y una valiosa biblioteca especializada en ciencias, tomó posesión de la Cátedra de Química y en 1859 sustituyó a José Luis Casaseca en la dirección del Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana, institución que convirtió en una de las primeras estaciones agronómicas del mundo.

De forma paralela a su obra investigativa se dedicó a la divulgación. En 1868 comenzó a colaborar como redactor científico del Diario de la Marina, donde tenía una columna en la que publicó artículos acerca de las aguas potables; reseñó el primer ensayo realizado en Cuba en abril de 1863 del arado movido por vapor tipo Fowler, con el que se inició la mecanización de la caña de azúcar en Cuba; fue redactor de los Anales y Memorias de la Real Junta de Fomento y de la Real Sociedad Económica; publicó en la Revista de Agricultura del Círculo de Hacendados de la isla de Cuba y en otros órganos de prensa.

Entre sus obras publicadas están: Apuntes sobre varios cultivos cubanos, donde compiló  sus aportes sobre la agricultura no cañera como: maíz, café, algodón, tabaco; Estudios progresivos sobre varias materias científicas, agrícolas e industriales, una colección de artículos publicados en la prensa acerca del cultivo de la caña de azúcar en todas sus fases, así como de los planes de experimentación del Instituto de Investigaciones Químicas y la siembra de boniato, ñame, maíz y arroz, destinada al consumo humano y animal.

A mediados del siglo XIX, cuando Cuba ocupaba el primer lugar mundial en producción de azúcar y el último en productividad,  apoyado en su tesis de que la verdadera fábrica de azúcar está en los cañaverales, se consagró a resolver esa contradicción. Los resultados quedaron recogidos en su obra cimera Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar donde integró todas las operaciones relacionadas con el cultivo y cosecha de la gramínea, desde el efecto negativo de la tala de bosques vírgenes hasta la molida fresca para evitar la alteración de los jugos. Esta obra editada en 1862, se reeditó en Madrid en 1865, en Paris en 1878 y en Cuba en 1825, donde se  reimprimió en 1954 y 1959, además de editarse en Holanda.

Un aspecto de su ideario, que apenas se menciona, es que Reynoso consideraba la participación autónoma de los cubanos en la reforma de la política estatal de la colonia como demanda legítima. Por eso, en su análisis sistémico no escapó el vital tema de la propiedad agraria. Él consideraba, al igual que Francisco de Frías y José Antonio Saco, la necesidad de fomentar una agricultura cañera con pequeños campesinos criollos e inmigrantes, donde el incentivo en la propiedad, a diferencia del sistema esclavista, era un componente básico para impulsar la modernización de la economía agraria.

Sin embargo, en el año 2001, cuando debido al declive continuado de la producción azucarera no se rebasó los 3,5 millones de toneladas, el entonces Ministro del Azúcar, el General de División Ulises Rosales del Toro anunció dos proyectos para revertir esa situación: una reestructuración de la industria azucarera dirigida a lograr un rendimiento industrial del 11%, es decir, a extraer de cada 100 toneladas de caña, 11 toneladas de azúcar; la otra, bautizada con el nombre del insigne científico, con el objetivo de  alcanzar 54 toneladas de caña por hectárea. Con ambos proyectos, según se anunció en aquel momento, se alcanzarían seis millones de toneladas de azúcar (cifra producida en Cuba en 1948).

Para ese fin, en lugar de tener en cuenta todos los elementos que participan en el proceso productivo como enseñó Reynoso, se cerraron unas 100 fábricas de azúcar, se distribuyeron enormes extensiones cañeras para otros cultivos y se soslayó el dañino monopolio estatal sobre la propiedad de la tierra. Los resultados eran de esperarse. El monto de la zafra 2002-2003 –la primera desde la implementación de la “novedosa Tarea y una de las peores de todos los tiempos– fue de 2,10 millones de toneladas, casi la mitad de lo que se producía en 1919.

De ahí hasta el presente la ineficiencia industrial, la poca disponibilidad de caña, los bajos rendimientos por caballería y el elevado costo de producción por tonelada, se ha repetido año tras año. En la última zafra, la de 2012-2013, el plan de 1,7 millones de toneladas no se pudo alcanzar por disímiles causas, pero especialmente porque el problema irresuelto de la tenencia de la tierra se intentó resolver mediante el usufructo, manteniendo al Estado ineficiente como propietario y la economía subordinada a la política y la ideología, lo que se refleja no sólo en la producción azucarera sino en la producción agropecuaria y todas las ramas de la economía.

Tomado de:  http://www.diariodecuba.com/deportes/1375365754_4465.html

Los hechos y noticias acerca del deporte de las bolas y los strikes, conocidos durante el recién concluido mes de julio, declaran la controversia entre la pelota amateur y la profesional a favor de la segunda.

Comenzó por el debut de Yovani Aragón en el Torneo Interpuestos de Rótterdam, un evento de menor exigencia que los Juegos Olímpicos y los Clásicos Mundiales, donde el mentor espirituano conquistó la novena corona para Cuba.

Le siguió en orden el tope entre la selección universitaria de Estados Unidos y el equipo Cuba, en el que los antillanos exhibieron el más bajo rendimiento de los últimos torneos internacionales: débil bateo, elevada cifra de ponches, fallo en los primeros bates, tácticas desacertadas, errores en fildeo y en tiro a las bases, y les robaron 15 bases en 16 intentos. Por su parte, la escuadra norteamericana también con una débil ofensiva, pero con 12 lanzadores con velocidades entre 93 y 98 millas.

Los cubanos, que habían derrotado a las selecciones estudiantiles en 8 de 10 oportunidades, con mayor experiencia y con un promedio de edad de 26,6 años, fueron derrotados por un equipo cuyas edades oscilaban entre 19 y 23 años. El mentor cubano, Víctor Mesa, quien esperaba ganar tres o más de tres encuentros, tuvo que conformarse con una aplastante derrota. Algo similar a lo que le ocurrió en la tercera versión del Clásico Mundial, cuando aseguró Ganaremos el Clásico, a eso vinimos, no a otra cosa, pero no pudo mejorar la quinta posición obtenida en  el II Clásico.

A estos dos hechos se unen las siguientes noticias:

1- El granmense Alfredo Despaigne, contratado por los Piratas de Campeche, conectó de 6-6 el 24 de julio e igualó el record impuesto en 1936 por el  “Inmortal”, Martin Dihigo.

2- El cienfueguero Yasiel Puig, recibió el premio al Mejor Jugador y Novato del Mes de junio, tras su debut con los Dodgers de Los Ángeles. En 26 partidos encabezó el bateo, fue líder en porcentaje de embases, conectó 7 jonrones y empujó 16 carreras. Con 44 hits se colocó segundo en la lista de todos los tiempos conectados por un novato en su primer mes, a cuatro de la marca de Joe DiMaggio impuesta en 1936.

3- José Iglesias, infilder de los Medias Rojas de Boston, fue seleccionado Novato del Mes en la Liga Americana. En 25 partidos bateó 395 con cuatro dobles, dos triples, un cuadrangular, seis empujadas, 17 anotadas y ocho bases por bolas, tuvo 11 juegos de dos hits o más y una racha de 18 encuentros seguidos bateando imparables.

4- José Fernández, lanzador de los Marlins de Miami, con poco más de tres meses en las Grandes Ligas, fue elegido para el Juego de las Estrellas conjuntamente con el holguinero Aroldis Chapman, cerrador de los Rojos de Cincinnati; mientras el granmense Yoenis Céspedes, de los Atléticos de Oakland, ganó la competencia de jonrones  en la Semana de las Estrellas.

5- Veteranos del equipo Industriales jugarán varios partidos durante la celebración de los 50 años de ese club en Miami, donde los industrialistas residentes en la Isla se enfrentarán a industrialistas residentes en la otra orilla.

JORGE EBRO el Nuevo Herald
Los hechos y las noticias reseñadas nos remiten al momento en que se abolió la pelota profesional. Hasta esa fecha Cuba contaba con un abultado aval en eventos internacionales:. Después de la Primera Series Mundial de Béisbol Amateur, celebrada en Londres en 1938, las cinco siguientes se efectuaron en el estadio La Tropical de La Habana, de las cuales la Isla ganó cuatro. Mientras que la Serie del Caribe surgió a petición de Cuba, cuando en 1948 propuso ante los delegados de Puerto Rico, Panamá y Venezuela, celebrar una serie anual entre los equipos campeones para decidir el mejor de la región. La Habana fue la anfitriona de la primera en 1949. Desde ahí, hasta 1960, Cuba ganó 7 de 12 encuentros, los últimos cinco de forma consecutiva.

Fiel a una añeja relación entre política y deporte, el líder de la revolución realizó una prolongada intervención en la pelota. El 2 de enero de 1967, dijo: Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota… Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales.

Ciertamente la revolución llevó la pelota a todos el país, construyó varios estadios, renombró al Gran Stadium del Cerro como Estadio Latinoamericano y le añadió  nuevas graderías. A cambio impidió que peloteros cubanos, con estirpe de estrellas, se midieran con los mejores del mundo y que los fanáticos de la Isla se privaran de disfrutar del béisbol profesional que, en vivo o por las cadenas de radio y televisión, disfrutaban desde cualquier punto del país. Sin embargo, el profesionalismo no se erradicó, más bien se solapó. Si profesional es el que percibe un salario por la labor que desempeña, los peloteros de la Serie Nacional, que reciben su salario por esa función, han sido profesionales desde esa fecha hasta hoy.

Con esa pelota “libre” Cuba estableció la supremacía durante décadas en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales. Se proclamó la gran victoria sobre la pelota esclava. Rebosante de orgullo, en octubre de 1975, sentenció: si en otros países de América latina no existe la revolución social, no se desarrolla la revolución social; por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte.

La ilusión se desvaneció. Cuba había estado ganando a los amateurs con un equipo profesional. Al comenzar los choques con presencia de profesionales, la pelota “esclava” demostró ser superior a la “libre”, como ocurrió en los Clásicos. Los resultados comenzaron a decepcionar. Pero lo peor ha sido los cientos de jugadores que han desertado en busca de la esclavitud, lo que ha afectado especialmente a los lanzadores. Casi todos los mejores pitchers de los últimos 20 años abandonaron la Isla: Desde René Arocha hasta Odrisamer Despaigne y Misael Siverio y con ellos varios cientos de peloteros de todas las categorías.

Después de una larga y brillante historia beisbolera, después de haberse medido con los mejores del mundo y haber triunfado, países sin tradición en este deporte nos vencen o les ganamos con susto. El colofón ha sido, no la derrota ante otros profesionales, sino frente a estudiantes universitarios, verdaderos amateurs que enfrentaron y barrieron en cinco partidos a los “amateurs” de la mayor de las Antillas.

Cuba está en retroceso respecto al resto del mundo. La controversia entre la pelota amateur y la profesional está decidida a favor de la segunda. Se impone abandonar la estrategia trazada en 1961. Aunque no se reconozca públicamente, que es mucho pedir, lo más importante es acelerar los pasos que se están dando para regresar al camino que no se debió abandonar. De momento Cuba estará presente en la próxima Serie del Caribe que tendrá lugar en la Isla Margarita, Venezuela, pero el sueño de muchos aficionados y de muchos de los que hoy brillan en la Pelota Profesional, es poder representar a Cuba en el próximo Clásico. No es un gran reclamo, es sencillamente permitir a los peloteros cubanos que residen en el exterior defender los colores de su bandera, como lo hace el resto de los 15 países participantes.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1374830457_4390.html

La experiencia, avalada por las ciencias sociales, enseña que el interés es un motor insustituible para el logro de objetivos. En el caso de la economía, la propiedad sobre los medios de producción y el monto de los salarios influyen decisivamente en el interés de los productores. Cuando ese interés desaparece como ocurrió en Cuba con el proceso de estatización, la impedimenta para ser propietario y/o recibir salarios en correspondencia con sus aportes, obligó al cubano a buscar fuentes alternativas para subsistir mediante la apropiación de la supuesta propiedad de todo el pueblo.

Esa conducta, prolongada durante demasiado tiempo, devino componente de la moral, es decir, en normas admitidas socialmente hasta su generalización en toda la sociedad. A los bajos salarios los cubanos respondieron con actividades alternativas; a la ausencia de sociedad civil, con la vida sumergida; a la falta de materiales, con el robo al Estado; y al cierre de todas las posibilidades, con el escape al exilio. Acciones  expresadas con el mismo discurso del siglo XIX, pero ahora no para abolir la esclavitud ni alcanzar la independencia, sino luchar para sobrevivir. Una conducta recogida en la expresión popular: Aquí lo que no hay es que morirse.

Ante esa realidad la respuesta gubernamental se concentró en la represión: policías, vigilancia, restricciones, inspectores e inspectores de los inspectores, expulsiones, condenas y encarcelamientos. Acciones sobre los efectos sin tener en cuenta que las soluciones pasan por el reconocimiento y la acción sobre las causas.

En la clausura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 7 de julio pasado, el Primer Secretario del PCC, Raúl Castro, expresó que la implementación de los Lineamientos requiere de un clima permanente de orden, disciplina y exigencia en la sociedad cubana y que el primer paso es hurgar en las causas y condiciones que han propiciado este fenómeno a lo largo de muchos años. A ello añadió: Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás. Enumeró las manifestaciones negativas, de todos conocidas, entre ellas, que una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado, para concluir que: Lo real es que se ha abusado de la nobleza de la revolución, de no acudir al uso de la fuerza de la ley, por justificado que fuera, privilegiando el convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer que no siempre ha resultado suficiente. Y reconocer que hemos retrocedido en cultura y civismo ciudadanos.

A pesar de lo declarado, faltó reconocer que las subvenciones recibidas del exterior, basadas en relaciones ideológicas y por tanto ajenas a las leyes económicas, fueron inútiles para promover el desarrollo y que en su lugar, esa “ayuda” solapó la ineficiencia del modelo cubano, hasta que el derrumbe del campo socialista develó la falsedad de las bases en que se sustentaba. En ese momento, en vez de enrumbarse definitivamente hacia la conformación de una economía propia y eficiente, el Gobierno se  limitó a introducir cambios coyunturales en espera de mejores tiempos, hasta que las nuevas subvenciones, provenientes de Venezuela, permitieron detener las reformas.

El intento de ignorar que el sistema interrelacionado de elementos que conforman la sociedad sufre mutaciones permanentes, las cuales cuando no son atendidas a tiempo obligan a reformar toda la estructura social, ha caracterizado al gobierno de Raúl Castro, quien dotado de suficiente voluntad política para conservar el poder, pero sin la necesaria para emprender reformas estructurales, decidió profundizar los cambios dirigidos a lograr una economía propia y eficiente, pero subordinados al mantenimiento del poder, lo que explica las limitaciones y los fracasos del empeño. En medio de esos esfuerzos, las reñidas elecciones presidenciales celebradas en Venezuela a principios del año 2013, dispararon la alarma sobre la fragilidad de las subvenciones provenientes del país sudamericano, lo que ha puesto a la orden del día, sin posibilidad de retroceso, la imperiosa necesidad de profundizar las reformas iniciadas.

Sin embargo, tanto las primeras medidas implementadas, como las más recientes, al producirse en ausencia de una sociedad civil con capacidad para influir en ellas, ha determinado que el sujeto de los cambios sea el mismo que arribó al poder en 1959, el cual por su prolongada duración tiene intereses que defender y es responsable de todo lo bueno o malo ocurrido; una característica que le impide actuar como lo podría hacer un movimiento que arriba al poder por vez primera. Por esa razón el alcance, la dirección, la velocidad y el ritmo de los cambios han respondido a la conservación del poder.

Inmerso en la contradicción de avanzar sin reformas estructurales, el Gobierno está enfrentando el inmenso obstáculo que significan los desajustes ocurridos en el sistema social durante décadas. Entre ellos el efecto dañino que ha tenido la desproporcionada relación entre los salarios y el costo de la vida, así como su reflejo en la corrupción imperante.

El salario real debe ser, al menos suficiente para la subsistencia de los trabajadores y sus familias. De acuerdo a esta exigencia el salario mínimo permite la subsistencia, mientras los ingresos por debajo de ese límite marcan la “línea de pobreza”. Desde 1989, cuando un peso cubano equivalía a casi nueve de los actuales, la tasa de crecimiento del salario comenzó a ser inferior a la tasa de aumento de los precios, lo que explica, que a pesar de haberse producido aumentos en el salario nominal, la capacidad de compra ha disminuido, al punto que resulta insuficiente para sobrevivir.

Con el salario promedio mensual, alrededor de 460 pesos (menos de 20 CUC), no se pueden cubrir las necesidades básicas. Un estudio realizado en dos núcleos familiares, compuesto de dos y tres personas respectivamente, arrojó que el primero ingresa 800 pesos y gasta 2391, casi tres veces más que el ingreso; el otro ingresa 1976 pesos y gasta 4198, más del doble de lo que ingresa. El primero sobrevive por la remesa que recibe de un hijo que radica en Estados Unidos, mientras el segundo no declaró como adquiere la diferencia. Esa desproporción constituye la principal causa que, ante la pérdida de la función del salario, la familia cubana se haya dedicado masivamente a buscar fuentes alternativas de ingresos para sobrevivir, en la mayoría de los casos mediante actividades al margen de la ley.

Como sólo se puede distribuir lo que se produce, el Gobierno se enfrenta a una compleja contradicción. Los cubanos, desmotivados por salarios que no guarda relación con el costo de la vida no están dispuestos a producir y sin aumento de la producción no pueden mejorar las condiciones de vida. La solución no está en llamados ideológicos ni en que el pueblo le salga al paso al pueblo, sino en reconocer al Estado como el causante principal de esa anomalía y en consecuencia descentralizar la economía, permitir la formación de una clase media, destrabar todo lo que frene el aumento de la producción, hasta ser posible la unificación de las dos monedas que  permita proceder a una reforma salarial. Todo ello implica profundizar las reformas hasta dotarlas de un  carácter integral, lo que incluye, por supuesto, el restablecimiento de las libertades ciudadanas, algo que hasta ahora el Gobierno se ha negado.

Tomado de http://www.diariodecuba.com/cultura/1374192211_4281.html

Las pocas expectativas generadas por el IX Congreso de la Unión de Periodistas y Escritores de Cuba (UPEC), celebrado el pasado fin de semana, terminaron en la frustración. Los cambios que demanda el periodismo para desempeñar un papel efectivo en las transformaciones sociales brillaron por su ausencia. El cónclave pasó por alto el tema de la libertad de prensa, un asunto vital para hurgar en las causas de la crisis actual y sugerir posibles soluciones, a pesar de que Cuba cuenta con una rica historia en esa materia.

El prócer camagüeyano Ignacio Agramonte, en la defensa de su tesis de licenciatura en Derecho expresó: Al derecho de pensar libremente le corresponde la libertad de examen, de duda, de opinión, como fases o direcciones de aquel.
La prensa en Cuba se inauguró con el Papel Periódico de La Habana en 1790; se diseminó con los acuerdos emanados del Pacto del Zanjón de 1878, gracias a los cuales Juan Gualberto Gómez ganó un proceso jurídico contra las autoridades coloniales que permitió divulgar públicamente las ideas independentistas; se multiplicó durante la República: Diario de La Marina, Bohemia, El País, El Mundo, Alerta, Noticias de Hoy, La Calle, Prensa Libre, Carteles y Vanidades, por sólo citar diez de ellos; las estaciones de radio en 1930 alcanzaron la cifra de 61, una cantidad que ubicó a Cuba en cuarto lugar a nivel mundial; y en cuanto a la televisión, en 1950, casi inmediatamente después de los Estados Unidos, se inauguró Unión Radio Televisión Canal 4, la tercera planta televisiva de América Latina, seguida ese mismo año del canal 6.

Gracias a esos medios, desde la colonia hasta la República, el debate de ideas alcanzó una importancia tal que resulta imposible explicar ningún acontecimiento de nuestra historia sin tener presente el papel de la libertad de prensa. La mejor prueba fue el alegato del Dr. Fidel Castro, conocido como La historia me absolverá, en el cual expresó: “Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo… Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos…”.

El historiador, sociólogo y político ruso Pavel Miliukov, en un artículo titulado En defensa de la palabra, definió a la prensa como la expresión más fina y perfecta de las formas de interacción sociopsicológica; explicaba que las normas de relaciones entre el hombre y la sociedad constituyen la médula de los derechos humanos y que la libertad de prensa es la única de las libertades civiles capaz de garantizar todas las demás.
Si a partir de las ideas expuestas aceptamos que la libertad de prensa constituye un factor ineludible para el desarrollo social, cualquier acción encaminada a excluir su uso, no puede calificarse sino como un acto contra el desarrollo del país y contra la dignidad de las personas.

Sí la nación realmente es de todos, comunistas o no,  revolucionarios o no, intelectuales o no, todos tienen el derecho de pensar, expresar y difundir libremente sus ideas como sujetos activos en los problemas nacionales. Lo contrario es exclusión, totalitarismo o  apartheid. Por tanto en la era de las novísimas tecnologías de la información y las comunicaciones, resulta inadmisible cualquier restricción a la libertad de prensa en un país con tan rica tradición libertaria. Baste recordar que en años difíciles como 1947, 1950 y un día después del asalto al cuartel Moncada, en 1953,  Noticias de Hoy, órgano del entonces Partido Comunista (Partido Socialista Popular) fue clausurado. Sin embargo, una y otra vez, gracias a la llamada libertad de prensa “burguesa”, los comunistas, apoyados por una buena parte de la prensa existente, exigieron su reapertura y lo lograron, a pesar de que Noticias de Hoy propugnaba la lucha de clases para derribar el sistema imperante.

Sin embargo, el miembro del Buró Político del PCC, Miguel Diaz-Canel, en la clausura del congreso de la UPEC, consideró que lo que falta para alimentar el deseo de mejorar la prensa y hacerla más virtuosa es el diálogo. Es decir, la prensa oficial es virtuosa y esas virtudes, según sus palabras, están en haber denunciado las campañas imperialistas de los enemigos internos y externos, por lo cual está en condiciones y tiene por misión contribuir al logro de un socialismo próspero y sostenible. Tenemos que apoyarnos –dijo Díaz-Canel– en un grupo de principios de la prensa cubana, extraídos del pensamiento martiano y de Fidel.

La pregunta a Diaz-Canel es si lo expresado por Fidel sobre la sociedad civil y las libertades ciudadanas durante el juicio del Moncada conserva su valor, y respecto a Martí es bueno recordarle la idea central que expuso en el Tercer Aniversario del Partido Revolucionario Cubano: Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia.

Varios periodistas de la prensa oficial elogiaron la subordinación de la prensa a los fines del PCC, como es el caso de Oscar Sánchez Serra, en el artículo El Congreso de quienes nos ven, nos escuchan y leen, publicado en Granma, el lunes 15 de julio, quien planteó que el periodista es un constructor del socialismo. Pero quien con mayor nitidez resumió las loas a la subordinación de la prensa oficial al PCC fue Víctor Joaquín Ortega, quien en un artículo de corte editorial, aparecido en el semanario Tribuna de La Habana, el domingo 14 de julio, escribió: “Somos arma del Partido Comunista de Cuba, el único que necesitamos para la brega, hijo de la dignidad y la línea creadora del Partido Revolucionario Cubano fundado y liderado por el Apóstol.

Estos y otros planteamientos similares demuestran que el periodismo de la UPEC es el periodismo de un partido político y de una ideología específica, por lo cual no puede autodefinirse como representante de la prensa cubana en general, cuya naturaleza plural desborda las ideas comunistas.

La prensa oficial se sostiene sobre la base de las restricciones a la libertad de prensa, no es –como bien expresó Jorge Barata en el dossier sobre este tema publicado en Espacio Laical– plural ni abierta, por lo cual está impedida de hablar en nombre de la sociedad cubana en su conjunto. Su política la define el PCC, basado en los límites establecidos en el Congreso de Cultura de 1961: Dentro de la revolución todo. Contra la revolución nada, un límite que debería comenzar por definir qué es una revolución y después demostrar que existe una revolución en Cuba.

La exclusión no sólo es injusta e inadmisible, sino irreal, pues las nuevas tecnologías lo impiden. De forma paralela a la prensa oficial ha surgido y coexiste otra prensa. Espacio Laical, Convivencia, Observatorio Crítico, Voces, el Boletín SPD, Primavera de Cuba y decenas de blogs y sitios webs que no responden al PCC, cuya importancia radica en la decisión de participar –sin permiso– desde visiones diferentes en los problemas de la nación. Un periodismo alternativo, independiente, ciudadano y participativo, que refleja realidades ignoradas por la prensa oficial y que cumple con los requisitos del periodismo tradicional e incorpora otros que son posibles con las nuevas tecnologías, a pesar de los obstáculos que significa la ausencia de libertad de prensa.

Entrevista a Dimas Cecilio Castellanos Martí, historiador y periodista. PUblicada en: http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=24&idTitulo=249485

Desde La Habana, Félix Sautié Mederos

Por Esto! pregunta

“Desentrañar las causas de la crisis en que se encuentra nuestra sociedad (…) El concepto de raza como conjunto de características heredadas si bien carece de fundamentación, como construcción social tiene efecto dañino a la dignidad humana (…) En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia (…) Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos (…)” Un reto pendiente…

Dimas Cecilio Castellanos Martí es un nombre repetido en los espacios digitales, por motivo de sus artículos referidos a los problemas actuales que entorpecen el desarrollo en Cuba y la búsqueda de las claves históricas que han tenido incidencia en su surgimiento y evolución. Como todas las personas que escriben y publican sus ideas, ha ganado amigos y también detractores. Incluso hay quienes lo descalifican y tratan de silenciarlo considerándolo en el campo de los enemigos. Estas concepciones dogmáticas han sido causa de muchas divisiones entre los cubanos, incluso entre quienes estamos a favor de la justicia social y la equidad distributiva. Son prácticas que tenemos que erradicar y darles un verdadero vuelco a esas mentalidades estrechas que poco aportan para el desarrollo y el futuro y devienen un exponente muy significativo de la necesidad de lograr el cambio de mentalidad que tanto ha reiterado el Presidente Raúl Castro. Quizás sea porque no se atreven a debatir con él sus criterios o porque optan por lo más fácil que no les busque problemas con lo que pudiera denominarse como “lo establecido”.

Precisamente en aras de ese cambio de mentalidad es que entrevisto al amigo Dimas, con el propósito de explicitar su vida y su criterios sin exclusiones de ningún tipo; creo interesante expresar el pensamiento de este autor que, a pesar de haber sido excluido por algunos, se mantiene firme en sus criterios progresistas a favor de la paz, la libertad, la equidad distributiva y la justicia social. He tenido la oportunidad de conocerlo de cerca, hemos estado juntos en los afanes cristianos y en los estudios bíblicos y teológicos. Soy testigo de excepción de su acercamiento decisivo al cristianismo.

Considero que sus búsquedas, su origen y su desarrollo intelectual son dignos de divulgarse, más aún por el significado que han adquirido con motivo del reciente debate sobre el artículo publicado por el intelectual cubano Roberto Zurbano en The New York Times con el controvertido título “Para los negros en Cuba la Revolución no ha comenzado aún”, que según el propio autor fue una tergiversación del título con que originalmente lo envió al periódico neoyorquino: “Para los negros en Cuba, la Revolución no ha terminado”.

Félix Sautié: Tengo entendido que fuiste militante de la Juventud Socialista en la antigua provincia de Oriente y que participaste en la VIII Asamblea del Partido Socialista Popular al triunfo de la Revolución ¿Eso es así?

Dimas Castellanos: Sí, fue así. Milité en la Juventud Socialista (JS), la organización juvenil del Partido Socialista Popular (PSP). Fui Secretario de mi Comité de Base, Presidente de esa organización en el municipio Bayamo y Delegado a su último congreso. En 1960 ingresé a las filas del PSP, donde milité hasta su disolución en 1962. Es cierto que participé en la VIII Asamblea del PSP, celebrada en agosto de 1960, pero no como Delegado. Resulta que cuando se celebró ese evento yo estaba en la Escuela Nacional de Cuadros del PSP y se decidió que los alumnos participáramos en algunas de las sesiones que se estaban celebrando en el Hotel Comodoro, muy cerca de donde radicaba la escuela. En esta Asamblea, que fue la última del PSP se aprobó la tesis: “Defender la Revolución y hacerla avanzar”, lo que significaba impulsar la revolución democrática y popular hacia el socialismo y el comunismo, que eran los objetivos del entonces partido comunista.

—¿Cómo fue tu adhesión a esa militancia comunista y cuál ha sido tu evolución desde entonces a la fecha?

—Mi adhesión a la militancia comunista tuvo una raíz familiar y clasista. Mi padre, tabaquero, era miembro del PSP. El trabajaba en nuestra casa junto a otros 7 u 8 torcedores de tabaco. Desde niño estuve escuchando discusiones acerca de la política, la cultura, la ciencia y de otros temas; algo característico de ese oficio que permite hablar y discutir sin interrumpir la producción, lo que explica la elevada formación cultural que tenían los trabajadores de ese sector. También, aunque con menor intensidad, eso ocurría en el oficio de tipógrafo, en el cual trabajé como aprendiz en varias de las imprentas que existían en Bayamo. En ese ambiente cultural, unido a las enseñanzas cívicas en la Escuela Pública, se fraguaron mis ideas socialistas de libertad y justicia social y se desarrolló mi vocación por la política, la historia y la pedagogía.

En cuanto a mi evolución te puedo decir que en 1956, cuando se produjo el desembarco del yate Granma, yo tenía sólo 14 años, pero ya contaba con una considerable conciencia política. Por esa razón me vinculé a la Juventud Socialista e ingresé al PSP. Luego, en octubre de 1960, cuando la JS, conjuntamente con las organizaciones juveniles del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y del Movimiento 26 de Julio, se integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) fui designado como presidente en Bayamo. Seguidamente ocupé diversas responsabilidades en varios municipios y en la dirección provincial, tanto en la AJR como en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), hasta julio de 1963.

Desde aquel momento hasta hoy mis ideas han evolucionado a partir de la incorporación constante de nuevos conocimientos, de mente abierta, de las responsabilidades políticas ocupadas, de la participación en congresos y otros eventos, de las vivencias acerca del Socialismo Real durante mi estancia en Rusia, de mis estudios de Ciencias Políticas, de mi participación en la Columna Juvenil del Centenario y en la Misión Militar Cubana en Etiopía. Todo ello, unido a mis constantes lecturas me han permitido realizar un análisis crítico de la marcha del proceso revolucionario. Si bien mis ideas socialistas (justicia social y libertades) son las mismas, comprendí la imposibilidad de construir una sociedad socialista de espaldas a las libertades ciudadanas. Para mí el socialismo no puede ser sino democrático, lo que es imposible desde el control total del Estado sobre la sociedad.

—Fuiste obrero desde muy joven, creo que soldador y tuviste diversos trabajos, pero actualmente tienes nivel universitario, has sido profesor universitario y haces una vida intelectual muy activa. ¿Quieres explicarles a los lectores de Por Esto! esa evolución cultural, ¿a qué te dedicas actualmente?

—Comencé a trabajar desde niño, primero ayudando a mi madre en la venta de ropas por zonas campesinas, en una distribuidora de leche fresca, en un taller de elaboración de picadura de tabaco, vendiendo dulces y huevos por las calles, etc. Luego, desde los 11 años trabajé en varios talleres como aprendiz de tipografía, herrería y soldadura, que fue mi oficio definitivo. Precisamente por ser soldador, cuando salí del trabajo de dirección de la UJC, el Comandante Joel Iglesias, Secretario General de esa organización con el que tenía magníficas relaciones, me gestionó un puesto de trabajo en la construcción de la Termoeléctrica Renté. Luego pasé, en ese mismo oficio, a la construcción de los edificios del Distrito José Martí, también en Santiago de Cuba.

Debido a mi vida laboral, durante mi niñez estudié irregularmente hasta el quinto grado de escolaridad. Estando en Renté, ya con 21 años de edad, se realizó una prueba de escolaridad en la cual obtuve un cuarto grado y desde ese nivel reinicié mis estudios, siempre en horarios nocturnos. Con la ayuda de una maestra particular (Ana Parodi Domínguez) alcancé el sexto grado en dos meses y en 1964 matriculé en una Secundaria Obrera –de un año de duración– e ingresé a la Facultad Obrera Campesina que funcionaba anexa a la Universidad de Oriente, donde en dos años y medio alcancé un nivel “equivalente” al preuniversitario. En 1967 fui seleccionado para estudiar Metalurgia en Rusia, pues el Gobierno de Cuba tenía entonces el propósito de convertir a la Isla en una potencia metalúrgica. Permanecí dos años en aquel país, pero mi formación básica acelerada resultó insuficiente para concluir los estudios: había transitado en menos de cuatro años de cuarto a 12 grados. A mi regreso a Cuba estuve seis meses en la Columna Juvenil del Centenario y en 1971 matriculé Ciencias Políticas, donde fui el segundo expediente de mi curso y me gradué de Licenciado. Mientras cursaba la licenciatura, por mi condición de Alumno Ayudante de Psicología Social, de forma simultánea me permitieron cursar varias asignaturas en la Escuela de Psicología de la Universidad de La Habana, lo que me ayudó a una formación profesional mucho más integral.

Una vez graduado comencé a trabajar de profesor de Filosofía Marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (devenido en 1976 Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana), donde, por no circunscribirme al esquematismo que se exigía en la enseñanza de esa materia y no ser miembro del Partido Comunista, fui separado de la docencia, a pesar de las excelentes evaluaciones que había obtenido. Seguidamente fui reubicado como técnico de Información Científica, matriculé varios cursos de post-grado y vinculé mis conocimientos filosóficos con esa actividad, por lo que me decían “el filósofo de la información”. En 1992, por mis ideas socialistas democráticas, fui excluido del Ministerio de Educación Superior.

Actualmente, como aficionado a la historia, me dedico a investigar y escribir acerca de la relación entre la problemática cubana de hoy y la historia precedente. Los resultados los publico en El Blog de Dimas y en varias publicaciones digitales alternativas. Me ocupo en esa actividad, ya que considero que después de haber participado en el proceso revolucionario, de evolucionar cultural y políticamente y de tener una comprensión del papel de la historia en la marcha de los procesos sociales, no debo hacer otra cosa que ayudar, desde dentro de mi país, a desentrañar las causas de la crisis en que se encuentra nuestra sociedad.

—Entre las disciplinas que has estudiado se encuentran los estudios bíblicos y teológicos. ¿Qué conceptos tienes de la espiritualidad y de la fe religiosa?, ¿cómo te ubicarías en estas dimensiones de la vida?

—En el año 2001, 26 años después de terminar la licenciatura en Ciencias Políticas, matriculé en el Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT), donde me gradué en 2006. Mi interés por los estudios de Teología nació de experiencias espirituales vividas que no tenían explicación dentro de la Filosofía Marxista. Me bauticé y me incorporé al Movimiento de Trabajadores Cristianos. Al familiarizarme con la esencia de las ideas cristianas capté su relación con la justicia social, las libertades y la política, la cual por su impacto en el destino de las personas y de los pueblos no podía ser ajena a Cristo. Por esa razón incorporé la espiritualidad y la fe religiosas a mi cosmovisión, lo que me ha servido para redoblar mi compromiso con la lucha por la edificación de un mundo mejor. Si una de las manifestaciones de la política es la realización de lo necesario, o como a algunos les gusta expresar, el arte de hacer posible lo necesario, sin dudas Jesús hizo política. La discusión entonces se desplaza a dilucidar la forma peculiar en que la realizó. Si Jesús fue o no revolucionario.

La revolución es una forma de cambiar la realidad que brota de las injusticias sociales, pero siempre con independencia de la forma en que surja, constituye un intento de solución extremo que se activa cuando fallan los intentos legales y/o moderados y se impone una modificación radical de la situación existente. El hecho es que, por el empleo de la violencia, en las revoluciones siempre se impone el más capaz en su empleo, como lo demuestra fehacientemente la historia universal.

Esa forma de luchar por la justicia es diferente a las enseñanzas de Jesús, en quien el perdón constituye una piedra angular. Entonces, entre la forma revolucionaria de pretender alcanzar un “mundo luminoso” y la forma empleadas por Jesucristo para alcanzar el Reino de Dios, sólo queda en pie el objetivo declarado a favor de la justicia y la felicidad de los seres humanos. De ahí en adelante se distancian, pues el perdón, el amor, la paz y el convencimiento son los fundamentos característicos de la doctrina cristiana. La coincidencia entre ambos métodos radica en los objetivos y no en los resultados que se obtienen. Por ello Jesús no fue ajeno a la dimensión política en la que ubico mi vida. Precisamente, mi adhesión a las ideas cristianas de ética y justicia social unida a mi vocación por la historia, ha influido considerablemente en el estudio de los fundadores de la nacionalidad cubana, comenzando por el padre Félix Varela.

—¿Entonces, qué importancia le concedes a los estudios de la Historia y a su utilización en los análisis socios políticos y económicos?

—Como todo presente tiene sus claves en el pasado, la historia deviene fuente indispensable y herramienta insustituible para la comprensión de los fenómenos sociales. Los hombres pueden acelerar o retardar la marcha de la historia, pero no pueden detenerla. En Cuba, después de 1959, se intentó atribuir a un acontecimiento temporal un carácter eterno, lo que condujo al aplazamiento de las transformaciones constantes que reclama toda sociedad. Hoy, al romperse el inmovilismo por diversas causas, el país se está viendo obligado a corregir el rumbo equivocado. Una tarea que rebasa a cualquier hombre, grupo, partido o institución y que requiere, por tanto, la participación de todos y un enfoque estructural y sistémico a tono con la crisis en que estamos inmersos, donde la historiografía –análisis e interpretación de hechos históricos– tiene un importantísimo papel que desempeñar; pues resulta muy difícil, por no decir imposible, encontrar salidas viables a nuestros problemas sin tomar en cuenta las ideas contenidas en el pensamiento cívico, político, económico, cultural y científico de cubanos ilustres que nos precedieron. Esa afición por la historia está reflejada en cada criterio que expongo y en todos los artículos o ensayos que escribo.

—He tenido la oportunidad de leer algunos trabajos tuyos sobre el problema del negro en Cuba y también hemos conversado algunas veces al respecto. En este orden de pensamiento, quiero hacerte varias preguntas qué considero importantes.
La primera: Realmente después de todo lo que ha realizado la Revolución de 1959 a la fecha ¿subsisten problemas raciales que afectan la vida y el desarrollo social de la población negra y mulata cubanas? En caso de ser afirmativo pudieras plantear una breve reseña al respecto.

—Sí, los problemas raciales subsisten. El concepto de raza como conjunto de características heredadas si bien carece de fundamentación, como construcción social tiene efecto dañino a la dignidad humana. En Cuba se trata de un fenómeno complejo enraizado en nuestra historia económica, sociológica y cultural que se reproduce en el tiempo. En ese sentido adelanto en forma de tesis, algunos de sus aspectos y momentos claves:

- Los negros africanos aparecieron en el escenario cubano a principios del siglo XVI, pero fue a fines del XVIII que su entrada masiva transformó la composición étnica de la población, la geografía, la historia, la cultura y la estructura social del país.
- Sin ser dueños ni de su propia persona, los esclavos, sometidos a condiciones de vida antihumanas respondieron con sus luchas: la cimarronería (1), el apalencamiento (2) y las sublevaciones. En una desigualdad total respecto al blanco, el negro devino criollo, pero diferente al criollo blanco, lo que parafraseando a Jorge Mañach, impidió compartir un propósito común por encima de los elementos diferenciadores.

- En la Guerra de los Diez Años iniciada en 1868, los hacendados blancos aspiraban a libertades económicas y políticas, mientras que los negros aspiraban a la abolición de la esclavitud. La relación coetánea de esos propósitos –independencia y abolición– constituyeron el punto de partida para la formación de una conciencia nacional, en un contexto donde las desigualdades y la discriminación racial actuaban como freno. De todas formas esa guerra, aunque terminó sin alcanzar plenamente sus objetivos, asestó un golpe a la esclavitud al liberar a los esclavos que participaron en la contienda y refrendar un conjunto de libertades (contenidas en el Pacto del Zanjón) que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana.

- En el intermedio entre la Guerra de los Diez Años y el inicio de la Guerra de 1895, Juan Gualberto Gómez expuso varios principios similares a los que seis décadas después utilizara Martin Luther King para la lucha cívica de los negros norteamericanos y fundó el Directorio Central de Sociedades de Color, desde el cual se movilizaron miles de negros ,que resistiendo, enfrentando incidentes penosos y acudiendo a la ley, ganaron espacios y facilidades desde palcos y lunetas en teatros hasta el acceso a las aulas de escuelas públicas, limitadas para niños blancos.

- Al reiniciarse la guerra por la independencia, cuando ya la esclavitud había sido abolida, los negros se incorporaron nuevamente, ahora por la igualdad social. Como antes, debido a su pericia en las cargas al machete y la vida en la manigua, la igualdad y solidaridad se impuso a los prejuicios raciales.

- Al arribar a la República, donde esas habilidades eran inútiles, faltó un proyecto sociológico encaminado a la disminución de la brecha económica y cultural entre blancos y negros. Esa carencia se reflejó en los cargos públicos, en el comercio, los bancos, las agencias de seguros, las comunicaciones, el transporte, las tabaquerías, e incluso, en la composición del ejército republicano, integrado mayoritariamente por blancos, en un país donde la mayoría de los combatientes por la independencia habían sido negros.

- Las constantes frustraciones en los primeros años republicanos condujo al alzamiento en armas de los miembros del Partido Independiente de Color en mayo de 1912; una acción que terminó con el más horrible crimen cometido en nuestra historia, pues se produjo entre cubanos de tez blanca contra cubanos de tez negra, entorpeciendo una vez más el proceso inconcluso de identidad y destino común.

- En la década del 30 del pasado siglo, varios órganos de prensa, emisoras de radio y destacadas figuras de la política y la cultura cubanas se enfrascaron en un debate público contra el racismo, ayudando con ello a la inserción y al desarrollo social y cultural del negro y consiguientemente al fortalecimiento de la conciencia encaminada hacia un destino común. Uno de sus resultados fue la inclusión, en la Constitución de 1940, de un principio jurídico imprescindible para el fomento de la igualdad entre negros y blancos al declarar: “ilegal y punible toda discriminación por motivo de raza, color o clase y cualquiera otra causa lesiva a la dignidad humana.” (3). Sin embargo, dicho principio quedó pendiente de la nunca promulgada ley penal complementaria contra la discriminación.

- En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia. Sin embargo, junto a los beneficios se perdieron los instrumentos y espacios cívicos que habían coadyuvado al avance logrado. El error consistió en considerar la discriminación racial como resultado de la existencia de las clases sociales, por lo que, una vez que éstas fueron eliminadas, se procedió a proclamar su fin en Cuba. Tan significativo “logro” condujo a la decisión de sacar el tema del debate público. Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos.

- Sin embargo, la igualdad de derechos proclamada tenía un lado flaco: la desigualdad heredada e irresuelta. Es decir, el punto de arrancada, aparentemente igual para negros y blancos, contenía una gran desventaja para los primeros. Eso explica que las universidades, que se pintaron de negro y de mulato, recuperaron su antiguo color. ¿Por qué?, entre otras razones, porque la familia del negro, con salvadas excepciones, por su origen no podía dar la importancia que merecen los estudios de sus descendientes (recuerdo a mi padre, nieto de esclava, decirle a mi madre: ¡déjalo!, que él estudiará cuando sea grande). Es decir, se adoleció del apoyo familiar tan necesario para el salto, lo que facilitó la reproducción del status anterior.

- Con la crisis del Socialismo Real en 1989, el negro que por sobradas razones históricas no emigró, quedó excluido de las añoradas remesas familiares, lo que se reflejó en el renacimiento de las desigualdades sociales, en la alta proporción de negros en los establecimientos penitenciarios, en una significativa presencia durante el éxodo masivo de agosto de 1994, en su concentración en barrios pobres y marginales, y consiguientemente en la reanimación de la discriminación.

En resumen, a lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno de tal complejidad, en consecuencia se reprodujo y continúa presente en nuestra sociedad, pasado medio siglo de poder revolucionario. Su más reciente prueba es la polémica en torno al intelectual negro Roberto Zurbano, director del Fondo Editorial de Casa de las Américas, suspendido de esa responsabilidad por un artículo suyo que el The New York Times publicó bajo el título “para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”, aunque en una entrevista, él aclaró que el título original era más bien que la revolución “no ha terminado”, pero reafirmó sus ideas acerca de que “sobre el racismo hay mucho que discutir todavía”.

En la polémica suscitada se pueden distinguir dos aspectos: uno, la presencia o no del racismo en Cuba; otro, el tratamiento al tema dado por los críticos de Zurbano.

En cuanto al primer aspecto, estrechamente relacionado con las tesis expuestas, me referiré sólo a dos de las cuestiones básicas expuestas por Zurbano:

“La diferencia económica creó dos realidades contrastantes que persisten hoy. La primera es la de los cubanos blancos, que han movilizado sus recursos para entrar en una nueva economía impulsada por el mercado y cosechar los beneficios de un socialismo supuestamente más abierto. La otra es la de la pluralidad de los negros, que es testigo de la muerte de la utopía socialista.”

— Esta afirmación confirma la similitud entre la situación de los negros, al arribar a la República, carentes de economía e instrucción, y la falta de posicionamiento hoy, para participar en condiciones de igualdad ante las medidas de liberación económica que se están dictando. Un hecho que devela la reproducción de las causas, pues una de las fuentes de la participación de los cubanos está en las remesas provenientes del exterior, ante la cual los negros están en total desventaja. Por tanto, los cubanos de tez oscura continúan en desigualdad respecto al punto de partida.

“El racismo ha estado oculto y se ha reforzado en Cuba, en parte porque no se habla de él. El Gobierno no ha permitido que los perjuicios raciales sean debatidos o confrontados política o culturalmente. En lugar de esto, a menudo ha pretendido que no existen”.

—Aquí radica otra de las claves de la permanencia del racismo. Se suspendió el debate del tema y ahora, 54 años después, no sólo resulta incómoda su aceptación, sino que algunos intelectuales de los que han atacado a Zurbano llegan, incluso, a negar su permanencia.

En cuanto al segundo aspecto, referido al tratamiento dado al tema por los críticos de Zurbano, salta a la vista una dificultad adicional para la erradicación de la discriminación racial en Cuba: la ausencia de una cultura de diálogo y debate, que ha anulado en gran medida la función de las ciencias sociales. No es posible dialogar de forma objetiva y con fundamentos, sin transgredir los límites impuestos por la ideología dominante. Ello es suficiente para anular la efectividad del diálogo y el debate en la solución de los problemas sociales. En este sentido se dirige la afirmación de Guillermo Rodríguez Rivera: La Revolución Cubana no sólo inició la lucha contra el racismo y la discriminación, sino que puede decirse que nunca esa lucha había sido tan a fondo como en ese momento de nuestra historia. En una postura que asemeja más a un vigilante que a un intelectual, Rodríguez Rivera señaló que Zurbano debía indagar el asunto con sus mayores. Este y otros planteamientos de los críticos de Zurbano develan los límites establecidos por el poder y su acatamiento; una conducta que tiende a paralizar el pensamiento al encasillar a los que piensan diferente en las categorías de amigos o enemigos.

Sin dejar de reconocer el papel que están desempeñando algunos espacios emergente de discusión, la complejidad del tema racial en Cuba obliga al debate público, donde, parafraseando a Víctor Fowler, participen todas las tribunas de opinión. La polémica suscitada por el artículo de Zurbano debiera convertirse en uno de los caminos para consensuar, entre todos, posibles soluciones al tema de la discriminación racial.

—Mi segunda pregunta en torno a los problemas de un racismo subsistente es: Desde tu punto de vista ¿cuáles podrían ser las líneas fundamentales de solución?

—Considero que las líneas fundamentales para su solución deben brotar de los estudios, del debate público y del consenso. Nadie tiene la verdad en sus manos, pero la podemos conformar entre todos. Lo que está claro, como nos demuestra nuestra historia, es que su erradicación no depende sólo de la promulgación de leyes, que es lo que se ha hecho desde el nacimiento de la República hasta hoy, sino también de un análisis multidisciplinario de su origen, desarrollo y tratamiento recibido.

—Y mi tercera pregunta, respecto a este tema: ¿Qué relación tendrían esos problemas con la definición, evolución y desarrollo de nuestra identidad nacional?

—Si entendemos por nación –desde el punto de vista sociológico– la fusión de los principales factores sociales que componen un país, resultado de un largo proceso de acercamiento e integración social, cultural y económico que conduce gradualmente a la unidad en la diferencia, en un momento de la historia y en un territorio determinado, entonces la relación del tema de la discriminación racial es determinante para la evolución y desarrollo de nuestra identidad nacional, pues compartir un destino común es imposible en condiciones de desigualdad. Ese es el reto pendiente.

—Finalmente, debo decirte que ésta sí es la primera entrevista que te hacemos; en el futuro quizás tendríamos que volver sobre estos temas, pero antes de terminar quiero preguntarte si tienes algo que quisieras añadir para su publicación.

—La convicción de que la situación de Cuba no encontrará una salida viable, hasta tanto las libertades y los derechos permitan, primero, la reconstrucción del concepto de ciudadano, hoy desaparecido, y desde ahí enfrentar los múltiples retos que la sociedad cubana tiene por delante, para poder insertarse en la era de la globalización, de informatización y de las novísimas tecnologías de la comunicación, lo que tiene su punto de partida en la incorporación definitiva de Cuba a los pactos internacionales de derechos humanos.

fsautie@yahoo.com

Notas:

(1) Cimarrones: esclavos prófugos de sus amos que hacían vida solitaria en el monte.
(2) Apalencados: comunidades estables de cimarrones ubicadas en lugares de difícil acceso para sus perseguidores (rancherías) conformadas por varios bohíos y producciones para el autoabastecimiento.
(3) T. FERNANDEZ ROBAINA. El negro en Cuba 1902-1958, p. 144

Unicornio, domingo 16 de junio del 2013.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=24&idTitulo=249485

La transmisión diferida de algunos momentos del VIII Congreso de la FEU, celebrado en La Habana entre el 12 y el 14 de junio, trajo a mi memoria la tesis expuesta por el filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset en su libro Misión de la Universidad.y otros ensayos afines.

Entre otros criterios escuché a los delegados decir: “lo que se hace en el Congreso no es lo que se hace siempre”, “tenemos que llegar al estudiante que no comparte nuestro criterio”, “existe una separación entre el presidente de la brigada y la masa estudiantil”, “los estudiantes no aprovechan la instancia de la brigada para expresar abiertamente sus inquietudes”, “nos ha hecho daño el paternalismo”, “a las generaciones anteriores no le planificaban las actividades”.

Si a lo anterior se une que la Declaración Final del evento plantea que no hay mayor responsabilidad y tarea para los hijos del Alma Mater, que la defensa de la continuidad de la Revolución y el Socialismo; y que en las palabras de clausura, el vicepresidente del Consejo de Estado, Miguel Diaz-Canel, expresó que Cuba cuenta con sus jóvenes para defenderla y preservar y continuar la Revolución, se comprende que la actual misión de la FEU no emerge de su naturaleza e historia, sino de un encargo.

Teniendo en cuenta la validez de la tesis de Ortega y Gasset cuando afirma que la raíz de la reforma universitaria está en acertar plenamente con su misión; que ello significa vivir a la altura de los tiempos y que eso tiene que ser antes y más que ninguna otra cosa la Universidad; tenemos que convenir que la subordinación a un Gobierno, a un partido, a una ideología y a la generación que encabezó una revolución el pasado siglo, desnaturaliza a la FEU y niega la historia de la Universidad, como lo demuestra una mirada retrospectiva a vuelo de pájaro.

En 1842, cuando la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana fue secularizada y rebautizada como Real y Literaria Universidad de La Habana, tuvo lugar una reforma dirigida a igualar los estudios universitarios de Cuba con los de España y a crear cátedras que respondieran a la época. En 1878 las reformas introducidas por los acuerdos del Pacto del Zanjó, le devolvieron el derecho de conferir grados de Doctor y le concedieron gran parte de las aspiraciones de los catedráticos e intelectuales. En 1885, se dispuso que cualquier profesor universitario pudiera ocupar el cargo de Rector. Y en 1898 los cargos de Rector, Vicerrector y Decano de Facultad pasaron a ser electivos por el Claustro Universitario.

En 1899, cuando el alto centro docente pasó a denominarse Universidad de La Habana (UH), se instauró el Plan Lanuza y poco después, para adaptarlo a las necesidades de la época, fue reemplazado por el Plan Varona, que fue la más radical reforma de los estudios universitarios hasta entonces. Los primeros Estatutos de la etapa republicana (1910) definían a la Universidad como un organismo superior docente, de carácter nacional, con uso de sello propio y autonomía en todo lo que se contrae a su régimen interior; gobernada por un Rector, un Consejo Universitario y un Claustro General. Y en  diciembre de 1921, el sabio naturalista Carlos de la Torre y Huerta, al tomar posesión como Rector, esbozó un programa dirigido a lograr la Autonomía Universitaria.

En ese contexto, la participación del estudiantado en la depuración del profesorado y en la reforma universitaria se aceleró a raíz de la propuesta de conferir el título de Dr. Honoris Causa a los generales norteamericanos Leonard Wood y Enoch H. Crowder. De esa oleada de protestas emergió la fundación de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), en diciembre de 1922. A partir de ese momento la autonomía universitaria ocupó el centro de las luchas de un estudiantado que actuaba con criterios y objetivos propios. Esas actividades se intensificaron a partir de 1922, año en que  el rector de la Universidad de Buenos Aires impartió en el Aula Magna de la UH la conferencia Evolución de las universidades argentinas, que dio lugar a la reforma universitaria iniciada en Córdoba, cuyo eje central era la autonomía y la intervención del estudiantado en el gobierno universitario.

En enero de 1923, después que la FEU elaboró un proyecto dirigido a la obtención de la personalidad jurídica y la autonomía de la UH y el Dr. Enrique José Varona propuso una comisión mixta de profesores y alumnos para estudiarlo, al ser aprobado por el Claustro General, el Rector, estudiantes y profesores marcharon al Palacio Presidencial para entregarlo al Presidente de la República, mientras Fernando Ortiz presentaba a la Cámara de Representantes un proyecto de ley para ese fin. Finalmente en marzo de 1923, el Gobierno dictó el decreto presidencial que consagraba el principio de intervención del estudiantado en el gobierno de la Universidad. Un avance reformista impetuoso que desembocó en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes.

A pesar de que en 1925 la Asamblea Universitaria fue disuelta y la FEU ilegalizada, cuando se planteó la prórroga de poderes de Gerardo Machado en 1927,  los estudiantes organizaron una manifestación e hicieron público un manifiesto firmado por el Directorio Estudiantil Universitario (DEU). Tres años después, cuando se produjo la manifestación en que cayó mortalmente herido Rafael Trejo, se creó el DEU de 1930, que lanzó un Manifiesto rechazando todo tipo de conciliación con el Gobierno y en 1933 llamó a la insurrección armada y a formar un gobierno provisional.

Durante el Gobierno de los Cien Días, encabezado por Ramón Grau San Martín, se emitió el Decreto Ley 2059 mediante el cual se puso en vigor la Autonomía Universitaria, la que quedó sin efecto al fracasar la  huelga de marzo de 1935, hasta su restitución el 9 de enero de 1937. Finalmente, la autonomía universitaria quedó refrendada así en la Carta Magna de 1940: “La Universidad de La Habana es autónoma y estará gobernada de acuerdo con sus Estatutos y con la Ley a que los mismos deban atemperarse”. Apoyado en la utonomía, la FEU participó activamente en lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. En 1955 se creó el Directorio Revolucionario, entre cuyas acciones  se destacaron la Carta de México, firmada por José Antonio Hecheverría y Fidel Castro, el ataque al Palacio Presidencial y la participación en la lucha guerrillera.

En 1959, en lugar restablecerse la Constitución de 1940 –como se había pronunciado en La Historia me Absolverá– se reformó para conferir al Primer Ministro las facultades de Jefe de Gobierno y al Consejo de Ministros las funciones del Congreso. Todo ello en un  contexto enrarecido por el diferendo los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, de lo que resultó el desmontaje de las instituciones y espacios cívicos que había posibilitado el triunfo revolucionario, entre los cuales estuvo la autonomía universitaria.
En el contexto de la crisis generada por la expulsión de un alumno de la Escuela de Ingeniería, que condujo a que la dirección de dicha Escuela fuera asumida por los alumnos y profesores  revolucionarios, el Consejo Superior de Universidades, que había sido creado en diciembre de 1960, acometió la nueva Reforma Universitaria.

Carlos Rafael Rodríguez resumió el alcance de dicha Reforma en tres preguntas: ¿Qué, cómo y quiénes van a estudiar? El ¿qué y el cómo? respondían a la nueva situación creada con el poder revolucionario. En cuanto al ¿quiénes? –explicó Carlos Rafael– la nueva Universidad será regida conjuntamente por profesores y alumnos, pero aclaró: “en la medida en que la revolución universitaria es obra de una verdadera revolución y que el socialismo preside las transformaciones, no es posible pensar en los profesores y los estudiantes como dos grupos antagónicos… Un profesor de conciencia revolucionaria, orientado por el marxismo leninismo y militante de esa ideología (se refería a Juan Marinello), no necesitará de la presencia vigilante de los estudiantes. De esa forma, sin ser derogada legalmente, la autonomía  desapareció en 1962.

Así, la FEU y la Universidad, fuentes importantes de cambio social, quedaron  inutilizadas para esos fines. Ahora, en pleno siglo XXI, con una sociedad estancada y un modelo fracasado, el Gobierno le encarga a la FEU la misión de conservar el pasado,  lo que constituye un intento de anclarse en el ayer, cuando hemos visto que la Universidad, desde su fudación estuvo en un proceso continuado de reformas tratando de vivir a la altura de los tiempos.

Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Estado, en la reunión del Consejo de Ministros del pasado mes de mayo expresó: las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no ha conducido al necesario aumento de la producción. La importancia de esa declaración no radica en el reconocimiento del fracaso, que es sabido, sino en la insuficiencia de las medidas aplicadas para revertir el deterioro causado por casi 50 años de socialismo totalitario.

En Cuba el proceso de formación de talleres artesanales, comercios y servicios, del cual emergió un empresariado nacional, fue barrido por la revolución y sustituido por jefes y administradores de la  propiedad estatal. Esa transformación generó desinterés en los productores, incapacidad productiva, escasez y conductas delictivas; un cuadro imposible de solucionar sin ir a las causas y sin retomar los análisis y aportes de pensadores y políticos cubanos que se preocuparon desde principios del siglo XIX por el fomento de una clase media.

El fracaso en Cuba no fue ninguna novedad. El intento de alcanzar una economía eficiente desde el monopolio del Estado había sido precedido por otros similares en Rusia, China, Vietnam, Mongolia, los países socialistas de Europa del Este y algunos del continente africano. El único que no ha cambiado es Corea del Norte, devenido modelo de lo que no debe ser y relegado al grupo de los 20 países más atrasados del mundo, mientras la parte sureña de esa península se ubica en el pelotón de los 20 más desarrollados.

Ante la crisis, el General Raúl Castro planteó en el año 2007 la necesidad de cambiar todo lo que deba ser cambiado y en el 2008 expresó que la producción de alimentos constituía un asunto de máxima seguridad nacional. Sin embargo, las medidas implementadas nacieron subordinadas al predominio de la propiedad estatal, la planificación socialista y los llamados ideológicos, precisamente tres agentes culpables del fracaso reconocido por Marino Murillo. Por tanto, para superar el estado actual hay que liberar la economía de las trabas ideológicas, legalizar el derecho de los cubanos a ser propietarios y a recibir salarios en correspondencia con el costo de la vida, sin lo cual no hay ni habrá economía eficiente.

El camino transitado por el Decreto Ley 259 sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo, el cual por sus limitaciones tuvo que ser reformado por Decreto-Ley 300, y que a su vez tendrá que sufrir nuevas modificaciones, indica que hay que desatar definitivamente el nudo que ha impedido la formación de pequeñas y medianas empresas privadas, mixtas o cooperativas y la formación de un empresariado nacional.

Si las empresas son organizaciones dedicadas a la satisfacción de demandas sociales y a generar beneficios a sus integrantes, no hay razón alguna que justifique la exclusión de los cubanos; un pueblo con iniciativas y un nivel de instrucción por encima del resto de los países que integran el bloque del ALBA, del cual Cuba forma parte y en los que existe una poderosa clase media que participa en los destinos económicos de sus respectivos países.
En Cuba el germen de esa clase media está hoy en los trabajadores por cuenta propia. Lo que se requiere es dotarlos de personalidad jurídica y de derechos y libertades para vender sus productos, comprar los insumos, relacionarse con otros productores internos y externos, acceder a Internet y asociarse para la defensa de sus intereses. La necesidad de esa clase se justifica, además, por los resultados negativos de muchas empresas estatales, como podemos ver en los siguientes cuatro ejemplos:

Uno. En el Valle de Caujerí, Guantánamo, se instaló una moderna fábrica de tecnología italiana para procesar toda la producción de tomate de esa zona. Sin embargo, según narra Lilibeth Alfonso en un reporte publicado en el periódico Venceremos del pasado 22 de marzo, a los productores se les informó que el 26 de febrero se recogerían los tomates envasados, pero el transporte no cumplió. Por esa varios productores perdieron miles de cajas de tomates envasados, mientras otra cantidad similar permanecía sin recogerse por falta de envases, lo que representa una enorme pérdida. Además la arrancada tardía de la fábrica y el tiempo parado por roturas ha obligado a trasladar el tomate contratado hacia la Fábrica de Guantánamo, con la consiguiente pérdida por la merma de peso y el gasto de transportación. Sin embargo, en esa misma zona existen campesinos con conocimientos y capacidad para montar pequeñas industrias locales que sólo requieren de una decisión gubernamental.

Dos. Según Freddy Pérez Cabrera, autor de un artículo aparecido en el diario Granma el 20 de mayo, la Empresa de Suministros y Transportes Agropecuarios de Villa Clara mantenía 66 sistemas de riego diesel inactivos desde el 31 de octubre de 2012 en espera de la “conversión de precios”. Esos equipos estaban destinados para ser vendidos a empresas estatales, pero sólo cuatro de ellos fueron comercializados. Las gestiones para concretar un nuevo precio de venta con el Grupo Empresarial de Logística del MINAGRI y con el Ministerio de Finanzas y Precios, hasta ese momento no habían dado resultado. Por su parte la entidad encargada de fabricar dichos equipos carece de facultad para establecer o variar el importe de venta. Se trata de máquinas que antes se importaban y que ahora se producen en el país, en espera de la adecuación del precio.

Tres. Los talleres de la UEB Derivados del Alambre de Minas, Camagüey, se encuentra abarrotada de pallets cargados con 897 toneladas de clavos debido a la no extracción por parte de la empresa comercializadora, mientras esas puntillas están en falta en las unidades comerciales. Lo mismo ocurre con el taller mallas galvanizadas, donde cientos de toneladas permanecen sin evacuar. Según Miguel Febles Hernández, en un artículo aparecido en Granma el 8 de abril de 2013, para esta fábrica, encargada de elaborar puntillas de 1 a 6 pulgadas, se invirtió recursos para la instalación de máquinas de elevada productividad. Sin embargo, están a punto de detener la marcha productiva por la razón antes expuesta, lo que implica la pérdida de la estimulación salarial de los trabajadores. La traba consiste en que el principal transportista, “no cubre toda la demanda” pues no dispone de almacenes que permita asumir grandes volúmenes de producción. Sin embargo, la población carece de las puntillas necesarias para las labores constructivas.

Cuatro. Un artículo de Freddy Pérez Cabrera, publicado el viernes 5 de abril de 2013 en Granma, nos narra que en el establecimiento Los atrevidos, en el año 2004 se adquirió una moderna máquina italiana a un costo superior a los 180 mil dólares y desde el año 2010 se acabó la tapa que sella el envase original para la crema de guayaba. Esta industria, capaz de confeccionar entre 1,5 y 2,0 toneladas en 8 horas de trabajo se ve ahora obligada a emplear de ocho a diez trabajadores en vez de dos.

En los cuatro ejemplos reseñados se han invertido miles y miles de dólares que por diferentes razones no reportan los resultados esperados; una prueba indiscutible de la incapacidad del Estado, la inutilidad de la planificación y las trabas de los aparatos burocráticos, lo que pone a la orden la entrada en escena de las pequeñas y medianas empresas y con ellas el surgimiento de la necesaria clase media cubana.

Tomaado de: http://www.convivenciacuba.es/index.php/derechos-humanos-mainmenu-52/948-sobre-el-racismo-hay-mucho-que-discutir-todavia

El pasado 23 de marzo, el multipremiado ensayista, crítico e investigador literario Roberto Zurbano, quien hasta ese momento fungía como  director del Fondo Editorial de Casa de las Américas, fue destituido del cargo. La medida se aplicó unos días después que el periódico estadounidense The New York Times, publicara un artículo suyo bajo el título “para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”. En una entrevista concedida a The Associated Press, en la que aclaró que el título que él dio a su artículo era “para los negros cubanos, la revolución no ha terminado”, Zurbano reafirmó sus ideas esenciales acerca del tema al expresar que ” sobre el racismo hay mucho que discutir todavía”.

Lamentablemente el artículo de marras en vez de conducir a una reflexión objetiva sobre el tema, provocó un toque a degüello de parte de algunos intelectuales cubanos que no comparten sus criterios.

La polémica suscitada de por sí constituye una prueba del planteamiento de Zurbano acerca de la sobrevivencia del racismo en Cuba. Como esa tesis coincide con criterios que he expuestos en varios trabajos sobre la discriminación racial en Cuba, aprovecho la oportunidad para volver sobre un asunto vital para las relaciones sociales en Cuba por su efecto en la vida y el desarrollo social de la población de tez oscura en Cuba y consiguientemente de todos los cubanos.

La esencia del asunto consiste en que a lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno tan complejo. Esa carencia está entre las causas que han permitido su permanencia y reproducción durante todo el siglo XX, incluso después de media centuria de poder revolucionario. Para argumentar esta afirmación enumeraré brevemente, en forma de tesis, un conjunto de hechos, aspectos y momentos claves de ese fenómeno social:

==> El concepto de raza como conjunto de características heredadas si bien carece de fundamentación, como construcción social tiene efecto dañino a la dignidad humana. En Cuba se trata de un fenómeno complejo enraizado en nuestra historia económica, sociológica y cultural que se reproduce en el tiempo.

==> La nación –desde el punto de vista sociológico– es la fusión de los principales factores sociales que componen un país, resultado de un largo proceso de acercamiento e integración social, cultural y económica que conduce gradualmente, en el tiempo y en un momento determinado, a la unidad en la diferencia.

==> Los negros africanos aparecieron en el escenario cubano a principios del siglo XVI, pero fue a fines del XVIII que su entrada masiva transformó la composición étnica de la población, la geografía, la historia, la cultura y la estructura social del país.

==> Sin ser dueños ni de su propia persona, los esclavos, sometidos a condiciones de vida antihumanas respondieron con sus luchas: la cimarronería1, el apalencamiento2 y las sublevaciones. En esas rebeliones el negro, actor casi único, escribió un capítulo de nuestra historia nacional.

==> En desigualdad total respecto al blanco, el negro devino criollo, pero diferente al criollo blanco, lo que parafraseando a Jorge Mañach, impidió compartir un propósito común por encima de los elementos diferenciadores.

==> En la Guerra de los Diez Años, iniciada en 1868, los hacendados blancos aspiraban a libertades económicas y políticas, mientras los negros aspiraban a la abolición de la esclavitud. La relación coetánea de esos propósitos –independencia y abolición– constituyeron el punto de partida para la formación de una conciencia nacional, en un contexto donde las desigualdades y la discriminación racial actuaban en dirección contraria. Esa guerra, aunque terminó sin alcanzar plenamente sus objetivos, asestó un golpe a la institución esclavitud al liberar a los esclavos que participaron en la contienda bélica y refrendarse legalmente un conjunto de libertades (contenidas en el Pacto del Zanjón), que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana.

==> En el intermedio entre la Guerra de los Diez Años y el inicio de la Guerra de 1895 Juan Gualberto Gómez, apoyado en las resoluciones coloniales que impedían la exclusión de los servicios por razón de raza, expuso varios principios similares a los que seis décadas después utilizara Martin Luther King para la lucha cívica de los negros norteamericanos y fundó el Directorio Central de Sociedades de Color. Desde ese posicionamiento cívico se movilizaron miles de negros que resistiendo, enfrentando incidentes penosos y acudiendo a la ley, ganaron espacios y facilidades desde palcos y lunetas en teatros hasta el acceso a las aulas de escuelas públicas, hasta entonces limitadas para niños blancos.

==> Al reiniciarse la guerra por la independencia, cuando ya la esclavitud había sido abolida, los negros se incorporaron nuevamente, ahora con la agenda de la igualdad social. Como antes, debido a su pericia en las cargas al machete y la vida en la manigua, la igualdad y solidaridad entre los combatientes negros y blancos se impuso a los prejuicios raciales.

==> Al arribar a la República, donde esas habilidades eran inútiles, faltó un proyecto sociológico encaminado a la disminución de la brecha económica y cultural entre blancos y negros. Esa carencia se reflejó en los cargos públicos, en el comercio, los bancos, las agencias de seguros, las comunicaciones, el transporte, las tabaquerías e incluso la institución armada que sustituyó al Ejército Libertador quedó integrada mayoritariamente por blancos, en un país donde el 60% de los combatientes por la independencia habían sido negros.

==> La permanencia de las desigualdades y las constantes frustraciones en los primeros años republicanos condujo a la fundación del Partido Independiente de Color en 1908 y al alzamiento en armas de sus miembros en mayo de 1912. Esta última  acción terminó con el más horrible crimen cometido en nuestra historia, pues, además de los miles de negros que resultaron muertos, la matanza se produjo entre cubanos de tez blanca contra cubanos de tez negra, entorpeciendo una vez más el proceso inconcluso de identidad y destino común.

==> En la década del 30 del pasado siglo varios órganos de prensa, emisoras de radio y destacadas figuras de la política y la cultura cubanas se enfrascaron en un debate público contra el racismo, ayudando con ello a la inserción y al desarrollo social y cultural del negro y consiguientemente al fortalecimiento de la conciencia encaminada hacia un destino común. Uno de sus resultados fue la inclusión en la Constitución de 1940 de un principio jurídico imprescindible para el fomento de la igualdad entre negros y blancos, al declarar: “ilegal y punible toda discriminación por motivo de raza, color o clase y cualquiera otra causa lesiva a la dignidad humana”. Sin embargo, dicho principio quedó pendiente de la nunca promulgada ley penal complementaria contra la discriminación.

==> En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia. Sin embargo, con la desarticulación de la sociedad civil existente, junto a los beneficios se perdieron los instrumentos y espacios cívicos que habían coadyuvado al avance logrado. El error consistió en considerar la discriminación racial como resultado de la existencia de las clases sociales, por lo que, una vez que éstas fueron eliminadas, se procedió a proclamar su fin en Cuba. Tan significativo “logro” condujo a la decisión de sacar el tema del debate público. Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos.

==> La igualdad de derechos entre negros y blancos, proclamada por la Ley, tenía un lado flaco: la desigualdad heredada e irresuelta. Es decir, el punto de arrancada, aparentemente igual para negros y blancos, contenía una gran desventaja para los primeros. Eso explica que las universidades, que se pintaron de negro y de mulato, con el tiempo recuperaron su antiguo color. ¿Por qué?, entre otras razones, porque la familia del negro, con salvadas excepciones, por su origen no podía dar la importancia que merecen los estudios de sus descendientes (recuerdo a mi padre, nieto de esclava, decirle a mi madre, ¡déjalo!, que él estudiará cuando sea grande). Es decir, se adoleció del apoyo familiar tan necesario para el salto, lo que facilitó la reproducción del status anterior.

==> Con la crisis del socialismo real en 1989, el negro que por sobradas razones históricas no emigró, quedó excluido de las añoradas remesas familiares, lo que se reflejó en el renacimiento de las desigualdades sociales, en la alta proporción de negros en los establecimientos penitenciarios, en una significativa presencia durante el éxodo masivo de agosto de 1994, en su concentración en barrios pobres y marginales, y consiguientemente en la reanimación de la discriminación.

En resumen, a lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno de tal complejidad. La colonia no tenía interés en solucionar el problema del negro; la República reconoció el problema, permitió el asociacionismo y el debate público, lo plasmó en la Constitución y logró ciertos adelantos, pero no lo acompañó con las medidas institucionales correspondientes; la Revolución tomó medidas educaciones e institucionales, pero desmontó la sociedad civil y limitó los derechos y libertades cívicas que habían servido de fundamento al lento avance logrado.
En consecuencia el racismo se reprodujo y continúa presente en nuestra sociedad, donde la decisión de aumentar proporción de negros y mulatos en algunos órganos, como ha ocurrido en la Asamblea Nacional del Poder Popular, pone en evidencia que el problema continúa presente. La más reciente prueba la constituye precisamente la polémica en torno al intelectual negro Roberto Zurbano.

En esa polémica se pueden distinguir dos aspectos: uno, la presencia o no del racismo en Cuba; otro, el tratamiento al tema dado por los críticos de Zurbano.

En cuanto al primer aspecto, estrechamente relacionado con las tesis expuestas, me referiré sólo a dos de las cuestiones básicas expuestas por Zurbano:

La diferencia económica creó dos realidades contrastantes que persisten hoy. La primera es la de los cubanos blancos, que han movilizado sus recursos para entrar en una nueva economía impulsada por el mercado y cosechar los beneficios de un socialismo supuestamente más abierto. La otra es la de la pluralidad de los negros, que es testigo de la muerte de la utopía socialista.

Esta afirmación confirma la similitud entre la situación de los negros al arribar a la República, carentes de economía e instrucción, y la falta de posicionamiento hoy, para participar en condiciones de igualdad ante las medidas de liberación económica que se están dictando. Un hecho que devela la reproducción de las causas, pues una de las fuentes de la participación de los cubanos está en las remesas provenientes del exterior, ante la cual los negros están en total desventaja. Por tanto, los cubanos de tez oscura continúan en desigualdad respecto al punto de partida.

El racismo ha estado oculto y se ha reforzado en Cuba en parte porque no se habla de él. El Gobierno no ha permitido que los prejuicios raciales sean debatidos o confrontados política o culturalmente. En lugar de esto, a menudo ha pretendido que no existen.

Aquí radica otra de las claves de la permanencia del racismo. Se suspendió el debate del tema y ahora, 54 años después, no sólo resulta incomodo su aceptación, sino que algunos intelectuales de los que han atacado a Zurbano llegan incluso a negar su permanencia.

En cuanto al segundo aspecto, referido al tratamiento dado al tema por los críticos de Zurbano, salta a la vista una dificultad adicional para la erradicación de la discriminación racial en Cuba: la ausencia de una cultura de diálogo y debate que ha anulado en gran medida la función de las ciencias sociales.

En Cuba no es posible dialogar de forma objetiva y con fundamentos sin transgredir los límites impuestos por la ideología dominante. Ese obstáculo es suficiente para anular la efectividad del diálogo y el debate en la solución de los problemas sociales. En este sentido la afirmación de Guillermo Rodríguez Rivera: La revolución cubana no solo inició la lucha contra el racismo y la discriminación sino que puede decirse que nunca esa lucha había sido tan a fondo como en ese momento de nuestra historia, es un planteamiento que carece absolutamente de fundamento. En otra parte Rodríguez Rivera señaló que Zurbano debía indagar el asunto con sus mayores. Este y otros planteamientos de los críticos de Zurbano develan los límites establecidos por el poder y acatados por una parte de la intelectualidad; una conducta que tiende a paralizar el pensamiento y el debate, a la vez que encasilla en las absurdas y desgastadas categorías de amigos o enemigos a los que piensan diferente a lo permitido.

Sin dejar de reconocer el papel que están desempeñando algunos espacios emergente de discusión, la complejidad del tema racial en Cuba obliga al debate público, donde, parafraseando a Víctor Fowler, participen todas las tribunas de opinión.

La discriminación racial constituyó y sigue constituyendo un serio obstáculo para compartir un destino común entre todos los cubanos. Por todo ello, la polémica suscitada por el artículo de Zurbano debiera convertirse en uno de los caminos para consensuar, entre todos, posibles soluciones al irresuelto tema de la discriminación racial en Cuba; cuyas líneas fundamentales deben brotar de los estudios, del debate público y del Consenso. Nadie tiene la verdad en sus manos, pero la podemos conformar entre todos. Lo que está claro, como nos demuestra nuestra historia, es que su erradicación no depende sólo de la promulgación de leyes, que es lo que se ha hecho desde el nacimiento de la República hasta hoy, sino también de un análisis multidisciplinario de su origen, desarrollo y tratamiento recibido, así como de los proyectos necesarios dirigidos a ese propósito.

1     Cimarrones, esclavos prófugos de sus amos que hacían vida solitaria en el monte.
2     Apalencados, comunidad estable de cimarrones ubicadas en lugares de difícil acceso a sus perseguidores (rancherías) conformada por varios bohíos y producciones para el autoabastecimiento.
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