Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1444072696_17327.html

El camino hacia la plena normalización de las relaciones entre Washington y La Habana requiere de un enfoque único para desandar el camino transitado desde enero de 1961, cuando la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba condujo al presidente Dwight D. Eisenhower a la decisión de romper las relaciones diplomáticas con el gobierno de la Isla.

La diferencia de enfoques, cuya última manifestación fueron los discursos de los presidentes de Cuba y Estados en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, requiere ser removido para que las relaciones diplomáticas puedan desempeñar el papel que le corresponde en el camino hacia la plena normalización.

Barack Obama, después de reconocer una vez más el fracaso de la política de confrontación con Cuba, expresó: Continuaremos defendiendo los derechos humanos. Pero nos ocuparemos de esos asuntos mediante las relaciones diplomáticas y mayor comercio y relaciones de persona a persona. A medida que estos contactos generen progreso, tengo confianza en que nuestro Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería estar en vigencia. Para demostrar la inutilidad de la confrontación, el Presidente de Estados Unidos cerró su discurso con estas palabras: Piensen en los estadounidenses que arriaron la bandera en nuestra embajada en La Habana en 1961, el año en que yo nací, y que regresaron este verano para izar esa bandera. Uno de estos hombres dijo del pueblo cubano: “Podíamos hacer cosas por ellos y ellos podían hacer cosas por nosotros. Los amábamos”. Durante 50 años, pasamos por alto este hecho.

Raúl Castro, por su parte dijo: Tras 56 años de heroica y abnegada resistencia del pueblo cubano, quedaron restablecidas las relaciones diplomáticas y las embajadas en las respectivas capitales… Ahora se inicia un largo y complejo proceso hacia la normalización de las relaciones que se alcanzará cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba; se devuelva a nuestro país el territorio ocupado ilegalmente por la Base Naval de Guantánamo; cesen las transmisiones radiales y televisivas y los programas de subversión y desestabilización contra Cuba, y se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que aún sufre. Y añadió: Mientras persista, continuaremos presentando el proyecto de resolución titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”.

El primero reconoce el fracaso de la política seguida con Cuba, el segundo parte de la heroica y abnegada resistencia, es decir, de la victoria. Uno, plantea el levantamiento del embargo como resultado de un proceso mediado por las relaciones diplomáticas; el otro, como resultado de la “victoria” y en consecuencia exige que se satisfagan las demandas cubanas o continuarán las presiones, entre ellas la votación anual en las Naciones Unidas.

Un análisis objetivo acerca de los planteamientos anteriores me conduce a las siguientes valoraciones:

-Con excepción de la base naval de Guantánamo, a la que dedicaré un próximo trabajo, el resto de las demandas cubanas tienen su origen en la confrontación que siguió a la ruptura de las relaciones diplomáticas. Por tanto, una vez restablecidas dichas relaciones, los métodos empleados durante su ausencia están fuera de tiempo y de lugar.

-La “abnegada resistencia del pueblo cubano” no condujo a ninguna victoria, sino a la crisis más profunda de la historia de Cuba, reflejada en una crónica ineficiencia productiva, salarios insuficientes, deterioro moral generalizado, desesperanza, y éxodo masivo y creciente del pueblo victorioso.

En diciembre de 2014, el presidente cubano al anunciar la disposición de restablecer las relaciones, dijo: Esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar. Y agregó: Aunque las medidas del bloqueo han sido convertidas en Ley, el Presidente de los Estados Unidos puede modificar su aplicación en uso de sus facultades ejecutivas. Es decir, lo principal, según sus palabras, era el bloqueo, cuya aplicación podía ser modificada por el Presidente Obama. Sin embargo, en enero de 2015, en el discurso en la III Cumbre de la CELAC, dio un giro respecto a los planteamientos del mes anterior, cuando preguntó: ¿Acaso podrían restablecerse las relaciones diplomáticas sin reanudar los servicios financieros a la Sección de Intereses de Cuba y su Oficina Consular en Washington, cortados como consecuencia del bloqueo financiero? ¿Cómo explicar el restablecimiento de relaciones diplomáticas sin que se retire a Cuba de la Lista de Estados patrocinadores del Terrorismo Internacional? Es decir, no sólo el bloqueo, ahora todo es principal.

En respuesta el Gobierno de Estados Unidos no sólo flexibilizó el embargo, sino que a pocos meses de iniciadas las conversaciones se reanudaron los servicios financieros a la Sección de Intereses y se retiró a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. Un resultado que no se logró durante las 24 años (de 1991 a 2014) que la ONU aprobó las resoluciones contra el embargo. Ello demuestra la superioridad de las negociaciones sobre la confrontación e indica que la misma forma en que se logró ese efecto se puede lograr el resto de las demandas. Por ello no pueden ser premisa, sino resultado de las negociaciones.

En este camino de solución coinciden:

- La CELAC, que en su Declaración Especial, de 28 de enero de 2015 se congratuló con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas e instó al presidente Obama a adoptar todas las medidas que estén dentro de sus facultades ejecutivas para modificar sustancialmente la aplicación del bloqueo contra Cuba, y al Congreso de los Estados Unidos a iniciar, en la brevedad posible, una discusión sobre la eliminación del mismo.

- El Papa Francisco, quien el 18 de septiembre de 2015 calificó el restablecimiento de las relaciones como signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo, del «sistema del acrecentamiento universal… por sobre el sistema, muerto para siempre, de dinastía y de grupos» Y animó a los responsables políticos a continuar avanzando por este camino y a desarrollar todas sus potencialidades, como prueba del alto servicio que están llamados a prestar a favor de la paz y el bienestar de sus pueblos.

- El presidente Obama, el 28 de septiembre en el citado discurso ante la ONU, al referirse al embargo dijo: nos ocuparemos de esos asuntos mediante las relaciones diplomáticas y mayor comercio y relaciones de persona a persona. A medida que estos contactos generen progreso, tengo confianza en que nuestro Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería estar en vigencia.

Ese camino, en que coinciden la CELAC, El Papa Francisco y el presidente  Obama, el embargo, la compensación, las trasmisiones radiales y televisivas, y cualquier otra diferencia que se pueda enarbolar, tienen que solucionarse mediante la negociación, pues cuando el empleo de la fuerza fracasa en sus objetivos y se regresa al terreno de la política, cada parte, a la vez que trata de obtener el mayor provecho, tiene que ceder en algo. ¿Por qué?, porque la negociación, antes o después de la confrontación, ofrece la oportunidad de solucionar las diferencias mediante un acuerdo de beneficio mutuo. Por esa razón, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas tiene un papel a desempeñar de mayor efectividad que las campañas ideológicas y las votaciones en la ONU.

En nuestra historia política hay ejemplos válidos de negociaciones. Basta citar la labor desplegada por Cosme de la Torriente1, quien dedicó 60 años de su vida a la política como servicio desde la negociación. En enero de 1925 Cosme publicó “Los derechos de Cuba sobre la Isla de Pinos” y en marzo de ese mismo año, siendo embajador de Cuba en Washington, logró que se aprobara el Tratado Hay-Quesada, mediante el cual Cuba recobró la soberanía sobre esa porción de territorio cubano. En 1934 redactó el proyecto inicial del Tratado de Relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con el cual fue abrogada la Enmienda Platt en  mayo de ese año. Acerca de esa labor, el historiador Emeterio Santovenia, escribió que Cosme redujo “a mero recuerdo el Tratado Permanente entre Cuba y los Estados Unidos en que habían sido vaciadas las cláusulas del Apéndice Constitucional, engendrado, a su vez, por la Enmienda Platt”.

Lo lamentable, además de la insistencia en la confrontación, es que, el “victorioso pueblo”, privado de las libertades cívicas y políticas más elementales, está impedido de participar en la solución de un problema que ha marcado a varias generaciones de cubanos. Además de lamentable es inaceptable que una vez restablecidas las relaciones diplomáticas, cuando el concepto de enemigo carece de todo valor, el Gobierno cubano mantenga la prohibición de las libertades fundamentales que impiden a los nacionales ser empresario en su propio país, contratarse directamente con empresarios extranjeros o asociarse libremente.

La Habana, 4 de octubre de 2015

1 Cosme de la Torriente y Peraza (1872-1956), licenciado en Filosofía y Letras, y en Derecho. Al fracasar los alzamientos de 1895 en Matanzas, emigró a Estados Unidos y regresó poco después como expedicionario. Por sus acciones militares obtuvo el grado de Coronel. Fue ayudante del General Calixto García e integró varios Estados Mayores. En 1887 resultó elegido a la Asamblea Constituyente de la Yaya. Fue Magistrado y Senador, Encargado de Negocios y Embajador de Cuba en Madrid, primer Embajador de Cuba en Washington, Representante de Cuba en la Liga de las Naciones y Presidente de su Cuarta Asamblea, Delegado de las Naciones Unidas para América Latina, fundador y director de La Revista de La Habana y fundador y Presidente de la Sociedad de Amigos de la República.

La visita del Papa Francisco a Cuba –misionero de la misericordia– ha generado una montaña de artículos e interpretaciones sobre temas que van desde las reparaciones y embellecimiento cosmético de las zonas por donde transitaría el Pontífice hasta las expectativas y especulaciones acerca de los resultados de su presencia en Cuba. Por esa razón me limito a algunos aspectos que considero esenciales: las características de Francisco, la mediación, la autoestima de los cubanos y el mensaje de los papas a los cubanos.

Francisco

Jorge Mario Bergoglio –el papa 265 después de Pedro, el primero de los doce apóstoles elegido por Jesús– es el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y soberano del Estado Vaticano. Es, además, el primer papa jesuita, originario de América y no europeo desde que en el siglo VIII el sirio Gregorio III ocupara el papado.

Francisco, nombre asumido en honor al fundador de la Orden Franciscana creada en el siglo XIII, se caracteriza por su entrega a los pobres, estilo de vida sencillo y compromiso con la justicia social. Desde el inicio de su pontificado denunció las guerras, los conflictos económicos, el ansia de dinero y de poder, la corrupción y los crímenes contra la vida humana. Ha dedicado esmerada atención al tema de la conservación del medio ambiente y ha manifestado su aprecio por el papel de las Naciones Unidas en la preservación de la paz, la promoción del bien común y la defensa de los derechos fundamentales del hombre. Ha emprendido reformas dentro de la Curia romana y creó una comisión especial para la protección de las víctimas de abusos sexuales, inició una lucha contra los curas pedófilos e intensificó el diálogo entre las distintas religiones y con los no creyentes con el objetivo de construir lazos de amistad entre todos los hombres y pueblos.

Por su desempeño como mediador en el proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, su viaje, además de pastoral, tiene un marcado carácter político, lo que se corresponde con los fundamentos de la doctrina cristiana, pues Jesús no fue ajeno a ninguna de las dimensiones humanas, y la política está entre ellas. Su actitud frente al poder, ante las injusticias y ante la pobreza ofrece una idea de esa dimensión.

La mediación

La mediación de la Iglesia en asuntos políticos no es una novedad. La misma forma parte tanto de la historia de la diplomacia vaticana como de la Iglesia cubana. Basta recordar la intervención de Juan Pablo II en el conflicto por el Canal del Beagle, que evitó la guerra entre Argentina y Chile en 1979 y concluyó con el Tratado de paz y amistad firmado entre ambos países.

En cuanto a Cuba cuatro ejemplos resultan ilustrativos:

1- el Obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz (1694-1768), en julio de 1731, actuó como mediador en la primera rebelión de esclavos ocurrida en las minas de cobre de Santiago del Prado. El Gobernador de Santiago de Cuba quería reducir a los rebeldes por las armas, mientras los esclavos estaban dispuestos a luchar hasta la muerte. Gracias a su mediación los alzados regresaron de las montañas a cambio de la suspensión de las medidas que causaron la rebelión.

2- Antonio María Claret (1807-1870), Arzobispo de Santiago de Cuba, en el proceso judicial efectuado en agosto de 1851 contra Joaquín de Agüero y otros tres patriotas camagüeyanos que fueron condenados a pena de muerte, los defendió y solicitó permutar la condena dictada a cambio de su propia vida.

3- José Olallo Valdés (1820-1889), fraile de la orden san Juan de Dios, en 1873, cuando el cadáver del Mayor Ignacio Agramonte, atravesado en el lomo de un caballo fue trasladado a la ciudad y tirado en medio de la Plaza como escarmiento y trofeo de guerra. El fraile con una camilla y dos ayudantes se dirigió al lugar y desoyendo la orden de no tocarlo, respondió a los soldados que él sólo acataba la orden del Señor. Cargó el cuerpo, lo trasladó a la enfermería del hospital y procedió a lavarlo amortajarlo, evitando que los militares cumplieran su objetivo.

4- Monseñor Enrique Pérez Serantes (1883-1968), arzobispo de Santiago de Cuba, al producirse el asalto al Cuartel Moncada en 1953, emitió una serie de circulares contra el gobierno de Fulgencio Batista y en Carta al Coronel Río Chaviano planteó su determinación de interceder por los fugitivos y servir de garante de sus vidas. Esa decisión le permitió participar en el traslado de Fidel Castro desde el lugar donde fue apresado e impedir su asesinato. Por esa conducta, en el acto celebrado el 2 de enero de 1959 en Santiago de Cuba, Pérez Serantes antecedió en el uso de la palabra al líder revolucionario.

La relevancia de la actual mediación del Papa Francisco radica en que se trata de un conflicto de más de medio siglo. Una de las manifestaciones de ese conflicto es lo que unos denominan bloqueo y otros llaman embargo, pero que más allá de la denominación ha tenido un impacto altamente negativo en la sociedad cubana, lo que le convierte al restablecimiento de las relaciones diplomáticas en el hecho de mayor trascendencia política después de la revolución de 1959.

¿Por qué esa trascendencia?, porque el diferendo fue empleado por el gobierno cubano para desactivar la sociedad civil, eliminar las libertades ciudadanas y aniquilar la condición de ciudadano, lo que constituye la principal causa del fracaso en todas las esferas sociales y del deterioro moral que han conducido a la crisis más profunda de la historia de Cuba. De esa forma, un conflicto externo condujo a graves desajustes estructurales al interior del país.

Por esa razón cualquier posible salida de la crisis pasa por la normalización de las relaciones con Estados Unidos y la reconversión de los cubanos en ciudadanos, es decir, en titulares de derechos y deberes, que por dicha condición civil puedan reunirse sin más limitaciones que las contempladas en las leyes de un Estado de derecho, para intercambiar opiniones, tomar decisiones y participar como sujetos activos en los destinos de la nación, sin lo cual no habrá verdadera solución.

En ese proceso decisivo para la nación cubana, más allá de los criterios, preferencias o gustos, y en ausencia de otras fuerzas alternativas con suficiente capacidad para influir en el rumbo de los acontecimientos, la Iglesia Católica reúne un conjunto de condiciones que le permiten ejercer el papel de mediador. La misma goza de determinadas libertades para su labor; tiene parroquias en todos los municipios y barrios de Cuba en lo que muchos de sus párrocos introducen los temas sociales en sus homilías; se relaciona directamente con la sociedad a través de diversos programas que tienen un efecto directo en las penurias de los cubanos con alimentos, medicamentos, atención en los centros para ancianos, con la labor humanitaria de las monjas, los proyectos para niños Síndrome de Down, para drogadictos, alcohólicos y enfermos de VIH.

Además, los fundamentos de la Iglesia y del totalitarismo cubano son excluyentes a largo plazo. El fundamento de la Iglesia es la doctrina cristiana del amor y la reconciliación, mientras el del modelo totalitario es la ideología marxista basada en la lucha de clases y la subordinación del hombre al Estado. Por esa diferencia radical no puede existir una alianza estratégica entre una y otro. El fortalecimiento de la Iglesia, que lógicamente se desprende de la mediación repercutirá en un fortalecimiento indirecto de la sociedad civil, pues en la medida que la Iglesia gana espacios resulta más difícil y absurdo negarlo a otros sectores de la sociedad, lo que a su vez, representa un debilitamiento gradual del modelo totalitario.

La autoestima

Uno de los comentarios más generalizados respecto a la visita del papa Francisco es que en sus homilías no criticó directamente los problemas que confrontan los cubanos ni se reunió con los disidentes. Ese juicio, aunque cierto, guarda una estrecha relación con la baja autoestima de una buena parte de los cubanos, que tiene sus raíces en las constantes frustraciones: los reveses sufridos en las tres guerras de independencia del siglo XIX y el arribo a la República bajo la ocupación extranjera. De ahí en lo adelante no hubo conflicto político en que una o las partes involucradas no acudieran a Estados Unidos para dirimir el asunto.

Después de 1959 la autoestima se manifestó en la partida de la burguesía cubana hacia el Norte, con la convicción de que los norteamericanos no iban a permitir un gobierno comunista en Cuba. Esa conducta también hizo acto de presencia en una parte de la disidencia cubana que se ha sentido traicionada por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. De igual forma estuvo presente durante los subsidios recibidos de la Unión Soviética y todavía algunos temen la inminente pérdida de los subsidios de Venezuela. En todos los casos se trata de que algo o alguien nos salve y nos ayude, sin asumir los caminos y compromisos que exigen los cambios que Cuba necesita.

Queda claro que ni Juan Pablo II, ni Benedicto XVI, ni Francisco, ni ninguna otra autoridad, por alta que sea, hará la parte que les corresponde a los cubanos.

Sin embargo, una ojeada a las homilías de los tres papas que nos han visitado en medio de tan prolongada crisis, develan valiosos mensajes para el cambio que no han encontrado a los receptores en la medida que Cuba necesita.

El mensaje de los papas

Juan Pablo II, al llegar a Cuba el 21 de enero de 1998, con la frase, Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba, resumió la transformación que el Gobierno debía emprender en aquel momento. Luego en la Plaza de la Revolución, el 22 de enero, al dirigirse al pueblo clamó: “¡No tengáis miedo!”, lo que provocó en los asistentes gritos de “¡Libertad, libertad!”.

En Santiago de Cuba, el 24 de Enero expresó: “El bien de una nación debe ser fomentado y procurado por los propios ciudadanos a través de medios pacíficos y graduales. De este modo cada persona, gozando de libertad de expresión, capacidad de iniciativa y de propuesta en el seno de la sociedad civil y de la adecuada libertad de asociación, podrá colaborar eficazmente en la búsqueda del bien común”.

Dirigiéndose a la propia Iglesia dijo que la misma “Está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico; no buscando la gloria o los bienes materiales; usando sus bienes para el servicio de los más pobres e imitando la sencillez de la vida de Cristo”.

Benedicto XVI, antes de arribar a Cuba en 2012 planteó que la ideología marxista “tal como había sido concebida, no responde ya a la realidad”, por lo que “conviene hallar nuevos modelos”.

Luego en La Habana, el miércoles 28 de marzo, dijo: “deben luchar para construir una sociedad abierta y renovada” y agregó: “Cuba y el mundo necesitan cambios, pero estos se darán solo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a tomar el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad”. En otro momento expresó: “El Padre Varela nos presenta el camino para una verdadera transformación social: formar hombres virtuosos para forjar una nación digna y libre, ya que esta trasformación dependerá de la vida espiritual del hombre, pues «no hay patria sin virtud». Cuba y el mundo necesitan cambios, pero éstos se darán sólo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a tomar el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad”.

Francisco, siendo Arzobispo de Buenos Aires, 15 años antes de ser elegido como Sumo Pontífice y 17 años antes de la presente visita, en un ensayo escrito en julio de1998 realizó una valoración de la visita de Juan Pablo II a Cuba, de la cual se puede deducir sus opiniones acerca de la realidad cubana.

-Sobre el socialismo, escribió, que este “ha cometido un error antropológico al considerar al hombre sólo en su rol de parte en el entramado del cuerpo social”, y criticó el uso de la lucha de clases para lograr sus fines. “El segundo factor de crisis –dijo– ha sido la ineficacia de la revolución en su aspecto económico. No debe entenderse esta cuestión como meramente técnica, sino más bien como consecuencia de la violación de los derechos humanos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector de la economía”.

-Planteó que Juan Pablo II revalorizó “la necesidad de ese pueblo a gozar de los derechos que le son propios, como el de libertad de expresión y el de capacidad de iniciativa y propuesta dentro del ámbito social, ya que ese ejercicio les permitirá colaborar en la búsqueda del bien común”. Y que “la defensa de la libertad de la Iglesia debe ser extendida y proyectada hacia la defensa de la libertad de cada persona, de cada familia, de cada organización o asociación, en el sentido propio de la autonomía y de la soberanía”,

-Señaló que el mensaje de San Juan Pablo II al pueblo cubano y a Fidel Castro “contiene una profunda reflexión acerca de la necesidad de franquear el camino que permita a los ciudadanos cubanos participar en la vida civil de ese país”.

-Enfatizó que “la libre participación de los ciudadanos en la gestión pública, la seguridad del derecho, el respeto y la promoción de los derechos humanos, se erigen como requisito imperativo, como condición necesaria para tender al desarrollo del hombre, de todos los hombres”,

-Advirtió, refiriéndose a los derechos humanos: “Lamentablemente llegamos a la conclusión que muchos de ellos, por motivos varios y que no siempre responden a una lógica clara, han sido anulados, mutilados u ocultados durante largo tiempo al pueblo cubano”.

Más reciente, antes de su viaje a Cuba, desde el Vaticano respondió a preguntas de estudiantes de La Habana y Nueva York. Al ser cuestionado por un estudiante cubano sobre un ejemplo de liderazgo, respondió: “Te diré algo, un buen líder es aquel que es capaz de generar otros líderes. Si un líder quiere sostener el liderazgo, es un tirano. El verdadero liderazgo es fructífero. Cada uno de ustedes tiene una semilla de liderazgo”. Y añadió: “los líderes de hoy en día no estarán mañana. Si no siembran la semilla del liderazgo a otros, no tienen valor. Son dictadores”.

Estos fragmentos de su ensayo no dejan dudas de la comprensión del Pontífice de las verdaderas causas del estancamiento cubano y de las vías de solución. A

l arribar a Cuba, el sábado 18 de septiembre de 2015, al referirse a la normalización de las relaciones entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos dijo: “Ese proceso, es un signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo, del «sistema del acrecentamiento universal… por sobre el sistema, muerto para siempre, de dinastía y de grupos» Y animó a los responsables políticos a continuar avanzando por este camino y a desarrollar todas sus potencialidades, como prueba del alto servicio que están llamados a prestar a favor de la paz y el bienestar de sus pueblos, de toda América, y como ejemplo de reconciliación para el mundo entero.

El 19 de diciembre dijo a los jóvenes: “Soñá que el mundo con vos puede ser distinto, soñá que si vos ponés lo mejor de vos vas a ayudar a que ese mundo sea distinto”.

En la homilía improvisada en el encuentro con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas de Cuba en la Catedral de La Habana, planteó: “Es frecuente confundir unidad con uniformidad; con un hacer, sentir y decir todos lo mismo. Eso no es unidad, eso es homogeneidad. Eso es matar la vida del Espíritu, es matar los carismas que Él ha distribuido para el bien de su Pueblo. La unidad se ve amenazada cada vez que queremos hacer a los demás a nuestra imagen y semejanza. Por eso la unidad es un don, no es algo que se pueda imponer a la fuerza o por decreto. Me alegra verlos a ustedes aquí, hombres y mujeres de distintas épocas, contextos, biografías, unidos por la oración en común. Pidámosle a Dios que haga crecer en nosotros el deseo de projimidad”.

El pontífice hizo un claro llamado a servir a los más frágiles y advirtió que “el servicio nunca es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”. Y recalcó: “la importancia de un pueblo o de un individuo siempre se mide en “cómo sirve la fragilidad de las personas”, por lo que sentenció que “quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Alertó que “hay un servicio que sirve; pero debemos cuidarnos del otro servicio, de la tentación del servicio que se sirve”.

Las homilías no están dirigidas a sublevar para cambiar gobiernos, sino a cambiar culturas, a empoderar al pueblo, en un contexto donde el Gobierno cubano carece de la voluntad política para devolver las libertades fundamentales al pueblo de Cuba.

Aunque las homilías contienen mensajes para el cambio; debido al uso y abuso de la propaganda ideológica del Estado, de las carencias cívicas resultado de más de medio siglo de totalitarismo y de la falta de voluntad política del Gobierno, sus mensajes han encontrado pocos oídos receptivos.

En este sentido me gusta recordar las palabras de Jesús en el evangelio de Marcos (1.14-15), que tiene tanta validez como la tuvo hace dos mil años. Según Marcos cuando Jesús regresó a Galilea empezó a anunciar las buenas noticias de Dios, decía: Ya ha llegado el momento, el reino de Dios está cerca. Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en las buenas noticias. Sin ese cambio poco resultado podremos extraer de las homilías papales.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1442863028_17062.html

Hace 120 años, entre el 13 y el 18 de septiembre de 1895, veinte delegados elegidos en los cinco Cuerpos de Ejército en que estaba dividido el  Ejército Libertador, constituidos en Asamblea Constituyente, promulgaron la Constitución de Jimaguayú.

Esta Constitución, a diferencia de otras no se estructuró en tres partes –orgánica, dogmática y cláusula de reforma– sino que quedó conformada por 24 artículos consecutivos sin divisiones en títulos, secciones ni capítulos. En ella el Gobierno de la República reside en un Consejo de Gobierno con poderes legislativos y ejecutivos. El poder ejecutivo recayó en el Presidente (Salvador Cisneros Betancourt), mientras el poder legislativo quedó en las manos del Consejo de Gobierno. Además de un poder judicial, organizado por el Consejo pero con funcionamiento independiente. Los cargos de General en Jefe y de Lugarteniente General se depositaron en Máximo Gómez y Antonio Maceo respectivamente.

Surgido en la historia de los pueblos como contrapartida del absolutismo, el constitucionalismo es fundamento de la gobernabilidad. Las constituciones reflejan los requerimientos que va planteando el desarrollo social. En ese sentido, la Carta Magna de Jimaguayú fue una expresión de la necesidad del nuevo orden político y legal que reclamaba la República en Armas. Constituye, por ello,  un importante eslabón de la historia constitucional cubana.

En su 120 aniversario el semanario Trabajadores del lunes 7 de septiembre y el diario Granma del 16 del mismo mes dedicaron sendos trabajos bajo los títulos: “Ni martiana ni radical” y “Jimaguayú a 120 años”, respectivamente, los cuales paso a comentar.

1- En Granma se cita al historiador Rolando Rodríguez, quien plantea que Jimaguayú es un documento de importancia trascendental para la historia de Cuba, muestra de la concepción legalista y republicana y del empeño de dotar de una dirección constitucional a la insurrección cubana.

Si se reconoce a ese texto constitucional como una expresión de la necesidad del nuevo orden político y legal que reclamaba la Isla e importante eslabón de nuestra historia constitucional, ¿cómo la historiografía oficial puede considerarlo como “documento de importancia trascendental para la historia de Cuba”, sin referirse de forma crítica al estado actual de la constitucionalidad cubana, que poco o nada tiene que ver –comenzando con la división de poderes–  con el legado de Jimaguayú?

2- El artículo de Granma dice que “Martí anhelaba deponer la autoridad que le había otorgado el Partido Revolucionario Cubano ante una reunión representativa de los combatientes de las fuerzas mambisas…”

En el Diario de Campaña de José Martí –acerca de su encuentro con Antonio Maceo y Máximo Gómez el 5 de mayo de 1895 en La Mejorana– escribió: “…Maceo y Gómez hablan bajo, cerca de mi1: me llaman a poco. Allí en el portal; que Maceo tiene otro pensamiento de gobierno; una junta de los generales con mando, por sus representantes, -y una Secretaría General:- la patria pues, y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejército, como secretaría del ejército. Nos vamos a un cuarto a hablar. No puedo desenredarle a Maceo la conversación: ¿pero V. se queda conmigo o se va con Gómez? Y me habla, cortándome las palabras, como si fuese yo la continuidad del gobierno leguleyo, y su representante… Insisto en deponerme ante los representantes que se reúnan a elegir gobierno. No quiere que cada jefe de operaciones mande el suyo, nacido de su fuerza: el mandará a los cuatro de Oriente: “dentro de 15 días estarán con Vds.- y serán gentes que no me las pueda enredar allí el doctor Martí…”2

De lo anterior se puede deducir que en La Mejorana se le planteó a Martí la deposición. De ahí sus palabras: “insisto en deponerme ante los representantes que se reúnan a elegir gobierno”. De ser así no existe ningún anhelo, sino el reclamo de no ser depuesto sino ante una asamblea de representantes.

Si el Partido Revolucionario Cubano se fundó a partir del análisis de los errores de la Guerra de los Diez años como institución organizadora, controladora y generadora de conciencia y eslabón mediador para arribar a la República y esa magna misión apenas estaba comenzando es difícil aceptar la afirmación de que anhelaba deponer su autoridad. Además, si el apego de Martí a la institucionalización y la democracia lo condujo en 1884 a separarse del Plan Gómez Maceo, oportunidad en que le escribió a Generalísimo: Pero hay algo que está por encima de toda la simpatía personal que usted pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente: y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta1. ¿Cómo se puede afirmar que Martí “anhelaba deponer la autoridad que le había otorgado el Partido Revolucionario Cubano”?

3- Dice Granma; “Igualmente quedó establecido que cada dos años habría una asamblea que se encargaría de proponer los cambios necesarios de acuerdo con las nuevas circunstancias, algo que también la sitúa en un escalón superior con relación a la aprobada en Guáimaro”.

Si la revolución de 1959 se considera heredera y continuadora del legado constitucionalista, resulta contradictorio que al tomar el poder, en vez de restablecer la Constitución de 1940 como se había prometido, la misma fue sustituida por unos estatutos denominados Ley Fundamental del Estado Cubano, sin convocar ninguna Asamblea Constituyente. Cuba permaneció sin Carta Magna hasta 1976 cuando se aprobó la primera constitución revolucionaria a imagen y semejanza a la de la Unión Soviética, la cual no sufrió modificaciones hasta el año 1992. Luego, en el año 2002, se  declaró irrevocable el sistema instaurado en 1959. Con esa decisión la Constitución cubana dejó de reflejar los cambios que corrientemente ocurren en cualquier sociedad para devenir mecanismo de freno social.

La pregunta es: ¿Cómo se puede alabar la historia constitucional desde una realidad que la niega con los hechos?

4- En el semanario Trabajadores, Antonio Álvarez Pitaluga planteó En la de Jimaguayú no hubo un equilibrio de poderes ni se defendieron las tesis martianas. Se dice que Enrique Loynaz del Castillo y Fermín Valdés Domínguez defendieron los postulados en intereses de José Martí, más creo que eso hoy es difícil de sostener, porque cuando una revisa la documentación, sobre todo las actas del Consejo de Gobierno, se da cuenta de que en el proceso de discusión de la Asamblea no hubo una sola mención a José Martí, ni a sus documentos, ni un análisis de su pensamiento. O sea, fue soslayado; no tiene que decirse necesariamente que con intencionalidad, sino por desconocimiento, porque muchos de los que estaban allí conocían su figura, su obra, su quehacer revolucionario, pero no su pensamiento, su documentación”.

Las preguntas, son las siguientes: 1- ¿Fermín Valdés Domínguez desconocía el pensamiento de José Martí? Y 2- Si Fermín Valdés Domínguez, seguido por la mayoría de los delegados defendió la división y limitación de poderes, que era una de las ideas republicanas de José Martí, ¿Lo importante era que apareciera su nombre en los documentos o que se defendieran e  impusieran sus ideas por mayoría, como ocurrió?

El 120 aniversario y los dos trabajos publicados demuestran que no se puede tratar ningún hecho histórico, mucho menos cuando se trata de un hecho trascendente como es el texto constitucional de Jimaguayú, sin relacionarlo con el presente para demostrar lo que se ha avanzado o retrocedido. Si no se tratan las limitaciones de la actual constitución, que pide a gritos una reforma profunda, ¿para qué nos sirve la historia?

La Habana, 17 de septiembre de 2015

1 En el original está tachado: “oigo”
2 Martí, José. Obras escogidas en tres tomos. Tomo III, p.544
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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1441050665_16655.html

DIMAS CASTELLANOS | Ciudad de México | 1 Sep 2015 – 11:49 pm.

En Cuba la concurrencia entre el fracaso del modelo totalitario, el envejecimiento de sus gobernantes y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos tendrá un fuerte impacto en la sociedad. Para que ese impacto resulte positivo se requiere la presencia de un factor ausente: el ciudadano. Si esta tesis remite a la pregunta de cómo es posible que en un país de cultura occidental con una destacada historia de luchas no exista el ciudadano, la respuesta nos conduce a un fenómeno complejo que demanda más atención de la que hasta ahora se le ha brindado.

La causa más inmediata —no la única— está en el desmontaje de la sociedad civil que tuvo lugar en Cuba en los primeros años de poder revolucionario y en su posterior institucionalización. La formación cívica —cimiento del ciudadano— se inició en Cuba en 1821 por el padre Félix Varela[1], quien al asumir la dirección de la Cátedra de Constitución en el seminario San Carlos, la definió como “institución de la libertad y de los derechos del hombre” y la concibió como un medio “para enseñar virtudes cívicas”. Su obra fue continuada por José de la Luz y Caballero[2], quien arribó a la conclusión de que “antes de la revolución y la independencia, estaba la educación”y desde esa visión concibió el arte de la educación como premisa de los cambios sociales. Esa misión fue continuada por varias generaciones de educadores y pensadores cubanos hasta la primera mitad del siglo XX.

La sociedad civil cubana, que emergió resultado del Pacto del Zanjón en 1878, desempeñó un importante papel en los problemas político-sociales de la República. La Protesta de los Trece; las luchas campesinas de San Felipe de Uñas, del Realengo 18 y Ventas de Casanova; el movimiento huelguístico que derrocó la dictadura de Gerardo Machado, las luchas estudiantiles por la autonomía universitaria y la derogación de la Enmienda Platt; la Asamblea Constituyente que dio a luz la Constitución de 1940 y las luchas contra el Golpe de Estado de 1952, entre otros así lo demuestran. El desarrollo logrado por la sociedad civil fue expuesto por Fidel Castro durante el juicio por el Asalto al cuartel Moncada, donde dijo: “Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, Tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos y en el pueblo palpitaba el entusiasmo.”

A pesar de esos esfuerzos educativos y de los avances de la sociedad civil no se alcanzó el grado de madurez suficiente para impedir su desmantelamiento. En 1959 la Constitución de 1940 fue suplantada por la Ley Fundamental del Estado Cubano; el poder se concentró en las manos del líder de la revolución y la propiedad pasó a manos del Estado, cuyo punto de remate fue la “Ofensiva Revolucionaria” de 1968, que liquidó los más de 50.000 pequeños establecimientos sobrevivientes. El resultado se refrendó en la Constitución de 1976, con la cual se institucionalizó el control absoluto del Estado sobre la política, la economía, la cultura, los medios de comunicación y sobre las personas.

Si a ello se une el efecto negativo de la pérdida de los valores éticos, la frustración, la desesperanza, el desinterés y el éxodo sostenido, la realidad cubana se nos presenta en su desnudez y nos indica tanto la magnitud del daño sufrido como de la empresa pendiente.

Por su naturaleza, todos los modelos totalitarios están condenados al fracaso. La diferencia entre uno y otro modelo radica en la capacidad para durar un tiempo menor o mayor, lo que a su vez depende del grado en que cada uno sea capaz de limitar la libertad de las personas. En el caso de Cuba, ante el fracaso y la posibilidad de perder el poder, la élite revolucionaria reforzó la represión política, económica y cultural e intensifico el monopolio del sistema educacional y de los medios de comunicación. Una marcha atrás guiada por la política expuesta por Fidel Castro en 1961: “Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho.”

Detenidos en este punto, con una sociedad desarmada de instituciones y espacios cívicos, en ausencia de las libertades cívicas y políticas más elementales, la sociedad cubana, condicionada por la creciente brecha entre salario y costo de la vida, se refugió en la sobrevivencia, obligada a realizar actividades suplementarias, casi siempre al margen de la ley, en busca de fuentes alternativas. Esa conducta, al prolongarse durante décadas devino moral admitida socialmente. La respuesta del cubano, desposeído de la condición de ciudadano fue: a los bajos salarios, las actividades alternativas; a la ausencia de sociedad civil, la vida sumergida; a la falta de materiales, el robo al Estado; y al cierre de todas las posibilidades, el escape al exterior.

Ese cuadro, que caracteriza a la Cuba de hoy, requiere de una acción cultural, que al decir de Paulo Freire[3], “es siempre una forma sistematizada y deliberada de acción que incide sobre la estructura social, en el sentido de mantenerla tal como está, de verificar en ella pequeños cambios o transformarla”.

¿Por qué? Porque, como acertadamente afirmara el ingeniero López[4], “las propiedades de un sistema resultan determinadas por las propiedades de sus componentes y los vínculos entre ellos, por lo que la calidad del sistema no puede ser mejor que las de sus componentes ni que su diseño, ya que éstas actúan como limitantes a la calidad del sistema en su conjunto”. Por tanto, una Cuba mejor no es posible sin cubanos mejores.

Para conformar esa cultura es necesario, parafraseando el concepto de acción afirmativa, una acción educativa, equivalente a las que se efectúan para la inserción y desenvolvimiento de sectores sociales relegados. La concreción de esa cultura incluye dos procesos simultáneos e interrelacionados: 1- el empoderamiento ciudadano, que resultará de las medidas implementadas por la Casa Blanca y las que tendrá que implementar el gobierno cubano como complemento y 2- los cambios al interior de la persona, que a diferencia de los primeros son irrealizables en el corto plazo, pero sin los cuales el resto de los cambios serían de poca utilidad.

Por las razones antes expuestas los cubanos están excluidos del proceso de toma de decisiones, pero la participación en ese proceso no comienza hasta tanto no se tome conciencia de la responsabilidad que corresponde a cada uno en el destino de su país. Y esa responsabilidad nace a partir de que se asume su propio compromiso y se busca, sobre él, la colaboración con otras personas. Se trata de un proceso lento, pero insoslayable, que se mueve de lo interno a lo externo, del individuo a la sociedad, del país al mundo.

La transformación de los cubanos en ciudadanos públicos, en actores políticos, es un reto tan complejo como ineludible; un propósito inalcanzable sin antes sentir el cambio no solo como algo necesario, sino
también como posible. Y el único camino para ello está en participar, aprender sobre la marcha, equivocarse y volver nuevamente hasta ser efectivos, hasta devenir en verdaderos ciudadanos.
Por lo anterior, la acción educativa tiene que introducir la educación de la responsabilidad, que comienza en el individuo, pasa por la sociedad y se extiende hasta la comunidad internacional. De tal forma libertad y responsabilidad, derechos y deberes, conforman un todo interrelacionado e indivisible.

Entonces, el efecto de la concurrencia entre el fracaso del modelo totalitario, el envejecimiento de sus gobernantes y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, depende, ante todo, de nuestra capacidad de cambiar para recuperar la condición de ciudadano, que a su vez, constituye una necesidad insoslayable para salir del estancamiento en que vivimos.

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[1] Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales (1778-1853) nació en La Habana y murió en San Agustín de la Florida, estudió en el Seminario San Carlos y  la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, fue ordenado diácono en 1810 y sacerdote en 1811. En el Seminario, donde estudió, ejerció las cátedras de Latinidad, de Filosofía y de Constitución.
[2] José de la Luz y Caballero (1800-1862), nació y murió en la Habana, estudió en el Convento de San Francisco, en la Real y Pontificia Universidad de La Habana y en el Seminario San Carlos. Educado en un medio religioso bajo la influencia de su tío materno, el presbítero José Agustín Caballero, el amor a sus semejantes lo inclinó a la vida clerical y al claustro.
[3] Paulo Freire (1921-1997), reconocido pedagogo brasileño. Entre sus obras destacan La educación como práctica de la libertad (1967) y Acción cultural para la libertad (1970).
[4] José Ramón López, Individuo y Sociedad, artículo publicado en la revista digital Consenso No. 5 de 2005

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1438628244_16109.html

El pasado 15 de Julio se informó en el V Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) que el PIB creció en 4,7% en el primer semestre del año. Sin embargo, se supo que dentro del sector de la construcción, el cual creció en 8,7%, sólo se edificarán unas 30 mil viviendas durante todo el año; una cifra que agudizará la crisis habitacional en Cuba.

La vivienda

En la primera mitad del siglo pasado las necesidades de vivienda se satisfacían mediante el arrendamiento, la construcción y la compra. La renta, en dependencia de la calidad, el lugar y la dimensión, podía pagarse en la mayoría de los lugares con el 10% del salario. La compra podía realizarse a empresas como la FHA1, que construían viviendas para trabajadores y clase media en repartos residenciales. Los que recibían un salario mensual aproximado de 100 pesos podían solicitar un crédito con un 20% de interés amortizable en varios años. Los que tenían mayor solvencia podían realizar la compra directa. En 1949 una casa de mampostería, placa, piso de mosaicos o de terrazo, dos cuartos, baño intercalado, sala, comedor, cocina, portal y  patio, como las que sorteaba la revista Resumen, costaba unos 4 mil pesos. Y en pueblos del interior, una casa de madera, techo de tejas, piso de cemento, baño y un cuarto, se podía adquirir hasta con mil pesos.

El gobierno que asumió el poder en 1959, ignorando esa experiencia, se propuso resolver el déficit habitacional existente en aquel momento. Con el lenguaje militar que caracterizó cada tarea, se emprendió la “batalla por la vivienda” mediante una secuencia de planes. El primero de 1960 a 1970 intentó construir 32 mil apartamentos anuales, pero no rebasó los 11 mil como promedio. El segundo de 1971 a 1980 subió la meta a 38 mil anuales, pero a duras penas llegó a las 17 mil. Para recuperar lo dejado de producir, a partir de 1981 se planteó edificar 100 mil anuales, pero durante 25 años no sobrepasó las 40 mil.

En el año 2005, cuando se sabía que el 43% del fondo habitacional estaba en “regular y mal estado”; que hasta abril de ese año la “falta de liquidez” había impedido resolver 15 889 derrumbes totales y 12 563 parciales; después del paso de cuatro huracanes2, Carlos Lage, entonces Secretario Ejecutivo del Consejo de Ministros, anunció que a partir de 2006 se iban a construir y terminar “no menos de 100 000 viviendas nuevas por año”. En el 2006 se incumplió; en el 2007 se dijo que de las 100 mil se construirán sólo 52 mil. El descenso fue acelerado por otros cuatro huracanes3 que afectaron alrededor de medio millón de hogares. En 2008, según la Oficina Nacional de Estadísticas se construyeron cerca de 45 mil; en 2009 la cifra fue de unas 34 mil; en 2012 fueron algo más de 32 mil; y en el año 2013 no se llegó a 26 mil viviendas.

Un cálculo conservador de los incumplimientos en los diversos planes gubernamentales arroja un déficit de aproximadamente millón y medio de viviendas, que construyendo a un ritmo de cien mil anuales se requerirían unos 15 años para suplir el déficit. Pero al ritmo de 30 mil –que es el estimado del año 2015– se necesitarían 50 años, Si a ello se unen las nuevas necesidades y los continuos derrumbes, entonces se requeriría aproximadamente de un siglo.

Leyes y más leyes

- La Ley de Reforma Urbana dictada en 1960 confiscó todas las viviendas arrendadas, con excepción de las habitadas por sus propietarios y prohibió la compraventa y la hipoteca.

- La Ley General de la Vivienda promulgada en 1984 autorizó la “transferencia de la propiedad”, pero los “propietarios” no podían vender, arrendar, permutar o alojar  libremente a quien consideraran. Los cubanos pasaron a ser propietarios sin propiedad.

- Una segunda Ley General de la Vivienda, encaminada a reordenar las regulaciones anteriores, propiciar la solución del déficit habitacional y fortalecer el control estatal sobre las operaciones, fue aprobada en 1988.

- El Decreto-ley 211, de julio de 2000, reguló las construcciones que entonces florecían por doquier y los trámites de permuta. Este decreto contemplaba inspecciones físicas en los inmuebles y exigía autorización para realizar permutas, algo que había sido permitido por la Ley General de 1988.

- El Decreto-ley, de febrero de 2001, otorgó al Instituto de la Vivienda poder para eliminar la compraventa entre particulares y otorgó a las entidades municipales de la Vivienda el derecho de confiscación.

- Finalmente, el  Decreto-Ley 288 de 2011, restableció y reguló la compraventa de viviendas. Ahora los propietarios pueden permutar, donar, adjudicar o vender su casa a otros cubanos y las viviendas de cubanos que abandonen definitivamente la propiedad se traspasa a los copropietarios o a sus familiares hasta el cuarto grado de consanguinidad.

El recuento abreviado de las legislaciones dictadas en el último medio siglo traza el giro de la desaparición del propietario y del control absoluto e incapacidad del Estado, con un impacto negativo en el interés por el mantenimiento de inmuebles que no eran suyos. Ese medio siglo de propietarios sin propiedad explica en buena medida el deterioro habitacional que se manifiesta en los derrumbes cotidianos, particularmente en La Habana. Dos ejemplos bastan para ilustrarlo.

1- El 5 de diciembre de 2001, el edificio de cinco plantas situado en la calle Águila 558, en Centro Habana, que desde 1994 y durante 18 años sufrió cuatro derrumbes parciales hasta su desplome definitivo, dejando el doloroso saldo de seis muertos y varios heridos. El derrumbe afectó al edificio colindante, lo que provocó que sus ocupantes lo abandonaran inmediatamente, pues algunos de ellos, que habían sufrido un proceso similar diez años antes, estaban ubicados provisionalmente en el edificio inmediato al desplomado.

2- El 15 de julio de 2015, el mismo día que Marino Murillo informaba en la ANPP la construcción de 30 mil viviendas para el año en curso, el edificio ubicado en la Calle Habana 409, en La Habana Vieja, se derrumbó con un saldo de cuatro muertos (un niño, dos jóvenes, una anciana) y tres heridos.

En los 15 años que separan esos dos trágicos derrumbes, entre los huracanes que azotaron el país, las lluvias, el envejecimiento la falta de mantenimiento e insuficiencia de los salarios para acometer reparaciones, cientos de miles de hogares desaparecieron, muchas veces con pérdida de vidas humanas.

El hombre

La desmovilización ciudadana ocupa el primer lugar entre las causas de la actual crisis habitacional. Como las viviendas la empezaron a construir los hombres antes del surgimiento del Estado, se impone ubicar al ser humano –al margen de  criterios políticos o ideológicos– en primer lugar y desde esa ubicación acometer la solución de la crisis. Algo que desde hace mucho tiempo los ingleses lo condensaron en una sucinta frase: “no se puede tratar con la gente y sus viviendas por separado”.

La experiencia nacional y foránea enseña que sin la participación activa de la ciudadanía es imposible la salida de la crisis. Se impone, pues, la creación de pequeñas y medianas empresas privadas o cooperativas de materiales de construcción, de reparaciones, de venta de materiales, de transporte y de financiamiento alternativo. La nueva política habitacional que la sociedad cubana requiere tiene que basarse en la combinación armónica entre intereses individuales y sociales, entre Estado y Sociedad.

La disyuntiva está en que el Estado promueva y respete la autonomía y las libertades que propicien la participación civil de forma paralela y subsidiaria, o el Estado se ocupa de todo y con ello paraliza la potencialidad ciudadana hasta que la vivienda desemboque en tragedia nacional.

En la recién finalizada ANPP, el presidente Raúl Castro planteó que: Entre las principales tareas llevadas a cabo en interés de la actualización del modelo económico y social se encuentra la elaboración de la conceptualización teórica del socialismo en Cuba.

Si dicha conceptualización insiste en fortalecer el papel de la empresa estatal y conservar el sistema de planificación socialista como vías principales para la dirección de la economía; en encargar al cuentapropismo y al “cooperativismo” sólo las actividades secundarias, entonces la conceptualización pasará a engrosar la abultada lista de fracasos. En su lugar se impone reconocer el camino equivocado y proceder a devolver, las libertades confiscadas, para que los cubanos puedan formar pequeñas y medianas empresas y convertirse en empresarios y trabajadores libres en su país.

La Habana, 29 de julio de 2015

1 FHA. Institución crediticia que realizaba las operaciones bancarias con el Banco Pujol
2 Michelle 2001, Charley e Iván  2004 y Dennis 2005.
3 En 2008 azotaron a Cuba Fay, Hanna, Gustav e Ike

Tomado de http://www.diariodecuba.com/cuba/1438029051_15973.html

Según el informe presentado por el ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo Jorge, en el V Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, durante el primer semestre del 2015 el PIB creció en 4,7%.

Al referirse al transporte, entre otras cosas dijo: el primer semestre de 2015 este sector  creció en 6,5%, pero el de cargas incumplió en unas 700 000 toneladas, por lo que hay producciones que no se han podido transportar y materia prima que no ha llegado a tiempo a los lugares; entre el 20 y el 25% de los 2 100 000 dólares que hasta el mes de marzo se pagaron por concepto de estadía de contenedores y buques fue causado por deficiencias en el sistema ferroviario y el transporte automotor. Para que los  Delegados comprendieran la importancia y características del transporte, explicó que después de los más de 280 kilómetros la mejor vía para la transportación es la del ferrocarril, por tanto –dijo– es clave que recupere sus niveles de actividad.

Una breve mirada a la historia del ferrocarril en Cuba permite una valoración más precisa de sus planteamientos.

Entre las libertades concedidas por la metrópoli a los hacendados criollo-cubanos a fines del siglo XVIII estuvo el derecho de importar maquinarias, cuya introducción en la Isla devino elemento decisivo para la industria azucarera.

En 1794 durante el primer viaje de estudio técnico realizado por  Francisco de Arango y Parreño e Ignacio Pedro Montalvo, lo que  más atrajo su atención fue la máquina de vapor. En ella Arango y Parreño vio la solución del cuello de botella del ingenio  cubano. Para experimentar encargó una Watt, como se le conocía a estas máquinas por su creador1. Aunque la máquina de vapor  no se inventó con fines específicos, la adquirida por Cuba fue la primera del mundo aplicada a la producción de azúcar2 A partir de 1820 comenzó su generalización, prosiguió en 1840 con el evaporador al vacío en sustitución de los trenes jamaicanos abiertos, y a partir de 1850 con la centrífuga para mecanizar las operaciones de purga. Todo lo cual influyó en la conversión de Cuba en el primer productor mundial de azúcar.

De la aplicación de la máquina de vapor a las ruedas de los vagones surgió la locomotora en 1804. En 1825 se inauguró en Inglaterra la primera vía férrea pública del mundo y en 1830 la primera línea para el transporte de pasajeros y de carga. Arango y Parreño, al tanto de los últimos avances tecnológicos, comprendió la importancia de su  introducción en la Isla.  El 19 de noviembre de 1837, solo doce años después de Inglaterra, se inauguró en Cuba el cuarto ferrocarril del mundo. Ese día quedaron enlazadas las localidades de La Habana y Bejucal. Al año siguiente se concluyó la línea Habana-Güines y veinte años después las vías férreas comunicaban todas las áreas azucareras de Cuba.

Con el ferrocarril se resolvió el alto costo de la transportación, que era uno de los frenos de la industria azucarera. Hacia 1830 el traslado de azúcar de Güines a La Habana representaba el 25% del valor del producto y cuando comenzó a funcionar el ferrocarril entre esos dos puntos (1838), los costos por transportación se redujeron en un 70%. Pero más allá de la economía, el ferrocarril aceleró el proceso de unidad insular que se había iniciado a fines del siglo XVII, creando un cuadro físico y social similar en toda las Isla, del cual emergió Cuba como unidad económica y social.

Entre 1899 y 1908 se crearon la Cuba Central Railways Ltd y la Cuba Eastern Railroad. Uno de sus fines era integrar las líneas férreas que se habían venido construyendo desde la colonia. Ese proceso se aceleró con las órdenes militares 34 y 62 dictadas por el general Leonardo Wood, durante el gobierno de ocupación, las que desarrollaron tanto la industria azucarera como el ferrocarril.  En 1909, cuando el mayor general José Miguel Gómez asumió la presidencia de Cuba, ya las ciudades de La Habana y Santiago de Cuba estaban enlazadas por el ferrocarril central.

Teniendo en cuenta que Cuba es una isla larga y estrecha, desde la colonia se entendió que el ferrocarril era el medio ideal para el transporte y en consecuencia se creó una eficiente infraestructura que unió al país de Norte a Sur y de Oriente a Occidente.

Debido al deterioro sufrido después de 1959 el gobierno revolucionario se propuso crear una línea central de doble vía, de 1 149 kilómetros de longitud, para un ferrocarril de alta velocidad. El 29 de enero de 1975, Fidel Castro inauguró su primer tramo de 24,2 kilómetros, pero el plan, como casi todos, colapsó. Pasados 31 años, el propio Fidel dijo: “Pensábamos construir una nueva vía con todos los recursos técnicos requeridos. Se rectificaron muchas curvas, pero aquella tarea no pudo concluirse, tanto por nuestra falta de experiencia, como por problemas internacionales que surgieron…”. En ese mismo discurso, pronunciado en 2006, agregó: “Hoy acabamos de recibir 12 locomotoras y no son cualquier cosa; son sencillamente las mejores que ha recibido nunca nuestro país; son las más modernas, las más eficientes y las más económicas”3

Del año 2006 al presente la prensa oficial cubana da crédito de lo sucedido respecto al ferrocarril. El deterioro por abandono en la faja de 15 metros a ambos lados de la vía, incluyendo algunos trechos que quedaron sepultados bajo los escombros, requería en el año 2010 de 30 millones de pesos para su limpieza y conservación4.

Con un enfoque integral del asunto Cuba dispuso la adquisición de 550 vagones, planchas y cisternas o tanques rodantes, mientras materializan también la inversión para comprar 112 locomotoras de factura china5.

No se trabajó adecuadamente en la solución de las dificultades que presentan las vías férreas; a pesar de que en los últimos cinco años cerca de 600 millones de dólares se destinaron a la adquisición de equipos, maquinarias, herramientas, materiales y nuevas líneas productivas capaces de revertir el grave deterioro del ferrocarril6.

El 20 de enero de 2011 comenzó la reparación capital de los 40 kilómetros de la Línea Central previstas para este año. Según el ingeniero Bárbaro Martínez, especialista principal de la Empresa Nacional de Vías y Obras Constructivas del ferrocarril, “El deterioro ha sido tal que nos obligó a realizar una reconstrucción muy grande, equivalente, podría decirse, a hacer la vía nueva”7.

Las deficiencias en las vías siguen siendo la causa principal de los accidentes.  Entrevistados por Granma, los maquinitas del coche motor 2125, Jorge Inerarity Estrik y Joan Camayo del Pino, reconocieron que además del deterioro de la vía, muchos accidentes suceden por negligencia de las tripulaciones, fundamentalmente por ingestión de bebidas alcohólicas y otras indisciplinas, y por no cumplir lo que está reglamentado. Y muchas veces los ganaderos sueltan las reses intencionalmente y esperan con sacos y cuchillos que sean arrolladas8.

En el 2011 se terminó el mantenimiento manual de más de 7 000 kilómetros de vías, cifra superior a lo realizado en el 2010. Sin embargo, a pesar de los logros alcanzados en el sistema ferroviario, aún existen factores que atentan contra todo el esfuerzo desplegado en aras de lidiar con el deterioro acumulado durante décadas en el sector y la difícil situación de la economía cubana9.

La empresa villaclareña Industrial de Instalaciones Fijas (traviesas) el pasado año no logró cumplir el plan de producción, a pesar de haberse instalado una nueva línea con tecnología italiana y una planta de tratamiento superficial. No faltó el cemento ni la piedra, pero hubo dificultades con el plástico para el dispositivo de vaciado, el desencofrante, de la troquelería, del servicio de la industria mecánica nacional y otros problemas. “Por estas razones dejaron de elaborar 45 mil unidades, déficit que impidió se recuperan 24 kilómetros de vías” (un kilómetro de vía férrea requiere 1 800 traviesas. Actualmente se labora con lo que sobró del último trimestre de 2011, no se ha recibido suministros10.

Al menos tres conclusiones emanan del análisis precedente: 1- que la importancia del ferrocarril fue comprendida por los hacendados cubanos desde hace más de dos siglos y desde esa fecha hasta 1959 el ferrocarril funcionó con eficiencia, al punto que los relojes se podían poner en hora por el paso puntual de los trenes; 2- la  carga dejada de transportar en el semestre analizado no es noticia, es el resultado de muchos problemas enlazados por un factor común: la inviabilidad del modelo cubano actual; y 3- lo novedoso es que a pesar de la afectación del ferrocarril a los demás sectores de la economía, la misma creció en un 4,7%.

1 James Watt (1736-1819) ingeniero escocés que concibió el principio de la máquina de vapor de doble efecto.
2 Fraginals, Manuel  Moreno. “El Ingenio, complejo económico social cubano del azúcar”. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, Tomo I, p. 74.
3 Juventud Rebelde. Alina Perera Robbio “Hemos adquirido las mejores locomotoras del mundo”, domingo 15 de enero de 2006
4 Granma. Lourdes Pérez Navarro “Dejar limpia de malezas la faja de la vía férrea”,  lunes 20 de mayo de 2010
5 Granma. Pastor Batista Valdés “El ferrocarril está pidiendo su lugar”, jueves 19 de agoto de 2010
6 Granma, Lourdes Pérez Navarro “Inversiones que mueven trenes”,  viernes 28 de mayo de 2010
7 Lourdes Pérez Navarro. ”Abriendo paso por la Línea Central.  Granma, viernes 11 de febrero de 2011
8 Lourdes Pérez Navarro.  “Los accidentes siguen golpeando al ferrocarril”. Granma,  jueves 17 de febrero de 2011
9 Maylin Guerrero Ocaña. “Andando la recuperación ferroviaria”. Granma, jueves 17 de mayo de 2012
10 Lourdes Rey Veitía. “Sin acople no avanza el ferrocarril”. Trabajadores, lunes 5 de marzo de 2012

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1436252208_15553.html

La Comisión Organizadora de la Letra del Año “Miguel Febles Padrón” y el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá, de la  Asociación Cultural Yoruba decidieron unirse para en lo adelante sacar una sola letra del año para Cuba. Así se dio a conocer en conferencia de prensa efectuada en La Habana el pasado sábado 4 de julio.

En las últimas dos décadas estas asociaciones realizaron sus predicciones de forma independiente y con marcadas diferencias, al punto que  popularmente se les conoció como la “Oficial” y la de “Verdad”; una divulgada por los medios oficiales y la otra boca a boca.

La consulta a Orula –introducidas en Cuba por los esclavos lucumiés y conservadas por sus descendientes– se realiza la última noche de cada año. El proceso se inicia con diferentes ritos encaminados al fortalecimiento de las fuerzas naturales protectoras y a propiciar su acción benéfica. Mediante los sistemas adivinatorios se consulta a las deidades para conocer cuáles deben ser las ofrendas y sacrificios dedicados a los antepasados y a los poderes que se invocan y un sacerdote designado manipula las 16 semillas sagradas para extraer el signo regente (Letra del Año) de entre 256 signos posibles. Luego se realiza la interpretación con la ayuda de miles de patakies (historias).

En la conferencia de prensa Lázaro Cuesta, de la Comisión Organizadora de la letra del Año, explicó que Miguel Febles Padrón Awo Odika” (1911-1986), fue una figura prominente y el principal impulsor de la unión de las diversas Casas Templo que realizaban sus predicciones de forma independiente para unir sus labores en la Comisión Organizadora de la Letra del Año desde 1986. Por respeto a Miguel “vamos a la unificación”. Aclaró que unirse no es plegarse, no es claudicar sino buscar una mayor precisión, firmeza, seguridad y confiabilidad en las predicciones, pues la diferencia que hasta ahora hemos tenido está en el procedimiento, pero Ifá es uno solo y la profecía una sola.

Por la importancia del hecho el domingo 5 de julio entrevisté a Víctor Betancourt Estrada. Awo Òrúnmìlá Omolófaoró, líder de la Casa Templo Ifá Iranlowo el domingo 5 de julio en Los Sitios, del municipio habanero Centro Habana, quien amablemente respondió las siguientes cinco preguntas:.

- Dimas. ¿La diferencia en las predicciones depende del o de los sacerdotes que las  realicen?

- Víctor. Los sacerdotes de Ifá, como analistas espirituales tienen que tener capacidad para congeniar con diferentes opiniones. Dentro del recurso estilístico, aplicado en el sistema de adivinación de Ifá, cada problema existencial que se presenta tiene generalmente tres Odù Ifá que los identifica o un número múltiplo de tres. El primero clasifica el ángulo desde donde se ve el problema; el segundo la distancia que nos separa del problema y el tercero clasifica al personaje dentro del problema. Òrúnmìlá puede establecer el mismo mensaje con diferentes Odù en dependencia de la comprensión y el entendimiento del grupo que las interpreta. Así se desarrolla el estilo analítico dentro de un concilio de sacerdotes. Lo que sí es una realidad indiscutible, es que cuando se analiza cada una de las consultas por expertos en la adivinación, se ve claramente que Òrúnmìlá identifica el mismo problema desde diferentes ópticas, por lo que puede establecer el mismo mensaje con diferentes Odù en dependencia de la comprensión y el entendimiento del grupo que las interpreta. Ifá es polisémico.

- Dimas. Hace doce años, en  un artículo publicado en la Revista de la Universidad de La Habana, usted trató el tema de las diferentes Letras del Año y abordó la cuestión de la unidad. De igual forma, en las conferencias de prensa anuales para presentar las predicciones de Ifá, usted y Lázaro Cuesta plantearon la disposición a la unidad. ¿Por qué es ahora que se produce?

Víctor- En nuestra religión Òrúnmìlá nos guía y propone lo que debemos hacer. Desde hace varios años en la Comisión Organizadora se venía repitiendo la Letra Baba Eyiogbe, llamando a la unidad. En este año 2015 se sacó nuevamente ese signo y el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá sacó la Letra Oturasa. Resulta que hay una historia que narra que Baba Eyiogbe y Oturasa se unieron. Por esa coincidencia el presidente de la Asociación Cultural Yoruba llamó a Lázaro para hacerle la proposición de unidad. Inmediatamente Lázaro se reunió con todos nosotros para recoger los criterios y definir lo que íbamos a hacer. Seguidamente las dos asociaciones sostuvimos una reunión conjunta el pasado 20 de junio, en la que discutimos y acordamos unificar las predicciones. Nos unificamos porque así lo propone Ifá, porque la dualidad generaba falta de credibilidad, pues la gente, que generalmente desconoce las interioridades de nuestra religión,  se preguntaba el porqué hay dos Letras.

- Dimas. Si la Letra de la Comisión Organizadora existía antes que la de la Asociación Yoruba, cuál fue la razón que condujo a sacara otra Letra.

- Víctor. Aquí nunca hubo una sola letra. En aquella época había muchas casas religiosas y cada una sacaba su Letra del Año. La letra de la Casa del Bebo, la de la Casa de Miguel, la de la Casa de Marquetti. Cada casa sacaba una Letra para su familia religiosa. Entonces no había mucha contradicción por el concepto que se tenía de que cada Letra era de una Casa y cada Casa se orientaba por su signo propio. Esas diferentes Casas se unieron en la Comisión Organizadora de la Letra del Año hace casi tres décadas. Somos resultado de la unidad en la diferencia.

- Dimas. Desde ese punto de vista ¿Se puede interpretar la unidad reciente como un paso más de un proceso que comenzó con múltiples Letras de las diferentes familias religiosas?

- Víctor. Sí, se trata de un proceso, del mismo proceso. Ahora todos, aunque conservamos nuestras diferencias, nos consideramos una sola Casa respecto a la Letra del Año. Aunque para mí no es un problema que haya diferentes Letras, porque sé que Ifá dice lo mismo con diferentes palabras, pero el mensaje es el mismo. Son visiones del mismo problema desde diferentes ángulos; pero al unirnos la Letra asume una connotación mayor. Por eso no estoy a favor de la proliferación. Mi posición favorece la existencia de una sola Letra, pues conlleva a un análisis único y a una mayor profundidad en los vaticinios.

- Dimas  ¿Cuáles eran las diferencias que  impedían llegar a la unificación?

- Víctor. Estuvimos un tanto separados por algunas diferencias. Por ejemplo, en el caso nuestro, de la Comisión Organizadora, el que realiza la manipulación es el babalawo más joven, es decir, el iniciado más reciente. Es así porque hay mayor pureza en la manipulación. En el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá esa función la realiza el más viejo. En esa diferencia acerca de quién debía manipular las semillas sagradas nunca nos pusimos de acuerdo. Esa era la diferencia fundamental. Finalmente en la discusión de ahora se aceptó que la manipulación fuera como la hacía la Comisión Organizadora

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1435874978_15488.html

Los mandatarios de Cuba y Estados Unidos acaban de anunciar el primer y más importante resultado del proceso de normalización de las relaciones entre los dos países: la reapertura de sus embajadas en Washington y La Habana.

Los 196 días transcurridos entre el 17 de diciembre de 2014 y el 1 de julio de 2015 es cien veces menor al que transcurrió desde aquel 3 de enero de 1961, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower decidió romper las relaciones diplomáticas con el gobierno de Cuba. Por su significación ese breve tiempo quedará grabado en la historia de las dos naciones, pero especialmente en la de Cuba, al crearse un escenario favorable para los cambios que la mayor de las Antillas necesita con urgencia.
.
El paso del tiempo dirá cuánto durará recuperar lo que se destruyó en más de medios siglo. En ese sentido la apertura de las embajadas es sólo el primer paso de un largo y complejo camino, pues la magnitud del daño antropológico sufrido llevará mucho tiempo, esfuerzo y voluntad para su recuperación. Pero, sin dudas, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas tendrá un impacto inevitable a mediano-largo plazo en las libertades fundamentales y la reconformación del ciudadano, que constituyen las dos mayores carencias del pueblo cubano.

Enero de 1959 irrumpió en la historia de Cuba pletórico de esperanzas, pero el giro hacia el totalitarismo, sufrido por el proceso revolucionario en materia de libertades ciudadanas retrotrajo a Cuba a una época tan alejada como 18781. Ese retroceso, que constituye la causa primera del estado deplorable de la sociedad cubana, desde la economía hasta la vida espiritual, es un ejemplo paradigmático de lo que nunca debió ser, cuyo lado positivo está en que nos indica lo que no debe y no puede repetirse en nuestra historia.

Por eso más útil que señalar culpables –aunque los hay–, en la visión de presente y futuro es destacar la cuota de responsabilidad de todos o de casi todos los cubanos. De igual forma que el desconocimiento de las leyes no exime de responsabilidad al violador; todos los que de una u otra forma, por causas que van desde la ignorancia hasta la perversidad que encierran algunos egos, en mayor o menor medida, somos corresponsales de lo ocurrido. Quiero pues, en escasas líneas, destacar uno de nuestros males ancestrales, la responsabilidad personal devenida indiferencia social.

A la pregunta acerca del significado del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, las respuestas conforman un espectro que abarca desde los que consideran que se resolvió el problema hasta los que opinan que aquí nada va a cambiar; pero lo más generalizado en las respuestas es la ausencia del papel del cubano como ente activo en ese proceso, un dato importantísimo que no puede ignorarse si se quiere entender y transformar nuestra realidad.

Los cubanos, despojado de las libertades y los espacios que conforman el oxígeno del ciudadano, perdieron la noción de responsabilidad cívica. Su participación durante más de medio siglo quedó reducida a apoyar o rechazar lo inducido por el poder. Los que hoy cuentan con 70 años de edad tenían sólo 14 en aquel 1959 lo único que han conocido hasta hoy ha sido la subordinación a un poder totalitario. Por tanto resulta lógica la indiferencia generalizada ante los actuales sucesos.

En el evangelio de Marcos (1.14-15), se narra una de las experiencias cristianas que hoy tiene tanta validez como la tuvo hace dos mil años. Según Marcos cuando Jesús regresó a Galilea empezó a anunciar las buenas noticias de Dios, decía: Ya ha llegado el momento, el reino de Dios está cerca. Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en las buenas noticias.

Desde esa óptica, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos puede ser un factor importante para la recuperación de las libertades perdidas y de la condición de ciudadano. Pero ese factor resultará nulo sin el cambio en la manera de pensar y de vivir de los cubanos. Parafraseando a Jesús ya ha llegado el momento, el cual tiene que ser acompañado, como él lo hizo, con acciones dirigidas, en primer lugar, al cambio de conducta, que incluye asumir una responsabilidad en el cambio.

Por tanto, la trascendencia histórica del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos depende de la medida en que seamos capaces de cambiar para recuperar la condición de ciudadano, que a su vez, es una necesidad insoslayable para salir del estancamiento en que vivimos.

Los discursos del mandatario estadounidense, desde el 17 de diciembre hasta hoy, no exigen las libertades ciudadanas como condición para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Contienen una renuncia explícita a mantener una política fracasada y el reconocimiento de que si algo no funciona podemos cambiarlo y lo cambiaremos. Con ese giro, sin renunciar al compromiso con los derechos humanos, se despoja al gobierno cubano de los argumentos de “plaza sitiada” y de  “enemigo”, que le permitió anular toda manifestación contraria dentro de Cuba. Ahora, en el nuevo escenario, los cambios que realmente Cuba necesita, dependen del cambio de conducta, similar a la contenida en las palabras de Jesús en Galilea.

Si el paquete de medidas anunciadas por la Casa Blanca abre un proceso de transformaciones favorables al renacimiento y fortalecimiento de la sociedad civil, el resultado depende de la disposición, capacidad e inteligencia de los cubanos para aprovechar un escenario que a mediano-largo plazo removerá las bases que permitieron al Gobierno decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes.

Lo anterior le brinda a la reanudación de relaciones diplomáticas –aunque sea sólo el primer paso de un largo y difícil camino– una dimensión que la ubica como el hecho de mayor trascendencia política en Cuba después del primero de enero de 1959.

Sin desconocer los grandes obstáculos a superar, el restablecimiento aleja una salida que amenazaba con la violencia y con una emigración masiva hacia los Estados Unidos, a la vez que removerá las bases que permitieron al modelo totalitario decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por eso la decisión es útil a los intereses estadounidenses; útil al gobierno de la Isla y útil al pueblo cubano, siempre y cuando seamos capaces de cambiar y saber aprovechar ese escenario favorable para el empoderamiento.

Por tanto, el éxito de las medidas anunciadas por la Casa Blanca y de la reanudación de las relaciones diplomáticas, no dependen tanto de la voluntad del régimen como del pueblo cubano; algo que no puede suplir Obama ni ninguna fuerza externa: Cuba cambiará en la medida que los cubanos cambiemos.

1 Con la firma del Pacto del Zanjón, con el que finalizó la Guerra de los Diez Años, se instituyeron un conjunto de libertades cívicas y políticas que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana, refrendada legalmente.

Los mandatarios de Cuba y Estados Unidos acaban de anunciar el primer y más importante resultado del proceso de normalización de las relaciones entre los dos países: la reapertura de sus embajadas en Washington y La Habana.

Los 196 días transcurridos entre el 17 de diciembre de 2014 y el 1 de julio de 2015 es cien veces menor al que transcurrió desde aquel 3 de enero de 1961, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower decidió romper las relaciones diplomáticas con el gobierno de Cuba. Por su significación ese breve tiempo quedará grabado en la historia de las dos naciones, pero especialmente en la de Cuba, al crearse un escenario favorable para los cambios que la mayor de las Antillas necesita con urgencia.
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El paso del tiempo dirá cuánto durará recuperar lo que se destruyó en más de medios siglo. En ese sentido la apertura de las embajadas es sólo el primer paso de un largo y complejo camino, pues la magnitud del daño antropológico sufrido llevará mucho tiempo, esfuerzo y voluntad para su recuperación. Pero, sin dudas, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas tendrá un impacto inevitable a mediano-largo plazo en las libertades fundamentales y la reconformación del ciudadano, que constituyen las dos mayores carencias del pueblo cubano.

Enero de 1959 irrumpió en la historia de Cuba pletórico de esperanzas, pero el giro hacia el totalitarismo, sufrido por el proceso revolucionario en materia de libertades ciudadanas retrotrajo a Cuba a una época tan alejada como 18781. Ese retroceso, que constituye la causa primera del estado deplorable de la sociedad cubana, desde la economía hasta la vida espiritual, es un ejemplo paradigmático de lo que nunca debió ser, cuyo lado positivo está en que nos indica lo que no debe y no puede repetirse en nuestra historia.

Por eso más útil que señalar culpables –aunque los hay–, en la visión de presente y futuro es destacar la cuota de responsabilidad de todos o de casi todos los cubanos. De igual forma que el desconocimiento de las leyes no exime de responsabilidad al violador; todos los que de una u otra forma, por causas que van desde la ignorancia hasta la perversidad que encierran algunos egos, en mayor o menor medida, somos corresponsales de lo ocurrido. Quiero pues, en escasas líneas, destacar uno de nuestros males ancestrales, la responsabilidad personal devenida indiferencia social.

A la pregunta acerca del significado del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, las respuestas conforman un espectro que abarca desde los que consideran que se resolvió el problema hasta los que opinan que aquí nada va a cambiar; pero lo más generalizado en las respuestas es la ausencia del papel del cubano como ente activo en ese proceso, un dato importantísimo que no puede ignorarse si se quiere entender y transformar nuestra realidad.

Los cubanos, despojado de las libertades y los espacios que conforman el oxígeno del ciudadano, perdieron la noción de responsabilidad cívica. Su participación durante más de medio siglo quedó reducida a apoyar o rechazar lo inducido por el poder. Los que hoy cuentan con 70 años de edad tenían sólo 14 en aquel 1959 lo único que han conocido hasta hoy ha sido la subordinación a un poder totalitario. Por tanto resulta lógica la indiferencia generalizada ante los actuales sucesos.

En el evangelio de Marcos (1.14-15), se narra una de las experiencias cristianas que hoy tiene tanta validez como la tuvo hace dos mil años. Según Marcos cuando Jesús regresó a Galilea empezó a anunciar las buenas noticias de Dios, decía: Ya ha llegado el momento, el reino de Dios está cerca. Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en las buenas noticias.

Desde esa óptica, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos puede ser un factor importante para la recuperación de las libertades perdidas y de la condición de ciudadano. Pero ese factor resultará nulo sin el cambio en la manera de pensar y de vivir de los cubanos. Parafraseando a Jesús ya ha llegado el momento, el cual tiene que ser acompañado, como él lo hizo, con acciones dirigidas, en primer lugar, al cambio de conducta, que incluye asumir una responsabilidad en el cambio.

Por tanto, la trascendencia histórica del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos depende de la medida en que seamos capaces de cambiar para recuperar la condición de ciudadano, que a su vez, es una necesidad insoslayable para salir del estancamiento en que vivimos.

Los discursos del mandatario estadounidense, desde el 17 de diciembre hasta hoy, no exigen las libertades ciudadanas como condición para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Contienen una renuncia explícita a mantener una política fracasada y el reconocimiento de que si algo no funciona podemos cambiarlo y lo cambiaremos. Con ese giro, sin renunciar al compromiso con los derechos humanos, se despoja al gobierno cubano de los argumentos de “plaza sitiada” y de  “enemigo”, que le permitió anular toda manifestación contraria dentro de Cuba. Ahora, en el nuevo escenario, los cambios que realmente Cuba necesita, dependen del cambio de conducta, similar a la contenida en las palabras de Jesús en Galilea.

Si el paquete de medidas anunciadas por la Casa Blanca abre un proceso de transformaciones favorables al renacimiento y fortalecimiento de la sociedad civil, el resultado depende de la disposición, capacidad e inteligencia de los cubanos para aprovechar un escenario que a mediano-largo plazo removerá las bases que permitieron al Gobierno decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes.

Lo anterior le brinda a la reanudación de relaciones diplomáticas –aunque sea sólo el primer paso de un largo y difícil camino– una dimensión que la ubica como el hecho de mayor trascendencia política en Cuba después del primero de enero de 1959.

Sin desconocer los grandes obstáculos a superar, el restablecimiento aleja una salida que amenazaba con la violencia y con una emigración masiva hacia los Estados Unidos, a la vez que removerá las bases que permitieron al modelo totalitario decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por eso la decisión es útil a los intereses estadounidenses; útil al gobierno de la Isla y útil al pueblo cubano, siempre y cuando seamos capaces de cambiar y saber aprovechar ese escenario favorable para el empoderamiento.

Por tanto, el éxito de las medidas anunciadas por la Casa Blanca y de la reanudación de las relaciones diplomáticas, no dependen tanto de la voluntad del régimen como del pueblo cubano; algo que no puede suplir Obama ni ninguna fuerza externa: Cuba cambiará en la medida que los cubanos cambiemos.

1 Con la firma del Pacto del Zanjón, con el que finalizó la Guerra de los Diez Años, se instituyeron un conjunto de libertades cívicas y políticas que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana, refrendada legalmente.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1435098292_15315.html

Los antecedentes

Los revolucionarios que tomaron el poder en 1959 sustituyeron la Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado Cubano, el Primer Ministro asumió las facultades del Jefe de Gobierno y el Consejo de Ministros suplantó al Congreso. Se dictaron medidas de beneficio popular que legitimaron el poder adquirido mediante las armas. De forma simultánea se desmontó la sociedad civil y se castraron las libertades cívicas y políticas. El poder se concentró en el líder, la propiedad pasó a manos del Estado, la institucionalidad fue desmontada y desapareció la condición de ciudadano.

La ineficiencia económica fue solapada por las subvenciones soviéticas hasta que el desplome del campo socialista sumergió al país en una profunda crisis. En respuesta el gobierno introdujo algunas reformas coyunturales subordinadas al poder político. Con el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela apareció un nuevo padrino y el gobierno cubano, liberado de la presión de la crisis, puso freno a las reformas. Desde ese momento hasta la sustitución del Jefe de la Revolución entre julio de 2006  y febrero de 2008 el deterioro económico determinó el inicio de nuevos cambios bajo la rótula de actualización del modelo.

El fracaso

El traslado de poder entre las mismas fuerzas que lo detentaban desde 1959 determinó que el orden, la profundidad y la velocidad de los cambios quedaran subordinados nuevamente a los intereses políticos. Esa condición inutilizó el Plan Mínimo de Reformas expuesto por el general Raúl Castro dirigido a lograr una agricultura fuerte y eficiente, sustituir importaciones, aumentar las exportaciones, atraer inversiones, detener las ilegalidades, frenar la corrupción, desinflar las plantillas laborales e impulsar el trabajo por cuenta propia.

La subordinación se institucionalizó en la Primera Conferencia del Partido Comunista de Cuba efectuada en el año 2012. En ella se revitalizó la línea planteada por Fidel Castro, cuando en el Congreso de Cultura en 1961 preguntó: ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Y se respondió así mismo: Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho… Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos. Como no era difícil predecir, en ausencia de democracia, el cambio de forma para conservar el contenido no dio el resultado esperado: la eficiencia para conservar el poder no pudo transferirse a la economía.

Tres años después de comenzar la actualización del modelo el declive ha continuado: la producción agropecuaria es deficiente; los planes de azúcar se incumplen; la disminución de importaciones y el incremento de las exportaciones son asignaturas pendientes; las inversiones extranjeras no logran la magnitud esperada; la relación entre salario y costo de la vida empeora; las ilegalidades continúan su inexorable rumbo y las limitaciones impuestas al  trabajo por cuenta propia y a las “cooperativas”  han impedido el despegue de esos sectores.

El traslado del poder

Por razones biológicas, la generación que tomó el poder en 1959 abandonará la escena política en los próximos tres años. La misma se enfrenta a la necesidad de legitimar a sus sustitutos por vías diferentes a las que ellos se legitimaron. Para ello tiene que reformar el Estado, incluyendo la Constitución y la Ley electoral, ante lo cual se alzan dos grandes obstáculos simultáneos: el fracaso en la actualización del modelo y el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos.

El primer obstáculo es el estancamiento económico. Una situación muy diferente al momento en que asumieron el poder en 1959, cuando los almacenes confiscados permitieron legitimar el poder adquirido por las armas repartiendo lo antes producido. A ello se une el éxodo creciente, la corrupción incontrolada y el aumento del descontento ciudadano, todo lo cual impide que el traspaso de poder se realice en condiciones de prosperidad.

En segundo obstáculo está en la nueva política de la Casa Blanca hacia Cuba. El paquete de medidas  anunciado el 17 de diciembre de 2014 tendrá un impacto en el empoderamiento de los cubanos, que es el factor más débil para los cambios en la Cuba de hoy. En la marcha de ese proceso el concepto del “enemigo externo” se irá eclipsando, por lo que  la contradicción externa, que desempeñó un papel tan útil para conservar el poder, será ocupado gradualmente por la contradicción entre pueblo y gobierno cubanos, lo que complica el traspaso de poder.

Si a esos dos grandes se añade que el gobierno es responsable de todo lo ocurrido –bueno o malo– en más de medio siglo, que en ese tiempo la nomenclatura ha contraído intereses, que entre ella existen divergencias en cuanto al alcance de las reformas,  que su edad promedio conspira con la vitalidad necesaria para emprender cambios profundos, y que durante décadas pudieron gobernar sin oposición; la conclusión es que el gobierno no está preparado para el contradictorio propósito de hacer las reformas que el país requiere, restablecer las relaciones con Estados Unidos y conservar el poder. En esa contradicción, que seguirá marcando el ritmo del proceso en el corto plazo está, desde mi punto de vista, la explicación del zigzagueo:

El 17 de diciembre de 2014 el presidente cubano planteó al gobierno estadounidense adoptar medidas mutuas para mejorar el clima bilateral y avanzar hacia la normalización de los vínculos entre los dos  países. (Un paso adelante). El 28 de enero de 2015, en la III Cumbre de la CELAC, planteó cuatro exigencias y dijo: Si estos problemas no se resuelven, este acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos no tendría sentido. (Un paso atrás). El 11 de abril, en la VII Cumbre de las Américas, rebajó las exigencias y dijo que los obstáculos principales para abrir las embajadas eran la retirada de Cuba de la lista de los países patrocinadores del terrorismo y el otorgamiento de facilidades bancarias para las gestiones de la sección de intereses en Washington. (Un paso adelante). Aunque el 12 de mayo, al despedir al presidente francés François Hollande, declaró que una vez que Cuba salga definitivamente de la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, podremos nombrar embajadores, los días 20 y 21 de mayo, en la tercera ronda de conversaciones, la delegación cubana se atrincheró en la interpretación de la Convención de Viena sobre los límites, la forma y la conducta que deben tener los diplomáticos norteamericanos. (Un paso atrás).

La posición norteamericana no podía ser sorpresa. Antes de partir hacia la Cumbre de Panamá, Barack Obama dijo: Nuestra nueva política hacia Cuba también facilitará un enlace más grande con el pueblo cubano incluido un aumento del flujo de recursos e información al pueblo cubano – y esto ya está mostrando resultados. Hemos visto un aumento en el contacto entre el pueblo de Cuba y Estados Unidos y el entusiasmo del pueblo cubano hacia estos cambios demuestra que vamos por el camino correcto. En la Cumbre expresó: La sociedad civil es la consciencia de nuestros países. Es el catalizador del cambio. Es la razón por la que las naciones fuertes no les temen a los ciudadanos activos. Las naciones fuertes aceptan, apoyan y empoderan a los ciudadanos activos… Y cuando nos asociamos con una sociedad civil, es porque creemos que nuestra relación debe ser con gobiernos y con las personas a las que representan. De igual forma se manifestó en la reunión que sostuvo con representantes de la sociedad civil de América Latina y en el encuentro personal con Raúl Castro.

Por su parte la jefa de la delegación estadounidense, Roberta Jacobson, antes de  la tercera ronda de negociaciones, dijo en la audiencia ante el Comité de Relaciones del Senado que, la relación que la Sección de Intereses estadounidense en La Habana mantiene “con la más amplia gama” de cubanos “aumentará una vez que se establezcan relaciones diplomáticas con Cuba”.

Es decir, si a pesar de esas declaraciones se avanzó hasta la retirada de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo y las facilidades otorgadas para las actividades bancarias en Washington, carece de sentido prorrogar la apertura de las embajadas por cualquier “interpretación” de la Convención de Viena.

Al término de la tercera ronda de conversaciones se puso de manifiesto la diferencia entre las dos delegaciones. En la conferencia de prensa a la pregunta acerca de una cuarta ronda de negociaciones, Josefina Vidal respondió que se ha avanzado pero que quedaban temas pendientes por discutir próximamente. Mientras Roberta Jacobson dijo más o menos, que para ese tema no era necesaria otra reunión. Su posición fue que los diplomáticos se comportarían como lo hacen en regímenes similares al cubano donde sus diplomáticos tienen permisos de viaje que oscilan “entre las 24 horas y los 10 días”.

Los peligros del zigzagueo

El gobierno de Cuba, por las razones expuestas, decidió introducir cambios demasiado tarde. Por esa causa la interrelación entre estancamiento económico, insuficiencia salarial, corrupción generalizada, descontento y éxodo creciente resultan incompatibles con la lentitud de  los cambios.

Si esa marcha lenta se aprecia por el poder como una garantía de su estabilidad, para la sociedad cubana no lo es. La insistencia en conservar el poder y la demora para iniciar las transformaciones han conducido a una situación extremadamente compleja, en condiciones internas y externas que se necesita de voluntad política para actuar en correspondencia con la gravedad del caso.

De no actuar en consecuencia con ese escenario, el resultado podría ser fatal porque una salida abrupta, por cualquier causa que se pudiera producir, conduciría a una situación en la que no habrá traspaso tranquilo y en la que todos, sin excepción, resultarían perdedores. De ocurrir, la responsabilidad recaerá en los que aún detentan el poder.

Las relaciones con Estados Unidos -el hecho político más significativo para Cuba desde la revolución de 1959- ha generado una oportunidad que no se debe desaprovechar. Es  útil al gobierno cubano, ya que le proporciona una salida “decorosa”; es útil a los intereses estadounidenses, por sus propios intereses; pero sobre todo es a los cubanos, porque es un contexto favorable para el empoderamiento y su reconversión en ciudadanos.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1434096222_15108.html

La construcción de cooperativas no agropecuarias marcha mal. Así se reconoció en la última reunión del Consejo de Ministros de Cuba el pasado 29 de mayo.

El proceso constructivo siguió más o menos el siguiente curso. En abril de 2011 los Lineamientos de la Política Económica y Social, aprobados por el VI Congreso del Partido Comunista, definieron todo lo relativo a la construcción de las cooperativas. En diciembre de 2012 entró en vigor el Decreto-Ley 305, para regular la constitución, funcionamiento y extinción de esas asociaciones. Y en junio de 2014 se decidió que los establecimientos estatales de servicios gastronómicos, personales y técnicos pasaran a formas de gestión privada.

El 29 de mayo de 2015, en la citada reunión del Consejo de Ministros, se informó que “el procedimiento para construir las cooperativas ha incorporado una carga burocrática que genera dispersión y demoras, que han surgido dificultades en el acceso a los suministros, que ha existido una tendencia al incremento de los precios de los productos y servicios que ofertan las cooperativas”. Por lo cual se arribó a la conclusión de lentificar el proceso para “rectificar errores antes de generalizar los experimentos”.

Mientras se insista en soslayar las verdaderas causas del por qué marcha mal el proceso, las medidas resultantes no tendrán efecto sobre los males.

Las cooperativas son una manifestación del carácter social del hombre y por tanto antiquísimas, pero su experiencia moderna data de mediados del siglo XIX. En 1895, cuando esa forma de asociación se extendió por el mundo, en Londres se creó la Alianza Cooperativa Internacional (ACI). Un siglo después, con las experiencias acumuladas, la ACI definió un conjunto de valores que constituyen los principios del cooperativismo actual, entre los cuales sobresalen: el carácter voluntario de la adhesión; la participación económica y la gestión democrática por parte de los asociados; y la autonomía e independencia.

Como esos fueron básicamente los principios que establecieron los tejedores del pueblo de Rochdale, en Inglaterra, quienes en 1844 se asociaron para el suministro de artículos de primera necesidad, a los mismos de les conoce como principios de Rochdale.

Una cooperativa, por tanto, es una asociación voluntaria y autónoma de personas que se unen para realizar una aspiración común mediante una empresa, donde cada socio es un dueño y tiene un voto, cuenta con una estructura democrática para tomar las decisiones y realizan un reparto equitativo y proporcional de las utilidades. La comparación de esos principios —suficientes para calificar a cualquier asociación como cooperativa—  con la construcción de cooperativas en Cuba arroja lo siguiente:

1)  Las cooperativas cubanas se crean a partir de un Decreto-Ley emitido por el Consejo de Estado, con el fin declarado de, en primer lugar, contribuir al desarrollo económico y social sostenible de la nación.  Es decir, se crean por voluntad del Estado, no de los “asociados”.

2) El Decreto-Ley establece que el órgano, organismo y entidad nacional que autorice la constitución de las cooperativas es responsable directo del control y evaluación de su funcionamiento. Es decir, a la ausencia de la asociación voluntaria se une la subordinación a las instituciones estatales, que son sus verdaderos autores. Por tanto los “asociados” carecen de autonomía e independencia para fusionarse, extinguirse, dividirse o modificarse sin previa aprobación de los autores.

3) El Decreto-Ley establece el período de tiempo en que los “asociados” pueden contratar trabajadores asalariados, define las actividades y tareas que no puedan asumir los “socios” en determinado período de tiempo; mientras el reglamento que rige las cooperativas es emitido por el Consejo de Ministros.

4)  Las cooperativas se crean en los lugares que el Estado decide, como lo expresó el jefe de la Comisión Permanente para la Implementación de los Lineamientos: las  mismas “se ocupan de los segmentos del mercado que no resultan competitivos para la empresa estatal”.

5)  El Estado conserva la propiedad sobre los medios fundamentales de producción, por lo que los “asociados” son arrendatarios, no dueños.

Si las cooperativas no surgen de la unión voluntaria de los socios; si se crean dónde y cuándo decide el Estado; si carecen de autonomía; si los asociados no son dueños; y si su reglamento lo emite el Consejo de Ministros, tales asociaciones no califican como cooperativas, más bien son asociaciones de usufructuarios dependientes de las necesidades e intereses del Estado.

Del breve análisis precedente brotan al menos tres conclusiones:

1)    La principal causa de los resultados negativos radica en la ausencia de las libertades para que los cubanos decidan  para qué, cuándo y cómo asociarse.

2)    Las cooperativas no se construyen, sino que surgen de las necesidades, intereses y voluntad de los propietarios.

3)    Se conforman de acuerdo a los principios establecidos por la ACI, allí y cuando los asociados lo decidan.

Lo ocurrido con las cooperativas no agropecuarias es una copia de que hace décadas viene ocurriendo con las cooperativas agropecuarias, surgidas también de esa vocación constructora del Estado cubano. Las Cooperativas de Créditos y Servicios sin personalidad jurídica en 1960; las Cooperativas Cañeras, creadas en ese mismo año por decisión del Gobierno y luego convertidas en propiedad del Estado; según palabras del propio líder de la revolución, porque “aquellas cooperativas no tenían realmente una base histórica, puesto que las cooperativas se forman realmente con los campesinos propietarios de tierra”. Las Cooperativas de Producción Agropecuaria en 1976. Y las Unidades Básicas de Producción Cooperativas en 1993. Todas con los magros resultados harto conocidos.

Una prueba contundente de ese falso cooperativismo agropecuario fue el reporte publicado en el diario Granma del viernes 25 de enero de 2013, acerca de la decisión de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños  (ANAP)de sustituir o liberar de sus funciones a 632 presidentes de cooperativas agrícolas.

Si realmente el objetivo de las cooperativas, como reza el Decreto-Ley 305, consiste en contribuir al desarrollo económico y social sostenible de la nación, entonces la salida está, de un lado, en no continuar intentado utilizar esas asociaciones para ocultar la incapacidad del Estado, mantener la propiedad sobre los medios de producción y conservar un enorme aparato burocrático para su control; y de otro lado, renunciar a la construcción de las cooperativas y en su lugar aceptar los principios de la ACI y entregar (vender) los medios de producción a los asociados, para que Cuba pueda contar con un verdadero cooperativismo.