La caída de Machado y la crisis de hoy

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1470919728_24523.html

Hace 83 años, el 12 de agosto de 1933, el Gerardo Machado y Morales fue expulsado del poder. El hecho -una constante de nuestra historia política- está estrechamente relacionado con el predominio de los militares en el gobierno, el caudillismo y la débil formación ciudadana.

José Martí, convencido de lo dañino del militarismo, el 20 de octubre de 1884 escribió al generalísimo Máximo Gómez: ¿Qué garantía puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? …porque tal como es admirable el que da su vida por servir a una gran idea, es abominable el que se vale de una gran idea para servir a sus esperanzas personales de gloria o de poder, aunque por ellas exponga la vida.

A pesar de que la Constitución de 1901 estableció que el cargo de Presidente duraba cuatro años, que se podía ser Presidente en dos períodos consecutivos e incluso, con un período por medio podía ocuparse una tercera vez, para la tendencia militarista cubana esa posibilidad le pareció insuficiente. El presidente más honrado que tuvo Cuba, Tomás Estrada Palma, quien obtuvo el grado de General en el Ejército Independentista, tomó la decisión de reelegirse provocando con ello la Guerrita de Agosto de 1906. De igual forma en 1917, el general Mario García Menocal, al culminar su primer período presidencial proclamó la intención de ser reelegido, dando lugar a la rebelión conocida por la Chambelona.

Gerardo Machado, también general de la Guerra de Independencia, a pesar que en 1924 había declarado que su mayor gloría sería: no aspirar de ninguna manera a la reelección, y reafirmar en junio de 1926: Creo que en nuestro país una reelección presidencial es peligrosa y la experiencia nos obliga a reconocerlo así, llevó hasta su conversión en Ley la idea de reforma constitucional que los presidentes Mario García Menocal y Alfredo Zayas habían intentado para permanecer más tiempo en el poder.Con su prórroga de poderes Machado provocó la respuesta estudiantil que desembocó en huelga general que lo sacó del poder el 12 de agosto de 1933.

Durante su administración Machado dio un poderoso impulsó al desarrollo económico del país. Su intento de regeneración de la vida pública, la lucha por el orden y los destellos de progreso así lo indican. Anticipándose en cierta forma a Keynes; introdujo la intervención gubernamental como regulador de la economía; desarrolló un vasto plan de construcciones: carretera central, malecón, escalinata universitaria, Capitolio, Avenida de las Misiones y Parque de la Fraternidad, entre otras; aplicó una política arancelaria –basada en las concepciones teóricas más modernas– para estimular la producción nacional; e inició el desarrollo de la industria transformadora. Por ello, algunos estudiosos de la economía lo califican del más interesante presidente de su época.

En medio de una fuerte recesión económica mundial, que generó un drástico empeoramiento de las condiciones de vida, Machado respondió a los que se oponían a la prórroga de poderes con la represión y aunque aseguró que ninguna huelga duraría más de 24 horas, fue expulsado del poder por la huelga más contundente de la historia del sindicalismo cubano.

El derribo de Machado fue seguido de siete años de inestabilidad política. El 12 de agosto el general Alberto Herrera asumió la dirección del país y ese mismo día fue sustituido por el coronel Carlos Manuel de Céspedes (hijo). El 4 de septiembre, 23 días después, una sublevación militar sustituyó a Céspedes por un gobierno integrado por cinco miembros: La Pentarquía, que duró seis días. El 10 de septiembre el profesor universitario Ramón Grau San Martín ocupó la presidencia por 127 días, hasta que el Jefe del Ejército, Fulgencio Batista, designó a Carlos Hevia, quien permaneció en el cargo tres días. El 18 enero de 1934 el periodista Manuel Márquez Sterling ocupó la presidencia por tres horas. Su lugar fue ocupado por el coronel Carlos Mendieta hasta el 11 de diciembre de 1935, cuando fue relevado por el Secretario de Estado José Agripino Barnet. En las elecciones de enero de 1936 resultó electo Miguel Mariano Gómez, quien fue destituido y suplido por el Coronel Federico Laredo Brú, que medió entre Batista y la oposición, dictó una amnistía política, aprobó la legislación laboral más avanzada de la era republicana y convocó a la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1940.

A partir de la Constitución, mediante elecciones libres y democráticas, Fulgencio Batista ocupó la presidencia el 10 de octubre 1940; le siguió Ramón Grau San Martín el 10 de octubre de 1944 y cerró con Carlos Prío Socarrás el 10 de octubre 1948, hasta que en marzo de 1952, un Golpe Militar encabezado por Batista interrumpió un orden constitucional que la corrupción, la violencia y el pandillerismo ya habían corroído, hasta que siete años después fue sacado del poder por la fuerza para dar inicio a nuevo ciclo, donde los militares desempeñarían el papel principal.

Esos ciclos de reelecciones, golpes de estados y revoluciones se han repetido y se repetirán hasta que los cubanos, por nuestras propias virtudes y comportamientos cívicos, no seamos capaces de ocupar un lugar destacado como sujetos de los destinos de la nación; pues como decía Benjamín Constant: Por grande, por cuerdo, por vasto que sea el genio de un hombre, jamás deben confiársele completamente los destinos de un país. Una lección que aún no hemos aprendido.

La República ha entrado en crisis –alertaba José Enrique Varona–, porque gran número de ciudadanos ha creído que podían desentenderse de los asuntos públicos… Este egoísmo cuesta muy caro. Tan caro que hemos podido perderlo todo.

Siempre he sido contrario a que -decía Cosme de la Torriente- las fuerzas armadas intervengan en las luchas políticas y por eso mismo también a los golpes o pronunciamientos militares, pues nunca han producido ventajas, si acaso muy pequeñas, que hubieran podido lograrse en otra forma y en cambio han traído terribles inconvenientes.

En los 31 años de 1902 a 1933 todos los presidentes fueron electos, pero sólo uno no era militar. Entre 1933y 1940, con excepción de Miguel Mariano Gómez, ningún presidente fue electo. Entre 1940 y 1952, Batista estuvo cuatro años en el poder y los de procedencia civil como, Ramón Grau y Carlos Prío, eme

En los 31 años de 1902 a 1933 todos los presidentes fueron electos, pero sólo uno no era militar. Entre 1933y 1940, con excepción de Miguel Mariano Gómez, ningún presidente fue electo. Entre 1940 y 1952, Batista estuvo cuatro años en el poder y los de procedencia civil como, Ramón Grau y Carlos Prío, emergieron a la política en el contexto de violencia que generó la lucha contra Machado.

En general, de los 16 cubanos que ocuparon la presidencia entre 1902 y 1952, nueve de ellos eran militares. Y de los 50 años comprendidos entre 1902 y 1952, sólo 12 años la presidencia fue ocupada por civiles electos: Alfredo Zayas, Grau San Martín y Carlos Prío, por cuatro años cada uno. Luego, como colofón del militarismo, de los 83 años que separan 1933 de 2016, en 64 de ellos la presidencia fue ocupada por tres militares: el general Batista, el Comandante en Jefe Fidel Castro y el general Raúl Castro.

De esa cronología no es difícil concluir que si el predominio de los militares –electos o designados– no coadyuvó a la formación de una cultura democrática en Cuba durante los primeros 50 años de la República, la agudización de esa tendencia en los otros 64 años transcurridos hasta hoy, menos podían coadyuvar a ese objetivo. El resultado es la precariedad de la cultura cívica, y la ausencia de ciudadanos, lo cual explica, en buena medida, la situación crítica en que nuestro país está sumido.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1470229336_24340.html

El Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), pronunció en Sancti Espíritus el discurso por el 63 aniversario del asalto al cuartel Moncada. José Ramón Machado Ventura comenzó felicitando a Fidel Castro por su 90 cumpleaños y ratificando el compromiso de seguir siendo fieles a las ideas por las que ha luchado a lo largo de su vida y de mantener siempre vivo el espíritu de resistencia, la combatividad, el pensamiento dialéctico y la fe en la victoria que él supo inculcarnos. Y añadió que para su intervención, estudió nuevamente el discurso de Fidel en esa ciudad, el 26 de julio de 1986.

Una lectura al mensaje trasmitido por Fidel Castro en aquella oportunidad devela la relación con la crítica situación de hoy, con la designación de Machado Ventura para hablar 30 años después en el mismo lugar y con la ausencia de un plan para sacar al país de la crisis.

En la primera década del poder revolucionario Cuba recibió enormes recursos mediante los convenio firmados con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Esos recursos, que pudieron servir para generar una economía propia, se acompañaron de una proceso de estatización casi absoluto, de la pérdida de las libertades y de un voluntarismo exagerado. El Cordón de La Habana, el café caturra o los intentos de hacer crecer la ganadería bovina hasta 12 millones de cabezas, producir medio millón de toneladas anuales de pescado y más leche y queso que Holanda, son algunos ejemplos, cuyo epílogo fue el intento de producir 10 millones de toneladas de azúcar en 1970, que prácticamente paralizó al país y condujo a un proceso de “rectificación”. que se extendió por 15 años.

En el nuevo período se implantó un sistema de dirección y planificación de la economía (SDPE), en el que los mecanismos económicos deberían funcionar institucionalmente para atar las manos al voluntarismo del líder. Las consecuencias de la autonomía empresarial y la medición de resultados económicos por sobre los “políticos” asustaron a los que se oponían a la reforma.

En 1972 Cuba ingreso al CAME, adoptó un modelo de organización similar al impuesto a los países miembros y recibió a cambio decenas de miles de millones de dólares. De forma paralela recibió créditos y proyectos de cooperación de Japón, España, Francia, Suecia y Argentina, entre otros. Con ese soporte se logró un crecimiento económico que triplicó el PIB, se implantó una reforma general de salarios dirigida a estimular el interés de los trabajadores y se acompañó con los mercados paralelos y los mercados libres campesinos; medidas que aumentaron el poder adquisitivo del peso.

En 1975 el primer congreso del PCC aprobó el rumbo trazado por el SDPE. Sin embargo, unos días después, el líder de la revolución hizo público el compromiso de participar militarmente en gran escala en Angola, lo que constituía un fuerte impedimento para el desarrollo del SDPE. A ello hay que añadir que la enorme ayuda recibida careció de una reforma estructural y de la reincorporación de las libertades fundamentales. La ausencia de esos factores impidió el fomento de una economía “prospera y sostenible” como suelen decir ahora. En su lugar, los créditos elevaron la deuda externa de 291 millones de pesos en 1969 a 2 913,8 millones en junio de 1982, cuando por problemas de liquidez Cuba tuvo que renegociarla y en 1986 anunció su incapacidad definitiva para pagar.

La contradicción entre el estilo de dirección del jefe de la revolución y la camisa de fuerza que representaba el SDPE -encabezado por Humberto Pérez con el apoyo de Raúl Castro- terminó con el fracaso de las reformas. El voluntarismo y las decisiones ajenas a las leyes que rigen los fenómenos económicos se impusieron.

En 1986, año en que Fidel Castro habló en Sancti Spíritus, comenzó el Proceso de “Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”. En aquel discurso enumeró todas las obras realizadas en la provincia, desde la mecanización de la agricultura, la construcción de presas y arroceras, pasando por decenas de centros de acopio y cientos de combinadas de caña, molinos de áridos; lavadoras de arena, fábricas de bloques, hasta la construcción de una hidroacumuladora que se complementaría con la electronuclear de Cienfuegos la que, según sus palabras, sería más segura que cualquiera de las plantas electronucleares que se han construido en Estados Unidos.

Con ese aval constructivo se dirigió al presidente norteamericano para decirle: ¡Imagínese si este pueblo ha trabajado con libertad!, y sin haber trabajado todo lo que debía haber trabajado, porque más aún que trabajar en plena libertad, se ha tomado, incluso, la libertad de no trabajar todo lo necesario. Y agregó: Esto demuestra que sí, que esa es una de las formas esenciales, realmente, de construir el socialismo. Más adelante enumeró deficiencias como presas con más de 10 años en construcción sin terminar; obras paradas, elevados construidos en la autopista sin aproches1, etc., cuya responsabilidad atribuyó a los reformistas de aquella época.

Dijo: hemos hecho muchas cosas en estos años de Revolución, pero hubiéramos podido hacer más cosas y mejores cosas si hubiésemos sido más capaces, si hubiésemos sido más y mejores trabajadores, si hubiésemos sido más y mejores revolucionarios. En días recientes hablábamos de que se daban muchas clases de política, de filosofía política y de historia política, y no hemos sido capaces de recalcar y de inculcar que el primer deber del revolucionario es el trabajo… Tenemos que hacernos el propósito firme de superar todas esas tendencias negativas y hacer un esfuerzo, dar un salto de calidad en la Revolución…

En otra parte del discurso reconoció: Nosotros, que no éramos exportadores tradicionales de petróleo, habíamos convertido nuestros ahorros de petróleo… en divisas convertibles, y a los precios que tenía el petróleo estábamos ingresando más de 400 millones de dólares por este concepto…

El resultado fue un período de estancamiento que se agravó a partir de 1989. Con la desaparición de la URSS el país tuvo que depender de sus propios esfuerzos y el gobierno se vio obligado implementar medidas coyunturales para aliviar la situación. Con el triunfo de Chávez en Venezuela reaparecieron las subvenciones basadas en la afinidad ideológica. El desarrollo de una economía quedó una vez más pendiente para las calendas griegas.

A partir del 2008, con la sustitución de Fidel Castro al frente del Estado, comenzó la introducción de medidas dirigidas a cambiar la forma para conservar el contenido. Con la “actualización del modelo económico”, menos sistémico e integral que el SDPE, pero similar en el miedo a las consecuencias y en  la oposición de un sector del propio gobierno.

Imbuido en aquel dicho popularizado por Carlos Gardel de que “20 años no es nada”, desconociendo que una cosa es el amor de una persona y otra el destino de un pueblo, Machado Ventura retomó el discurso de Fidel Castro en 1986 y dijo que los conceptos esenciales expresados aquel día parecían dichos hoy. Y añadió: Con esa clara conciencia emprendimos la actualización de nuestro modelo económico y social, caracterizado desde sus inicios por la más amplia, democrática y real participación ciudadana, en una escala y profundidad inimaginables en países que se autoproclaman paradigmas de la democracia… Demostremos cada día, en cada puesto de trabajo y con hechos concretos, que sabremos estar a la altura de este nuevo reto…

Ensimismado en el pasado, Machado ignoró en su discurso el acontecimiento político más importante después de 1959: la reanudación de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y la visita del mandatario de ese país a Cuba.

La  similitud entre los discursos y las situaciones son evidentes:

1- A pesar de la subvención de la URSS en 1982 Cuba tuvo que renegociar la deuda y en 1986 suspender sus pagos por problemas de solvencia. Ahora, aunque se renegoció la deuda la insolvencia se mantiene.

2- Gracias a los millones de toneladas de petróleo que la Unión Soviética entregaba, Cuba devino exportadora de petróleo y una reducción en los precios perjudicó los ingresos por ese rubro. Ahora, las reducciones del petróleo de Venezuela, que parece se exportaba una parte, ha afectado los ingresos y nos ha abocado a una crisis peor que la de los 90.

3- Antes la URSS compraba azúcar a precios superiores a los del mercado internacional y el país no avanzó. Ahora, algo similar ha ocurrido con Venezuela y el país retrocede.

4- En 1986 se detuvieron las reformas y públicamente salieron del juego los reformistas. Ahora, se está tratando de frenar las reformas y, aunque no se ha anunciado, todo indica que algunos reformistas saldrán del juego.

5- El planteamiento de Fidel acerca de que este pueblo más aún que trabajar en plena libertad, se ha tomado, incluso, la libertad de no trabajar todo lo necesario, y que esa era una de las formas esenciales, realmente, de construir el socialismo, ahora se repite en peores condiciones.

Como si 30 años fueran poco hoy se plantea que fiel a ese legado hay que conceptualizar el socialismo. Sin comprender el papel del tiempo en la política Machado Ventura piensa que este pueblo se va a inmolar en la defensa de un sistema que lo ha destruido casi todo, incluyendo la esperanza, como lo demuestra el sostenido y creciente éxodo de los jóvenes y de los no tan jóvenes.

1 Aproche, elemento de transición entre una vía (en este caso carretera) y un puente, para evitar o amortiguar el salto del vehículo entre ambos.

Tomado de: ww.diariodecuba.com/cuba/1469629151_24166.html

El sábado 23 de julio, el diario Granma publicó un artículo de Randy Alonso, titulado “Cuba y los interesados presagios: ¿Por qué la situación de hoy no es la de los 90?”, que comienza calificando como  “auras mediáticas” a los que  “se regodean pintando un oscuro escenario cubano de retorno a los días más difíciles del Período Especial”.

Resulta sintomático que Randy y el diario Granma dediquen tiempo y espacio a responder a las auras, aves nada despreciables porque al alimentarse de animales en estado de descomposición desempeñan una función sanitaria de importancia para la sociedad.

En cumplimiento de su misión, Randy cita las palabras del presidente cubano Raúl Castro el 8 de julio: comienzan a aparecer especulaciones y augurios de un inminente colapso de nuestra economía con el retorno a la fase aguda del periodo especial que nos enfrentamos a inicios de la década del 90 del pasado siglo y que supimos superar gracias a la capacidad de resistencia del pueblo cubano y su confianza ilimitada en Fidel y el Partido. No negamos que puedan presentarse afectaciones, incluso mayores que las actuales, pero estamos preparados y en mejores condiciones que entonces para revertirlas.

Aunque Raúl Castro acepta que puedan presentarse afectaciones, incluso mayores que las actuales”, Randy se concentra en demostrar que la economía cubana de hoy está en circunstancias más ventajosas que la 1990 para enfrentar las dificultades. Con ese fin elige 10 temas, de los cuales retomo los que sintetizo a continuación, pues los tres restantes: el Grupo BioCubaFarma, el petróleo que se produce y el trabajo por cuenta propia no son relevantes para el presente análisis.

1- El comercio exterior cubano se concentraba en más de un 80% con la URSS y los países de Europa del Este. Hoy está algo más diversificado por países y regiones.

La diversificación por sí misma no demuestra ventajas. De nada vale comerciar con mayor o menor cantidad de países si la ineficiencia productiva impide aprovecharla y en su lugar obliga a dedicar, anualmente cientos de millones de dólares para comprar en el exterior lo que se puede producir en Cuba como café, arroz y derivados de la leche. La más contundente prueba de esa ineficiencia es la caída del PIB del 4% en el año 2015 al 1% en el primer semestre del 2016.

2- Cuba se quedó sin fuentes de crédito. Hoy se han renegociado las deudas con los acreedores.

Randy omite que Cuba se quedó sin fuente de crédito por inviabilidad del modelo económico y por ello no se pudo pagar a “amigos” ni a “enemigos”. Se renegoció con Cuba porque ante la normalización de las relaciones con Estados Unidos los acreedores, conscientes de que nunca cobrarián, decidieron tener un pie dentro de Cuba. Pero la renegociación también implica pagar. El Club de Paris condonó 8 500 millones de dólares y Rusia 31 700. Al primero se le adeudan 2 600 y al segundo 3 500 millones, que deberán ser abonados durante los próximos años, precisamente cuando el crecimiento del PIB se acerca al cero por ciento.

3- Si la Inversión Extranjera era entonces apenas camino iniciado, llegamos a la etapa actual con una legislación actualizada y con una promisoria Zona de Desarrollo Especial del Mariel (ZEDM)

Cuba, según sus propias autoridades, necesita de un crecimiento sostenido del PIB entre el 5 y el 7%, lo que implica un flujo anual de inversión entre 2 000 y 2 500 millones de dólares. Ese monto no se ha logrado con la “legislación actualizada”, entre otras razones, porque prohíbe a los nacionales participar como inversionistas o contratarse directamente con las empresas foráneas. Mientras la ZEDM, que podría coadyuvar a la salida del estancamiento e insertar a Cuba en la economía globalizada, además de los atrasos en el dragado de la bahía para la entrada de megabuques con capacidad aproximada de 13 mil 600 contenedores, no ha aportado ningún resultado significativo. En su presentación, el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, dijo que la ZEDM constituye una actualización profunda del proceso de transformaciones que se desarrolló al inicio de la Revolución para poner los principales medios de producción en manos del Estado Revolucionario. Es decir, la ley se propone conservar la estatización causante de la ineficiencia económica.

4- El turismo, que empezaba a definirse como esfera económica promisoria, hoy es la segunda rama generadora de divisas del país.

El turismo es la tercera fuente de divisas del país después de las remesas familiares y la exportación de servicios. Sin embargo, la mayor parte de sus ingresos se pierden en comprar lo que la ineficiente economía no ha sido capaz de producir. Para que el turismo se defina “como esfera económica promisoria” y pueda aprovechar el creciente flujo de visitantes, se impone una mayor y más activa participación del sector privado y el desarrollo de una industria nacional para disminuir la parte que se  fuga por la incapacidad del modelo.

5- La exportación cubana de servicios apenas hacía pininos a inicios de los 90. Hoy constituye la mayor fuente de divisas del país.

La preparación de personas para alquilarlas es considerada universalmente como esclavitud moderna. Es injustificable que el Estado ingrese unos 8 mil millones de dólares al año por este concepto y se quede con más del 75%. El hecho de que algunos socios ideológicos, como ha ocurrido con Brasil y Venezuela, miren hacia otra parte, no garantiza su permanencia ni brinda perspectivas, mucho menos para sostener un país que retrocede aceleradamente y una parte de los técnicos huyen hacia el exterior.

6- La generación eléctrica era a base totalmente de combustible importado. Hoy se muestra un sistema electroenergético basado en buena medida en el combustible nacional. A ello se suma el creciente uso de fuentes renovables de energía.

Resulta que el  Ministro de Economía y se preguntó en la ANPP ¿qué nos está faltando? Y se respondió: Divisas por incumplimiento de los ingresos, y nos está faltando disponibilidad de combustible, porque no ha llegado al país todo lo que teníamos previsto que entrara. Y agregó: Aquí de lo que estamos hablando es que de las 7 862 000 toneladas de combustible total que el país recibe. Por tanto, si se asume el planteamiento de Randy, carecen de sentido loas análisis del Ministro de Economía y el discurso de Raúl Castro ante ANPP. Según un cable de la agencia Reuters del 8 de julio de  2016 la entrega de crudo a la isla se redujo de 100 000 a 53 000 barriles diarios; lo que induce a pensar que Cuba estaba exportando una parte de ese crudo, lo que podría explicar la caída en picada del PIB.

7- Si se paralizaron total y/o parcialmente numerosas inversiones, sin posibilidades para su completamiento y puesta en marcha; ahora el país cuenta con la capacidad de preservar el financiamiento de las inversiones planeadas en los sectores estratégicos para el desarrollo nacional.

La otra medida que tenemos que tomar -dilo el Ministro de Economía y Planificación- es administrar con mucho cuidado la toma de créditos, para hacer manejable el endeudamiento futuro del país. No se trata, como dice Randy, de “preservar el financiamiento”, sino de buscar de financiamiento a mediano y largo plazos y abandonar el principio de hacer inversiones con el corto plazo, porque entonces el pago de deuda es muy rápido y no se paga la deuda con el rendimiento de la inversión. Lo que pasan por alto tanto  el Ministro como Randy es que con una economía ineficiente no se puede pagar la deuda pendiente con los acreedores y por tanto no habrá financiamiento a mediano y largo plazo.

Resumiendo, con una economía ineficiente: 1- no se puede aprovechar la diversificación del comercio; 2- no se puede cumplir con proveedores y acreedores y por tanto, se dificultará la obtención de nuevos créditos; 3- la “legislación actualizada” no ha logrado sus propósitos; 4-  El turismo tiene que permitirse una mayor y más activa participación del sector privado y desarrollar una industria nacional, que es imposible con el actual modelo; 5- la exportación de servicios, en su variante de esclavitud moderna, no tiene futuro; 6- la falta de disponibilidad de combustible, a pesar de que su precio se ha reducido en el mercado, acarreará serios problemas en el país; y 7- la obtención de financiamiento a mediano y largo plazo será imposible si no se honra la deuda  pendiente con los acreedores, algo impensable ante la brusca reducción de PIB.

Si a lo anterior se une el descreimiento, la desesperanza y el desinterés de los cubanos, tenemos que coincidir con el director de la Mesa Redonda y del sitio Cubadebate en que la situación de hoy no es la de los 90, es sencilla y definitivamente peor.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1469465823_24114.html

El 29 de diciembre de 2015 el presidente cubano expresó ante la Asamblea Nacional del Poder Popular que: A pesar de los impactos de la crisis económica internacional, agravados en nuestro caso por los efectos del bloqueo estadounidense que se mantiene sin cambios, así como las restricciones financieras externas que se han agudizado en el segundo semestre, el PIB este año creció un 4%, lo cual innegablemente es un buen resultado en medio de estas circunstancias. Veamos:

La caída sufrida por el PIB entre 1989 y 1993 fue de un 34%. Remontar ese descenso requiere de un crecimiento anual sostenido de un 7%. Las medidas implementadas con ese objetivo hasta hoy han fracasado. Entre los años 2011-2014 se registró un 2,3%, en 2015 se logró un 4% y el primer semestre del 2016 el PIB cayó al 1%. Según los números no estamos ante un “buen resultado”, sino ante el empeoramiento de una crisis prolongada.

Culpar al “bloqueo” y a las “restricciones financieras externas” después de las medidas dictadas por la administración norteamericana carece de fundamento:

En millones de dólares: 1- las remesas familiares, que en el año 2011 alcanzaron 2 294 millones, en 2014 sobrepasaron los 3 130 millones y en 2015 se pronosticaban unos 3 990 millones; 2- la  exportación de servicios técnicos sobrepasó en 2014 los 8 000 millones; 3- el turismo en 2015 superó el umbral de los 3 500 millones y se esperaba un nuevo récord para el 2016; 4- la industria bio-farmacéutica le ahorró al país en importaciones más de 1 900 millones.

En cuanto a los rubros tradicionales: el níquel, primer producto de exportación de Cuba, reporta unos 1 100 millones anuales; el azúcar, con la zafra 2014-2015 de aproximadamente 1,9 millones de toneladas, el país pudo obtener por ventas unos 600 millones y por la zafra 2015-2016, que no rebasó 1,6 millones de toneladas, recibirá unos 150 millones de dólares que en la anterior. Otros rubros no tienen peso suficiente para explicar la caída del PIB.

En cuanto a las “restricciones financieras externas”, las  renegociaciones de la deuda, incluyendo la contraída con el Club de Paris -que condonó $8.500 de $11.100 millones de dólares- han creado un ambiente favorable con los acreedores para la reinserción de Cuba en las relaciones económicas internacionales.

Si las remesas familiares y el turismo han aumentado. Si los servicios médicos no han disminuido. Si la reducción de ingresos por níquel y azúcar, bien debido a la disminución de sus precios o a la ineficiencia productiva, no pueden explicar el brusco retroceso. Entonces el análisis debe incluir al petróleo entre las posibles causas. Según un cable de la agencia Reuters del 8 de julio de  2016 la entrega de crudo a la isla se redujo de 100 000 a 53 000 barriles diarios. De ser así, como ocurrió en tiempos de la Unión Soviética, Cuba podría haber estado exportando una parte, lo que podría explicar la caída en picada del PIB.

Sea una u otra la causa del declive ¿Cuál es el plan para enfrentar la crisis? Según expresó el general Raúl Castro el pasado 8 de julio: Es preciso reducir gastos de todo tipo que no sean imprescindibles, fomentar una cultura del ahorro y de aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles, concentrar las inversiones en las actividades que generen impresos por exportaciones, sustituyen importaciones y respaldan el fortalecimiento de las infraestructuras, asegurando la sostenibilidad de la generación eléctrica y un mejor uso de los portadores energéticos. Se trata, en síntesis, de no detener, en lo más mínimo, los programas que garantizan el desarrollo de la nación.

Reducir gastos, fomentar una cultura del ahorro concentrar las inversiones en actividades que generen ingresos, sustituir importaciones, etc., son medidas anunciadas años tras años y fracasadas año tras años. ¿Qué es lo novedoso del plan si todos esos propósitos han fracasado una y otra vez? Repetirlas, de espaldas a las verdaderas causas, demuestra la incapacidad y la ausencia de voluntad política; en un escenario en el que es imposible retrotraer las pequeñas reformas introducidas, romper nuevamente las relaciones con Estados Unidos, encontrar un nuevo padrino ni detener la toma de conciencia de los cubanos acerca de las verdaderas causas de los males.

Por su parte, el entonces Ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo Jorge, planteó, entre otras, las siguientes cinco medidas:

1-  Si el problema que tenemos es de capacidad de liquidez, lo primero que hay que hacer es restringir los pagos en divisas del país… administrar con mucho cuidado la toma de créditos, para hacer manejable el endeudamiento futuro del país…  y ajustar el consumo de los portadores energético…

2- Como se caen los niveles de actividad, el salario en el sistema empresarial se ajustará a los niveles productivos… En el sistema empresarial se estima un salario medio menor que lo que previmos en el plan…

3- Con la divisa que tenemos lo que hay que respaldar es la materia prima para la actividad principal, o el gasto que lleva la actividad principal en cada lugar… porque la cantidad de divisas que les vamos a dar a los organismos no es ni mucho menos lo que estaba previsto en el plan…

4- Habrá que trabajar en ir buscando soluciones de financiamiento a mediano y largo plazos y definitivamente abandonar el principio de hacer inversiones con el corto plazo, porque entonces el pago de deuda es muy rápido y no se paga la deuda con el rendimiento de la inversión.

5- Ahora, si usted baja los precios y el salario tiene más capacidad de compra, eso se revierte en que las cantidades físicas que se venden son mayores, y para respaldar esas capacidades de compra ha habido que comprar adicionalmente: 25 000 toneladas de arroz, 32 000 de chícharo, 82 000 de pollo, aceite 36 000 y de leche en polvo 3 800.

La disminución de importaciones para no generar nuevas deudas se reflejará en nuevas disminuciones de la producción. El salario medio, cuya insuficiencia respecto al costo de la vida es una pronunciada anomalía del modelo cubano, sufrirá un nuevo descenso, que se reflejara en menos producción, más corrupción y más actividades delictivas. La reducción de la cantidad de divisas que recibirán los organismos no se puede aprovechar en el mercado mundial porque la ineficiencia productiva obliga a usar esos ahorros para comprar lo que somos incapaces de producir. Aunque Raúl Castro planteó que se está cumpliendo con los pagos, las palabras de Murillo denotan dificultades para honrar los compromisos contraídos con los deudores después de la renegociación,. La ligera rebaja de los precios dirigida a darle mayor capacidad de compra al peso cubano, sin respaldo productivo, obliga a importar más, cuando uno de los problemas es la falta de solvencia. En fin cinco contradicciones insalvables que apuntan al derrumbe definitivo del modelo.

Como las causa no son  externas ni coyunturales, sino internas y permanentes, el  análisis tiene que tomar otro derrotero.

En julio de 2007, el general Raúl Castro reconoció las deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes reflejadas en los campos infectados de marabú y planteó que el precio creciente de los alimentos en el mercado internacional obligaba a producirlos en Cuba. En el 2008, planteó enfáticamente: ¡Hay que virarse para la tierra! ¡Hay que hacerla producir! y expresó que la producción de alimentos constituía un asunto de máxima seguridad nacional. Sin embargo, las reformas nacieron subordinadas al predominio de la propiedad estatal, la planificación socialista, el otorgamiento a empresarios extranjeros de derechos que se niegan a los cubanos y los llamados ideológicos; cuatro de los agentes culpables del fracaso.

En marzo de 2012, Marino Murillo Jorge dijo que el Ministerio de la Agricultura presenta un estado económico-financiero desfavorable por varios años, el cual influye negativamente en la gestión empresarial y demostró que han sido insuficientes las acciones y medidas adoptadas hasta la fecha para revertirlo. Y en mayo de 2013 expresó: las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no han conducido al necesario aumento de la producción.

La experiencia práctica y la ciencia económica han demostrado que el ser humano se mueve hacia determinados fines en dependencia de sus intereses. La pérdida de la autonomía —que es a la economía lo que el oxígeno a los cuerpos vivos— conjuntamente con el estatismo, el voluntarismo, los métodos de ordeno y mando, la planificación centralizada, la incapacidad de jefes y administradores y la merma del interés de los productores conforman la ineficiencia que caracteriza a la economía cubana y que la ha conducido a lo que parece ser su última etapa. Del 1% marchamos ahora hacia el 0%. Algo similar a la caída en barrena de los aviones derribados  en combate.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1468188090_23741.html

La declaración emitida en mayo de 2016 por el Buró Nacional de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) ante la decisión anunciada por el  Departamento del Tesoro para que los productores independientes de Cuba puedan exportar café a Estados Unidos, no podía ser una sorpresa. Dicha declaración corresponde exactamente a su naturaleza, pues la ANAP no representa los intereses de los productores sino los del Estado, el Gobierno y el Partido Comunista. Para demostrarlo basta con remitirse a sus bases fundacionales.

El asociacionismo de campesinos y patronos, que emergió en el siglo XIX cubano, se expandió con las libertades refrendadas en la Constitución de 1901 y creció al calor de la lucha en defensa de los intereses de sus afiliados contra el desalojo, por la propiedad de la tierra, mejores mercados, precios dignos, créditos con bajos intereses y disminución de las rentas, entre otros. El Decreto No. 16 de 3 de enero de 1934, promulgado durante  el gobierno de Ramón Grau San Martín, institucionalizó la colegiación obligatoria de las asociaciones de productores. En 1937 se celebró el Primer Congreso Nacional Campesino y en 1941 se creó la Asociación Nacional Campesina. Hechos convirtieron al asociacionismo en una institución clave de la sociedad cubana.

Resultado del giro hacia el totalitarismo sufrido por el proceso revolucionario de 1959, la propiedad privada y la diversidad de asociaciones campesinas y patronales fueron eliminadas. En octubre de 1960, con el  argumento de que, una vez nacionalizados todos los ingenios azucareros, sus miembros habían perdido la condición de hacendados, fue disuelta la más poderosa de las organizaciones, la Asociación de Hacendados de Cuba.  Le siguió en turno la Asociación de Colonos de Cuba, hasta que en diciembre de 1960, el líder de la revolución adelantó la siguiente idea: “Es Necesario que los pequeños agricultores, en vez de ser cañeros, tabacaleros, etc., sean sencillamente agricultores y organicemos una gran Asociación Nacional de Agricultores Pequeños”. Idea, como era costumbre devino Ley.

El 21 de enero de 1961 todas las organizaciones de empleadores y las asociaciones campesinas existentes fueron sustituidas por la Asociación Nacional de Colonos; la cual pasó a denominarse Asociación Nacional de Agricultores Pequeños  en el mes de mayo de ese año. Al frente de la cual se designó a José Ramírez Cruz, procedente de la lucha insurreccional y de las filas del Partido Socialista Popular.

Los objetivos de la ANAP quedaron refrendados en el articulado de sus Estatutos. El siete plantea: Orientar y dirigir a los cooperativistas y agricultores pequeños la política agraria de la revolución así como en los acuerdos y lineamientos trazados por el partido y la propia organización en sus respectivos congresos y plenos. El once reza: lograr a través del trabajo político e ideológico de la organización el cumplimiento exitoso de los planes de producción y ventas al estado y contribuir de modo efectivo en la aplicación de las normas y procedimientos que se establecen por los organismos rectores de la economía; y el catorce dice: Desarrollar un profundo trabajo político con los campesinos para que no practiquen la venta de productos agropecuarios de forma ilícita, así como ejercer, en coordinación con los consejos populares y el MINAG el control necesario para evitar que tenedores de tierra no asociados a la ANAP cometan también violaciones que afecten el honor y la vergüenza campesina.

Esos tres artículos se resumen en:1-  la subordinación a los objetivos del Gobierno, 2- Sustituir la labor de los productores privados y sus asociaciones  privados y 3- Emplear la asociación para vigilar, controlar e impedir la venta libre de sus producciones. Y explican que todos los plenos y congresos de esa asociación, desde su fundación a hoy, hayan sido presididos por funcionarios del Buró Político del Partido Comunista y que en enero de 2013, violando los principios fundamentales del cooperativismo, sustituyera o liberara de sus funciones a 632 presidentes de cooperativas agrícolas.

Por tanto, no puede ser sorpresa que ante la decisión del Departamento del Tesoro de añadir el café cubano a la lista de importaciones de productores independientes. Decisión que tomó mayor fuerza con el anunció de Nespresso (de la Nestlé S.A.) de reiniciar las ventas de café cubano en Estados Unidos, que la ANAP, fiel a su naturaleza, declarara su oposición. Otra cosa hubiera ocurrido si la misma representara los intereses de sus afiliados, que serían los principales beneficiarios de la decisión estadounidense. En lugar de cuestionarse que Nadie puede pensar que un pequeño productor agrícola puede exportar directamente a los Estados Unidos, debió demandar ante el Gobierno cambios en el monopolio estatal para que fuera “pensable” y viable la oportunidad ofrecida a sus “afiliados”.

La subordinación del ANAP al Estado, gobierno y partido explica no sólo el estado  de indefensión de los productores cubanos, sino también en el desinterés de los mismos, lo que se refleja en el declive sufrido por la producción cafetalera en Cuba1, que llego a ser la primera exportadora mundial de café; en la disminución de la producción de 60 mil a 6 mil toneladas anuales; y en los fracasados intentos de sustituir importaciones para ahorrar los casi 50 millones de dólares que se dedican anualmente a su compra en países como Vietnam, al que Cuba enseñó a cultivar el grano.

Los resultados demuestran que la ANAP nunca pudo ni podrá suplir la  función de la Asociación Nacional de Cafetaleros, como tampoco la de hacendados, colonos, ganaderos y otras que producían cifras superiores a las actuales y que vendían libremente en el mercado nacional o internacional.

El control monopólico del Estado, los abusivos precios de acopio, las innumerables restricciones a que son sometidos los productores, las restricciones para comercializar una parte de la cosecha fuera del compromiso que le impone el Estado, las relaciones de propiedad de la tierra, la inexistencia de un modelo económico capaz de producir con eficiencia y el miedo a la formación de una clase media, están entre las principales causas del declive cafetalero, del declive de la agricultura, de la economía en general y de la nueva e inevitable crisis a que el país está abocado con la pérdida del suministro del petróleo venezolano.

Ahora, las relaciones con Estados Unidos han develado ante el pueblo cubano donde radican las verdaderas causas del declive productivo.

1Ver:  http://www.diariodecuba.com/cuba/1465252634_22897.html

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1465193004_22879.html

El ganado bovino arribó a Cuba junto al primer Gobernador General de la Gran Antilla, Don Diego Velázquez, procedente de La Española a principios del siglo XVI. En la segunda mitad de ese siglo, al disminuir la producción minera la ganadería se convirtió en la principal actividad económica de la Isla y asumió su mayor crecimiento en la segunda mitad del XVII, cuando fue desplazada por la producción de tabaco
.
Su punto de partida estuvo en la distribución de la tierra realenga, es decir del Rey, que comenzó a distribuirse entre los primeros colonizadores, quienes fueron confirmados como dueños a partir del año 1520. Así, durante la colonia casi todas las villas cubanas se dedicaron a la cría extensiva del ganado y a su comercialización, incluyendo el comercio de contrabando con otras islas del Caribe, como ocurrió en San Salvador de Bayamo y la villa de la Santísima Trinidad.

Durante el siglo XIX el crecimiento del ganado recibió un impacto negativo con las tres décadas de guerras independentistas entre 1868 y 1898. Durante la república fundada en 1902 la producción de carne y de leche bovina creció paulatinamente en provincias como Camagüey, a la vez que se instalaron fábricas cubanas y extranjeras en varios puntos del país, como las de la compañía suiza Nestlé en Bayamo y Sancti Espíritus. Según el censo realizado en 1946, en Cuba había 4 116 millones de cabezas de ganado vacuno y una población que no superaba los 5,5 millones de personas.

La ganadería y sus derivados constituyeron hasta la década de los años 50 una de las principales fuentes de ingreso de la economía nacional. Sin embargo, a partir de 1959, con la estatización de la mayor parte de las tierras y la salida del país de los ganaderos más experimentados, se produjo un deterioro progresivo que se mantiene hasta la actualidad.

En 1958, cuando la producción de carne vacuna y de leche era la segunda actividad económica agrícola después de la caña de azúcar, la cantidad de ganado vacuno y de habitantes observaban cifras similares (unos seis millones en ambos casos); es decir, la proporción de cabezas de ganado por habitante, en los 12 años que separan a 1946 de 1958, se elevó de 0,74 a 1,0. Un ritmo de crecimiento que, de haberse sostenido, hoy la cifra estaría alrededor de 11 millones de cabezas de ganado. Sin embargo, ocho años después, en 1967, el Control Nacional de Registro Pecuario reportó más de siete millones de cabezas de ganado, cuando la población era de 8,2 millones, lo que arroja un descenso de 1,0 a 0,87 cabezas por habitante.

En ese momento, imbuido de un voluntarismo extremo, empeñado en convertir a Cuba en la Suiza de América -olvidando que antes de él, cuando un político cubano había expuesto un proyecto de agricultura con similares objetivos, Orestes Ferrara1  preguntó ¿Con cuántos suizos cuenta usted para sacar adelante su proyecto?- el líder de la revolución decidió someter el ganado bovino a un desacertado cruce genético.

La raza Holstein, de alta productividad lechera se cruzó con la raza Cebú, gran productor de carne. El objetivo del cruce era crear una nueva raza capaz de producir al mismo tiempo abundante carne y leche. Con ese fin se importaron miles de novillas Holstein, sementales y semen congelado de Canadá, se creó una organización nacional que formó un ejército de técnicos en inseminación, se creó un sistema de vaquerías dotadas con ordeño mecánico y aire acondicionado. Sin embargo, el mayor acceso de la población a la leche dependió, durante diez años, del programa de alimentos de las Naciones Unidas suministró leche gratuitamente.

El resultado de los cruces fue un animal físicamente débil, proclive a muchas enfermedades y sin valores productivos en carne y leche, lo que unido al desinterés que generó la estatización de la propiedad agrícola, la incapacidad administrativa, los salarios insuficientes, las prolongadas sequías, las miles de hectáreas de tierra invadidas por plantas indeseables como el marabú, generaron el declive de la producción ganadera, agudizada por la pérdida de las subvenciones del desaparecido campo socialista.

Para recuperar la producción, en noviembre de 1997 se promulgó Decreto Ley 225, el cual, al margen de las causas esenciales del declive se concentró en las medidas represivas. Entre ellas: multas de hasta 500 pesos al tenedor de ganado que se le perdiera un animal; prohibición al “dueño” para sacrificarlo y disponer de su carne; multas y penas de hasta de tres años de privación de libertad si el propietario no declaraba los terneros nacidos en los 30 días posteriores al parto, por tenencia ilegal de ganado; la obligatoriedad de vender los animales sólo al Estado, a precios determinados por este; y si es hembra sólo puede matarla si el animal sufre un accidente. Esto último explica que algunos dueños provoquen accidentes de sus reses como pretexto para sacrificarla.

Según datos ofrecidos por el fallecido economista cubano Oscar Espinosa Chepe, al cierre de 2010 el ganado vacuno tenía 3 992 500 cabezas, un 2,5 % superior al año anterior, pero por debajo de los 4,1 millones existentes en 1990, y mucho menos que los 7,2 millones en 1967. Mientras la cifra aproximada de 4 millones de cabeza de ganado, con una población de unos 11,2 millones, arroja 0,35 cabezas de ganado por habitante, la peor en los últimos cien años.

Para empeorar la situación, a principios de 2016 la prensa oficial informó de la muerte de miles de cabezas de ganado por falta de comida y de agua. A ello se une los miles de animales que son sacrificados ilegalmente. Sólo por esa causa en 1988 se reportó la pérdida de 48 910 reses. Lo que se contradice con que, en 1958, cuando el productor tenía toda la libertad para disponer de sus animales y el consumo no estaba racionado, no se exhibía el sacrificio ilegal de forma generalizada. Como ocurre ahora. Ese deplorable cuadro de la ganadería cubana obliga a erogar cada año sumas millonarias para comprar en el exterior lo que se puede producir en Cuba. Entre 2006 y 2009 esas compras alcanzaron 737, 4 millones de dólares, sin contar las erogaciones para adquirir mantequilla y otros derivados.

El resultado es que Cuba, con condiciones climáticas excepcionales para la crianza de ganado con la estatización de la agricultura no sólo no garantiza la carne de res para la alimentación de la población, sino que ha devenido importador de leche y de sus derivados.
1Orestes Ferrara Marino (1876–1972). Militar, político, diplomático, profesor universitario y escritor de origen italiano. Coronel del Ejército Libertador cubano que ocupó una notable posición en la vida pública cubana durante la primera mitad del siglo XX. Delegado a la Asamblea Constituyente de 1940.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1465252634_22897.html

El café, arbustos de las regiones tropicales, del género Coffea, al igual que el ganado arribó a Cuba procedente de La Española. Lo trajo Don José Antonio Gelaber en 1748, quien fundó el primer cafetal en el Wajay.

En los años de 1760 la oligarquía habanera se proyectaba hacia un nuevo objetivo: hacer de Cuba la primera productora mundial de azúcar y café. A ese propósito coadyuvaron las características del suelo cubano, apropiados para el cultivo del grano, suficiente tierra donde producirlo y la revolución de Haití en 1791, que hizo huir a miles de colonos franceses poseedores de conocimientos, que arribaron a Cuba y se establecieron en la región oriental del país, especialmente en zonas montañosas de Santiago de Cuba, Guantánamo y Baracoa, donde fomentaron grandes cafetales y hoy se produce más del 85 por ciento del café nacional.

Gracias a ese impulso, las plantaciones cafetaleras se extendieron, tal y como evidencian los siguientes datos: en 1803 había en la Isla unas 108.000 matas de café, y en 1807 pasaban de 1.110.000; las exportaciones aumentaron diez veces entre 1790 y 1805; y Cuba llegó a imponer los precios del café en muchas capitales europeas. En 1827 el agro cubano contaba con 2.067 cafetales, y en 1830 ya Cuba era la primera exportadora mundial de café, lugar ocupado por Haití hasta el estallido revolucionario.

La alta producción cafetalera generó la costumbre de beber café varias veces al día, lo que devino signo de identidad en la vida cotidiana de los cubanos. Esa costumbre, devenida cultura, se manifestó en el aumento de la demanda a un ritmo tal que obligó a dedicar la producción nacional al consumo y recurrir a la importación para suplir el déficit del grano.

A partir de 1925 los gobiernos dictaron varias medidas proteccionistas que contribuyeron a modificar la relación entre producción e importación. En 1930 Cuba logró cubrir nuevamente la demanda interior y comenzar la exportación. Según fuentes del Ministerio de la Agricultura, en la década de los años 40 del pasado siglo, Cuba era otra vez la principal exportadora de café del mundo.

Las medidas gubernamentales y los esfuerzos de los cafetaleros cubanos se manifestaron en el aumento de la producción. En 1946 la cifra fue de 573.713 quintales (26.390,7 toneladas); en 1951 llegó hasta 714.000 quintales (32.844 toneladas); y tuvo su apogeo en la cosecha cafetalera 1960-1961, cuando el país alcanzó las 60.000 toneladas.

50 años después de ese resultado, la zafra de 2010-2011 descendió hasta 6.000 toneladas (10 veces menos). El efecto de tan alta reducción fue tratado por el presidente del Consejo de Estado, general Raúl Castro, en la Asamblea Nacional del Poder Popular el 18 de diciembre de 2010, donde expresó: “en el próximo año no podemos darnos el lujo de gastar casi 50 millones de dólares en importaciones de café para mantener la cuota que hasta el presente se distribuye a los consumidores, incluyendo a los niños recién nacidos. Se prevé, por ser una necesidad ineludible, como hacíamos hasta el año 2005, mezclarlo con chícharo, mucho más barato que el café, que nos cuesta casi tres mil dólares la tonelada, mientras que aquel (el chícharo) tiene un precio de 390 dólares.”

En la siguiente zafra, la de 2011-2012, sin tomar en cuenta todos los factores que intervinieron en el declive, las autoridades gubernamentales dictaron algunas medidas que lograron un crecimiento productivo. Se produjeron 7.100 toneladas (1.100 toneladas por encima de la zafra precedente). Sin embargo, una de esas medidas consistió en extender el tiempo de la cosecha por encima de lo habitual, con el consiguiente perjuicio para la zafra siguiente. A pesar del costo pagado para lograr ese crecimiento, a ese ritmo, de forma sostenida, se requerirían 48 años para igualar las 60.000 toneladas de 1960-61.

Los hechos se encargaron de demostrar la insuficiencia de las medidas dictadas para un crecimiento sostenido. Por ejemplo, en el municipio Niceto Pérez, de Guantánamo, uno de los mayores productores del grano, la producción descendió en más de dos terceras partes.

Una vez más, en lugar de atacar las causas esenciales se acudió al inútil recurso del llamamiento ideológico. El 20 de septiembre de 2012, Orlando Lugo Fontes, entonces presidente de la Asociación Nacional de Pequeños Agricultores —organización representante de los intereses estatales— llamó a realizar una zafra cafetalera organizada. Pero el desinterés de los productores, el envejecimiento de las plantas y la prolongación del tiempo de cosecha se encargaron de hacer inútil la arenga del dirigente campesino. El resultado fue una nueva caída de la producción cafetalera.

Durante la cosecha 2013-2014 la producción descendió a 6.105 toneladas, una cantidad inferior a la del año anterior y diez veces menos que la de 1960-61. Fue una cifra insuficiente para cubrir la demanda nacional, lo que obligó, como había ocurrido en los primeros años del siglo XX, a comprar café en el mercado exterior para completar el consumo nacional; y como también había sucedido en 2010 y 2011, años en que hubo que importar 18.000 toneladas, con un costo de decenas de millones de dólares.

Para la cosecha 2014-15 dos de las provincias orientales del país pronosticaron que el resultado variaría muy poco respecto a la zafra precedente. Sin la voluntad necesaria para destrabar las relaciones económicas, el Estado ha tomado un conjunto de medidas para elevar la producción en la presente zafra 2015-16 hasta 15.000 toneladas, cifra que, de alcanzarse, todavía seguiría muy lejos de las 24.000 que necesita el país para consumir y exportar.

El control monopólico del Estado, los precios de acopio, las innumerables restricciones a que son sometidos los productores, las restricciones para comercializar una parte de la cosecha fuera del compromiso que le impone el Estado, las relaciones de propiedad de la tierra, la inexistencia de un modelo económico capaz de producir con eficiencia y el miedo del Estado a la formación de una clase media, están entre las principales causas del declive cafetalero en Cuba.

La más clara manifestación de ausencia de voluntad política para revertir el declive ha sido la respuesta negativa del Buró Nacional de la Asociación de Agricultores Pequeños —sin consultar a los productores— al anuncio realizado por el Departamento de Estado de EEUU de permitir la importación de café cubano a ese país directamente por los productores.

Con esa voluntad característica del totalitarismo y eludiendo las verdaderas causas, el Gobierno cubano insiste, infructuosamente, en producir para el año 2020 unas 24.000 toneladas de café.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1465193004_22879.html

El ganado bovino arribó a Cuba junto al primer gobernador general de la gran antilla, don Diego Velázquez, procedente de La Española a principios del siglo XVI. En la segunda mitad de ese siglo, al disminuir la producción minera la ganadería se convirtió en la principal actividad económica de la Isla y asumió su mayor crecimiento en la segunda mitad del XVII, cuando fue desplazada por la producción de tabaco.

Su punto de partida estuvo en la distribución de la tierra realenga, es decir del Rey, que comenzó a distribuirse entre los primeros colonizadores, quienes fueron confirmados como dueños a partir del año 1520. Así, durante la colonia casi todas las villas cubanas se dedicaron a la cría extensiva del ganado y a su comercialización, incluyendo el comercio de contrabando con otras islas del Caribe, como ocurrió en San Salvador de Bayamo y la villa de la Santísima Trinidad.

Durante el siglo XIX el crecimiento del ganado recibió un impacto negativo con las tres décadas de guerras independentistas entre 1868 y 1898. Durante la república, fundada en 1902, la producción de carne y de leche bovina creció paulatinamente en provincias como Camagüey, a la vez que se instalaron fábricas cubanas y extranjeras en varios puntos del país, como las de la compañía suiza Nestlé en Bayamo y Sancti Spíritus. Según el censo realizado en 1946, en Cuba había 4.116 millones de cabezas de ganado vacuno y una población que no superaba los 5,5 millones de personas.

La ganadería y sus derivados constituyeron hasta la década de los años 50 una de las principales fuentes de ingreso de la economía nacional. Sin embargo, a partir de 1959, con la estatización de la mayor parte de las tierras y la salida del país de los ganaderos más experimentados, se produjo un deterioro progresivo que se mantiene hasta la actualidad.

En 1958, cuando la producción de carne vacuna y de leche era la segunda actividad económica agrícola después de la caña de azúcar, la cantidad de ganado vacuno y de habitantes observaban cifras similares (unos seis millones en ambos casos); es decir, la proporción de cabezas de ganado por habitante, en los 12 años que separan a 1946 de 1958, se elevó de 0,74 a 1,0. Un ritmo de crecimiento que, de haberse sostenido, hoy la cifra estaría alrededor de 11 millones de cabezas de ganado. Sin embargo, ocho años después, en 1967, el Control Nacional de Registro Pecuario reportó más de siete millones de cabezas de ganado, cuando la población era de 8,2 millones, lo que arroja un descenso de 1,0 a 0,87 cabezas por habitante.

En ese momento, imbuido de un voluntarismo extremo, empeñado en convertir a Cuba en la Suiza de América —olvidando que antes de él, cuando un político cubano había expuesto un proyecto de agricultura con similares objetivos, Orestes Ferrara[1] preguntó ¿Con cuántos suizos cuenta usted para sacar adelante su proyecto?— el líder de la revolución decidió someter el ganado bovino a un desacertado cruce genético.

La raza Holstein, de alta productividad lechera, se cruzó con la raza Cebú, gran productora de carne. El objetivo del cruce era crear una nueva raza capaz de producir al mismo tiempo abundante carne y leche. Con ese fin se importaron miles de novillas Holstein, sementales y semen congelado de Canadá, se creó una organización nacional que formó un ejército de técnicos en inseminación, se creó un sistema de vaquerías dotadas con ordeño mecánico y aire acondicionado. Sin embargo, el mayor acceso de la población a la leche dependió, durante diez años, del programa de alimentos de las Naciones Unidas, que suministró leche gratuitamente.

El resultado de los cruces fue un animal físicamente débil, proclive a muchas enfermedades y sin valores productivos en carne y leche, lo que unido al desinterés que generó la estatización de la propiedad agrícola, la incapacidad administrativa, los salarios insuficientes, las prolongadas sequías, las miles de hectáreas de tierra invadidas por plantas indeseables como el marabú, generaron el declive de la producción ganadera, agudizada por la pérdida de las subvenciones del desaparecido campo socialista.

Para recuperar la producción, en noviembre de 1997 se promulgó el Decreto Ley 225, el cual, al margen de las causas esenciales del declive, se concentró en las medidas represivas. Entre ellas: multas de hasta 500 pesos al tenedor de ganado que se le perdiera un animal; prohibición al “dueño” para sacrificarlo y disponer de su carne; multas y penas de hasta de tres años de privación de libertad si el propietario no declaraba los terneros nacidos en los 30 días posteriores al parto, por tenencia ilegal de ganado; la obligatoriedad de vender los animales solo al Estado, a precios determinados por este; y si era hembra solo podía matársele si el animal sufría un accidente. Esto último explica que algunos dueños provoquen accidentes de sus reses como pretexto para sacrificarla.

Según datos ofrecidos por el fallecido economista Oscar Espinosa Chepe, al cierre de 2010 el ganado vacuno tenía 3.992.500 cabezas, un 2,5 % superior al año anterior, pero por debajo de los 4,1 millones existentes en 1990, y mucho menos que los 7,2 millones en 1967. Mientras la cifra aproximada de cuatro millones de cabeza de ganado, con una población de unos 11,2 millones, arroja 0,35 cabezas de ganado por habitante, la peor en los últimos cien años.

Para empeorar la situación, a principios de 2016 la prensa oficial informó de la muerte de miles de cabezas de ganado por falta de comida y de agua. A ello se une los miles de animales que son sacrificados ilegalmente. Solo por esa causa en 1988 se reportó la pérdida de 48.910 reses. Lo que se contradice con que, en 1958, cuando el productor tenía toda la libertad para disponer de sus animales y el consumo no estaba racionado, no se exhibía el sacrificio ilegal de forma generalizada. Como ocurre ahora. Ese deplorable cuadro de la ganadería nacional obliga a erogar cada año sumas millonarias para comprar en el exterior lo que se puede producir en Cuba. Entre 2006 y 2009 esas compras alcanzaron 737, 4 millones de dólares, sin contar las erogaciones para adquirir mantequilla y otros derivados.

El resultado es que Cuba, con condiciones climáticas excepcionales para la crianza de ganado, con la estatización de la agricultura no solo no garantiza la carne de res para la alimentación de la población, sino que ha devenido importador de leche y de sus derivados.

[1]Orestes Ferrara Marino (1876–1972). Militar, político, diplomático, profesor universitario y escritor de origen italiano. Coronel del Ejército Libertador cubano que ocupó una notable posición en la vida pública cubana durante la primera mitad del siglo XX. Delegado a la Asamblea Constituyente de 1940.

Tomaado de: http://www.diariodecuba.com/deportes/1462200669_22077.html

En vista de los XXXI Juegos Olímpicos que tendrán lugar en Río de Janeiro el próximo verano, el semanario Trabajadores dedicó la separata del lunes 29 de febrero al análisis económico en el  movimiento deportivo cubano. En ella los periodistas Joel García y Rudens Tembrás abordaron la relación existente entre el costo del deporte y el Producto Interno Bruto (PIB).

Joel García en Compleja ecuación teñida de oro con ¿Cuánto cuesta el deporte en Cuba? escribió:”Bien distante del PIB de las grandes potencias deportivas, Cuba se mantiene entre las mejores 16 naciones del concierto mundial si nos atenemos a lo ocurrido en los últimos Juegos Olímpicos de Londres 2012. La ecuación parece muy difícil de explicar en medio de las limitaciones económicas que sigue viviendo el país, pero es posible”.

Por su parte Rudens Tembrás dice que: “El espectáculo inaugural y la majestuosidad que acompañará a las justas desplazarán otra vez a un segundo plano los análisis sobre el complejo entramado económico y financiero que hace posible no solo los triunfos, sino la existencia misma del deporte a nivel global.” Y añade: “Cuba, país pequeño, bloqueado por Estados Unidos y sin grandes riquezas naturales, figura desde hace décadas en la élite del universo atlético y ha superado en reiteradas ocasiones a rivales cuyas cuentas bancarias nos resultan sencillamente alucinantes”.

Ambos artículos evaden la inclusión de otros aspectos imprescindibles para una comprensión integral del tema analizado:

1- El deporte y la educación física son actividades que benefician la salud y desarrollan capacidades biológicas y habilidades motrices para un mejor desenvolvimiento social y establecer contactos amistosos entre personas y pueblos. De esas funciones emana la importancia de una práctica al alcance de todos.

2- Para lo anterior se requiere del empleo de la ciencia y la técnica, la existencia de centros de entrenamiento, de implementos, la inserción en ligas y topes foráneos para el fogueo, la calidad de la nutrición y una infraestructura capaz de garantizar los relevos; requisitos que al demandar elevadas inversiones dependen del PIB de cada país. Pensar lo contrario es puro voluntarismo y un inútil esfuerzo por demostrar la supuesta superioridad de un sistema político sobre otro.

3- La política, como dimensión humana relacionada con la forma de realizar proyectos sociales, se relaciona con el deporte. La misma puede emplearse como instrumento de beneficio social, medio idóneo para la salud y la medicina preventiva, amistad entre los pueblos o como instrumento al servicio de la ideología de los que detentan el poder.

4- Cuando en un sistema político predomina el totalitarismo, la economía y la política se subordinan a esa ideología. En el caso de Cuba, con el desmantelamiento de las  instituciones cívicas y económicas independientes y su sustitución por otras creadas y subordinadas al poder, el deporte y la educación física pasaron a ser asunto exclusivo del Estado y se les identificó con la Patria y las conquistas de la Revolución. Sin embargo, la carencia de la base económica necesaria fue suplida por las subvenciones de la Unión Soviética primero y de Venezuela después. El Estado asumió todos los gastos del deporte y durante décadas estableció una supremacía en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales a cambio de que los atletas, reducidos a medios básicos, pusieran toda su inteligencia y su masa muscular en función de los ideales de la revolución.

5- La economía se acompaña con momentos de crisis, que en dependencia de la profundidad y duración, afectan a uno o a varios componentes del sistema hasta asumir carácter estructural. En estos casos la solución se torna imposible sin cambiar la propia estructura del sistema. Por ello, es ilógico pensar que el deporte cubano, como elemento de un sistema en crisis no sufra afectaciones como las siguientes:

En la pelota

La memoria histórica muestra que desde fines del siglo XIX selecciones de peloteros cubanos brindaron juegos de exhibición contra equipos locales en Estados Unidos, donde obtuvieron más victorias que derrotas. Que durante las primeras tres décadas de República existían cuatro circuitos beisboleros, incluyendo el de los centrales azucareros que abarcaba todo el territorio nacional. Que en los años 40 en el Gran Stadium del Cerro se fundó la Liga Cubana de Base-Ball profesional con cuatro equipos: Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao, a los cuales se unieron otros con sus respectivos clubes patrocinados por empresas privadas y organizaciones de la sociedad civil. Que a mediados de los años 50, los Cubans Sugar’s Kings irrumpieron en la Triple A, lo que permitió a peloteros cubanos entrar a las Grandes Ligas.

Después de la Primera Serie Mundial de Béisbol Amateur (Londres 1938), las cinco siguientes se efectuaron en el Gran Estadio de la Tropical en La Habana, de las cuales Cuba ganó cuatro. Que en la Serie del Caribe, de las primeras doce series efectuadas entre 1949 y 1960 Cuba ganó siete. Sin embargo, después de su reincorporación en 2014, de tres series sólo ganó una, la edición 57, a pesar del balance negativo de dos ganados y tres perdidos. Que en las tres ediciones celebradas del Clásico entre 2006 y 2013 Cuba ocupó un segundo y dos quintos lugares. Y que a mediados del año 2013 la selección cubana, que había derrotado en ocho de diez oportunidades a las selecciones de estudiantes universitarios norteamericanos, fue barrida en cinco partidos por verdaderos amateurs.

Tales resultados demuestran, de una parte el aval obtenido por la pelota cubana en eventos internacionales antes de la creación del INDER, y de otra parte el evidente retroceso sufrido. Todo lo cual guarda una estrecha relación con la incapacidad del modelo totalitario para hacer crecer el PIB.
.
En los Juegos Olímpicos

En la edición XX, celebrada en Munich (1972), Cuba ocupó el lugar 14 con 8 medallas. En la edición XXI, en Montreal (1976), con 13 medallas se elevó hasta la octava posición. En la edición XXV, en Barcelona (1992), se ubicó en el quinto lugar con 31 medallas. A partir de entonces la pérdida de las subvenciones soviéticas, que mantenían a flote la economía cubana marcó el inicio del retroceso. En la edición XXIX, en Beijing (2008), pasamos al lugar 28 con 24 medallas. Finalmente en la edición XXX en Londres (2012) con 14 medallas se reubicó en el lugar 16, una posición inferior a la alcanzada 40 años antes en 1972.

El éxodo

Los enormes recursos dedicados al deporte para exhibir al país entre las potencias deportivas, con una economía totalmente deficiente, se ha reflejado en los bajos salarios y el aumento de necesidades primarias como la vivienda, la alimentación, el transporte y la fuga masiva. En ese éxodo sostenido y creciente se inscribe una buena parte de nuestros deportistas más destacados en busca de mejores condiciones de vida. Un proceso sostenido antes y después del Embargo, antes y después de la Ley de Ajuste y antes y después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

Plantear que Cuba se mantiene entre las mejores 16 naciones del concierto mundial o que a pesar de ser un país pequeño, bloqueado por Estados Unidos y sin grandes riquezas naturales, figura en la élite del universo atlético, es tratar de tapar el sol con un dedo. El deporte desarrollado requiere de una economía desarrollada y ese no es el caso de Cuba. Para lograrlo se requiere de un crecimiento sostenido del PIB, un propósito imposible sin una alta dosis de voluntad política para emprender las transformaciones estructurales que la realidad cubana reclama.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1461688704_21953.html

Un lector del Diario de Cuba, al comentar el artículo ¿diferentes concepciones acerca de los derechos humanos?1, planteó que le gustaría leer algo sobre la historia de cómo desapareció la democracia en Cuba. En respuesta, Roberto Álvarez Quiñones escribió: Del sepelio de la democracia., al cual añado el presente artículo.

El concepto

Aunque el término etimológicamente significa poder del pueblo, la existencia y funcionamiento de la democracia requieren, entre otros, de los siguientes instrumentos, derechos y libertades: el sufragio, para designar a sus representantes. La igualdad ante la ley para competir por los cargos. El referendum, para rechazar o aprobar las disposiciones del gobierno. El plebiscito, para aprobar o desaprobar normas como las leyes. La  iniciativa popular, para presentar proposiciones sobre temas de interés ciudadano. La revocatoria, para anular, mediante el voto, decisiones del gobierno y destituir funcionarios. Los jurados, para colaborar con el poder judicial. La separación de poderes, para evitar su concentración en una o varias personas. El multipartidismo, para poder optar entre diversas opciones y candidatos.

Para que esos instrumentos sean efectivos el pueblo tiene que gozar de las libertades de opinión, expresión, reunión y asociación. Las mismas sirven de fundamento a los derechos políticos, económicos, sociales, culturales, ambientales y de información. Esos  requerimientos, refrendados constitucionalmente, conforman la base del Estado de Derecho que permite al pueblo ser agente activo del poder.

Los antecedentes

Los gérmenes de la democracia en Cuba se esbozaron en la Constitución de Guáimaro;  tomaron cuerpo con las libertades de prensa, de asociación y de reunión contenidas en el primer artículo del  Pacto del Zanjón; y fueron ampliadas en la Constitución de 1901, la cual añadió instrumentos claves como el hábeas corpus y la separación de poderes.

Luchas obreras, antiraciales, estudiantiles, campesinas, femeninas y políticas, escenificadas por el asociacionismo, lograron conquistas como la jornada de ocho horas, la autonomía universitaria, el voto femenino,  el derrocamiento del gobierno de Gerardo Machado, la asamblea constituyente de 1939 y la Constitución de 1940. Esta última, en su artículo 37 legalizó la formación y existencia de organizaciones políticas contrarias al régimen de gobierno representativo; en el artículo 40 legitimó la resistencia para la protección de los derechos individuales (esgrimido por Fidel Castro durante el juicio del Moncada); el 87 reconoció la legitimidad de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social; y el 97 instituyó el “sufragio universal, igualitario y secreto” a partir del cual la mujer cubana pudo ejercer el derecho al voto.

Con esa base democrática el pueblo eligió para presidentes a Fulgencio Batista Zaldívar en 1940, a Ramón Grau San Martín en 1944 y a Carlos Prío Socarrás en 1948. Sin embargo, el aumento del costo de la vida, junto a la corrupción político-administrativa y el crecimiento del pandillerismo durante los gobiernos auténticos, crearon la  ingobernabilidad que condujo al Golpe militar que interrumpió el orden constitucional en marzo de 1952.

Entre las múltiples respuestas al Golpe, sobresalieron dos: la primera, encabezada por Fidel Castro, se hizo pública el 26 de julio de 1953 con el asalto al cuartel Moncada; la segunda, tomó cuerpo en enero de 1954 con el Movimiento de Resistencia Cívica encabezado por José Miró Cardona.

Para legitimarse, Batista convocó a “elecciones” en 1954 en las que fue ratificado como Presidente. En febrero de 1955, al tomar posesión, restableció la Constitución de 1940 y otorgó amnistía a los prisioneros políticos, entre ellos a los asaltantes del Moncada.

Durante la lucha contra la dictadura Frank País García, Jefe de Acción y Sabotaje del M-26-7, le propuso a Fidel Castro conformar un gobierno provisional con participación de figuras del Movimiento de Resistencia Cívica. Con ese fin se celebró una reunión en la Sierra Maestra en julio de 1957 con Raúl Chibás, presidente del Partido Ortodoxo y Felipe Pazos, ex-presidente del Banco Nacional de Cuba, en la que se suscribió el “Manifiesto al Pueblo de Cuba”. Tres meses después Felipe Pazos y los miembros del M-26-7 Léster Rodríguez y Jorge Sotús, en reunión con asociaciones cívicas del exilio suscribieron el “Pacto de Miami”, en el que señalaba “la forma en que se debía conducir la Revolución, y el programa político que se pondría en práctica después del triunfo”2.

La dirección del M-26-7, que no aceptó el Pacto, dio las siguientes respuestas: -En carta del 14 de diciembre de 1957 Fidel Castro comunicó a los firmantes que lo importante” no era la unidad en sí, sino la base sobre la cual se sustentaba esa unidad”. -El 3 de mayo de 1958, en Alto de Mompié,  Sierra Maestra, se acordó aplicar una política de mando único centralizada para la cual Fidel fue nombrado Secretario General del Ejecutivo del M-26-7 y Comandante en Jefe de todas las fuerzas revolucionarias. -El 20 de julio de 1958 convocó una reunión en Venezuela con representantes de varias organizaciones en el exilio, donde se creó el Frente Cívico Revolucionario “Pacto de Caracas”. -Y el 11 de agosto de 1958, en Miami, se designó a José Miró Cardona como coordinador del Frente Cívico Revolucionario y se aprobó la candidatura de Manuel Urrutia Lleó3 para presidente provisional de Cuba.

En enero de 1959, al triunfar las fuerzas rebeldes, el día 1 Manuel Urrutia asumió la presidencia. Al día siguiente, violando la Constitución de 1940 –que establecía que el Presidente de la República era el jefe supremo de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire– declinó esa jefatura a favor de Fidel Castro. El día  3 se conformó el gabinete gubernamental integrado por reformistas, conservadores y revolucionarios, y José Miró Cardona ocupó el cargo de Primer Ministro. La revolución, convertida en fuente de derecho, el 7 de febrero sustituyó la Constitución de 1940 por La Ley Fundamental del Estado Cubano, que confirió al Primer Ministro las facultades del Presidente, sin necesidad de ser electo y al recién creado Consejo de Ministros las funciones del Congreso, sin división de poderes.  El día 13  José Miro Cardona renunció y el 16 de Febrero Fidel Castro ocupó el cargo de Primer Ministro.

Los mandatos de gobernadores, alcaldes y concejales fueron extinguidos, los órganos judiciales disueltos, los magistrados y jueces separados de sus cargos y la división de poderes eliminada y los miembros del primer gabinete procedentes del movimiento cívico fueron sustituidos en sus cargos.

Las contradicciones entre Manuel Urrutia -enemigo del comunismo- y Fidel Castro se agudizaron en los primeros meses hasta que, el 17 de julio de 1959, Fidel renunció al cargo, lo cual forzó a la renuncia del Presidente y el regreso de Fidel como Primer Ministro.

Desaparecidos los partidos tradicionales el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, el Partido Socialista Popular y el M-26-7 conformaron en 1962 las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), cuya dirección, después de destituir a Aníbal Escalante fue asumida por Fidel Castro. En enero de 1963 las ORI se convirtieron en el Partido Unido de la Revolución Socialista, del cual surgió en 1965 el actual Partido Comunista de Cuba (PCC). A partir de ese momento los cargos de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Jefe de Gobierno y Secretario del único partido, quedó concentrado en una sola persona. La promesa de celebrar elecciones se convirtió en la consigna:  “¿Elecciones para qué?” y la democracia recibió el tiro de gracia.

El  22 de enero de 1959 la CTC fue sustituida por la CTC-Revolucionaria. La  diversidad de asociaciones juveniles, femeninas, campesinas y de empleadores, se redujeron a la Unión de Jóvenes Comunistas, la Federación de Mujeres Cubanas y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. El resto desapareció y se crearon otras subordinadas al PCC.

La Autonomía Universitaria, refrendada en el artículo 53 de la Constitución de 1940, dejo de existir. La prensa escrita, radial y televisiva, la enorme red de cines, la producción editorial y las instituciones culturales pasaron bajo el control del PCC. La sociedad cubana quedó huérfana de asociaciones autónomas y espacios cívicos, y acotada por el discurso de junio de 1961: Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada. De forma paralela la propiedad sobre los medios de producción se fue concentrando en manos del Estado hasta el golpe final con la Ofensiva Revolucionaria de 1968.

Como los conflictos entre Estados tienden a desmovilizar los conflictos al interior de los Estados, la confrontación con Estados Unidos facilitó  el desarme de la democracia, pero no fue su causa, pues el desmontaje comenzó antes de la ruptura de las relaciones diplomáticas.

La forma en que se produjo la desaparición  de la democracia en Cuba demuestra que a pesar de los avances obtenidos hasta 1952-1959, la formación cívica de los cubanos no llegó a alcanzar el grado de madurez necesario para impedir la pérdida de la democracia. Una enseñanza dura y dolorosa, que indica la importancia que revisten instrumentos, derechos y libertades que permiten al pueblo ser agente activo del poder.

La Habana, 8 de abril de 2016
1 http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1458904386_21198.html
2 Gobierno Revolucionario Cubano: génesis y primeros pasos. Luis M. Buch Rodríguez. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1999, p.6
3 Manuel Urrutia Lleó, Presidente de la Sala Tercera de lo Penal de la Audiencia de Santiago de Cuba que emitió un voto absolutorio en la causa sobre el asalto al cuartel Moncada.