Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1396391083_7931.html

Con el tiempo en contra, a los múltiples fracasos en los intentos por recuperar la economía nacional se han unido la inminente pérdida de las subvenciones de Venezuela y la escasa disposición del capital extranjero para invertir en la Isla. La conjunción de esos hechos ha obligado al gobierno cubano a introducir nuevos cambios y a sustituir –sin declararlo– el contraproducente slogan “sin prisa pero sin pausa” por el contrario: “con prisa y sin pausa”.

Como el marco legal para la inversión en Cuba es atípico para empresas que operan con economías de mercado, ante el nulo efecto que tuvo el Decreto Ley de septiembre de 2013, mediante el cual se aprobó la Zona Especial de desarrollo Mariel, con el objetivo de atraer la inversión foránea, la necesidad de hacer evidente la disposición al cambio ha conducido, con evidente prisa, a la sustitución de la Ley 77 de Inversiones Extranjeras de 1995 por otra más moderna, flexible y transparente; una decisión que estaba pendiente desde el año 2012 y que por tanto debió tomarse antes de iniciarse la obra del puerto de Mariel y no ahora.

A partir de mediados del presente mes de marzo se efectuaron cinco reuniones regionales en las que participaron diputados de todas las provincias, especialistas, funcionarios de los gobiernos municipales y provinciales, representantes de las consultorías jurídicas internacionales y asesores de empresas. En una carrera maratónica entre el sábado 15 y el miércoles 19 del citado mes, en cada una de esas reuniones el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, explicó la política aprobada por el Consejo de Ministros para la redacción del Anteproyecto; mientras la prensa oficial dedicó grandes espacios a los reportes, comentarios y entrevistas relacionadas con el tema.

La nueva legislación, orientada a la diversificación y ampliación de los mercados de exportación, la sustitución de importaciones, la modernización, la creación de infraestructuras y al cambio de patrones tecnológicos, reforzará las garantías a los inversionistas, permitirá el carácter prioritario de la inversión extranjera en casi todos los sectores de la economía, la creación de una carpeta de inversiones, la bonificaciones impositivas, excepciones totales en determinadas circunstancias y mayor flexibilidad en materia aduanal, sin que el país renuncie a su soberanía ni al socialismo, es decir, sin “concesiones ni retrocesos”.

A pesar de los aspectos positivos, todo indica que las autoridades cubanas, atadas a la mentalidad que predominó durante el último medio siglo, han determinado que el Anteproyecto en “discusión” emerja preñado de limitaciones y contradicciones.

Entre muchas de las limitaciones, uno de los problemas consiste en definir si se brinda o no participación a los cubanos residentes en el exterior; un derecho que nunca se debió prohibir y que por tanto no se trata de algo nuevo, sino de una justa reivindicación. Una segunda parte de este problema consiste en si ese derecho se hará extensible a los cubanos residentes en el país; pues si injusto e injustificado resulta la exclusión de los cubanos, como ha ocurrido hasta ahora, más absurdo y contradictorio resulta que se acepte a los que residen fuera de la Isla y se mantenga la exclusión a los de adentro. Muchos indicios conducen a pensar que ocurrirá lo segundo. Es decir, que la Ley conservará el excluyente apellido de “Extranjera”, con la inclusión de los cubanos residentes en el exterior. De ser así, su título pudiera ser Ley de Inversiones para todos, menos para los cubanos que no optaron por no irse del país.

De ser así, lo anterior convertiría a la nueva Ley en una inaceptable violación de la Constitución vigente, la que en su artículo 14 reza: la economía se basa en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción. Es decir, ese pueblo, supuesto propietario, queda excluido por razones de ubicación geográfica del derecho de participar en el proceso inversionista de su país, algo ajeno al derecho, a la cultura occidental de la cual somos parte y contrario a la dignidad humana. Además, se trata de una decisión sin previa consulta al supuesto dueño, al soberano, para conocer si está dispuesto a renunciar a ese derecho constitucional y limitarse a servir como mano de obra.

Según el enciclopedista francés Juan Jacobo Rousseau, la soberanía es el ejercicio de la voluntad general, un poder que se ejerce en nombre del pueblo, pero en Cuba, a ese soberano, previamente limitados a realizar por cuenta propia un listado de actividades, casi todas de servicio, como carpintero, forrador de botones, desmochador de cocos, carretilleros o vendedores de dulces, cuyo número ronda los 460 mil, se les impida participar como empresarios en pequeñas y medianas empresas.

Como se puede ver, la nueva ley, corrige algunos de los absurdos que han espantado a los inversionistas del suelo cubano, pero a la vez, presenta nuevas contradicciones que lastrarán sus posibles resultados. Si se aprueba en la forma reseñada, la misma será, una vez más, la negación del concepto martiano que falsamente enarbola el gobierno, pues para Martí el concepto de República, era estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios.

En la realidad, Cuba es el único país de la región donde sus habitantes carecen de un derecho tan elemental como el de participar, en calidad de sujeto en las actividades económicas de su país, a pesar de contar con sobradas iniciativas y formación profesional. Ojalá que, sin pausa, pero con suficiente prisa, se rectifique una arbitrariedad que conducirá a nuevos fracasos, cuando el tiempo para los cambios está agotado y el contexto nacional e internacional les son adversos.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1393316098_7318.html

En el alegato La historia me absolverá, en 1953, Fidel Castro abordó uno de los aspectos raigales pendientes de solución en el país: el tema de la propiedad agraria. En esa oportunidad anunció como prioridad de su programa la entrega de tierra en propiedad a todos los que ocupasen parcelas de cinco o menos caballerías1; un proyecto de corte nacionalista y democrático que tuvo un primer episodio en octubre de 1958, cuando en plena etapa insurreccional se dictó una Ley desde la Sierra Maestra. Una vez tomado el poder, en mayo de 1959 y octubre de 1963 se promulgaron dos leyes mediante las cuales se entregaron títulos de propiedad a unos cien mil campesinos, pero el Estado concentró en sus manos el 70% de las tierras cultivables del país.

El nuevo monopolio de la tierra y la eliminación de las instituciones de la sociedad civil relacionadas con la actividad agropecuaria generaron un decrecimiento progresivo de la eficiencia agrícola, mientras alrededor del 40% de las tierra productivas del país devinieron ociosas; una involución que estuvo solapada hasta que Cuba perdió los subsidios procedentes de la Unión Soviética. A partir de entonces el país ha tenido que erogar, de forma creciente millones y millones de dólares para adquirir en el mercado exterior alimentos producibles en Cuba.

Ante la manifiesta deficiencia de la producción agrícola, cinco meses después de ocupar la presidencia del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, el General Raúl Castro, consciente del deplorable estado de la economía agrícola, expresó enfáticamente: ¡Hay que virarse para la tierra! ¡Hay que hacerla producir! Y agregó, que muy pronto se dictarían las disposiciones legales para iniciar la entrega en usufructo de tierras ociosas a quienes estén en condiciones de ponerlas a producir de inmediato.

Una semana después de su discurso, la Gaceta Oficial de Cuba publicaba el Decreto Ley 259 con ese objetivo. La medida, que por su contenido no podía resolver un problema tan grave, podría haber sido válida si se le hubiera concebido como un primer paso de un largo camino a recorrer, para lo cual se requería de una fuerte voluntad política para encarar el histórico problema de la propiedad agraria en Cuba, agudizado durante el gobierno revolucionario por el fomento del latifundio estatal.

Por su contenido, el Decreto Ley 259 de julio de 2008, dictado desde la óptica totalitaria, evadió la raíz del problema. El mismo se limitó a entregar en usufructo pequeñas parcelas de 1 hasta 3 caballerías de tierra infectadas de marabú, y acompañadas de múltiples prohibiciones como la imposibilidad construir viviendas, almacenes y otras instalaciones y de contratar fuerza de trabajo. Lo absurdo fue que el Decreto-Ley, emitido para atacar una ineficiencia cuya primera causa radica en la incapacidad del Estado para hacer producir la tierra, se limitó a entregar parcelas en calidad de usufructo, es decir, de disfrute de un bien ajeno, mientras el Estado ineficiente se reservó el derecho a conservar la propiedad. Los resultados obtenidos en esas condiciones no se hicieron esperar.

Sin embargo, aunque dicho Decreto-Ley carecía de vitalidad para producir el vuelco que reclamaba el deprimente estado de la economía agrícola, su promulgación contenía de forma implícita, el reconocimiento de la necesidad de cambios. Su falta consistió en ignorar la tenencia de la propiedad en manos de los productores y mantener supeditada las decisiones económicas a la política. Por sus irrisorios resultados, en un zigzagueante proceso sin la voluntad política requerida, en diciembre de 2012 fue derogado y sustituido por el Decreto-Ley 300.

La nueva medida avanzó en algunos aspectos como la permisibilidad para la construcción de viviendas, almacenes y otras instalaciones; brindó determinadas facilidades para la contratación de fuerza de trabajo familiar, trabajadores eventuales y permanentes; y extendió la entrega hasta 5 caballerías, aunque limitada a aquellos que ya poseían en tierras y estuvieran vinculados a entidades con personalidad jurídica: Granja Estatal, Unidades Básicas de Producción Cooperativa y Cooperativa de Producción Agropecuaria.

El Decreto-Ley 300 arrastró la decisión de mantener el control monopólico del Estado sobre la propiedad y la supeditación de los productores. En su artículo 11 reza que los usufructuarios pueden integrarse como trabajadores a una Granja Estatal con personalidad jurídica, o como cooperativista a una Unidad Básica de Producción Cooperativa o a una Cooperativa de Producción Agropecuaria, para lo cual “el usufructuario le cede el derecho de usufructo sobre las tierras y las bienhechurías a la entidad a la cual se integra, la que evalúa la conveniencia o no de que aquel continúe trabajando esas tierras”. Además, el Decreto-Ley 300 conservó otras limitaciones como el acceso a insumos y servicios a los no vinculados a las entidades mencionadas, con una desventaja manifiesta para las personas naturales en cuanto al término de duración del contrato. Tales limitaciones pusieron nuevamente de manifiesto la ausencia de voluntad política y la insalvable contradicción entre hacer producir la tierra y evitar la formación de un empresariado nacional.

Ante el nuevo fracaso, pero atemperados al slogan de “sin prisa pero sin pausa”, en enero de 2014 se hizo público el Decreto-Ley 311, que modifica al 300, para hacer extensivo la entrega de hasta 5 caballerías al sector más productivo del campesinado,  a las personas naturales vinculadas a las Cooperativas de Créditos y Servicio, los cuales fueron excluidos en la anterior legislación. Sin embargo, la entrega depende de que en el municipio solo existan cooperativas de créditos y servicios; y b) las granjas estatales con personalidad jurídica, unidades básicas de producción cooperativa y cooperativas de producción agropecuarias existentes en el municipio estén ubicadas a una distancia superior a cinco (5) kilómetros del área solicitada.

La causa no explícita en la información publicada, consiste en que después de  entregadas 1 millón 500 mil hectáreas de tierras ociosas desde que se dicto el Decreto Ley 259 en el año 2008, además de no haberse reportado un aumento significativo en la producción, aún existe alrededor de 1 millón de hectáreas ociosas de los 6, 3 millones de hectáreas con que cuenta el país. El resultado nos recuerda aquella afirmación martiana: Cuba tiene un potencial enorme y puede ser rica, pero ello es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.

1 1 caballería equivales a 13,4 hectáreas
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(Publicado en idioma alemán en la revista suiza TRIGON No.64, con el título “Alles in zucker: Hintergrund zum spiefilms Melaza)

La premier del joven realizador Carlos Lechuga penetra el nocivo efecto del cierre de los ingenios azucareros2 en la conducta social. A través de los habitantes de Melaza –un pueblo imaginario que puede ser cualquier batey3 de los que surgieron alrededor de esas fábricas– la cinta devela la más reciente consecuencia de la monoproducción azucarera. Por la importancia del tema, a la fecunda crítica cinematográfica añado algunos datos de utilidad para los interesados en el filme y en los fenómenos sociales como fuente de la cinematografía.

Desde su introducción en Cuba la caña de azúcar fue sustituyendo a otros cultivos hasta  emerger como el mayor complejo azucarero del mundo; su expansión geográfica fundió los diversos núcleos sociales dispersos en una unidad insular; de ella emergió el latifundio moderno, que centralizó en unos 180 ingenios la quinta parte del territorio nacional y provocó la división entre el agro y la industria que originó la figura del colono4. Desde entonces, Cuba quedó definida por su producción y comercio, lo que significó, según Moreno Fraginals5, un gran sacrificio nacional en aras del azúcar.

Durante la República (1902-1952) no hubo suceso de envergadura ajeno al resultado de las zafras azucareras. Durante la Primera Guerra Mundial Cuba se benefició de los altos precios en el mercado internacional, los cuales generaron un flujo de riquezas conocido como las Vacas Gordas, una vez concluida la guerra, la recuperación de la industria azucarera mundial abarrotó los mercados y generó una brusca caída de los precios que desembocó en la crisis financiera de 1921; un período caracterizado por la miseria, el desempleo y los conflictos políticos y sociales. Luego, entre 1929 y 1933, con la crisis mundial originada en la bolsa de Nueva York,  el descenso de los precios del azúcar se reflejó en la violencia, la inestabilidad política y las huelgas que derrocaron a la dictadura de Gerardo Machado.

Durante la II Guerra Mundial, en la que Cuba devino aliada en la lucha contra Alemania y Japón, el precio del azúcar se disparó. Estados Unidos eliminó las restricciones a la importación y Cuba vendió sus cosechas a precios elevados, que estimularon el aumento de la producción de 2,7 millones de toneladas en 1940 a 4,2 millones en 1944. Al concluir la guerra, junto a la disminución de la demanda del dulce Estados Unidos rebajó la cuota que compraba a Cuba y el gobierno cubano congeló por dos años el precio del azúcar vendido a ese país por debajo del establecido en el mercado internacional. En respuesta el sindicato azucarero logró imponer una cláusula de garantía, según la cual el precio de azúcar exportada aumentaba en la misma proporción que el precio de los productos importados. Gracias a esa cláusula los trabajadores obtuvieron un salario extra del 13,42%, que se conoció como diferencial azucarero.

El daño causado por el latifundio y la monoproducción obligó a los gobiernos republicanos a iniciar un  proceso de diversificación que se reflejó en el desarrollo de la minería, la industria ligera, el turismo, en algunos servicios y en los derivados del azúcar, pero que resultó insuficiente. En 1950 se fundaron el Banco Nacional de Cuba y el Banco de Fomento Agrícola e Industrial para reorganizar el sistema financiero y contar con un mecanismo de crédito dedicado a la diversificación, lo que se potenció con las negociaciones en el seno del GATT6, que aumentó la tarifa arancelaria cubana sobre la importación de tejidos industriales y la firma de nuevos acuerdos para la venta de azúcar a Japón, Canadá y a varios países europeos.

La zafra de 1952 ascendió a 7,2 millones de toneladas, un volumen que no pudo venderse, por lo que el gobierno introdujo un programa de zafras restringidas y un paquete de medidas para estimular otras producciones agrícolas, industriales y obras públicas. En 1954 se fundó el Banco Cubano de Comercio Exterior, que ayudó a colocar los nuevos productos en el mercado internacional. En este mismo año la Unión Soviética, inmersa en la extensión de su influencia en medio de la Guerra Fría, compró a Cuba 400 mil toneladas de azúcar, todo lo cual compensó el declive de este producto.

A fines de 1955 la negativa de Fulgencio Batista a dialogar con la oposición para restablecer el orden constitucional interrumpido por el Golpe de Estado de 1952, coincidió con la decisión de los dueños de ingenios de no pagar el diferencial, por lo que una huelga de los azucareros detuvo la industria y amenazó con paralizar la nación, obligando a Batista aceptar la invitación de la oposición y disponer el pago parcial del diferencial.

La revolución de 1959 proclamó la solución definitiva de la monoproducción azucarera. Liquidó el latifundio con las leyes de reforma agraria de 1959 y 1963, pero en vez de diversificar la propiedad concentró el 70% de la tierra cultivable del país en manos del Estado: un volumen superior a la que poseían los latifundios confiscados. Entonces,  en el contexto de la Guerra Fría y de la hostilidad con las administraciones norteamericanas, Cuba pasó a depender del comercio y las subvenciones soviéticas, una decisión que enquistó el mal del monocultivo.

En 1970, después de un colosal esfuerzo que dislocó el país, se produjeron 8,5 millones de toneladas de azúcar; volumen que al desaparecer la Unión Soviética fue descendiendo hasta 3,5 millones de toneladas en el año 2001, lo que coincidió con la rebaja de los precios del azúcar en el mercado mundial. En ese momento, en vez de atacar las verdaderas causas, el Gobierno puso en práctica  la Reestructuración de la industria azucarera y la Tarea Álvaro Reynoso, dos proyectos dirigidos a mejorar la eficiencia agrícola e industrial.

Con ese fin se cerraron unos 100 ingenios para conservar sólo los “más eficientes”7 y se redistribuyeron las tierras liberadas a otros fines. El argumento del jefe de la revolución consistió en que, no era posible tener dos millones de hectáreas y 450 mil personas dedicadas a un empleo que genera pérdidas en divisas. Sin embargo, no se cuestionaron las causas de la ineficiencia ni el por qué otros países aumentaron la producción en ese período. El resultado de los proyectos mencionados fue un mayor descenso: la zafra del año 2005 fue sólo de 1,3 millones de toneladas, una cifra similar a la producida en 1907.

La estatización casi absoluta de la economía, su subordinación al voluntarismo y a una  ideología, la perdida de la función de los sindicatos, la desaparición de asociaciones como la de colonos y la de hacendados de Cuba; junto al desmontaje de la sociedad civil, la supresión de los derechos civiles y políticos y los salarios insuficientes, condujeron a los cubanos –impedidos de ser propietarios y/o de recibir en dependencia de sus aportes– a subsistir mediante “ilegalidades”.

El impacto negativo, resumido en el batey Melaza, convierte al filme de Carlos Lechuga en un concepto que trasciende a los ingenios desmantelados para designar la vida de la sociedad cubana en general. El tema, abordado mediante la pareja conformada por Aldo y Mónica (Yuliet Cruz y Armando Miguel Gómez), víctimas de la crisis habitacional, la insuficiencia del salario, el desempleo, la distribución racionada de la escasez y el deterioro educacional, se ven obligados a participar en el comercio negro en violación de la “legalidad socialista” y a asumir la moral del sobreviviente.

La cinta, aunque no ofrece soluciones porque no las puede ofrecer, sí promueve la reflexión acerca de un tema tan definitorio en la vida de la nación cubana que obliga al análisis político y nos trae a colación aquella repetida frase desde la época republicana que versaba: Sin azúcar no hay país.

1 Lema de los agricultores cubanos, en contraste con los empresarios que esgrimían que “sin industria no hay país”. Se atribuye a José Manuel Casanova, presidente de la Asociación de Hacendados de Cuba entre 1934 y 1949, quien escribió un folleto titulado “sin azúcar no hay país”.
2 Ingenio, término que designa la capacidad inventiva, se extiende a los mecanismos que realizan una función práctica de forma eficaz y sencilla, como las fábricas de azúcar. Es sinónimo de Central.
3 Batey, poblado rural alrededor de los ingenios que constituye la base económica, cultural, social y familiar de sus habitantes.
4 Cultivador de caña que impedido de competir con las fábricas modernas  entregaba su caña al ingenio  vecino a cambio de una parte del azúcar obtenido. Los colonos garantizaron hasta 1959 el abasto suficiente de caña.
5 Manuel Moreno Fraginals (1920-2001), historiador, ensayista, escritor, y profesor. Famoso por su obra  El Ingenio, un extenso y detallado estudio de la producción azucarera en Cuba y el Caribe.
6 GATT, siglas del General Agreementt on Tariffs, mecanismo, con reuniones periódicas de los estados miembros, para negociar la reducción de aranceles.
7 En la última zafra, concluida en 2012, se produjo 1,5 millones de toneladas, un volumen inferior al alcanzado en 1957 por sólo tres ingenios: Morón, Delicias y Manatí, los que aportaron 1,6 millones de toneladas, cifra que hoy constituye una aspiración casi inalcanzable.

Publicado en idioma alemán en el magazin nro. 60 de TRIGON con el título “Fliegen oder bleiben?;hintergründe zum film Una noche.

“¿La noche?, esa es la película que mejor refleja el por qué los jóvenes se van de Cuba”. Así, lacónicamente, respondió a mi pregunta una amiga amante del séptimo arte después de asistir a la exhibición de la cinta durante el 34 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano,  celebrado en la Habana entre el 4 y el 14 de diciembre de 2012.

Por la temática social que aborda, por la magnífica fotografía de Trevor Forrest y Shlomo Godder, por la calidad del sonido de Roland Vajs y Alla Zaleski y por el guión de su directora Lucy Mulloy, la coproducción británico-cubana-norteamericana La noche conforma una importante pieza cinematográfica que  por la veracidad de lo que narra, roza el cine documental; y por la aproximación a la autenticidad de la gente y de los acontecimientos sociales que enfoca, se acerca al naturalismo. Filmada en La Habana, con actores de la Isla, sobre un tema nacional, la cinta pudiera considerarse parte de la filmografía de la Isla.

Rodada entre los años 2007 y 2011, el filme de 89 minutos de duración cobró resonancia internacional con la noticia de que sus tres principales protagonistas, Javier Núñez, Anailín de la Rúa y Daniel Arrechada desertaron  de la delegación artística que se dirigía hacia el XI Festival de Cine de Tribeca, en Nueva York, en el mes de abril de 2012. Los dos primeros lo hicieron al pisar tierra norteamericana en Miami, el tercero, después de recibir el premio en Tribeca. El hecho, algo cotidiano para los cubanos, llamó la atención internacional sobre la cinta y le sirvió de confirmación al relato fílmico.

La noche obtuvo tres de los premios otorgados en el Festival de Cine de Tribeca. Javier Núñez Florián, conjuntamente con Dariel Arrechada –ninguno con experiencia actoral antes de que Lucy Mulloy los seleccionara en un casting– fueron galardonados con la categoría de Mejor Actor, además se agenció los galardones de Mejor Dirección y Mejor Fotografía, reconocimientos que la convirtieron en la máxima triunfadora del festival neoyorquino. Luego, en la 43 edición del Festival Internacional de Cine de la India, la opera prima de Mulloy recibió el premio especial del jurado, el Pavo Real de Plata, dotado de unos 27.500 dólares. En el I Festival Internacional de Cine de Brasilia se alzó con el premio de Mejor Guión. Su próxima participación en el Deauville Film Festival, Francia; en el Vancouver International Film Festival, Canadá; en The Trinidad and Tobago Film Festival; y en el Festival do Río, le auguran nuevos galardones.

En Cuba el filme fue presentado en el mes de septiembre durante una feria de salud sexual, organizada por el Centro Nacional de Educación Sexual, en el cine La Rampa y más reciente en el 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, incluida en la sección “Hecho en Cuba”, en la cual participan producciones audiovisuales realizadas en la Isla sin derecho a competir por los premios Coral. En ambas oportunidades se exhibió una sola vez, por lo que apenas unos cuantos cubanos han tenido la oportunidad de conocer la multipremiada cinta que aborda un aspecto tan significativo de sus vidas.

El largometraje enfoca el fenómeno social de la emigración ilegal, especialmente la integrada por jóvenes hacia Estados Unidos, que constituye una de las peores tragedias de Cuba por el elevado número de víctimas fatales, por las numerosas rupturas familiares que ha provocado, por la descapitalización de profesionales la población cubana (aspectos sobre los que volveré más adelante).

La causa principal del fenómeno migratorio cubano radica en la falta de derechos ciudadanos como el de entrar y salir libremente de su país, lo que ha convertido a la huida en vía recurrida para la realización de aspiraciones humanas, que aunque sean elementales, son imposibles de alcanzar dentro de las fronteras. Se trata de un flujo permanente y generalizado que La Noche presenta de forma particular mediante la historia de tres jóvenes que escapan en una frágil embarcación, construida con neumáticos de automóviles.

A pesar de que su directora pasó varios años en La Habana recopilando la información para su largometraje, resulta sorprendente que sin ser cubana, lograra penetrar con tanta profundidad en las conductas de una parte de la sociedad y exponer en imágenes y sonidos el comportamiento de un sector de la Cuba actual, sus penurias y frustraciones.

Lila, una de las protagonistas del filme, narra como la gente se va de Cuba por cualquier vía, pero nunca imaginó que Elio, su hermano gemelo, la pudiera abandonar. La trama se inicia cuando Elio comenzó a trabajar en la cocina del Hotel Nacional y allí conoció a Raúl. A partir de ese momento la preocupación de Lila porque su hermano pudiera abandonarla le producía horribles pesadillas que le impedían conciliar el sueño. Seguidamente el filme se dirige a los escenarios sociales hurgando en las posibles causas de la huida.

En otra escena Lila comenta en La Habana puedes conseguir lo que quieras. Las tiendas están vacías, pero si conoces a la persona indicada todo está a la venta; una afirmación acerca de la vida cotidiana de la capital, que se demuestra durante las peripecias de Raúl y Elio en busca de las cosas necesarias para atravesar el peligroso  Estrecho de La Florida: neumáticos, brújula, madera, un motor, alimentos y glucosa. En cada gestión se destaca el maltrato en los establecimientos estatales, el ambiente y lenguaje marginal, el comercio clandestino, las relaciones sexuales sin amor, la violencia familiar, el deterioro moral en el seno de la familia, la destrucción y falta de higiene en La Habana,  los robos, así como la  represión y abusos policiales. Un clima asfixiante que se ilustra y acentúa con las composiciones musicales del rap y el reguetón.

De igual forma la cámara, que ve más allá del ojo humano y el micrófono, que registra sonidos imposibles para el hombre, incursionan en los hogares de los protagonistas. En la casa de los gemelos, las relaciones machistas, las desavenencias entre los padres y la miseria material en que viven; en el apartamento de Raúl, la suciedad, la destrucción física y moral, donde su madre de avanzada edad, enferma de SIDA, tiene que prostituirse y la ausencia del padre, que se fue de Cuba y no mantiene comunicación con ellos.

A lo anterior se unen las escenas de irresponsabilidad de grupos de jóvenes y adolescentes que se bañan en las aguas contaminadas del malecón habanero o que arriesgan sus vidas con sus peripecias ciclistas en medio del tráfico automovilístico; el anciano cantando enajenado en la calle, cuya hija se casó con un italiano y nunca más la volvió a ver; la santera, que completa el cuadro con falsas predicciones a cambio de dinero.

El clímax, que concluye y resume lo ocurrido durante los acontecimientos narrados, expresa la clave de la historia. En la balsa afloran los conflictos dramáticos, la superficialidad y la falta de previsión. Elio, enamorado de Raúl y éste último enamorado de su hermana; discusiones acerca de la prostitución y  de la superficialidad de Elio y Raúl sobre su futuro en Miami; la caída de Lila al agua; el ataque de los tiburones y el hundimiento de la embarcación que provoca la muerte de Elio, mientras Lila y Raúl desesperados naufragan aferrados a un pedazo de poliespuma, hasta ser rescatados por una moto acuática en una playa de la Florida. El filme cierra con la detención de Raúl en La Habana, donde se cruzan y confunden sueño y realidad.

El tratamiento de los fenómenos sociales en la pantalla no es una novedad. Data del descubrimiento de uno de los pioneros del séptimo arte, el director de teatro y actor France, realizador de Viaje a la luna, George Méliès (1861-1938), acerca del cine como forma de ver, interpretar y formar la realidad; y del director cinematográfico norteamericano, David Wark Griffith (1875-1948), director de El nacimiento de una nación y de Intolerancia, considerada esta última como la culminación artística del cine mudo, quien se dirigió a la historia como fuente de experiencias cinematográficas. En ese sentido La noche, al adentrarse en el análisis social de la inmigración cubana, está llamada a ocupar un lugar en la historia de la crítica social en nuestro país encaminada a esa forma de observar la realidad al margen de la  apologética oficial.

Esa corriente, que estuvo presente en Cuba desde la época del cine silente, repuntó después de la Revolución con el documental PM –un corto sobre las maneras de divertirse de un grupo de habaneros, realizado en 1961 por Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante–, que introdujo una mirada moderna a la realidad revolucionaria y devino, por ello, en el filme más problemático de la historia audiovisual cubana, cuando el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica tenía como prioridad la propaganda sobre la lucha de clases y contra las amenazas del imperialismo. PM fue censurado y su exhibición prohibida, medida que generó una polémica entre los artistas e intelectuales que condujo al discurso del Jefe de la Revolución el 30 de junio de 1961, conocido como Palabras a los intelectuales, en el que introdujo el concepto excluyente: Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada, momento a partir del cual la cultura, que antecede y trasciende a la política, quedó prisionera de ella hasta el día de hoy.

En 1971, en el largometraje de ficción, Una pelea cubana contra los demonios, su director, Tomás Gutiérrez Alea, planteó: en cualquier época o lugar resulta quimérico desarrollar la existencia humana de manera auténtica, si se le impone límites a su devenir, si se le fija al comportamiento social parámetros de grupo, si a partir de una interpretación moral de la sociedad (lleve esa moral el apellido burgués o socialista, religioso o liberal)  se le impide al individuo discutir con entera libertad sus propias visiones del mundo… El intelectual –decía– es el especialista que está más dotado para poner en claro las incoherencias semánticas que pueden tener lugar dentro de la Revolución. En los años 90 del pasado siglo, entre los más de 60 filmes de ficción producidos emergieron importantes piezas de crítica social.

A partir del siglo XXI, entre los múltiples directores de cine que han incursionado en los fenómenos sociales quiero destacar al laureado creador Fernando Pérez, quien ha puesto en evidencia las potencialidades de la crítica cinematográfica para promover la reflexión entre cubanos. En La Vida es Silbar (1998), Fernando abordó la búsqueda de la felicidad mediante la liberación interior, la verdad y la comunicación social y en Suite Habana (2003), se propuso convertir nuestra contradictoria realidad –esa misma que se muestra en La noche– en fuente inagotable de inspiración desde el amor y desde la libertad interior: un amor al prójimo y a una ciudad, que a pesar de su estado de abandono y destrucción nos la muestra cargada de belleza y posibilidades. En ese enfoque se diferencia radicalmente Una noche de Suite Habana. La primera se concentra en demostrar la crudeza de la destrucción física y moral, la segunda parte de esa misma destrucción para mostrar la belleza oculta y las potencialidades para superarla. Entre ambas se brinda una aproximación más integral a la realidad habanera y cubana en general.

En ese mismo sentido, el cineasta Alfredo Guevara, Presidente del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en la 33 edición de ese evento celebrado en el año 2011, dijo: La revolución cubana que en 1959 pudo…; esa, aquella, esta Revolución se impone ahora desestatizar la Sociedad Cubana, liberada del espíritu burocrático-estatal que todo lo corrompe. La edición del 2011 presentó un conjunto de cintas cuyo eje común fue la crítica social: Casa vieja de Lester Hamlet,  una película que habla de quiénes somos y de cómo entiendo la vida de los cubanos desde el comprometimiento afectivo. Larga distancia, de Esteban Insausti, donde se muestra las frustraciones provocadas por la emigración en nuestra sociedad. Boleto al paraíso, de Eduardo Chijona, que inspirada en hechos reales, aborda la degradación de la juventud al punto de auto contagiarse con el virus del Sida para poder vivir mejor en un sanatorio. Afinidades, de Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, donde la corrupción conduce al vacío, a refugiarse en los instintos, al sexo a modo de descarga eléctrica, a la manipulación del prójimo como vía para reafirmar la personalidad lacerada. Martí, el ojo del canario, de Fernando Pérez, una muestra magistral del cine como indagación histórica.

Como Lucy Mulloy esboza algunas de las causas de la emigración, su filme brinda la oportunidad, que utilizo, para exponer a forma de complemento algunas consideraciones acerca del problema migratorio en Cuba,  que pudiera ser de utilidad a aquellos, que una vez visto la película, se sientan motivados para conocer un poco más de la Cuba contemporánea.

La ineficiencia económica, la pérdida de los derechos cívicos y políticos, la  insuficiencia de los salarios respecto al costo de la vida, entre otros factores, han tenido efectos altamente negativos: la corrupción, un fenómeno presente en la esfera político administrativa en la república prerrevolucionaria, se generalizó a todos los sectores sociales; mientras la inmigración que caracterizó al país desde tiempos remotos se convirtió después de 1959 en diáspora, es decir, en dispersión por el mundo, como lo reflejan los datos estadísticos.

El 9 de enero de 1959, el gobierno dictó la Ley No. 2 para restringir el derecho de salida libre del país a los que decidían marcharse. Esa disposición fue enmendada por la Ley No. 18, la cual estipulaba que todo cubano poseedor de pasaporte válido expedido por el Ministerio de Estado, que se proponga viajar al exterior, deberá obtener “una autorización al efecto, que le será concedida por el señor Jefe de la Policía Nacional”. En 1961 el Ministerio del Interior implantó el famoso “permiso de salida” y reguló los tiempos de estancia que los cubanos podían permanecer en el extranjero. En 1976 se dictó la Ley 1312, mediante la cual se confirmó el permiso de salida.

A pesar de esas medidas, los cubanos en Estados Unidos que en 1959 eran unos 124 000, aumentaron de forma sostenida desde esa fecha. Primero con personas vinculadas al régimen derrocado o que perdieron sus propiedades, con los miles de niños  que salieron con la Operación Peter Pan (1960-1962), luego con la primera salida masiva por el puerto de Camarioca y el puente aéreo desde Varadero, por donde salieron de la Isla 260 000 cubanos entre 1965 y 1973.

En abril de 1980, después que un ómnibus penetrara violentamente en la sede de la embajada del Perú, en La Habana, y sus ocupantes solicitaran refugio, miles de cubanos irrumpieron con el mismo fin en esa sede diplomática. El resultado fue que otros 125 000 cubanos abandonaron la Isla.

Entre mayo y agosto de 1994, grupos de cubanos invadieron las residencias del embajador de Bélgica, de Alemania y el consulado chileno, a la vez que se produjeron varios secuestros de lanchas. El 5 de agosto del propio año, Fidel acusó a Estados Unidos de fomentar la inmigración ilegal, y dijo: o se toman medidas o no obstaculizaremos a aquellos que vienen a buscar a sus familiares. Como resultado, durante el verano de 1994 aproximadamente 33 000 cubanos escaparon de la Isla, de los cuales cerca de 31,000 quedaron provisionalmente detenidos en la Base Naval de Guantánamo.

Durante esas tres oleadas masivas –Camarioca, Mariel y Guantánamo– ocurrió un número indeterminado de tragedias. Cálculos conservadores sugieren que al menos un 25% de los balseros no sobrevivieron al viaje realizado en los más disímiles objetos flotantes.

Sin embargo, como la causa principal de la emigración está en el deterioro económico y la falta de libertades, ninguna de esas leyes logró impedir las salidas individuales, en grupos o de forma masiva. La diáspora cubana constituye un proceso sostenido en el tiempo por cuantas vías ha concebido la imaginación y desesperación de los cubanos, lo que se reflejó en el Censo de Estados Unidos del año 2010, el que arrojó un total de 1,800 000 cubanos, que sumados a otros disperso por el globo terráqueo, sobrepasan los 2 000 000, es decir, que el 18 % de los cubanos están dispersos por el mundo.

Familiares separados durante años o de por vida; matrimonios que han envejecido con el dolor de no poder volver a sus hijos; hijos radicados en otros países que nunca más pudieron ver sus padres. Sufrimientos que han causado un daño antropológico en muchos hogares cubanos, donde la familia dejó de ser escuela de amor, educación y seguridad para devenir lugar de desavenencias ideológicas, rencores y trastornos mentales, precisamente lo que se destaca en La noche de Lucy Mulloy.

La diáspora, efecto de la falta de libertades y de la ineficiencia económica, ha devenido causa de otros males. El ritmo de crecimiento demográfico se afectó entre los años 2001-2010 por un saldo migratorio negativo de 342 199 personas, a un ritmo promedio de 34 000 por año; un proceso que está convirtiendo a Cuba en el único país de América con una población decreciente. De igual forma ha incidido en la descapitalización de profesionales, pues Cuba, que había logrado alcanzar una altísima proporción de graduados en la educación superior, se ha convertido en uno de los países que más profesionales y técnicos pierde debido a la emigración. En los últimos 30 años han emigrado varias decenas de miles de médicos, ingenieros, licenciados en distintas especialidades, así como técnicos medios y obreros calificados, lo que significa un daño actual y un peligro potencial para el futuro del país. El hecho es que las salidas ilegales existen antes y después de la Ley de Ajuste,  y antes y después de los acuerdos migratorios señalados, lo que demuestra su relación directa con la crisis interna cubana.

La producción de La noche, una cinta demostrativa del papel del cine en la forma de ver, interpretar y formar la realidad;  coincide precisamente con el momento en que el gobierno cubano decidió modificar la ley de migración vigente, aunque el cambio no devuelve a los cubanos todos los derechos que le fueron conculcados con las legislaciones descritas. El permiso de salida desaparece, pero determinadas categorías de cubanos, bien por las responsabilidades que ocupan, o bien por los estudios realizados, siguen sometidos a las mismas limitaciones anteriores, lo que será fuente de nuevas huidas de abandono de los estudios por parte de los jóvenes para no quedar atados a la nueva Ley. En este sentido La nochedeviene en precursora de nuevos cambios migratorios hasta que el  cubanos como cualquier otro ciudadano del mundo, recupereintegralmente el derecho a salir y entrar libremente de su país.

Tomado de:http://www.diariodecuba.com/cuba/1392709164_7194.html

El jueves 20 de febrero seremos testigos de un acontecimiento, que por repetitivo no deja de ser insólito. Ese día se iniciará en La Habana un congreso obrero sin sindicatos.

Surgidos para defender los intereses de los obreros frente a los patronos, con métodos que van desde las huelgas hasta las negociaciones colectivas, los sindicatos constituyen una expresión de la modernidad. Sus primeras manifestaciones en Cuba tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX en los conflictos en la industria tabacalera, la fundación de los primeros periódicos obreros y la creación de las primeras asociaciones.

Aunque ya en 1887 se celebró un congreso obrero, fue a partir de la Ley General de Asociaciones de 1888 que se generalizó. En 1892 tuvo lugar el primer congreso con delegaciones de casi todas las provincias y en 1899 se fundó la Liga General de Trabajadores Cubanos (LGTC), la cual desempeñó un destacado papel en la lucha por la disminución de la jornada laboral y el aumento salarial.

En la República, con los derechos-libertades refrendados en la Constitución de 1901 los paros laborales se extendieron por toda la Isla. Desde la Huelga de los Aprendices en 1902, iniciada contra la exclusión de los aprendices cubanos en las tabaquerías, pasando por la Huelga de la Moneda en 1907, para reclamar el pago en moneda norteamericana, hasta la de los centrales azucareros de la zona de Niquero en 1912. Resultado de esas luchas, en 1903 se declararon los días feriados; en 1909 la jornada de ocho horas para los mecánicos, operarios y jornaleros empleados del Estado; y en 1910 se promulgó la Ley Arteaga que prohibió el pago de salarios en los vales o fichas que obligaban a comprar en determinados establecimientos.

En las siguientes décadas, con el fortalecimiento y la generalización del sindicalismo cubano aumentaron las huelgas y surgieron nuevas formas de lucha. Por ejemplo en 1924, para canalizar los conflictos obrero-patronales por los embarques de azúcar, se dictó la Ley que creó las Comisiones de Inteligencia Obrera en todos los puertos del país –con poderes legislativos y ejecutivos– integradas por patronos y obreros y presididas por el Juez de primera instancia del lugar, cuyas decisiones eran de inmediato cumplimiento.

Cinco ejemplos ilustran la fortaleza adquirida por el sindicalismo: La creación en 1925 de la Confederación Obrera de Cuba (CNOC), primera institución de ese tipo con carácter nacional; El decisivo papel desempeñado en el derrocamiento del gobierno de Gerardo Machado en 1933; La huelga de los empleados de la Secretaría de Comunicaciones en 1934, que fue respaldada por otros sectores y terminó con el triunfo; La creación de la Secretaría del Trabajo en 1934; Y la huelga de marzo de 1935, que comenzó por una protesta de maestros y estudiantes y terminó con características de levantamiento popular.

Esos y otros muchos episodios se concretaron en las legislaciones obreras que comenzaron con el Decreto 276 de enero de 1934 y culminaron con el Decreto 798 de abril de 1938, el Código de Trabajo cubano más avanzado hasta hoy. Esos logros se complementaron con la fundación de la Confederación de Trabajadores de Cuba en enero de 1939 y la promulgación de la Constitución de 1940, la cual refrendó en 27 artículos los derechos individuales y colectivos del trabajo obtenidos en las luchas, desde el salario mínimo hasta el derecho de huelga, pasando por el descanso retribuido de 1 mes por 11 de trabajo, la jornada máxima de 8 horas y las semanas de 44 horas de trabajo con pago de 48.

En 1945, con medio millón de afiliados, la CTC era la segunda central sindical más grande de la región y muchas de sus demandas se convertían en leyes, adquirieron locales propios como el edificio de Carlos III construido por el Retiro de Plantas Eléctricas y arrendado a la Compañía de Electricidad, El Habana-Hilton construido por el Retiro Gastronómico, el sindicato de Artes Gráficas que emprendió la edificación de un reparto para trabajadores y se inició la construcción del Palacio de los Trabajadores con aportes de los afiliados.

El Golpe de Estado de 1952 propinó un fuerte golpe al sindicalismo. Su Secretario General, Eusebio Mujal, ordenó una huelga contra el Golpe, pero después de una entrevista con el Ministro de Trabajo retiró la orden a cambio de conservar los derechos adquiridos por los trabajadores, respetar en sus cargos a los dirigentes sindicales y mantener el status quo de la CTC. El miedo a la fuerza de los sindicatos hizo que Fulgencio Batista dictara algunas medidas de beneficio para los trabajadores, como fueron la prohibición de la mecanización del torcido del tabaco y el aumento del salario mínimo en 1958, para disuadir a los trabajadores de participar en la huelga convocada por el Movimiento 26 de Julio, medida con la cual el salario de los trabajadores urbanos de la capital se elevó a 85 pesos, en otras ciudades 80 y fuera del perímetro de la ciudad 75, cuando un peso equivalía a 1 dólar.

Aunque en diciembre de 1958, bajo la dirección del Movimiento 26 de Julio se celebró la Conferencia Nacional de Trabajadores Azucareros, mediante un Decreto emitido por el recién instalado gobierno revolucionario, el 22 de enero de 1959 la CTC fue disuelta y sustituida por la CTC-Revolucionaria, que constituyó el primer paso en el proceso de desnaturalización del sindicalismo.

En el X Congreso de la CTC-R (noviembre de 1959) el candidato para Secretario General, David Salvador, expresó que los trabajadores no habían ido al evento a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución, y en franca violación del  convenio 87 de la OIT1 se procedió a la elección de la directiva en presencia del jefe del Gobierno, mientras el Ministro del Trabajo fue investido de las facultades para despedir dirigentes sindicales e intervenir sindicatos y federaciones. En el XI Congreso (noviembre de 1961) por vez primera se postuló un solo candidato para cada puesto y se renunció oficialmente a casi todos los logros alcanzados. Para el XII Congreso (agosto de 1966), la propuesta de su celebración fue sometida al Buró Político del Partido Comunista. En este congreso Lázaro Peña fue sustituido, pero por la decadencia del sindicalismo fue devuelto al cargo en el XIII Congreso (1973) y bautizado como Capitán de la clase obrera, como si la CTC fuera una unidad militar. Finalmente la pérdida de autonomía asumió carácter legal en la Constitución de 1976, en la que  se declara que todo el poder pertenece al pueblo trabajador, pero ignorando los logros reconocidos en la Carta Magna de 1940.

Tres hechos son suficientes para demostrar la ausencia de sindicatos en Cuba. 1- En  septiembre de 2010 la CTC apoyó los despidos laborales con un documento que decía: Nuestro Estado no puede ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía, sin mencionar nada respecto a los verdaderos problemas de los trabajadores; 2- Durante los preparativos del XX Congreso, el miembro del Buró Político y vicepresidente del Consejo de Estado, Salvador Valdés Mesa, ha reiterado: que entre los principales retos del evento estará definir la real participación de los trabajadores en la gestión económica; que la plataforma económica, política y social de la Revolución quedó definida en los Lineamientos aprobados en el último Congreso del Partido; y que al movimiento sindical le corresponde movilizar a los trabajadores para materializar esos acuerdos; finalmente, en el Pleno 93 del Consejo Nacional de la CTC de mayo de 2013, presidido por el Segundo Secretario del PCC, se designó a Ulises Guilarte, primer secretario del PCC en la provincia Artemisa, para presidir la Comisión Organizadora y en consecuencia ser el próximo Secretario General de la CTC.

La autonomía al sindicalismo es lo que el oxígeno a los seres vivos. Para que un evento obrero en Cuba se pueda denominar como congreso obrero, hay que comenzar por restituir los derechos y libertades para su existir, funcionar y representar a los trabajadores y no los proyectos de ningún gobierno o partido político.

La Habana, 14 de febrero de 2014
1 La OIT, Organización Internacional del Trabajo, agencia especializada de la ONU, cuyos principales objetivos son mejorar las condiciones de trabajo, promover empleos productivos y el necesario desarrollo social, y mejorar el nivel de vida de los trabajadores. La OIT fue fundada en 1920 como una sección autónoma de la Sociedad de Naciones y en 1946 se convirtió en el primer organismo especializado de la ONU. Su sede radica en Ginebra.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1392370455_7143.html

En una declaración publicada el martes 11 de febrero, Rogelio Sierra Díaz, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, informó que el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE) autorizó a la Comisión Europea y a la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, a iniciar negociaciones sobre la disposición de un Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación con la República de Cuba y agregó que “Cuba considerará la invitación formulada por la parte europea, de manera respetuosa, constructiva y apegada a su soberanía e intereses nacionales”.

Se trata del posible inicio de negociaciones para un diálogo político bilateral y un Acuerdo de Cooperación en dependencia de que las autoridades cubanas acepten la invitación. Al respecto, Catherine Ashton expresó: “Espero que Cuba apruebe esta propuesta y podamos pronto trabajar en pos de una relación más firme”, pero dijo que “la decisión no constituye un “cambio político respecto al pasado”; lo que puede interpretarse como un cambio de forma, no de contenido. Por su parte el embajador de la UE en Cuba dijo que “la política es la misma pero hay una “nueva dinámica” y calificó la decisión como un “gran paso adelante”, pues el posible acuerdo “formalizaría la cooperación a todos los niveles sobre una base jurídica y política más firme”.

Las transiciones hacia la democracia dependen tanto de los factores internos como de los externos. En dependencia de la mayor o menor fuerza de los primeros, los segundos asumen un mayor o menor protagonismo, que es precisamente el caso de Cuba como se puede apreciar si miramos por el retrovisor.

La revolución que tomó el poder en 1959, convertida en fuente de derecho, se enrumbó hacia el totalitarismo. La Constitución de 1940 fue sustituida de facto por La Ley Fundamental del Estado Cubano, con la cual el Primer Ministro designado asumió las facultades de Jefe de Gobierno y el recién creado Consejo de Ministros se adjudicó las funciones del Congreso. A partir de entonces se procedió a: concentrar el poder en manos del líder, a la propiedad en manos del Estado, a desmontar la sociedad civil y a restringir las libertades ciudadanas y los derechos humanos, por lo que los cubanos desarmados de instrumentos y espacios cívicos perdieron la condición de ciudadanos.

En ese contexto los países de la entonces Comunidad Europea, que mantenían relaciones bilaterales con Cuba, establecieron en 1996 la Posición Común con el objetivo de “alentar un proceso de transición a una democracia pluralista y al respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, así como una recuperación sostenible y la mejora de las condiciones de vida del pueblo cubano”. Esa decisión, que de hecho constituyó un apoyo moral a la oposición dentro de la Isla, agudizó las contradicciones entre la UE y el gobierno cubano. Posteriormente, en el año 2002, cuando se instaló la delegación de la Comisión Europea en La Habana y se recibió con beneplácito la solicitud de Cuba para incorporarse al Acuerdo de Cotonú1, se abrió una nueva etapa en las relaciones bilaterales. Sin embargo, en el año 2003 el encarcelamiento de 75 opositores pacíficos y el fusilamiento de tres jóvenes que intentaron capturar una lancha para escapar del país, llevó al Consejo de la UE2 a reafirmar la vigencia y validez de la Posición Común.

En el año 2008, cuando los huracanes que azotaron el país profundizaron la crisis interna, el Gobierno firmó el restablecimiento de las relaciones con la UE y se acordó reiniciar el diálogo político. El Comisario Europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba firmaron una declaración dando a conocer la decisión, mientras el gobierno de España se empleaba a fondo para que la Posición Común fuera derogada. Sin embargo, en el 2010, precisamente cuando España ocupaba la presidencia de la UE, dos sucesos echaron por tierra ese propósito: Cuba prohibió la entrada al eurodiputado español Luis Yáñez y al mes siguiente murió en una prolongada huelga de hambre el prisionero político Orlando Zapata Tamayo.

Si ahora el gobierno cubano aceptara la invitación de la UE, tendría que aceptar el diálogo sobre el tema de los derechos humanos y proceder al restablecimiento de lo que nunca debió ser barrido. Lo interesante es que no estamos en las mismas condiciones de aquel año, cuando el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, al referirse a la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, declaró: “Si la UE se apartara de la votación estéril que genera enfrentamiento, Cuba estaría dispuesta a sentarse con la UE a acordar un programa”. Y Que Cuba “se sentiría en la deuda moral de acompañar la decisión europea. Firmaría el pacto de derechos económicos, sociales y culturales al día siguiente, diciendo que hemos empezado una nueva etapa en nuestras relaciones”.

De producirse la negociación, a juzgar por las palabras de Catherine Ashton, los países de la UE tendrían que poner sobre la mesa la siguiente exigencia:

Acoplar las leyes cubanas con la Carta de las Naciones Unidas y con todos los instrumentos de derecho internacional, como la Carta Universal de Derechos Humanos, que en su artículo 30 reza: “Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”. Un enunciado que para Cuba tiene un significado especial, pues fue una de las naciones promotoras y firmantes de tan importante documento. Y también ratificar los pactos de derechos humanos, firmados desde el año 2008, que constituyen la base de la dignidad de la persona y garantía de que los cambios proyectados tengan un efecto positivo para la sociedad cubana.

Sobre esa primera exigencia, el Gobierno de Cuba tendría que suspender las represiones y el encarcelamiento por motivos políticos; los países de la UE podrían fomentar los intercambios con la sociedad civil para que los cubanos emerjan gradualmente de la marginalidad política y recuperen la condición de ciudadanos, todo lo cual coadyuvaría al fomento de la soberanía popular para que los cubanos puedan ser protagonistas de su historia y su destino.

A lo anterior se uniría el reclamo para que el Código de Trabajo –que será promulgado próximamente– recoja el derecho a la libre sindicalización y a la contratación libre de la mano de obra, dos aspectos contenidos en la Legislación Laboral de 1938 y en la Constitución de 1940; así como para que la nueva Ley de Inversiones incluya a los nacionales, pues los proyectos para los que se está invitando a los inversionistas extranjeros serán de utilidad sólo en la medida en que los cubanos se conviertan en sujetos de los cambios con derechos reconocidos. El caso particular del proyecto Zona Especial de Desarrollo Mariel podría ser de enorme utilidad para economía cubana a condición de la democratización del país. Lo demás sería, de facto, fortalecer el actual modelo y condenar a los cubanos a permanecer en la marginalidad cívica, política y económica.

 

1 Relaciones de cooperación entre la UE y los países de África, Caribe y Pacífico, de carácter vinculante. El inciso 2 del artículo 9 reza: Las partes se comprometen a promover y proteger todas las libertades fundamentales y todos los derechos humanos, ya se trate de derechos civiles y políticos o económicos.
2 Nombre que recibe la cumbre de jefes de Estado o de gobierno de los países miembros de la Comunidad Europea, la cual se reúne regularmente por lo menos cada seis meses.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/deportes/1391848087_7053.html

La pelota cubana: declive lento pero sin pausa

Como si lo ocurrido en los tres primeros días de competencia en Isla Margarita fuera una excepción y no una manifestación del estancamiento sufrido en todas las esferas de la sociedad cubana, un comentarista deportivo dijo en la televisiva Revista de la Mañana, que “El equipo de Villa Clara no cumplió con las expectativas”.

En la pelota, que es el caso que ahora nos ocupa, lo ocurrido no podía ser sorpresa. La superioridad declarada de la pelota “libre” sobre la pelota “esclava” no se confirmó en la práctica. El reto lanzado contra el profesionalismo desde 1960 no resistió la prueba del tiempo. Sin embargo, la aceptación del hecho por las autoridades cubanas –aunque sin reconocimiento público y demasiado tarde –no deja de ser una buena noticia, pues esa decisión obliga a desterrar el slogan ideológico y retomar la senda que nunca se debió abandonar.

Fue en 1948, en la reunión de la Confederación de Béisbol del Caribe celebrada en Miami, donde los representantes de las Ligas profesionales de Cuba, Puerto Rico, Panamá y Venezuela conformaron la Serie del Caribe. Desde la primera, que se inauguró en febrero de 1949, el equipo Almendares se alzó con la victoria en La Habana en calidad de invicto y cerró su participación en 1960 con el triunfo de Cienfuegos en Panamá, para sumar siete victorias en doce campeonatos: una irrebatible prueba de la calidad de la pelota “esclava” en aquellos años.

Después de 1959 el deporte, separado de la sociedad civil, fue monopolizado por el Estado y subordinado a la política y la ideología. A un costo impagable para un país del Tercer Mundo se implantó una supremacía en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales durante décadas, lo que se calificó como la victoria de la pelota libre sobre la pelota esclava.

En medio de aquella infundada euforia, en enero de 1967 el líder de la revolución expresó: Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota… Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales. Y en octubre de 1975 sentenció: si en otros países de América latina no existe la revolución social, no se desarrolla la revolución social; por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte.

El declive fue lento pero sin pausa. Las derrotas en los Clásicos Mundiales, pero sobre todo la sufrida el pasado año en el último tope con la selección universitaria de Estados Unidos, integrada por jóvenes cuyas edades oscilaban entre 19 y 23 años,  los que a pesar de su débil ofensiva, barrieron en cinco partidos a los supuestos “amateurs” de la mayor de las Antillas.

Ahora, a 54 años de aquella decisión, después del retroceso sufrido y de la pérdida de muchos de los talentos que abandonaron la pelota “libre” en busca de contratos en las Grandes Ligas, Cuba regresó a la Serie del Caribe con el equipo vencedor de la 52 Serie Nacional, en un momento en que el resto de los participantes exhiben un nivel superior al de nuestra pelota.

Villa Clara, reforzada con varios de los mejores peloteros cubanos de mayor experiencia –doce de los cuales han integrado el equipo Cuba– enfrentó a los campeones de las ligas invernales de México, Venezuela República Dominicana y Puerto Rico. Tres días fueron suficientes para ver la distancia entre aquellos y los nuestros. El primer día perdimos 9 a 4 ante los Naranjeros de Hermosillo (México), el segundo día con los Navegantes del Magallanes (Venezuela) 8 a 5 y el tercer día los Tigres de Licey (República Dominicana) nos derrotaron 9 a 2, para establecer un record: la peor actuación de equipos cubanos en Series del Caribe.

El 4 de febrero se salvó la honrilla frente a los Indios de Mayagüez (Puerto Rico), pero ya la inclusión era pura imaginación y deseo. Como escribiera Oscar Sánchez Serra en el diario Granma de 4 de febrero: Si los Naranjas le  ganan hoy a Puerto Rico, éste cae mañana ante Venezuela y la República Dominicana alcanza un triunfo más; el jueves, el primer lugar de la fase clasificatoria jugaría frente al monarca de la 52 Serie nacional.

Regresamos a la pelota “esclava” en evidente desventaja. Equipos como Navegantes de Magallanes, de un país miembro del ALBA, igual que Cuba, que además de contar con muchos jugadores activos en las Ligas Mayores del béisbol estadounidense, tiene en sus filas a algunos cubanos que abandonaron la Isla, lo que ilustra el retraso de Cuba incluso, en comparación con los similares.

Cuba tiene condiciones y perspectivas. La permisibilidad, aunque todavía bajo control del Estado, de que algunos jugadores participen en ligas foráneas; el incremento del salario a los jugadores, aunque todavía insuficientemente; que los cubanos vuelvan a disfrutar de juegos de Grandes Ligas por la televisión local, aunque todavía con limitaciones; que se hayan instrumentado nuevos programas que permiten, como disfruté hace un par de días, de una entrevista realizada al legendario Camilo Pascual. Todo ello indica que estamos en el camino, pero los resultados de esta primera participación y de algunas de las próximas, no estarán a la altura de lo que Cuba puede  potencialmente, pues una cosa es la decisión de cambiar y otra recomponer lo destruido.

Después de toda noche, por larga que parezca, le sigue un amanecer. Aunque todavía escuchemos a peloteros de la talla de Yulieski Gurriel, decir que aspira a tener permiso de las autoridades cubanas para jugar en el exterior, o que las autoridades cubanas todavía no han dado permiso, indica la presencia de obstáculos que hay que derribar hasta alcanzar la libertad que ha faltado a nuestros deportistas y ha determinado el declive que estamos pagando con las derrotas.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1390857183_6873.html

Las efemérides, además de recuerdos, constituyen una fuente viva de experiencias. Si las mismas están referidas a figuras cuyas ideas fundacionales no se han concretado, entonces asumen un significado mayor. Ese es el caso de José Martí y Pérez al arribar al 161 aniversario de su natalicio.

El pensamiento martiano no tiene valor para todas las épocas, pero el retroceso sufrido por la sociedad cubana la sitúa en condiciones muy similares a las de la época en que él vivió. Su programa, fruto del análisis de un momento de la historia no tuco como propósito servir de guía a al presente. Las respuestas a los problemas de hoy hay que deducirlas de la actual situación, por tanto, no están y no pueden estar en la obra martiana. Sin embargo, debido al estancamiento social sufrido, el núcleo esencial de sus ideas conforma una asignatura pendiente; una peculiaridad que le otorga vigencia a su pensamiento.

Autor de una obra universal y prolífica, José Martí fue y sigue siendo usado para justificar desde la más noble hasta la peor de las causas, incluyendo la autoría de acciones posteriores a su desaparición física, los intentos de emparentarlo con ideologías ajenas a él como es el caso de la doctrina comunista y de cercenar su pensamiento para solapar deficiencias y ocultar la falta de voluntad política para asumir su conducta.

Entre las cualidades que lo distinguen como político, crítico, historiador, literato, periodista, predicador y maestro, sobresale la ética, expresada en su dimensión humana y universal, en su correspondencia entre pensamiento y acción y en su conducta privada y pública; una de las asignaturas pendientes de antes y de ahora.

Su amor al prójimo abarcó toda su obra práctica e intelectual. Lo prueba el hecho que, a pesar del inhumano trato recibido en el presidio político nunca odio a España ni a los españoles, como tampoco, a pesar de su fuerte oposición a la idea de una Roma americana, odió a Estados Unidos; una conducta diametralmente opuesta a los que infunden odio y culpan al otro de males que emanan de su propio egoísmo, irresponsabilidad y limitaciones. Esa conducta de amor al prójimo es asignatura pendiente.

Enemigo declarado del empleo de la violencia. En mayo de 1883 en el artículo Karl Marx ha muerto, a la vez que reconoce los méritos del fundador del marxismo, señala lo que considera sus limitaciones: Kart Marx estudio los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto a la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa… Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz” Y en 1892 expresó: Y no es el caso preguntarse si la guerra es apetecible o no, puesto que ninguna alma piadosa la puede apetecer, sino ordenarla de modo que con ella venga la paz republicana, y después de ella no sean justificables ni necesarios los trastornos a que han tenido que acudir. Esa tendencia a la violencia, viejo mal de nuestra historia, es asignatura pendiente.

Las interrogantes contenidas en su estudio crítico de 1880 acerca de los errores de la Guerra de los Diez Años, referidas según sus palabras a una guerra que no la había ganado España, sino que la perdieron los cubanos, tenía como objetivo descubrir las claves del fracaso. Precisamente de ese análisis emergieron los cimientos de la teoría de la revolución. En su discurso Con todos y para el bien de todos, pronunciado en 1891, explicó que la república –que en su ideario era forma y estación de destino– se diferenciaba de la guerra y del partido, concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella. Así, la república, que tuvo su primera manifestación en Guáimaro, asumió su más alta definición como alma democrática de la nación. Y en el Manifiesto de Montecristi, repitió: La guerra no es el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria o el sepulcro. Si no, como expresó en el acto de fundación del Partido Revolucionario Cubano, ello se hace de modo que en la conquista de la independencia de hoy vayan los gérmenes de la independencia definitiva de mañana. Es decir, el partido en Martí –como unidad de todas las fuerzas– era necesidad táctica acotada en el tiempo, algo que es hoy asignatura pendiente.

En las Resoluciones de noviembre de 1891, consideradas como el prólogo a las Bases del PRC, planteó: la organización revolucionaria ha de tener en cuenta las necesidades prácticas derivadas de la constitución e historia del país y no ha de trabajar por el predominio, actual o venidero, de clase alguna; sino por la agrupación, conforme métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en el extranjero; y por la creación de una república justa y abierta…para el bien de todos. Otra asignatura pendiente.

Su desprecio a todo tipo de despotismo, lo llevó a rechazar su participación en el Plan Gómez-Maceo, cuando le escribió al generalísimo Máximo Gómez, Un pueblo no se funda General, como se manda un campamento. Y en 1894, recordaba que un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea… Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia; una conducta que se repite una y otra vez en la actualidad y por tanto es asignatura pendiente.

Para Martí, el concepto de patria, que José Antonio Saco había elevado hasta el de patria-nación, era comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, dulcísimo y consoladora de amores y esperanzas; mientras el de república, era estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios; de justicia social, que implicaba el amor y el perdón mutuo de una y otra raza, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano sea hombre político enteramente libre. Definiciones que remata con un ideal devenido puro formalismo: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

José Martí, que además de historia es presente, nuevamente nos invita en el aniversario de su natalicio no a que lo calquemos, pues estamos en tiempos distintos de los suyos, pero si a que tengamos en cuenta las claves y esencias de un ideario que conserva su vigencia, razón por la cual tiene un lugar reservado en los cambios que reclama la sociedad cubana.

Por todo ello y por mucho más, la mejor manera de honrarlo es asumir las asignaturas pendientes con una conducta consecuente. Su pensamiento, síntesis de amor, virtud y civismo debe y tiene que estar en las bases de la nueva sociedad, de la nación por concluir y de una república inspirada en la dignidad plena del hombre, todo lo cual es asignatura pendiente.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1383508055_5785.html

El camino para salir de la crisis está claro, lo que falta es voluntad política para transitarlo. Entre las reformas parciales del gobierno de Raúl Castro se anunció la puesta en vigor de un cronograma de medidas para eliminar la dualidad monetaria, implementada a raíz de la pérdida de los subsidios soviéticos. Una mirada retrospectiva al tema ayuda a identificar algunas de las causas y limitaciones del  anunciado cronograma.

En el período comprendido entre las dos grandes guerras de independencia que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX cubano, la Isla se convirtió en el primer país en arribar al millón de toneladas de azúcar, de la cual más del 90% se exportaba hacia Estados Unidos. Ello permitió al país vecino imponer a España el tratado de reciprocidad comercial conocido como Bill Mc Kinley, mediante el cual se estableció la libre entrada de azúcar cubana a esa nación. De forma simultánea se desarrolló una alta concentración de la propiedad agraria, especialmente en compañías norteamericanas. En esa condición de dependencia económica, al cesar la dominación española el gobierno de ocupación introdujo el dólar como patrón monetario básico, el cual se fue imponiendo hasta la desaparición de las monedas restantes (francesas, españolas, mexicanas), lo que explica la presencia del dólar en los primeros años de  la República nacida en 1902.

En ese contexto, con el propósito nacionalista de disminuir la dependencia respecto al dólar norteamericano, el gobierno del general Mario García Menocal dictó en 1914 la Ley de  Defensa Económica, la cual dio nacimiento a la moneda nacional. Esa ley estableció un patrón de oro como unidad monetaria con el mismo peso y ley que el dólar. Así, de una decisión nacionalista, emergió la primera versión de dualidad monetaria en Cuba, que duró hasta los años 50 del pasado siglo.

De forma diferente, en 1991, la desaparición de la Unión Soviética provocó la pérdida de las enormes subvenciones basadas en relaciones ideológicas, las cuales solaparon durante décadas la ineficiencia del modelo cubano. Ese hecho, unido a la depresión en los precios del azúcar, condujo al país a una profunda crisis estructural bautizada con el eufemismo de Período Especial en Tiempos de Paz. En respuesta a la crisis, el gobierno cubano, en lugar de emprender una reforma profunda dirigida a lograr una economía propia y eficiente, definió una estrategia dirigida a salvar al modelo y conservar el poder. Con ese fin introdujo varias medidas  coyunturales.

En 1993 se crearon las Unidades Básicas de Producción Cooperativas, mediante las que se les entregó una parte de las tierras ociosas del Estado a los trabajadores en condición de usufructo; se autorizaron los mercados campesinos y el trabajo por cuenta propia; se dio la entrada al turismo y a la inversión extranjera; se admitieron las remesas familiares del exterior; se despenalizó la tenencia del dólar y, en 1994, se autorizó su libre circulación, dando lugar a la actual dualidad monetaria.

Como puede apreciarse, la dualidad monetaria introducida en 1914 fue motivada por razones diametralmente opuestas a la ocurrida en 1994. La primera creó e introdujo la moneda nacional paralela al dólar, la segunda legalizó al dólar paralelo a la moneda nacional.

El camino y la voluntad política

Las causas que condujeron a la dolarización en 1994 tienen su raíz en las primeras medidas revolucionarias, cuyo fin declarado era la desaparición de todas las relaciones mercantiles y, con ellas, del dinero. En 1960 se nacionalizaron todas las entidades bancarias nacionales y extranjeras que existían en Cuba, en 1961 se centralizaron en manos del Estado, mientras la dirección de esas actividades se puso en manos de los revolucionarios procedentes de la lucha armada. Así ocurrió con figuras cuya concepción de la economía difería de las del líder de la revolución, como ocurrió con el economista Felipe Pazos Roque, fundador y primer presidente del Banco Nacional de Cuba desde su fundación en 1948, quien a pesar de renunciar a esa responsabilidad por su posición contra el Golpe de Estado de 1952 y ser nombrado nuevamente al frente de esa institución en 1959, fue sustituido unos meses después por el comandante Ernesto Guevara.

La marcha del proceso fue más o menos la siguiente: se introdujo el dólar en 1994; se creó el peso convertible (CUC), una segunda moneda nacional como alternativa al dólar y con el mismo valor que éste; en 2004 se eliminó la circulación del dólar; luego se impuso un impuesto al dólar del 10% y se revaluó el CUC con relación al dólar en un 8%; en marzo de 2011 se retomó el valor original de uno a uno pero se mantuvo el impuesto del 10%. En resumen, se mantuvo la dualidad gracias a la cual Cuba es el único país del mundo con dos monedas nacionales, ninguna de las cuales es realmente convertible.

La dolarización y la dualidad monetaria, además de multiplicar la diferenciación social, aumentaron la pérdida del poco valor que ya tenía el peso cubano, una de cuyas manifestaciones fue la inflación expresada en los precios del mercado negro, en la disminución de los menguados salarios y en el desestímulo a la producción.

La moneda cubana, representación del dinero, perdió o disminuyó sus funciones como medida de valor, instrumento de adquisición de bienes, medio de atesoramiento, instrumento de liberación de deudas y medio de pago. Por ese resultado la unificación monetaria, si bien constituye un paso imprescindible para el actual o para cualquier otro Gobierno, no resolverá  la actual crisis estructural, debido a que la moneda cubana no está respaldada por el Producto Interno Bruto, es decir, por la suma de los bienes y servicios que le permitan reasumir sus funciones y equipararse a las monedas foráneas.

La salida está en priorizar la eficiencia productiva, para lo cual se requiere de la inversión nacional y extranjera, que provea al país de capital, tecnología y mercados, lo que a su vez exige una nueva Ley de Inversiones y la elevación de los salarios actuales, que no alcanzan para cubrir más de la tercera parte de las necesidades básicas. Pero como solo se puede distribuir lo que se produce, el Gobierno se enfrenta a una compleja contradicción: sin aumentos de salarios los cubanos no están dispuestos a producir y sin producción es imposible elevar los salarios, por lo que la unificación monetaria por sí sola resultará fútil.

En fin, que continúa en falta un proyecto integral que incluya la descentralización de la economía, permita la formación de una clase media, destrabe los obstáculos que frenan la producción y restituya los derechos y libertades ciudadanas. El camino está claro, lo que falta es la voluntad política para transitarlo.

 

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1379923457_5202.html

Una de las figuras centrales de la oposición cubana, acompañó a la revolución desde antes del triunfo y terminó condenado a 20 años en las cárceles castristas. El economista independiente Oscar Espinosa Chepe, fallecido en Madrid, hace balance de su vida y sus ideas en esta entrevista.

Nacido en Cienfuegos el 29 de noviembre de 1940, Chepe se vinculó al movimiento revolucionario en el Instituto de Segunda Enseñanza de esa ciudad. Tras 1959 ocupó diferentes responsabilidades en la Juventud Socialista (JS) y en la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), en la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN) y en la Oficina del Primer Ministro Fidel Castro. Fue castigado por sus criterios a recolectar guano de murciélago en cuevas y a trabajar en la agricultura. En el Comité Estatal de Colaboración Económica fue encargado de las relaciones económicas y científico-técnicas con Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia, consejero económico en la Embajada de Cuba en Belgrado, y especialista en el Banco Nacional de Cuba, entidad de la que fue expulsado por sus ideas en 1992. Desde ese momento, Chepe se desempeñó como economista y periodista independiente, labor por la que en marzo de 2003 fue condenado a 20 años de prisión, saliendo de la cárcel en noviembre de 2004 mediante una licencia extrapenal por enfermedad.

Se habla de Chepe como economista o periodista independiente, pero se conoce poco de otros aspectos de su vida ¿Cómo fueron  tus primeros años, tu entorno familiar?

Nací en Cienfuegos. Mis padres, de orígenes humildes, llegaron a ser comerciantes del giro de farmacias. Mi madre también tenía negocios de inmuebles y junto a mi padre llegó a poseer una droguería en sociedad con otras personas. Tuve una niñez feliz, pero siempre me interesé por la historia, la política y la justicia social; interés estimulado por mi padre, quien fue miembro del antiguo Partido Comunista y participó en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado, causa por la que sufrió prisión. Durante los estudios de bachillerato establecí contactos con miembros de la Juventud Socialista

La siguiente entrevista realizada por Dimas Castellanos tuvo lugar en La Habana, en 2009.(JS) y otros estudiantes, con los cuales participé en actividades de protesta contra la dictadura de Batista, como la huelga azucarera de 1955, cuando los estudiantes íbamos a las asambleas de los trabajadores a alentarlos para que se unieran al paro. En esas actividades conocí a dirigentes sindicales que pertenecían al Partido Socialista Popular (PSP).

¿Sufriste alguna consecuencia por esas actividades?

En 1957 fui acusado de hacer un sabotaje en Cienfuegos, en el cual yo no había participado, pero me encarcelaron y juzgaron en el Tribunal de Urgencia de Santa Clara. En ese juicio me defendió quien después fuera Presidente de la República, el Dr. Osvaldo Dorticós Torrado. Salí absuelto, pero bajo la amenaza del Jefe de la Policía de Cienfuegos de que tenía que irme de la ciudad. Por esa razón vine a La Habana y comencé a estudiar en un colegio metodista llamado Candler College, donde proseguí mi actividad política, razón por la cual a principios de 1958 fui expulsado del centro.

¿En qué organización política militabas en esa época?

Estuve en el movimiento estudiantil vinculado al Directorio Revolucionario 13 de Marzo hasta el triunfo de la revolución. Entonces, cuando se reorganizó la JS, que era la organización juvenil del Partido Socialista Popular, empecé de nuevo mis vínculos con esa organización. Fui su presidente en Cienfuegos y miembro del Comité Provincial en la antigua provincia de Las Villas, hasta que se produjo la integración de las organizaciones juveniles en la AJR, en la que llegué a ocupar el frente de propaganda en el Comité Provincial en Las Villas y a integrar el Comité Nacional. En esta organización participé en la creación de los comités de base en Cienfuegos, incluso en zonas rurales donde habían alzados contra el Gobierno.
Recuerdo que un dirigente campesino con quien participábamos en esas tareas, Juan González, más tarde perdió la vida en una emboscada. Mucho después, cuando ya estaba en el Comité Provincial, uno de nuestros choferes también murió en otra emboscada; se llamaba Héctor Martínez, un joven humilde de origen campesino y como todos nosotros, lleno de ilusiones. Fue una etapa muy triste en la que los cubanos nos enfrentamos en una guerra que no tenía sentido, porque era entre hermanos. Después el Gobierno de forma cruel desalojó de las montañas a muchas familias, con la pérdida de sus tierras y pertenencias bajo el pretexto de que cooperaban con los alzados en armas. Con esas familias se crearon pueblos fantasmas en Pinar del Río y en otras provincias. Fue una etapa sangrienta en la que se impuso el odio. Duró varios años y solo salió victorioso el totalitarismo, al implantar el miedo en la sociedad. Los cubanos en su conjunto, incluidos los que arriesgaron sus vidas por un ideal, salimos derrotados.

¿Hubo en esa etapa algún hecho significativo que te dejara marcado?

Hubo muchos. Recuerdo en Cienfuegos las primeras milicias que fueron a combatir al Escambray. Yo estaba en un batallón que mandaron para Cayo Loco, donde se encontraba el remanente de la Marina de Batista, que estaba bajo sospecha. También recuerdo el entusiasmo, porque en aquella época la revolución tenía un apoyo abrumador. Otro hecho muy emocionante fue la Declaración de la Revolución como socialista. Yo estaba hablando en una asamblea de la AJR en Sancti Spiritus y en ese momento venía un montón de gente por la calle con banderas rojas gritando ¡Viva la revolución socialista!, y era que Fidel Castro había proclamado el carácter socialista en La Habana, en vísperas de Girón. Al otro día, cuando muy temprano se conoció del desembarco por Girón, me subieron a un jeep sin saber para dónde iba y era para proteger con ametralladoras calibre 30 el aeropuerto de Santa Clara. Yo iba como una especie de Comisario, con milicianos que no tenían mucha experiencia, pero con una disposición total al sacrificio. La misión era proteger ese lugar estratégico, poco distante de la Ciénaga de Zapata, de los ataques de la aviación. Por suerte no pasó nada. Esos momentos nos marcaron, creíamos que íbamos a convertir a Cuba en un paraíso y abrumadoramente el pueblo estaba lleno de esperanzas. Había una confianza total en el futuro, en los líderes, en especial en Fidel, en el Che, en Raúl. Para muchos de los que procedíamos de la JS la referencia mayor era Raúl Castro; sabíamos que él había estado en la JS. Eran tiempos de un enorme entusiasmo e ingenuidad, sentimientos transformados posteriormente en una colosal frustración.
Después de esa primera experiencia en el movimiento juvenil ¿militaste en alguna otra organización política?

Milité en las Organizaciones Revolucionaria Integradas (ORI), llegué a ser Secretario de núcleo en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), donde era Jefe de Departamento cuando se estaba formando el Partido en el seno de las ORI. Allí estaba Antero Regalado, un viejo líder campesino y otros dirigentes que eran altos funcionarios del INRA.

¿El INRA era en aquel momento algo como un Gobierno paralelo?

Sí, sí, era un Gobierno, incluso las Zonas de Desarrollo Agrario eran casi repúblicas y los jefes de esas zonas eran los que confiscaban la tierra, eran jerarcas con un poder tremendo. En la Dirección de Planificación de los Abastecimientos, donde yo trabajaba, al principio pusieron a un latinoamericano como responsable, pero el hombre resultó un desastre, y como no había más nadie, me pusieron a mí de Jefe. Yo tenía unos 21 o 22 años y mis conocimientos se limitaban al bachillerato. En aquella época recuerdo que al poco tiempo quitaron del INRA al Ingeniero Santos Ríos. El Presidente era Fidel Castro, pero en la práctica ese señor era el que dirigía el organismo; entonces lo quitaron y nombraron a Carlos Rafael Rodríguez, como presidente del INRA, y me pusieron en un cargo que yo no quería, porque sabía que no tenía conocimientos, mi objetivo entonces era estudiar economía en la Universidad de la Habana. Además, había unos planes especiales de Fidel Castro que solo él controlaba. A las tres semanas de terminarse el Plan del año se aparecían los enviados de los proyectos de Fidel con otros planes y entonces se desbarataba toda la planificación al desviarse los recursos… aquello era una locura.

¿Después de eso ocupaste algún otro cargo dentro del Gobierno?

Después pasé a la JUCEPLAN. Allí hicieron cambios de funcionarios y le pidieron personal a Carlos Rafael. Entre los que seleccionaron estaba yo. Fui a trabajar en el sectorial de la agricultura como Jefe del Departamento del Plan de Abastecimientos para la Agricultura y la Pesca. Trabajaba por el día y estudiaba economía por la noche en la Universidad de La Habana, hasta que se crearon los Equipos de Investigación Económica. Entonces me escogieron para trabajar en el equipo de Ganadería.

Unos meses después de haberse creado esos equipos parece que Fidel Castro decidió que algunos pasaran a trabajar directamente con él, siendo ubicados en la calle 11, cerca de donde vivía Celia Sánchez. Allí hacía lo que me mandaban, me pusieron en lo de la inseminación artificial, que fue una locura, porque un plan de inseminación se supone que se haga para un lote de vacas escogidas con determinadas características y aquello era inseminar a cuantas vacas aparecieran. Al mismo tiempo fui al campo y me di cuenta del desastre que había. Los propios guajiros y los dirigentes del INRA en el Escambray me enseñaban que aquello no iba bien. En ese tiempo tuve la oportunidad de comenzar a leer a algunos economistas del campo socialista. De los soviéticos recuerdo a Liberman, y a los polacos Oskar Lange, W. Brus y M. Kalecki, que planteaban críticas dentro del marco del socialismo.

Yo empecé a darme cuenta de muchas cosas y trabajando con Fidel Castro, comprendí que algunas cosas carecían de racionalidad, como la liquidación del estímulo material que ya el Che había propugnado, la destrucción sistemática de la contabilidad y los controles económicos y en particular la confiscación masiva de la propiedad privada. Fui espectador de la polémica entre el Che Guevara de un lado, que defendía el Sistema Presupuestario de Financiamiento, que era una monopolización de toda la economía, y Carlos Rafael Rodríguez de otro, que mantenía posiciones de autogestión, más lógicas y flexibles, aunque, como descubrí después, también impracticables en un sistema disfuncional. Teóricamente Carlos era brillante, pero además astuto y no sostenía la polémica directamente con el Che, sino a través de terceras personas. El Che era un hombre que con su teoría económica estaba totalmente equivocado, la historia se encargó de demostrar su error, y hoy en Cuba ni se menciona el Sistema Presupuestario.

Ante esa situación yo expuse mi criterio en el equipo, lo defendí y por eso me llevaron a una reunión para convencerme de mis “concepciones erradas”. No me convencieron y entonces me llevaron a una discusión con José Llanusa Gobel, que en aquel momento era Ministro de Educación y persona muy cercana a Fidel Castro.

¿Qué ocurrió en esa reunión?

Tuvimos una discusión fuerte, él queriéndome convencer y yo cada vez más fortalecido con mis ideas por las propias cosas que él me decía, como esa de construir el comunismo y hasta suprimir el dinero. Yo le preguntaba: ¿sobre qué base económica y qué conciencia? Yo le aceptaba que tenía que haber estímulos morales, pero al mismo tiempo que había que pagarle más a la gente, en concordancia con la cantidad y calidad del trabajo realizado, que es lo que últimamente ha estado diciendo Raúl Castro. Llanusa me dijo que yo estaba muy mal.

Al poco tiempo compraron un toro en Canadá que parecía un elefante y nos mandaron un recado para que fuéramos a verlo. Allí estaba Fidel, impresionado, dándole vueltas al toro. Después se comprobó que lo habían dañado, parece que le sacaron mucho semen antes de venderlo, tanto que lo perjudicaron. Estando allí llegó Llanusa y se puso a hablar con Fidel; nosotros nos fuimos, pero al otro día por la tarde llegó Fidel con la escolta a nuestra oficina y empezó a decirme cosas ofensivas: nosotros sabemos con quién tú andas y con quién te reúnes. Yo le dije, mire Comandante, a usted le han informado mal, yo no me reúno con nadie ni ando con nadie, yo le estoy diciendo a usted lo que me enseñaron en la Universidad de la Habana. Él tomó aquello como una falta de respeto y se puso violento. Yo solo le dije la verdad, mis puntos de vista se fundamentaban en lo estudiado en la Universidad, donde nos impartían clases muchos profesores soviéticos e hispanos-soviéticos y donde El Capital de Carlos Marx era nuestro texto básico. En modo alguno, en aquel momento, yo deseada oponerme a su proyecto, pero no podía callarme ante tantos dislates y políticas disparatadas, que entre otras cosas estaban en flagrante contradicción hasta con las concepciones marxistas.

¿Pero eso tuvo alguna otra repercusión?

A los dos o tres días me llamó la jefa del Equipo y me dijo que tenía que irme de allí. Eso fue en julio de 1967, me sacaron y hasta enero de 1968 estuvieron enviando el salario a mi casa. En ese tiempo se produjo el juicio a “la microfracción”. Entonces el secretario del Partido en La Habana, de apellido Betancourt, me citó para preguntarme lo que yo creía del juicio a “la microfracción”, porque los planteamientos de los acusados casualmente coincidían con algunos de los que yo había hecho. Después me preguntó si seguía pensando igual. Le dije “sí, si yo le digo a usted que cambié, lo estoy engañando. ¿Usted quiere que yo lo engañe?”. Me dijo “entonces te vamos a mandar a hacer una acción heroica para que te reformes, porque lo que pasa es que tú nunca has trabajado duro”.

Me mandaron a sacar guano de murciélago en varias cuevas como La Jaula, en el camino que va para la Escalera de Jaruco, en Quivicán y en Pinar del Río, donde me enfermé, por eso me sacaron de allí y me mandaron a trabajar en el Cordón de La Habana, con brigadas de personas sancionadas por haber cometido delitos comunes. Aquello era humillante para mí, porque yo me consideraba un revolucionario. Fue una etapa muy dura, pero yo seguía en la revolución, seguía pensando que eran errores que se cometían y que había que soportarlos hasta que se corrigieran, pero el tiempo pasaba y no se resolvía nada.

¿Cómo fue posible que después de eso trabajaras en el servicio exterior?

Pasados casi dos años de castigo le escribí a Carlos Rafael Rodríguez y también a Osvaldo Dorticós, que me conocía de Cienfuegos. Entonces un buen día Llanusa me llamó y se disculpó conmigo; me dijo que se había cometido un error enorme y que él nunca mandó a hacer lo que hicieron, que si quería que trabajara con él. Le dije que no, que con él no trabajaba. Me preguntó ¿dónde quieres trabajar? Le respondí que en el Ministerio del Azúcar con Miguel Ángel Figueras, un licenciado en economía que había sido profesor mío y que era viceministro de ese ramo. Cogió el teléfono y lo llamó e inmediatamente comencé a trabajar en ese Ministerio, pero realmente yo estaba muy decepcionado.

Un día fui al Centro de Asistencia Técnica (CAT), que coordinaba Humberto Knight, quien un poco receloso me preguntó si quería ir para allá. Le dije que sí, porque siempre admiré a Carlos Rafael Rodríguez, que era quien dirigía esa dependencia. Carlos Rafael era un hombre muy inteligente y educado; provenía del antiguo Partido Comunista. Empecé a trabajar como un simple auxiliar, pero confeccioné una metodología para evaluar el trabajo de los especialistas extranjeros y fui felicitado por los organismos superiores. Entonces Carlos Rafael me llamó para que se la explicara. Cuando comenzamos a hablar, yo le digo: “Doctor, usted fue Comisionado en Cienfuegos al final de la revolución del 33″, y él me pregunta: “¿Cómo tú lo sabes?” Se quedó mirándome y exclamó: “Ah, ¿tú no eres hijo de Oscar Espinosa?”.

Resulta que mi papá me había narrado que una vez participó en la creación de un Soviet, lo cogieron preso y lo mandaron para La Habana. Entonces Carlos Rafael, que tenía funciones dentro del gobierno de los Cien Días, lo ve y le dice: “Ven acá cómo tú vas a estar preso en la revolución”. Y mi papá le respondió: “Esto no es revolución, esto es una mierda”. Lo ofendió, en ocasiones mi padre era algo agresivo, y el Partido Comunista en aquellos tiempos era extremadamente arrogante y sectario. Carlos Rafael me hizo ese mismo relato durante la conversación y me decía: “¡Tu papá era del carajo! ¿Tú no serás igual que él?”

En resumidas cuentas, me quedé a trabajar con él, a unos metros de su oficina en el Palacio de la Revolución, en la atención a las relaciones con Checoslovaquia y a Hungría. Después, también comencé a ocuparme de los vínculos económicos y científico-técnicos con Yugoslavia. Debo reconocer que en las oportunidades que pude estar al lado del Dr. Rodríguez, como lo llamaban respetuosamente en el exterior, aprendí mucho, sobre todo en lo concerniente a sus opiniones antidogmáticas y abiertas al diálogo; opiniones reservadas a círculos estrechos de personas por la posición que él ostentaba. Esto sin poner en duda nunca su posición de convencido marxista.

¿Qué hacías allí?

Atendía las Comisiones Intergubernamentales y ocupaba las secretarías en esas comisiones. Además, discutía con la parte extranjera el establecimiento de Acuerdos, Condiciones Generales de Cooperación y Convenios Estatales de Crédito, algunos con poderes especiales de Gobierno, algo raro pues nunca pertenecí al PCC, una condición casi básica para participar en este tipo de negociaciones. Después nos mudamos para Primera y B, en el Vedado, y estando ahí empecé a viajar. El primer viaje fue a Hungría en 1973, lo hice con Carlos Rafael. Por cierto aquello fue tremendo, había una cantidad enorme de documentos a suscribir y cuando fui a revisar la mitad de los documentos no se habían firmado, los tenían que firmar Carlos Rafael y Miklos Ajtai, vicepresidente del gobierno húngaro. Pensé que aquello iba a ser del carajo, sin embargo, hablé con Carlo Rafael abiertamente y le dije lo que había pasado. Me dijo “no hay problemas, ven para acá”, y se pusieron los dos a firmar después que había pasado el acto de las firmas y la televisión.

También estuve muchos años de secretario de Checoslovaquia y participé en muchas sesiones con vicepresidentes del gobierno cubano. Por ejemplo con José Ramón Fernández, con Ricardo Cabrisas y otros altos dirigentes. Mi departamento atendía también la parte comercial de las empresas del Comité Estatal de Colaboración Económica. Tenía una relación laboral buena, pero pienso que no se me aprobaba como Jefe de Departamento por el problema que había tenido con Fidel Castro.

¿Qué es lo que no se aprobaba?

No estaba nombrado, era un cargo del Comité Central, yo lo ejercía pero no estaba nombrado. Estuve así como diez años, viajando, negociando millones de rublos y después iban los ministros y vicepresidentes a firmar. Se hacían diferentes negocios, por ejemplo los jóvenes que se mandaron a Checoslovaquia, a Hungría a trabajar. Me refiero a los cooperantes. Todos esos documentos yo los negocié, incluso en el caso de Checoslovaquia los discutí con un viceministro checo. Pero eso no funcionaba bien. Lo que ocurría era que aquí le decían a los muchachos que no podían traer esto y lo otro, que solo podían recibir una cantidad de coronas y el resto se las tenían que dar al Gobierno. Así y todo, los muchachos estaban locos por irse para allá. Además, los checos y los húngaros manifestaban que aunque nuestros jóvenes eran muy enamorados y se fajaban mucho, a la hora de trabajar eran superiores a los de otros países.

¿Hasta cuando estuviste en ese tipo de trabajo?

Atendiendo Hungría y Checoslovaquia estuve hasta 1984, entonces me designaron Consejero Económico en Belgrado, Yugoslavia. Tenía una oficina y una gran autonomía. Esas cosas siempre crean fricción con el embajador, pero laboralmente no tenía problemas. Comenzó la Perestroika y yo expresé que estaba de acuerdo con Gorbachov. Entonces un yugoeslavo me hizo un acercamiento que yo, aunque lo informé al centro de la Seguridad que había allí, no lo puse en conocimiento inmediatamente del embajador, me demoré algunas horas. Ellos aprovecharon esa situación y la tomaron como pretexto porque me querían sacar, ya Fidel había estado allí en una visita que hizo a Belgrado y me había visto y por la cara que puso fue evidente que no le gustó mi presencia. Entonces, cuando voy a Cuba de vacaciones, en abril de 1987, me dijeron que no podía regresar. Me manifestaron que querían preservarme, que el enemigo me quería hacer daño. No me dejaron regresar ni a recoger las cosas. A mi esposa, Miriam, que también era diplomática a cargo de los asuntos de cultura, prensa y deportes, sí la dejaron regresar a recoger nuestras pertenencias y siguió trabajando en el MINREX, pero a mí me sacaron del sector y me enviaron a trabajar al Banco Nacional.

Allí, en calidad de especialista, atendí empresas del Poder Popular y del Ministerio de Comercio Interior y empecé a hacer planteamientos acerca de la necesidad de hacer reformas. En marzo de 1992 me citaron a una reunión en la que sacaron hasta el problema con Fidel. Me dijeron que cómo iba a estar planteando cosas que se habían discutido en el último Congreso del Partido. Yo les expresé que yo no tenía por qué aceptar lo acordado en el Congreso, que no era militante del Partido, y empecé a discutir con cifras tomadas de la misma institución. Entonces me sacaron del Banco y remitieron para un banquito que está cerca de mi casa a llevar papeles sin importancia, donde tú y yo nos conocimos. Bueno, poco a poco empecé a hacer artículos a máquina y a repartirlos por todas partes, a los amigos. Ahí tú tuviste el contacto conmigo. También compañeros de Payá comenzaron a tener vínculos conmigo. Los papeles que hacía a máquina, tú me ayudabas más tarde a reproducirlos en computadora. Entonces se fue ampliando el círculo de conocidos y empecé a tener un programa por Radio Martí que se llamaba Hablando con Chepe, hasta que caí preso en 2003, fui a prisión y me condenaron a 20 años.

¿Qué efecto tuvo esa condena en una persona como tú que había dedicado toda su vida a la revolución y al socialismo?

Fue muy duro, incluso hubo un momento muy delicado para mí, fue cuando me trasportaron para Guantánamo a cumplir la sanción. Hasta el gobierno de Batista hubiera sido más limpio en la forma en que me juzgaron, las acusaciones eran mentiras. Fueron tan burdos que me las dieron por escrito: que si yo era agente de los norteamericanos, cuando todo el mundo sabe que nunca he estado de acuerdo con la política de Estados Unidos hacia Cuba; que si tuve reuniones con varios congresistas norteamericanos, cuando ellos sabían que lo que yo le había planteado a esos congresistas era que quitaran el embargo. Eso fue una cosa realmente terrible. He llegado a la conclusión de que yo he seguido la línea revolucionaria y que es el Gobierno el que ha estado en contra de esa línea, que se ha convertido en inmovilista, conservador y contrarrevolucionario, que no es ni nacionalista, porque en práctica ha dañado la identidad nacional, ha empujado a irse del país a millones de cubanos, y una parte considerable de la población que queda en la Isla anhela también marcharse.

¿Sientes odio hacia alguna de esas personas que te hicieron daño?

No, yo trato de evitar el odio, porque te bloquea la inteligencia. Hay que buscar un punto reflexivo para tratar de entender, pues hay algunas cosas que no son fáciles de comprender. Yo he llegado a la conclusión de que en Cuba no puede haber una salida a la crisis sin la reconciliación. Esa es la única vía que tenemos los cubanos, como pasó en España, como pasó en Chile. Por supuesto puede haber justicia —justicia para todo el mundo—, pero Cuba no tiene ninguna posibilidad de resolver sus problemas, si no es sobre la base de un compromiso nacional y de la reconciliación. Hay que buscar un compromiso. Mi idea es que podemos iniciar un proceso de diálogo que pueda terminar, como pasó en los años 30, con una nueva Constitución que se parezca en su espíritu lo más posible a la de 1940. Ahora, la situación es tan grave que hay que tomar una serie de medidas como son el acceso de los campesinos a la tierra, ampliar el rango del trabajo por cuenta propia, permitir la pequeña y mediana empresa y después una Constituyente que siente las bases como se hizo en el 40 donde participaron conservadores, cristianos, comunistas, liberales, todo el mundo. Esa es mi propuesta.

Pero antes sentiste odio ¿Eso significa que has evolucionado?

Sí, hubo una etapa… Tengo que reconocer que yo provengo de las filas comunistas, donde se hablaba de la lucha de clases y que de cierta forma se pregonaba el odio, pero yo he superado todo eso, me he dado cuenta de que eso no lleva a ninguna parte, que no te permite analizar, porque partes de una serie de prejuicios y llegas a un análisis parcializado. Por supuesto soy un ser humano y tengo sentimientos, me han perseguido bastante y puede ser que en algún momento, en algún análisis que haya hecho, me haya dejado ganar por ese tipo de sentimiento. Trato de evitarlo, incluso en mis trabajos, y no me acomplejo por eso, he juzgado a algunos dirigentes cubanos en términos positivos cuando han expresado cosas que considero acertadas. Por ejemplo, el discurso de Raúl Castro el 26 de julio de 2007 lo sigo considerando un discurso realista y lo he dicho, incluso mucha gente me ha atacado por eso y por muchas más cosas que se he manifestado sobre personas que no son precisamente amigos míos. Creo que debo seguir por esa línea, para que el odio y los prejuicios no me cieguen al hacer los análisis. Hay una norma que trato de seguir, no sé si lo logro siempre, y es tener el corazón muy caliente y la mente fría.

¿Ocurre que cuando las revoluciones llegan al poder y se convierten en fuente de derecho, los propios revolucionarios terminan siendo víctimas?

Estoy consciente de eso, pero eso no es revolución. Aquí lo que ha habido es un asalto al poder por una gente que quiere el poder sobre todo, eso no lo califico de revolución. El hecho de que alguna revolución haya tenido violencia, no quiere decir que toda revolución tenga que usar la violencia. Ha habido muchas revoluciones en distintas esferas de la vida de los seres humanos que han sido de avance, de desarrollo, de progreso. Yo no asocio la revolución necesariamente con la violencia.

¿Lo ocurrido te ha llevado a alguna rectificación en tus ideas?

A la conclusión que he llegado es que las distintas doctrinas no dan la verdad absoluta. Creo, por ejemplo, que las concepciones que defienden bien la propiedad privada o bien la propiedad social, no son contradictorias y pueden coexistir. Hay muchos países en el mundo donde existe la propiedad pública real —no como en Cuba donde eso es una ficción— y al mismo tiempo existe la propiedad privada, hay mercados, hay competencia; o sea, que se pueden compatibilizar las dos cosas. Las sociedades más exitosas en el mundo son las que han empleado este modelo, de una forma u otra.

Por ejemplo en el índice de desarrollo humano del PNUD en niveles de vida, en riqueza por habitante, en transparencia, en índices muy bajos de corrupción, están esas naciones como Holanda, Noruega, Suecia, Finlandia, Canadá, Dinamarca, cada una con sus peculiaridades, porque eso no se puede calcar. Ese es el camino.

Ahora mismo, primero con la caída del Muro de Berlín y después con esta crisis económica mundial, se ha demostrado que ni el individualismo ni el estatismo extremo tienen soluciones. Hay que ir en busca de una sociedad donde esté la propiedad privada, porque el deseo de reconocimiento social y de tener éxitos materiales, dentro de determinadas regulaciones y controles puede ser altamente beneficioso; pero al mismo tiempo es útil la propiedad pública, porque en muchos sectores los niveles de ganancia no son muy atractivos para la iniciativa privada y ahí el Estado tiene que jugar un papel más importante. Actividades que, aunque no den réditos altos, hay que hacerlas, como la educación, la salud pública, y otras ramas donde el Estado tiene que estar presente por la razón apuntada o por motivos estratégicos. Me refiero, por supuesto, a un estado democrático.

¿Te defines como marxista?

No, yo diría francamente que no. Porque incluso a Marx, cuando se le preguntó si era marxista dijo que no. Marx es un hombre que hay que estudiarlo en su tiempo. Los problemas del siglo XIX no son los de hoy. Pedirle a Marx soluciones para los que tenemos actualmente es un error. Incluso algunos de sus planteamientos no se cumplieron. Rosa Luxemburgo, su seguidora, en su análisis de la teoría marxista, reconoce que la Teoría del Empobrecimiento Absoluto de la clase obrera no funcionó; la proyección de que el socialismo iba a triunfar primero en Europa Occidental, donde había una clase obrera más numerosa y desarrollada, tampoco funcionó. No creo que Marx quisiera convertirse en un pitoniso. Hay un solo texto donde habla de futuro que es en la Crítica al Programa de Ghota, por eso yo no soy un marxista, me parece un absurdo.

Yo creo que el mundo necesita una serie de soluciones que no se pueden buscar ni en el siglo XIX ni en el XX, hay que desarrollarlas ahora, incluso instituciones que fueron tan valiosas en el siglo XX como el Fondo Monetario o el Banco Mundial, tendrán que adaptarse a las nuevas circunstancias. Varias concepciones, válidas en el pasado, hoy con el avance indetenible de la globalización, la ciencia y la tecnología, son obsoletas. Necesariamente se impondrán novedosas formas de pensar e interactuar en el mundo. Creo que la cooperación internacional asumirá un rol mucho más importante que hasta el momento. A su vez habrá mejores posibilidades para combatir la ignorancia, el hambre y la miseria a escala planetaria, así como los retos para la vida humana de carácter medio ambiental. Estoy seguro que este proceso llevará al fortalecimiento de la Organización de la Naciones Unidas, dándosele a esta institución muchas más facultades.

Fuiste excarcelado bajo ‘licencia extrapenal’. ¿Qué es eso?

La “licencia extrapenal” por enfermedad significa que puedo volver a prisión cuando se considere que me he curado; cosa que es absurda porque mis enfermedades son crónicas. Ellos me citaron al Tribunal Provincial del Municipio Playa dos años después de salir de prisión para recordarme eso, para decirme que no puedo salir de La Habana sin permiso, que tienen una Comisión en el barrio que me está supervisando y en función de lo que diga, yo puedo regresar a la cárcel. Aquí arriba de mi apartamento, en el número ocho, hay una oficina de la Seguridad del Estado, que pienso está monitorearme. Incluso no me dejan salir al exterior. Han aplicado políticas diferentes con las distintas personas, a algunos de los liberados sí les han dejado salir. Yo pedí ir para Estados Unidos, pero me lo negaron. Incluso he sido invitado a eventos en Polonia, Puerto Rico y otros lugares y, aunque he efectuado todos los trámites establecidos, nunca recibí la autorización para salir: la famosa Tarjeta Blanca.

¿Cómo estableciste la relación entre economía y política?

No se pueden separar. En eso Marx sí pudiera tener algunos elementos positivos, él decía que las relaciones de producción son la base de una sociedad y yo sigo creyendo que es así, sin negar que haya una interacción entre la base y la superestructura. Yo creo que si hay más libertad económica, va a haber más libertad política. En eso Fidel Castro está claro, él se niega a que haya alguna apertura económica porque sabe que una cosa lleva a la otra, eso sería inevitable. Los norteamericanos tienen enormes restricciones en el comercio con Cuba, no dan créditos, hay que pagarle antes de que lleguen las mercancías, no compran nada, hay que utilizar barcos extranjeros. Sin embargo, con todos esos obstáculos, ya Estados Unidos está por lo menos en la cuarta posición en el comercio con Cuba, por lo tanto eso va a tener influencia. Si existiera más libertad, nos sentiríamos más dueños de nuestro futuro, eso le daría un impulso a las luchas por las libertades políticas, a la creación de un propicio tejido económico.

La Ley de la Entrega de la Tierra en Usufructo está llena de cortapisas y eso no es por gusto; está bien pensada para que la gente no se sienta propietaria, por lo tanto yo sí creo que hay un nexo muy grande entre política y economía. Cuba es un país con un entorno geográfico y tradiciones sociopolíticas mejores que China, pero aún en China, con las transformaciones económicas, la gente empieza a luchar; ahora mismo con esta crisis y el cierre de empresas las protestas allí son enormes, ni que decir de Rusia. La libertad es también un elemento de producción. Yo defiendo esa tesis, en la medida que la competencia juega un papel más importante hay más libertad de movimiento, de pensamiento, para poder escoger la mejor variante en un mundo cada vez con mayores opciones, donde el diálogo y el debate responsable y civilizado son indispensables para lograr un desarrollo sólido y sustentable.

¿Desde tu punto de vista cuáles serían los obstáculos principales para un cambio en Cuba?

La primera es la voluntad política de ir avanzando de forma gradual. Yo empezaría por la agricultura, dándole la tierra a la gente, dándole facilidades para que puedan pagarla, donde la gente pueda asociarse sobre la base de la voluntariedad. El Estado puede mantenerse en determinadas áreas, en eso no hay una contradicción. Y bueno… cuánto va a ser el área privada y cuanto el área pública, eso lo dirán los resultados y las condiciones concretas. Yo creo que la actividad pública puede ser eficiente en la educación, la salud pública y otros sectores. Antes de la revolución en Cienfuegos los estudiantes venían de la escuela privada a la pública en la enseñanza secundaria y no lo hacían porque fuera gratis, sino porque tenía más calidad. Pero al mismo tiempo se puede permitir la enseñanza privada con determinadas regulaciones, como lo era antes de 1959.

Cuando tuve que venir para La Habana lo hice para una escuela privada; de todas formas el Estado hacía exámenes de comprobación. No se puede caer en extremos. El extremo estatal cayó con el Muro de Berlín y el extremo neoliberal ha caído con la crisis actual. Ahora Obama quiere garantizar el seguro de salud a más de 40 millones de norteamericanos y mejorar la educación pública, por eso lo están calificando de socialista, eso es una tontería. Hay que promover las iniciativas privadas, son un decisivo factor de avance social y desarrollo económico, pero con determinadas regulaciones para evitar las ambiciones desmedidas, el enriquecimiento indebido.

¿Le das algún peso a la política norteamericana en los problemas de Cuba?

Yo sí creo que la política norteamericana tiene una responsabilidad en todo esto, y grande. Yo siempre he expresado que el gobierno cubano ha tenido dos grandes aliados: la Unión Soviética dio un apoyo económico inmenso al régimen, pero desde el lado político han sido los Estados Unidos, con su proceder equivocado, quienes han beneficiado al totalitarismo. La política de aislamiento y embargo ha sido oxígeno para los sectores más conservadores dentro del Partido y Gobierno.
En 2003 se publicó tu libro ‘Crónicas de un desastre’ y en el 2007 se publicó ‘¿Revolución o involución?’ ¿Existe una relación directa entre ellos?

Existe una relación directa, son recopilaciones de artículos que expresan mis puntos de vista acerca de la génesis del drama cubano, las concepciones de cómo salir de la crisis y propuestas para la reconstrucción nacional, en un marco de reconciliación que deje a un dado los odios que por tanto tiempo han envenado a los cubanos. Se diferencian en épocas, Crónicas de un desastre comprende una época y ¿Revolución o involución? comprende otra. Yo diría que contienen una maduración del pensamiento, logrado por la meditación, el diálogo con otras personas, incluidas algunas con las que no coincido en variadas cuestiones, y los largos años de enfrentamiento al totalitarismo. Por ejemplo en el último libro hay una serie de artículos que hice sobre las Metas del Milenio, adoptadas por la ONU. Ello me llevó a realizar una significativa recopilación de datos, de estudios de la historia de la teoría económica cubana que demuestran que la Cuba de antes no era un desastre, como señala la propaganda oficial. Investigando he llegado a la conclusión de que efectivamente había serios problemas que lastraban el progreso nacional, pero Cuba había avanzado de 1902 a 1958 a pesar de los gobiernos y no por la voluntad de los gobiernos.

La sociedad civil cubana avanzó en la educación y la salud pública. En esta última tenía en aspectos importantes una situación superior a países europeos, con indicadores como el número de médicos por habitantes, la esperanza de vida, la mortalidad infantil. Tanto en educación como en la salud había avances comparables con Europa, no con América Latina, donde los únicos países que se podían comparar con Cuba eran Chile, Argentina, Uruguay, quizás Costa Rica. Cuba no empezó en 1959, independientemente que después se hicieron grandes esfuerzos y que en la medicina y educación se llegó a favorecer a sectores que estaban marginados antes de 1959, sobre todo en zonas rurales. Lamentablemente, hasta esos avances, logrados por los esfuerzos del pueblo, están inmersos actualmente en un proceso de involución al carecerse de la indispensable sustentación económica.

En el prólogo a ‘Cuba, ¿Revolución o involución?’, Carmelo Mesa Lago dice: los documentados trabajos de Oscar Espinosa han inspirado e influenciado la obra de muchos economistas cubanos en el exterior. ¿Qué significa para ti esa afirmación y cómo ha sido tu formación para alcanzar ese nivel de profesionalidad?

Bueno a mí me enorgullece que una persona que admiro tanto y que pienso que es el mejor economista cubano vivo, que trabaja para organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo, haya realizado esta evaluación sobre mi trabajo, eso para mí es algo muy alentador. Lo que yo he hecho es buscar datos, información, resumir, investigar sobre las propias cifras oficiales, buscando sus falsedades. Utilizar datos de CEPAL, de Naciones Unidas, de revistas extranjeras, de la prensa. Si vas a mi casa, vas a encontrarte miles de recortes de periódicos y revistas como El País o ABC, El Mundo, El Nuevo Herald, The Economist e incluso de factura oficial como Granma y Juventud Rebelde, que se dedican a hacer análisis de economía y también de hechos sociales, históricos. Me gusta mucho la historia, lo que más me gusta es la historia, soy un fanático de ella, siempre tengo un libro a mano. Muchas veces veo paralelos en la historia de Cuba, muchas cosas parecen repetirse, por ejemplo la obcecación de España por no hacer reformas, por mantener una posición inmovilista, esa posición de no hacer nada en aquella época se convirtió en una de las causas fundamentales de las guerras de independencia. Y ahora aquí está sucediendo una cosa parecida, la obcecación del gobierno cubano hace que se cierren todas las puertas. Hasta ahora no hay peligro de estallidos, pero nadie sabe si esta situación se mantendrá.

Tus trabajos contienen recomendaciones de importancia, pero el Gobierno, que es quien puede implementarlos, no los tiene en cuenta. ¿Qué importancia tiene tu labor?

Yo me conformo con leer mis artículos por la radio extranjera y que alguien los escuche. Me conformo con saber que algunas personas los reciben por internet, o los leen en periódicos editados en el exterior. Que algunas entrevistas que doy para la televisión de otros países llegan aquí, gente que te dice, ¡te vi en la televisión! Estoy conforme con las copias que generosamente reproducen los amigos. Es el comienzo, estoy seguro que todo cambiará para mejorar. Un tiempo atrás no teníamos internet, ahora con muchas dificultades la tenemos, quién sabe si el día de mañana también la pueda tener en mi casa.

¿Consideras que esa semillita en un momento determinado pueda germinar?

La idea es esa, hay que sembrar para el futuro, quizás yo lo vea o no lo vea, pero modestamente estoy tratando de colaborar de forma independiente, porque tú sabes que no pertenezco a ninguna organización. Algunas veces me piden una colaboración y la doy, al que no la quiera no se la doy, y participo así dando mis ideas. Hago lo que puedo, incluso pienso, como tú dijiste, que mi trabajo puede ser útil al propio Gobierno y ojalá sirva para conducir a Cuba hacia la democracia, yo no tengo inconveniente en eso, ojalá, y sin aspiración personal alguna.

¿Para ti cuál es la Cuba deseable y cuál la Cuba posible?

Para mí la Cuba deseable es la que trazó en líneas generales la Constitución de 1940, me parece que esa Cuba responde al deseo expresado por José Martí de una “república con todos y para el bien de todos”. Ese es mi ideal de Cuba, donde sean compatibles las aspiraciones individuales, incluyendo la propiedad privada, la existencia del mercado como herramienta importante de distribución de los recursos, la competencia, las posibilidades de superación; con una participación pública importante que complemente la iniciativa privada, siempre sobre la base de un control democrático; que existan debates, partidos políticos, pero que no haya que esperar las elecciones para la toma de decisiones. Esas características las considero posibles. No creo que sea un sueño, es algo que otros han logrado y me pregunto por qué nosotros no podemos también obtenerlo con tesón, con inversiones fuertes en la educación, en la cultura, que preparen el terreno para avanzar hacia ese destino. Yo creo que en la historia, el pueblo cubano ha mostrado tener motivaciones, aspiraciones y puede llegar a eso.

¿Qué acontecimientos dejaron una huella profunda en tu persona?

Algunas cosas han dejado huellas profundas de forma positiva o de forma negativa en mi persona. La victoria del primero de enero de 1959 me hizo soñar con muchas cosas, para terminar en una enorme frustración nacional. Fue un día que nunca podré olvidar. Mi trabajo en el movimiento juvenil, luego como diplomático tratando de obtener ventajas para mi país. Siempre he cumplido con mi deber, con mi conciencia. Quizás con equivocaciones, pero siempre con la mejor voluntad de hacer algo útil para Cuba. En cuanto a aspectos negativos también hay hechos que me han marcado. En 1967 me expulsaron de los equipos de Investigación Económica y me enviaron a recoger estiércol en las cuevas y a trabajar con delincuentes; en 1987 me sacaron del sector de las relaciones exteriores; en 1992 fui expulsado del Banco Nacional; botaron a Miriam, mi esposa, de su trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, precisamente por continuar conmigo. Otro golpe de una potencia terrible fue cuando me detuvieron en 2003 y condenaron a 20 años de cárcel, en condiciones infrahumanas. Todo eso fue muy duro, pero bueno, gracias a la vida, a Dios, no sé a qué, siempre me levanté, aunque no fue fácil.
Cuando falleció tu madre estabas en la cárcel…

Mi madre falleció unas semanas después que salí de prisión. Pude estar con ella, ya estaba muy mal, una parte del tiempo estaba inconsciente, sufriendo mucho. Ella fue un ejemplo de trabajo, de tesón, de lucha y además muy tolerante. Nunca fue comunista, siempre rechazó esos conceptos. Ella era creyente, pero era tolerante. Jamás, aún en la etapa en que yo milité en los grupos marxistas, se opuso; respetó mi decisión como la respetó cuando decidí oponerme al totalitarismo.

¿Te sientes realizado?

Yo me siento realizado, siento que hice algo por mi país, que en determinado momento me fue difícil porque he recibido la incomprensión de muchos compatriotas, pero también se recibe la cosecha. El pueblo toma conciencia y muchos compatriotas se incorporan al movimiento de oposición, muchos intelectuales, gente valiosa. Creo que el objetivo de la sociedad que quiero, de reconciliación nacional, ese concepto que lleva tantos años conmigo, está triunfando y eso realmente es reconfortante.

¿Tienes amigos y/o enemigos?

Yo no considero a nadie mi enemigo, aunque algunos sí me consideran un enemigo. Yo no odio a nadie, yo he desechado el odio, porque el odio no te deja pensar. Como ser humano puede ser que en determinado momento me enfurezca y la ira me gane, pero siempre trato de desechar eso. Tengo muchos amigos, personas que realmente estimo, incluidas algunas con las cuales tengo puntos de vista distintos. Tú mismo eres una de esas personas, algunas veces hemos discutido, confrontado nuestras ideas, pero seguimos amigos. Hay personas en el exterior con las que nunca he hablado personalmente pero que llevo años hablando por teléfono: economistas, especialistas, periodistas. Así tengo muchas personas que me ayudan, que quieren apoyarme en mi lucha.

Tu madre era católica ¿sus creencias tuvieron alguna influencia en ti?

Mi madre fue católica, muy creyente, pero jamás quiso imponerme sus creencias. Mi padre fue comunista pero terminó siendo un creyente católico. Después él se fue de Cuba y murió en Nueva York. En sus últimos años rechazó totalmente este sistema y murió como creyente, católico, muy, muy creyente. Era un hombre inteligente, incluso cuando era comunista me puso a estudiar en una escuela primaria metodista, la Eliza Bowman, dirigida por misioneras norteamericanas, de las cuales conservo excelentes recuerdos. Cuando no era creyente me aconsejaba estudiar la Biblia, porque la consideraba muy valiosa. Después conocí a otros comunistas que pensaban igual. Por ejemplo a Carlos Rafael Rodríguez, que conocía la Biblia muy bien y la citaba bastante. Está la historia de Juan Marinello, en una oportunidad le preguntaron que si se quemaba su biblioteca qué libros iba a rescatar y respondió: la Biblia.

Haciendo una valoración de tu vida ¿consideras que debes de cambiar algo o estás conforme?

Estoy conforme con todo lo que he hecho en mi vida. Me siento muy orgullo porque hice en cada momento lo que mi conciencia me dictó. Cuando trabajé con Fidel Castro pude hacer lo que hacía todo el mundo y no hubiera tenido ningún problema, pude mantener una posición oportunista y aceptar todo lo que se decía allí. También cuando me sacaron del trabajo de relaciones exteriores pude haberme adaptado, tenía hasta una posición laboral muy buena, incluso firmé muchos documentos a nombre del Gobierno, aunque no era militante del Partido. Se me envió a diferentes países como asesor, a Granada, donde estuve con Maurice Bishop, a Corea del Norte, donde estuve con Kim Il Sun. No tenía necesidad de buscarme ningún problema, pero mi conciencia me dictaba otra cosa y ellos me tomaron como si fuera enemigo y me llevaron a esta posición.

Después de todo tengo que agradecerles, con las persecuciones y el acoso me llevaron a comprender que la situación cubana es imposible de resolver con tibias reformas, sino que se necesita un cambio radical de todo el disfuncional sistema que ha conducido la nación al desastre. Yo soy hijo de la burguesía, porque mi familia tenía dinero, mi madre tenía una compañía farmacéutica, propiedades en Cienfuegos y en La Habana; todo eso yo lo dejé de lado y me uní a la revolución sin ningún interés material. No me uní a la revolución por un interés ni de clase ni de nada, sino por la justicia social y amor sincero a mi país.

He llegado a la conclusión de que la democracia es fundamental, es un arma política, un arma social, un arma económica. La democracia y la libertad son componentes indispensables para el desarrollo de una nación en todos los campos; el respeto a la soberanía individual, en un marco legal democrático es uno de los factores determinantes para el avance de los pueblos. Yo pienso que una de las grandes ventajas de la sociedad norteamericana y de otras sociedades es que han sabido mantener un equilibrio y un poder de autocrítica por generaciones.

¿Qué figuras de nuestra historia han tenido influencia en tu formación?

Hay personalidades de nuestra historia en las cuales encuentro referencias insustituibles. En primer lugar Félix Varela, cuando uno lo lee se pregunta, pero ¿cómo este hombre en esa época podía decir tales cosas? Porque no es lo que dijo, sino cuando y con qué visión lo dijo. Otra figura es Martí, personaje cimero en la historia de Cuba, sin soslayar a genios militares y políticos como Antonio Maceo y Máximo Gómez. No se puede olvidar al tercer descubridor de Cuba, a Don Fernando Ortiz, que es una piedra angular de la cultura cubana, un hombre que en oportunidades rechazó tentadoras ofertas políticas porque quería mantenerse al margen de los partidos, y poder realizar sus análisis sin ningún compromiso. Juan Gualberto Gómez, un hombre que de esclavo llegó a ser una personalidad extraordinaria. Enrique José Varona…, hay incluso algunas figuras que habrá que rescatar con independencia de que hayan cometido errores, como es el caso de algunos autonomistas que jugaron un papel importante en la formación de la conciencia nacional, porque muchos de ellos, de forma astuta, utilizaron las limitadas libertades que dio el gobierno español para crear las condiciones que después permitieron a los luchadores por la independencia demostrar que ya no había otra alternativa que la separación total de España. Está Jorge Mañach y también Ramiro Guerra, uno de los textos más importantes que se han editado en Cuba es su libro Azúcar y población en las Antillas. La lista de hombres extraordinarios que ha producido nuestra pequeña isla es enorme.

¿Deseas agregar algo?

–Creo que lo dicho es lo fundamental, eso es lo que puedo decir.