Publicado el á de junio en el Diario de Cuba: http://www.diariodecuba.com/cuba/11470-la-zafra-2012-o-el-ultimo-aldabonazo

“Tal parece que cada año es la primera zafra que va a hacer el país. Todos los años empezamos a aprender y llevamos más de 200 produciendo azúcar. Si estamos hablando de la necesidad de cambio, lo primero que tenemos que cambiar es esa rutina”. Así comienza “Atajar los problemas y no esperar la autopsia”, reporte de Sheyla Delgado Guerra publicado el lunes 30 de mayo en el diario Granma.

Los Lineamientos de la Política Económica y Social, aprobadas en el VI Congreso del Partido Comunista en abril del pasado año, se propusieron entre las tareas centrales, incrementar la producción de azúcar y los derivados de la caña, una rama de la economía donde se supone que Cuba tiene una larga experiencia acumulada. Sin embargo los resultados de la zafra 2011-2012 confirman el fracaso de dicho propósito.

La contienda, programada para producir 1 450 000 toneladas de azúcar (una cifra que se producía a finales del siglo XIX) y terminar la molienda el 30 de abril –a pesar de que contó con la materia prima suficiente y con el 98% de los recursos contratados para su ejecución–, presentó, como dice Sheyla, las mismas deficiencias anteriores: roturas industriales, interrupciones operativas, dificultades en el suministro de la caña, molidas inestables, envejecimiento de la materia prima, mala calidad de las reparaciones de la maquinaría agrícola, arrancadas tardías, deficiente preparación técnica del personal y mal aprovechamiento de la capacidad potencial, lo que ha causado que la molienda no haya terminado en la fecha fijada por la planificación centralizada ni se alcance la cifra programada.

Así se ha confirmado en la reunión de balance de los resultados, celebrada 29 días después que todos los centrales debían haber culminado la molienda. Aunque como en años anteriores no se ha publicado la cantidad de azúcar producida, en la reunión se reconoció que los tropiezos de esta zafra fueron mayores que los discretos logros obtenidos. Se supo, según el reporte de Sheyla, que la caña dejada de moler por la arrancada tardía de 21 de los 46 centrales que participaron, unido al bajo aprovechamiento de la capacidad potencial y al incumplimiento de la eficiencia planificada, están entre las principales causas del pésimo resultado.

En esta oportunidad, aunque se contó con toda la caña necesaria, al punto que se ha molido más de la cantidad planificada, la producción de azúcar se volvió a incumplir. En la fase industrial las capacidades se aprovecharon solo al 60%, cifra incluso menor a la de la zafra 2010-2011, y por supuesto a la que estaba planificada para esta cosecha. Si bien hubo un modesto sobrecumplimiento en la producción de azucares blancos, en cuanto a la de blanco directo apenas se alcanzó el 8%. Además, siete de los centrales que molieron después de  varios años inactivos, lo hicieron al 54% de su norma potencial, razón por la cual se dejaron de producir por esa causa unas 27 mil 500 toneladas de azúcar.

A lo anterior se  unen los bajos rendimientos por las condiciones climatológicas del mes de mayo, pues 29 días después del cierre programado, varios centrales continuaban moliendo en época de lluvia, lo que acentúa el declive azucarero, que no es nada novedoso, pues el mismo se inició hace más de dos décadas cuando la zafra 1998-1999 no pudo sobrepasar los 3,8 millones de toneladas de azúcar, una cifra inferior a la producida en 1920, fecha en que se sobrepasaron los 4 millones de toneladas.

El fracaso es mayor si se tiene en cuenta que el país posee decenas de centros docentes y de investigación agropecuarios en todo el territorio nacional, que ha graduado miles y miles de ingenieros y técnicos en estas ramas, que esta vez se contó desde el inicio de la zafra con la casi totalidad de los recursos contratados para su ejecución y con caña más que suficiente para cumplir el plan, todo lo cual indica la búsqueda de los fracasos en otra dirección.

Las reformas relacionadas con la producción azucarera, como el resto de las que se han implementado, ni tienen la profundidad que se requiere ni avanzan a la velocidad que la situación demanda. Es evidente que la falta de interés de los productores –los trabajadores, por los bajos salarios; los propietarios, por las trabas que les imponen– está presente tanto en los resultados de la actual zafra como en los fracasos de las anteriores.

La esencia del problema radica en que las reformas introducidas por el gobierno cubano nacieron subordinadas a la ideología y a los intereses del poder, por tanto se han propuesto contra toda lógica conservar un modelo obsoleto que ha demostrado fehacientemente su inviabilidad.

Los resultados adversos de la planificación centralizada, manifiestos en la zafra 2011-2012, debería constituir un último aldabonazo, que llame la atención definitivamente sobre los aspectos que las reformas han soslayado hasta ahora, me refiero a la imperiosa necesidad de proceder a cambios profundos que incluyan de una vez por todas la estructura de la propiedad, pues medio siglo parece suficiente para delimitar el abismo existente entre los jefes y los dueños; entre el ordeno y mando y la participación de los trabajadores; aspectos que a su vez implican reformas en el ámbito de los derechos y libertades para hacer válido lo anterior.

Sería más útil proceder a esos cambios y no a continuar amenazando con el dedo en alto a los “incumplidores”, como apareció el lunes 29 de mayo en la televisión cubana, uno de los funcionarios de alto nivel que participó en la reunión de balance de la zafra diciendo: “¡Se los he dicho!, tienen que cambiar”, cosa a la que se han acostumbrado año tras año.

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