Dimas Castellanos

El pensamiento político cubano durante la colonia evolucionó desde los reclamos enarbolados por Félix de Arrate hasta José Martí, quien conformó el proyecto de la república moderna basada en la dignidad plena del hombre con todos y para el bien de todos. En cuanto a las libertades cívicas, implementadas en Cuba por los acuerdos del Pacto del Zanjón, el momento en que Martí elaboró ese proyecto, la situación no difiera esencialmente de las ahora existentes en pleno siglo XXI. Como los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetir los errores del pasado, como expresara un colega mío, lo que Cuba nunca podría hacer, a menos que quiera suicidarse como nación, es cancelar ese pensamiento.

La Guerra que Martí organizó con ese fin terminó en la República de 1902 con independencia incompleta y soberanía limitada. La limitada justicia social manifestada en la desigualdad de oportunidades para negros y blancos y en la concentración de la propiedad, se conservaron en el nuevo escenario y aunque cuatro décadas más tarde la Constitución de 1940 sentó las bases para el fomento de una sociedad democrática, por nuestras carencias cívicas desembocó en el Golpe militar de 1952 y seguidamente en la respuesta insurreccional que triunfó en 1959; un proceso que aparte de algún que otro avance en sectores como la salud y la educación, el único mérito que puede exhibir es medio siglo de resistencia y la pérdida de libertades y derechos que nos sitúan en la época colonial.

José Martí, precursor en Cuba de la política como proceso se propuso fundar un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud. Para ello estableció una relación genética entre partido, guerra, independencia y república. Fundó un partido para aunar voluntades, organizar, controlar, crear conciencia, sustituir la inmediatez y dirigir la guerra que habría de traer la República. No para dominar y prohibir la existencia de partidos diferentes, no para trabajar por el predominio de clase alguna; sino para la agrupación, conforme métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria. En las Bases del Partido Revolucionario Cubano planteó que el mimo: no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.

Organizó la guerra necesaria como forma de hacer política. Por ello delimitó las funciones de la guerra de modo que en la conquista de la independencia fueran los gérmenes de la república de mañana, pues consideraba que en la hora de la victoria sólo fructifican las semillas que se siembran en la hora de la guerra. Por eso, al apartarse del Plan Gómez-Maceo le escribió al generalísimo: Pero hay algo que está por encima de toda la simpatía personal que usted pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente: y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta.

Consideraba a la república como igualdad de derecho de todo el nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; economía diversificada en manos de muchos pequeños propietarios; edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano fuera hombre político enteramente libre. Mientras concebía a la patria como dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie. Definiciones que remató con aquel ideal tan lejano aún: Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

En La futura esclavitud compartió la crítica realizada por Herbert Spencer al socialismo de Estado, donde se plantea entre otras cosas que si: los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesaran a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, ira ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre el; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo.

En Cuba los cambios realizados después de 1959 no responden a las necesidades actuales. Se requieren nuevas transformaciones. La Coincidencia entre el fracaso del socialismo totalitario, manifestada en que los de abajo no quieren y los de arriba no pueden y un ambiente externo favorable con la suspensión de las sanciones por parte de la Unión Europea, la reinserción en los mecanismos políticos de la región, el cambio de presidente en Estados Unidos, hace del momento actual una excelente oportunidad para iniciar, sin más retraso, los cambios estructurales que Cuba necesita. Pero sin olvidar a Martí, porque ese cambio requiere de un nuevo proyecto nacional conformado con la participación de todos. Su realización, ahora o después, será el mejor homenaje en este 28 de enero y en los futuros aniversarios del Maestro.
La Habana, 19 de enero de 2009

Escribe tu opinión