(Tomado del Diario de Cuba, www.ddcuba.com, el día 23 de febrero de 2011)

La armonía social implica que los avances científicos, tecnológicos, económicos y culturales tengan el correspondiente reflejo en la justicia social, la democratización y las libertades ciudadanas. La ausencia de esa correspondencia hace que las demandas de épocas pasadas coexistan con las presentes y que, por tanto, su solución tenga que emprenderse de forma conjunta, lo que le imprime un alto grado de complejidad a los procesos de cambios.

Algunos aspectos esenciales contenidos en el Programa del Partido Revolucionario Cubano (PRC) continúan pendientes de realización. Por ello, el 116 aniversario del 24 de febrero constituye una excelente oportunidad para tratar un tema tan vital.

Los adelantos técnicos introducidos en los ingenios, la sustitución del trabajo esclavo por el asalariado y la centralización de la propiedad en las grandes haciendas azucareras a finales del siglo XIX, convirtieron a Cuba en el primer país productor de azúcar que arribó al millón de toneladas; a cambio, la economía quedó sujeta a un solo producto y casi totalmente a un solo mercado, lo que generó una deformación estructural y una redistribución injusta de la riqueza que se reflejó en las penurias de obreros, campesinos pobres y esclavos emancipados, un cuadro que condicionó el reinicio de la lucha revolucionaria en 1895.

José Martí, en su análisis del fracaso de la Guerra de los Díez Años, expuesto en Nueva York en enero de 1880, arribó a un sistema de principios que constituye el cimiento de la teoría de la revolución: el papel de la política, su carácter democrático y participativo, la observación del factor tiempo, la revolución como forma de la evolución y la necesidad de unir los diversos factores en un mismo fin concertado; estudio que lo situó como el político cubano de mayor altura.

Después de 12 largos años de labor, el 10 de abril de 1892 se declaró constituido el PRC de forma simultánea en todas las asociaciones, del cual debía emerger la República que se quería constituir. Dicho propósito quedó definido en las Bases del Partido: “fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud”1; de manera –decía el  periódico Patria–, “que en la conquista de la independencia de hoy vayan los gérmenes de la independencia definitiva de mañana”.2

La democratización, la libertad y la dignidad humana, presentes en todos los discursos, artículos y documentos elaborados por Martí, constituían los fundamentos de la República.

Las Resoluciones de noviembre de 1891 plantean que la razón de ser del PRC era la necesidad de reunir en acción común republicana y libre a todos los elementos revolucionarios honrados para la creación de una república justa y abierta para el bien de todos. Y en el programa, conocido como Manifiesto de Montecristi, se proclama que “La guerra no es… el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria o el sepulcro…”3

En el discurso pronunciado el 10 de octubre de 1889, expuso: “Todo lo de la patria es propiedad común, y objeto libre e inalienable de la acción y el pensamiento de todo el que haya nacido en Cuba. La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie, y las cosas públicas en que un grupo o partido de cubanos ponga las manos con el mismo derecho indiscutible con que nosotros las ponemos, no son suyas sólo, y de privilegiada propiedad, por virtud sutil y contraria a la naturaleza, sino tan nuestras como suyas…”4

En la disertación Con todos y para el bien de todos, en 1891, dijo: “cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!”5 En la carta a José Dolores Poyo, fechada en diciembre de ese mismo año, declaró: “Es mi sueño que cada cubano sea hombre político enteramente libre”6. De igual forma le escribió a Máximo Gómez: “El gobierno de los hombres es la misión más alta del ser humano, y solo debe fiarse a quien ame a los hombres y entienda su naturaleza”7. En esa misma oportunidad expresó: “Por que si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.8

La labor organizadora del PRC se manifestó en el interior y el exterior del país. Los múltiples alzamientos ocurridos en toda Cuba, a pesar del fracaso del plan La Fernandina, así lo confirman; sólo en la zona oriental se produjeron más de 30 levantamientos desde Guantánamo hasta Las Tunas, por lo que el Grito de Baire podría, en justicia, llamarse Grito de Oriente.

A 116 años de aquel gigante esfuerzo, debido a la ausencia de democratización, de libertad y de dignidad de los cubanos, la producción de azúcar apenas sobrepasa la de aquella época, con la diferencia de que en vez de 1 millón y medio de habitantes ahora somos casi 12 millones; la injusta distribución de la riqueza se convirtió en pobreza generalizada; la propiedad de la tierra fue absorbida casi totalmente por el Estado, lo que imposibilitó la realización del sueño martiano de conformar un país de muchos pequeños propietarios; la eliminación de las trabas que impedían a los cubanos de piel oscura participar en condiciones de igualdad, al no acompañarse de la correspondiente acción afirmativa y al eliminarse el debate del tema, la discriminación se conserva en los prejuicios raciales que reproducen a la colonia; y la anhelada República libre y democrática asumió la forma de sistema totalitario.

En fin, que las razones fundamentales por la que decenas de miles de cubanos que tomaron las armas en 1895, que cayeron y/o otros incontables sacrificios, están pendientes de realización. A ellas se unen las demandas de la modernidad. Es decir, viejos y nuevos problemas que reclaman solución de forma conjunta. Por ello las ideas martianas que intentaron realizarse a fines del siglo XIX, conservan su vigencia en la Cuba del siglo XXI.

La Habana, 22 de febrero de 2011
1 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 26
2 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.99.
3 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 511
4 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TII, p. 367
5 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, pp. 9-10, 17
6 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 24-25
7 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TII, p. 16
8 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 9

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