Debido al acelerado aumento de los precios de los productos del agro y la improductividad de ese sector en Cuba, el Presidente del Consejo de Estado calificó la producción agrícola como asunto de máxima seguridad nacional. En respuesta se han creado en todo el país las delegaciones municipales de la Agricultura.

Un artículo titulado ¿La espada alejandrina del campo criollo?, aparecido en Juventud Rebelde el 1 de junio de 2008 dice que: “Mientras seguimos con preocupaciones las continuas alzas del precio de los alimentos a escala mundial, en los campos cubanos se busca desatar los nudos que han amarrado sus producciones”. Sin embargo el artículo apunta más al aumento de los controles que a la liberalización de los nudos existentes.

La delegada de Güira de Melena declaró que cuentan con especialista integrales “para cuando hagamos un control estatal puedan verificar e inspeccionar las distintas áreas”. En este municipio se comenzó a asignar a los productores todo el combustible que necesitan. Ahora, según la delegada “tenemos la obligación de ver si ese agricultor está empleando el petróleo en lo que realmente debe utilizarlo”. 2- El delegado de Guantánamo dice que ahora cuenta con una estructura idónea para acercarse a la base y “ejercer el control donde antes no podía hacerse. Según el Subdelegado de ese mismo municipio, las delegaciones están bien concebidas pero hay que dotarlas de los recursos mínimos imprescindibles –transporte y combustible– para llegar al campo, “de lo contrario nos desgastaremos en llevar y pedir informes sin una verdadera identificación con los problemas”. En Guantánamo –dice el artículo– “se requiere que la delegación ejerza control y fiscalización sobre los mecanismos del sistema empresarial de la Agricultura, que revise su funcionamiento desde que inicia la cosecha hasta el destino de esas producciones”. 3- El Delegado de Ciego de Ávila plantea que el “compromiso de que la empresa le otorgue al campesino los recursos mediante contrato, y que las producciones se controlen mediante los insumos asignados, es muy importante”.

Situar la toma de decisiones más cerca de la base productiva es sin dudas positivo, pues le brinda más agilidad en la solución de los trámites, mayor eficacia productiva y promueve el desarrollo de la iniciativa local. Sin embargo, los excesivos controles desde el Estado papá a los productores niños actúa en dirección contraria a esas ventajas. Entregarle combustible y transporte a se inicia la siembra hasta que la comercialización de los productos; entregar petróleo para después tener que controlar en qué y cuánto se gasta; significa que los productores siguen siendo objetos pasivos sin capacidad para decidir, mientras el Estado mantiene, ahora más cerca de la base, una estructura supervisora que constituye el verdadero sujeto de la toma de decisiones. Así, los nudos, en vez de desatarse, se están corriendo hacia la base, lo que obstaculizará el propósito de aumentar la producción de alimentos, pues la causa principal de la crisis de la agricultura cubana: la falta de autonomía, de libertad y de derechos de los productores, continúa.

La experiencia de la ola de inspectores en los últimos años ha demostrado su fracaso. Ni cambios frecuentes de los inspectores de los lugares que visitan, ni la supervisión y depuración sistemática de los mismos, ni la formación de más y más inspectores simples o integrales, ni la creación de cuerpos de inspectores para inspeccionar a otros inspectores ha repercutido en la eficiencia productiva; al contrario, medio del desequilibrio existente entre el salario y el costo de la vida muchos de nuestros fiscalizadores convirtieron las inspecciones en una vía fácil para mejorar su canasta familiar. La sociedad cubana, altamente calificada y emprendedora, no requiere de paternalidad sino de autonomía de los productores, de derecho de propiedad y salarios en correspondencia con el costo de la vida.

Si se quiere eficiencia en la producción de alimentos hay que proceder, cuanto antes, a la transformación de los ociosos latifundios estatales en grandes, pequeñas o medianas empresas e incentivar a sus dueños, privados o colectivos, con imposiciones fiscales bajas y flexibles. Recodemos aquella afirmación de José Martí: “El mejor ciudadano es el que cultiva una extensión mayor de tierra”; pero por supuesto, primero tiene que poseerla. Ahí debería radicar la principal función de la nueva institución agrícola.

La Habana, 7 de junio de 2008

Escribe tu opinión