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El Blog de Dimas » La confrontación ¿una estrategia?

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Aunque la política externa dimana de la interna, las relaciones conflictivas entre Cuba y Estados Unidos invirtieron esa relación. En 1959 el gobierno cubano se autodefinió así: Entre las dos ideologías o posiciones políticas y económicas que se están discutiendo en el mundo, nosotros tenemos una posición propia. Sin embargo, las medidas dictadas, al afectar los intereses norteamericanos, generaron el giro hacia el totalitarismo, uno de cuyos resultados fue la eliminación de la sociedad civil y la violación de los derechos humanos. En ese contexto, los países miembros de la Unión Europea (UE) que mantenían relaciones bilaterales con Cuba, asumieron en 1996 la Posición Común con el fin de alentar la democratización y el respeto de las libertades fundamentales, lo cual se reflejó en el reconocimiento público de la oposición cubana.

Ese reconocimiento aumentó las tensiones hasta el 2003, año en que Cuba solicitó integrarse a los acuerdos de Cotonú –relaciones de cooperación entre la UE y los países de África, Caribe y Pacífico– que implican el compromiso de promover y proteger las libertades fundamentales y los derechos humanos. Sin embargo, en ese mismo año, a causa del encarcelamiento de 75 opositores pacíficos y el fusilamiento de tres jóvenes que intentaron capturar una lancha para escapar del país, el Consejo de la UE reafirmó la validez de la Posición Común. Finalmente, desde octubre de 2008, cuando se logró reanudar la cooperación sin condicionamiento alguno, el gobierno español se propuso derogarla; pero en enero de 2010, apenas España ocupó la presidencia de la UE, se prohibió la entrada a Cuba del eurodiputado español Luis Yáñez y al mes siguiente el prisionero político Orlando Zapata murió un una prolongada huelga de hambre, dos sucesos que echaron por tierra el propósito español.

Si a la confrontación con Estados Unidos y Europa, se une en América Latina el rechazo al acuerdo de la OEA –que condicionó el reingreso de Cuba a la aceptación de la Carta Democrática Interamericana de 2001, la cual exige el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, más la no ratificación de los pactos de derechos humanos firmados desde 2008, se puede inferir la existencia de una estrategia dirigida a desentenderse de cualquier compromiso que comprometa al gobierno cubano a restablecer la sociedad civil, el respeto a los derechos humanos y la democratización, y en su lugar, estrechar los lazos con instituciones como el ALBA, donde al parecer no existe ese tipo de exigencias.

A pesar de la resistencia gubernamental, la relevancia de las libertades cívicas obligará, tarde o temprano, a cambiar la política interior y desde ella proyectar las relaciones exteriores basadas en el diálogo como principio rector y estrategia permanente. Entonces, habrá que comenzar por excarcelar a todos los prisioneros políticos, ratificar los pactos de derechos humanos, acoplar la legislación a esos pactos y abrir un debate nacional sobre los problemas que nos aquejan, para que los cubanos puedan participar como sujetos en los destinos de su nación. Es, sencillamente, un problema de tiempo.

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