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La seguridad en el triunfo de los partidarios del Sí, en el referendo recién efectuado en Venezuela, demostró ser pura ilusión política.. Unas horas antes del referendo el propio Chávez, explotando el maniqueísmo nacionalista expresó “el que vote por el Sí está votando por Chávez, el que vote por el No, vota por Bush”. Los electores, por su parte, no votaron por Bush, pero tampoco por Chávez, lo hicieron por la democracia.

La voluntad soberana del pueblo –como expresara la Presidenta del Consejo Electoral Nacional– se impuso con el No. Una clara señal de rechazo. El efecto, contrario a sus sueños, significa que al perder, Chávez está obligado a convocar nuevas elecciones.

De cerca de 15 millones de electores, menos del 28% lo hizo por el Sí, casi un 29% por el No, mientras el abstencionismo fue de un 44,11%. Lo más significativo –reconocido por Chávez– radica en que unos tres millones de electores, que el pasado año le dieron el voto en la elección presidencial, esta vez no le apoyaron. Como Chávez llamó a votar por él y por su socialismo, el resultado no puede ser interpretado sino como un rechazo a él y a su socialismo feudal, donde el jefe del Estado, con poderes absolutos y derecho indefinido a la reelección, pueda decidir el destino de los nacidos y los por nacer.

Después de su fracasado golpe de Estado de 1992, el Teniente Coronel Hugo Chávez se propuso arribar al poder por la vía cívica. Con un mensaje nacionalista y populista ganó las elecciones de 1998. Aprovechando la victoria, ordenó un referendo para conformar una Asamblea y redactar una nueva Constitución que contemplara la reelección, la cual fue aprobada y respaldada por el voto popular. Al ser reelegido para un nuevo mandato de seis años, Chávez anunció una profunda transformación de las estructuras económicas y sociales del país y solicitó de la Asamblea Nacional poderes especiales que les fueron concedidos. Ello provocó huelgas, motines militares y manifestaciones que desembocaron en el fallido golpe de Estado de abril de 2002 y en la paralización de la industria del petróleo, hasta que el gobierno controló la situación y despidió a miles de trabajadores que participaron en el movimiento.

El 15 de agosto de 2004, al ser ratificado en el poder por un referendo revocatorio, Chávez convocó una asamblea constituyente para reformar la Carta Magna, con lo cual reforzó su poder presidencial, eliminó el Senado, vació el poder legislativo en la unicameral Asamblea Nacional y estableció un mayor control estatal sobre los medios de comunicación y alcanzó una concentración de poder comparable con la de la dictadura del general Juan Vicente Gómez entre 1908 y 1935. En el 2006 Chávez ganó nuevamente las elecciones presidenciales y ahora, con ese poder acumulado se lanzó a su meta final: convertirse en dictador constitucional por vida.

El chavismo demostró ser una fuerza popular, pero no una fuerza integradora de la nación. La política moderna tiene que ser representativa del abanico de intereses. Lo contrario, el voluntarismo, el subjetivismo y la corrupción que conllevan esos métodos generaron, en una sociedad que no pudo ser desposeída de sus derechos e instituciones cívicas, la inconformidad que se manifestó por el No y por la abstención.

Una reflexión serena de lo ocurrido nos dice, entre otras cosas que: 1- El arribo al poder no significa sino un reto para iniciar cambios estructurales para transformar los siglos de atraso acumulados. 2- El mejoramiento de los aspectos vitales de la población menos favorecida tiene que acompañarse de un proceso de democratización y libertades. 3- El intento de reforma constitucional no podía ignorar el 35-40% de los venezolanos que continuadamente votaron contra el presidente. 4- El efecto adverso de la ruptura con el General Baduel y el desconocimiento de la fuerza de las universidades. 5- Los resultados desfavorables de la política internacional previos al referendo.

La sociedad civil –instrumento imprescindible para la participación popular, paralelo y autónoma respecto al Estado– ha demostrado nuevamente su efectividad. Gracias a ella, el intento de instaurar una “dictadura constitucional” para gobernar la nación bajo una hegemonía personal o de un grupo en detrimento de otros, ha sido frustrado. La política moderna, como arte de conjugar elementos e intereses, requiere del consenso, del diálogo, de los compromisos. Lo demás, aunque sea usando el recuerdo de Bolívar para legitimar sueños irrealizables, culmina, más temprano que tarde, en lo que culminó.

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