Hemeroteca de septiembre 2017

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1504784989_33794.html

El sistema electoral cubano comprende elecciones generales cada cinco años para diputados a la ANPP y delegados a las provinciales, así como elecciones parciales cada dos años y medio para delegados de circunscripción y de las asambleas municipales.

A lo largo de este mes tendrá lugar la nominación de candidatos correspondientes a un nuevo período electoral y el domingo 22 de octubre se realizarán las elecciones municipales; proceso que culminará en febrero de 2018 con la designación de la nueva Asamblea Nacional y la elección del próximo Gobierno revolucionario.

El artículo cinco de la Constitución define al Partido Comunista como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”, por lo tanto, el sistema electoral está diseñado para garantizar la continuidad del Partido Comunista en el poder. Eso explica, que si bien en las circunscripciones el pueblo nomina y elige directamente, al conformar las asambleas municipales, provinciales y la nacional, que es donde se concentra el verdadero poder, las Comisiones de Candidaturas, conformadas por los dirigentes de las organizaciones de masas -subordinadas constitucionalmente al Partido Comunista- tienen la potestad para incluir en dichas candidaturas al 50% de los candidatos, aunque no hayan sido electos por el pueblo.

En un contexto caracterizado por el retroceso económico, el latente peligro de extinción de los subsidios de Venezuela, el desinterés generalizado, la corrupción devenida moral de supervivencia y una creciente desesperanza, los “comicios” anunciados serán, además de los más difíciles, los últimos con el sistema electoral vigente, que agotado, tendrá que dar paso a una nueva ley electoral. Las razones en las que fundamento esta tesis son las siguientes:

En 1959: 1- Los revolucionarios que arribaron al poder en 1959 se legitimaron por las armas; 2- La economía que encontraron les permitió rebajar precios y redistribuir, lo que le permitió y granjearse el apoyo popular; y 3- Sin resultados económicos, en medio de la Guerra Fría, se han sostenido con los subsidios soviético-venezolanos.

La crisis actual del sistema electoral -reflejo de la crisis del modelo- no es ignorada por el Gobierno. El 23 de febrero de 2015, en el X Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, se anunció que se adoptaría una nueva Ley para las elecciones generales de 2018.Sin embargo, los reveses sufridos por la izquierda “bolivariana” en la región, especialmente la pérdida del parlamento por el chavismo en Venezuela y la apretada victoria en segunda vuelta en Ecuador, parecen haber determinado su postergación. A ello se une que, en las elecciones municipales de abril de 2015 la suma de los cubanos que no asistieron a las urnas y que anularon las boletas alcanzó la suma de 1 700 000 cubanos, es decir, el 20% del electorado.

A esa complejidad se añaden: 1- La presentación de decenas candidatos independientes, que a pesar de no representar un peligro inmediato para la conservación del poder, constituye una señal de la necesidad de cambios y 2- La últimas medidas restrictivas contra el trabajo privado. La reciente Resolución No. 22/2017 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social prohíbe el otorgamiento de nuevas licencias para decenas de actividades que van desde el arrendamiento de viviendas hasta los carretilleros vendedores de productos agrícolas; actividades que el Estado ha sido y es incapaz de realizar. Se trata pues, de un retroceso dirigido a impedir el desarrollo de una clase media nacional independiente que tanto Cuba necesita a fin de conservar el poder.

Lo anterior ha generado una gran preocupación en las autoridades cubanas como lo demuestran los tres hechos siguientes:

– El diario Granma del jueves 13 de julio de 2017 reprodujo las siguientes palabras de Carlos Rafael Miranda Martínez, Coordinador Nacional de los CDR, llamando a una gran batalla. Dijo: “En esta ocasión deben estar en la primera línea de combate para asegurar el éxito del proceso electoral cubano; la gran batalla es lograr que se nominen compañeras y compañeros con un prestigio revolucionario probado, con una trayectoria a favor del barrio y de la comunidad”.

– El presidente cubano, en la clausura de la ANPP, el 14 de julio de 2017, expresó: “No es ocioso destacar la trascendente importancia política que reviste este proceso electoral, que debe constituir un acto de reafirmación revolucionaria por parte de nuestro pueblo, lo que exige una ardua labor de todas las organizaciones e instituciones”.

– Los Comités de Defensa de la Revolución iniciaron los “Barrios debates por el deber Patrio y Antimperialista”, en los que se analiza un boletín de esa asociación con las orientaciones para que sus miembros lleguen listos a las asambleas de nominación.

Por los argumentos enumerados la nueva generación de revolucionarios que asumirá la dirección del gobierno en febrero de 2018 no se ha legitimado por las armas ni por las urnas; 2- Encuentran una economía estancada, en franco retroceso, que les impide repartir; 3- En un contexto internacional sin potencia extranjera dispuesta a subsidiarlos por razones ideológicas; y 4- En medio de un desgaste y un descontento generalizado que conducirá inexorablemente, a una nueva ley electoral.

Desde los albores de la humanidad los impactos de la naturaleza generaron actos de respuesta de los pueblos, entre ellos los relacionados con el ciclo de la vida y la muerte.

El carnaval1 es una fiesta de origen pagano relacionada con la vida y la muerte. Su existencia se remonta a la Sumeria y al Egipto antiguos, fue recuperada en la Italia medieval, se generalizó por Europa y llegó a América con la conquista hispana y lusitana. Sus primeras manifestaciones en Cuba tuvieron lugar desde fines del siglo XVI con la introducción en el país de las conmemoraciones católicas y los esclavos de diferentes regiones y etnias africanas.

Resultado del creciente comercio de esclavos, desde su inicio por los flamencos en 1521 hasta los cientos de miles que entraron después de 1789, la población negra en la Isla llegó a mediados del siglo XIX a superar superaba en número a la blanca2. Para evitar la comunicación entre las etnias las autoridades coloniales las mantuvieron separadas. En esas condiciones el esclavo se limitaba a cantar y bailar en las plantaciones y los barracones para mitigar el cansancio y la nostalgia. Sin embargo, a través de los Cabildos de Nación3, pudieron conservar factores culturales como la música y el baile. De esa música, que tenía mayor número de ejecutantes y admiradores que la de los españoles4, nació la música cubana, la más alta expresión de la cultura nacional.

El Reglamento de Esclavos dictado en 1842 autorizó la diversión y recreación los días festivos después de cumplir con las prácticas religiosas5. En esas fiestas la presencia de los santos católicos entre las divinidades africanas dio lugar al sincretismo religioso.

Antes

Desde mediados del siglo XIX, el Día de Reyes -una de las festividades de la liturgia católica- los Cabildos realizaban un recorrido por las calles habaneras que finalizaba en el Palacio de los Capitanes Generales donde felicitaban al Gobernador y recibían aguinaldos6.

Los Miércoles de Ceniza7 -otra celebración de la liturgia católica en la que participaban los cabildos- dio lugar a las Carnestolendas8 que en Cuba se celebraban desde finales del siglo XVI previo a la cuaresma. En esta festividad se utilizaban los mismos elementos profanos que acompañaban la fiesta del Corpus Cristi9 como la comparsería y los muñecones, pero, sobre todo las comparsas de “mamarrachos” que eran su acompañamiento habitual.

A fines del siglo XVIII los cabildos fueron relegados a la zona de extramuros, entonces las procesiones de carnaval penetraban a la Habana amurallada y marchaban a través de las calles Mercaderes, Obispo y O’Reilly hacia el Palacio del Capitán General. A pesar de ello las culturas y actividades festivas de negros y blancos se celebraban por separado, pues por lo menos, hasta 1850, más de las tres cuartas partes de los negros vivían en las plantaciones, donde apenas tenía contacto con los blancos. No fue hasta después de la Guerra de los Diez Años que los negros invadieron las ciudades10.

Junto a los Cabildos se distinguieron otras manifestaciones carnavalescas como la Comparsa11. Mientras en los salones de baile -en el siglo XIX- los negros introdujeron la conga12, lo que llevó a los cubanos a arrollar13 alegremente detrás de los instrumentos de percusión en épocas de Carnaval”14. En ella se mezclaban comparsas de barrio, carros de tarascas15, gigantes o muñecones y comparsas de Mamarrachos generando una interinfluencia que devino uno de los hechos primarios en el proceso de gestación de la nacionalidad cubana.

En 1895, a causa de la Guerra de Independencia, el gobierno colonial suspendió los carnavales, los que fueron restablecidos en el siglo XX al inicio de la República. Al resurgir, los negros al compás de la conga arrastraron a cubanos de todos los colores a arrollar alegremente detrás de la percusión. El carnaval constituyó un ingrediente de la nacionalidad y la nación cubanas, pues coadyuvó a la integración y a perfilar modos y costumbres que pasaron a ser parte de la cubanía.

Durante los primeros años de la República los negros fueron autorizados a ejecutar su música y sus danzas junto a las comparsas de blancos como El Alacrán, los carros tirados por caballos y luego los carros modelo T16 cubiertos de flores y las carrozas. Sin embargo, las autoridades municipales influidas por los prejuicios raciales comenzaron a dar preferencia a los carros ornamentados, las carrozas, las bandas militares y la presentación del Rey y la Reina, en detrimento de las manifestaciones de origen afro-cubano como la comparsa y la Conga.

Entre 1916 y 1937 la supresión de las comparsas fue casi total. Después de ese último año se reautorizaron los paseos de carnaval a lo largo del Paseo del Prado. Esos grupos incluían El Alacrán de la barriada del Cerro, Los Marqueses de Atarés, Las Boyeras de Los Sitios, Los Dandys de Belén, La Sultana de Colón, Las Jardineras de Jesús María, Los Componedores de Batea de Cayo Hueso, El Príncipe del Raj de Marte, las Mexicanas de Dragones, Los Moros Azules de Guanabacoa, El Barracón de Pueblo Nuevo y Los Guaracheros de Regla, entre otras. El carnaval devino la mayor fiesta popular de la Habana en la que participaba la población a través de los barrios.

Por su belleza y calidad los carnavales habaneros se consideraron entre los primeros del mundo, junto a los de Río de Janeiro (Brasil), Nueva Orleans (Estados Unidos), Venecia (Italia) y Niza (Francia), entre otros. Por esas razones el Proyecto Identidad los declaró, junto al Cañonazo de las nueve, el lanzamiento del cubo de agua el 31 de diciembre y otras costumbres , entre las tradiciones habaneras17.

Ahora

Después de 1959 el Carnaval fue subordinado a la política, lo que lo desnaturalizó como festividad representativa de la cultura nacional. La subordinación no fue una excepción, el gobierno revolucionario, devenido fuente derecho, procedió a desmontar toda la institucionalidad existente, incluyendo la sociedad civil, las tradiciones, fechas históricas como el 20 de mayo y el concepto de ciudadano.

La organización, antes en manos de los barrios habaneros, fue asumida por el Estado con el objetivo de erradicar “los falsos conceptos” carnavalescos heredados del capitalismo y estimular la interacción de blancos y negros. Una medida innecesaria pues los carnavales, sin control del Estado, habían existido desde la época colonial y habían gestado un largo proceso de mestizaje e integración entre negros y blancos.

La festividad, que antes de 1959 corría a cargo de la Comisión del Carnaval de La Habana, subordinada al ayuntamiento, con participación activa de los barrios y los aportes de comerciantes e industriales, no generaba gastos sino ingresos para la alcaldía.

La Comisión del Carnaval convocaba a los artistas para hacer carteles. Se realizaban bailes de disfraces en los clubes, y los cabarets hacían anuncios alegóricos a la festividad. Se realizaba un desfile de automóviles descapotados, motocicletas y camiones abiertos, que se intercalaban con los elementos tradicionales y se disfrutaba de las acrobacias de la unidad de ceremonias de la policía motorizada. con las motos Harley-Davidson. Después de esa fecha esas motos fueron desactivadas.
Las comparsas y carrozas recorrían el malecón desde la calle Paseo hasta el Paseo del Prado y de ahí hasta el Capitolio, giraban en la fuente de la India y realizaban el recorrido de regreso por la misma vía. En toda la ciudad se generaba un espíritu de carnaval. En los palcos y graderías se vendían comidas ligeras como bocaditos, rosita de maíz, helados y refrescos. La comida cocinada y la cerveza -a diferencia de lo que ocurre ahora- no eran la razón de la asistencia.

Las empresas industriales y comerciales, además de las donaciones a la Comisión del Carnaval, obsequiaban a la reina. Orbay & Cerrato, la mayor fábrica de muebles de Cuba podía obsequiar un lujoso juego de muebles; la agencia Frigidaire, un refrigerador; o las agencias automovilísticas un automóvil, entre otras.

La primera Reina del carnaval habanero (1908), Ramona García -una joven trabajadora de la fábrica de cigarros Susini-, según sus cálculos, recibió más de 25 mil pesos en regalos, además de una casa en la calle Concepción, en la Vibora18. Mientras los premios en dinero a los primeros lugares les servían para mejorar las comparsas.

Después de 1959 en los certámenes, aunque la candidata deslumbrara por su belleza, se exigía la integración revolucionaria; un requisito sin el cual no se podía aspirar al estrellato, algo que luego se generalizó a otras esferas como fue “La Universidad para los revolucionarios”. Según Rebeca Monzó19 -electa Lucero en el año 1963- para entonces, se había cambiado ya la terminología de Reina por Estrella y de Dama por Lucero, por considerar las anteriores como una expresión de la pequeña burguesía. Ya no bastaba con ser bonita, tener cultura y poseer buenos modales, ahora además, y como elemento muy importante, ser una persona “integrada”.

Durante la República, todas las Reinas y la Damas fueron mujeres de procedencia humilde, pero blancas. Solo tras el triunfo de la Revolución fue posible la presencia de alguna mulata entre las Damas. En 1964 Mabel Sánchez llegó a ser Estrella (Reina) del carnaval. Su piel era tan clara que entre las fuentes consultadas existe controversia sobre si era mulata o no. Su elección generó malestar y críticas, porque era una mujer divorciada con hijos. En el momento era novia del Ministro de Construcción, Levy Farah y posteriormente se casó con él.

Hasta 1965, la Estrella y las Damas eran escoltadas por la unidad de Ceremonias de la Policía Motorizada con las motos Harley-Davidson. Después de esa fecha esas motos fueron desactivadas.
En 1969, no hubo carnavales. Todos los recursos del país fueron puestos en función de la fracasada “Zafra de los Diez Millones”. La fecha se trasladó temporalmente de los meses de febrero-marzo, como era tradicional, para el mes de julio. Una temporalidad que devino permanente para celebrar la fecha del asalto al cuartel Moncada en 1953.

En 1970 entre los meses de mayo y junio, teniendo en cuenta la depresión causada por el estrepitoso fracaso de la zafra, las autoridades decidieron sacudir el abatimiento con unos carnavales sin comparsas. Se designaron recursos suficientes para su organización y se vendieron comidas en abundancia y cerveza por cubos que habían brillado por su ausencia después de la Ofensiva Revolucionaria de 1968, fecha en que se eliminaron los últimos vestigios de propiedad privada. Fue la manifestación insular de Al pueblo pan, vino y circo como en la antigua Roma, donde se distribuían alimentos de manera gratuita como mecanismos de control social.

A mediados de los años 70 tuvo lugar el último concurso para elegir la Estrella entre las jóvenes seleccionadas en las empresas estatales. Según el periodista independiente Camilo Ernesto20, en esa oportunidad le tocó a Consuelito Vidal anunciar el veredicto del jurado, frente a un auditorio adverso. Las cámaras de la televisión nacional captaron el creciente descontento del público. Desde entonces no se ha vuelto a elegir a la reina del carnaval de La Habana.

En 1976 la división político-administrativa cambió los límites de los municipios sin considerar criterios históricos, culturales ni espaciales. En lugar de los barrios se crearon las Circunscripciones, ajenas a las tradiciones festivas de la población.

En la década de los ochenta los carnavales adquirieron un cierto esplendor gracias a las subvenciones soviéticas.

En 1991 nuevamente se suspendieron los carnavales con el argumento de la crisis y la escasez provocada por la caída del campo socialista y luego, los que se celebraron, quedaron limitados al espacio del malecón comprendido entre las calles Infanta y San Lázaro.

Entre 1992 y 1995 se realizaron representaciones aisladas, ligadas a eventos políticos, como la celebración del aniversario de los Comités de Defensa de Revolución.

En 1996 para atraer mayor cantidad de turistas hacia Cuba el gobierno autorizó una modesta celebración de carnaval precediendo a la Cuaresma, pero con unas carrozas empobrecidas, sin iniciativa popular y un diseño de desfiles carente de imaginación.

En el siglo XXI, hasta el 2015 -con excepción de la suspensión del carnaval en agosto de 2006 por razones de salud de Fidel Castro- no hubo cambios significativos. Las dificultades económicas que condujeron a las reformas iniciadas en 2008 no tuvieron ningún efecto en la recuperación de la tradición carnavalesca, que continuó con un descenso sostenido.

En 2016 se politizaron aún más. En la celebración entre el 7 y el 16 de agosto desfilaron 12 carrozas en el espacio comprendido entre La Piragua y la calle Marina, acompañadas por 18 comparsas con elencos invitados de varias provincias del país, como las Parrandas de Remedios o de Bejucal. Celebración que se relacionó con los festejos por el 89 cumpleaños de Fidel Castro. Los que asistieron, por lo general, no fueron a disfrutar de los desfiles y comparsas, sino a buscar servicios gastronómicos en las decenas de kioscos habilitados con diversas ofertas de comida y otras decenas de puntos para la venta de cerveza a granel.

La centralización estatal generó burocratización y corrupción, a la vez que debilitó la capacidad creativa y participativa de los barrios y de sus organizadores. Esas fiestas, una de cuyas características era la permisividad, perdieron su frescura. La dependencia del presupuesto estatal desestimuló la participación de los jóvenes y generó desilusión en los organizadores. Aquellos desfiles, que tradicionalmente se efectuaban a lo largo del Paseo del Prado hasta el Capitolio Nacional fueron desplazados a algunos tramos cortos en el Malecón, con una exagerada cantidad de policías para tratar de controlar los resultados del consumo de bebidas.

El carnaval habanero constituye una de las múltiples manifestaciones de la crisis espiritual y material en que está sumida la sociedad cubana, la cual repercute en los demás fenómenos sociales. El rescate del esplendor que caracterizó a esa manifestación de cubanía, que es el carnaval, se ubica en el listado de la cultura material y espiritual desaparecida a causa de la subordinación a la política y la ideología.

1 El Carnaval , según Virtudes Feliú, suele plasmarse como un mozo gordo, glotón, mujeriego y sensual, capaz de todos los excesos y tropelías. En Cuba recibía el nombre de Rey Momo.
2M. Moreno Fraginals. Cuba/España, España/Cuba, p. 178
3 Cabildos de Nación, sociedades de ayuda mutua donde se permitía a los esclavos y sus descendientes reunirse para cultivar su cultura y religión.
4 W, Carbonell. Cómo surgió la cultura nacional. La Habana, 1961, p.10 y 108
5 H. Pichardo. Documentos para la historia de Cuba. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973, p. 321.
6 Aguinaldo, regalo de Navidad devenido regalo en cualquier ocasión en especie o en dinero.
7 El Miércoles de Ceniza, primer día de la Cuaresma en el rito romano. Tiempo litúrgico que simboliza la actitud penitencial. Se celebra entre el 4 de febrero y el 10 de marzo, cuarenta días antes del Domingo de Ramos que da comienzo a la Semana Santa. Su simbolismo se relaciona con el hecho de ser el residuo frío y pulverulento de la combustión, lo que persiste luego de la extinción del fuego. La ceniza simboliza la muerte, la conciencia de la nada y de la vanidad de las cosas, la nulidad de las criaturas frente a su Creador, el arrepentimiento y la penitencia.
8 Carnestolenda es una denominación castellana que a partir del Renacimiento fue sustituida por la de Carnaval, que a su vez viene del italiano quitar la carne, fiesta devenida del santoral católico que marca el comienzo del ayuno de la Cuaresma, que se iniciaba el Miércoles de Ceniza.
9 El 10 de abril de 1573 se produjo la primera integración del negro a una festividad pública. Ese día el Cabildo habanero ordenó que los negros “horros” se unieran a la procesión del Corpus Christi.
10Carbonell, Walterio. Cómo surgió la cultura nacional. La Habana, 1961, pp.113-115
11 conjunto de personas que en los días de carnaval o regocijos públicos iban vestidos con trajes análogos
12 La Conga es el género musical que interpreta la comparsa. Su nombre proviene de un tambor de origen africano de igual nombre.
13 Abrirse paso entre las personas que bailan juntas haciendo pasos y movimientos propios de la conga.
14V, Feliú Herrera. La Habana, su Carnaval de siglos. La Habana, 2006
15 Tarasca, figura de serpiente monstruosa que se pasea en algunas partes en la procesión del Corpus.
16 El Ford modelo T fue el resultado de la aplicación las teorías de Taylor sobre la perfecta combinación de hombre y máquina a la nueva industria de las cuatro ruedas. El resultado se llamaría el Ford T. El Ford Modelo T, dotado de dos velocidades y marcha atrás. Fue un automóvil de bajo costo producido por la Ford Motor Company de Henry Ford, desde 1908 hasta 1927. Con este auto se popularizó la producción en cadena que al rebajar los precios permitió facilitó su adquisición a la clase media.
17 R J, Rensoli Medina. La Habana ciudad azul, metrópolis cubana. Segunda edición actualizada y notablemente aumentada. La Habana. ediciones extramuros, 2015, p. 385

18 F, Meluza Otero. Ramona García, Primera reina del Carnaval, hace 41 años. Bohemia, Año 41, No. 10, marzo 6 de 1949
19 Conversación con Rebeca Monzó -Lucero del carnaval de 1963- el 17 de julio de 2017
20 C E, Olivera Peidro. Los carnavales y la crisis. www.cubanet.org