Hemeroteca de 8 Mayo, 2017

Tomado de : http://www.diariodecuba.com/cuba/1493645191_30782.html

El 1 de mayo de 1890, cuando en el mundo se celebró por primera vez el Día Internacional de los Trabajadores, el incipiente sindicalismo cubano realizó un desfile por las calles habaneras en homenaje a los sindicalistas ejecutados en Chicago. Congregados en la esquina de Consulado y Virtudes una veintena de oradores reivindicaron la jornada de ocho horas y los aumentos salariales.

El Día Internacional de los Trabajadores había surgido del reclamo por la disminución de la jornada legal de trabajo. En octubre de 1884 el cuarto congreso de la Federación Estadounidense del Trabajo acordó que la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas. Con ese objetivo se inició una huelga el 2 de mayo de 1886 que desembocó en la famosa Revuelta de la plaza Haymarket, en Chicago, donde una bomba de dinamita lanzada contra los policías, causó la muerte de un agente e hirió a otros. La fuerza pública abrió fuego contra la multitud provocando la muerte de varios obreros y cientos de detenidos.

En el proceso judicial contra los acusados por el lanzamiento del artefacto explosivo cinco sindicalistas fueron condenados a morir en la horca: un carpintero, un tipógrafo y tres periodistas. José Martí, quien en esa época era el corresponsal en Chicago del periódico argentino La Nación, en una brillante y exhaustiva crónica narró así el grito de uno de los condenados a muerte: Y resuena la voz la voz de Spies, mientras están cubriendo las cabezas de sus compañeros, con un acento que a los que lo oyen les entra en las carnes: La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora1. En honor a esos mártires la Segunda Internacional Socialista decretó al 1 de mayo día festivo en todo el mundo.

A 127 años de aquel acontecimiento, en una entrevista publicada por el semanario Trabajadores el pasado lunes 24 de abril, Ulises Guilarte de Nacimiento, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), se refirió al irresuelto tema del salario con las siguientes palabras: “Si bien es cierto que hemos avanzado en la búsqueda de formas y sistemas de pago que aseguren mejorar los ingresos de los trabajadores en el sector empresarial… todavía hoy estos no son suficientes, y solo benefician al 49% de la totalidad de los trabajadores” El otro 51% -expresó- no tiene posibilidad de mejorar sus ingresos.

Veamos. En Cuba las luchas sindicales desde fines del siglo por el salario, la duración de la jornada laboral y las condiciones de vida de los obreros fueron evolucionando de la huelga a las negociaciones colectivas, como ocurrió en 1924, cuando para canalizar los conflictos obrero-patronales por los embarques de azúcar se crearon las Comisiones de Inteligencia obrera en los puertos con poderes legislativos y ejecutivos, integradas por patronos y obreros, y presididas por el juez de primera instancia del lugar, cuyas decisiones eran de inmediato cumplimiento.

Esos avances se concretaron en una secuencia de legislaciones obreras que tuvieron su punto más elevado en el Decreto 798 de abril de 1938, el Código de Trabajo cubano más avanzado hasta hoy. A su vez se refrendaron en 27 artículos de la Carta Magna de 1940 que recogían desde el salario regulado por comisiones obrero-patronales hasta el derecho de huelga; derechos ausentes en la actual Constitución. La fuerza de aquel sindicalismo explica que por ejemplo, al concluir la II Guerra Mundial, el sindicato azucarero lograra imponer una cláusula de garantía, gracias a la cual los trabajadores del sector obtuvieron un salario extra del 13,42%, conocido como diferencial azucarero, y que en 1945, con medio millón de afiliados, la CTC era la segunda central sindical más grande de la región.

Ese pujante movimiento sindical sufrió un giro radical el 22 de enero de 1959. Ese día la CTC fue sustituida por la CTC-Revolucionaria. En el X Congreso, noviembre de 1959, el Secretario General, David Salvador Manso, expresó que los trabajadores no habían ido al evento a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución. Y en el XI Congreso, noviembre de 1961, los delegados renunciaron a casi todas las conquistas históricas del movimiento obrero: los 9 días de licencia por enfermedad, el bono suplementario de navidad, la jornada semanal de 44 x 48 horas, el derecho de huelga y al incremento del 9.09%, entre otros muchos.

En febrero de 2008, el general Raúl Castro esbozó un programa de cambios que comprendía la recuperación de la función del salario. El resultado es que hoy, con el salario promedio -aproximadamente 500 pesos (unos 20 CUC)- es imposible cubrir las necesidades básicas, para lo cual se requiere de cuatro a cinco veces esa suma. Ello obliga a los cubanos a buscar fuentes alternativas para subsistir -por la izquierda se dice popularmente- y se refleja en el desinterés productivo, en la mala calidad y el mal trato en los servicios. Una insuficiencia que tiene su raíz en la inviabilidad del modelo totalitario.

Seis décadas después, en el documento Pronunciación de la Central de Trabajadores de Cuba2, sin hacer mención a la insuficiencia salarial la CTC planteó: Nuestro Estado no pude ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía. Un planteamiento que no deja lugar a dudas acerca de la inexistencia de sindicatos que representen los intereses de los trabajadores.

Luego, en la clausura del XX del Congreso de la CTC, celebrado en febrero de 2014, el presidente Raúl Castro reconoció que el sistema salarial cubano no garantiza que el trabajador reciba según su aporte a la sociedad, las pensiones son reducidas e insuficientes para enfrentar el costo de la canasta de bienes y servicios. Y lo resumió así: el salario no satisface todas las necesidades del trabajador y su familia, genera desmotivación y apatía hacia el trabajo, influye negativamente en la disciplina e incentiva el éxodo de personal calificado hacia actividades mejor remuneradas, desestimula la promoción de los más capaces y abnegados hacia cargos superiores.

Sin embargo, la Ley de Inversiones Extranjeras estipula que los cubanos son contratados por una entidad empleadora estatal, en un país donde la única organización sindical permitida representa los intereses del Estado.

Sin voluntad política para implementar las reformas dirigidas a resolver un problema tan perjudicial, la CTC llama a desfilar el primero de mayo de 2017 bajo la consigna de la “unidad” en lugar de enarbolar los aumentos salariales, la independencia sindical y el derecho de libre sindicalización.

La Habana, 27 de abril de 2017
1 José martí. Obras completas, tomo 11, pp.354-355.
2 Diario Granma, lunes 13 de septiembre de 2010.