Hemeroteca de Mayo 2017

Tomado de:http://www.diariodecuba.com/cuba/1495219045_31254.html

El 20 de mayo de 1902, a pesar de las limitaciones impuestas por la Enmienda Platt, Cuba se incorporó con personalidad propia al concierto de naciones libres e independientes.

Los antecedentes de las limitaciones databan del siglo XIX: a) la notificación de Thomas Jefferson1 a Inglaterra en 1805: en caso de guerra con España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba por necesidades estratégicas; b) la política de la fruta madura, formulada por John Quincy Adams2 en 1823: Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Norteamericana; c) la Doctrina Monroe3: América para los americanos, lo que significaba que Europa no podía invadir ni tener colonias en el continente, en 1823; d) las palabras de Grover Cleveland4 en 1896: Cuando se haya demostrado la imposibilidad por parte de España de dominar la insurrección habrá llegado entonces el momento de considerar si nuestras obligaciones a la soberanía de España, han de ceder el paso a otras obligaciones más altas.

En 1998 se conformó un escenario favorable para las políticas mencionadas. Después de tres años de guerra España no había podido contener la campaña del ejército independentista y el 15 de febrero explotó el acorazado Maine en la bahía habanera.

El 25 de marzo el presidente McKinley5 exigió a España un armisticio con los insurrectos; el 11 abril pidió autorización al Congreso para intervenir en Cuba; el 20 de abril se aprobó la Resolución Conjunta, que autorizaba la intervención pero reconocía que “Cuba era, y de derecho debía ser, libre e independiente; el 25 de abril se declaró la Guerra y el 16 de Julio se rindió la plaza.

El 10 de diciembre España y Estados Unidos firmaron el Tratado de Paris sin hacer mención a la Resolución Conjunta. Y el 1 de enero de 1899 el general John R. Brook tomó posesión de la Isla.

En julio de 1900 se convocaron las elecciones para designar los delegados a la Convención Constituyente que redactaría la Constitución de la República. El 5 de noviembre, en la apertura, el Gobernador militar expresó a los delegados: “Será vuestro deber, en primer término, redactar y adoptar una constitución para Cuba y, una vez terminada ésta, formular cuáles deben ser, a vuestro juicio, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos”6.

El 11 de febrero de 1901 quedó redactado el texto constitucional y al día siguiente se designó la Comisión para formular las relaciones con Estados Unidos, la cual recibió del Secretario de la Guerra las instrucciones a tener en cuenta7. La Comisión las consideró inaceptables porque vulneraban la independencia y la soberanía de Cuba y el 27 de febrero entregó el informe a las autoridades norteamericanas. El 2 de marzo el Gobernador militar emitió una nota rechazando la decisión cubana.

En una nueva ronda de discusiones se aprobaron las instrucciones: 15 votos contra 14, pero con objeciones, cada una de las cuales tenía el valor y la significación de una protesta”8. La decisión se entregó el 5 de junio y también fue rechazada.

De forma paralela a estos hechos el Senado norteamericano aprobó un proyecto de ley presentado por el senador Orville H. Platt, cuyo texto contenía las instrucciones que el Secretario de la Guerra había hecho llegar a la Comisión. Entonces, la Enmienda Platt convertida en ley se entregó a los delegados con una nota que decía: siendo un estatuto acordado por el Poder Legislativo, el presidente de los Estados Unidos está obligado a ejecutarlo y ejecutarlo tal como es como condición para cesar la ocupación militar, que: “No puede cambiarlo ni modificarlo, añadirle o quitarle”9. Entonces, sin debate, se aprobó la Enmienda Platt: 16 votos contra 11, la cual refrendó el derecho de Estados Unidos a intervenir en Cuba, omitió la Isla de Pinos del territorio nacional e impuso la venta o arrendamiento de tierras para bases navales.

Rechazarla, con el país ocupado, el Ejército Libertador desmovilizado, el Partido Revolucionario Cubano disuelto, la Nación sin cristalizar, la economía sumida en la ruina y el pueblo agotado y hambriento, implicaba la ocupación indefinida y en consecuencia el reinicio de la guerra.

Con la Constitución de 1901 la historia constitucional de los derechos civiles y políticos, que debutó con la Carta Magna impuesta por los nobles ingleses a Juan Sin Tierra en 1215, tomó cuerpo en Cuba.

En las primeras elecciones resultó electo por el voto popular Tomás Estrada Palma, quien había sido Presidente de la República en Armas.

El 20 de mayo de 1902 Máximo Gómez con varios generales del Ejército Libertador, Leonardo Wood con su estado mayor y el Presidente electo con su consejo de secretarios se reunieron en el salón de recepciones del Palacio para la ceremonia de traspaso de poder del gobierno interventor al gobierno cubano. En ese momento la República en Armas, que emergió el 10 de abril de 1869 con la Constitución de Guáimaro, desembocó en la República de Cuba con la Constitución de 1901.

En el acto el Gobernador leyó un mensaje del presidente de Estados Unidos, pronunció una breves palabras y ordenó que se izara la bandera cubana en la azotea del Palacio de los Capitanes Generales, devenido palacio presidencial. El generalísimo Máximo Gómez procedió al izaje y ebrio de emoción exclamó: ¡Creo que hemos llegado! Seguidamente el general Emilio Núñez, gobernador de La Habana, junto al vigía del Morro, la izó en esa fortaleza.

Todo el país celebró la fiesta. En La Habana se desarrolló en el Palacio de los Capitanes Generales y en la explanada del Morro. Por la noche veladas culturales y fuegos artificiales. La fecha se incorporó al panteón de efemérides nacionales. El 20 de mayo pasó a ocupar un lugar junto al 10 de octubre, al 24 de febrero, al 28 de enero y al 7 de diciembre.

A pesar de la independencia incompleta y la soberanía limitada se retiraron los ocupantes y se le cerró el paso a la anexión. Se recobró la soberanía sobre Isla de Pinos. En menos de 20 años Cuba salió de la postración económica. Se inició la modernización tecnológica y científica. Se abrogó la Enmienda Platt en 1934. Se dictó en 1937 la legislación laboral más avanzada que Cuba ha tenido hasta hoy. Se redactó y se puso en vigor la avanzada Constitución de 1940, que sirvió al Dr. Fidel Castro para fundamentar su defensa en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada.

Esa fecha dejó de celebrarse a partir de 1963. A la misma se le atribuyeron todos los males de la nación, se despojó de su simbolismo y se intentó borrar de la historia. Por ejemplo, el historiador Rolando Rodríguez, publicó en el diario Granma el 16 de septiembre de 2015 “Jimaguayú a 120 años” donde planteó que el 20 de mayo no podía recordarse como el día de surgimiento de la República porque ella había comenzado en Guáimaro el 10 de abril de 1869…. Es ahí -dijo- donde está el origen de la República cubana.

Guáimaro fue el momento en que se inició el proceso que el 20 de mayo de 1902 devino realidad la República real, no la soñada. Si desde esas condiciones no hemos sido capaces ni antes ni después de 1959 de avanzar gradualmente hacia la República martiana -igualdad de derecho de todo el nacido en Cuba, espacio de libertad para la expresión del pensamiento y economía diversificada en manos de muchos pequeños propietarios- no es responsabilidad del 20 de mayo de 1902 ni de la Convención Constituyente, sino de las generaciones posteriores incluyendo la presente. Reivindiquemos, pues, el 20 de mayo, con los principios de la república martiana.

La Habana, 10 de mayo de 2017

1 Thomas Jefferson. Tercer Presidente de los Estados Unidos. Principal autor de la Declaración de Independencia de 1776.

2 John Quincy Adams. Sexto presidente de los Estados Unidos. Autor de la política de la fruta madura.

3 Doctrina atribuida a James Monroe, quinto Presidente de los Estados Unidos, la cual se sintetiza en la frase “América para los americanos”.

4 Stephen Grover Cleveland. Vigésimo segundo y vigésimo cuarto presidente de Estados Unidos. El único presidente que ocupó dos mandatos no consecutivos.

5 William McKinley. Vigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos. Su pretensión no era anexar a Cuba sino mantener un control comercial sobre ella.

6 H. PICHARDO. Documentos para la historia de Cuba. Tomo II, p.72

7 Eliu Root, Secretario de la Guerra de Estados Unidos

8 E. ROIG DE LEUCHSENRING. Historia de la Enmienda Platt; una interpretación de la realidad cubana, p. 158

9 E. ROIG DE LEUCHSENRING. Historia de la Enmienda Platt; una interpretación de la realidad cubana, p.160

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1495034266_31188.html

La victoria electoral, de la que emergió el chavismo en 1999, representó una inapreciable oportunidad para diversificar la economía y democratizar a Venezuela. Con enormes riquezas, apoyo popular y poder casi absoluto, Hugo Chávez optó por copiar el modelo cubano que condujo a una frustrante alternativa: Maduro o Muerte.

La enorme fuga de capitales, la incapacidad para pagar sus adeudos externos, el descenso de la producción y la productividad junto al crecimiento de la burocracia y el gasto público. La pérdida de valor de la moneda expresada en una gigantesca inflación y el aumento indiscriminado de la circulación monetaria sin respaldo productivo ha hecho que el salario mínimo resulte insuficiente para cubrir el costo de la canasta básica, Ese deterioro en la economía y las finanzas -iniciado durante el mandato de Chávez- se agravó con el gobierno de Nicolás Maduro, quien en el año 2014 tuvo que dictar una ley de “precios justos” e implementar un “sistema” de racionamiento.

Entre las causas del agotamiento están la incapacidad administrativa, la estatización de sectores de la economía, la violencia, la represión, la corrupción galopante, el despilfarro de las riquezas nacionales, la escasez de alimentos y medicamentos y paralelamente el desmantelamiento de la democracia.

La insistencia en culpar a agentes externos e internos de la crisis y de inventar salidas falsas, agudizará la crisis, la más grave en la historia de Venezuela y la principal causa de la derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015.

El diálogo

El diálogo y el proyecto de Asamblea Nacional Constituyente -resultados del camino trazado por Chávez de emplear la vía electoral para arribar al poder y luego girar hacia el totalitarismo- son respuestas dirigidas a conservar el poder.

Desconociendo que el diálogo es una forma de comunicación para conocer la opinión del otro, exponer la propia y explorar las posibles soluciones a un conflicto; que la negociación es un proceso que ofrece la oportunidad de Intercambiar promesas, contraer compromisos y llegar a acuerdos; y que ambos son incompatibles con la violencia, Maduro ha formulado una innovación: el diálogo y la negociación desde la violencia para arribar a la “paz”. “Venezuela necesita paz y diálogo para moverse hacia delante”. escribió Maduro en The New York Times.

El resultado no podía ser otro. El llamado a su “diálogo” no podía prosperar con esas premisas, pues la otra parte reclama elecciones generales, liberación de los presos políticos, canal humanitario para traer medicinas y alimentos, renovación de poderes públicos y desarme de las bandas armadas por el gobierno.

En el año 2014 el presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, pidió a Maduro que liberara al dirigente opositor Leopoldo López si quería entablar un diálogo nacional. Y el secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón Guillermo Aveledo, una vez iniciado el dialogo planteó no continuar porque el mismo estaba en crisis. Y está en crisis -dijo- por la responsabilidad del Gobierno. Hablamos de los temas, se llega a compromisos y no se avanza. Mientras la respuesta de Maduro fue: “Obliguemos a la oposición más temprano que tarde a dialogar. Los vamos a tener que obligar en el mejor sentido de la palabra”.

Después de ese y de otros fracasos, el 10 de abril de 2017 Maduro dijo en La Habana: “[…] Yo he llamado al diálogo… y sigo llamando al diálogo, no hay otra forma de conseguir la paz. La única forma de conseguir la paz es a través de la palabra, del diálogo, del debate sincero, de la búsqueda de razones, de la búsqueda de puntos comunes”.

Ese novísimo concepto de diálogo, acompañado de la violencia y dispuesto a no ceder en nada. explica que el país esté inmerso desde el 12 de febrero pasado en una ola de protestas que ha generado decenas de muertos, cientos de heridos y miles de detenidos.

Convencido de su “razón”, Maduro no quiere aceptar que el rechazo a la pluralidad está conduciendo hacia una guerra civil. Como afirmaba Arendt1, la superioridad de la ideología totalitaria consiste en que la misma cree haber establecido con certeza el fin al que se dirige el movimiento de la Naturaleza o de la Historia. Dicho fin se asocia con la realización de la justicia y la armonía sociales”. Por eso el fin al que tiende el movimiento puede justificar cualquier acción. Y aquí entramos directamente en el principio de Nicolás Maquiavelo2.

La Asamblea Constituyente

La política, como lugar de encuentro de los intereses económicos, está estrechamente relacionada con el poder. La misma, aunque efecto de la economía, ha devenido causa de conflictos a lo largo de la historia.

En el prolongado proceso de elecciones y plebiscitos, además de que los venezolanos aprendieron a usar los mecanismos democráticos, se expresó en la división de los votos entre el 40 y el 60% aproximadamente a lo largo de 17 años. Lo que legitimó tanto al chavismo como a la oposición. Pero la vía electoral tiene sus reglas, contrarias a lo que expresó Maduro en vísperas de las parlamentarias de 2015, cuando adelantó que si perdía: “Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar”, es decir, con la minoría como lo está haciendo ahora.

Maduro, orgulloso de la Constitución Bolivariana de 1999 nunca habló de renovarla, pues el pueblo, según sus palabras, estaba en el poder. Hasta abril de 2017 combatió a la oposición “con la constitución en la mano”, pero ahora, en medio de una profunda crisis y de las protestas que exigen su salida, decidió que el pueblo “tome el poder originario”. “No dejaron más alternativa”, aseguró Maduro.

Así nos enteramos que el poder no estaba en el pueblo. Con ese supuesto propósito convocó el 1 de mayo a una Asamblea Nacional Constituyente para “reformar el Estado y redactar una nueva Constitución”.

Con la esperanza en que mejoren los precios del petróleo y de estar en mejores condiciones para poder enfrentar unas elecciones porque ahora mismo sería derrotado, Maduro aspira a distraer a la población y ganar tiempo, por eso no hizo alusión a las elecciones regionales que no se celebraron a fines de 2016 ni a las municipales de 2017.

La propuesta se basa en el artículo 347 de la actual Carta Magna, pero para su legitimidad tiene que ser ratificada en un referéndum según la actual constitución, que dispone que el presidente, la Asamblea Nacional (con mayoría de 2/3 partes), los cabildos municipales (con mayoría de 2/3 partes) y el 15% de los electores, pueden proponer la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, pero, para confirmarse dicha convocatoria es ineludible la realización de un referéndum.

El propio Maduro, convertido en fuente de derecho, ha determinado que la asamblea estará formada por 500 miembros elegidos por “voto del pueblo”, y que aproximadamente la mitad sería electa por la base de la “clase obrera” y la otra mitad “en un sistema territorial, con carácter municipal, en las comunidades”. De esa forma coloca la creación de la Constitución en manos de los consejos comunales y las grandes misiones que ha impulsado el chavismo, donde goza de cierta popularidad.

Como la burocracia ha pasado de 1,2 a 4.0 millones de funcionarios y existen otros cinco millones de beneficiarios de las misiones chavistas, la apuesta de Maduro es que esos nueve millones apoyarán a su Asamblea Constituyente. De lograrlo podría: 1 Anular la actual Asamblea Nacional en manos de la oposición; 2 anular a la Fiscal General; y 3 permanecer en el poder -sin necesidad de elecciones- al menos durante los años que dure el proceso. De esa forma evitaría enfrentar unos comicios con el 68% del electorado en contra, como ocurriría ahora mismo.

De esa forma la cacareada Constitución de 1999 y la Quinta República de Chávez se irían a bolina, mientras los venezolanos tendrían entonces que escoger entre dos males: Maduro o la muerte.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1493735698_30812.html

En el municipio Centro Habana, donde durante años se producen derrumbes de forma sostenida, lo ocurrido en la esquina de las calles Amistad y San Miguel, en el barrio Colón, no asumió la categoría de noticia por el desplome, sino porque no se registraron víctimas fatales.

En las primeras horas del martes 18 de abril el añejo edificio, próximo a cumplir los cien años de edad, donde residían algo más de cien núcleos familiares, colapsó y será clausurado. La escalera del inmueble se desplomó del tercer piso hacia abajo, mientras los ocupantes del quinto al décimo piso quedaron atrapados, con la agravante de que el tramo de escalera comprendido entre los pisos 5 y 6 quedó separado de la pared y que el elevador llevaba algunos años sin funcionar.

Debido a la suerte que han corrido personas en situaciones similares, varios de los ocupantes inicialmente hicieron resistencia a abandonar el inmueble. Finalmente están siendo desalojados de los pisos superiores a los inferiores y reubicados en locales adaptados y casas ubicadas en otras partes de la ciudad. Hasta el domingo 29, once diez días después del derrumbe, habían sido reubicados los usuarios de los pisos, diez, nueve y estaban desalojando el ocho. La labor continuará en los próximos días hasta completar el desalojo de todos sus ocupantes.

Lo ocurrido en Centro Habana es la manifestación de una tragedia nacional. Desde el pasado siglo el crecimiento poblacional ubicó a la vivienda entre los grandes problemas a resolver. En La Habana, de forma paralela a las edificaciones erigidas en el centro de la ciudad, se construyeron varios conjuntos urbanos en Pogolotti, Boyeros, Luyanó y Guanabacoa, pero ese importante movimiento constructivo resultó insuficiente.

El promedio anual de construcción de viviendas entre 1946 y1953 fue de 26 827. Entre 1945 y 1958 –período de mayor actividad constructiva antes de 1959– las viviendas con niveles buenos o aceptables solo pudieron satisfacer un tercio de la demanda del crecimiento demográfico1. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) el déficit habitacional hasta 1959 era de más de 700 mil viviendas.

Fidel Castro, en el alegato La Historia me Absolverá, en 1953, planteó que “Un gobierno revolucionario resolvería el problema de la vivienda demoliendo las infernales cuarterías para levantar en su lugar edificios modernos de muchas plantas y financiando la construcción de viviendas en toda la isla en escala nunca vista…”2.

Desde esa voluntad estatal el gobierno que asumió el poder en 1959 desarrolló una secuencia de planes, que el argot revolucionario-militar denominó como “batalla por la vivienda”. El primero de 1960 a 1970 intentó construir 32 mil apartamentos anuales, pero no pudo rebasar la cifra de 11 mil. El segundo de 1971 a 1980 elevó la meta a unas 38 mil anuales, pero el resultado no alcanzó las 17 mil. Para recuperar el atraso a partir de 1981 se propuso edificar 100 mil anuales, pero durante 25 años no se sobrepasaron las 40 mil.

Si para satisfacer el crecimiento demográfico se requieren de unas 50 mil viviendas anuales y para disminuir gradualmente el déficit acumulado se necesitan otras 50 mil, habría que edificar cien mil por año. Ese parece que fue el cálculo utilizado por Carlos Lage Dávila3 cuando planteó un segundo plan de cien mil. Según sus palabras debido al mejoramiento de las posibilidades financieras del país se iban a “construir y terminar no menos de 100 mil viviendas nuevas por año a partir del 2006”.

Sin embargo, el descenso por año fue significativo. En el año 2008 se anunció que en lugar de 100 mil sólo se construirían 52 mil viviendas, pero, según la Oficina Nacional de Estadísticas ese año se construyeron cerca de 45 mil; en 2009 unas 34 mil; en 2012 algo más de 32 mil; y en el año 2013 no se llegó a 26 000 viviendas.

Luego, el 15 de julio del año 2015, en el V Periodo Ordinario de Sesiones de la ANPP, se informó que el PIB había crecido en 4,7% en el primer semestre del año. No obstante, solo se edificarían unas 30 mil viviendas durante todo el año.

Un cálculo conservador arroja hoy un déficit superior al millón de viviendas , el cual no es mayor gracias a los más de dos millones de cubanos que han abandonado el país desde 1959. Casi seis décadas de iniciada la “batalla por la vivienda”, su situación empeora y continúa entre las asignaturas pendiente: decenas de miles en mal estado y/o reaparecidas en lugares sin condiciones; decenas de miles de familias reubicadas “temporalmente”; y otro tanto habitando edificaciones en peligro de derrumbe, como el que acaba de ocurrir en Centro Habana.

Hace algunos meses en la sección “Papelitos Hablan” del programa Hola Habana, José Alejandro Rodríguez presentó un vídeo en el que la Directora de Albergues de Ciudad Habana brindó los siguientes datos: Hay 35 mil núcleos familiares con 116 mil personas (cifra similar a los habitantes de la ciudad de Matanzas) viviendo en 120 albergues y otros 34 mil núcleos de edificaciones en mal estado necesitan albergues. De los 35 mil núcleos albergados 5292 ocupan 585 locales adaptados. El promedio de estancia en los albergues es de 20 años.

Por esa situación el Gobierno determinó no construir más albergues y en su lugar se emprendió un plan de reacondicionamiento de locales y construcción de viviendas de “bajo costo”, es decir de muy baja calidad. Pero para resolver la situación acumulada en un plazo de 40 años -dijo la Directora- se necesitan construir unas 2 mil viviendas anuales, de las cuales hasta ese momento se estaban terminando solo unas 160 al año.

De tal forma el crecimiento de la población, el envejecimiento del fondo habitacional, el deterioro por falta de mantenimiento, los nueve huracanes intensos que azotaron el país entre los años 2001 y 2016, los continuos derrumbes, el bajo ritmo de construcciones, la desmovilización ciudadana y las irresponsabilidades de muchos cubanos, conforman un cuadro que se agudiza en el tiempo, se generaliza en el espacio, cierra toda posibilidad a los jóvenes que arriban a la edad matrimonial y engrosa las filas de los que deciden abandonar el país.

Entre los dieciséis años que van del 5 de diciembre de 2001, cuando se derrumbó el edificio situado en la calle Águila 558, hasta al 18 de abril de 2017 en que colapsó el edificio de San Miguel y Amistad, ambos en Centro Habana, el saldo ha sido de decenas y decenas de muertos y heridos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos y miles de familias que han permanecido en albergues sin condiciones durante una buena parte de sus vidas.

El Estado debe y tiene que participar en la solución pero de forma paralela a los necesitados, que carecen de autonomía para la creación de pequeñas y medianas empresas de producción y venta de materiales de construcción, de reparaciones, de transporte y de financiamiento alternativo. Carencias que constituyen un insalvable obstáculo en el propósito de resolver o aliviar la crisis habitacional. Se requiere además de estudios multidisciplinarios sobre los factores psicológicos, sociológicos y demográficos; la creación de un nuevo organismo rector con rango de ministerio; y la creación e implantación de las instituciones y políticas correspondientes.

Una nueva política habitacional cuyo eje central debe ser la combinación armónica entre justicia social, intereses individuales y sociales, libertad y posibilidad de participación; en fin, Estado y Sociedad conjuntamente.

La disyuntiva es clara: O el Estado promueve y respeta la autonomía y las libertades para la participación civil de forma paralela y subsidiaria, o el Estado se ocupa de todo y con ello paraliza la potencialidad ciudadana hasta devenir tragedia nacional, como ha sucedido.
1 Erich Trefftz. Política y propiedad de la vivienda en Cuba, un análisis histórico y comparativo. En: http://revistainvi.uchile.cl/index.php/INVI/article/view/558/670
2 Fidel Castro. La historia me absolverá. Edición anotada. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2008, p.52
3 Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros desde 1980, Miembro del Buró Político del Partido Comunista y vicepresidente del Consejo de Estado hasta marzo de 2009, fecha en que fue separado de sus funciones.
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Tomado de : http://www.diariodecuba.com/cuba/1493645191_30782.html

El 1 de mayo de 1890, cuando en el mundo se celebró por primera vez el Día Internacional de los Trabajadores, el incipiente sindicalismo cubano realizó un desfile por las calles habaneras en homenaje a los sindicalistas ejecutados en Chicago. Congregados en la esquina de Consulado y Virtudes una veintena de oradores reivindicaron la jornada de ocho horas y los aumentos salariales.

El Día Internacional de los Trabajadores había surgido del reclamo por la disminución de la jornada legal de trabajo. En octubre de 1884 el cuarto congreso de la Federación Estadounidense del Trabajo acordó que la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas. Con ese objetivo se inició una huelga el 2 de mayo de 1886 que desembocó en la famosa Revuelta de la plaza Haymarket, en Chicago, donde una bomba de dinamita lanzada contra los policías, causó la muerte de un agente e hirió a otros. La fuerza pública abrió fuego contra la multitud provocando la muerte de varios obreros y cientos de detenidos.

En el proceso judicial contra los acusados por el lanzamiento del artefacto explosivo cinco sindicalistas fueron condenados a morir en la horca: un carpintero, un tipógrafo y tres periodistas. José Martí, quien en esa época era el corresponsal en Chicago del periódico argentino La Nación, en una brillante y exhaustiva crónica narró así el grito de uno de los condenados a muerte: Y resuena la voz la voz de Spies, mientras están cubriendo las cabezas de sus compañeros, con un acento que a los que lo oyen les entra en las carnes: La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora1. En honor a esos mártires la Segunda Internacional Socialista decretó al 1 de mayo día festivo en todo el mundo.

A 127 años de aquel acontecimiento, en una entrevista publicada por el semanario Trabajadores el pasado lunes 24 de abril, Ulises Guilarte de Nacimiento, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), se refirió al irresuelto tema del salario con las siguientes palabras: “Si bien es cierto que hemos avanzado en la búsqueda de formas y sistemas de pago que aseguren mejorar los ingresos de los trabajadores en el sector empresarial… todavía hoy estos no son suficientes, y solo benefician al 49% de la totalidad de los trabajadores” El otro 51% -expresó- no tiene posibilidad de mejorar sus ingresos.

Veamos. En Cuba las luchas sindicales desde fines del siglo por el salario, la duración de la jornada laboral y las condiciones de vida de los obreros fueron evolucionando de la huelga a las negociaciones colectivas, como ocurrió en 1924, cuando para canalizar los conflictos obrero-patronales por los embarques de azúcar se crearon las Comisiones de Inteligencia obrera en los puertos con poderes legislativos y ejecutivos, integradas por patronos y obreros, y presididas por el juez de primera instancia del lugar, cuyas decisiones eran de inmediato cumplimiento.

Esos avances se concretaron en una secuencia de legislaciones obreras que tuvieron su punto más elevado en el Decreto 798 de abril de 1938, el Código de Trabajo cubano más avanzado hasta hoy. A su vez se refrendaron en 27 artículos de la Carta Magna de 1940 que recogían desde el salario regulado por comisiones obrero-patronales hasta el derecho de huelga; derechos ausentes en la actual Constitución. La fuerza de aquel sindicalismo explica que por ejemplo, al concluir la II Guerra Mundial, el sindicato azucarero lograra imponer una cláusula de garantía, gracias a la cual los trabajadores del sector obtuvieron un salario extra del 13,42%, conocido como diferencial azucarero, y que en 1945, con medio millón de afiliados, la CTC era la segunda central sindical más grande de la región.

Ese pujante movimiento sindical sufrió un giro radical el 22 de enero de 1959. Ese día la CTC fue sustituida por la CTC-Revolucionaria. En el X Congreso, noviembre de 1959, el Secretario General, David Salvador Manso, expresó que los trabajadores no habían ido al evento a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución. Y en el XI Congreso, noviembre de 1961, los delegados renunciaron a casi todas las conquistas históricas del movimiento obrero: los 9 días de licencia por enfermedad, el bono suplementario de navidad, la jornada semanal de 44 x 48 horas, el derecho de huelga y al incremento del 9.09%, entre otros muchos.

En febrero de 2008, el general Raúl Castro esbozó un programa de cambios que comprendía la recuperación de la función del salario. El resultado es que hoy, con el salario promedio -aproximadamente 500 pesos (unos 20 CUC)- es imposible cubrir las necesidades básicas, para lo cual se requiere de cuatro a cinco veces esa suma. Ello obliga a los cubanos a buscar fuentes alternativas para subsistir -por la izquierda se dice popularmente- y se refleja en el desinterés productivo, en la mala calidad y el mal trato en los servicios. Una insuficiencia que tiene su raíz en la inviabilidad del modelo totalitario.

Seis décadas después, en el documento Pronunciación de la Central de Trabajadores de Cuba2, sin hacer mención a la insuficiencia salarial la CTC planteó: Nuestro Estado no pude ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía. Un planteamiento que no deja lugar a dudas acerca de la inexistencia de sindicatos que representen los intereses de los trabajadores.

Luego, en la clausura del XX del Congreso de la CTC, celebrado en febrero de 2014, el presidente Raúl Castro reconoció que el sistema salarial cubano no garantiza que el trabajador reciba según su aporte a la sociedad, las pensiones son reducidas e insuficientes para enfrentar el costo de la canasta de bienes y servicios. Y lo resumió así: el salario no satisface todas las necesidades del trabajador y su familia, genera desmotivación y apatía hacia el trabajo, influye negativamente en la disciplina e incentiva el éxodo de personal calificado hacia actividades mejor remuneradas, desestimula la promoción de los más capaces y abnegados hacia cargos superiores.

Sin embargo, la Ley de Inversiones Extranjeras estipula que los cubanos son contratados por una entidad empleadora estatal, en un país donde la única organización sindical permitida representa los intereses del Estado.

Sin voluntad política para implementar las reformas dirigidas a resolver un problema tan perjudicial, la CTC llama a desfilar el primero de mayo de 2017 bajo la consigna de la “unidad” en lugar de enarbolar los aumentos salariales, la independencia sindical y el derecho de libre sindicalización.

La Habana, 27 de abril de 2017
1 José martí. Obras completas, tomo 11, pp.354-355.
2 Diario Granma, lunes 13 de septiembre de 2010.

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1492986214_30593.html

A diferencia del fidelismo, que arribó al poder por la vía de las armas y luego puso rumbo hacia el totalitarismo, el chavismo lo hizo mediante las urnas. En Venezuela el cuadro conformado por las necesidades irresueltas y las injusticias acumuladas generaron un descontento que, acrecentado por las dictaduras, la violencia y la corrupción administrativa, explica el por qué amplios sectores populares fueron captados por el populismo revolucionario.

El teniente coronel Hugo Chávez fundó a principios de los años 80 el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 y en 1992 intento tomar el poder mediante un fallido Golpe de Estado. Al salir de la cárcel viajó a Cuba, conoció a Fidel Castro y fundó el Movimiento Quinta República. Con un discurso populista y nacionalista ganó las elecciones presidenciales de 1998 que pudieron ser la oportunidad para enfrentar los males acumulados.

Desde el poder Chávez anunció una revolución “pacífica y democrática” y convocó un referendo a partir del cual reformó la Carta Magna. Fundió el parlamento bicameral en una sola cámara; aumentó el período presidencial de cinco a seis años; reorganizó los poderes públicos; estableció la reelección inmediata por un período; aprobó el derecho al voto de los militares activos; y cambió el nombre del país por el de República Bolivariana de Venezuela.

Al ganar las elecciones en 2002, solicitó al parlamento poderes especiales para legislar por decreto. Utilizó el triunfo en las elecciones regionales y municipales de 2004 para volver a reformar la Constitución y centralizar más el poder. La ausencia de la oposición a los comicios parlamentarios en el año 2005 le permitió concentrar todos los poderes en sus manos. En 2006 repitió la victoria en las elecciones presidenciales con casi el 63% de los votos. En 2007 anunció la construcción del “Socialismo del siglo XXI”, lanzó la consigna Patria, Socialismo o Muerte y convocó un nuevo referendo para, mediante otra reforma constitucional, legitimar la reelección presidencial ilimitada, en la cual sufrió la primera derrota.

Con el apoyo de la mayoría y los altos precios del crudo, el chavismo gozó de una oportunidad excepcional para materializar su discurso populista-nacionalista-socialista, pero se concentró en la distribución de las riquezas a través de programas sociales: la Misión Robinson, la Misión Ribas y la Misión Sucre, en el campo de la enseñanza; la Misión Barrio Adentro en la salud pública; y otras hasta sumar más de veinte que mejoraron las condiciones de vida, especialmente de los sectores populares.

Los programas sociales -que reparten pescado pero no enseñan a pescar- les sirvieron para ganar elecciones y plebiscitos, pero no para crear riquezas ni para diversificar una economía totalmente dependiente de la renta petrolera. El propio Nicolás Maduro sin explicar por qué en casi dos décadas de chavismo no se cambió, dijo: “Nosotros estuvimos 100 años dependiendo de un chorro petrolero, ¡shhhhh!, casi no había que hacer nada, meter un cubo, ¡chucuchucuchu!, ¡rum! y salta el petróleo, y después poner la mano así para que cayeran los dólares, ¡Cien años! Eso se acabó, se acabó… estábamos acosados por el imperialismo y el petróleo se cayó a 20…”1.

Con la mayor reserva de crudo del planeta y con precios que entre 1998 y 2013 ascendieron de unos diez a más de cien dólares por barril, Venezuela recibió más divisas que en toda su historia precedente. A pesar de ello el chavismo no fue capaz de diversificar la economía y en su lugar la producción descendió en más de un millón de barriles diarios y la economía venezolana sigue dependiendo en un 94% del petróleo. Por esa razón Heinz Dieterich2 expresó: “Este es uno de los gobiernos más ineptos que ha habido en la historia de América Latina, porque ha tenido todas las condiciones objetivas para construir algo, pero no ha podido hacer nada”.

En los comicios regionales y municipales de 2008, aunque preservó la mayoría, el chavismo no pudo impedir que la oposición se impusiera en varios estados y alcaldías. Y en las elecciones legislativas de 2010 perdió la mayoría absoluta de un parlamento que le había permitido gobernar por decretos. En octubre de 2012, aunque Chávez se impuso en las cuartas elecciones presidenciales, la oposición aumentó el número de votos. Sin embargo, imbuidos en cubanizar a Venezuela y bolivarianizar al resto de la región, las señales de descontento emitidas en estos comicios fueron ignoradas.

En diciembre de 2012, cuando Chávez convalecía en Cuba, el opositor Henrique Capriles se consolidó en el Estado de Miranda. Y en las elecciones presidenciales adelantadas en 2013 el retroceso fue evidente: Nicolás Maduro obtuvo 7 587 532 contra 7 363 264 de Henrique Capriles. La debilidad del chavismo se hizo evidente.

A partir de noviembre de 2013 Nicolás Maduro gobernó mediante leyes habilitantes en dos oportunidades; detuvo a varios oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana; creó una “brigada especial” para actuar contra los “generadores de violencia”; sin , respaldo productivo incrementó los salarios durante 2016 en un 454%, en un contexto inflacionario que se tragó el salario promedio de la población.

Esos y otros actos desacertados -antes y después de Chávez- que deterioraron el poder adquisitivo y empeoraron las condiciones de vida constituyen la `principal fuente del clima de confrontación que el país está viviendo. No fue casualidad que aliados suyos como el presidente de Uruguay José Mujica en una entrevista a la CNN en español en mayo de 2014, expresara: “Nadie va a poder gobernar con ese clima de confrontación que tiene Venezuela” y declaró al diario El Universal: “El mejor camino de Venezuela es respetar la Constitución a rajatabla”. Mientras el presidente de Ecuador Rafael Correa, en mayo de 2015 dijo a Radio Cooperativa de Chile: “Se han cometido, con mucho respeto, desde mi punto de vista, errores económicos (…) y eso exacerba las contradicciones políticas”.

Finalmente, en diciembre de 2015 el chavismo, al perder las elecciones parlamentarias, puso la brújula en dirección a la dictadura, lo que explica el frustrado intento de eliminar a un parlamento elegido por la mayoría de los venezolanos, obstaculizar las elecciones y cualquier otra consulta popular.

El intento de repetir la revolución cubana mediante las urnas le jugó una mala pasada. Al negar los mecanismos democráticos que les dieron el poder, el chavismo se situó fuera de la Ley, lo que explica el amplio rechazo de los países e instituciones de la región.

Ante tal encrucijada se presentan dos únicas salidas: regresar a las urnas para intentar legitimarse o asumir la violencia. Ambas opciones le conducirían a la pérdida del poder. La diferencia radica en que la segunda opción provocará un baño de sangre, cuyos efectos rebasarían las fronteras del país y marcarían el fin del populismo revolucionario en la región. Algo que esbozó el propio Nicolás Maduro en la víspera de las elecciones parlamentarias de 2015, cuando dijo que, en caso de que perdiera: Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar. Es decir, se mantendría por la fuerza con la minoría, que es exactamente lo que está ocurriendo en estos momentos y lo que le ha quitado la legitimidad alcanzada en las urnas.

Atrapado en el fracaso, pero decidido a no abandonar el poder, Nicolás Maduro, en lugar de aceptar su responsabilidad y enfrentar la realidad, a la vez que sataniza y ofende a la oposición, llama al “diálogo”. Según sus palabras para devolver la “normalidad y la paz a Venezuela”. “[…] Yo he llamado al diálogo, y sigo llamando al diálogo… La única forma de conseguir la paz es a través de la palabra, del diálogo, del debate sincero, de la búsqueda de razones, de la búsqueda de puntos comunes”3.

Enseñanzas del fracaso chavista:

– La base de su derrota es el desastre económico, algo que el chavismo ya no puede resolver.

– El poder emergido de las urnas tiene que revalidarse una y otra vez en las urnas.

– La distribución de riquezas sin capacidad para crearlas, conduce al agotamiento.

– Afirmar que lo que ocurre en Venezuela es resultado de la ofensiva imperialista y de una conspiración mundial es desconocer la incapacidad del chavismo y por tanto, empeorar la crisis.

– Resultado de las múltiples consultas electorales y de las manifestaciones masivas nadie puede hablar a nombre del pueblo de Venezuela, sino de la parte que le apoya.

– El fracaso del chavismo, después de casi 20 años en el poder, repercutirá en Venezuela, en Cuba y en toda la región y devendrá en el modelo de lo que no debe ser.