Hemeroteca de 3 Abril, 2017

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1490688633_29965.html

Desde que la cría intensiva del ganado sustituyó a la extensiva, la primera y más elemental condición consiste en asegurar el alimento a los animales durante todo el año. Ese es el tema abordado por el periodista Ronald Suárez Rivas en “El que mata la vaca y quien la deja morir”, un reporte publicado el viernes 24 de marzo en el diario Granma.

Cuando no se garantiza esa condición -nos explica el reportero- la masa ganadera decrece por año, en contraposición a la voluntad estatal de potenciar la producción de carne y de leche para reducir importaciones. Apoyado en datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información nos muestra que en el período de 2011 a 2016, en la provincia Pinar del Río, cada año hay menos cabezas de ganado respecto al año anterior, hecho que califica de comportamiento “incomprensible, si se tiene en cuenta que en ese mismo período fueron entregadas en usufructo para la ganadería, en este territorio, más de 24 400 hectáreas. Añade, que en el año 2016 -aún cuando se consideró un año favorable en cuanto a las lluvias-, se reportaron 2 516 muertes por desnutrición y 1 444 por accidentes, dos causas que a nivel internacional no se conciben como factores que afectan la masa ganadera.

En otra parte del reporte se cita al director del departamento provincial de Sanidad Animal, Pedro Antonio López, quien explica que en condiciones normales una novilla debe estar lista para incorporarse a la reproducción a los 18 meses de edad, pero en la actualidad esto se está logrando mucho después, entre los 28 y los 32 meses, porque el “animal que tiene hambre no ovula, y si ovula no fecunda, y si fecunda hay aborto, porque la reproducción es un hijo de la naturaleza. Termina diciendo que en muchos sitios de la provincia hay reses hambrienta hurgando en el suelo, y como si no la vivieran año tras año, hay hombres que se vuelven a sorprender con la sequía.

Según el reportero estamos ante la siguiente contradicción que parece un misterio. A pesar de la “voluntad estatal para potenciar la producción de carne y leche, la masa ganadera decrece. La primera pregunta que salta ante el hecho es ¿Desde cuándo eso ocurre?

Si tenemos en cuenta que a partir de la distribución de la tierra realenga1 y la confirmación de los primeros colonizadores como dueños, el ganado bovino constituyó la principal actividad económica de Cuba desde la segunda mitad del siglo XVI hasta que en la segunda mitad del siguiente siglo su primacía fue desplazada por la producción tabacalera. Casi todas las villas cubanas se dedicaron a la cría extensiva del ganado y a su comercialización, incluyendo el comercio de contrabando con otras islas del Caribe,

Durante la república la producción de carne y de leche bovina creció de forma sostenida. Según el censo de 1946 habían 4 116 000 cabezas de ganado vacuno para una población que no superaba los 5,5 millones de personas. Ese crecimiento explica el por qué en Cuba se instalaron varias fábricas, cubanas y extranjeras para fabricar productos derivados de la leche, como fueron las de Bayamo y Sancti Spiritus de la empresa suiza Nestle.

Gracias a ese desarrollo la ganadería y sus derivados constituyeron fuentes importantes de ingreso de la economía nacional. En los doce años que separan a 1946 de 1958, el número de cabezas de ganado bovino por habitante se elevó de 0,74 a 1,0. Y en 1958 ya era aproximadamente  de 1,0 a 1,0, es decir, una cabeza de ganado per cápita. De haberse sostenido ese ritmo de crecimiento hoy Cuba contaría con más de once millones de cabezas de ganado. Sin embargo, el Control Nacional de Registro Pecuario en 1967 reportó algo más de siete millones, cuando la población ya era de 8,2 millones. Es decir, solamente en los primeros ocho años de revolución se descendió de 1,0 a 0,87 cabezas por habitante

Imbuido de un voluntarismo extremo se decidió someter al ganado bovino a un desacertado cruce genético con el objetivo de crear una nueva raza capaz de producir al mismo tiempo abundante carne y leche para hacer de Cuba la Suiza de América. Sin embargo, el acceso de los cubanos a la leche dependió durante años del Programa de Alimentos de las Naciones Unidas, que la suministró gratuitamente.2

El resultado del desacertado cruce fue un animal físicamente débil, proclive a muchas enfermedades y sin valores productivos en carne y leche, lo que unido al desinterés de los productores generado por la estatización de la propiedad agrícola, el monopolio para establecer la cantidad de animales a tener y los precios de venta, la prohibición de comercializarlos libremente y los salarios insuficientes, provocaron el descenso de la producción ganadera que se mantiene hasta la actualidad y que está entre las causas no mencionadas en el reporte analizado.

Para recuperar la producción en 1997, ignorando las causas esenciales del declive ganadero, se promulgó el Decreto Ley 225 el cual, se concentró en las medidas represivas: multas de hasta quinientos pesos al tenedor de ganado que se le perdiera un animal; prohibición al “dueño” para sacrificarlo y disponer de su carne; multas y penas de hasta de tres años de privación de libertad si el propietario no declaraba los terneros nacidos en los treinta días posteriores al parto, considerado como tenencia ilegal de ganado; obligatoriedad de vender los animales al Estado a precios determinados por este; en el caso de las hembras solo se permitía el sacrificio si el animal sufría un accidente. Medidas que explican el carácter exclusivamente nacional de las muertes reportadas por desnutrición y accidentes, como respuesta de los poseedores de ganado ante las restricciones.

Según datos ofrecidos por el fallecido economista cubano Oscar Espinosa Chepe, al cierre de 2010 el ganado vacuno tenía 3 992 500 cabezas, Esa cifra para una población de 11,2 millones, arroja cerca de 0,36 cabezas de ganado por habitante, la peor en los últimos cien años.

Para agravar la situación, a principios de 2016 la prensa oficial informó de la muerte de miles de cabezas de ganado por falta de comida y de agua, así como de animales sacrificados ilegalmente; un cuadro que se contradice con la época anterior a 1959, cuando el productor tenía toda la libertad para disponer de sus animales, el consumo no estaba racionado, ni ocurría el sacrificio ilegal de forma generalizada.

El resultado de tan deplorable cuadro es que el país invierte cada año sumas millonarias para comprar en el exterior lo que se producía y se puede producir en Cuba.

Si se identifican las verdaderas causas del retroceso en la ganadería: la estatización agropecuaria, el voluntarismo, la falta de libertades de los productores y los salarios insuficientes, la misteriosa contradicción desaparece. Y si entonces, se procede en consecuencia Cuba volvería a garantizar la carne de res para la alimentación de la población y dejaría de importar leche y sus derivados.