Hemeroteca de Abril 2017

Tomado de; http://www.diariodecuba.com/deportes/1491589439_30228.html

El retroceso de la pelota cubana y la conformación de un equipo unificado con atletas de la Isla y de las Grandes Ligas han encabezado los debates después del fracaso en el IV Clásico Mundial de Béisbol. Esos temas -de difícil comprensión sin acudir a la memoria histórica- en lugar de agotarse asumen mayor actualidad. La razón es sencilla: a pesar del retroceso sufrido la pelota sigue siendo nuestro deporte nacional y por tanto nos atañe a todos.

1- El retroceso

El béisbol profesional debutó en Cuba en la última década del siglo XIX. Desde 1907 equipos de las Ligas Negras de Estados Unidos venían a topar con Cuba y al año siguiente los Rojos del Cincinati jugaron con equipos cubanos. En 1908 el cubano Luis Padrón jugó con los Medias Blancas de Chicago en la pretemporada y desde 1911 los cubanos Armando Marsans y Rafael Almeida jugaron en las Grandes Ligas. Desde 1931 equipos norteamericanos sostenían encuentros en Cuba, que se extendieron hasta la serie de práctica de los Dodgers de los Ángeles y los Rojos del Cincinati en 1959. Tal proceso de intercambios se reflejó en una creciente calidad del béisbol cubano.

En 1939, tres meses después de inaugurado el famoso Hall de la Fama de Cooperstown, abrió sus puertas el Salón de la Fama de Cuba. De las cinco series mundiales amateurs que se celebraron en La Habana entre 1939 y 1943, los cubanos ganaron cuatro. También en los años 40 el Gran Stadium del Cerro pasó a ser la sede de la pelota cubana y se fundó la Liga Cubana con los equipos Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao. En 1949 la Serie del Caribe se inauguró en La Habana y de las 12 temporadas que participó ganó siete, las últimas cinco de forma consecutiva. Desde 1954 los Cubans Sugar Kings1 jugaban la mitad del tiempo en el estadio del Cerro y la otra mitad en el exterior. En 1960 ya la Isla tenía 98 jugadores en Grandes Ligas y 68 habían sido elegidos para el Salón de la Fama. La Liga Cubana era el circuito principal en América Latina y su calidad era la segunda del mundo. Ese ascenso, dimensionado por la radio y la televisión, convirtieron la pelota en pasión de los cubanos.

2- La ausencia de un equipo unificado

Para este punto me apoyo en Quién esconde los bates, un artículo publicado en el diario Juventud Rebelde del domingo 26 de marzo de 2017. Según su autor, Norland Rosendo, “Antes que centrar el debate en por qué Cuba no asiste al Clásico con una selección unificada, habría que preguntarse por qué los cubanos no pueden jugar en las Grandes Ligas sin verse obligado a abandonar su país”. Acto seguido asegura que: “Si no fuera por el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a nuestro país, los atletas cubanos, de cualquier deporte, pudieran tomar parte en los circuitos competitivos de aquella nación sin someterse a regulaciones especiales”.

El articulista reduce el problema y una vez reducido, arriba a la conclusión de que el bloqueo es el culpable, es decir, el que esconde los bates.

Dos hechos no pueden obviarse en este análisis: 1- Que las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos comenzaron a deteriorarse desde 1959 y que se tensaron con la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba y la ruptura de las relaciones diplomáticas; 2- Que la pelota profesional era dirigida por empresas privadas, independientes del Estado.

La Dirección General de Deportes, que había sido creada en la década del 40 no determinaba lo que era competencia de empresarios y franquicias. Esa institución pasó a ser dirigida en 1959 por el capitán del Ejército Rebelde, Felipe Guerra Matos.
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El 25 de julio de julio de 1959 -víspera del aniversario del asalto al cuartel Moncada- el juego de la Liga Internacional, disputado en el Estadio del Cerro entre los Cubans Sugar Kings y los Red Wings, fue interrumpido a la media noche para celebrar el aniversario. Se apagaron las luces, se desplegó una bandera cubana en el jardín central y se tocó el himno nacional. Al encenderse nuevamente de una multitud invadió el lugar salieron disparos para festejar. Las balas perdidas golpearon a Frank Verdi, coach de tercera base y a Leo Cárdenas, de los Sugar Kings. El juego fue suspendido, mientras el manager y el gerente general de los Red Wings trasladaron sus jugadores al Hotel Nacional.

Los funcionarios cubanos negaron que la situación hubiera estado fuera de control, pidieron disculpas por el incidente y ofrecieron garantías para los juegos. La dirección del equipo estadounidense no aceptó reanudar el juego ni continuar al día siguiente. El hecho -como narra Peter C. Bjarkman en Fidel Castro y el Béisbol- fue el principio del fin de la Liga Internacional en la isla. Al año siguiente (1960), la expropiación de las propiedades estadounidenses en la Isla determinó que se rompiera definitivamente la conexión cuando la Isla estaba a un paso de obtener su propia franquicia para jugar en Grandes Ligas. La Liga Internacional le concedió a Frank J. Shaughnessy, su presidente, la potestad de trasladar las franquicias y alterar el calendario de juego. El 8 de julio de ese año los Cubans Sugar Kings fueron reubicados en la ciudad de Jersey, lo que precipitó los acontecimientos posteriores.

Con esa decisión de los empresarios deportivos los peloteros cubanos contratados no podían continuar jugando en los equipos de Cuba, tal como había ocurrido en los años cuarenta, cuando el pacto establecido entre la Liga Cubana y las Grandes Ligas implicaba la pérdida de control sobre los jugadores que quedaban sujetos a las normas del Béisbol Profesional, como ocurrió con Orestes Miñoso, que al firmar con el Cleveland no podía seguir jugando en Cuba. Sin embargo, en esa oportunidad se impuso la negociación. El reclamo de la parte cubana obligó a introducir modificaciones en el acuerdo, tras lo cual las estrellas cubanas volvieron cada año a la Liga Cubana.

El 23 de febrero de 1961, después que Almendares y Cienfuegos disputaron el juego final de esa temporada, el gobierno creó el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER), bajo la dirección de José Llanusa Gobel. Un mes después el INDER emitió el Decreto Nacional Número 936, mediante el cual se prohibió el deporte profesional. Comenzó así una batalla entre la llamada “pelota libre” contra la “pelota esclava”, se suspendieron las trasmisiones del béisbol profesional norteamericana, se calificó de traidor a todo el que intentará participar en esa pelota, se dejaron de mencionar a los cubanos destacados en la pelota “esclava”, y se condenó la historia de la pelota profesional al ostracismo.

Tales medidas constituyeron un boomerang. La única perjudicada fue Cuba. Los cubanos reiniciaron el camino a las Grandes Ligas: el santiaguero Bárbaro Garbey, que escapó por el puerto de Mariel y el habanero René Arocha encabezaron un desfile que cada vez es más nutrido. Decenas y decenas de talentos jóvenes participan en las Ligas Mayores y Menores, quienes están impedidos de integrar un equipo unificado con los cubanos que juegan en la Isla.

La ausencia de un enfoque objetivo, de un problema negociable sigue atado a la política. A fines del marzo de 2017, el director nacional de béisbol de Cuba, Yosvani Aragón, declaró que “no habrá equipo unificado hasta que Estados Unidos elimine las reglas del embargo que afectan a los peloteros”, tal y como si fuera Estados Unidos el perjudicado. Y en sintonía con la abominable calificación de traidores, dijo que “No habrá concesiones que impliquen abrir las puertas a quienes negaron a su país o abandonaron delegaciones que contaban con sus esfuerzos”.

Lo anterior indica que entre los obstáculos para recuperar la calidad de la pelota cubana y la conformación de un equipo unificado pasa por erradicar la subordinación de la pelota a la política e implementar las libertades para rescatar el interés de los deportistas. Después tendremos que recuperar la calidad de un deporte que había ascendido durante las siete décadas que precedieron a 1959, lo que no se logrará en el corto plazo.

1En 1946 el empresario George P. Foster montó en Cuba una franquicia con el nombre de Habana Cubans que jugó en la Liga Internacional de La Florida. En 1954 Bobby Maduro compó esa franquicia y le cambió el nombre por el de Cuban Sugar Kings o Havana Sugar Kings para participar en la Liga Internacional de nivel triple A, afiliada a los Rojos del Cincinati. En 1959 los Cuban Sugar Kings ganaron la Liga Internacional contra los Minneapolis Millers en el Estadio del Cerro y después se coronaron campeones en la Pequeña Serie Mundial.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1490688633_29965.html

Desde que la cría intensiva del ganado sustituyó a la extensiva, la primera y más elemental condición consiste en asegurar el alimento a los animales durante todo el año. Ese es el tema abordado por el periodista Ronald Suárez Rivas en “El que mata la vaca y quien la deja morir”, un reporte publicado el viernes 24 de marzo en el diario Granma.

Cuando no se garantiza esa condición -nos explica el reportero- la masa ganadera decrece por año, en contraposición a la voluntad estatal de potenciar la producción de carne y de leche para reducir importaciones. Apoyado en datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información nos muestra que en el período de 2011 a 2016, en la provincia Pinar del Río, cada año hay menos cabezas de ganado respecto al año anterior, hecho que califica de comportamiento “incomprensible, si se tiene en cuenta que en ese mismo período fueron entregadas en usufructo para la ganadería, en este territorio, más de 24 400 hectáreas. Añade, que en el año 2016 -aún cuando se consideró un año favorable en cuanto a las lluvias-, se reportaron 2 516 muertes por desnutrición y 1 444 por accidentes, dos causas que a nivel internacional no se conciben como factores que afectan la masa ganadera.

En otra parte del reporte se cita al director del departamento provincial de Sanidad Animal, Pedro Antonio López, quien explica que en condiciones normales una novilla debe estar lista para incorporarse a la reproducción a los 18 meses de edad, pero en la actualidad esto se está logrando mucho después, entre los 28 y los 32 meses, porque el “animal que tiene hambre no ovula, y si ovula no fecunda, y si fecunda hay aborto, porque la reproducción es un hijo de la naturaleza. Termina diciendo que en muchos sitios de la provincia hay reses hambrienta hurgando en el suelo, y como si no la vivieran año tras año, hay hombres que se vuelven a sorprender con la sequía.

Según el reportero estamos ante la siguiente contradicción que parece un misterio. A pesar de la “voluntad estatal para potenciar la producción de carne y leche, la masa ganadera decrece. La primera pregunta que salta ante el hecho es ¿Desde cuándo eso ocurre?

Si tenemos en cuenta que a partir de la distribución de la tierra realenga1 y la confirmación de los primeros colonizadores como dueños, el ganado bovino constituyó la principal actividad económica de Cuba desde la segunda mitad del siglo XVI hasta que en la segunda mitad del siguiente siglo su primacía fue desplazada por la producción tabacalera. Casi todas las villas cubanas se dedicaron a la cría extensiva del ganado y a su comercialización, incluyendo el comercio de contrabando con otras islas del Caribe,

Durante la república la producción de carne y de leche bovina creció de forma sostenida. Según el censo de 1946 habían 4 116 000 cabezas de ganado vacuno para una población que no superaba los 5,5 millones de personas. Ese crecimiento explica el por qué en Cuba se instalaron varias fábricas, cubanas y extranjeras para fabricar productos derivados de la leche, como fueron las de Bayamo y Sancti Spiritus de la empresa suiza Nestle.

Gracias a ese desarrollo la ganadería y sus derivados constituyeron fuentes importantes de ingreso de la economía nacional. En los doce años que separan a 1946 de 1958, el número de cabezas de ganado bovino por habitante se elevó de 0,74 a 1,0. Y en 1958 ya era aproximadamente  de 1,0 a 1,0, es decir, una cabeza de ganado per cápita. De haberse sostenido ese ritmo de crecimiento hoy Cuba contaría con más de once millones de cabezas de ganado. Sin embargo, el Control Nacional de Registro Pecuario en 1967 reportó algo más de siete millones, cuando la población ya era de 8,2 millones. Es decir, solamente en los primeros ocho años de revolución se descendió de 1,0 a 0,87 cabezas por habitante

Imbuido de un voluntarismo extremo se decidió someter al ganado bovino a un desacertado cruce genético con el objetivo de crear una nueva raza capaz de producir al mismo tiempo abundante carne y leche para hacer de Cuba la Suiza de América. Sin embargo, el acceso de los cubanos a la leche dependió durante años del Programa de Alimentos de las Naciones Unidas, que la suministró gratuitamente.2

El resultado del desacertado cruce fue un animal físicamente débil, proclive a muchas enfermedades y sin valores productivos en carne y leche, lo que unido al desinterés de los productores generado por la estatización de la propiedad agrícola, el monopolio para establecer la cantidad de animales a tener y los precios de venta, la prohibición de comercializarlos libremente y los salarios insuficientes, provocaron el descenso de la producción ganadera que se mantiene hasta la actualidad y que está entre las causas no mencionadas en el reporte analizado.

Para recuperar la producción en 1997, ignorando las causas esenciales del declive ganadero, se promulgó el Decreto Ley 225 el cual, se concentró en las medidas represivas: multas de hasta quinientos pesos al tenedor de ganado que se le perdiera un animal; prohibición al “dueño” para sacrificarlo y disponer de su carne; multas y penas de hasta de tres años de privación de libertad si el propietario no declaraba los terneros nacidos en los treinta días posteriores al parto, considerado como tenencia ilegal de ganado; obligatoriedad de vender los animales al Estado a precios determinados por este; en el caso de las hembras solo se permitía el sacrificio si el animal sufría un accidente. Medidas que explican el carácter exclusivamente nacional de las muertes reportadas por desnutrición y accidentes, como respuesta de los poseedores de ganado ante las restricciones.

Según datos ofrecidos por el fallecido economista cubano Oscar Espinosa Chepe, al cierre de 2010 el ganado vacuno tenía 3 992 500 cabezas, Esa cifra para una población de 11,2 millones, arroja cerca de 0,36 cabezas de ganado por habitante, la peor en los últimos cien años.

Para agravar la situación, a principios de 2016 la prensa oficial informó de la muerte de miles de cabezas de ganado por falta de comida y de agua, así como de animales sacrificados ilegalmente; un cuadro que se contradice con la época anterior a 1959, cuando el productor tenía toda la libertad para disponer de sus animales, el consumo no estaba racionado, ni ocurría el sacrificio ilegal de forma generalizada.

El resultado de tan deplorable cuadro es que el país invierte cada año sumas millonarias para comprar en el exterior lo que se producía y se puede producir en Cuba.

Si se identifican las verdaderas causas del retroceso en la ganadería: la estatización agropecuaria, el voluntarismo, la falta de libertades de los productores y los salarios insuficientes, la misteriosa contradicción desaparece. Y si entonces, se procede en consecuencia Cuba volvería a garantizar la carne de res para la alimentación de la población y dejaría de importar leche y sus derivados.