Hemeroteca de diciembre 2016

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1481381183_27318.html

Fidel Castro Ruz imprimió su sello personal a Cuba durante décadas. Con un poder absoluto e imbuido de una elevada dosis de mesianismo, populismo y voluntarismo decidió el destino de varias generaciones. Emprendió importantes obras sociales, pero estancó la economía e hizo retroceder las libertades ciudadanas. El gobierno bajo su dirección ancló al país en el pasado y desaprovechó las oportunidades de cambio que ofrecieron los diversos y continuados fracasos. Su muerte, en el momento y las condiciones en que se produjo, no puede dejar de tener un fuerte impacto en la sociedad cubana.

Las reformas implementadas desde el año 2008 bajo la dirección del  Raúl Castro no arrojaron resultados positivos por sus limitaciones, la lentitud de su ritmo y las contradicciones que se expresaron en una  especie de dualidad de poderes. La caída del PIB al 1% en el primer semestre de 2016, la eminente recesión para el 2017 y el aumento del éxodo masivo de cubanos,confirman su fracaso.

A pesar de ello, esas tímidas y limitadas reformas generaron el embriónde un sector privado del cual hoy el gobierno no puede prescindir; las relaciones con Estados Unidos, aunque se tensaran con la próxima administración de Donald Trump generado intereses que impiden dar marcha atrás; la posibilidad de encontrar un nuevo padrino en la arena internacional dispuesto a sustituir a Venezuela no existe; y los paquetes de medidas dictados por la administración de Obama, que oxigenaron las relaciones con Occidente,reactivaron el turismo y crearon expectativas no continuarán sin cambios al interior de Cuba.

En ese escenario el actual gobierno sólo tiene dos caminos: frenar, que es lo mismo que conducir al país a la ruina total o en su lugar avanzar. La decisión más probable es la segunda, pues en la primera todos seríamos perdedores, incluyendo a los que detentan el poder. De ser así,aunque se carezca de la voluntad política, en corto tiempo se producirán cambios y se sabrá si las actuales autoridades son capaces en tan compleja situación de sacar al país del estancamiento y hacerlo avanzar. De todas formas cualquier camino que se elija, tarde o temprano, inexorablemente conducirá a la democratización del país.

Por la magnitud del reto, aunque sea una necesidad, lo más importante e inmediato no es juzgar lo ocurrido, cuyo resultado es evidente y de lo cual se encargará ese juez implacable que es el tiempo; sino definir el camino y echar a andar. Un camino que, en ausencia de fuerzas alternativas con capacidad para imponer el ritmo y la dirección, tendrá como sujeto inicial al gobierno cubano, el cual en ausencia del líder máximo y desaparecida la dualidad de poderes, cuenta con los principales resortes para iniciar las transformaciones.

En la economía, con excepción del incipiente sector privado, la poca que funciona, vinculada a sectores como el turismo, proyectos como la Zona Especial de Desarrollo Mariel y  algunas producciones, está concentrada en el Grupo de Administración Empresarial S.A, (GAESA), bajo la dirección del General de División Luis Alberto Rodríguez López-Callejas.

En cuanto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias(FAR), la Constitución establece que el Presidente del Consejo de Estado desempeña la jefatura suprema. Las figuras principales de esa jefatura, los generales de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías, Álvaro López Miera,Ramón Espinosa Martín, Joaquín Quinta Solas. Los  generales de Brigada Lucio Morales Abad, Raúl Rodríguez Lobaina y Onelio Aguilera Bermúdez, se  formaron o estuvieron bajo el mando de Raúl Castro como ministro de esa institución y todos son miembros del Buró Político del Partido Comunista o de su Comité Central.

A lo anterior se une el Consejo de Defensa Nacional, un órgano que puede ser convocado a voluntad del presidente del Consejo de Estado y en circunstancias especiales convertirse en el máximo órgano de poder estatal y político, al que en esas condiciones se subordinan hasta los secretarios del Partido en las provincias y municipios.

Por tanto, el actual Presidente cuenta con todos los hilos del poder para tomar el camino que Cuba necesita con muy poca o sin ninguna oposición.

Como la inviabilidad del modelo constituye la causa fundamental del desinterés y desesperanza, del éxodo masivo y de la ineficiencia productiva, cualquier reforma que se implemente tiene que atacar esa causa fundamental. La posibilidad de medidas dirigidas a cambiar para no cambiar, como ocurrió antes, hoy sería totalmente inútil.

El tiempo se agotó definitivamente. El gobierno, aunque tiene en sus manos todos los hilos del poder no los puede usar para otra cosa que para emprender transformaciones profundas, que son tan  necesarias  para salir de la crisis como imposibles para cambios cosméticos e intentar conservar el poder a mediano-largo plazo.

Por el tiempo perdido, el nuevo escenario aunque más complejo que los anteriores, ofrece una última oportunidad para profundizar los cambios ordenadamente desde el poder. El totalitarismo se agotó totalmente. Por ello, con independencia de la voluntad del gobierno, el cambio resulta inevitable para el propio gobierno. Esa es la peculiaridad del nuevo escenario en que ha desembocado aquel proceso inaugurado en 1959.

Entre el cúmulo de dificultades están:la necesidad de grandes inversiones y por tanto de una gran entrada de capital internacional, lo que obliga a reformar nuevamente la Ley de Inversiones; la implementación de cambios constitucionales para garantizar la legalidad inmediata de los sucesores, quienes carecen de la legitimidad que dio el triunfo de 1959 y de una economía capaz de tranquilizar a una sociedad insatisfecha; los cambios en la estructura de la propiedad que permitan a los productores ser verdaderos propietarios. Esas transformaciones para que resulten beneficiosas tienen que acompañarse con transformaciones en materia de derechos y libertades.

Una de las posibilidades más factibles para el gobierno es tomar el camino vietnamita. La complejidad de ese camino está en que las reformas de Vietnam excluyeron las libertades cívicas y políticas, algo que en Cuba por su historia política y su cultura, una vez en marcha las reformas económicas, será imposible de obviar.

Lo que ocurra de ahora en adelante, pero en un plazo breve, será decisivo para Cuba, su sociedad y también para el actual gobierno. Un reto difícil pero ineludible en un escenario sin padrinos, sin Fidel, con una economía en franco retroceso y un pueblo desesperanzado.

Tomado de: http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/donald-trump-y-raul-castro-dimas-castellanos-noticia-1949793

La victoria electoral de Donald Trump sorprendió a la gran mayoría de los cubanos. Las encuestas foráneas y la prensa oficial cubana, al considerar a Hilary Clinton como favorita crearon una falsa expectativa. Una vez conocidos los resultados los criterios son diversos. Algunos piensan que Trump es un hombre peligroso y será dañino, otros que será más exigente con La Habana y se alegran de ello, muchos están preocupados por un retroceso en las relaciones y se lamentan de su triunfo, mientras una mayoría está desencantada por la campaña de la prensa oficial contra la política del presidente Barack Obama.  En lo que casi todos coinciden es en lo mal que está Cuba y en la necesidad de emigrar.

Anular lo avanzado en las relaciones restablecidas será extremadamente difícil. ¿Por qué?, por la división de los poderes públicos, por la existencia de sectores con intereses diversos y por la institucionalidad existente en Estados Unidos. El Presidente podría limitar o eliminar algunas cosas, pero no anularlo todo, porque ello implicaría afectaciones a intereses norteamericanos. Sencillamente una cosa es el populismo electoral y otra es presidir un país institucionalizado.

Suponiendo que realmente Trump pudiera ser un peligro para las relaciones que la administración  de Barack Obama logró adelantar con Cuba -desde mi opinión el hecho de mayor trascendencia política en el último medio siglo cubano- el mayor peligro de retroceso hasta ahora ha estado y está en la parte cubana.

La estatización, la planificación centralizada y la ausencia de  libertades están entre las principales causas del estado de crisis permanente en que Cuba se encuentra. La política de la administración de Obama brindó una oportunidad de cambio que ha sido desaprovechada por la parte cubana. Por tanto, cualquier peligro que pueda representar la administración de Trump resultaría menor que la negativa del gobierno de Cuba, atrapado ante una insoluble contradicción: cambiar y conservar el poder.

La tesis de Fidel Castro, de que “Cuba ya cambió en 1959″ dio paso a la visión más pragmática del general Raúl Castro, de “cambiar algunas cosas para conservar el poder”. Sin embargo, las medidas implementadas con ese objetivo, debido a una especie de dualidad de poderes, no dieron el resultado esperado y en su lugar develaron la inviabilidad del modelo y la profundidad de la crisis.

Los paquetes de medidas dictados por la Casa Blanca se reflejaron en el aumento del turismo y de las remesas familiares, arribo del primer crucero, reinicio de los vuelos, acuerdos con empresas estadounidenses de telecomunicaciones, negociaciones con otros países y renegociación de la deuda externa, entre otras. Mientras la Directiva Presidencial del pasado mes de noviembre se propuso hacer irreversible los avances logrados. Si esas medidas no han arrojado mayor resultado es porque las trabas a las fuerzas productivas y la ausencia de libertades al interior de Cuba lo ha impedido. Por eso, más que de Trump, los cambios dependen de las autoridades cubanas. De acometer esos cambios ahora, aunque sea fuera de tiempo, cualquier intención de retroceso por parte de Trump quedaría sin argumentos.

Teniendo en cuenta que la suspensión del embargo es prerrogativa del Congreso estadounidense, lo indicado, después de la desaparición física de Fidel Castro, sería acometer una reforma estructural e integral, al menos como hicieron los vietnamitas, que al abandonar la planificación centralizada y asumir la economía de mercado, se han ubicado en el lugar 28 entre los mayores países exportadores del mundo.

En el contexto generado por la ruptura de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, el gobierno revolucionario estatizó la economía, desmanteló la sociedad civil, restringió las libertades fundamentales y despareció el concepto de ciudadano.

La ineficiencia del modelo implantado -una de cuyas manifestaciones fue el fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas en 1970- se solapó durante décadas con las subvenciones basadas en la afinidad ideológica, mientras el desmontaje de la institucionalidad se justifico con el enfrentamiento al “enemigo”.

El derrumbe de la Unión Soviética develó el fracaso. Sin embargo, el gobierno cubano en lugar de  someter el modelo a una reforma estructural se circunscribió a cambios coyunturales para subsistir. A pesar de su carácter limitado, ante las primeras señales de surgimiento de un embrión de clase media, los cambios fueron detenidos. Unos años después, con las subvenciones procedentes de Venezuela, la reforma se pospuso para las calendas griegas, mientras la ineficiencia del modelo continuaba su camino.

A partir del año 2008, cuando el general Raúl Castro asumió la dirección del Estado, implementó un paquete de medidas cuyo principal ha sido develar el agotamiento del modelo y la profundidad de la crisis.

Ante la disyuntiva de profundizar o restringir las reformas, la Primera Conferencia del Partido Comunista en 2012 optó por lo segundo. Se revitalizó la política expuesta por Fidel Castro en 1961, cuando en el Congreso de Cultura preguntó: ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Y se respondió así mismo: Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho… Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos.

La inviabilidad del fidelismo, incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del pueblo cubano; el fracaso de Venezuela, multiplicado por la brusca caída de los precios del petróleo; el fracaso de la política norteamericana, dirigida a promover cambios dentro de Cuba y el hábil manejo de los errores de esa política por la parte cubana, facilitaron el inicio de las conversaciones secretas entre los dos gobiernos hasta desembocar en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el anuncio de una nueva política norteamericana: una decisión útil a los intereses estadounidenses para recuperar la influencia perdida en la región; útil al gobierno cubano al proporcionar una salida “decorosa”; y sobre todo, útil a los cubanos, al crear un escenario favorable para la recuperación de los derechos y libertades perdidos.

La nueva política norteamericana, al no exigir la democratización de Cuba como premisa para restablecer las relaciones, desplazará gradualmente la contradicción externa por la contradicción interna Pueblo-Gobierno, lo que explica la insoluble contradicción del gobierno cubano: cambiar y conservar el poder.

Teniendo en cuenta los límites impuestos por el embargo, el presidente Barack Obama dictó seis paquetes de modificaciones. El primero amplió los permisos generales de viaje, ofreció facilidades comerciales a empresas privadas cubanas y a pequeños agricultores, acrecentó el monto de las remesas y donativos, expandió las exportaciones comerciales de bienes y servicios desde Estados Unidos, incrementó el acceso de Cuba a las comunicaciones y proporcionó telecomunicaciones comerciales y servicios de internet con precios más bajos.

Ese y los subsiguientes paquetes se reflejaron en el aumento de los viajes autorizados a Cuba, la llegada del primer buque de cruceros a puertos cubanos, el reinicio de los vuelos, el inicio de la transportación directa de correo entre los dos países; varias empresas estadounidenses de telecomunicaciones establecieron acuerdos para servicios de voz directa e itinerancia de señales con Cuba, facilitó las negociaciones con otros países y reanimó las expectativas y esperanzas de cambio.

La reciente Directiva Presidencial -dirigida a hacer irreversible la nueva política- se propone avanzar en los siguientes seis objetivos a mediano plazo:

Continuar los intercambios de alto nivel y técnicos en áreas de interés mutuo;  2- Continuar” los vínculo persona a persona a través de intercambios patrocinados por el gobierno o el sector privado y establecer un grupo de trabajo bilateral para ampliar la conectividad a Internet”; 3- Identificar maneras de ampliar las oportunidades para que las empresas estadounidenses trabajen con Cuba y “aplicar políticas que permitan la interacción del sector privado de Estados Unidos con el sector privado emergente de Cuba y con las empresas estatales que proporcionan bienes y servicios a la población cubana”; 4- Utilizar la cooperación ampliada para apoyar mayores reformas económicas por parte del gobierno cubano; 5- Dejar claro que Estados Unidos no puede imponer un modelo diferente en Cuba, porque el futuro de Cuba depende del pueblo cubano, a la vez que buscará institucionalizar un diálogo regular sobre los derechos humanos para impulsar el avance en esa materia; y 6- Ampliar el diálogo con Cuba en las organizaciones en las que ya es miembro, como la Organización Mundial de Comercio y la Organización Mundial de Aduanas.

Por su parte el gobierno de la Isla permitió  a los cubanos hospedarse en hoteles reservados para turistas; comprar computadoras, DVD y líneas de telefonía móvil; vender su casa o su auto; salir del país sin tener que pedir permiso a papa Estado y permanecer hasta 24 meses en el exterior; y estableció más de 100 puntos públicos de acceso a wifi. Medidas, que más que avances denotan hasta el punto en que habían retrocedido los derechos en Cuba.

Otras medidas que pudieron ser el comienzo de cambios profundos: la entrega en usufructo de tierras que el Estado fue incapaz de hacer producir y el trabajo privado, limitado a unas 200 actividades esencialmente de servicios y sin personalidad jurídica;  la creación bajo control estatal de “cooperativas no  agropecuarias”; y una nueva Ley de Inversión Extranjera. Medidas subordinadas a la conservación del poder que prohíben a los cubanos ser empresarios en su propio país, contratarse directamente con empresarios extranjeros y crear sindicatos independientes para la defensa de sus intereses.

Teniendo en cuenta que la suspensión del embargo es prerrogativa del Congreso y que las medidas de la administración Obama lo han flexibilizado, lo indicado sería aprovechar las relaciones diplomáticas y los paquetes de medidas del gobierno estadounidense para implementar la reforma -estructural e integral- que no se emprendió después del fracaso de la zafra de 1970, ni después de la desaparición de la Unión Soviética en 1989, ni a partir de los cambios mínimos iniciados en 2008. Una reforma  que beneficiaría enormemente beneficiosa para Cuba y para los cubanos.

Por tanto, la inviabilidad del modelo y el límite a las reformas constituye, la causa fundamental del desinterés y desesperanza de los cubanos, del éxodo masivo y de la ineficiencia productiva que ha impedido eliminar la dualidad monetaria, liberarse de las subvenciones extranjeras, sustituir la importación de alimentos y obtener las divisas necesarias. Con ese resultado -responsabilidad del gobierno cubano- si mañana el Congreso norteamericano levanta el Embargo, no se podrían aprovechar plenamente las relaciones económicas con la mayor potencia económica del mundo, ubicada geográficamente a unas pocas millas de Cuba.

Respecto a la solución de las diferencias pendientes en la marcha hacia la plena normalización de las relaciones, la Directiva declara que “no tiene la intención de modificar el tratado de arrendamiento vigente y otras disposiciones relacionadas con la Base Naval de Guantánamo”. Ese y otros aspectos: las trasmisiones radiales y televisivas, las compensaciones mutuas, el programa de parole para médicos cubanos, la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados” y cualquier otra diferencia, deben negociarse a través de los canales diplomáticos restablecidos y desterrar el discurso populista, las estridentes movilizaciones y las condenas en Naciones Unidas, que en décadas no han arrojado ninguna solución. Pero sobre todo deben emprenderse las reformas para que los cubanos no tengan que salir  a buscar en el extranjero lo que con libertades pueden resolver en su país.

El ministro de relaciones exteriores de Cuba, al presentar  el último proyecto contra el embargo en la Asamblea General de la ONU el pasado 26 mes de octubre, calificó las medidas adoptadas por el gobierno de Estados Unidos de “pasos positivos, pero de muy limitado efecto y alcance”. Y en consecuencia planteó que “el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo económico y social de nuestro pueblo”, y parafraseando a Fidel dijo que “ya decidimos nuestro camino al futuro”. Dos afirmaciones falsas. Ni el “bloqueo” es el principal obstáculo, ni los cubanos cuentan con los mecanismos, espacios e instituciones para decidir ningún camino, que no sea el del éxodo.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1480373673_27043.html

La mayoría de los analistas al referirse al giro que podrían sufrir las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, después de las elecciones del pasado ocho de noviembre, se han ocupado unilateralmente de la política que seguirá el nuevo inquilino de la Casa Blanca respecto a Cuba ignorando el carácter bilateral de dichas relaciones.

Los vaticinios emitidos conforman un abanico que se despliega desde los que plantean el cumplimiento de la promesa electoral de retrotraer la política empleada por Barack Obama, hasta un posible mayor entendimiento con las autoridades cubanas. En casi todos el acento recae en lo que hará el nuevo mandatario, tal como si la parte cubana fuera ajena a lo que pueda ocurrir a partir del próximo 20 de enero.

Un análisis retrospectivo de las relaciones entre ambas administraciones indica otra cosa. Teniendo en cuenta que el pueblo cubano carece de derechos civiles y políticos para influir en ese proceso y la debilidad de la sociedad civil emergente le impide desempeñar el papel de contraparte, el  análisis tiene que ceñirse a las relaciones intergubernamentales.

Una cosa es apelar al populismo electoral y otra muy diferente es presidir la mayor potencia del mundo. Anular lo avanzado en las relaciones restablecidas durante la presidencia de Barack Obama será extremadamente difícil. La institucionalización de los poderes públicos, la existencia de diversos sectores con intereses en nuestra isla y los intereses en la región frente a la penetración de otras potencias, lo impiden. En esas condiciones el Presidente electo podría limitar o eliminar algunas cosas, pero no podría anularlo todo, porque afectaría los propios intereses de su país.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos -el hecho de mayor trascendencia política después de la revolución de 1959- responde a los  intereses de ambas naciones. La suposición de que Trump constituya un peligro para las relaciones que la administración  de Barack Obama logró adelantar es una cara de la moneda, en la otra cara está el freno demostrado por el gobierno cubano para que dichas relaciones  avancen.

El aferramiento a la estatización, la planificación centralizada y la ausencia de  libertades de los cubanos, están entre las principales causas de la crisis en que Cuba se encuentra. La política de la administración de Obama brindó una oportunidad de cambio que fue desaprovechada por la parte cubana para remover los obstáculos al interior del país. Por tanto, junto al peligro potencial que pudiera representar la administración de Trump está la negativa real del gobierno cubano, carente de la voluntad política necesaria para enfrentar el presente. Una contradicción insoluble que consiste en cambiar y al mismo tiempo conservar el poder.

La tesis de Fidel Castro, de que “Cuba ya cambió en 1959″ dio paso a la visión más pragmática del general Raúl Castro, de “cambiar algunas cosas para conservar el poder”. Las medidas implementadas con ese objetivo en ocho años no arrojaron el resultado esperado. En su lugar develaron la inviabilidad del modelo y la profundidad de la crisis, ante lo cual la única salida radica en la implementación de una reforma profunda.

Si los paquetes de medidas dictados por la Casa Blanca -incluyendo la Directiva Presidencial del pasado mes de octubre dirigida a hacer irreversible los avances logrados- no han arrojado un mayor resultado es porque no se acompañaron con las medidas necesarias de la parte cubana para liberar las fuerzas productivas y restituir las libertades ciudadanas. Por esa razón, más que lo que pudiera ocurrir durante la administración de Trump, la solución de Cuba recae en sus autoridades. De acometerse esos cambios ahora, aunque se implementen con gran atraso, neutralizarían cualquier intención de retroceso por parte del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Teniendo en cuenta que la suspensión del embargo es prerrogativa del Congreso estadounidense, lo indicado ahora, después de la desaparición física de Fidel Castro, es acometer una reforma estructural e integral que debió de haberse iniciado mucho antes, al menos, en su comienzo como la hizo Vietnam, limitada a la economía, en un país que sobre su territorio, en diez años de guerra, se arrojaron tres veces más bombas que las empleadas durante la Segunda Guerra Mundial, donde el 15% de la población pereció o resultó herida en la contienda, en el Sur el 60% de las aldeas resultaron destruidas y después de culminar la guerra  enfrentó el bloqueo económico y los ataques fronterizos, pero en lugar de campañas ideológicas emprendieron las reformas.

El diario Granma del pasado 4 de noviembre, en un reporte titulado El Vietnam del futuro, dice que la provincia de Binh Duong, antes eminentemente agrícola, ahora predomina la actividad industrial. Esta provincia cuenta con más de 2 700 proyectos de inversión extranjera; el PIB desde el 2010 crece al 14% anual; cuenta con 28 parques industriales con fábricas construidas por empresas de más de 30 países; en los últimos dos años se han incorporado casi 370 nuevos proyectos de inversión y de 1996 para acá  han generado más de 90 mil puestos de trabajo.

El mismo diario, el 11 de noviembre, publicó El milagro de la economía vietnamita, donde plantea que el Banco Mundial ha colocado a Vietnam entre los países más exitosos, que en 30 años han triplicado la renta per cápita, entre 2003 y la actualidad redujeron la pobreza de un 59 a cerca del 12%, y en menos de 20 años sacaron de la miseria más de 25 millones de personas. Agrega que en 1986 el ingreso promedio de los vietnamitas estaba entre 15 y 20 dólares al mes y ahora oscila  entre los 200 y los 300, que en 1986 eliminaron el mecanismo centralizado e implementaron una economía de mercado con orientación socialista. Por sus resultados Estados Unidos le suspendió un embargo que duró 30 años, en 2008 dedicaron los esfuerzos a salir de la lista de países subdesarrollados, en 2010 se trazaron el objetivo de entrar en el grupo de países de ingreso medio, en 2014 se ubicaron como el 28 exportador más grande del mundo, y en 2016 aprobaron medidas destinadas a convertirse en una nación industrializada.

En ese mismo lapso de tiempo, Cuba se ancló en el pasado con la política conocida como “Rectificación de errores y tendencias negativas” y logró  que durante 25 años las Naciones Unidas condenaran el embargo. Hoy tenemos que erogar millones de dólares para adquirir en el exterior alimentos que se pueden producir en Cuba y después de enseñar a los vietnamitas a cosechar café, tenemos que comprarle ese grano.

La Habana, 28 de noviembre de 2016