Hemeroteca de octubre 2016

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1477897309_26371.html

El coronel Hugo Rafael Hugo Chávez Frías fundó en los años 80 el Movimiento Bolivariano Revolucionario. En 1992 encabezó un frustrado golpe de Estado. En 1994 conoció a Fidel Castro. En 1997 fundó el Movimiento Quinta República y en 2007, junto a otros partidos, creó el Partido Socialista Unido de Venezuela.

Con un discurso populista y nacionalista capitalizó el descontento generado por las injusticias sociales y se impuso en las elecciones presidenciales de 1998.  Una vez en el poder, en lugar de emprender transformaciones dirigidas a convertir a los venezolanos en sujetos económicos, se empeñó en exportar el populismo bolivariano a la región y repetir la revolución cubana, lo que alguien calificó como cubanizar a Venezuela.

Durante el chavismo, debido a los altos precios del petróleo (De unos 10 dólares por barril en 1998 a más de 100 dólares en 2013), Venezuela recibió más divisas que en toda su historia precedente. Sin embargo, la incapacidad administrativa hizo disminuir la producción en más de un millón de barriles diarios; mientras la estatización de empresas rentables y la intervención de cientos de fincas obligó a importar casi el 80% de lo que se consume. Como expresara Heinz Dieterich1: “Este es uno de los gobiernos más ineptos que ha habido en la historia de América Latina, porque ha tenido todas las condiciones objetivas para construir algo, pero no ha podido hacer nada”.

Otras causas no tan evidentes como las mencionadas

Después de las elecciones de 1998, el chavismo repitió la victoria en 2002, 2006, 2012 y en 2013 con Nicolás Maduro. Los triunfos le han permitido hasta hoy la posesión del poder durante 18 años consecutivos, acompañado de un control casi total de los poderes Legislativo y Judicial.

En 1998 Hugo Chávez anunció una “revolución pacífica y democrática”. Para legitimarla promovió un referendo y reformó la Carta Magna. La asamblea bicameral se fundió en una sola cámara; el período presidencial se aumentó de cinco a seis años; los poderes públicos se reorganizaron; se estableció la reelección inmediata por un período; se aprobó el derecho al voto de los militares activos y cambió el nombre del país por el de  República Bolivariana de Venezuela. Y en 2002 solicitó a la Asamblea bajo su control poderes especiales para legislar por decreto.

En las elecciones regionales y municipales de 2004, al imponerse en 22 de los 24 estados y dominar más del 80 por ciento de las alcaldías, Hugo Chávez utilizó la victoria para reformar la Constitución de 1999 y concentrar el poder de forma similar a la dictadura del general Juan Vicente Gómez (1908-1935). En diciembre de 2005 la ausencia de la oposición en los comicios parlamentarios permitió que la Asamblea Nacional quedara totalmente en manos del chavismo. En diciembre de 2006 Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales con casi el 63% de los votos. Y en enero de 2007 anunció la construcción del “Socialismo del siglo XXI”, y convocó otro referendo para reformar la Constitución y establecer la reelección presidencial ilimitada.

El agotamiento

En noviembre de 2008, en los Comicios regionales y municipales, aunque conquistó la mayoría, no pudo impedir que la oposición se impusiera en varios estados y alcaldías importantes. En un nuevo referendo convocado por el chavismo para eliminar los límites a la reelección de cargos, obtuvo cerca del 55 por ciento de los votos. Sin embargo en las elecciones parlamentarias de septiembre de 2010 perdió la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional, que le permitía gobernar por decreto.

En octubre de 2012, ganó las cuartas elecciones presidenciales con el 55.07 % de los votos, pero la oposición acumuló 6,5 millones de votos. Y en diciembre de 2012, cuando Hugo Chávez convalecía en Cuba, Nicolás Maduro ganó la mayoría de las gobernaciones, pero el opositor Henrique Capriles se consolidó en el importante Estado de Miranda. En 2013, en las elecciones adelantadas por la muerte de Hugo Chávez el agotamiento se hizo evidente: Nicolás Maduro ganó con el 50,61% de los votos, cinco puntos menos de los obtenidos en octubre de 2012. Y en diciembre de 2015 el chavismo perdió abrumadoramente las elecciones parlamentarias.

En 2016, después de haber hecho uso y abuso de los procesos electorales y plebiscitarios, el chavismo, en franca minoría, niega el uso de esos mismos mecanismos. La razón está clara, con el revocatorio perdería el poder. Si no fuera así lo usaría, como lo usó Hugo Chávez en agosto de 2004. Esos intentos de eliminar la Asamblea Nacional elegida por mayoría e impedir el referendo revocatorio, colocan al chavismo en su fase terminal: en la dictadura.

Sencillamente, los intentos de repetir la revolución cubana mediante la guerra de guerrillas fracasó. El intento de lograrlo mediante las urnas en Chile demostró que ese camino era imposible sin desmontar la institucionalidad existente. El chavismo intentó el desmontaje mediante las reformas constitucionales, pero éstas le jugaron una mala pasada. Una vez en minoría, al oponerse el referendo revocatorio, que forma parte del andamiaje constitucional montado por el propio chavismo, le ha obligado a quitarse la careta populista.

Lo que demostró el chavismo

- La imposibilidad de emplear el poder adquirido en las urnas para transitar hacia la dictadura. Al emerger de las urnas y revalidarse en ellas, el chavismo quedó atado a los mecanismos democráticos.

- La imposibilidad de distribuir riquezas desde el poder sin capacidad de crearlas. La distribución sirvió para ganar elecciones, pero no para transformar las causas de las injusticias sociales. El reciente aumento del salario mínimo en 40%,  unos días antes de que cientos de miles de opositores inundaron las calles de Venezuela chavismo -como los aumentos salariales anteriores- son acciones para la manipulación política.

- En una veintena de citas electorales, durante 17 años, los venezolanos legitimaron tanto al chavismo como a la oposición, lo que impide a cualquiera de las partes hablar en nombre del pueblo. Sin embargo, en  2015, en la víspera de las elecciones parlamentarias, Nicolás Maduro expresó que,  en caso de que perdiera: Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar. Es decir, con la minoría, lo que demuestra que el chavismo ha entrado en fase terminal.

- Afirmar que lo ocurrido en Venezuela es resultado de la ofensiva imperialista es soslayar la incapacidad demostrada por el chavismo y su vocación dictatorial de desconocer la propia legislación del país. Dos figuras de la izquierda: José Mujica, siendo aún presidente de Uruguay expresó: “Nadie va a poder gobernar con ese clima de confrontación que tiene Venezuela”. “El mejor camino de Venezuela es respetar la Constitución a rajatabla”. Mientras Rafael Correa ha dicho que en  Venezuela: “se han cometido, con mucho respeto, desde mi punto de vista, errores económicos (…) y eso exacerba las contradicciones políticas”.

- La incapacidad y la naturaleza antidemocrática del chavismo ha colocado al país al borde de una guerra civil. La inminencia de tan doloroso desastre obligará a la gran mayoría de los países y de las instituciones regionales e internacionales a ejercer presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro para obligarle a respetar la constitución vigente.

- El resultado de 18 años de poder chavista ha sido la evolución del bolivarismo al socialismo del siglo XXI, para terminar encallado en la dictadura. Una experiencia que repercutirá en Venezuela y en toda la región.

1 Heinz Dieterich -sociólogo, teórico del socialismo del siglo XXI, ex asesor de Hugo Hugo Chávez- en el programa de radio del periodista Nelson Bocaranda.
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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1476798209_26091.html

Un trabajo acerca de la escasez de medicamentos en Cuba, de la periodista Lisandra Fariñas, titulado “Informan BioCubaFarma y Salud Pública sobre inestabilidad de medicamentos”, fue publicada en el diario Granma el viernes 14 de octubre. En dicho trabajo, basado en una conversación, tres funcionarias plantearon lo siguiente:

Teresita Rodríguez Cabrera, vicepresidenta de BioCubaFarma, aseguró en diciembre de 2015 que habían elaborado “las demandas de medicamentos para los próximos meses”. La elaboración del plan incluía el plan de necesidades desde los materiales de repuesto hasta piezas para la industria. Ahora, en octubre de 2016, Teresita explica que en la primera mitad de este año comenzaron a agotarse muchos recursos porque “oportunamente no se contó con el financiamiento necesario para pagar las deudas contraídas y así lograr la estabilidad del suministro, a pesar de tener todas las materias primas, recursos y materiales de envase contratados”. Por esa razón, según la vicepresidenta, “los proveedores comenzaran a declinar, demorando las entregas, modificando las formas de pago, elevando los precios, y en otros casos llegando a no ofertar las materias primas y materiales de envases necesarios”.

-Rita María García Almaguer, directora operativa de BioCubaFarma, explicó que “el Grupo de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica constituye una organización empresarial que produce medicamentos, equipos y servicios de alta tecnología, con destino al mejoramiento de la salud humana, la generación de bienes y servicios exportables y la producción de alimentos con tecnología de avanzada” y por ello constituye una industria estratégica, con elevados estándares de sus productos y servicios y un sólido posicionamiento internacional.Añadió que: “si bien en otros momentos como el 2015 ocurrieron dificultades de contratación, hoy lo que pasa es que no contamos con el financiamiento de manera oportuna para poder pagar la deudas, y que el proveedor pueda seguir entregando”. Dijo también que “todas nuestras materias primas y materiales de acondicionamiento se importan… porque para estar posesionado en el mercado el estándar de los materiales que usted va a utilizar también tienen que tener esa alta tecnología”. Por tanto, dijo: “Si no se paga oportunamente toda esta cadena se retrasa”.

-Cristina Lara Balanzuri, jefa de Planificación y Análisis de Medicamentos del Minsap dijo “que hoy es una prioridad también la lucha contra las ilegalidades en el sistema de salud, y no hay impunidad ante el desvío y las ventas ilícitas de medicamentos u otros recursos que se detecte”.

Los planteamientos de las funcionarias sugieren preguntas que estuvieron ausentes en la conversación con Granma, como son las cinco siguientes:

1- Si desde la fabricación de medicamentos hasta la producción azucarera los planes elaborados no se cumplen ¿para qué sirve el sistema de planificación? ¿Cómo es posible que con tal inutilidad el sistema de planificación socialista se continúe considerando la vía principal para la dirección de la economía nacional?

2- ¿Cómo una industria de alta tecnología puede funcionar eficientemente si la materia prima y los embalajes para la producción del 63% de los fármacos que conforman el cuadro básico de medicamentos hay que adquirirlos en el mercado internacional y el país carece de una economía eficiente que permita la solvencia mínima para pagar a los proveedores?

3- Si en 2015, cuando la situación financiera era más favorable, hubo dificultades de contratación y ahora no se cuenta con el financiamiento oportuno para pagar a los proveedores. ¿Se trata de una situación coyuntural o una situación endémica de la economía cubana?

4- ¿Cómo es posible calificar a BioCubaFarma de industria estratégica y de poseer un sólido posicionamiento internacional, si por falta de solvencia resulta incapaz de garantizar los medicamentos más elementales para la población de su país, incluso los llamados controlados como son los productos para las crisis de asma, la hipertensión arterial y la diabetes, o como puede apreciarse con las colas en las farmacias el día en que entran los medicamentos?

5- Si hoy es una prioridad la lucha contra las ilegalidades en el sistema de salud y no hay impunidad ante el desvío y las ventas ilícitas de medicamentos, ¿Cómo se puede explicar el tráfico de fármacos en el país?

Esas preguntas nos retrotraen a lo siguiente:

En marzo de 2012, Marino Murillo Jorge, dijo que el Ministerio de la Agricultura presenta un estado económico-financiero desfavorable por varios años, el cual influye negativamente en la gestión empresarial y demostró que han sido insuficientes las acciones y medidas adoptadas hasta la fecha para revertirlo. Y en mayo de 2013 expresó: las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no han conducido al necesario aumento de la producción.

La más reciente evidencia de esa crisis tuvo lugar en en el primer semestre de 2016 cuando el PIB cayó al 1%. Por ese hecho, el pasado 8 de julio, el presidente Raúl Castro expresó: Es preciso reducir gastos de todo tipo que no sean imprescindibles, fomentar una cultura del ahorro y de aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles… A lo que el entonces Ministro de Economía añadió: Si el problema que tenemos es de capacidad de liquidez, lo primero que hay que hacer es restringir los pagos en divisas del país… Con la divisa que tenemos lo que hay que respaldar es la materia prima para la actividad principal, o el gasto que lleva la actividad principal en cada lugar…

Esas palabras dejan claro que la disminución de importaciones para no generar nuevas deudas tenía que reflejarse en nuevas disminuciones de la producción, que es lo que está ocurriendo con los medicamentos. El problema, por tanto, no radica en las “inestabilidades en la entrega de medicamentos al sistema de salud nacional”. No se trata tampoco de problemas externos o coyunturales, sino internos y permanentes, de una crisis crónica del modelo económico cubano.

Nota: Teniendo en cuenta las sugerencias de varios lectores acerca de la unidad de los tres artículos publicados en el Diario de Cuba, acerca de lo ocurrido a Dilma Rousseff en Brasil, aunque ya los dos primeros aparecieron en este Blog, decidí volverlos a publicar los tres de forma corrida para sumejor comprensión. El autor

Brasil: populismo,caudillismo, golpe militar

http://www.diariodecuba.com/internacional/1474284209_25412.html

Para los interesados en la política latinoamericana, la destitución de la presidenta de Brasil constituye un incentivo para hurgar en lo ocurrido en ese país. Como cada suceso es precedido por un proceso de gestación, su comprensión requiere penetrar en el origen, evolución y vínculos con otros fenómenos. En el caso del gigante sudamericano destacan el populismo, el caudillismo y la corrupción. Esta primera entrega está dedicada al primero de ellos.

Populismo

El populismo es una forma de hacer política dirigida a capitalizar el descontento que generan las injusticias sociales. Para ese fin establece una división social entre “pueblo” y “antipueblo”; emplea un discurso emocional-movilizativo contra los culpables del descontento, que al decir del profesor Loris Zanatta, culpa al gobierno de los males internos y esgrimen el nacionalismo contra el enemigo externo.

Los partidos políticos que asumen el populismo no representan a una clase social  determinada ni responden una ideología específica. En la historia encontramos tantos populismos de izquierda como de derecha. Como responde a los intereses de una élite emergente, encabezada por un líder carismático, el populismo es aliado inseparable del caudillismo. Cuando ocupan el poder por la violencia o mediante elecciones, en lugar de proceder a democratizar las relaciones políticas y económicas para convertir al “pueblo” en sujeto de los cambios sociales, el populismo se centra en la confiscación de propiedades nacionales o extranjeras y en la repartición de los bienes ya creados. Con ello se atrae el apoyo del “pueblo” y la enemistad del “no pueblo” y del enemigo externo, provocando la huida de capital al exterior y la reducción de las inversiones extranjeras, con el consiguiente perjuicio para la economía.

Como el poder está en manos del “pueblo”, el populismo elimina o intenta eliminar todo lo que lo limite. Procede al desmontaje y/o monopolización de los mecanismos, espacios e instituciones diseñadas para la división de los poderes públicos, monopoliza los medios de comunicación y restringe o elimina a la sociedad civil. En la medida que lo logra, el populismo toma la senda del totalitarismo y termina reproduciendo, a escala ampliada, los problemas que se propuso resolver. Por esa razón, Fernando Henrique Cardoso planteó que entre los elementos que hacen que un gobierno no sea populista se encuentran las «políticas públicas prudentes y sensatas».

Para Ernesto Laclau, el populismo es la mejor forma de organización política porque, según su criterio, permite mayor lugar y representatividad a las clases relegadas. Sin embargo, la comparación entre discursos y resultados arroja una realidad diferente. Cierto es que el populismo atrae a sectores populares, pero también es cierto que los atrae como objetos, como masa, no como sujetos. Dos  ejemplos ilustran lo anterior:

1- Fidel Castro en el alegato la “Historia me Absolverá”, pronunciado en 1953 planteó, entre las leyes que proclamaría una vez en poder, la restitución de la Constitución de 1940. Sin embargo, sin consulta popular fue sustituida por la “Ley fundamental del Estado cubano”; mientras la promesa de celebrar elecciones se convirtió en la consigna lanzada el 1 de mayo de 1960: “¿Elecciones para qué?”.

2- el coronel Hugo Chávez Frías, después de resultar electo, aprovechando la popularidad convocó varios referéndum para reformar la Constitución y aumentar su poder. Sin embargo, Nicolás Maduro, heredero de su populismo, consciente de su bajo índice de popularidad trata de evitar o posponer el plebiscito que la oposición está demandando.

Caudillismo

El caudillismo latinoamericano tuvo una fértil fuente en las guerras independentistas del siglo XIX. Para Jorge Basadre, Simón Bolívar -el más renombrado de los caudillos-  fue romántico en 1804, diplomático en 1810, jacobino en 1813, paladín de la libertad en 1819 y genio de la guerra en 1824 y que en los años 1825 y 26 al Perú le tocó el peor de los Bolívares, el “imperator”. Mientras que para Álvaro Vargas Llosa, Bolívar fue mejor caudillo que los demás líderes latinoamericanos de la época, pero que precisamente “el caudillismo es todavía el corazón del problema latinoamericano”.

En el caso de Brasil el populismo tomó cuerpo con Getúlio Vargas, de tendencia derechista. Las exclusiones y el descontento social en la frontera de los siglos XIX y XX debido a la política conocida como “café con leche”, mediante la cual los políticos de Sâo Paulo y Minas Gerais se alternaban el gobierno, terminó en una ruptura que desembocó en la revolución de 1930. Los militares que ocuparon el poder formaron una junta de gobierno encabezada por Getúlio Vargas, quien anuló la constitución y comenzó a gobernar mediante decretos y ocupó la presidencia en otras tres oportunidades: una más como dictador y dos mediante elecciones hasta su suicidio en 1954.

En la economía Getúlio incentivó el capital privado, la intervención estatal y el nacionalismo; creó grandes empresas estatales como el Consejo Nacional del Petróleo, antecedente de Petrobras y dio un fuerte impulso a la industrialización. En política concentró los poderes públicos, prohibió los partidos políticos, reprimió a sus opositores y centralizó los medios de comunicación. En lo social garantizó la estabilidad del empleo, el descanso semanal, la reglamentación del trabajo de menores, de la mujer y del trabajo nocturno, y fijó la jornada laboral de ocho horas. Con estos beneficios sociales Getúlio trató de anular la influencia de la izquierda y colocar a los trabajadores bajo su control, de forma similar a como lo hizo Benito Mussolini en Italia.

La década comprendida entre 1954, año del suicidio de Vargas y 1964 se caracterizó por una elevada inflación y  grandes contradicciones políticas. Al tomar posesión João Goulart -heredero del populismo de Vargas- el Congreso sustituyó el régimen presidencialista por el parlamentarismo con un Primer Ministro como Jefe de Gobierno para limitar su poder. En 1963, cuando el presidencialismo fue restablecido, Goulart implementó las “Reformas de Base”: agraria, tributaria, administrativa, bancaria, educativa y nacionalizó varias empresas extranjeras, lo que aumentó la pugna política. En medio de esa situación Goulart firmó el decreto de expropiación de las refinerías de petróleo privadas, autorizó la expropiación de tierras y solicitó una nueva constitución.

El golpe militar de 1964

Las  medidas descritas condujeron en marzo de 1964 a la revuelta militar que lo despojó del poder y a su destitución por el Congreso, que bajo presión militar designó al general Humberto de Alencar Castelo Branco como presidente de Brasil.

Durante la dictadura militar el alto crecimiento del PIB y la reanimación de las industrias principales produjeron el fenómeno conocido como “milagro económico brasileño”. Sin embargo, grandes sectores sociales continuaron sumidos en la pobreza que generó la respuesta revolucionaria, que coadyuvó a la celebración de elecciones indirectas en 1976 y al inicio de una apertura política gradual que concluyó en las elecciones de 1985, ganados por Tancredo Neves; las de 1990 por Fernando Collor de Melo, quien dos años después se vio obligado a renunciar por acusaciones de corrupción y sustituido por Itamar Franco, en cuyo gobierno se frenó la espiral inflacionaria y se logró una estabilidad económica con la política de su ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso, quien fue elegido presidente en 1994 y  reelegido hasta el año 2002, fecha desde la cual Luis Ignacio Lula da Silva y Dilma Rousseff ocuparon la presidencia hasta el 2016, cuando Dilma fue destituida por el Parlamento, de lo  que me ocuparé en el siguiente trabajo.

Brasil, la corrupción político-administrativa y el PT

http://www.diariodecuba.com/internacional/1475350613_25711.html

El 21 de septiembre publiqué en este diario “Populismo, caudillismo, golpe militar”., en el que me referí al populismo y sus orígenes en Brasil. En esta oportunidad me ocupo de la corrupción político administrativa. Ambos con el mismo fin: comprender su relación con la destitución de Dilma Rousseff.

Una característica de los regímenes populistas es la intención de perpetuarse en el poder. En Brasil esos intentos trazan una línea que va desde Getúlio Vargas en la primera mitad del siglo XIX hasta el Partido de los Trabajadores (PT) en la primera mitad del siglo XXI.

Con la prolongación en el poder y la creación de una red clientelar ,la corrupción, en vez de disminuir, se instala con mayor fuerza en el escenario político. Como expresara Lord Acton: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

La corrupción es antiquísima. Lo nuevo con el populismo consiste en que, al debilitar las instituciones democráticas -entre otras, la división de los poderes públicos, la periodicidad de las elecciones para garantizar la alternancia en el poder, la existencia de una sociedad civil independiente- se fertiliza el terreno para que ese mal se manifieste con mayor descontrol. Un  ejemplo cercano es el de Cuba, donde la corrupción, circunscrita a la esfera político-administrativa antes de 1959, devino corrupción generalizada con el régimen populista-totalitario.

En Brasil, con la Constitución Federal de 1988 culminó la restauración de la democracia, interrumpida por la dictadura militar que había ocupado el poder en 1964. En las primeras elecciones después de la restauración, Fernando Collor de Melo con un discurso populista, atacó la inflación y la corrupción para captar el descontento social que lo llevó a la presidencia. Una vez en el poder, eludiendo al Congreso gobernó mediante decretos provisorios. Aunque inicialmente logró disminuir la inflación, la economía brasilera sufrió una gran caída del PIB y millones de trabajadores perdieron sus empleos. Mientras la corrupción política terminó en un escándalo público. El Congreso aprobó el inicio de un juicio penal y en 1992, sin concluir su mandato, el flamante presidente  se vio obligado a renunciar.

El mandato de Collor de Melo fue concluido en enero de 1995 por el vicepresidente Itamar Franco, quien con un programa dirigido por el ministro de Hacienda Fernando Henrique Cardoso, frenó la espiral inflacionaria y alcanzó la estabilidad económica. Por ese resultado fue elegido presidente por dos períodos consecutivos, entre 1995 y 2003, año en que Luiz Inácio Lula da Silva, después de haber sufrido tres derrotas consecutivas, criticando la desigualdad económica y la corrupción descontrolada, alcanzó la presidencia.

Convertido en gobierno, con la fórmula de crear para distribuir y no sólo distribuir lo creado, en un contexto favorecido por la expansión del comercio mundial que generó una gran demanda de productos básicos de Brasil, durante sus mandatos la economía creció  a un ritmo promedio de 5.4% anual.

La combinación de políticas macroeconómicas conservadoras, inversión extranjera, políticas redistributivas mínimas como la “Bolsa de Familia” -transferencias de efectivo condicionado a que los padres mantuvieran a sus niños en la escuela y los sometieran a chequeos médicos periódicos- disminuyó la pobreza y retrasó los efectos de la crisis financiera de 2008.

Sin embargo, el PT que había actuado contra la corrupción a nivel local, una vez convertido en partido gobernante, la misma floreció; demostrando con ello que criticar la corrupción con un discurso populista es más fácil que tratar de erradicarla desde el Gobierno. El PT sacó de la pobreza a millones de brasileros, pero no removió las estructuras para eliminar las causas de la desigualdad y poner freno a la corrupción, como puede verse en la siguiente secuencia:

-En 2004 las denuncias de corrupción crearon una crisis política que generó divisiones al interior del PT.

-En 2005 dirigentes del PT se involucraron en el escándalo de corrupción en Correos, conocido por “mensualidades”; lo que generó una ofensiva política en el Congreso Nacional, en los medios, en las calles y en las universidades, que obligó al PT a sacrificar a decenas de líderes que aceptaron financiamiento ilegal por decenas de millones de dólares, entre ellos  José Dirceu, Jefe de Gabinete presidencial. Lula da Silva logró sortear el escándalo, fue reelecto en 2006, pero debilitado por la crisis tuvo que hacer nuevas alianzas para mantener el apoyo del Congreso. Lo determinante es que la dirección del PT no aprendió la lección. El juicio por el escándalo de las “mensualidades” generó la sospecha de que los votos comprados coadyuvaron al éxito del PT en las políticas orientadas a la educación, la salud y la distribución del ingreso que sacaron a millones de personas de la pobreza.

-En 2006 el escándalo, llamado “Crisis del dossier”, involucró a figuras cercanas a Lula que pretendieron comprar por 1,7 millones de reales, de origen dudoso, un dossier que vincularía candidatos del opositor Partido de la Socialdemocracia Brasileña con el escándalo conocido como “de las “sanguijuelas”. La crisis detonó con las declaraciones de dos funcionarios, quienes al ser detenidos por la Policía Federal con el dinero en sus manos, confirmaron que el mismo provenía del PT a cambio de un dossier que supuestamente dañaría la imagen de figuras como José Serra.

-En 2008, la Ministra de Igualdad Racial Matilde Ribeiro, afiliada al PT, pidió la dimisión del cargo por cuenta de los gastos irregulares con la tarjeta de crédito corporativo de su gabinete.

-En 2014, durante el gobierno de Dilma, estalló el escándalo “Petrobras” -un gigantesco esquema de sobornos con los ejecutivos de esa empresa- por varios miles de millones de dólares, en el que estaban implicados más de 50 miembros del Congreso y del PT.  Aunque Dilma no fue implicada directamente, de hecho ella era la titular de la Secretaría de Energía que supervisaba a Petrobras. El hecho consistía en tomar miles de millones de dólares del auge petrolero y desviarlos hacia el PT y sus socios de coalición en el congreso.

Para Idelber Avelar -ex partidario incondicionales del PT- el declive tuvo su punto de partida cuando Lula da Silva comenzó a repartir cargos clientelistas y a formar alianzas con los líderes de los partidos de oposición que no compartían los ideales del PT para poder conservar el poder.

Lula da Silva y el PT combinaron el predominio electoral con un discurso hegemónico de transformación social, pero se quedaron a mitad de camino. El resultado ha sido que decenas y decenas de alcaldes que ganaron con una candidatura del PT se han  cambiado de partido, una corrupción galopante y desde el 2011, la recesión mundial, que se había evadido, alcanzó al gigante sudamericano. En los siguientes cuatro años la economía creció sólo el 1,3 por ciento.

Colocar los intereses partidistas y personales por sobre los intereses de la nación ha conducido a la crisis. El intento de mantener el poder a cualquier precio, rotando dos figuras del PT, se está pagando con el alto precio de la derrota, concretada en la destitución de Dilma Rousseff, tema del que me ocuparé en el siguiente trabajo.

Brasil:  el impeachment, cinco enseñanzas

http://www.diariodecuba.com/internacional/1475628362_25782.html

El 31 de agosto de 2016, antes de concluir su segundo mandato presidencial, Dilma Rousseff fue acusada y destituida mediante la Ley de Impeachment por dos hechos: el delito de responsabilidad por la firma de tres decretos económicos sin aprobación del Congreso y por el maquillaje de las cuentas fiscales.

Los decretos aprobados fueron: por créditos de bancos públicos para pagar deudas contraídas en proyectos sociales, por 29 millones de reales que fueron a parar a diversos organismos del Ejecutivo y por 600 millones de reales empleados para gastos del ministerio de Justicia. El maquillaje, por el pago con retraso al Banco do Brasil -de titularidad pública- de cuotas que ascendían a 3 500 millones de reales, para un programa de ayuda a los agricultores familiares, que consistía en tomar préstamos bancarios con intereses más bajos de lo establecido con la obligación de pagar al banco la diferencia.

Según la acusación para haber promulgado los decretos tenía que haber pedido  autorización al Congreso o en su lugar, haber realizado recortes en el presupuesto en un año de crisis económica. Mientras el retraso en los pagos se considera como si el banco hubiera suministrado un nuevo préstamo.

Para una comprensión integral de lo ocurrido, además del juicio político, es necesario la relación del hecho con la crisis económica y la fragilidad del Partido de los Trabajadores (PT).

La crisis económica

Gracias a la gran demanda mundial de productos básicos de Brasil, durante los mandatos de Lula da Silva, se logró un crecimiento que permitió reactivar la economía, generar empleos y aumentar los ingresos.

A diferencia de otros gobiernos populistas de izquierda, inclinados a quitar a los poseedores nacionales o  foráneos para redistribuir lo producido, Lula da Silva, siguiendo la experiencia de  Jorge Henrique Cardoso,optó por producir para distribuir haciendo uso de la economía de mercado acompañada de una redistribución más equitativa. Sin dudas fue un paso importante, pero insuficiente, pues limitó las transformaciones esencialmente al tema de los ingresos.

Cuando Dilma Rousseff asumió la presidencia, la situación económica se presentó  radicalmente diferente. Brasil sufrió una caída brusca de PIB que  generó la peor crisis económica sufrida desde 1985. En ese contexto la presidente anunció, como principal objetivo de su gestión, terminar con la miseria.

Consciente de que la pobreza no es reducible al ingreso, implementó un paquete de programas sociales para atacar todas sus dimensiones: “Brasil Sin Miseria”, “Beca Verde”, “Mi Casa”, “Mi Vida”  y “Brasil Cariñoso”, dirigidos a la inclusión productiva y al acceso a bienes y servicios públicos en salud, educación, vivienda, agua y energía eléctrica. A ese fin Dilma asignó grandes subsidios estatales en época de crisis económica; una decisión relacionada con los decretos y el retraso en pagos al Banco de Brasil, por lo que fue sometida al impeachment.

La diferencia entre ambos momentos explica por qué en 2010 Lula da Silva dejó el cargo con un índice de aprobación del 83% y la revista estadounidense Time lo ubicó como la personalidad más influyente del mundo; mientras el índice de aprobación de Dilma  Rousseff en 2015 era menor a un 8% de popularidad.

La fragilidad del PT en el poder.

El PT había sido derrotado en las elecciones de 1989, 1994 y 1998. Ni Lula da Silva ni Dilma Rousseff alcanzaron el suficiente apoyo para ocupar la presidencia sin coaliciones. Lula requirió del apoyo de José Sarney, líder del Partido Movimiento Democrático Brasileiro (PMDB), el mayor partido de Brasil. Mientras Dilma estableció compromisos con el PMDB del vicepresidente Michel Temer. Por ello, en marzo de 2016, cuando se rompió la coalición, la situación de Dilma se tornó insostenible.

Si a la crisis política y la debilidad del PT se añade el populismo y la corrupción,  la destitución de Dilma se torna más comprensible. ¿Por qué?, porque el populismo resulta efectivo para capitalizar el descontento, pero no así para transformar las estructuras generadoras de la pobreza. Para intentarlo tendría que negar su propia naturaleza y por tanto abstenerse, durante las campañas electorales, de anunciar la solución definitiva de problemas imposibles de solucionar en uno o dos períodos presidenciales, o incluso en casi cuatro períodos como ocurrió con el PT. Al simplificar el problema culpando a los que ocupan el poder, el populismo sentó las bases para que los problemas irresueltos se giren contra sí mismo y sean aprovechados por los partidos de oposición.

Con la corrupción político-administrativa ocurre algo similar. El PT antes de convertirse en gobierno atacó fuertemente este mal. Una vez en el poder, en lugar de fortalecer las instituciones democráticas que les sirven de freno, terminó creando una red clientelar y generando una corrupción superior a la que se proponía erradicar: decenas de líderes del PT involucrados en el escándalo de las “mensualidades”; figuras cercanas a Lula da Silva implicados en el escándalo de las “sanguijuelas”; dimisión de la Ministra de Igualdad Racial, Matilde Ribeiro, por gastos irregulares con la tarjeta de crédito corporativo de su gabinete; miembros del PT envueltos en el escándalo “Lava Jato”, el mayor escándalo de la historia del país; sospecha de que Lula da Silva recibió financiamiento de la constructora Odebrecht para facilitarles contratos en América Latina y África y allanamiento de su domicilio por la policía federal; y el desafortunado intento de Dilma Rousseff de nombrar a Lula de Silva titular del Ministerio de la Presidencia para protegerlo y protegerse ante las acusaciones. Todo lo cual debilitó aún más su posición.

En el juicio ante el Senado, entre otras cosas Dilma Rouseff planteó: que se había condenado a un inocente y consumado un golpe parlamentario; que se apropian del poder mediante un golpe de Estado; y en consecuencia, llamó a la lucha contra el “Golpe”. Un recurso nada inédito, pues en 1992, ante la aprobación de un juicio político por corrupción, el presidente Collor de Mello había hecho lo mismo, pidió a sus partidarios que se manifestaran contra la destitución, alegando que se trataba de  “un golpe de estado”.

Cinco enseñanzas a manera de conclusión

-Más allá de consideraciones acerca de la legalidad de la destitución, hubiera sido muy difícil que ocurriera en ausencia del populismo, de la corrupción, de la crisis económica y de la debilidad del PT, obligado a las alianzas para asumir el poder.

-Dilma no tuvo en cuenta el factor tiempo, que en política resulta vital. Antes de aprobarse el Impeachment pudo haber convocado nuevas elecciones, para que el “pueblo” decidiera. Sin embargo, optó por la resistencia tratando de impedir por vía judicial la apertura del juicio en su contra.

- El intento del PT de mantener el poder indefinidamente. Si bien no se acudió a sustituir la Constitución como ocurrió en Cuba en febrero de 1959 o a su reforma, como lo hizo Hugo Chávez en Venezuela, el PT lo intentó mediante la rotación de dos figuras durante 13 años. Los ejemplos de la región bastan para concluir que la rotación periódica del poder es un impedimento para la corrupción y para la implantación de modelos que terminan en el totalitarismo y la reproducción de los males a escala mayor.

-La eliminación de la pobreza, un mal de siglos, no se resuelve sólo en la esfera de los ingresos. Se requieren transformaciones estructurales sostenidas para que la reducción de la pobreza se acompañe con oportunidades reales para todos, lo que a su vez exige un proceso sostenido de democratización en todas las esferas sociales para garantizar los derechos y libertades en que se asienta la igualdad de oportunidades.

- Por tratarse del mayor de Latinoamérica en habitantes y extensión y de la mayor potencia económica de la región, lo ocurrido, sin dudas, tendrá repercusiones en el resto de los países. Una de ellas será la agudización de  la desconfianza en los políticos, especialmente en los de corte populista, comenzando por el mismo Brasil.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1475350613_25711.html

El 21 de septiembre publiqué en este diario “Populismo, caudillismo, golpe militar”., en el que me referí al populismo y sus orígenes en Brasil. En esta oportunidad me ocupo de la corrupción político administrativa. Ambos con el mismo fin: comprender su relación con la destitución de Dilma Rousseff.

Una característica de los regímenes populistas es la intención de perpetuarse en el poder. En Brasil esos intentos trazan una línea que va desde Getúlio Vargas en la primera mitad del siglo XIX hasta el Partido de los Trabajadores (PT) en la primera mitad del siglo XXI.

Con la prolongación en el poder y la creación de una red clientelar ,la corrupción, en vez de disminuir, se instala con mayor fuerza en el escenario político. Como expresara Lord Acton: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente1.

La corrupción es antiquísima. Lo nuevo con el populismo consiste en que, al debilitar las instituciones democráticas -entre otras, la división de los poderes públicos, la periodicidad de las elecciones para garantizar la alternancia en el poder, la existencia de una sociedad civil independiente- se fertiliza el terreno para que ese mal se manifieste con mayor descontrol. Un  ejemplo cercano es el de Cuba, donde la corrupción, circunscrita a la esfera político-administrativa antes de 1959, devino corrupción generalizada con el régimen populista-totalitario.

En Brasil, con la Constitución Federal de 1988 culminó la restauración de la democracia, interrumpida por la dictadura militar que había ocupado el poder en 1964. En las primeras elecciones después de la restauración, Fernando Collor de Melo con un discurso populista, atacó la inflación y la corrupción para captar el descontento social que lo llevó a la presidencia. Una vez en el poder, eludiendo al Congreso gobernó mediante decretos provisorios. Aunque inicialmente logró disminuir la inflación, la economía brasilera sufrió una gran caída del PIB y millones de trabajadores perdieron sus empleos. Mientras la corrupción política terminó en un escándalo público. El Congreso aprobó el inicio de un juicio penal y en 1992, sin concluir su mandato, el flamante presidente  se vio obligado a renunciar.

El mandato de Collor de Melo fue concluido en enero de 1995 por el vicepresidente Itamar Franco, quien con un programa dirigido por el ministro de Hacienda Fernando Henrique Cardoso, frenó la espiral inflacionaria y alcanzó la estabilidad económica. Por ese resultado fue elegido presidente por dos períodos consecutivos, entre 1995 y 2003, año en que Luiz Inácio Lula da Silva, después de haber sufrido tres derrotas consecutivas, criticando la desigualdad económica y la corrupción descontrolada, alcanzó la presidencia.

Convertido en gobierno, con la fórmula de crear para distribuir y no sólo distribuir lo creado, en un contexto favorecido por la expansión del comercio mundial que generó una gran demanda de productos básicos de Brasil, durante sus mandatos la economía creció  a un ritmo promedio de 5.4% anual.

La combinación de políticas macroeconómicas conservadoras, inversión extranjera, políticas redistributivas mínimas como la “Bolsa de Familia” -transferencias de efectivo condicionado a que los padres mantuvieran a sus niños en la escuela y los sometieran a chequeos médicos periódicos- disminuyó la pobreza y retrasó los efectos de la crisis financiera de 2008.

Sin embargo, el PT que había actuado contra la corrupción a nivel local, una vez convertido en partido gobernante, la misma floreció; demostrando con ello que criticar la corrupción con un discurso populista es más fácil que tratar de erradicarla desde el Gobierno. El PT sacó de la pobreza a millones de brasileros, pero no removió las estructuras para eliminar las causas de la desigualdad y poner freno a la corrupción, como puede verse en la siguiente secuencia:

-En 2004 las denuncias de corrupción crearon una crisis política que generó divisiones al interior del PT.

-En 2005 dirigentes del PT se involucraron en el escándalo de corrupción en Correos, conocido por “mensualidades”; lo que generó una ofensiva política en el Congreso Nacional, en los medios, en las calles y en las universidades, que obligó al PT a sacrificar a decenas de líderes que aceptaron financiamiento ilegal por decenas de millones de dólares, entre ellos  José Dirceu, Jefe de Gabinete presidencial. Lula da Silva logró sortear el escándalo, fue reelecto en 2006, pero debilitado por la crisis tuvo que hacer nuevas alianzas para mantener el apoyo del Congreso. Lo determinante es que la dirección del PT no aprendió la lección. El juicio por el escándalo de las “mensualidades” generó la sospecha de que los votos comprados coadyuvaron al éxito del PT en las políticas orientadas a la educación, la salud y la distribución del ingreso que sacaron a millones de personas de la pobreza.

-En 2006 el escándalo, llamado “Crisis del dossier”, involucró a figuras cercanas a Lula que pretendieron comprar por 1,7 millones de reales, de origen dudoso, un dossier que vincularía candidatos del opositor Partido de la Socialdemocracia Brasileña con el escándalo conocido como “de las “sanguijuelas”. La crisis detonó con las declaraciones de dos funcionarios, quienes al ser detenidos por la Policía Federal con el dinero en sus manos, confirmaron que el mismo provenía del PT a cambio de un dossier que supuestamente dañaría la imagen de figuras como José Serra.

-En 2008, la Ministra de Igualdad Racial Matilde Ribeiro, afiliada al PT, pidió la dimisión del cargo por cuenta de los gastos irregulares con la tarjeta de crédito corporativo de su gabinete.

-En 2014, durante el gobierno de Dilma, estalló el escándalo “Petrobras” -un gigantesco esquema de sobornos con los ejecutivos de esa empresa- por varios miles de millones de dólares, en el que estaban implicados más de 50 miembros del Congreso y del PT.  Aunque Dilma no fue implicada directamente, de hecho ella era la titular de la Secretaría de Energía que supervisaba a Petrobras. El hecho consistía en tomar miles de millones de dólares del auge petrolero y desviarlos hacia el PT y sus socios de coalición en el congreso.

Para Idelber Avelar -ex partidario incondicionales del PT- el declive tuvo su punto de partida cuando Lula da Silva comenzó a repartir cargos clientelistas y a formar alianzas con los líderes de los partidos de oposición que no compartían los ideales del PT para poder conservar el poder.

Lula da Silva y el PT combinaron el predominio electoral con un discurso hegemónico de transformación social, pero se quedaron a mitad de camino. El resultado ha sido que decenas y decenas de alcaldes que ganaron con una candidatura del PT se han  cambiado de partido, una corrupción galopante y desde el 2011, la recesión mundial, que se había evadido, alcanzó al gigante sudamericano. En los siguientes cuatro años la economía creció sólo el 1,3 por ciento.

Colocar los intereses partidistas y personales por sobre los intereses de la nación ha conducido a la crisis. El intento de mantener el poder a cualquier precio, rotando dos figuras del PT, se está pagando con el alto precio de la derrota, concretada en la destitución de Dilma Rousseff, tema del que me ocuparé en el siguiente trabajo.

La Habana, 27 de septiembre de 2016

1 Frase célebre expresada en 1887 por el historiador católico británico John Emerich Edward Dalkberg Acton, conocido como Lord Acton, quien entre otras cosas planteó: Si hay alguna presunción es contra los ostentadores del poder, incrementándose a medida que lo hace el poder. La responsabilidad histórica tiene que completarse con la búsqueda de la responsabilidad legal.

Tomado de: http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/cuba-reinicio-vuelos-dimas-castellanos-noticia-1931149

Con el aterrizaje en Santa Clara de una aeronave Airbus A-320 procedente de Fort Lauderdale-Hollywood, el pasado 31 de agosto la compañía JetBlue reinició los vuelos comerciales entre Cuba y Estados Unidos, que fueron suspendidos en 1963.

Como complemento de los permisos generales de viaje, el aumento de las remesas, el mayor acceso a las comunicaciones, la llegada de cruceros y de hoteles a cargo de empresas norteamericanas, el Departamento de Transporte estadounidense aprobó la realización de 110 vuelos a Cuba. De ellos, además de JetBlue, la American Airlines semanalmente realizará 56 a Cienfuegos, Camagüey, Holguín, Santa Clara y Varadero. Y a fines de año lo harán otras compañías como Frontier, Silver Airways, Southwest Airlines y Sun Country Airlines.

Sin embargo, no todo es positivo. El reinicio de los vuelos tiene dos caras: una buena y otra mala.

-La buena es que son un efecto del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países -el hecho de mayor trascendencia política en Cuba desde 1959-, una prueba del fracaso del fidelismo y del embargo, y la  continuación del arribo a Cuba de cruceros y de hoteles a cargo de empresas norteamericanas. Una apertura que continuará ensanchándose. A  ello se une que el precio de los billetes con seguro médico incluido, en una sola vía, no sobrepasará los 100 dólares.

Ante la ineficacia crónica de la economía cubana, manifestada en el fracaso de las reformas, el decrecimiento del PIB y el éxodo masivo, los negocios turísticos con la mayor potencia económica del mundo, situada solo a unas cuantas millas de nuestras costas, están llamados a ser un componente esencial para el desarrollo de Cuba.

-La mala consiste en que después de medio siglo perdido, regresamos al punto de partida en las peores condiciones, por dos razones.

La primera, Cuba en los años 50 del pasado siglo estaba enfrascada en el desarrollo de la industria hotelera, de los vuelos internacionales y del arribo de Ferrys, en los cuales los turistas podían desembarcar con sus automóviles. La Habana se había convertido en lugar obligado para los turista foráneos. La mejor prueba es que entre la primavera de 1957 y mayo de 1958 se inauguraron los hoteles Capri, Deauville, Riviera y Habana Hilton, con más de 1300 habitaciones. Ese plan, interrumpido por la revolución que tomó el poder en 1959, se retoma ahora con cerca de siete décadas de retraso.

La segunda, Cuba es el único país de la región donde sus habitantes carecen del elemental derecho de participar como empresarios en la economía de su país y de contratarse directamente con las compañías extranjeras, a pesar de contar con sobradas formación profesional.

Por esas, entre otras razones, la salida de la profunda crisis en que la nación está sumida será imposible sin eliminar los obstáculos para que los cubanos puedan participar como sujetos de derecho en las oportunidades que se están abriendo.

La pelota está del lado cubano. El restablecimiento de los vuelos debe servir, no sólo para consolidar la normalización de las relaciones, sino para devolver a los cubanos los derechos y libertades secuestrados desde hace más de medio siglo. Sin ese paso de la parte cubana, las medidas de la Casa Blanca y el reinicio de los vuelos no tendrán un efecto positivo sobre la sociedad cubana.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1474284209_25412.html

Para los interesados en la política latinoamericana, la destitución de la presidenta de Brasil constituye un incentivo para penetrar en lo ocurrido en el gigante sudamericano. Como cada suceso es precedido por un proceso de gestación, su comprensión requiere hurgar en el origen, evolución y vínculos con otros fenómenos. En el caso del gigante sudamericano destacan el populismo, el caudillismo y la corrupción. Esta primera entrega está dedicada al primero de ellos.

Populismo

El populismo es una forma de hacer política dirigida a capitalizar el descontento que generan las injusticias sociales. Para ese fin establece una división social entre “pueblo” y “antipueblo”; emplea un discurso emocional-movilizativo contra los culpables del descontento, que al decir del profesor Loris Zanatta1, culpa al gobierno de los males internos y esgrimen el nacionalismo contra el enemigo externo.

Los partidos políticos que asumen el populismo no representa a una clase social  determinada ni responden una ideología específica. En la historia encontramos tantos populismos de izquierda como de derecha. Como responde a los intereses de una élite emergente, encabezada por un líder carismático, el populismo es aliado inseparable del caudillismo. Cuando ocupan el poder por la violencia o mediante elecciones, en lugar de proceder a democratizar las relaciones políticas y económicas para convertir al “pueblo” en sujeto de los cambios sociales, el populismo se centra en la confiscación de propiedades nacionales o extranjeras y en la repartición de los bienes ya creados. Con ello se atrae el apoyo del “pueblo” y la enemistad del “no pueblo” y del enemigo externo, provocando la huida de capital al exterior y la reducción de las inversiones extranjeras, con el consiguiente perjuicio para la economía.

Como el poder está en manos del “pueblo”, el populismo elimina o intenta eliminar todo lo que lo limite. Procede al desmontaje y/o monopolización de los mecanismos, espacios e instituciones diseñadas para la división de los poderes públicos, monopoliza los medios de comunicación y restringe o elimina a la sociedad civil. En la medida que lo logra, el populismo toma la senda del totalitarismo y termina reproduciendo, a escala ampliada, los problemas que se propuso resolver. Por esa razón, Fernando Henrique Cardoso2 planteó que entre los elementos que hacen que un gobierno no sea populista se encuentran las «políticas públicas prudentes y sensatas».

Para Ernesto Laclau3, el populismo es la mejor forma de organización política porque, según su criterio, permite mayor lugar y representatividad a las clases relegadas. Sin embargo, la comparación entre discursos y resultados arroja una realidad diferente. Cierto es que el populismo atrae a sectores populares, pero también es cierto que los atrae como objetos, como masa, no como sujetos. Dos  ejemplos ilustran lo anterior:

1- Fidel Castro en el alegato la “Historia me Absolverá”, pronunciado en 1953 planteó, entre las leyes que proclamaría una vez en poder, la restitución de la Constitución de 1940. Sin embargo, sin consulta popular fue sustituida por la “Ley fundamental del Estado cubano”; mientras la promesa de celebrar elecciones se convirtió en la consigna lanzada el 1 de mayo de 1960: “¿Elecciones para qué?”.

2- el coronel Hugo Chávez Frías, después de resultar electo, aprovechando la popularidad convocó varios referéndum para reformar la Constitución y aumentar su poder. Sin embargo, Nicolás Maduro, heredero de su populismo, consciente de su bajo índice de popularidad trata de evitar o posponer el plebiscito que la oposición está demandando.

Caudillismo

El caudillismo latinoamericano tuvo una fértil fuente en las guerras independentistas del siglo XIX. Para Jorge Basadre4, Simón Bolívar -el más renombrado de los caudillos-  fue romántico en 1804, diplomático en 1810, jacobino en 1813, paladín de la libertad en 1819 y genio de la guerra en 1824 y que en los años 1825 y 26 al Perú le tocó el peor de los Bolívares, el “imperator”. Mientras que para Álvaro Vargas Llosa5, Bolívar fue mejor caudillo que los demás líderes latinoamericanos de la época, pero que precisamente “el caudillismo es todavía el corazón del problema latinoamericano”.

En el caso de Brasil el populismo tomó cuerpo con Getúlio Vargas, de tendencia derechista. Las exclusiones y el descontento social en la frontera de los siglos XIX y XX debido a la política conocida como “café con leche”, mediante la cual los políticos de São Paulo y Minas Gerais se alternaban el gobierno, terminó en una ruptura que desembocó en la revolución de 1930. Los militares que ocuparon el poder formaron una junta de gobierno encabezada por Getúlio Vargas, quien anuló la constitución y comenzó a gobernar mediante decretos y ocupó la presidencia en otras tres oportunidades: una más como dictador y dos mediante elecciones hasta su suicidio en 1954.

En la economía Getúlio incentivó el capital privado, la intervención estatal y el nacionalismo; creó grandes empresas estatales como el Consejo Nacional del Petróleo, antecedente de Petrobras y dio un fuerte impulso a la industrialización. En política concentró los poderes públicos, prohibió los partidos políticos, reprimió a sus opositores y centralizó los medios de comunicación. En lo social garantizó la estabilidad del empleo, el descanso semanal, la reglamentación del trabajo de menores, de la mujer y del trabajo nocturno, y fijó la jornada laboral de ocho horas. Con estos beneficios sociales Getúlio trató de anular la influencia de la izquierda y colocar a los trabajadores bajo su control, de forma similar a como lo hizo Benito Mussolini en Italia.

La década comprendida entre 1954 -año del suicidio de Vargas- y 1964, se caracterizó por una elevada inflación y  grandes contradicciones políticas. Al tomar posesión João Goulart -heredero del populismo de Vargas- el Congreso sustituyó el régimen presidencialista por el parlamentarismo con un Primer Ministro como Jefe de Gobierno para limitar su poder. En 1963, cuando el presidencialismo fue restablecido, Goulart implementó las “Reformas de Base”: agraria, tributaria, administrativa, bancaria, educativa y nacionalizó varias empresas extranjeras, lo que aumentó la pugna política. En medio de esa situación Goulart firmó el decreto de expropiación de las refinerías de petróleo privadas, autorizó la expropiación de tierras y solicitó una nueva constitución.

El golpe militar de 1964

Las  medidas descritas condujeron en marzo de 1964 a la revuelta militar que lo despojó del poder y a su destitución por el Congreso, que bajo presión militar designó al general Humberto de Alencar Castelo Branco como presidente de Brasil.

Durante la dictadura militar el alto crecimiento del PIB y la reanimación de las industrias principales produjeron el fenómeno conocido como “milagro económico brasileño”. Sin embargo, grandes sectores sociales continuaron sumidos en la pobreza que generó la respuesta revolucionaria, que coadyuvó a la celebración de elecciones indirectas en 1976 y al inicio de una apertura política gradual que concluyó en las elecciones de 1985, ganados por Tancredo Neves; las de 1990 por Fernando Collor de Melo, quien dos años después se vio obligado a renunciar por acusaciones de corrupción y sustituido por Itamar Franco, en cuyo gobierno se frenó la espiral inflacionaria y se logró una estabilidad económica con la política de su ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso, quien fue elegido presidente en 1994 y  reelegido hasta el año 2002, fecha desde la cual Luis Ignacio Lula da Silva y Dilma Rousseff ocuparon la presidencia hasta el 2016, cuando Dilma fue destituida por el Parlamento, de lo  que me ocuparé en el siguiente trabajo.

La Habana, 18 de septiembre de 2016
1 Loris Zanatta, ensayista italiano y profesor de historia en la Universidad de Bolonia, especializado en América Latina. Es autor de obras como Del Estado liberal a la Nación católica, Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo, Perón y el mito de la Nación católica, Historia de la Iglesia argentina, Breve Historia del peronismo clásico y Eva Perón.

2 Fernando Henrique Cardoso, sociólogo, político, filósofo y profesor universitario brasileño. Uno de los creadores del “Plan Real”, un programa económico ideado para sustituir la moneda y contener la inflación que azotaba al país, primer mandatario electo de Brasil elegido en dos períodos consecutivos.
3 Ernesto Laclau (1935-2014), doctor en Historia argentino dedicado a la filosofía política, teórico , investigador, profesor universitario y Doctor Honoris Causa de varias universidades. Entre sus libros más conocidos se encuentra “La razón populista”.

4 Jorge Basadre (1903- 1980), historiador e historiógrafo peruano, crítico literario y  político. Ministro de Educación de Perú entre 1956 y 1958. Autor de la Historia de la República del Perú.
5Álvaro Vargas Llosa, periodista y ensayista peruano, graduado en Historia internacional en Londres en la Escuela de Economía y Ciencias Política.