Hemeroteca de febrero 2016

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/deportes/1456146429_20386 http://www.diariodecuba.com/deportes/1456146429_20386 .html

Hace 55 años el Gobierno Revolucionario desmanteló las instituciones cívicas existentes y las sustituyó por otras de corte totalitario. En ese proceso el 23 de febrero de 1961fue creado el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER.

La preocupación y ocupación por el deporte y la educación física en Cuba se remontan a principios del siglo XIX. Como demuestran los siguientes hechos:

En 1807 la Real Sociedad Patriótica de La Habana envió al padre Juan Bernardo O´Gaban a Europa para estudiar las ideas pedagógicas de Pestalozzi, que prestaban gran importancia a la Educación Física y al Deporte, y a su regreso en 1808 se inició la introducción de dichas ideas en el sistema educacional, por lo que a O´Gaban se le considera el padre de la Cultura Física en Cuba. en 1928, con pocos recursos, se creó el “Instituto Nacional de Educación Física” que funcionó hasta 1932; en 1935 se organizó la “Comisión Nacional de Educación Física”; en 1936 se creó el puesto de “Comisionado de Pelota Profesional”, asumido por el coronel Ignacio Galíndez; y en 1938 se creó la” “Dirección General Nacional de Deportes”, encabezada por el coronel Jaime Mariné, bajo cuyo mandato se fundó el Salón de la Fama del Béisbol Cubano.

La pelota se jugó en Cuba desde la segunda mitad del siglo XIX. Para esa fecha ya existían los Rojos del Habana, en 1874 se jugó en Palmar de Junco el primer partido registrado con estadísticas, en 1878 se creó el Almendares Base Ball Club y se fundó la Liga Cubana de Béisbol, que existió hasta 19961. Se construyó el primer Stadium frente a la Quinta de los Molinos, donde cubanos y equipos norteamericanos que viajaban a Cuba jugaron durante 35 años.

Durante las primeras tres décadas de República ya existían cuatro circuitos: el profesional; el semiprofesional; el de los centrales azucareros; y el amateur, heredero de la pelota que los cubanos de clase media y alta trajeron de Estados Unidos a Cuba.

En los años 30 del pasado siglo, con la reorganización de la Liga y la participación del Gobierno, la pelota cubana tuvo su Edad de Oro. Mientras el pacto con el Béisbol Organizado, la prosperidad de la posguerra y la conversión de La Habana en centro turístico moderno, aseguraron a la Liga Cubana la posición de circuito principal en América Latina. Bajo la dirección del Coronel Ignacio Galíndez, Comisionado de Pelota Profesional, entre 1936 y 1937 se desarrolló el campeonato de Base Ball, considerado por la crítica y por la afición como campeonato Modelo.

Después de la Primera Series Mundial de Béisbol Amateur, celebrada en Londres en 1938, las cinco siguientes, efectuadas entre 1939 y 1943 se efectuaron en el estadio Cerveza Tropical, en La Habana, de las cuales Cuba ganó cuatro.

Desde 1940, gracias a la radio, la pelota llegaba a todos los rincones del país y a partir de 1950 comenzó su trasmisión televisiva. A mediados de esa década se trasmitían por dos canales diferentes y se comenzó la trasmisión de la Serie Mundial mediante un avión que sobrevolaba el Estrecho de la Florida con antenas de relevo, posteriormente se trasmitieron en vivo y en directo. La existencia en 1951 –diez años antes de la creación del INDER– de 14 mil televisores y cerca de 600 mil aparatos de radio, convirtieron a la Liga Cubana en una pasión.

La participación de políticos y militares en la dirección del deporte constituyó una tendencia mundial que tuvo su momento cumbre en los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín en 1936, los cuales fueron utilizados por Adolfo Hitler para promover el nacional socialismo. Cada equipo nacional representaba a su país a imagen y semejanza de los ejércitos. Cuba no fue una excepción, el apoyo del General Fulgencio Batista y la presencia de militares como Mariné y Galíndez en la dirección del deporte cubano así lo confirman.

En Cuba, esa relación entre política y deporte estuvo presente en el discurso modernizador del autonomismo en el siglo XIX y en presidentes de la República como Gerardo Machado y Fulgencio Batista, pero no existen antecedentes de un jefe de Estado que haya intervenido con tanto énfasis y de forma tan prolongada en el deporte nacional de su país como lo hizo Fidel Castro con la pelota. Una intromisión de corte totalitaria que separó la pelota de la sociedad civil y la subordinó a la política. A consecuencia del diferendo entre Cuba y Estados unidos se abolió la pelota profesional, se disolvió la Liga Cubana y se iniciaron las series nacionales “amateurs”.

La subordinación del deporte a la ideología se expresa en que el Estado asume y costea todos los gastos a cambio de la fidelidad como requisito inviolable para participar. Con esa pelota “libre” Cuba estableció la supremacía durante décadas en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales. Se proclamó la gran victoria sobre la pelota “esclava”, pero a un costo insostenible para un país sin economía.

El 2 de enero de 1967, el jefe del Estado cubano dijo: Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota… Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales.

Ocho años más tarde, en octubre de 1975, rebosante de alegría expresó: si en otros países de América latina no existe la revolución social, no se desarrolla la revolución social; por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte.

La ilusión se desvaneció al comenzar los choques con presencia de profesionales, la pelota “esclava” demostró ser superior a la “libre”, como lo indican los resultados en todos los topes, particularmente en los clásicos y en las series del Caribe. Así arribamos, al 55 aniversario del INDER sufriendo las consecuencias.

En el I Clásico (2006), Cuba, el equipo que más ponches recibió, que permitió más carreras y sus lanzadores fueron los más descontrolados, ocupo el segundo lugar. En el II Clásico (2009), el equipo cubano fue superior al anterior en ofensiva, pitcheo y defensa, pero retrocedió hasta el quinto lugar. En el III Clásico (2013), a pesar de contar con un equipo superior no pudo mejorar la quinta posición. La consigna de regresar con el escudo o sobre el escudo, exhibir los más altos per cápita de medallas de oro por habitante y alardear de que podemos combinar algo que no pueden hacer los jugadores profesionales porque nuestros atletas ni se venden, ni traicionan a su pueblo y a su patria, resulto irrealizable.

La medida de la degradación se manifestó a mediados del año 2013, cuando al topar con una selección de estudiantes universitarios norteamericanos, el equipo nacional que habían derrotado a las selecciones universitarias estadounidenses en ocho de diez oportunidades, a pesar de superar a sus contrarios en experiencia y promedio de edad, fueron barridos en cinco partidos por verdaderos amateurs.

En la serie del Caribe 2016, la edición 58, celebrada entre los días 2 y 7 de febrero pasado en República Dominicana, En un torneo de seis juegos entre los equipos Venados de Mazatlán (México), Cangrejeros de Santurce (Puerto Rico), Tigres de Aragua (Venezuela), Leones del Escogido (Dominicana) y Tigres de Ciego de Avila (Cuba), estos últimos con 16 refuerzos de los mejores jugadores y sólo 12 atletas de su nómina, perdieron los primeros tres juegos, ganaron el cuarto y cayeron en semifinales por segunda vez frente a México. El resultado: cero medallas y dos jugadores menos, entre ellos el estelar Yulieski Gurriel y su hermano Lourdes Gurriel.

En la edición 56 de 2014, año en que Cuba se reincorporó después de más de medio siglo ausente, el equipo Villa Clara, ganador de la 52 Serie Nacional, también reforzado como de costumbre perdió en Isla Margarita, Venezuela, los primeros tres partidos con México, Venezuela y República Dominicana, ganó el cuarto a Puerto Rico, pero no pudo llegar a semifinales.

En la edición 57 de 2015 en Puerto Rico, el equipo Vegueros de Pinar del Río, ganador de la 53 Serie Nacional, también perdió los primeros tres juegos, ganó el cuarto y gracias al balance de ganados y perdidos entre los demás equipos pasó a semifinales y se impuso en el último juego 3 x 2 ante Puerto Rico en la décima entrada, Ganó el campeonato, a pesar del balance negativo de dos ganados y tres perdidos. Contradictoriamente varios cubanos que abandonaron el país en años anteriores desempeñaron un papel destacado en las victorias de México y Venezuela, equipos ocupantes de los dos primeros lugares.

Después de una brillante historia beisbolera, de haberse medido con los mejores del mundo y haber triunfado, hoy países sin tradición en este deporte nos vencen o en el mejor de los casos ganamos con susto.

El estado de la pelota –deporte nacional y componente cultural de la nación– es reflejo de lo que está ocurriendo en todas las esferas de la sociedad desde la economía hasta la espiritualidad de los cubanos. Por tanto, la salida de la profunda crisis en que se encuentra será imposible sin acometer simultáneamente las transformaciones estructurales que el país demanda.

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1455053129_20104.html

El viernes 29 de enero de 2016, el Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), José Ramón Machado Ventura, confirmó el retroceso sufrido por la industria azucarera. La zafra está muy mal –dijo– es la realidad, la zafra tiene problemas., porque esta época es precisamente que la zafra necesita estar seca, hasta un poquito de frío…

Aunque los factores climáticos han afectado las labores agrícolas, la causa principal de que la zafra esté muy mal, hay que buscarla en otra parte. No se trata de la presente zafra sino de un declive pronunciado que comenzó en 1990 y cuyas causas apuntan al proceso de estatización que se inició en 1959, lo que se puede argumentar con una breve ojeada al pasado.

Cuba –principal productora y exportadora de azúcar del mundo– en 1894 ya producía 1 millón de toneladas. Luego; a pesar de la destrucción causada por la tea incendiaria durante la guerra de independencia, en 1904 sobrepasó el millón de toneladas; en 1925 produjo 5,16 millones; y en 1952 estableció el record de 7,13 millones. ¿Qué sucedió entonces?

Con el voluntarismo y el monopolio de la propiedad, el Gobierno revolucionario intentó producir 10 millones de toneladas. Para ese fin con una campaña monumental que dislocó toda la economía alcanzó 8,5 millones. A esa cifra se aproximaron las zafras de 1982 y 1990. A partir de entonces comenzó un descenso sostenido que redujo la producción a 3,5 millones en el año 2001; una cifra casi similar a la producida en 1918. La respuesta del Gobierno fue designar a Ulises Rosales del Toro –quien de soldado llegó a General de División y Jefe del Estado Mayor General– Ministro del Azúcar para detener el declive.

El flamante ministro presentó una nueva arquitectura del azúcar, consistente en dos medidas: la “Reestructuración de la industria azucarera” y la “Tarea Álvaro Reynoso”, con las cuales pronosticó una recuperación que alcanzaría la cifra de seis millones de toneladas.

La Nueva arquitectura tenía por objetivo lograr un rendimiento mínimo de 54 toneladas de caña por hectárea –cuando el promedio mundial, según la FAO era de unas 63 toneladas– y un rendimiento industrial del 11%, que significa extraer 11 toneladas de azúcar de cada 100 toneladas de caña.

Una vez puesta en marcha la operación, con el argumento de la baja de los precios en el mercado internacional cerró 71 de los 156 ingenios existentes y redistribuyó para otros cultivos el 60% de las tierras cañeras.

La zafra 2002-2003 produjo 2.10 millones de toneladas, lo que puso al Gobierno ante la disyuntiva de importar azúcar para el consumo interno o incumplir los compromisos exteriores. La segunda, 2003-2004 logró un ligero aumento, para descender en la de 2004-2005 hasta 1,3 millones de toneladas: la menor de los últimos cien años y similar a la cifra producida en el año 1907. Ese resultado demostró la gran diferencia entre la dirección de tropas, donde las voluntades individuales no cuentan y la labor económica, donde el interés individual constituye un factor determinante; lo que confirmó aquel pronunciamiento de José Martí dirigido al General Máximo Gómez: un pueblo no se funda General como se manda un campamento.

En 2008, ante la crisis –calificada por el Presidente del Consejo de Estado como asunto de máxima seguridad nacional– el Gobierno creó las Delegaciones Municipales de la Agricultura para controlar más cerca de la base productiva, ignorando que los controles desde el Estado papá a los productores niños, en medio del desequilibrio existente entre salario y costo de la vida, convierte las inspecciones en una forma de corrupción. Agrónomos, pecuarios y veterinarios fueron convertidos en especialistas integrales, dotados de transporte y combustible para controlar informes y fiscalizar a los productores. Sin embargo las zafras concluidas en 2009 y 2010 no reportaron ningún avance.

Con el andamiaje de control, unido a los Lineamientos de la Política Económica y Social, y la sustitución del Ministerio del Azúcar por el monopolio AZCUBA, el Gobierno intentó incrementar la producción de azúcar y los derivados de la caña.

En la zafra 2011-2012, a pesar de que se contó con suficiente caña y con el 98% de los recursos contratados, el plan de 1 450 000 toneladas de azúcar presentó las mismas deficiencias de las anteriores. En Radiografía de una zafra: el salto que no se dio, publicado en Granma el 18 de mayo de 2012, los periodistas Juan Varela y Sheyla Delgado, plantearon que para la fecha de cierre, la zafra estaba al 94%.

En la zafra 2012-2013, AZCUBA planificó producir 1,7 millones de toneladas y aseguró que la mayoría de las fábricas cerrarían antes del mes de mayo. El resultado fue más de lo mismo. Las fábricas continuaron moliendo fuera de tiempo y se incumplió el monto planificado. Cuando era evidente el incumplimiento, el Segundo Secretario del PCCC, el 17 de mayo de 2013 dijo: “Vamos a hacer casi 300 000 toneladas más que el año pasado, pero no cumplimos”.

A pesar de los fracasos, AZCUBA anunció que la zafra 2013-2014 sería la mejor de la última década. Se planificó 1,8 millones de toneladas (200 mil por encima de la anterior). Para mayor garantía, Machado Ventura recorrió una buena parte de los centrales azucareros apelando a la conciencia. Al final la mejor de la última década, aunque los centrales molieron hasta el mes de junio, penosamente sobrepasó la zafra precedente.

En la zafra 2014-2015, con la misma audacia, AZCUBA planificó producir 2 millones de toneladas (cifra que se produjo en Cuba en 1912, pero que ahora representaba un enorme reto). Las reparaciones comenzaron en julio de 2014, los recursos llegaron a tiempo, se incorporaron otros dos centrales azucareros, se indujo mayor acumulación de sacarosa en la caña con el madurador sintético Fitomas-M, se diseñó una estrategia tecnológica para hacer viable y sostenible la zafra en condiciones de humedad, se trabajó en la reconstrucción y alistamiento de unos 3 400 remolques, se destinaron 15 millones de dólares a comprar equipos para recuperar sistemas de riegos y caminos, más del 90% de la cosecha se realizó de forma mecanizada, y se incrementó al 50% el tiro directo de la materia prima al basculador.

Para mayor seguridad, el Segundo Secretario del PCC reinició su acostumbrado recorrido por casi todos los centrales del país. Hasta el 31 de diciembre todo indicaba el cumplimiento del plan. Sin embargo, la caña dejada de moler, el tiempo industrial perdido y las deficiencias en la cosecha y el transporte hicieron su reaparición. Al finalizar enero ya se habían acumulado cinco días de atraso y al finalizar febrero se había molido solo el 91% de la caña planificada. El lunes 23 de marzo, la periodista Ana Margarita González, en Trabajadores, escribió: debido fundamentalmente a las roturas, la norma potencial se aprovecha al 68% y el tiempo perdido es alto (6,93%). El incumplimiento en la tercera semana de marzo ya era de 8%.

Ante el fracaso se acudió nuevamente al gastado recurso del llamamiento. El Sindicato del ramo y AZCUBA convocaron a una jornada especial por el cumplimiento del plan, denominado “¡Por un abril de victorias!”. A pesar de ello, el ritmo comenzó a disminuir. El 17 de mayo, José Machado Ventura, dijo: “Vamos a hacer casi 300 000 toneladas más que el año pasado, pero no cumplimos”.

En resumen, el cambios de dirigentes, la Reestructuración de la Industria Azucarera, la Tarea Álvaro Reynoso, el cierre de unas 100 fábricas de azúcar, la redistribución para otros cultivos de un alto por ciento de las tierras destinadas a las plantaciones de caña, la sustitución del MINAZ por AZCUBA, un variado paquete de medidas económicas y estructurales y los llamamientos ideológicos, no lograron la cantidad de caña por hectárea ni el rendimiento industrial planificados.

Ahora, apenas iniciada la zafra 2015-2016, en el quinto año de AZCUBA se repiten los mismos problemas, con la novedad de que no hubo que esperar la terminación de la cosecha para anunciar el último fracaso. Machado Ventura lo hizo en el mes de enero. La conversión del mayor complejo azucarero del mundo en uno de los productores menos eficientes es un caso particular de la crisis general en la agricultura, cuyas últimas manifestaciones son los altos precios, la escasez de productos agrícolas y el anuncio adelantado del fracaso de la presente zafra.

 

Tomado de : http://www.diariodecuba.com/cuba/1454938517_20068.html

Un día como hoy 7 de febrero, del año 1901, falleció en Madrid Ana Betancourt de Mora, una de las cubanas que integran el apretado pelotón de la emancipación femenina en nuestro país. Hoy, a 115 años de su muerte, la igualdad de la mujer, que solicitó ante el primer gobierno de la República en armas constituye un objetivo pendiente.

Salvo las diferencias propias de cada género los hombres no poseen ningún atributo, divino o natural, que le brinde superioridad social sobre las mujeres. Sin embargo, a través de la historia humana la mujer ha sido considerada como ser inferior. En la legislación romana carecía de control legal sobre su persona, sus pertenencias y sus hijos; en el feudalismo las propiedades se heredaban por línea masculina; y en las legislaciones modernas, a pesar de los avances alcanzados, esa concepción machista y patriarcal continúa reproduciéndose en y a través de las relaciones sociales.

Aunque las manifestaciones contra ese injustificado estado de desigualdad son remotas, no fue hasta el siglo XVIII que las mismas se estructuraron en Europa como corriente de pensamiento y de acción: en el feminismo.

En el siglo XIX cubano no pocas mujeres, distanciadas del comportamiento tradicional desafiaron los valores machistas y patriarcales predominantes. Figuras como Mercedes Santa Cruz y Montalvo1, y Gertrudis Gómez de Avellaneda2,  precursoras del feminismo moderno, desde sus obras literarias criticaron la desigualdad de la mujer. María Luisa Dolz, considerada la primera feminista moderna de Cuba, formó varias generaciones de jóvenes educadoras imbuidas en las ideas de la independencia nacional y la liberación de la mujer. Otras como Edelmira Guerra de Dauval3, reclamaron el derecho a ejercer el voto.

En la lucha por la independencia muchas cubanas integraron los clubes del Partido Revolucionario Cubano y participaron directamente en la lucha insurreccional. Por sus  hazañas 25 de ellas fueron ascendidas de grado (una Generala, tres Coronelas y más de 20 Capitanas). Entre las mujeres que se incorporaron a las gestas independentistas ocupa un lugar destacado la camagüeyana Ana Betancourt, que marcó una diferencia por lo que dijo y en el lugar que lo hizo, lo que la ubicó entre las pioneras de la emancipación de la mujer cubana.

Proveniente de una familia acaudalada, Ana Betancourt realizó diversas acciones por la independencia. Contrajo matrimonio con Ignacio Mora, uno de los 76 camagüeyanos que se alzaron en armas en 1868 en el paso Las Clavellinas. Hombre de gran cultura e ideas avanzadas, Ignacio le enseñó idiomas, gramática, redacción e historia y la introdujo en las ideas políticas y liberales.

E12 de abril de 1969 el matrimonio Mora-Betancourt, participó en el acto de investidura de Carlos Manuel de Céspedes, primer Presidente de la República en Armas. Allí presentó una petición a la Cámara, que fue leída por Ignacio Agramonte, en la que solicitaba que tan pronto estuviese establecida la República se concediese a las mujeres los derechos que en justicia eran acreedoras. El día 14 de abril, en un mitin celebrado por la noche en la Plaza Guáimaro, inflamada de emoción, patriotismo e idealismo, Ana pronunció las palabras siguientes: La mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime en que una revolución justa rompe su yugo, le desata las alas… Cuando llegue el momento de libertar a la mujer, el cubano que ha echado abajo la esclavitud de la cuna y la esclavitud del color, consagrará también su alma generosa a la conquista de los derechos de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad, abnegada, que mañana será, como fue ayer, su compañera ejemplar!

Según ella, Carlos Manuel de Céspedes, haciendo alusión a sus palabras, dijo que se había ganado un lugar en la Historia, que el historiador cubano tendría que decir: una mujer adelantándose a su siglo pidió en Cuba la emancipación de la mujer.

En la República, emergida en 1902, la labor de las feministas cubanas se multiplicó. Celebraron congresos, hicieron peticiones a los políticos, establecieron coaliciones con diversos grupos políticos, se manifestaron en las calles, se  dirigieron al público a través de la prensa escrita y la radio, construyeron clínicas de obstetricia, organizaron escuelas nocturnas para mujeres, desarrollaron programas de salud y establecieron contactos con grupos feministas en el extranjero. Resultado de esas luchas en 1918 se aprobó la Ley del divorcio y en 1919 las cubanas habían alcanzado el mismo nivel de alfabetización que los hombres, pero la mayor batalla, la del derecho al voto estaba pendiente.

El 12 de agosto de 1933, cuando Carlos Manuel de Céspedes (Hijo), asumió interinamente la presidencia de Cuba, la Alianza Nacional Feminista, retomando la petición realizada por Ana Betancourt en la Asamblea de Guáimaro, exigió el derecho al voto. El 9 de septiembre de ese año, el gobierno conocido por la Pentarquía concedió el voto a la mujer mediante un decreto presidencial. En 1934 se aprobó una Constitución provisional que extendió formalmente el voto a la mujer. En 1939, el Tercer Congreso Nacional de Mujeres, exigió una garantía constitucional para la igualdad de derechos de la mujer. Y finalmente, la Asamblea Constituyente de 1939, en la que participaron dos feministas, refrendó el sufragio universal, igualitario y secreto.

La revolución de 1959 –desde la etapa insurreccional– repitió los esquemas tradicionales. En el Alegato La Historia me Absolverá, en 1953, no se mencionó a las mujeres ni al definir el concepto de pueblo, ni en las primeras cinco leyes que se proclamarían al triunfo,  ni en los seis problemas que planteaba resolver. A diferencia de lo ocurrido en la Guerra de Independencia, donde al menos una mujer alcanzó el grado de General, ninguna fémina bajó de la Sierra Maestra con el grado de Comandante.

Durante el desmontaje de la sociedad civil en 1959, las organizaciones femeninas fueron disueltas para conformar la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), creada y subordinada al Gobierno, lo que explica que cada uno de sus congresos haya sido presidido por las más altas autoridades del Partido y del Estado. Esa subordinación fue confirmada por el Segundo Secretario del Partido Comunista, quien presidió el IX Congreso, al decir: Si genial, oportuna y verdaderamente reivindicadora fue la idea de Fidel, líder histórico de nuestra revolución, al crear el 23 de agosto de 1960 la FMC, también lo fue su acertada decisión de poner al frente de la naciente organización femenina a la compañera Vilma Espín Guillois.

Al no gozar de autonomía el feminismo en Cuba se encuentra en el mismo punto en que lo dejó Ana Betancourt: en la petición de derechos. La diferencia es que ahora ni se pide, sino que la única asociación permitida recibe las orientaciones de una estructura que no se ha sacudido la mentalidad machista y patriarcal, como lo demuestra la presencia de un hombre dirigiendo cuando evento femenino se realiza.

Las razones por las que las féminas venían luchando de forma autónoma, en las que Ana Betancourt marcó un punto de inflexión, 15 años después de su muerte continúa pendiente. El derecho al trabajo o a la educación, es parte, pero no el todo. Ello demuestra que el momento de pedir, debe ceder el paso al momento de exigir y actuar. Se requiere de asociaciones femeninas  autónomas que permitan a las mujeres cubanas definir por sí solas sus prioridades, objetivos y formas de lograrlo, lo cual continúa pendiente de realización.

1 Mercedes Santa Cruz y Montalvo (Condesa de Merlín) (1789-1852),  reflejó en su obra literaria los sentimientos femeninos, su raíz nacional y las perspectivas de la mujer.
2 Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873),  la mayor escritora cubana del siglo, XIX, editó el Álbum cubano de lo bueno y de lo bello, en el que alentaba a las mujeres a cuestionarse el dominio masculino.
3Edelmira, fundadora y presidenta del club Esperanza del Valle, ayudó a formular el manifiesto revolucionario del 19 de marzo de 1897, cuyo artículo 4 rezaba: “Queremos que las mujeres puedan ejercer sus derechos naturales a través del voto a la mujer soltera o viuda mayor de veinticinco años, divorciada por causa justa”.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1454576880_19959.html

La propiedad y la crisis

El Gobierno de Cuba una vez que arribó al poder imbuido por un voluntarismo exacerbado, ignoró las leyes que rigen la economía y la subordinó a la ideología. Desde ese momento la pérdida de la autonomía que requieren los procesos económicos la convirtió en factor de pobreza.

En 1959, con la primera ley de reforma agraria el Gobierno entregó títulos de propiedad a 100 mil campesinos pero concentró en sus manos el 40,2% de las tierras cultivables. En 1963, con la segunda ley de reforma agraria, las mil fincas que tenían más cinco caballerías engrosaron el fondo de tierras estatales, que aumentó hasta el 70%. En 1976, con el objetivo de disminuir el número de pequeños propietarios inició un proyecto de “cooperativización”, mediante el cual creó las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), elevando así hasta el 75% la propiedad estatal. El resultado fue la ineficiencia, la escasez de productos y los altos precios, lo que obligó en 1993 a convertir una parte de las tierras estatales inutilizadas en Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), pero conservando la propiedad de las mismas.

Catorce años después, el 26 de julio de 2007 en el discurso pronunciado en Camagüey, el General Raúl Castro reconoció las deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes reflejadas en los campos infectados de marabú y anunció la decisión de cambiar todo lo que deba ser cambiado. Y en 2008 se promulgó el Decreto Ley 259, mediante el cual comenzó la entrega de tierras ociosas a particulares. Sin embargo, la medida soslayó la declaración de cambiar todo lo que deba ser cambiado y se limitó a traspasar en usufructo una parte de las tierras que el Estado no logró hacer producir. El pobre resultado obtenido no logró lo que se propuso.

De las 170 mil hectáreas que poseían las 1 989 UBPC existentes, casi el 40% permanecían ociosas; su extensión, aunque abarcaba el 27% de la superficie agrícola del país, sólo producían el 12% de los granos, viandas y hortalizas, el 17% de la leche y sólo el 27% tenían resultados satisfactorios. En el año 2010 el 15% de las UBPC cerraron con pérdidas y otro 6% ni siquiera presentó balance económico. Para detener el deterioro, en agosto de 2012, el Consejo de Ministros dictó un paquete de 17 medidas y un nuevo Reglamento General para las UBPC, que reconocía lo que antes se  había negado: la capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones, es decir personalidad jurídica.

En diciembre de 2012, sin alterar la estructura de la propiedad, se sustituyó el Decreto-Ley 259 con el Decreto-Ley 300, el cual alivió algunas restricciones, pero conservó otras e implementó nuevas. En su artículo 11 reza que: los usufructuarios pueden integrarse a una Granja Estatal con personalidad jurídica, a una UBPC o a una CPA, para lo cual “el usufructuario le cede el derecho de usufructo sobre las tierras y las bienhechurías a la entidad a la cual se integra”.

En 2013, en la reunión del Consejo de Ministros del mes de mayo, Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Estado, reconoció que: las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no ha conducido al necesario aumento de la producción. Finalmente en 2014 el Decreto-Ley 300 fue modificado con el  Decreto-Ley 311.

La perdida de la autonomía –que es a la economía lo que el oxígeno a los cuerpos vivos– conjuntamente con el voluntarismo, los métodos de ordeno y mando, la planificación centralizada, la incapacidad de jefes y administradores y la merma del interés de los productores, conformaron la ineficiencia agrícola que caracteriza la agricultura cubana desde hace varias décadas.

El proceso descrito demuestra la imposibilidad de resolver la crisis en la agricultura con el monopolio de la propiedad estatal y conduce al análisis del usufructo y de las cooperativas en Cuba.

Las cooperativas y el usufructo

En cuanto a las cooperativas, la Declaración de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), adoptada en 1995, define las cooperativas como asociaciones autónomas de personas que se unen voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes, por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada.

De acuerdo a esa definición las creadas en Cuba –con excepción de las Cooperativas de Créditos y Servicios, que aunque sin personalidad jurídica, los campesinos conservaron la propiedad de la tierra y los medios de producción– no clasifican como tales.

Las Cooperativas Cañeras, creadas en marzo de 1960 en áreas que antes pertenecían a los ingenios azucareros, casi inmediatamente fueron convertidas en empresas estatales. Las CPA surgidas en 1976 con el propósito de reducir aún más la cantidad de tierras en manos privadas, también fue una decisión estatal. Y las UBPC, organizadas en 1993, no resultaron de una verdadera socialización, sino de la crisis en la agricultura estatal.

Si las cooperativas en Cuba se crean por voluntad del Estado; si su reglamento lo emite el Consejo de Ministros; si el que autoriza su constitución es quien controla, evalúa su funcionamiento y define cuando los “asociados” pueden contratar trabajadores asalariados; si  las actividades y tareas que pueden asumir los “socios”, se crean en los lugares que el Estado decide, y “se ocupan de los segmentos del mercado que no resultan competitivos para la empresa estatal”; y encima de lo anterior, el Estado conserva la propiedad sobre los medios fundamentales de producción, entonces no son verdaderas cooperativas, sino cooperativas estatales de usufructuarios.

Una prueba contundente de ese falso cooperativismo fue el reporte publicado en el diario Granma del viernes 25 de enero de 2013, donde se dio a conocer la decisión de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños de sustituir o liberar de sus funciones a 632 presidentes de cooperativas agrícolas.

Por su parte el usufructo consiste en el disfrute de un bien ajeno. Si se hubiera sido consecuente con el principio de cambiar todo lo que deba ser cambiado, las tierras ociosas e infectadas de marabú, se hubieran entregados en propiedad a los que trabajan la tierra. Nada justifica que los productores privados, que han demostrado capacidad para producir con eficiencia, sean usufructuarios y el Estado, responsable de la ineficiencia, sea el propietario. La pregunta nos remite a una de las razones declaradas de la revolución de 1959 de entregar la tierra a los campesinos: ¿Por qué ahora la tierra no es de quien la trabaja?

Ni las tierras estatales, ni las cooperativas creadas por el Estado, ni las 17 medidas de 2012, ni los sucesivos decretos que entregaron tierra en usufructo han logrado sacar a la agricultura cubana de la crisis creada por el monopolio estatal de la propiedad, al contrario, la crisis se ha agudizado. Tal resultado, quiérase o no, coloca en el orden del día la necesidad una nueva reforma dirigida a eliminar los latifundios estatales, convertir a los actuales usufructuarios en propietarios y transformar el resto de la propiedad estatal en propiedad privada y en grandes empresas cooperativas.

Por tanto lo que se impone es determinar cuál o cuáles son las formas de propiedad más eficaces en cada momento y lugar para el desarrollo personal y social, que es lo que hace de la institución de la propiedad un fundamento del orden personal y social.

El no reconocimiento de esa necesidad explica que los administradores de cooperativas puedan ser separados no por los socios, sino por una institución paraestatal como es la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, o que el Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba amenace a los usufructuarios con la enfática declaración: “La tierra es del Estado”, “Se la quitamos sin mucha discusión”. La pregunta que cae de su propio peso es ¿Y qué va a hacer el Estado con una tierra que nunca logró hacerla producir?

La respuesta pasa por la democratización de las relaciones económicas, para que de forma paralela al Estado, los cubanos participen como sujetos con derechos institucionalizados.

Tomamdo de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1454356777_19905.html

La agudización del desabastecimiento y los altos precios de los productos del agro en el cruce del año 2015 al 2016 anuncia el colapso del modelo económico cubano. Los discursos en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) el 29 de diciembre de 2015, semejaron un toque a rebato; mientras la reunión del Segundo Secretario del Partido Comunista con usufructuarios el sábado 23 de enero en Artemisa fue la primera escaramuza, que por su desacierto pudiera ser la antesala del toque de queda. El colapso deriva de un modelo estatista, de corte totalitario, lo que se puede demostrar de forma sencilla solo retomando algunos artículos que publiqué a partir del año 2001.

En el artículo Nuevo aniversario, viejo problema, publicado en junio de 2001 en el Blog de Dimas expuse que, con las leyes de reforma agraria de 1959  y 1963, el Estado concentró un volumen de tierras superior a la de los latifundios que expropió. Luego, con las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), creadas en 1977 con campesinos que “voluntariamente” unieron sus tierras y medios de producción, la propiedad estatal se elevó hasta el 75% de la tierra cultivable. Tal concentración obstaculizó la diversificación de la propiedad, la identificación, el arraigo y la cultura de pertenencia del campesinado, lo que se tradujo en ineficiencia. Los pequeños agricultores, con el otro 25% de la tierra, garantizaron el peso fundamental en el cultivo de café, de tabaco, la mitad de las viandas, hortalizas y frutas y el 18% de la caña1. La estatización devino escasez y aumento de los precios, agravado por los bajos salarios.

En La agricultura cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado, de  agosto de 2007, publicado en el Blog de Dimas, me referí al discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro el 26 de julio de ese año en Camagüey, en el que reconoció las deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes que se reflejan en los campos infectados de marabú y planteó introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios.

La razón del agravamiento es sencilla. Cuando la economía en lugar de regirse por sus propias leyes se subordina a la política y a la ideología queda condenada al estancamiento y la involución, pues su eficiencia es directamente proporcional al grado de autonomía respecto a los intereses políticos o ideológicos. Cuando además, la crisis se prolonga extremadamente en el tiempo, como ha ocurrido en Cuba, el modelo se torna irreparable. ¿Por qué?, porque el interés de los trabajadores depende en buena medida de la remuneración y de la propiedad. Cuando esa relación se deteriora los desposeídos o impedidos de ser propietarios y/o de recibir salarios en correspondencia con el costo de la vida, prefieren subsistir a través de ilegalidades, engaños, robos, mendicidad y apropiación de la propiedad de todo el pueblo, que en definitiva no es de nadie, con el consiguiente perjuicio productivo y deterioro espiritual.

En ¿Por qué Vietnam si y Cuba no?, publicado en el Diario de Cuba en abril de 2012, se confirma lo antes dicho. Este país que entre 1930 y 1975 estuvo sometido a guerras, que en la última de ellas se arrojó sobre su territorio tres veces más que las empleadas durante la Segunda Guerra Mundial, que el 15% de la población pereció o resultó herida, que en el Sur se destruyó el 60% de las 15 mil aldeas existentes, y como colofón, al concluir esa guerra tuvo que enfrentar el bloqueo y los ataques fronterizos.

Después que el  sistema de economía planificada –como el cubano– sumió al país en el hambre y la superinflación, en 1986 emprendieron el Doi Moi: un programa basado en mecanismos de mercado, autonomía de los productores, derecho de los nacionales a ser empresarios y entrega de tierra a los campesinos. En ese mismo año, pero en dirección contraria, las autoridades de Cuba optaron por la Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, un proyecto, dirigido a impedir la influencia de la Perestroika iniciada en la Unión Soviética.

El Doi Moi elevó la iniciativa, el interés y la responsabilidad de los agricultores, producen alimentos para más de 76 millones de habitantes y ocupan el segundo lugar mundial en exportación de arroz, detrás de Tailandia; el segundo en café (que los cubanos le enseñaron a cultivar), detrás de Brasil; y el primero en pimienta. Sin dedicar mucha propaganda contra el imperialismo, por sus resultados económicos Estados Unidos en 1993 dejó de oponerse a la concesión de créditos, en 1994 suspendió el embargo y en 1995 estableció relaciones diplomáticas.

En Cuba, ante el derrumbe del socialismo en Europa Oriental, el gobierno introdujo un pequeño grupo de medidas coyunturales en 1993 y tres años después las paralizó para evitar la formación de una clase media. Hoy nos debatimos en una profunda crisis cuya más evidente manifestación son los altos precios y la escasez.

En tiempo complementario, publicado en el Blog de Dimas, en octubre de 2007, escribí: “La historia la hacen los hombres, pero el tiempo acota sus límites. De acuerdo a esa ley los hombres pueden acelerar o retardar los procesos históricos, pero sólo hasta cierto punto”. En este sentido, demorar las soluciones estructurales, con independencia de lo que se esgrima es pura retórica, la que se torna peligrosa cuando la esperanza desaparece y el miedo cede terreno. Ante ese cuadro la alternativa es cambiar o ser cambiado, pues el tiempo, terco e inexorable, se impondrá.

Cinco años después de iniciados los cambios, el 21 de diciembre de 2013, en la ANPP Raúl Castro expresó: “Continuaremos avanzando con decisión en la implementación de los acuerdos del Sexto Congreso, sin prisas, pero sin pausas, repito, sin prisas, pero sin pausas”. Un planteamiento que devenido slogan gubernamental, se puede traducir como la decisión de no cambiar nada que amenace el poder. La imposibilidad de avanzar y al mismo tiempo conservar el poder ha comenzado a despejarse. En la ANPP citada,  ante el evidente empeoramiento manifestado entre otras cosas en la escasez y los altos precios, el propio Raúl Castro expresó más o menos lo siguiente: Tenemos que hacer algo, hacerlo ya, mañana mismo, aunque nos equivoquemos. Sus palabras confirman el vaticinio. El tiempo se impuso. Ahora, será más difícil, por no decir imposible, hacer lo que no se hizo a tiempo. El Gobierno enfrenta una contradicción insoluble: la incompatibilidad de los cambios con la conservación del modelo. En este sentido hay que reconocer el mérito de los Lineamientos, no por los resultados, sino porque rompieron el inmovilismo precedente. Ahora, en el nuevo escenario, con independencia de la voluntad de sus promotores, los cambios iniciados se pueden lentificar, pero no se pueden detener.

Fuera de tiempo, una vez más se comienza mal. En Política, Estado, Mercado y Sociedad Civil, publicado en la revista Convivencia en febrero de 2011, recordé que las sucesivas divisiones del trabajo condicionaron la necesidad del intercambio que generó el mercado: esa forma de relación social donde las personas con dinero, productos y servicios se encuentran para intercambiar. Efecto de la producción, el mercado activa el consumo y origina nuevas demandas. De tal forma, la libre concurrencia de productores y consumidores, mediada por los comerciantes, constituye un factor imprescindible del desarrollo. Cuando el Estado suprime esa libertad, elimina o disminuye el interés de las personas por el resultado, repercute en la cantidad, calidad y diversidad de la producción, hasta conducir a la caricatura que son hoy nuestros “mercados y a la situación explosiva que se está generando.

Se vuelve a comenzar mal, porque en vez de atacar las verdaderas causas de los fracasos se busca un chivo expiatorio para desviar el creciente descontento, lo que explica la arremetida contra los intermediarios. La esencia oculta detrás de ese resultado negativo es que la economía prisionera de la política se desnaturaliza, involuciona y deviene factor de pobreza material y espiritual; un resultado en el que la estructura de la propiedad, el monto de los salarios y el interés de los productores desempeñan un papel decisivo.

Sencillamente el modelo es inviable y el tiempo de prueba se agotó. A pesar de ello Cuba tiene un potencial enorme y puede ser rica, pero ello es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.

La Habana, 28 de enero de 2016

1 J. MAYO. Dos décadas de lucha contra el latifundismo. Breve historia de la Asociación Nacional Campesina, p. 20