Hemeroteca de octubre 2015

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1444072696_17327.html

El camino hacia la plena normalización de las relaciones entre Washington y La Habana requiere de un enfoque único para desandar el camino transitado desde enero de 1961, cuando la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba condujo al presidente Dwight D. Eisenhower a la decisión de romper las relaciones diplomáticas con el gobierno de la Isla.

La diferencia de enfoques, cuya última manifestación fueron los discursos de los presidentes de Cuba y Estados en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, requiere ser removido para que las relaciones diplomáticas puedan desempeñar el papel que le corresponde en el camino hacia la plena normalización.

Barack Obama, después de reconocer una vez más el fracaso de la política de confrontación con Cuba, expresó: Continuaremos defendiendo los derechos humanos. Pero nos ocuparemos de esos asuntos mediante las relaciones diplomáticas y mayor comercio y relaciones de persona a persona. A medida que estos contactos generen progreso, tengo confianza en que nuestro Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería estar en vigencia. Para demostrar la inutilidad de la confrontación, el Presidente de Estados Unidos cerró su discurso con estas palabras: Piensen en los estadounidenses que arriaron la bandera en nuestra embajada en La Habana en 1961, el año en que yo nací, y que regresaron este verano para izar esa bandera. Uno de estos hombres dijo del pueblo cubano: “Podíamos hacer cosas por ellos y ellos podían hacer cosas por nosotros. Los amábamos”. Durante 50 años, pasamos por alto este hecho.

Raúl Castro, por su parte dijo: Tras 56 años de heroica y abnegada resistencia del pueblo cubano, quedaron restablecidas las relaciones diplomáticas y las embajadas en las respectivas capitales… Ahora se inicia un largo y complejo proceso hacia la normalización de las relaciones que se alcanzará cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba; se devuelva a nuestro país el territorio ocupado ilegalmente por la Base Naval de Guantánamo; cesen las transmisiones radiales y televisivas y los programas de subversión y desestabilización contra Cuba, y se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que aún sufre. Y añadió: Mientras persista, continuaremos presentando el proyecto de resolución titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”.

El primero reconoce el fracaso de la política seguida con Cuba, el segundo parte de la heroica y abnegada resistencia, es decir, de la victoria. Uno, plantea el levantamiento del embargo como resultado de un proceso mediado por las relaciones diplomáticas; el otro, como resultado de la “victoria” y en consecuencia exige que se satisfagan las demandas cubanas o continuarán las presiones, entre ellas la votación anual en las Naciones Unidas.

Un análisis objetivo acerca de los planteamientos anteriores me conduce a las siguientes valoraciones:

-Con excepción de la base naval de Guantánamo, a la que dedicaré un próximo trabajo, el resto de las demandas cubanas tienen su origen en la confrontación que siguió a la ruptura de las relaciones diplomáticas. Por tanto, una vez restablecidas dichas relaciones, los métodos empleados durante su ausencia están fuera de tiempo y de lugar.

-La “abnegada resistencia del pueblo cubano” no condujo a ninguna victoria, sino a la crisis más profunda de la historia de Cuba, reflejada en una crónica ineficiencia productiva, salarios insuficientes, deterioro moral generalizado, desesperanza, y éxodo masivo y creciente del pueblo victorioso.

En diciembre de 2014, el presidente cubano al anunciar la disposición de restablecer las relaciones, dijo: Esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar. Y agregó: Aunque las medidas del bloqueo han sido convertidas en Ley, el Presidente de los Estados Unidos puede modificar su aplicación en uso de sus facultades ejecutivas. Es decir, lo principal, según sus palabras, era el bloqueo, cuya aplicación podía ser modificada por el Presidente Obama. Sin embargo, en enero de 2015, en el discurso en la III Cumbre de la CELAC, dio un giro respecto a los planteamientos del mes anterior, cuando preguntó: ¿Acaso podrían restablecerse las relaciones diplomáticas sin reanudar los servicios financieros a la Sección de Intereses de Cuba y su Oficina Consular en Washington, cortados como consecuencia del bloqueo financiero? ¿Cómo explicar el restablecimiento de relaciones diplomáticas sin que se retire a Cuba de la Lista de Estados patrocinadores del Terrorismo Internacional? Es decir, no sólo el bloqueo, ahora todo es principal.

En respuesta el Gobierno de Estados Unidos no sólo flexibilizó el embargo, sino que a pocos meses de iniciadas las conversaciones se reanudaron los servicios financieros a la Sección de Intereses y se retiró a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. Un resultado que no se logró durante las 24 años (de 1991 a 2014) que la ONU aprobó las resoluciones contra el embargo. Ello demuestra la superioridad de las negociaciones sobre la confrontación e indica que la misma forma en que se logró ese efecto se puede lograr el resto de las demandas. Por ello no pueden ser premisa, sino resultado de las negociaciones.

En este camino de solución coinciden:

- La CELAC, que en su Declaración Especial, de 28 de enero de 2015 se congratuló con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas e instó al presidente Obama a adoptar todas las medidas que estén dentro de sus facultades ejecutivas para modificar sustancialmente la aplicación del bloqueo contra Cuba, y al Congreso de los Estados Unidos a iniciar, en la brevedad posible, una discusión sobre la eliminación del mismo.

- El Papa Francisco, quien el 18 de septiembre de 2015 calificó el restablecimiento de las relaciones como signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo, del «sistema del acrecentamiento universal… por sobre el sistema, muerto para siempre, de dinastía y de grupos» Y animó a los responsables políticos a continuar avanzando por este camino y a desarrollar todas sus potencialidades, como prueba del alto servicio que están llamados a prestar a favor de la paz y el bienestar de sus pueblos.

- El presidente Obama, el 28 de septiembre en el citado discurso ante la ONU, al referirse al embargo dijo: nos ocuparemos de esos asuntos mediante las relaciones diplomáticas y mayor comercio y relaciones de persona a persona. A medida que estos contactos generen progreso, tengo confianza en que nuestro Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería estar en vigencia.

Ese camino, en que coinciden la CELAC, El Papa Francisco y el presidente  Obama, el embargo, la compensación, las trasmisiones radiales y televisivas, y cualquier otra diferencia que se pueda enarbolar, tienen que solucionarse mediante la negociación, pues cuando el empleo de la fuerza fracasa en sus objetivos y se regresa al terreno de la política, cada parte, a la vez que trata de obtener el mayor provecho, tiene que ceder en algo. ¿Por qué?, porque la negociación, antes o después de la confrontación, ofrece la oportunidad de solucionar las diferencias mediante un acuerdo de beneficio mutuo. Por esa razón, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas tiene un papel a desempeñar de mayor efectividad que las campañas ideológicas y las votaciones en la ONU.

En nuestra historia política hay ejemplos válidos de negociaciones. Basta citar la labor desplegada por Cosme de la Torriente1, quien dedicó 60 años de su vida a la política como servicio desde la negociación. En enero de 1925 Cosme publicó “Los derechos de Cuba sobre la Isla de Pinos” y en marzo de ese mismo año, siendo embajador de Cuba en Washington, logró que se aprobara el Tratado Hay-Quesada, mediante el cual Cuba recobró la soberanía sobre esa porción de territorio cubano. En 1934 redactó el proyecto inicial del Tratado de Relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con el cual fue abrogada la Enmienda Platt en  mayo de ese año. Acerca de esa labor, el historiador Emeterio Santovenia, escribió que Cosme redujo “a mero recuerdo el Tratado Permanente entre Cuba y los Estados Unidos en que habían sido vaciadas las cláusulas del Apéndice Constitucional, engendrado, a su vez, por la Enmienda Platt”.

Lo lamentable, además de la insistencia en la confrontación, es que, el “victorioso pueblo”, privado de las libertades cívicas y políticas más elementales, está impedido de participar en la solución de un problema que ha marcado a varias generaciones de cubanos. Además de lamentable es inaceptable que una vez restablecidas las relaciones diplomáticas, cuando el concepto de enemigo carece de todo valor, el Gobierno cubano mantenga la prohibición de las libertades fundamentales que impiden a los nacionales ser empresario en su propio país, contratarse directamente con empresarios extranjeros o asociarse libremente.

La Habana, 4 de octubre de 2015

1 Cosme de la Torriente y Peraza (1872-1956), licenciado en Filosofía y Letras, y en Derecho. Al fracasar los alzamientos de 1895 en Matanzas, emigró a Estados Unidos y regresó poco después como expedicionario. Por sus acciones militares obtuvo el grado de Coronel. Fue ayudante del General Calixto García e integró varios Estados Mayores. En 1887 resultó elegido a la Asamblea Constituyente de la Yaya. Fue Magistrado y Senador, Encargado de Negocios y Embajador de Cuba en Madrid, primer Embajador de Cuba en Washington, Representante de Cuba en la Liga de las Naciones y Presidente de su Cuarta Asamblea, Delegado de las Naciones Unidas para América Latina, fundador y director de La Revista de La Habana y fundador y Presidente de la Sociedad de Amigos de la República.

La visita del Papa Francisco a Cuba –misionero de la misericordia– ha generado una montaña de artículos e interpretaciones sobre temas que van desde las reparaciones y embellecimiento cosmético de las zonas por donde transitaría el Pontífice hasta las expectativas y especulaciones acerca de los resultados de su presencia en Cuba. Por esa razón me limito a algunos aspectos que considero esenciales: las características de Francisco, la mediación, la autoestima de los cubanos y el mensaje de los papas a los cubanos.

Francisco

Jorge Mario Bergoglio –el papa 265 después de Pedro, el primero de los doce apóstoles elegido por Jesús– es el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y soberano del Estado Vaticano. Es, además, el primer papa jesuita, originario de América y no europeo desde que en el siglo VIII el sirio Gregorio III ocupara el papado.

Francisco, nombre asumido en honor al fundador de la Orden Franciscana creada en el siglo XIII, se caracteriza por su entrega a los pobres, estilo de vida sencillo y compromiso con la justicia social. Desde el inicio de su pontificado denunció las guerras, los conflictos económicos, el ansia de dinero y de poder, la corrupción y los crímenes contra la vida humana. Ha dedicado esmerada atención al tema de la conservación del medio ambiente y ha manifestado su aprecio por el papel de las Naciones Unidas en la preservación de la paz, la promoción del bien común y la defensa de los derechos fundamentales del hombre. Ha emprendido reformas dentro de la Curia romana y creó una comisión especial para la protección de las víctimas de abusos sexuales, inició una lucha contra los curas pedófilos e intensificó el diálogo entre las distintas religiones y con los no creyentes con el objetivo de construir lazos de amistad entre todos los hombres y pueblos.

Por su desempeño como mediador en el proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, su viaje, además de pastoral, tiene un marcado carácter político, lo que se corresponde con los fundamentos de la doctrina cristiana, pues Jesús no fue ajeno a ninguna de las dimensiones humanas, y la política está entre ellas. Su actitud frente al poder, ante las injusticias y ante la pobreza ofrece una idea de esa dimensión.

La mediación

La mediación de la Iglesia en asuntos políticos no es una novedad. La misma forma parte tanto de la historia de la diplomacia vaticana como de la Iglesia cubana. Basta recordar la intervención de Juan Pablo II en el conflicto por el Canal del Beagle, que evitó la guerra entre Argentina y Chile en 1979 y concluyó con el Tratado de paz y amistad firmado entre ambos países.

En cuanto a Cuba cuatro ejemplos resultan ilustrativos:

1- el Obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz (1694-1768), en julio de 1731, actuó como mediador en la primera rebelión de esclavos ocurrida en las minas de cobre de Santiago del Prado. El Gobernador de Santiago de Cuba quería reducir a los rebeldes por las armas, mientras los esclavos estaban dispuestos a luchar hasta la muerte. Gracias a su mediación los alzados regresaron de las montañas a cambio de la suspensión de las medidas que causaron la rebelión.

2- Antonio María Claret (1807-1870), Arzobispo de Santiago de Cuba, en el proceso judicial efectuado en agosto de 1851 contra Joaquín de Agüero y otros tres patriotas camagüeyanos que fueron condenados a pena de muerte, los defendió y solicitó permutar la condena dictada a cambio de su propia vida.

3- José Olallo Valdés (1820-1889), fraile de la orden san Juan de Dios, en 1873, cuando el cadáver del Mayor Ignacio Agramonte, atravesado en el lomo de un caballo fue trasladado a la ciudad y tirado en medio de la Plaza como escarmiento y trofeo de guerra. El fraile con una camilla y dos ayudantes se dirigió al lugar y desoyendo la orden de no tocarlo, respondió a los soldados que él sólo acataba la orden del Señor. Cargó el cuerpo, lo trasladó a la enfermería del hospital y procedió a lavarlo amortajarlo, evitando que los militares cumplieran su objetivo.

4- Monseñor Enrique Pérez Serantes (1883-1968), arzobispo de Santiago de Cuba, al producirse el asalto al Cuartel Moncada en 1953, emitió una serie de circulares contra el gobierno de Fulgencio Batista y en Carta al Coronel Río Chaviano planteó su determinación de interceder por los fugitivos y servir de garante de sus vidas. Esa decisión le permitió participar en el traslado de Fidel Castro desde el lugar donde fue apresado e impedir su asesinato. Por esa conducta, en el acto celebrado el 2 de enero de 1959 en Santiago de Cuba, Pérez Serantes antecedió en el uso de la palabra al líder revolucionario.

La relevancia de la actual mediación del Papa Francisco radica en que se trata de un conflicto de más de medio siglo. Una de las manifestaciones de ese conflicto es lo que unos denominan bloqueo y otros llaman embargo, pero que más allá de la denominación ha tenido un impacto altamente negativo en la sociedad cubana, lo que le convierte al restablecimiento de las relaciones diplomáticas en el hecho de mayor trascendencia política después de la revolución de 1959.

¿Por qué esa trascendencia?, porque el diferendo fue empleado por el gobierno cubano para desactivar la sociedad civil, eliminar las libertades ciudadanas y aniquilar la condición de ciudadano, lo que constituye la principal causa del fracaso en todas las esferas sociales y del deterioro moral que han conducido a la crisis más profunda de la historia de Cuba. De esa forma, un conflicto externo condujo a graves desajustes estructurales al interior del país.

Por esa razón cualquier posible salida de la crisis pasa por la normalización de las relaciones con Estados Unidos y la reconversión de los cubanos en ciudadanos, es decir, en titulares de derechos y deberes, que por dicha condición civil puedan reunirse sin más limitaciones que las contempladas en las leyes de un Estado de derecho, para intercambiar opiniones, tomar decisiones y participar como sujetos activos en los destinos de la nación, sin lo cual no habrá verdadera solución.

En ese proceso decisivo para la nación cubana, más allá de los criterios, preferencias o gustos, y en ausencia de otras fuerzas alternativas con suficiente capacidad para influir en el rumbo de los acontecimientos, la Iglesia Católica reúne un conjunto de condiciones que le permiten ejercer el papel de mediador. La misma goza de determinadas libertades para su labor; tiene parroquias en todos los municipios y barrios de Cuba en lo que muchos de sus párrocos introducen los temas sociales en sus homilías; se relaciona directamente con la sociedad a través de diversos programas que tienen un efecto directo en las penurias de los cubanos con alimentos, medicamentos, atención en los centros para ancianos, con la labor humanitaria de las monjas, los proyectos para niños Síndrome de Down, para drogadictos, alcohólicos y enfermos de VIH.

Además, los fundamentos de la Iglesia y del totalitarismo cubano son excluyentes a largo plazo. El fundamento de la Iglesia es la doctrina cristiana del amor y la reconciliación, mientras el del modelo totalitario es la ideología marxista basada en la lucha de clases y la subordinación del hombre al Estado. Por esa diferencia radical no puede existir una alianza estratégica entre una y otro. El fortalecimiento de la Iglesia, que lógicamente se desprende de la mediación repercutirá en un fortalecimiento indirecto de la sociedad civil, pues en la medida que la Iglesia gana espacios resulta más difícil y absurdo negarlo a otros sectores de la sociedad, lo que a su vez, representa un debilitamiento gradual del modelo totalitario.

La autoestima

Uno de los comentarios más generalizados respecto a la visita del papa Francisco es que en sus homilías no criticó directamente los problemas que confrontan los cubanos ni se reunió con los disidentes. Ese juicio, aunque cierto, guarda una estrecha relación con la baja autoestima de una buena parte de los cubanos, que tiene sus raíces en las constantes frustraciones: los reveses sufridos en las tres guerras de independencia del siglo XIX y el arribo a la República bajo la ocupación extranjera. De ahí en lo adelante no hubo conflicto político en que una o las partes involucradas no acudieran a Estados Unidos para dirimir el asunto.

Después de 1959 la autoestima se manifestó en la partida de la burguesía cubana hacia el Norte, con la convicción de que los norteamericanos no iban a permitir un gobierno comunista en Cuba. Esa conducta también hizo acto de presencia en una parte de la disidencia cubana que se ha sentido traicionada por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. De igual forma estuvo presente durante los subsidios recibidos de la Unión Soviética y todavía algunos temen la inminente pérdida de los subsidios de Venezuela. En todos los casos se trata de que algo o alguien nos salve y nos ayude, sin asumir los caminos y compromisos que exigen los cambios que Cuba necesita.

Queda claro que ni Juan Pablo II, ni Benedicto XVI, ni Francisco, ni ninguna otra autoridad, por alta que sea, hará la parte que les corresponde a los cubanos.

Sin embargo, una ojeada a las homilías de los tres papas que nos han visitado en medio de tan prolongada crisis, develan valiosos mensajes para el cambio que no han encontrado a los receptores en la medida que Cuba necesita.

El mensaje de los papas

Juan Pablo II, al llegar a Cuba el 21 de enero de 1998, con la frase, Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba, resumió la transformación que el Gobierno debía emprender en aquel momento. Luego en la Plaza de la Revolución, el 22 de enero, al dirigirse al pueblo clamó: “¡No tengáis miedo!”, lo que provocó en los asistentes gritos de “¡Libertad, libertad!”.

En Santiago de Cuba, el 24 de Enero expresó: “El bien de una nación debe ser fomentado y procurado por los propios ciudadanos a través de medios pacíficos y graduales. De este modo cada persona, gozando de libertad de expresión, capacidad de iniciativa y de propuesta en el seno de la sociedad civil y de la adecuada libertad de asociación, podrá colaborar eficazmente en la búsqueda del bien común”.

Dirigiéndose a la propia Iglesia dijo que la misma “Está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico; no buscando la gloria o los bienes materiales; usando sus bienes para el servicio de los más pobres e imitando la sencillez de la vida de Cristo”.

Benedicto XVI, antes de arribar a Cuba en 2012 planteó que la ideología marxista “tal como había sido concebida, no responde ya a la realidad”, por lo que “conviene hallar nuevos modelos”.

Luego en La Habana, el miércoles 28 de marzo, dijo: “deben luchar para construir una sociedad abierta y renovada” y agregó: “Cuba y el mundo necesitan cambios, pero estos se darán solo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a tomar el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad”. En otro momento expresó: “El Padre Varela nos presenta el camino para una verdadera transformación social: formar hombres virtuosos para forjar una nación digna y libre, ya que esta trasformación dependerá de la vida espiritual del hombre, pues «no hay patria sin virtud». Cuba y el mundo necesitan cambios, pero éstos se darán sólo si cada uno está en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a tomar el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad”.

Francisco, siendo Arzobispo de Buenos Aires, 15 años antes de ser elegido como Sumo Pontífice y 17 años antes de la presente visita, en un ensayo escrito en julio de1998 realizó una valoración de la visita de Juan Pablo II a Cuba, de la cual se puede deducir sus opiniones acerca de la realidad cubana.

-Sobre el socialismo, escribió, que este “ha cometido un error antropológico al considerar al hombre sólo en su rol de parte en el entramado del cuerpo social”, y criticó el uso de la lucha de clases para lograr sus fines. “El segundo factor de crisis –dijo– ha sido la ineficacia de la revolución en su aspecto económico. No debe entenderse esta cuestión como meramente técnica, sino más bien como consecuencia de la violación de los derechos humanos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector de la economía”.

-Planteó que Juan Pablo II revalorizó “la necesidad de ese pueblo a gozar de los derechos que le son propios, como el de libertad de expresión y el de capacidad de iniciativa y propuesta dentro del ámbito social, ya que ese ejercicio les permitirá colaborar en la búsqueda del bien común”. Y que “la defensa de la libertad de la Iglesia debe ser extendida y proyectada hacia la defensa de la libertad de cada persona, de cada familia, de cada organización o asociación, en el sentido propio de la autonomía y de la soberanía”,

-Señaló que el mensaje de San Juan Pablo II al pueblo cubano y a Fidel Castro “contiene una profunda reflexión acerca de la necesidad de franquear el camino que permita a los ciudadanos cubanos participar en la vida civil de ese país”.

-Enfatizó que “la libre participación de los ciudadanos en la gestión pública, la seguridad del derecho, el respeto y la promoción de los derechos humanos, se erigen como requisito imperativo, como condición necesaria para tender al desarrollo del hombre, de todos los hombres”,

-Advirtió, refiriéndose a los derechos humanos: “Lamentablemente llegamos a la conclusión que muchos de ellos, por motivos varios y que no siempre responden a una lógica clara, han sido anulados, mutilados u ocultados durante largo tiempo al pueblo cubano”.

Más reciente, antes de su viaje a Cuba, desde el Vaticano respondió a preguntas de estudiantes de La Habana y Nueva York. Al ser cuestionado por un estudiante cubano sobre un ejemplo de liderazgo, respondió: “Te diré algo, un buen líder es aquel que es capaz de generar otros líderes. Si un líder quiere sostener el liderazgo, es un tirano. El verdadero liderazgo es fructífero. Cada uno de ustedes tiene una semilla de liderazgo”. Y añadió: “los líderes de hoy en día no estarán mañana. Si no siembran la semilla del liderazgo a otros, no tienen valor. Son dictadores”.

Estos fragmentos de su ensayo no dejan dudas de la comprensión del Pontífice de las verdaderas causas del estancamiento cubano y de las vías de solución. A

l arribar a Cuba, el sábado 18 de septiembre de 2015, al referirse a la normalización de las relaciones entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos dijo: “Ese proceso, es un signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo, del «sistema del acrecentamiento universal… por sobre el sistema, muerto para siempre, de dinastía y de grupos» Y animó a los responsables políticos a continuar avanzando por este camino y a desarrollar todas sus potencialidades, como prueba del alto servicio que están llamados a prestar a favor de la paz y el bienestar de sus pueblos, de toda América, y como ejemplo de reconciliación para el mundo entero.

El 19 de diciembre dijo a los jóvenes: “Soñá que el mundo con vos puede ser distinto, soñá que si vos ponés lo mejor de vos vas a ayudar a que ese mundo sea distinto”.

En la homilía improvisada en el encuentro con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas de Cuba en la Catedral de La Habana, planteó: “Es frecuente confundir unidad con uniformidad; con un hacer, sentir y decir todos lo mismo. Eso no es unidad, eso es homogeneidad. Eso es matar la vida del Espíritu, es matar los carismas que Él ha distribuido para el bien de su Pueblo. La unidad se ve amenazada cada vez que queremos hacer a los demás a nuestra imagen y semejanza. Por eso la unidad es un don, no es algo que se pueda imponer a la fuerza o por decreto. Me alegra verlos a ustedes aquí, hombres y mujeres de distintas épocas, contextos, biografías, unidos por la oración en común. Pidámosle a Dios que haga crecer en nosotros el deseo de projimidad”.

El pontífice hizo un claro llamado a servir a los más frágiles y advirtió que “el servicio nunca es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”. Y recalcó: “la importancia de un pueblo o de un individuo siempre se mide en “cómo sirve la fragilidad de las personas”, por lo que sentenció que “quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Alertó que “hay un servicio que sirve; pero debemos cuidarnos del otro servicio, de la tentación del servicio que se sirve”.

Las homilías no están dirigidas a sublevar para cambiar gobiernos, sino a cambiar culturas, a empoderar al pueblo, en un contexto donde el Gobierno cubano carece de la voluntad política para devolver las libertades fundamentales al pueblo de Cuba.

Aunque las homilías contienen mensajes para el cambio; debido al uso y abuso de la propaganda ideológica del Estado, de las carencias cívicas resultado de más de medio siglo de totalitarismo y de la falta de voluntad política del Gobierno, sus mensajes han encontrado pocos oídos receptivos.

En este sentido me gusta recordar las palabras de Jesús en el evangelio de Marcos (1.14-15), que tiene tanta validez como la tuvo hace dos mil años. Según Marcos cuando Jesús regresó a Galilea empezó a anunciar las buenas noticias de Dios, decía: Ya ha llegado el momento, el reino de Dios está cerca. Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en las buenas noticias. Sin ese cambio poco resultado podremos extraer de las homilías papales.