Hemeroteca de julio 2015

Tomado de http://www.diariodecuba.com/cuba/1438029051_15973.html

Según el informe presentado por el ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo Jorge, en el V Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, durante el primer semestre del 2015 el PIB creció en 4,7%.

Al referirse al transporte, entre otras cosas dijo: el primer semestre de 2015 este sector  creció en 6,5%, pero el de cargas incumplió en unas 700 000 toneladas, por lo que hay producciones que no se han podido transportar y materia prima que no ha llegado a tiempo a los lugares; entre el 20 y el 25% de los 2 100 000 dólares que hasta el mes de marzo se pagaron por concepto de estadía de contenedores y buques fue causado por deficiencias en el sistema ferroviario y el transporte automotor. Para que los  Delegados comprendieran la importancia y características del transporte, explicó que después de los más de 280 kilómetros la mejor vía para la transportación es la del ferrocarril, por tanto –dijo– es clave que recupere sus niveles de actividad.

Una breve mirada a la historia del ferrocarril en Cuba permite una valoración más precisa de sus planteamientos.

Entre las libertades concedidas por la metrópoli a los hacendados criollo-cubanos a fines del siglo XVIII estuvo el derecho de importar maquinarias, cuya introducción en la Isla devino elemento decisivo para la industria azucarera.

En 1794 durante el primer viaje de estudio técnico realizado por  Francisco de Arango y Parreño e Ignacio Pedro Montalvo, lo que  más atrajo su atención fue la máquina de vapor. En ella Arango y Parreño vio la solución del cuello de botella del ingenio  cubano. Para experimentar encargó una Watt, como se le conocía a estas máquinas por su creador1. Aunque la máquina de vapor  no se inventó con fines específicos, la adquirida por Cuba fue la primera del mundo aplicada a la producción de azúcar2 A partir de 1820 comenzó su generalización, prosiguió en 1840 con el evaporador al vacío en sustitución de los trenes jamaicanos abiertos, y a partir de 1850 con la centrífuga para mecanizar las operaciones de purga. Todo lo cual influyó en la conversión de Cuba en el primer productor mundial de azúcar.

De la aplicación de la máquina de vapor a las ruedas de los vagones surgió la locomotora en 1804. En 1825 se inauguró en Inglaterra la primera vía férrea pública del mundo y en 1830 la primera línea para el transporte de pasajeros y de carga. Arango y Parreño, al tanto de los últimos avances tecnológicos, comprendió la importancia de su  introducción en la Isla.  El 19 de noviembre de 1837, solo doce años después de Inglaterra, se inauguró en Cuba el cuarto ferrocarril del mundo. Ese día quedaron enlazadas las localidades de La Habana y Bejucal. Al año siguiente se concluyó la línea Habana-Güines y veinte años después las vías férreas comunicaban todas las áreas azucareras de Cuba.

Con el ferrocarril se resolvió el alto costo de la transportación, que era uno de los frenos de la industria azucarera. Hacia 1830 el traslado de azúcar de Güines a La Habana representaba el 25% del valor del producto y cuando comenzó a funcionar el ferrocarril entre esos dos puntos (1838), los costos por transportación se redujeron en un 70%. Pero más allá de la economía, el ferrocarril aceleró el proceso de unidad insular que se había iniciado a fines del siglo XVII, creando un cuadro físico y social similar en toda las Isla, del cual emergió Cuba como unidad económica y social.

Entre 1899 y 1908 se crearon la Cuba Central Railways Ltd y la Cuba Eastern Railroad. Uno de sus fines era integrar las líneas férreas que se habían venido construyendo desde la colonia. Ese proceso se aceleró con las órdenes militares 34 y 62 dictadas por el general Leonardo Wood, durante el gobierno de ocupación, las que desarrollaron tanto la industria azucarera como el ferrocarril.  En 1909, cuando el mayor general José Miguel Gómez asumió la presidencia de Cuba, ya las ciudades de La Habana y Santiago de Cuba estaban enlazadas por el ferrocarril central.

Teniendo en cuenta que Cuba es una isla larga y estrecha, desde la colonia se entendió que el ferrocarril era el medio ideal para el transporte y en consecuencia se creó una eficiente infraestructura que unió al país de Norte a Sur y de Oriente a Occidente.

Debido al deterioro sufrido después de 1959 el gobierno revolucionario se propuso crear una línea central de doble vía, de 1 149 kilómetros de longitud, para un ferrocarril de alta velocidad. El 29 de enero de 1975, Fidel Castro inauguró su primer tramo de 24,2 kilómetros, pero el plan, como casi todos, colapsó. Pasados 31 años, el propio Fidel dijo: “Pensábamos construir una nueva vía con todos los recursos técnicos requeridos. Se rectificaron muchas curvas, pero aquella tarea no pudo concluirse, tanto por nuestra falta de experiencia, como por problemas internacionales que surgieron…”. En ese mismo discurso, pronunciado en 2006, agregó: “Hoy acabamos de recibir 12 locomotoras y no son cualquier cosa; son sencillamente las mejores que ha recibido nunca nuestro país; son las más modernas, las más eficientes y las más económicas”3

Del año 2006 al presente la prensa oficial cubana da crédito de lo sucedido respecto al ferrocarril. El deterioro por abandono en la faja de 15 metros a ambos lados de la vía, incluyendo algunos trechos que quedaron sepultados bajo los escombros, requería en el año 2010 de 30 millones de pesos para su limpieza y conservación4.

Con un enfoque integral del asunto Cuba dispuso la adquisición de 550 vagones, planchas y cisternas o tanques rodantes, mientras materializan también la inversión para comprar 112 locomotoras de factura china5.

No se trabajó adecuadamente en la solución de las dificultades que presentan las vías férreas; a pesar de que en los últimos cinco años cerca de 600 millones de dólares se destinaron a la adquisición de equipos, maquinarias, herramientas, materiales y nuevas líneas productivas capaces de revertir el grave deterioro del ferrocarril6.

El 20 de enero de 2011 comenzó la reparación capital de los 40 kilómetros de la Línea Central previstas para este año. Según el ingeniero Bárbaro Martínez, especialista principal de la Empresa Nacional de Vías y Obras Constructivas del ferrocarril, “El deterioro ha sido tal que nos obligó a realizar una reconstrucción muy grande, equivalente, podría decirse, a hacer la vía nueva”7.

Las deficiencias en las vías siguen siendo la causa principal de los accidentes.  Entrevistados por Granma, los maquinitas del coche motor 2125, Jorge Inerarity Estrik y Joan Camayo del Pino, reconocieron que además del deterioro de la vía, muchos accidentes suceden por negligencia de las tripulaciones, fundamentalmente por ingestión de bebidas alcohólicas y otras indisciplinas, y por no cumplir lo que está reglamentado. Y muchas veces los ganaderos sueltan las reses intencionalmente y esperan con sacos y cuchillos que sean arrolladas8.

En el 2011 se terminó el mantenimiento manual de más de 7 000 kilómetros de vías, cifra superior a lo realizado en el 2010. Sin embargo, a pesar de los logros alcanzados en el sistema ferroviario, aún existen factores que atentan contra todo el esfuerzo desplegado en aras de lidiar con el deterioro acumulado durante décadas en el sector y la difícil situación de la economía cubana9.

La empresa villaclareña Industrial de Instalaciones Fijas (traviesas) el pasado año no logró cumplir el plan de producción, a pesar de haberse instalado una nueva línea con tecnología italiana y una planta de tratamiento superficial. No faltó el cemento ni la piedra, pero hubo dificultades con el plástico para el dispositivo de vaciado, el desencofrante, de la troquelería, del servicio de la industria mecánica nacional y otros problemas. “Por estas razones dejaron de elaborar 45 mil unidades, déficit que impidió se recuperan 24 kilómetros de vías” (un kilómetro de vía férrea requiere 1 800 traviesas. Actualmente se labora con lo que sobró del último trimestre de 2011, no se ha recibido suministros10.

Al menos tres conclusiones emanan del análisis precedente: 1- que la importancia del ferrocarril fue comprendida por los hacendados cubanos desde hace más de dos siglos y desde esa fecha hasta 1959 el ferrocarril funcionó con eficiencia, al punto que los relojes se podían poner en hora por el paso puntual de los trenes; 2- la  carga dejada de transportar en el semestre analizado no es noticia, es el resultado de muchos problemas enlazados por un factor común: la inviabilidad del modelo cubano actual; y 3- lo novedoso es que a pesar de la afectación del ferrocarril a los demás sectores de la economía, la misma creció en un 4,7%.

1 James Watt (1736-1819) ingeniero escocés que concibió el principio de la máquina de vapor de doble efecto.
2 Fraginals, Manuel  Moreno. “El Ingenio, complejo económico social cubano del azúcar”. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, Tomo I, p. 74.
3 Juventud Rebelde. Alina Perera Robbio “Hemos adquirido las mejores locomotoras del mundo”, domingo 15 de enero de 2006
4 Granma. Lourdes Pérez Navarro “Dejar limpia de malezas la faja de la vía férrea”,  lunes 20 de mayo de 2010
5 Granma. Pastor Batista Valdés “El ferrocarril está pidiendo su lugar”, jueves 19 de agoto de 2010
6 Granma, Lourdes Pérez Navarro “Inversiones que mueven trenes”,  viernes 28 de mayo de 2010
7 Lourdes Pérez Navarro. ”Abriendo paso por la Línea Central.  Granma, viernes 11 de febrero de 2011
8 Lourdes Pérez Navarro.  “Los accidentes siguen golpeando al ferrocarril”. Granma,  jueves 17 de febrero de 2011
9 Maylin Guerrero Ocaña. “Andando la recuperación ferroviaria”. Granma, jueves 17 de mayo de 2012
10 Lourdes Rey Veitía. “Sin acople no avanza el ferrocarril”. Trabajadores, lunes 5 de marzo de 2012

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1436252208_15553.html

La Comisión Organizadora de la Letra del Año “Miguel Febles Padrón” y el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá, de la  Asociación Cultural Yoruba decidieron unirse para en lo adelante sacar una sola letra del año para Cuba. Así se dio a conocer en conferencia de prensa efectuada en La Habana el pasado sábado 4 de julio.

En las últimas dos décadas estas asociaciones realizaron sus predicciones de forma independiente y con marcadas diferencias, al punto que  popularmente se les conoció como la “Oficial” y la de “Verdad”; una divulgada por los medios oficiales y la otra boca a boca.

La consulta a Orula –introducidas en Cuba por los esclavos lucumiés y conservadas por sus descendientes– se realiza la última noche de cada año. El proceso se inicia con diferentes ritos encaminados al fortalecimiento de las fuerzas naturales protectoras y a propiciar su acción benéfica. Mediante los sistemas adivinatorios se consulta a las deidades para conocer cuáles deben ser las ofrendas y sacrificios dedicados a los antepasados y a los poderes que se invocan y un sacerdote designado manipula las 16 semillas sagradas para extraer el signo regente (Letra del Año) de entre 256 signos posibles. Luego se realiza la interpretación con la ayuda de miles de patakies (historias).

En la conferencia de prensa Lázaro Cuesta, de la Comisión Organizadora de la letra del Año, explicó que Miguel Febles Padrón Awo Odika” (1911-1986), fue una figura prominente y el principal impulsor de la unión de las diversas Casas Templo que realizaban sus predicciones de forma independiente para unir sus labores en la Comisión Organizadora de la Letra del Año desde 1986. Por respeto a Miguel “vamos a la unificación”. Aclaró que unirse no es plegarse, no es claudicar sino buscar una mayor precisión, firmeza, seguridad y confiabilidad en las predicciones, pues la diferencia que hasta ahora hemos tenido está en el procedimiento, pero Ifá es uno solo y la profecía una sola.

Por la importancia del hecho el domingo 5 de julio entrevisté a Víctor Betancourt Estrada. Awo Òrúnmìlá Omolófaoró, líder de la Casa Templo Ifá Iranlowo el domingo 5 de julio en Los Sitios, del municipio habanero Centro Habana, quien amablemente respondió las siguientes cinco preguntas:.

- Dimas. ¿La diferencia en las predicciones depende del o de los sacerdotes que las  realicen?

- Víctor. Los sacerdotes de Ifá, como analistas espirituales tienen que tener capacidad para congeniar con diferentes opiniones. Dentro del recurso estilístico, aplicado en el sistema de adivinación de Ifá, cada problema existencial que se presenta tiene generalmente tres Odù Ifá que los identifica o un número múltiplo de tres. El primero clasifica el ángulo desde donde se ve el problema; el segundo la distancia que nos separa del problema y el tercero clasifica al personaje dentro del problema. Òrúnmìlá puede establecer el mismo mensaje con diferentes Odù en dependencia de la comprensión y el entendimiento del grupo que las interpreta. Así se desarrolla el estilo analítico dentro de un concilio de sacerdotes. Lo que sí es una realidad indiscutible, es que cuando se analiza cada una de las consultas por expertos en la adivinación, se ve claramente que Òrúnmìlá identifica el mismo problema desde diferentes ópticas, por lo que puede establecer el mismo mensaje con diferentes Odù en dependencia de la comprensión y el entendimiento del grupo que las interpreta. Ifá es polisémico.

- Dimas. Hace doce años, en  un artículo publicado en la Revista de la Universidad de La Habana, usted trató el tema de las diferentes Letras del Año y abordó la cuestión de la unidad. De igual forma, en las conferencias de prensa anuales para presentar las predicciones de Ifá, usted y Lázaro Cuesta plantearon la disposición a la unidad. ¿Por qué es ahora que se produce?

Víctor- En nuestra religión Òrúnmìlá nos guía y propone lo que debemos hacer. Desde hace varios años en la Comisión Organizadora se venía repitiendo la Letra Baba Eyiogbe, llamando a la unidad. En este año 2015 se sacó nuevamente ese signo y el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá sacó la Letra Oturasa. Resulta que hay una historia que narra que Baba Eyiogbe y Oturasa se unieron. Por esa coincidencia el presidente de la Asociación Cultural Yoruba llamó a Lázaro para hacerle la proposición de unidad. Inmediatamente Lázaro se reunió con todos nosotros para recoger los criterios y definir lo que íbamos a hacer. Seguidamente las dos asociaciones sostuvimos una reunión conjunta el pasado 20 de junio, en la que discutimos y acordamos unificar las predicciones. Nos unificamos porque así lo propone Ifá, porque la dualidad generaba falta de credibilidad, pues la gente, que generalmente desconoce las interioridades de nuestra religión,  se preguntaba el porqué hay dos Letras.

- Dimas. Si la Letra de la Comisión Organizadora existía antes que la de la Asociación Yoruba, cuál fue la razón que condujo a sacara otra Letra.

- Víctor. Aquí nunca hubo una sola letra. En aquella época había muchas casas religiosas y cada una sacaba su Letra del Año. La letra de la Casa del Bebo, la de la Casa de Miguel, la de la Casa de Marquetti. Cada casa sacaba una Letra para su familia religiosa. Entonces no había mucha contradicción por el concepto que se tenía de que cada Letra era de una Casa y cada Casa se orientaba por su signo propio. Esas diferentes Casas se unieron en la Comisión Organizadora de la Letra del Año hace casi tres décadas. Somos resultado de la unidad en la diferencia.

- Dimas. Desde ese punto de vista ¿Se puede interpretar la unidad reciente como un paso más de un proceso que comenzó con múltiples Letras de las diferentes familias religiosas?

- Víctor. Sí, se trata de un proceso, del mismo proceso. Ahora todos, aunque conservamos nuestras diferencias, nos consideramos una sola Casa respecto a la Letra del Año. Aunque para mí no es un problema que haya diferentes Letras, porque sé que Ifá dice lo mismo con diferentes palabras, pero el mensaje es el mismo. Son visiones del mismo problema desde diferentes ángulos; pero al unirnos la Letra asume una connotación mayor. Por eso no estoy a favor de la proliferación. Mi posición favorece la existencia de una sola Letra, pues conlleva a un análisis único y a una mayor profundidad en los vaticinios.

- Dimas  ¿Cuáles eran las diferencias que  impedían llegar a la unificación?

- Víctor. Estuvimos un tanto separados por algunas diferencias. Por ejemplo, en el caso nuestro, de la Comisión Organizadora, el que realiza la manipulación es el babalawo más joven, es decir, el iniciado más reciente. Es así porque hay mayor pureza en la manipulación. En el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá esa función la realiza el más viejo. En esa diferencia acerca de quién debía manipular las semillas sagradas nunca nos pusimos de acuerdo. Esa era la diferencia fundamental. Finalmente en la discusión de ahora se aceptó que la manipulación fuera como la hacía la Comisión Organizadora

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1435874978_15488.html

Los mandatarios de Cuba y Estados Unidos acaban de anunciar el primer y más importante resultado del proceso de normalización de las relaciones entre los dos países: la reapertura de sus embajadas en Washington y La Habana.

Los 196 días transcurridos entre el 17 de diciembre de 2014 y el 1 de julio de 2015 es cien veces menor al que transcurrió desde aquel 3 de enero de 1961, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower decidió romper las relaciones diplomáticas con el gobierno de Cuba. Por su significación ese breve tiempo quedará grabado en la historia de las dos naciones, pero especialmente en la de Cuba, al crearse un escenario favorable para los cambios que la mayor de las Antillas necesita con urgencia.
.
El paso del tiempo dirá cuánto durará recuperar lo que se destruyó en más de medios siglo. En ese sentido la apertura de las embajadas es sólo el primer paso de un largo y complejo camino, pues la magnitud del daño antropológico sufrido llevará mucho tiempo, esfuerzo y voluntad para su recuperación. Pero, sin dudas, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas tendrá un impacto inevitable a mediano-largo plazo en las libertades fundamentales y la reconformación del ciudadano, que constituyen las dos mayores carencias del pueblo cubano.

Enero de 1959 irrumpió en la historia de Cuba pletórico de esperanzas, pero el giro hacia el totalitarismo, sufrido por el proceso revolucionario en materia de libertades ciudadanas retrotrajo a Cuba a una época tan alejada como 18781. Ese retroceso, que constituye la causa primera del estado deplorable de la sociedad cubana, desde la economía hasta la vida espiritual, es un ejemplo paradigmático de lo que nunca debió ser, cuyo lado positivo está en que nos indica lo que no debe y no puede repetirse en nuestra historia.

Por eso más útil que señalar culpables –aunque los hay–, en la visión de presente y futuro es destacar la cuota de responsabilidad de todos o de casi todos los cubanos. De igual forma que el desconocimiento de las leyes no exime de responsabilidad al violador; todos los que de una u otra forma, por causas que van desde la ignorancia hasta la perversidad que encierran algunos egos, en mayor o menor medida, somos corresponsales de lo ocurrido. Quiero pues, en escasas líneas, destacar uno de nuestros males ancestrales, la responsabilidad personal devenida indiferencia social.

A la pregunta acerca del significado del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, las respuestas conforman un espectro que abarca desde los que consideran que se resolvió el problema hasta los que opinan que aquí nada va a cambiar; pero lo más generalizado en las respuestas es la ausencia del papel del cubano como ente activo en ese proceso, un dato importantísimo que no puede ignorarse si se quiere entender y transformar nuestra realidad.

Los cubanos, despojado de las libertades y los espacios que conforman el oxígeno del ciudadano, perdieron la noción de responsabilidad cívica. Su participación durante más de medio siglo quedó reducida a apoyar o rechazar lo inducido por el poder. Los que hoy cuentan con 70 años de edad tenían sólo 14 en aquel 1959 lo único que han conocido hasta hoy ha sido la subordinación a un poder totalitario. Por tanto resulta lógica la indiferencia generalizada ante los actuales sucesos.

En el evangelio de Marcos (1.14-15), se narra una de las experiencias cristianas que hoy tiene tanta validez como la tuvo hace dos mil años. Según Marcos cuando Jesús regresó a Galilea empezó a anunciar las buenas noticias de Dios, decía: Ya ha llegado el momento, el reino de Dios está cerca. Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en las buenas noticias.

Desde esa óptica, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos puede ser un factor importante para la recuperación de las libertades perdidas y de la condición de ciudadano. Pero ese factor resultará nulo sin el cambio en la manera de pensar y de vivir de los cubanos. Parafraseando a Jesús ya ha llegado el momento, el cual tiene que ser acompañado, como él lo hizo, con acciones dirigidas, en primer lugar, al cambio de conducta, que incluye asumir una responsabilidad en el cambio.

Por tanto, la trascendencia histórica del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos depende de la medida en que seamos capaces de cambiar para recuperar la condición de ciudadano, que a su vez, es una necesidad insoslayable para salir del estancamiento en que vivimos.

Los discursos del mandatario estadounidense, desde el 17 de diciembre hasta hoy, no exigen las libertades ciudadanas como condición para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Contienen una renuncia explícita a mantener una política fracasada y el reconocimiento de que si algo no funciona podemos cambiarlo y lo cambiaremos. Con ese giro, sin renunciar al compromiso con los derechos humanos, se despoja al gobierno cubano de los argumentos de “plaza sitiada” y de  “enemigo”, que le permitió anular toda manifestación contraria dentro de Cuba. Ahora, en el nuevo escenario, los cambios que realmente Cuba necesita, dependen del cambio de conducta, similar a la contenida en las palabras de Jesús en Galilea.

Si el paquete de medidas anunciadas por la Casa Blanca abre un proceso de transformaciones favorables al renacimiento y fortalecimiento de la sociedad civil, el resultado depende de la disposición, capacidad e inteligencia de los cubanos para aprovechar un escenario que a mediano-largo plazo removerá las bases que permitieron al Gobierno decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes.

Lo anterior le brinda a la reanudación de relaciones diplomáticas –aunque sea sólo el primer paso de un largo y difícil camino– una dimensión que la ubica como el hecho de mayor trascendencia política en Cuba después del primero de enero de 1959.

Sin desconocer los grandes obstáculos a superar, el restablecimiento aleja una salida que amenazaba con la violencia y con una emigración masiva hacia los Estados Unidos, a la vez que removerá las bases que permitieron al modelo totalitario decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por eso la decisión es útil a los intereses estadounidenses; útil al gobierno de la Isla y útil al pueblo cubano, siempre y cuando seamos capaces de cambiar y saber aprovechar ese escenario favorable para el empoderamiento.

Por tanto, el éxito de las medidas anunciadas por la Casa Blanca y de la reanudación de las relaciones diplomáticas, no dependen tanto de la voluntad del régimen como del pueblo cubano; algo que no puede suplir Obama ni ninguna fuerza externa: Cuba cambiará en la medida que los cubanos cambiemos.

1 Con la firma del Pacto del Zanjón, con el que finalizó la Guerra de los Diez Años, se instituyeron un conjunto de libertades cívicas y políticas que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana, refrendada legalmente.

Los mandatarios de Cuba y Estados Unidos acaban de anunciar el primer y más importante resultado del proceso de normalización de las relaciones entre los dos países: la reapertura de sus embajadas en Washington y La Habana.

Los 196 días transcurridos entre el 17 de diciembre de 2014 y el 1 de julio de 2015 es cien veces menor al que transcurrió desde aquel 3 de enero de 1961, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower decidió romper las relaciones diplomáticas con el gobierno de Cuba. Por su significación ese breve tiempo quedará grabado en la historia de las dos naciones, pero especialmente en la de Cuba, al crearse un escenario favorable para los cambios que la mayor de las Antillas necesita con urgencia.
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El paso del tiempo dirá cuánto durará recuperar lo que se destruyó en más de medios siglo. En ese sentido la apertura de las embajadas es sólo el primer paso de un largo y complejo camino, pues la magnitud del daño antropológico sufrido llevará mucho tiempo, esfuerzo y voluntad para su recuperación. Pero, sin dudas, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas tendrá un impacto inevitable a mediano-largo plazo en las libertades fundamentales y la reconformación del ciudadano, que constituyen las dos mayores carencias del pueblo cubano.

Enero de 1959 irrumpió en la historia de Cuba pletórico de esperanzas, pero el giro hacia el totalitarismo, sufrido por el proceso revolucionario en materia de libertades ciudadanas retrotrajo a Cuba a una época tan alejada como 18781. Ese retroceso, que constituye la causa primera del estado deplorable de la sociedad cubana, desde la economía hasta la vida espiritual, es un ejemplo paradigmático de lo que nunca debió ser, cuyo lado positivo está en que nos indica lo que no debe y no puede repetirse en nuestra historia.

Por eso más útil que señalar culpables –aunque los hay–, en la visión de presente y futuro es destacar la cuota de responsabilidad de todos o de casi todos los cubanos. De igual forma que el desconocimiento de las leyes no exime de responsabilidad al violador; todos los que de una u otra forma, por causas que van desde la ignorancia hasta la perversidad que encierran algunos egos, en mayor o menor medida, somos corresponsales de lo ocurrido. Quiero pues, en escasas líneas, destacar uno de nuestros males ancestrales, la responsabilidad personal devenida indiferencia social.

A la pregunta acerca del significado del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, las respuestas conforman un espectro que abarca desde los que consideran que se resolvió el problema hasta los que opinan que aquí nada va a cambiar; pero lo más generalizado en las respuestas es la ausencia del papel del cubano como ente activo en ese proceso, un dato importantísimo que no puede ignorarse si se quiere entender y transformar nuestra realidad.

Los cubanos, despojado de las libertades y los espacios que conforman el oxígeno del ciudadano, perdieron la noción de responsabilidad cívica. Su participación durante más de medio siglo quedó reducida a apoyar o rechazar lo inducido por el poder. Los que hoy cuentan con 70 años de edad tenían sólo 14 en aquel 1959 lo único que han conocido hasta hoy ha sido la subordinación a un poder totalitario. Por tanto resulta lógica la indiferencia generalizada ante los actuales sucesos.

En el evangelio de Marcos (1.14-15), se narra una de las experiencias cristianas que hoy tiene tanta validez como la tuvo hace dos mil años. Según Marcos cuando Jesús regresó a Galilea empezó a anunciar las buenas noticias de Dios, decía: Ya ha llegado el momento, el reino de Dios está cerca. Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en las buenas noticias.

Desde esa óptica, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos puede ser un factor importante para la recuperación de las libertades perdidas y de la condición de ciudadano. Pero ese factor resultará nulo sin el cambio en la manera de pensar y de vivir de los cubanos. Parafraseando a Jesús ya ha llegado el momento, el cual tiene que ser acompañado, como él lo hizo, con acciones dirigidas, en primer lugar, al cambio de conducta, que incluye asumir una responsabilidad en el cambio.

Por tanto, la trascendencia histórica del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos depende de la medida en que seamos capaces de cambiar para recuperar la condición de ciudadano, que a su vez, es una necesidad insoslayable para salir del estancamiento en que vivimos.

Los discursos del mandatario estadounidense, desde el 17 de diciembre hasta hoy, no exigen las libertades ciudadanas como condición para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Contienen una renuncia explícita a mantener una política fracasada y el reconocimiento de que si algo no funciona podemos cambiarlo y lo cambiaremos. Con ese giro, sin renunciar al compromiso con los derechos humanos, se despoja al gobierno cubano de los argumentos de “plaza sitiada” y de  “enemigo”, que le permitió anular toda manifestación contraria dentro de Cuba. Ahora, en el nuevo escenario, los cambios que realmente Cuba necesita, dependen del cambio de conducta, similar a la contenida en las palabras de Jesús en Galilea.

Si el paquete de medidas anunciadas por la Casa Blanca abre un proceso de transformaciones favorables al renacimiento y fortalecimiento de la sociedad civil, el resultado depende de la disposición, capacidad e inteligencia de los cubanos para aprovechar un escenario que a mediano-largo plazo removerá las bases que permitieron al Gobierno decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes.

Lo anterior le brinda a la reanudación de relaciones diplomáticas –aunque sea sólo el primer paso de un largo y difícil camino– una dimensión que la ubica como el hecho de mayor trascendencia política en Cuba después del primero de enero de 1959.

Sin desconocer los grandes obstáculos a superar, el restablecimiento aleja una salida que amenazaba con la violencia y con una emigración masiva hacia los Estados Unidos, a la vez que removerá las bases que permitieron al modelo totalitario decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por eso la decisión es útil a los intereses estadounidenses; útil al gobierno de la Isla y útil al pueblo cubano, siempre y cuando seamos capaces de cambiar y saber aprovechar ese escenario favorable para el empoderamiento.

Por tanto, el éxito de las medidas anunciadas por la Casa Blanca y de la reanudación de las relaciones diplomáticas, no dependen tanto de la voluntad del régimen como del pueblo cubano; algo que no puede suplir Obama ni ninguna fuerza externa: Cuba cambiará en la medida que los cubanos cambiemos.

1 Con la firma del Pacto del Zanjón, con el que finalizó la Guerra de los Diez Años, se instituyeron un conjunto de libertades cívicas y políticas que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana, refrendada legalmente.