Hemeroteca de marzo 2015

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1427276832_13593.html

La Sociedad de la Información (SI) es efecto de un proceso de convergencia entre los avances tecnológicos, la democratización de la información y las comunicaciones, que irrumpió alrededor de los ochenta del pasado siglo, con tal fuerza que condujo a las Naciones Unidas a convocar una cumbre mundial de la información, celebrada en la ciudad suiza de Ginebra, en el año 2003. En ella se adoptó una Declaración de Principios y un Plan de Acción, cuyos principales beneficiario son las personas, con formación para el uso inteligente y creativo de las modernas tecnologías, sin lo cual será imposible el progreso social y cultural.

Una de las exigencias de las novedosas tecnologías de la información por su carácter transformador, es la necesaria inmediatez en su introducción. Una peculiaridad que distinguió a Cuba desde la época colonial. La máquina de vapor, patentada 1769 fue introducida en la producción azucarera cubana casi inmediatamente. El ferrocarril, inaugurado en 1825, enlazó las localidades de La Habana y Bejucal en 1837. El telégrafo, que envió el primer mensaje a distancia en 1844, inició su primera línea en Cuba nueve años después. El teléfono, que estrenó su primer servicio en 1877, llegó a Cuba en 1881. El alumbrado eléctrico, que en 1879 era disfrutado solo por algunas ciudades importantes del mundo, en 1889 se utilizaba en La Habana, Cárdenas y Puerto Príncipe y en teatros como Payret y Tacón. El cine, patentado en 1895 fue exhibido en La Habana en 1897. La radio estrenada en 1920 fue inaugurada en 1922 en Cuba. La televisión, casi paralela con Estados unidos, inauguró la primera emisora cubana en 1950. Mientras que Internet, comenzó oficialmente en Cuba en 1996, separado por más de diez años de su explotación en otras latitudes.

El pasado mes de febrero, el primer vicepresidente del Consejo de Estado, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la clausura del primer Taller Nacional de Informatización y Ciberseguridad, planteó algunas cuestiones acerca de la SI que exigen ser comentadas, debatidas y consensuadas.

1- El acceso a  Internet supone al mismo tiempo desafíos y oportunidades y  constituye una acción necesaria para el desarrollo de la sociedad en las condiciones contemporáneas.

Si la Sociedad de la Información se distingue por el uso generalizado y eficiente de las modernas tecnologías en la época de la globalización, cuando la información ha devenido materia prima de toda actividad y de cada persona, nadie podría negar que la misma,  además de necesaria, contenga desafíos y oportunidades que hay que afrontar. Con esta tesis no puede haber discrepancias.

2- La estrategia a su acceso debe convertirse en un arma fundamental de los revolucionarios para lograr la participación social en la construcción del proyecto de sociedad que queremos, desde un diseño integral del país. Y agregó que la estrategia de uso de esta herramienta… tiene que ser liderada por el Partido y debe involucrar a todas las instituciones y a la sociedad para lograr el más pleno uso de sus potencialidades en función del desarrollo nacional.

Si partimos de que es una necesidad de todos, la estrategia de acceso a Internet no puede convertirse en un arma fundamental de los revolucionarios, sino de todos, pues los revolucionarios son solo una parte. Y el proyecto de sociedad que queremos –si ese queremos incluye a todos– tiene que ser consensuado con todos. Entonces esa estrategia inclusiva no debe ni puede ser liderada por un partido, que como lo indica su acepción, representa una parte, mientras el desarrollo compete a todos, no sólo a los revolucionarios y a los miembros de un partido. Este planteamiento se contradice con otra parte del discurso donde Díaz-Canel dijo, que necesitamos  distinguirnos por una informatización con todos y para el bien de todos.

3- Las regulaciones y normas que rigen el acceso a Internet y su uso, deben ser coherentes con la legislación vigente y alinearse con los principios generales de la Constitución y demás leyes y ajustarse a las cambiantes necesidades del desarrollo social.

Es decir, además de liderada por el Partido y ser arma fundamental de los revolucionarios,  su uso debe ser coherente con la legislación vigente y alinearse con los principios generales de la Constitución y demás leyes. Aquí la contradicción es tan flagrante que resulta inadmisible. Un fenómeno tan moderno y cambiante como la Sociedad de la Información no puede subordinarse a una Constitución que reclama con urgencia una profunda reforma, a menos que el propósito sea que la informatización corra la misma suerte del resto de los proyectos estancados en el país. El planteamiento debe ser en dirección opuesta: los cambios que implica la sociedad de la información nos obliga a reformar una constitución que hace rato no responde a las necesidades del desarrollo, sobre todo lo relativo a derechos y libertades ciudadanas, que constituyen una necesidad insoslayable de la Sociedad de la Información, que en la Constitución vigente están subordinadas a una ideología y a un partido.

Lo anterior es demostrativo de que la Sociedad de la Información implica, ineludiblemente, el respeto y defensa plena de los derechos humanos, el  reconocimiento de su universalidad, indivisibilidad e interrelación, y el acceso democrático a la infraestructura y los servicios de las tecnologías informativas.

El discurso de Díaz-Canel fue pronunciado  dos décadas después del inicio oficial de Internet y después que, el presidente Barack Obama, entre las medidas dirigidas a empoderar al pueblo cubano planteara que, Cuba tiene una de las tasas más bajas de acceso a internet en el mundo, que el costo de las telecomunicaciones es exorbitantemente alto y que los servicios que se ofrecen son extremadamente limitados, incrementar el  acceso de Cuba a las comunicaciones y su capacidad para comunicarse de manera libre, autorizara la exportación comercial de artículos dirigidos a mejorar la capacidad de los cubanos para comunicarse, incluyendo la venta de dispositivos de comunicaciones y artículos para establecer y actualizar los sistemas relacionados con las mismas.

La demora en su introducción ha estado acompañada  de restricciones para que la información obtenida del ciberespacio se correspondiera con la ética revolucionaria y no afectase a la seguridad del país. En 1996 se emitió el Decreto 2091, cuyo articulado define que la política será trazada priorizando en la conexión las personas jurídicas y las instituciones de mayor relevancia para la vida y el desarrollo del país; que para garantizar el cumplimiento de los principios expuestos en el presente Decreto, el acceso a los servicios de redes informáticas de alcance global tendrá carácter selectivo; y que el acceso directo desde la República de Cuba a la información en redes informáticas de alcance global tendrá que estar autorizado por la Comisión Interministerial que se crea por el Presente Decreto. Luego, en el año 2003, la Resolución No. 1802 resolvió: Disponer que la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba  emplee todos los medios técnicos necesarios que permitan detectar e impedir el acceso al servicio de navegación por Internet, desde líneas telefónicas que operan en moneda nacional no convertible a partir del 1ro de enero del 2004.

La creación de la Sociedad de la Información es incompatible con la prioridad de los revolucionarios, con la subordinación a las ideologías y con una Constitución que refrenda esas restricciones. La contradicción está planteada. Se asumen las exigencias de la modernidad o se corre el riesgo de continuar ensanchando la brecha informativa del país y de los cubanos respecto al mundo.

El uso pleno de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información para fomentar una información libre y autónoma, rica y diversificada, plural y temática, interactiva y personalizada, es una necesidad. Especialmente en la época en que la diferencia entre niveles de desarrollo se mide por la cantidad de conexiones a Internet. Sencillamente, la informatización a la vieja usanza tiene que ser desterrada.

1 Decreto No, 209 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros Sobre el Acceso desde La República de Cuba a Redes Informáticas de Alcance Global de 14 de junio de 1996.
2 Resolución No. 180/2003 de fecha 31 de diciembre de 2003, del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/deportes/1425627113_13248.html

El domingo 1 de marzo de 2014, a los 91 años de edad, el cubano Saturnino Orestes Armas Miñoso, una de las glorias del béisbol de todos los tiempos, radicado en Estados Unidos desde la década del 60, expiró su último aliento sin volver a ver la tierra en que nació.

Su trayectoria

En Cuba, después de darse a conocer en el circuito semiprofesional con el equipo del Central España, Miñoso jugó de 1946 a 1960 con los Tigres de Marianao (única novena cubana con arraigo regional debido a que el ayuntamiento la proclamó representante del municipio). En esas 14 temporadas, Miñoso fue elegido Novato del Año en la primera y Jugador Más Valioso en otras dos. De cinco pies diez pulgadas de estatura, 175 libras de peso y poseedor de un potente brazo, jugando el jardín izquierdo y la tercera almohadilla se destacó como bateador, tocador y robador de bases.

En Estados Unidos jugó con los New York Cubans en 1947, equipo que ganó la Serie Mundial de las Ligas Negras. En 1949 debutó en las Ligas Mayores con los Indios de Cleveland —que habían roto la barrera racial en la Liga Americana—, donde fue elegido Novato del Año. Luego estuvo con los Medias Blancas de  Chicago, donde jugó 12 de 17 campañas. En este equipo, al debutar, en su primer turno al bate, saludó a las graderías con un batazo de cuatro esquinas. También jugó con los Cardenales de San Luis y con los Senadores de Washington.

Si en Cuba Miñoso bateó para 280 de promedio, en las Mayores lo hizo para 298. Con los Medias Blancas conectó 135 jonrones y empujó 808 carreras. Estableció el récord de jugar durante cinco décadas. En múltiples temporadas fue líder en hits, dobles, triples, elevados de sacrificio y bases robadas, y fue golpeado por lanzamientos en 192 ocasiones.

Si el norteamericano Jackie Robinson fue el primero en romper la barrera racial, el primer negro cubano y latinoamericano en jugar en Grandes Ligas fue Orestes Miñoso, además de ser el primero en integrar un Todos Estrellas. Participó en siete Juego de las Estrellas y ganó tres Guantes de Oro.

Aunque se le conoció como “El Cometa” o “El Charro”, su apodo predominante fue “Minnie”, el único pelotero cubano al que se le compuso una canción: Cuando Miñoso batea de verdad la bola baila el chachachá….

Por su labor fue exaltado al Salón de la Fama del béisbol cubano de Miami; al Salón de la Fama del Caribe, con sede en República Dominicana; al Salón de la Fama de México y, recientemente, en diciembre de 2014, al rescatado Salón de la Fama del béisbol cubano, que había sido clausurado en 1960 por el Gobierno Revolucionario. Sin embargo, falleció sin ver realizado el sueño de integrar el Salón de la Fama de Cooperstown, en Estados Unidos.

El racismo

El béisbol, aunque nos llegó de Estados Unidos, donde existía un fuerte racismo, en Cuba encontró un escenario diferente. A pesar de que las manifestaciones racistas no habían desaparecido, las guerras de independencia del siglo XIX les propinaron un golpe tan fuerte, que imposibilitaba la separación de negros y blancos en la pelota, como igualmente era imposible separarlos en el disfrute del baile y la música, tres componentes de la identidad nacional que trascienden el color de la piel y la posición económica.

Ese hecho explica, con excepción del circuito amateur, la alta presencia de cubanos negros y mulatos de origen humilde que jugaban junto a los cubanos blancos en  el resto de los circuitos beisboleros del país. En ese sentido, la pelota desempeñó un papel similar al de las guerras de independencia. A su vez, por razones económicas, los jugadores de tez oscura fueron de índole más profesional que los blancos, pues no podían darse el lujo de jugar pelota amateur como entretenimiento.

A partir de la toma del poder por parte de Fidel Castro, la impedimenta de competir libremente debido a la abolición del profesionalismo, la implantación de fuertes restricciones a la emigración y el no poder jugar en los circuitos profesionales, dio lugar a la diáspora de peloteros cubanos, antes y después de promulgarse la Ley de Ajuste. En el caso del legendario Miñoso hay que agregar que —al igual que le ocurrió a otros como Humberto Fernández, que perdió sus propiedades— parte de su fortuna, obtenida en las Grandes Ligas, la invirtió en una casa de apartamentos que le fue confiscada por el Estado revolucionario.

Una de las causas de la subordinación del deporte a la política fue la participación de  militares en la dirección de los organismos deportivos. Esta tendencia mundial, al asociar a los deportistas con los Estados, supuso que los equipos nacionales representaban a sus países del mismo modo que los ejércitos en las guerras.

Cuba, que tenía excelentes resultados en el béisbol, se vio arrastrada por esa corriente. En 1936, cuando se creó el puesto de Comisionado de Pelota Profesional, recayó en el coronel Ignacio Galíndez; y en 1938, cuando se fundó la Dirección General de Deportes (DGND), quedó bajo la dirección del coronel Jaime Mariné. Así, el deporte cubano, a partir de 1960, heredó esa subordinación, en la que el Jefe de la Revolución cubana fue su máximo exponente, al extremo que su papel determinó el destino del deporte en el país. Esa perjudicial política —razón por la cual una figura de la talla de Orestes Miñoso no pudo regresar a su país— tiene que cambiar radicalmente.

Gracias a la iniciativa de un grupo de entusiastas de la pelota cubana, encabezados por el cineasta Ian Padrón, se logró recientemente rescatar el Salón de la Fama del Béisbol cubano y elegir de forma democrática a dos legendarias figuras que residían en Estados Unidos: Orestes Miñoso y Camilo Pascual.

El Minnie no fue invitado oficialmente a la exaltación que tuvo lugar en el estadio Mártires de Barbados el pasado mes de diciembre. Su ausencia privó a la mayor parte de la afición cubana, incluso a los habitantes de su Perico natal, de conocerlo y brindarle un merecido homenaje. Su desaparición física nos ha dejado con ese mal sabor.

La enseñanza de lo ocurrido obliga a las autoridades a invitar a esa otra gloria, Camilo Pascual, quien ya sobrepasó los 81 años de edad y está dispuesto a pisar nuevamente su tierra. Pascual, como pitcher, se destacó en Cuba con los equipos de Marianao y Cienfuegos, y en Estados Unidos con los Senadores de Washington, los Indios de Cleveland, los Mellizos de Minnesota, los Rojos de Cincinnati y los Dodgers de los Ángeles.

Volviendo al Minnie, a quien le correspondía un homenaje no menor al recibido por Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, en el momento de su muerte, la prensa cubana, sobre todo la televisiva, casi lo obvió. Se pasó por alto el acontecimiento de su muerte, para escarnio de nuestro deporte, la cultura y la nación cubana.

En contraste, el presidente norteamericano, Barack Obama, en un discurso pronunciado el mismo domingo en que falleció Miñoso, lo recordó como un ídolo, como hijo ilustre de Chicago. Ojalá este hecho, representativo de lo que no debe ser, sirva para que nunca más ocurra. Ahora nos corresponde pedir perdón a Miñoso.