Hemeroteca de enero 2015

Omado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1421874410_12452.html

En un artículo publicado en el diario Juventud Rebelde el pasado sábado, la periodista Juana Carrazco plantea que la suspensión del bloqueo no es prerrogativa presidencial, sino del Congreso estadounidense y que aún no hay señales en ese órgano que indiquen la intención de suprimirlo. Más adelante cita las palabras de Raúl Castro —pronunciadas ante dos senadores norteamericanos en 1977— donde expresó: “Nuestras organizaciones son como un puente en tiempo de guerra. No es un puente que se puede construir fácilmente, ni tan rápidamente como fue destruido. Toma tiempo, y si ambos reconstruimos ambas partes del puente, cada cual su propia parte del puente, podremos, darnos la mano, sin ganadores ni perdedores”. Y concluye con la siguiente pregunta: “¿Está dispuesto Estados Unidos a llegar a unir las dos partes de este puente, quitando el muro que significa el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba?”

El artículo da por sentado que el diferendo es responsabilidad única de Estados Unidos, desconociendo incluso el mensaje citado por ella misma, donde el actual mandatario cubano reconoce el carácter bilateral del conflicto. Carrazco parece desconocer que las confrontaciones ocurren cuando la política se sustituye por la fuerza y que cuando las partes involucradas fracasan por esa vía se ven obligadas a negociar, es decir, a regresar a la política. Por tanto, al optarse por la negociación, se elige un camino que implica el reconocimiento del fracaso y la disposición a ceder. Por esas razones, al dirigir su pregunta a una sola de las partes, su artículo pierde objetividad y sentido.

Como consecuencia del conflicto surgido a raíz de la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba y de las diferencias políticas entre ambos gobiernos, Estados Unidos decidió romper las relaciones diplomáticas en 1961. Seguidamente apadrinó el desembarco por Bahía de Cochinos, recrudeció el embargo comercial, ordenó el bloqueo naval de la Isla, apoyó los alzamientos contra el Gobierno cubano, dictó las leyes Torricelli y Helms-Burton, hizo público un plan para “acelerar la transición hacia la democracia en Cuba” y anunció la creación de un Fondo para la Libertad. Todo eso es cierto.

También es cierto que el Gobierno de Cuba barrió con la sociedad civil, concentró todos los medios de producción en manos del Estado, proclamó el carácter socialista de la revolución, instaló los misiles nucleares soviéticos en la Isla, promovió las guerrillas en casi toda la región, envió fuerzas militares a combatir a diferentes lugares de África, apoyó el golpe de Estado de Maurice Bishop en Granada y gastó incalculables recursos en propaganda política, actos, movilizaciones y marchas contra Estados Unidos.

Resultado de esas medidas, el Estado cubano asumió un control absoluto sobre la política, la economía y la cultura, a la vez que generó el desinterés de los cubanos por la gestión social en general y por la economía en particular, lo que condujo a la inviabilidad del modelo implantado y a la crisis en que se encuentra el país. En ese estado de indefensión, la política norteamericana hacia Cuba, en lugar de contribuir al fortalecimiento de nuestros espacios, los enrareció; en vez de protegernos frente a la arbitrariedad del Estado, colaboró con ella; en vez de promover climas de confianza para el avance de los derechos humanos, los hizo retroceder.

El escenario resultante de la confrontación comenzó a ceder. Por la parte cubana, a partir del cambio de poder efectuado en julio de 2006, cuando se reconocieron los fracasos en  la agricultura, se inició tardíamente la implementación de reformas tímidas y limitadas,  se reiteró la disposición de normalizar las relaciones con Estados Unidos. Por la parte norteamericana el giro tuvo su punto de partida con las medidas implementadas en marzo de 2009, que permitieron a los cubanoamericanos, con un parentesco de hasta tres generaciones, viajar anualmente a la Isla, gastar hasta 179 dólares diarios y solicitar un permiso adicional, por emergencia familiar; además de autorizarse la venta de alimentos y medicinas al Gobierno de Cuba sin pagos por adelantado.

Esos pasos, de una y otra parte, condujeron a las conversaciones secretas desarrolladas desde el año 2013 y a las declaraciones de ambos gobiernos el 17 de diciembre pasado, dando nacimiento a un nuevo escenario, cuyo primer paso son las negociaciones del 21 y 22 de enero.

Previo al inicio de las negociaciones, Estados Unidos realizó enmiendas en las normas de los Departamentos del Tesoro y del Comercio, y puso en vigor algunas de las medidas anunciadas el 17 de diciembre. Con ellas, poco a poco, desde las prerrogativas presidenciales, se va debilitando la Ley del embargo. A esos pasos se une el mensaje de Barack Obama sobre el Estado de la Nación —ante un congreso mayoritariamente republicano—, pronunciado el 20 de enero, donde planteó enfáticamente que el embargo debe ser eliminado en el presente año.

Esa disposición de Estados Unidos quita todo sentido a la pregunta de Juana Carrazco, acerca de si Estados Unidos está dispuesto a unir las dos partes del puente e indica que el artículo de Juventud Rebelde requiere ser complementado con la siguiente pregunta: ¿También Cuba está dispuesta o a unir las dos partes del puente?

La pelota está del lado cubano. El Gobierno debería implementar cambios dirigidos a facilitar el efecto de las medidas estadounidenses, para crear un escenario favorable a la derogación de la Ley del embargo. Las medidas en este sentido ayudarían a desbloquear las fuerzas que se oponen a su suspensión. A la vez fortalecerían al sector privado y facilitarían el surgimiento de una clase media. Sería necesario rebajar los aranceles para permitir a los del patio adquirir productos e implementos sin depender del monopolio del comercio estatal, facilitar el uso generalizado de las telecomunicaciones a precios accesibles. Medidas que constituyen una exigencia del desarrollo y de la modernidad. Le corresponde, pues, al Gobierno cubano mover las fichas en esa dirección, no solo para la normalización de las relaciones, sino para lo más importante: devolver a los cubanos los derechos y libertades secuestrados durante la confrontación, sin lo cual no habrá resultados positivos.

Con ese paso, junto a las relaciones con Estados Unidos, Cuba podría iniciar un proceso dirigido a mejorar la economía del país, con los cubanos reconvertidos en ciudadanos, una condición ineludible para sacar al país del empantanamiento en que se encuentra. En este sentido Cuba posee ventajas para implementar las medidas necesarias, pues la inexistencia de la división de poderes, le permite al Presidente implementar cambios sin correr el riesgo de que el parlamento unicameral cubano lo rechace, como podría ocurrir en Estados Unidos.

De espalda a la historia de los conflictos, Cuba y Estados Unidos trataron de imponer su política mediante la confrontación, para después del naufragio encallar en la mesa de  negociaciones. Optaron por la guerra como continuación de la política para regresar a la política en sustitución de la guerra: los presidentes de ambas naciones han anunciado la disposición de normalizar las relaciones que estuvieron suspendidas desde 1961.

La esperanzadora noticia ha generado una gama de criterios que varía desde los que consideran que se resolvió el problema hasta los que opinan que aquí nada va a cambiar. Unos consideran que los cambios ya están caminando y otros dudan de la intención del gobierno cubano o de los republicanos estadounidenses. Algunos, entre los que me encuentro, pensamos que la reanudación de relaciones será favorable para la democratización de Cuba que, aunque difícil y prolongada será posible; un optimismo fundamentado en seis argumentos.

Primero. El discurso del presidente estadounidense se aparta de la anterior exigencia de primero democratizar a Cuba para luego suspender el Embargo. En su lugar propone un paquete de medidas que coadyuvarían al empoderamiento ciudadano como antesala de una discusión en el Congreso para derogar la Ley. Con ese giro desaparece tanto el “enemigo” como la “plaza sitiada”. Por la parte cubana, la tesis del fidelismo, de que Cuba ya cambió en 1959 y por tanto no hay nada que cambiar, ha dado paso a la visión del raulismo, dispuesto a cambiar algunas cosas.

Segundo. El giro de Estados Unidos responde al fracaso de la política dirigida a promover cambios en Cuba y al autoaislamiento “regional e internacional” ocasionado por esa práctica. El de Cuba, presentado como una victoria, revela el fracaso en la gestión económica, los magros resultados de las reformas, el éxodo, la corrupción generalizada y el creciente descontento, en un momento en que la fragilidad de las subvenciones de Venezuela se han puesto a la orden del día y en que no se divisa un nuevo padrino.

Tercero. El paquete de medidas de la Casa Blanca plantea la ampliación de los permisos generales de viaje a Cuba, capacitación comercial a las empresas privadas cubanas y a los pequeños agricultores, aumento del monto de las remesas de donativos para cubanos y para proyectos humanitarios, la expansión de ventas y exportaciones comerciales de bienes y servicios desde los Estados Unidos incluyendo al sector privado cubano, el incremento del acceso de Cuba a las comunicaciones y la capacidad para comunicarse de manera libre, y la permisibilidad a los proveedores norteamericanos para proporcionar telecomunicaciones comerciales y servicios de internet con precios más bajos. Esas medidas favorecen al naciente sector privado, mejoran las condiciones en materia de derechos humano e influyen en la implementación de reformas democráticas y de medidas dirigidas a remontar la crisis actual. Constituyen, por tanto, una forma de promover la democracia, el resurgimiento de la sociedad civil y las libertades fundamentales.

Cuarto. La disposición expresada, de un lado, por el mandatario cubano desde que asumió la dirección del Estado en 2006 respecto a normalizar las relaciones con Estados Unidos y algunas medidas internas como la reforma de las medidas migratorias. De otro lado las medidas de flexibilización implementadas por el presidente norteamericano desde 2009, trillaron el camino que condujo a la decisión conjunta anunciada el pasado 17 de diciembre.

Quinto. Las medidas de la Casa Blanca apuntan a cambios ordenados y pacíficos. Esa política, constituye una garantía a los que detentan el poder, que son responsables de todo lo bueno y lo malo ocurrido en tan largo período de tiempo. De todas formas pienso que el gobierno de Cuba tratará de lentificar el proceso, pero consciente de que no puede evitarlo, pues ante una salida violenta todos serán perdedores. La  democratización organizada garantiza la estabilidad y el futuro de la nación cubana.

Sexto. Cuba logró movilizar a personalidades, instituciones y gobiernos para derogar el embargo. Varias figuras latinoamericanas intervinieron o sirvieron de mensajeros, Canadá y el Vaticano desempeñaron un destacado papel. Una vez desaparecido el enemigo y la plaza sitiada, el discurso anterior pierde todo sentido. Esas fuerzas comprometidas esperan, en respuesta al discurso de Obama, cambios al interior de Cuba. Negarse implicaría la pérdida del apoyo hasta ahora logrado.

Para evaluar el alcance de las medidas basta analizar el estancamiento y retroceso sufrido durante la confrontación: desaparición de la sociedad civil, ausencia de las libertades fundamentales, subordinación de la economía a la política y pérdida de la condición de ciudadano, entre otros males. Bajo un régimen cuya definición más precisa es la de  fidelismo, una de cuyas características fue la confrontación, el no cambiar nada hasta que el otro no cambie y de preferir, como expresó en una oportunidad, que el país se hunda en el mar.

Como los conflictos externos desmovilizan los conflictos internos, la confrontación fue utilizada para eludir cualquier compromiso con los derechos humanos. De resultar las negociaciones, al paso que las medidas mencionadas comiencen a surtir efecto, la contradicción exterior será desplazada gradualmente por la contradicción entre pueblo y gobierno. Lo que ocurra de ahí en lo adelante será responsabilidad única y exclusivamente de los cubanos.

Las dudas acerca de que la normalización de las relaciones recibirá una patada en la mesa de negociaciones carecen de fundamento en las actuales condiciones. Las evasiones anteriores estuvieron respaldadas por las subvenciones de la Unión Soviética y de Venezuela. La primera desaparecida, la segunda en franca bancarrota. A lo que se unen los pocos resultados en la atracción de capital foráneo y la imposibilidad de que aparezca un nuevo padrino.

Se trata de un hecho sin antecedentes en la historia. Un gobierno que arribó al poder por las armas y a pesar de una ineficiencia sostenida en la gestión económica, después de 55 años, ha encabezado los cambios, sin que ninguna persona, grupo o partido lograra convertirse en fuente alternativa de poder. Bajo una aparente continuidad se trata de la negación del fidelismo en nombre del fidelismo. Una singularidad que requiere de  muchos análisis, debates e investigaciones, que expliquen el por qué un país de matriz occidental, cuya sociedad civil debutó desde la segunda mitad del siglo y a mediados del siglo XX contaba con una de las constituciones más avanzadas para su época, pudo retroceder hasta el deterioro económico y espiritual de la sociedad cubana.
Publicado en http://www.diariodecuba.com/cuba/1421624432_12384.html

La normalización de las relaciones, aunque importante, no pasa de ser un primer paso. La suspensión del embargo ahora depende más del gobierno cubano que de Estados Unidos. Se impone transitar de la disposición expresada a la implantación de medidas que complementen el empoderamiento ciudadano y debiliten la oposición a  la derogación de la Ley en el Congreso. De no hacerlo se favorecerá  a los enemigos de la normalización. Así de sencillo: el levantamiento del embargo está en manos de Cuba, en las medidas internas que se implementen a favor de los cubanos.

Salvado ese difícil escollo, se abrirá un proceso de transformaciones graduales y civilizadas, cuyo resultado dependerán entonces de la disposición de los cubanos; un pueblo que despojado de las libertades y de los espacios que conforman el oxígeno del ciudadano, perdió la noción de responsabilidad cívica, pero que ahora no puede eludirla.

El escenario emergente permitirá ir removiendo las bases que decidieron la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por esa razón, la trascendencia del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos depende, hasta cierto punto, de la conducta de ambos gobiernos, pero ante todo de la voluntad y conducta de los cubanos, algo que no puede ser asumido por ningún gobierno foráneo o nacional.

Publicado en: http://www.diariodecuba.com/deportes/1421020243_12251.html

El pasado 28 de diciembre, durante el Juego de las Estrellas celebrado en la ciudad de Bayamo1, diez glorias de la pelota cubana fueron exaltadas al Salón de la Fama. Previo al Festival de Jonrones resonaron los nombres de Esteban Bellán, Amado Maestri, Orestes Miñoso, Camilo Pascual, Conrado Marrero, Antonio Muñoz, Luis Giraldo Casanova, Orestes Kindelán, Braudilio Vinent y Omar Linares.

Los cinco últimos, conocidos por los sobrenombres del  Gigante del Escambray, el Señor Pelotero, el Tambor Mayor, el Meteoro de la Maya y el Niño, bien conocidos por la afición cubana, estuvieron presentes en el acto. Sin embargo, los nombres de los cinco primeros son prácticamente desconocidos: 1- por qué cerca del 80% de la población actual nació después de 1960 y 2- porque, con excepción de Amado Maestri y Conrado Marrero, los demás brillan por su ausencia en los comentarios deportivos. De igual forma casi nada se conoce del Salón de la Fama debido a la pobre cobertura informativa brindada por la prensa oficial antes, durante y después de la exaltación en el estadio Mártires de Barbados.

Las siguientes líneas van dirigidas a divulgar y llamar la atención a los que consciente o inconscientemente están colaborando al desconocimiento de hechos culturales tan significativos para la pelota, el deporte y la nación cubana.

El Salón de la Fama del béisbol cubano se fundó en 1939. En los 21 años transcurridos desde el momento inaugural hasta 1960 fueron exaltadas 68 estrellas. Ese año, el gobierno cubano erradicó el profesionalismo y eliminó el Salón de la Fama. Transcurrido más de medios siglo, en noviembre de 2014, unos cien entusiastas de la pelota, encabezados por el cineasta Ian Padrón, reunidos en el Primer Coloquio Museo y Salón de la Fama del béisbol cubano, lograron su refundación, definieron el Reglamento para la selección y eligieron democráticamente al Tribunal que designó a los diez antes mencionados. Cuatro miembros de ese valioso grupo: Félix Julio Alfonso, Ismael Sené, Sigfredo Barros y Oscar Fernández, junto al veterano Luis Zayas, tuvieron el honor de recibir las placas de las estrellas desaparecidas o no invitadas:

Esteban Bellán (1850-1932), de la Habana. Junto a su hermano Domingo, fue enviado a estudiar a la Universidad Católica de Fordham, en Nueva York. Durante sus estudios, junto a otros cubanos2, aprendió a jugar béisbol. Entre 1871 y 1873 jugó en las Ligas Mayores con los equipos Troy Haymakers y New York Mutuals de la Asociación Nacional (primer circuito profesional de la historia). Fue el primer latinoamericano que jugó en esas Ligas. A su regreso a Cuba participó en el `primer partido oficial celebrado el 27 de diciembre de 1874 en el Palmar del Junco, donde conectó tres cuadrangulares y fue el segundo mejor anotador del juego. Fue director-jugador de los Leones del Habana en el primer juego de la Liga Cubana, efectuado el 29 de diciembre de 1878. Con ese equipo ganó los títulos en las temporadas 1878-1879, 1879-1880, y 1882-1883. En 1990 fue exaltado al Salón de la Fama de la Universidad de Fordham.

Amado Maestri (1909-1963), de Regla, La Habana. Debutó como árbitro en la Liga Profesional cubana en el año 1936. En junio de 1945 dio una lección de valentía en el Delta Park de Ciudad de México al expulsara del terreno al presidente de la Liga Mexicana por protestar una decisión suya. En el juego celebrado en el estadio del Cerro, el 23 de noviembre de 1952, Maestri protegió al grupo de estudiantes de la Universidad de La Habana, encabezados por José Antonio Echeverría, que se lanzaron  al terreno para protestar contra la dictadura de Batista. Por su conducta esa fecha se designo posteriormente como ´Día del Árbitro. Fue un destacado juez de la pelota cubana que prestigió a ese deporte con su actuación. Maestri fue exaltado al Salón de la Fama del Béisbol Profesional mexicano.

Conrado Marrero (1911-2014), de Sagua la Grande, Villa Clara. Lanzador. En 1938 jugó en Cuba con el equipo Cienfuegos de la Liga Amateur cubana. En 1940, en la tercera Serie Mundial Amateur fue el jugador más valioso en la victoria cubana. En 1946 firmó con el equipo de Oriente de la liga de la Federación Nacional y después pasó al Almendares de la Liga cubana regular. En 1949 representó a Cuba en la primera Serie del Caribe, en la que contribuyó a la victoria. En 1955-56 Marrero dirigió a Almendares y en 1956-57 pasó a los Tigres de Marianao. Aunque en la Liga cubana comenzó a lanzar a los 35 años, sus 69 victorias lo colocan en el décimo lugar de todos los tiempos. Entre 1950 y 1954 jugó en las Ligas Mayores de Estados Unidos con los Senadores de Washington. Fue seleccionado al equipo Todos Estrellas de 1951. Después de 1959 fue uno de los peloteros importantes que permanecieron en Cuba, donde laboró como entrenador y formar talentos en las Series Nacionales.

Orestes Miñoso (1925), de Perico, Matanzas. Vive en Estados Unidos. Bateador destacado, jardinero y tercera base. En Cuba jugó en el Circuito Azucarero, en el Circuito Semiprofesional y en la serie Nacional con los Tigres de Marianao hasta 1960. En Estados Unidos comenzó en 1948 en las Ligas Mayores con los Indios de Cleveland, donde fue elegido Novato del Año. También jugó con los Medias Blancas de  Chicago, los Cardenales de San Luis y los Senadores de Washington. Entre 1965 y 1973participó  jugó en la Liga Mexicana. En múltiples temporadas fue líder en hits, dobles, triples, flights de sacrificio  y bases robadas. En cuatro de ellas bateó más de 300, empujó más de 100 carreras. En siete oportunidades fue seleccionado al Juego de las Estrellas de la Liga Americana. Se le reconoce como el primer jugador negro cubano y latinoamericano en aparecer en un Todos Estrellas. Es el único pelotero cubano al que se le compuso una canción: un cha, cha, cha. Fue  exaltado al Salón de la Fama del béisbol cubano de la ciudad de Miami en 1983.

Camilo Pascual (1934), de La Habana. Vive en Estados Unidos. Lanzador, se inició en la pelota profesional en 1952 con el club Marianao y en 1953 pasó al Cienfuegos. Fue campeón en la temporada 1955-1956 y en los torneos de 1960 y 1961. En ocho años impuso récord de 58 juegos ganados y 32 perdidos, para un promedio de 644 puntos. Permitió 582 hits, propinó 612 ponches, concedió 254 bases, para 2,04 carreras limpias por juego. En las series del Caribe finalizó invicto en sus tres presentaciones gracias a sus lanzamientos rápidos y su curva de arco de barril que caía a gran velocidad. En Estados Unidos jugó en las Ligas Menores  y debutó en las Mayores en 1954, donde jugó con los Senadores de Washington, los Indios de Cleveland, los Mellizos de Minnesota, los Rojos de Cincinati y los Dodgers de los Ángeles. En tres oportunidades fue líder en juegos completos y líder en lechadas en la Liga Americana. Participó en tres Juegos de Estrellas.

Los últimos dos, Miñoso y Camilo Pascual, aunque están vivos, no fueron invitados por las autoridades cubanas al acto de exaltación. Al menos eso se deduce del silencio. De ser así, esa medida privó a la mayor parte de la afición conocerlos en persona y a todos de brindarle el merecido reconocimiento en su tierra natal. Ojalá esa decisión se rectifique antes de su desaparición física y los periodistas deportivos los incluyan, junto al Salón de la Fama, en sus comentarios.

Publicado en: http://www.diariodecuba.com/cuba/1419604921_12020.html

La decisión del presidente de Estados Unidos de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba, cuya interrupción resultó tan negativa para el pueblo cubano, que todo lo ocurrido en los últimos 53 años guarda relación con ese hecho, especialmente con el retroceso sufrido en materia de libertades y derechos, que retrotrajeron al país a una situación similar a la existente en la Isla antes de 1878.

Los antecedentes de la ruptura se remontan a 1959, cuando los revolucionarios sustituyeron la Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado Cubano, el Primer Ministro asumió las facultades de Jefe de Gobierno y el Consejo de Ministros las funciones del Congreso, dando inicio a la concentración del poder político y militar en una persona, la concentración de la propiedad en manos del Estado y el desmontaje de la sociedad civil. El resultado fue un sistema totalitario, que se ajusta a la denominación de fidelismo, caracterizado entre otras cosas por el voluntarismo, la ineficiencia económica y la hostilidad hacia Estados Unidos; sistema que inició su declive a partir del año 2006.

La escalada tuvo su punto de partida en la nacionalización de propiedades norteamericanas y la respuesta estadounidense de ruptura de relaciones diplomáticas e implementación del embargo; una confrontación de más de medio siglo que acarreó desde enormes pérdidas materiales y enfrentamientos bélicos hasta decenas de miles de muertos, dolor y sufrimientos.

El restablecimiento es el resultado de múltiples factores, entre ellos: 1- La inviabilidad del fidelismo, incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del pueblo; 2- El fracaso de Venezuela, multiplicado por la brusca caída de los precios del petróleo y su efecto sobre la subvención de Cuba; 3- La frustración de la política norteamericana dirigida a promover cambios dentro de la Isla; 4- El uso por parte del gobierno cubano de los errores de esa política para afectar la relación de Estados Unidos con el resto de los países de la región; 5- El diferendo, utilizado por el gobierno cubano para justificar los fracasos de su modelo; 6- El giro de la política norteamericana desde el primer mandato de Barack Obama; y 6- Los cambios introducidos desde que Raúl Castro asumió la dirección del Estado.

Como los conflictos externos tienden a desmovilizar los conflictos internos, el Gobierno cubano utilizó el diferendo para impedir el rearme de la sociedad civil, solapar la ineficiencia y eludir cualquier compromiso con los derechos humanos y diecisiete años después de ocupar el poder se institucionalizó el fidelismo. A imagen y semejanza de la Unión Soviética se aprobó una constitución que refrendó al Partido Comunista como fuerza dirigente de la sociedad y del Estado y se creó un parlamento unicameral que confirmó a Fidel Castro como jefe de Estado y de Gobierno.

El derrumbe del socialismo en Europa del Este develó el fracaso. El Gobierno tuvo que introducir un paquete de reformas coyunturales que fueron paralizadas en cuanto comenzó a gestarse una clase media. La ineficiencia resultante se reflejó en la perdida de relación entre salario y costo de la vida, el crecimiento de las actividades al margen de la ley para sobrevivir, el éxodo masivo y el decrecimiento demográfico.

En ese contexto el General Raúl Castro asumió la dirección del Estado e implementó un paquete de medidas que demostraron el agotamiento del fidelismo, pues la eficiencia para conservar el poder resultó intransferible a la economía. El empeoramiento y la desesperanza comenzaron a marchar a un ritmo superior a los cambios, una de cuyas manifestaciones fue el crecimiento del éxodo, que representa un peligro potencial para Estados Unidos.

A lo anterior se une una política exterior desplegada por Cuba hacia América Latina que logró afectar la influencia norteamericana en la región. Como resultado de esos y otros eventos, el diferendo devino perjudicial para ambas partes. El gobierno de Cuba fracasó en el intento de lograr una economía eficiente y el gobierno estadounidense no pudo  rendir al de Cuba: fracasó el fidelismo y fracaso el embargo.

Ese resultado sin victorias condujo a los contactos indirectos que desembocaron en conversaciones directas y secretas, aceleradas por varios factores, de los cuales el más decisivo fue el peligro de muerte del ciudadano norteamericano Alan Gross, debido al empeoramiento de su salud.

Sin desconocer los grandes obstáculos a superar, el restablecimiento evitará una salida que amenazaba con la violencia y con una emigración masiva hacia los Estados Unidos, a la vez que removerá las bases que permitieron al modelo totalitario decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por eso la decisión es útil a los intereses estadounidenses; útil al gobierno cubano, ya que le proporciona una salida “decorosa”; y sobre todo, útil a los cubanos al crear un escenario favorable para el empoderamiento.

El propósito del gobierno cubano, más que renunciar a la confrontación, consistía en obligar a Estados Unidos a flexibilizar las medidas norteamericanas sin realizar cambios internos que amenazaran su poder. Sin embargo, el discurso del presidente Obama y el Comunicado de la Casa Blanca no responden exactamente a su propósito. Además de que el presidente estadounidense no mencionó al Gobierno sino a Cuba y a su pueblo, junto a las instrucciones para el restablecimiento de las relaciones anunció un paquete de medidas dirigidas a crear condiciones para el empoderamiento ciudadano, en un contexto caracterizado por el fin del fidelismo y el crecimiento del descontento de los cubanos.

El discurso de Obama, si bien no exige directamente al gobierno cubano el restablecimiento de las libertades ciudadanas, lo coloca en una posición incómoda ante su país y ante la comunidad internacional. Con ello en lugar del “enemigo” ocupa el primer plano la conducta del gobierno cubano con su pueblo. Lo demás corresponde a nosotros. Aunque el Gobierno y su prensa traten de hacer creer que lo ocurrido se limita al intercambio de prisioneros y al restablecimiento de las relaciones, en lo adelante la atención se concentrará en la relación Pueblo-Gobierno, por lo que la noticia del pasado 17 de diciembre es el acta de defunción del fidelismo  y el hecho  de mayor trascendencia política en Cuba desde 1959.

Más importante que estar o no de acuerdo con lo sucedido, es aprovechar lo positivo  que brinda el nuevo escenario para luchar por la recuperación de la condición de ciudadano. El éxito de las medidas anunciadas por la Casa Blanca no depende tanto de la voluntad del régimen como del pueblo cubano; algo que no pueden hacer ni Obama ni ninguna fuerza externa, sino nosotros mismos.

Los controles sobre un pueblo desarmado de instituciones cívicas permitirán lentificar los  efectos, pero no podrá evitarlos. Las primeras manifestaciones de resistencia fueron hacer silencio acerca de las medidas planteadas por la Casa Blanca y decir que “con un pueblo como éste podemos llegar al año 570 de la revolución”. Sin embargo, las transformaciones que ocurran en la economía se trasladarán inexorablemente a otros sectores de la sociedad. Y en ese proceso, la velocidad, el ritmo y el rumbo, que fueron definidos por el gobierno cubano antes de la normalización de las relaciones, sufrirán serias alteraciones, entre otras por la emergencia de una clase media, el renacimiento de la civilidad y la recuperación de la condición de ciudadano.