Hemeroteca de agosto 2013

Tomamdo de: http://www.diariodecuba.com/cultura/1376175806_4589.html

A 125 años de su muerte, ocurrida el 11 de agosto de 1888, los resultados científicos que nos legó el eminente químico, fisiólogo, agrónomo, tecnólogo industrial y divulgador científico Álvaro Reynoso y Valdés, continúan en lista de espera. Mientras la prensa oficial cubana le presta una atención exagerada a los hechos y personas vinculadas a la política y a las guerras, se limita a mencionar a Reynoso como parte de las efemérides sin indagar en su obra ni presionar para que sus aportes se conviertan en resultados productivos.

Álvaro Reynoso, uno de los cubanos que colaboró desde la ciencia al progreso y a la conformación de las bases de la nación cubana, estudió en el colegio San Cristóbal (Carraguao), se graduó de Bachiller en Ciencias en la Real y Literaria Universidad de La Habana, continuó sus estudios  en la Universidad de La Sorbona, en París, donde se graduó en 1856 y obtuvo el doctorado, convirtiéndose en uno de los mejores químicos de su época.

Desde los primeros años de estudios comenzó a publicar los resultados científicos obtenidos: Nuevo procedimiento para el reconocimiento del Yodo y del Bromo; Diversas combinaciones nuevas del Amoníaco en los Ferrocianuros; Acción de las bases sobre las sales y en particular sobre los arsenitos; La separación del Acido Fosfórico de sus combinaciones con los Óxidos Metálicos; Presencia de azúcar en las orinas de los enfermos histéricos, epilépticos y su relación con la respiración; Efecto del Bromo sobre el envenenamiento por el curare (un veneno utilizado por los indios para emponzoñar sus flechas); Estudios sobre la cría artificial de peces de agua dulce y otros.

Al graduarse en 1856  unos veinte trabajos suyos habían sido insertados en publicaciones especializadas de Francia y España. Fue elegido Miembro Correspondiente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid y de la Real Academia de Historia de España, recibió la Real Orden “Catedrático de Química Aplicada a la agricultura y Botánica” de la Escuela General Preparatoria de La Habana” y “Catedrático de Química Orgánica ampliada” en la Universidad Central de Madrid, entre muchas condecoraciones.

Al regresar a Cuba en 1858 con un laboratorio dotado de los más modernos equipos e instrumentos, una excelente colección mineralógica y una valiosa biblioteca especializada en ciencias, tomó posesión de la Cátedra de Química y en 1859 sustituyó a José Luis Casaseca en la dirección del Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana, institución que convirtió en una de las primeras estaciones agronómicas del mundo.

De forma paralela a su obra investigativa se dedicó a la divulgación. En 1868 comenzó a colaborar como redactor científico del Diario de la Marina, donde tenía una columna en la que publicó artículos acerca de las aguas potables; reseñó el primer ensayo realizado en Cuba en abril de 1863 del arado movido por vapor tipo Fowler, con el que se inició la mecanización de la caña de azúcar en Cuba; fue redactor de los Anales y Memorias de la Real Junta de Fomento y de la Real Sociedad Económica; publicó en la Revista de Agricultura del Círculo de Hacendados de la isla de Cuba y en otros órganos de prensa.

Entre sus obras publicadas están: Apuntes sobre varios cultivos cubanos, donde compiló  sus aportes sobre la agricultura no cañera como: maíz, café, algodón, tabaco; Estudios progresivos sobre varias materias científicas, agrícolas e industriales, una colección de artículos publicados en la prensa acerca del cultivo de la caña de azúcar en todas sus fases, así como de los planes de experimentación del Instituto de Investigaciones Químicas y la siembra de boniato, ñame, maíz y arroz, destinada al consumo humano y animal.

A mediados del siglo XIX, cuando Cuba ocupaba el primer lugar mundial en producción de azúcar y el último en productividad,  apoyado en su tesis de que la verdadera fábrica de azúcar está en los cañaverales, se consagró a resolver esa contradicción. Los resultados quedaron recogidos en su obra cimera Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar donde integró todas las operaciones relacionadas con el cultivo y cosecha de la gramínea, desde el efecto negativo de la tala de bosques vírgenes hasta la molida fresca para evitar la alteración de los jugos. Esta obra editada en 1862, se reeditó en Madrid en 1865, en Paris en 1878 y en Cuba en 1825, donde se  reimprimió en 1954 y 1959, además de editarse en Holanda.

Un aspecto de su ideario, que apenas se menciona, es que Reynoso consideraba la participación autónoma de los cubanos en la reforma de la política estatal de la colonia como demanda legítima. Por eso, en su análisis sistémico no escapó el vital tema de la propiedad agraria. Él consideraba, al igual que Francisco de Frías y José Antonio Saco, la necesidad de fomentar una agricultura cañera con pequeños campesinos criollos e inmigrantes, donde el incentivo en la propiedad, a diferencia del sistema esclavista, era un componente básico para impulsar la modernización de la economía agraria.

Sin embargo, en el año 2001, cuando debido al declive continuado de la producción azucarera no se rebasó los 3,5 millones de toneladas, el entonces Ministro del Azúcar, el General de División Ulises Rosales del Toro anunció dos proyectos para revertir esa situación: una reestructuración de la industria azucarera dirigida a lograr un rendimiento industrial del 11%, es decir, a extraer de cada 100 toneladas de caña, 11 toneladas de azúcar; la otra, bautizada con el nombre del insigne científico, con el objetivo de  alcanzar 54 toneladas de caña por hectárea. Con ambos proyectos, según se anunció en aquel momento, se alcanzarían seis millones de toneladas de azúcar (cifra producida en Cuba en 1948).

Para ese fin, en lugar de tener en cuenta todos los elementos que participan en el proceso productivo como enseñó Reynoso, se cerraron unas 100 fábricas de azúcar, se distribuyeron enormes extensiones cañeras para otros cultivos y se soslayó el dañino monopolio estatal sobre la propiedad de la tierra. Los resultados eran de esperarse. El monto de la zafra 2002-2003 –la primera desde la implementación de la “novedosa Tarea y una de las peores de todos los tiempos– fue de 2,10 millones de toneladas, casi la mitad de lo que se producía en 1919.

De ahí hasta el presente la ineficiencia industrial, la poca disponibilidad de caña, los bajos rendimientos por caballería y el elevado costo de producción por tonelada, se ha repetido año tras año. En la última zafra, la de 2012-2013, el plan de 1,7 millones de toneladas no se pudo alcanzar por disímiles causas, pero especialmente porque el problema irresuelto de la tenencia de la tierra se intentó resolver mediante el usufructo, manteniendo al Estado ineficiente como propietario y la economía subordinada a la política y la ideología, lo que se refleja no sólo en la producción azucarera sino en la producción agropecuaria y todas las ramas de la economía.

Tomado de:  http://www.diariodecuba.com/deportes/1375365754_4465.html

Los hechos y noticias acerca del deporte de las bolas y los strikes, conocidos durante el recién concluido mes de julio, declaran la controversia entre la pelota amateur y la profesional a favor de la segunda.

Comenzó por el debut de Yovani Aragón en el Torneo Interpuestos de Rótterdam, un evento de menor exigencia que los Juegos Olímpicos y los Clásicos Mundiales, donde el mentor espirituano conquistó la novena corona para Cuba.

Le siguió en orden el tope entre la selección universitaria de Estados Unidos y el equipo Cuba, en el que los antillanos exhibieron el más bajo rendimiento de los últimos torneos internacionales: débil bateo, elevada cifra de ponches, fallo en los primeros bates, tácticas desacertadas, errores en fildeo y en tiro a las bases, y les robaron 15 bases en 16 intentos. Por su parte, la escuadra norteamericana también con una débil ofensiva, pero con 12 lanzadores con velocidades entre 93 y 98 millas.

Los cubanos, que habían derrotado a las selecciones estudiantiles en 8 de 10 oportunidades, con mayor experiencia y con un promedio de edad de 26,6 años, fueron derrotados por un equipo cuyas edades oscilaban entre 19 y 23 años. El mentor cubano, Víctor Mesa, quien esperaba ganar tres o más de tres encuentros, tuvo que conformarse con una aplastante derrota. Algo similar a lo que le ocurrió en la tercera versión del Clásico Mundial, cuando aseguró Ganaremos el Clásico, a eso vinimos, no a otra cosa, pero no pudo mejorar la quinta posición obtenida en  el II Clásico.

A estos dos hechos se unen las siguientes noticias:

1- El granmense Alfredo Despaigne, contratado por los Piratas de Campeche, conectó de 6-6 el 24 de julio e igualó el record impuesto en 1936 por el  “Inmortal”, Martin Dihigo.

2- El cienfueguero Yasiel Puig, recibió el premio al Mejor Jugador y Novato del Mes de junio, tras su debut con los Dodgers de Los Ángeles. En 26 partidos encabezó el bateo, fue líder en porcentaje de embases, conectó 7 jonrones y empujó 16 carreras. Con 44 hits se colocó segundo en la lista de todos los tiempos conectados por un novato en su primer mes, a cuatro de la marca de Joe DiMaggio impuesta en 1936.

3- José Iglesias, infilder de los Medias Rojas de Boston, fue seleccionado Novato del Mes en la Liga Americana. En 25 partidos bateó 395 con cuatro dobles, dos triples, un cuadrangular, seis empujadas, 17 anotadas y ocho bases por bolas, tuvo 11 juegos de dos hits o más y una racha de 18 encuentros seguidos bateando imparables.

4- José Fernández, lanzador de los Marlins de Miami, con poco más de tres meses en las Grandes Ligas, fue elegido para el Juego de las Estrellas conjuntamente con el holguinero Aroldis Chapman, cerrador de los Rojos de Cincinnati; mientras el granmense Yoenis Céspedes, de los Atléticos de Oakland, ganó la competencia de jonrones  en la Semana de las Estrellas.

5- Veteranos del equipo Industriales jugarán varios partidos durante la celebración de los 50 años de ese club en Miami, donde los industrialistas residentes en la Isla se enfrentarán a industrialistas residentes en la otra orilla.

JORGE EBRO el Nuevo Herald
Los hechos y las noticias reseñadas nos remiten al momento en que se abolió la pelota profesional. Hasta esa fecha Cuba contaba con un abultado aval en eventos internacionales:. Después de la Primera Series Mundial de Béisbol Amateur, celebrada en Londres en 1938, las cinco siguientes se efectuaron en el estadio La Tropical de La Habana, de las cuales la Isla ganó cuatro. Mientras que la Serie del Caribe surgió a petición de Cuba, cuando en 1948 propuso ante los delegados de Puerto Rico, Panamá y Venezuela, celebrar una serie anual entre los equipos campeones para decidir el mejor de la región. La Habana fue la anfitriona de la primera en 1949. Desde ahí, hasta 1960, Cuba ganó 7 de 12 encuentros, los últimos cinco de forma consecutiva.

Fiel a una añeja relación entre política y deporte, el líder de la revolución realizó una prolongada intervención en la pelota. El 2 de enero de 1967, dijo: Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota… Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales.

Ciertamente la revolución llevó la pelota a todos el país, construyó varios estadios, renombró al Gran Stadium del Cerro como Estadio Latinoamericano y le añadió  nuevas graderías. A cambio impidió que peloteros cubanos, con estirpe de estrellas, se midieran con los mejores del mundo y que los fanáticos de la Isla se privaran de disfrutar del béisbol profesional que, en vivo o por las cadenas de radio y televisión, disfrutaban desde cualquier punto del país. Sin embargo, el profesionalismo no se erradicó, más bien se solapó. Si profesional es el que percibe un salario por la labor que desempeña, los peloteros de la Serie Nacional, que reciben su salario por esa función, han sido profesionales desde esa fecha hasta hoy.

Con esa pelota “libre” Cuba estableció la supremacía durante décadas en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales. Se proclamó la gran victoria sobre la pelota esclava. Rebosante de orgullo, en octubre de 1975, sentenció: si en otros países de América latina no existe la revolución social, no se desarrolla la revolución social; por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte.

La ilusión se desvaneció. Cuba había estado ganando a los amateurs con un equipo profesional. Al comenzar los choques con presencia de profesionales, la pelota “esclava” demostró ser superior a la “libre”, como ocurrió en los Clásicos. Los resultados comenzaron a decepcionar. Pero lo peor ha sido los cientos de jugadores que han desertado en busca de la esclavitud, lo que ha afectado especialmente a los lanzadores. Casi todos los mejores pitchers de los últimos 20 años abandonaron la Isla: Desde René Arocha hasta Odrisamer Despaigne y Misael Siverio y con ellos varios cientos de peloteros de todas las categorías.

Después de una larga y brillante historia beisbolera, después de haberse medido con los mejores del mundo y haber triunfado, países sin tradición en este deporte nos vencen o les ganamos con susto. El colofón ha sido, no la derrota ante otros profesionales, sino frente a estudiantes universitarios, verdaderos amateurs que enfrentaron y barrieron en cinco partidos a los “amateurs” de la mayor de las Antillas.

Cuba está en retroceso respecto al resto del mundo. La controversia entre la pelota amateur y la profesional está decidida a favor de la segunda. Se impone abandonar la estrategia trazada en 1961. Aunque no se reconozca públicamente, que es mucho pedir, lo más importante es acelerar los pasos que se están dando para regresar al camino que no se debió abandonar. De momento Cuba estará presente en la próxima Serie del Caribe que tendrá lugar en la Isla Margarita, Venezuela, pero el sueño de muchos aficionados y de muchos de los que hoy brillan en la Pelota Profesional, es poder representar a Cuba en el próximo Clásico. No es un gran reclamo, es sencillamente permitir a los peloteros cubanos que residen en el exterior defender los colores de su bandera, como lo hace el resto de los 15 países participantes.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1374830457_4390.html

La experiencia, avalada por las ciencias sociales, enseña que el interés es un motor insustituible para el logro de objetivos. En el caso de la economía, la propiedad sobre los medios de producción y el monto de los salarios influyen decisivamente en el interés de los productores. Cuando ese interés desaparece como ocurrió en Cuba con el proceso de estatización, la impedimenta para ser propietario y/o recibir salarios en correspondencia con sus aportes, obligó al cubano a buscar fuentes alternativas para subsistir mediante la apropiación de la supuesta propiedad de todo el pueblo.

Esa conducta, prolongada durante demasiado tiempo, devino componente de la moral, es decir, en normas admitidas socialmente hasta su generalización en toda la sociedad. A los bajos salarios los cubanos respondieron con actividades alternativas; a la ausencia de sociedad civil, con la vida sumergida; a la falta de materiales, con el robo al Estado; y al cierre de todas las posibilidades, con el escape al exilio. Acciones  expresadas con el mismo discurso del siglo XIX, pero ahora no para abolir la esclavitud ni alcanzar la independencia, sino luchar para sobrevivir. Una conducta recogida en la expresión popular: Aquí lo que no hay es que morirse.

Ante esa realidad la respuesta gubernamental se concentró en la represión: policías, vigilancia, restricciones, inspectores e inspectores de los inspectores, expulsiones, condenas y encarcelamientos. Acciones sobre los efectos sin tener en cuenta que las soluciones pasan por el reconocimiento y la acción sobre las causas.

En la clausura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 7 de julio pasado, el Primer Secretario del PCC, Raúl Castro, expresó que la implementación de los Lineamientos requiere de un clima permanente de orden, disciplina y exigencia en la sociedad cubana y que el primer paso es hurgar en las causas y condiciones que han propiciado este fenómeno a lo largo de muchos años. A ello añadió: Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás. Enumeró las manifestaciones negativas, de todos conocidas, entre ellas, que una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado, para concluir que: Lo real es que se ha abusado de la nobleza de la revolución, de no acudir al uso de la fuerza de la ley, por justificado que fuera, privilegiando el convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer que no siempre ha resultado suficiente. Y reconocer que hemos retrocedido en cultura y civismo ciudadanos.

A pesar de lo declarado, faltó reconocer que las subvenciones recibidas del exterior, basadas en relaciones ideológicas y por tanto ajenas a las leyes económicas, fueron inútiles para promover el desarrollo y que en su lugar, esa “ayuda” solapó la ineficiencia del modelo cubano, hasta que el derrumbe del campo socialista develó la falsedad de las bases en que se sustentaba. En ese momento, en vez de enrumbarse definitivamente hacia la conformación de una economía propia y eficiente, el Gobierno se  limitó a introducir cambios coyunturales en espera de mejores tiempos, hasta que las nuevas subvenciones, provenientes de Venezuela, permitieron detener las reformas.

El intento de ignorar que el sistema interrelacionado de elementos que conforman la sociedad sufre mutaciones permanentes, las cuales cuando no son atendidas a tiempo obligan a reformar toda la estructura social, ha caracterizado al gobierno de Raúl Castro, quien dotado de suficiente voluntad política para conservar el poder, pero sin la necesaria para emprender reformas estructurales, decidió profundizar los cambios dirigidos a lograr una economía propia y eficiente, pero subordinados al mantenimiento del poder, lo que explica las limitaciones y los fracasos del empeño. En medio de esos esfuerzos, las reñidas elecciones presidenciales celebradas en Venezuela a principios del año 2013, dispararon la alarma sobre la fragilidad de las subvenciones provenientes del país sudamericano, lo que ha puesto a la orden del día, sin posibilidad de retroceso, la imperiosa necesidad de profundizar las reformas iniciadas.

Sin embargo, tanto las primeras medidas implementadas, como las más recientes, al producirse en ausencia de una sociedad civil con capacidad para influir en ellas, ha determinado que el sujeto de los cambios sea el mismo que arribó al poder en 1959, el cual por su prolongada duración tiene intereses que defender y es responsable de todo lo bueno o malo ocurrido; una característica que le impide actuar como lo podría hacer un movimiento que arriba al poder por vez primera. Por esa razón el alcance, la dirección, la velocidad y el ritmo de los cambios han respondido a la conservación del poder.

Inmerso en la contradicción de avanzar sin reformas estructurales, el Gobierno está enfrentando el inmenso obstáculo que significan los desajustes ocurridos en el sistema social durante décadas. Entre ellos el efecto dañino que ha tenido la desproporcionada relación entre los salarios y el costo de la vida, así como su reflejo en la corrupción imperante.

El salario real debe ser, al menos suficiente para la subsistencia de los trabajadores y sus familias. De acuerdo a esta exigencia el salario mínimo permite la subsistencia, mientras los ingresos por debajo de ese límite marcan la “línea de pobreza”. Desde 1989, cuando un peso cubano equivalía a casi nueve de los actuales, la tasa de crecimiento del salario comenzó a ser inferior a la tasa de aumento de los precios, lo que explica, que a pesar de haberse producido aumentos en el salario nominal, la capacidad de compra ha disminuido, al punto que resulta insuficiente para sobrevivir.

Con el salario promedio mensual, alrededor de 460 pesos (menos de 20 CUC), no se pueden cubrir las necesidades básicas. Un estudio realizado en dos núcleos familiares, compuesto de dos y tres personas respectivamente, arrojó que el primero ingresa 800 pesos y gasta 2391, casi tres veces más que el ingreso; el otro ingresa 1976 pesos y gasta 4198, más del doble de lo que ingresa. El primero sobrevive por la remesa que recibe de un hijo que radica en Estados Unidos, mientras el segundo no declaró como adquiere la diferencia. Esa desproporción constituye la principal causa que, ante la pérdida de la función del salario, la familia cubana se haya dedicado masivamente a buscar fuentes alternativas de ingresos para sobrevivir, en la mayoría de los casos mediante actividades al margen de la ley.

Como sólo se puede distribuir lo que se produce, el Gobierno se enfrenta a una compleja contradicción. Los cubanos, desmotivados por salarios que no guarda relación con el costo de la vida no están dispuestos a producir y sin aumento de la producción no pueden mejorar las condiciones de vida. La solución no está en llamados ideológicos ni en que el pueblo le salga al paso al pueblo, sino en reconocer al Estado como el causante principal de esa anomalía y en consecuencia descentralizar la economía, permitir la formación de una clase media, destrabar todo lo que frene el aumento de la producción, hasta ser posible la unificación de las dos monedas que  permita proceder a una reforma salarial. Todo ello implica profundizar las reformas hasta dotarlas de un  carácter integral, lo que incluye, por supuesto, el restablecimiento de las libertades ciudadanas, algo que hasta ahora el Gobierno se ha negado.