Hemeroteca de julio 2013

Tomado de http://www.diariodecuba.com/cultura/1374192211_4281.html

Las pocas expectativas generadas por el IX Congreso de la Unión de Periodistas y Escritores de Cuba (UPEC), celebrado el pasado fin de semana, terminaron en la frustración. Los cambios que demanda el periodismo para desempeñar un papel efectivo en las transformaciones sociales brillaron por su ausencia. El cónclave pasó por alto el tema de la libertad de prensa, un asunto vital para hurgar en las causas de la crisis actual y sugerir posibles soluciones, a pesar de que Cuba cuenta con una rica historia en esa materia.

El prócer camagüeyano Ignacio Agramonte, en la defensa de su tesis de licenciatura en Derecho expresó: Al derecho de pensar libremente le corresponde la libertad de examen, de duda, de opinión, como fases o direcciones de aquel.
La prensa en Cuba se inauguró con el Papel Periódico de La Habana en 1790; se diseminó con los acuerdos emanados del Pacto del Zanjón de 1878, gracias a los cuales Juan Gualberto Gómez ganó un proceso jurídico contra las autoridades coloniales que permitió divulgar públicamente las ideas independentistas; se multiplicó durante la República: Diario de La Marina, Bohemia, El País, El Mundo, Alerta, Noticias de Hoy, La Calle, Prensa Libre, Carteles y Vanidades, por sólo citar diez de ellos; las estaciones de radio en 1930 alcanzaron la cifra de 61, una cantidad que ubicó a Cuba en cuarto lugar a nivel mundial; y en cuanto a la televisión, en 1950, casi inmediatamente después de los Estados Unidos, se inauguró Unión Radio Televisión Canal 4, la tercera planta televisiva de América Latina, seguida ese mismo año del canal 6.

Gracias a esos medios, desde la colonia hasta la República, el debate de ideas alcanzó una importancia tal que resulta imposible explicar ningún acontecimiento de nuestra historia sin tener presente el papel de la libertad de prensa. La mejor prueba fue el alegato del Dr. Fidel Castro, conocido como La historia me absolverá, en el cual expresó: “Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo… Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos…”.

El historiador, sociólogo y político ruso Pavel Miliukov, en un artículo titulado En defensa de la palabra, definió a la prensa como la expresión más fina y perfecta de las formas de interacción sociopsicológica; explicaba que las normas de relaciones entre el hombre y la sociedad constituyen la médula de los derechos humanos y que la libertad de prensa es la única de las libertades civiles capaz de garantizar todas las demás.
Si a partir de las ideas expuestas aceptamos que la libertad de prensa constituye un factor ineludible para el desarrollo social, cualquier acción encaminada a excluir su uso, no puede calificarse sino como un acto contra el desarrollo del país y contra la dignidad de las personas.

Sí la nación realmente es de todos, comunistas o no,  revolucionarios o no, intelectuales o no, todos tienen el derecho de pensar, expresar y difundir libremente sus ideas como sujetos activos en los problemas nacionales. Lo contrario es exclusión, totalitarismo o  apartheid. Por tanto en la era de las novísimas tecnologías de la información y las comunicaciones, resulta inadmisible cualquier restricción a la libertad de prensa en un país con tan rica tradición libertaria. Baste recordar que en años difíciles como 1947, 1950 y un día después del asalto al cuartel Moncada, en 1953,  Noticias de Hoy, órgano del entonces Partido Comunista (Partido Socialista Popular) fue clausurado. Sin embargo, una y otra vez, gracias a la llamada libertad de prensa “burguesa”, los comunistas, apoyados por una buena parte de la prensa existente, exigieron su reapertura y lo lograron, a pesar de que Noticias de Hoy propugnaba la lucha de clases para derribar el sistema imperante.

Sin embargo, el miembro del Buró Político del PCC, Miguel Diaz-Canel, en la clausura del congreso de la UPEC, consideró que lo que falta para alimentar el deseo de mejorar la prensa y hacerla más virtuosa es el diálogo. Es decir, la prensa oficial es virtuosa y esas virtudes, según sus palabras, están en haber denunciado las campañas imperialistas de los enemigos internos y externos, por lo cual está en condiciones y tiene por misión contribuir al logro de un socialismo próspero y sostenible. Tenemos que apoyarnos –dijo Díaz-Canel– en un grupo de principios de la prensa cubana, extraídos del pensamiento martiano y de Fidel.

La pregunta a Diaz-Canel es si lo expresado por Fidel sobre la sociedad civil y las libertades ciudadanas durante el juicio del Moncada conserva su valor, y respecto a Martí es bueno recordarle la idea central que expuso en el Tercer Aniversario del Partido Revolucionario Cubano: Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia.

Varios periodistas de la prensa oficial elogiaron la subordinación de la prensa a los fines del PCC, como es el caso de Oscar Sánchez Serra, en el artículo El Congreso de quienes nos ven, nos escuchan y leen, publicado en Granma, el lunes 15 de julio, quien planteó que el periodista es un constructor del socialismo. Pero quien con mayor nitidez resumió las loas a la subordinación de la prensa oficial al PCC fue Víctor Joaquín Ortega, quien en un artículo de corte editorial, aparecido en el semanario Tribuna de La Habana, el domingo 14 de julio, escribió: “Somos arma del Partido Comunista de Cuba, el único que necesitamos para la brega, hijo de la dignidad y la línea creadora del Partido Revolucionario Cubano fundado y liderado por el Apóstol.

Estos y otros planteamientos similares demuestran que el periodismo de la UPEC es el periodismo de un partido político y de una ideología específica, por lo cual no puede autodefinirse como representante de la prensa cubana en general, cuya naturaleza plural desborda las ideas comunistas.

La prensa oficial se sostiene sobre la base de las restricciones a la libertad de prensa, no es –como bien expresó Jorge Barata en el dossier sobre este tema publicado en Espacio Laical– plural ni abierta, por lo cual está impedida de hablar en nombre de la sociedad cubana en su conjunto. Su política la define el PCC, basado en los límites establecidos en el Congreso de Cultura de 1961: Dentro de la revolución todo. Contra la revolución nada, un límite que debería comenzar por definir qué es una revolución y después demostrar que existe una revolución en Cuba.

La exclusión no sólo es injusta e inadmisible, sino irreal, pues las nuevas tecnologías lo impiden. De forma paralela a la prensa oficial ha surgido y coexiste otra prensa. Espacio Laical, Convivencia, Observatorio Crítico, Voces, el Boletín SPD, Primavera de Cuba y decenas de blogs y sitios webs que no responden al PCC, cuya importancia radica en la decisión de participar –sin permiso– desde visiones diferentes en los problemas de la nación. Un periodismo alternativo, independiente, ciudadano y participativo, que refleja realidades ignoradas por la prensa oficial y que cumple con los requisitos del periodismo tradicional e incorpora otros que son posibles con las nuevas tecnologías, a pesar de los obstáculos que significa la ausencia de libertad de prensa.

Entrevista a Dimas Cecilio Castellanos Martí, historiador y periodista. PUblicada en: http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=24&idTitulo=249485

Desde La Habana, Félix Sautié Mederos

Por Esto! pregunta

“Desentrañar las causas de la crisis en que se encuentra nuestra sociedad (…) El concepto de raza como conjunto de características heredadas si bien carece de fundamentación, como construcción social tiene efecto dañino a la dignidad humana (…) En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia (…) Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos (…)” Un reto pendiente…

Dimas Cecilio Castellanos Martí es un nombre repetido en los espacios digitales, por motivo de sus artículos referidos a los problemas actuales que entorpecen el desarrollo en Cuba y la búsqueda de las claves históricas que han tenido incidencia en su surgimiento y evolución. Como todas las personas que escriben y publican sus ideas, ha ganado amigos y también detractores. Incluso hay quienes lo descalifican y tratan de silenciarlo considerándolo en el campo de los enemigos. Estas concepciones dogmáticas han sido causa de muchas divisiones entre los cubanos, incluso entre quienes estamos a favor de la justicia social y la equidad distributiva. Son prácticas que tenemos que erradicar y darles un verdadero vuelco a esas mentalidades estrechas que poco aportan para el desarrollo y el futuro y devienen un exponente muy significativo de la necesidad de lograr el cambio de mentalidad que tanto ha reiterado el Presidente Raúl Castro. Quizás sea porque no se atreven a debatir con él sus criterios o porque optan por lo más fácil que no les busque problemas con lo que pudiera denominarse como “lo establecido”.

Precisamente en aras de ese cambio de mentalidad es que entrevisto al amigo Dimas, con el propósito de explicitar su vida y su criterios sin exclusiones de ningún tipo; creo interesante expresar el pensamiento de este autor que, a pesar de haber sido excluido por algunos, se mantiene firme en sus criterios progresistas a favor de la paz, la libertad, la equidad distributiva y la justicia social. He tenido la oportunidad de conocerlo de cerca, hemos estado juntos en los afanes cristianos y en los estudios bíblicos y teológicos. Soy testigo de excepción de su acercamiento decisivo al cristianismo.

Considero que sus búsquedas, su origen y su desarrollo intelectual son dignos de divulgarse, más aún por el significado que han adquirido con motivo del reciente debate sobre el artículo publicado por el intelectual cubano Roberto Zurbano en The New York Times con el controvertido título “Para los negros en Cuba la Revolución no ha comenzado aún”, que según el propio autor fue una tergiversación del título con que originalmente lo envió al periódico neoyorquino: “Para los negros en Cuba, la Revolución no ha terminado”.

Félix Sautié: Tengo entendido que fuiste militante de la Juventud Socialista en la antigua provincia de Oriente y que participaste en la VIII Asamblea del Partido Socialista Popular al triunfo de la Revolución ¿Eso es así?

Dimas Castellanos: Sí, fue así. Milité en la Juventud Socialista (JS), la organización juvenil del Partido Socialista Popular (PSP). Fui Secretario de mi Comité de Base, Presidente de esa organización en el municipio Bayamo y Delegado a su último congreso. En 1960 ingresé a las filas del PSP, donde milité hasta su disolución en 1962. Es cierto que participé en la VIII Asamblea del PSP, celebrada en agosto de 1960, pero no como Delegado. Resulta que cuando se celebró ese evento yo estaba en la Escuela Nacional de Cuadros del PSP y se decidió que los alumnos participáramos en algunas de las sesiones que se estaban celebrando en el Hotel Comodoro, muy cerca de donde radicaba la escuela. En esta Asamblea, que fue la última del PSP se aprobó la tesis: “Defender la Revolución y hacerla avanzar”, lo que significaba impulsar la revolución democrática y popular hacia el socialismo y el comunismo, que eran los objetivos del entonces partido comunista.

—¿Cómo fue tu adhesión a esa militancia comunista y cuál ha sido tu evolución desde entonces a la fecha?

—Mi adhesión a la militancia comunista tuvo una raíz familiar y clasista. Mi padre, tabaquero, era miembro del PSP. El trabajaba en nuestra casa junto a otros 7 u 8 torcedores de tabaco. Desde niño estuve escuchando discusiones acerca de la política, la cultura, la ciencia y de otros temas; algo característico de ese oficio que permite hablar y discutir sin interrumpir la producción, lo que explica la elevada formación cultural que tenían los trabajadores de ese sector. También, aunque con menor intensidad, eso ocurría en el oficio de tipógrafo, en el cual trabajé como aprendiz en varias de las imprentas que existían en Bayamo. En ese ambiente cultural, unido a las enseñanzas cívicas en la Escuela Pública, se fraguaron mis ideas socialistas de libertad y justicia social y se desarrolló mi vocación por la política, la historia y la pedagogía.

En cuanto a mi evolución te puedo decir que en 1956, cuando se produjo el desembarco del yate Granma, yo tenía sólo 14 años, pero ya contaba con una considerable conciencia política. Por esa razón me vinculé a la Juventud Socialista e ingresé al PSP. Luego, en octubre de 1960, cuando la JS, conjuntamente con las organizaciones juveniles del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y del Movimiento 26 de Julio, se integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) fui designado como presidente en Bayamo. Seguidamente ocupé diversas responsabilidades en varios municipios y en la dirección provincial, tanto en la AJR como en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), hasta julio de 1963.

Desde aquel momento hasta hoy mis ideas han evolucionado a partir de la incorporación constante de nuevos conocimientos, de mente abierta, de las responsabilidades políticas ocupadas, de la participación en congresos y otros eventos, de las vivencias acerca del Socialismo Real durante mi estancia en Rusia, de mis estudios de Ciencias Políticas, de mi participación en la Columna Juvenil del Centenario y en la Misión Militar Cubana en Etiopía. Todo ello, unido a mis constantes lecturas me han permitido realizar un análisis crítico de la marcha del proceso revolucionario. Si bien mis ideas socialistas (justicia social y libertades) son las mismas, comprendí la imposibilidad de construir una sociedad socialista de espaldas a las libertades ciudadanas. Para mí el socialismo no puede ser sino democrático, lo que es imposible desde el control total del Estado sobre la sociedad.

—Fuiste obrero desde muy joven, creo que soldador y tuviste diversos trabajos, pero actualmente tienes nivel universitario, has sido profesor universitario y haces una vida intelectual muy activa. ¿Quieres explicarles a los lectores de Por Esto! esa evolución cultural, ¿a qué te dedicas actualmente?

—Comencé a trabajar desde niño, primero ayudando a mi madre en la venta de ropas por zonas campesinas, en una distribuidora de leche fresca, en un taller de elaboración de picadura de tabaco, vendiendo dulces y huevos por las calles, etc. Luego, desde los 11 años trabajé en varios talleres como aprendiz de tipografía, herrería y soldadura, que fue mi oficio definitivo. Precisamente por ser soldador, cuando salí del trabajo de dirección de la UJC, el Comandante Joel Iglesias, Secretario General de esa organización con el que tenía magníficas relaciones, me gestionó un puesto de trabajo en la construcción de la Termoeléctrica Renté. Luego pasé, en ese mismo oficio, a la construcción de los edificios del Distrito José Martí, también en Santiago de Cuba.

Debido a mi vida laboral, durante mi niñez estudié irregularmente hasta el quinto grado de escolaridad. Estando en Renté, ya con 21 años de edad, se realizó una prueba de escolaridad en la cual obtuve un cuarto grado y desde ese nivel reinicié mis estudios, siempre en horarios nocturnos. Con la ayuda de una maestra particular (Ana Parodi Domínguez) alcancé el sexto grado en dos meses y en 1964 matriculé en una Secundaria Obrera –de un año de duración– e ingresé a la Facultad Obrera Campesina que funcionaba anexa a la Universidad de Oriente, donde en dos años y medio alcancé un nivel “equivalente” al preuniversitario. En 1967 fui seleccionado para estudiar Metalurgia en Rusia, pues el Gobierno de Cuba tenía entonces el propósito de convertir a la Isla en una potencia metalúrgica. Permanecí dos años en aquel país, pero mi formación básica acelerada resultó insuficiente para concluir los estudios: había transitado en menos de cuatro años de cuarto a 12 grados. A mi regreso a Cuba estuve seis meses en la Columna Juvenil del Centenario y en 1971 matriculé Ciencias Políticas, donde fui el segundo expediente de mi curso y me gradué de Licenciado. Mientras cursaba la licenciatura, por mi condición de Alumno Ayudante de Psicología Social, de forma simultánea me permitieron cursar varias asignaturas en la Escuela de Psicología de la Universidad de La Habana, lo que me ayudó a una formación profesional mucho más integral.

Una vez graduado comencé a trabajar de profesor de Filosofía Marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (devenido en 1976 Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana), donde, por no circunscribirme al esquematismo que se exigía en la enseñanza de esa materia y no ser miembro del Partido Comunista, fui separado de la docencia, a pesar de las excelentes evaluaciones que había obtenido. Seguidamente fui reubicado como técnico de Información Científica, matriculé varios cursos de post-grado y vinculé mis conocimientos filosóficos con esa actividad, por lo que me decían “el filósofo de la información”. En 1992, por mis ideas socialistas democráticas, fui excluido del Ministerio de Educación Superior.

Actualmente, como aficionado a la historia, me dedico a investigar y escribir acerca de la relación entre la problemática cubana de hoy y la historia precedente. Los resultados los publico en El Blog de Dimas y en varias publicaciones digitales alternativas. Me ocupo en esa actividad, ya que considero que después de haber participado en el proceso revolucionario, de evolucionar cultural y políticamente y de tener una comprensión del papel de la historia en la marcha de los procesos sociales, no debo hacer otra cosa que ayudar, desde dentro de mi país, a desentrañar las causas de la crisis en que se encuentra nuestra sociedad.

—Entre las disciplinas que has estudiado se encuentran los estudios bíblicos y teológicos. ¿Qué conceptos tienes de la espiritualidad y de la fe religiosa?, ¿cómo te ubicarías en estas dimensiones de la vida?

—En el año 2001, 26 años después de terminar la licenciatura en Ciencias Políticas, matriculé en el Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT), donde me gradué en 2006. Mi interés por los estudios de Teología nació de experiencias espirituales vividas que no tenían explicación dentro de la Filosofía Marxista. Me bauticé y me incorporé al Movimiento de Trabajadores Cristianos. Al familiarizarme con la esencia de las ideas cristianas capté su relación con la justicia social, las libertades y la política, la cual por su impacto en el destino de las personas y de los pueblos no podía ser ajena a Cristo. Por esa razón incorporé la espiritualidad y la fe religiosas a mi cosmovisión, lo que me ha servido para redoblar mi compromiso con la lucha por la edificación de un mundo mejor. Si una de las manifestaciones de la política es la realización de lo necesario, o como a algunos les gusta expresar, el arte de hacer posible lo necesario, sin dudas Jesús hizo política. La discusión entonces se desplaza a dilucidar la forma peculiar en que la realizó. Si Jesús fue o no revolucionario.

La revolución es una forma de cambiar la realidad que brota de las injusticias sociales, pero siempre con independencia de la forma en que surja, constituye un intento de solución extremo que se activa cuando fallan los intentos legales y/o moderados y se impone una modificación radical de la situación existente. El hecho es que, por el empleo de la violencia, en las revoluciones siempre se impone el más capaz en su empleo, como lo demuestra fehacientemente la historia universal.

Esa forma de luchar por la justicia es diferente a las enseñanzas de Jesús, en quien el perdón constituye una piedra angular. Entonces, entre la forma revolucionaria de pretender alcanzar un “mundo luminoso” y la forma empleadas por Jesucristo para alcanzar el Reino de Dios, sólo queda en pie el objetivo declarado a favor de la justicia y la felicidad de los seres humanos. De ahí en adelante se distancian, pues el perdón, el amor, la paz y el convencimiento son los fundamentos característicos de la doctrina cristiana. La coincidencia entre ambos métodos radica en los objetivos y no en los resultados que se obtienen. Por ello Jesús no fue ajeno a la dimensión política en la que ubico mi vida. Precisamente, mi adhesión a las ideas cristianas de ética y justicia social unida a mi vocación por la historia, ha influido considerablemente en el estudio de los fundadores de la nacionalidad cubana, comenzando por el padre Félix Varela.

—¿Entonces, qué importancia le concedes a los estudios de la Historia y a su utilización en los análisis socios políticos y económicos?

—Como todo presente tiene sus claves en el pasado, la historia deviene fuente indispensable y herramienta insustituible para la comprensión de los fenómenos sociales. Los hombres pueden acelerar o retardar la marcha de la historia, pero no pueden detenerla. En Cuba, después de 1959, se intentó atribuir a un acontecimiento temporal un carácter eterno, lo que condujo al aplazamiento de las transformaciones constantes que reclama toda sociedad. Hoy, al romperse el inmovilismo por diversas causas, el país se está viendo obligado a corregir el rumbo equivocado. Una tarea que rebasa a cualquier hombre, grupo, partido o institución y que requiere, por tanto, la participación de todos y un enfoque estructural y sistémico a tono con la crisis en que estamos inmersos, donde la historiografía –análisis e interpretación de hechos históricos– tiene un importantísimo papel que desempeñar; pues resulta muy difícil, por no decir imposible, encontrar salidas viables a nuestros problemas sin tomar en cuenta las ideas contenidas en el pensamiento cívico, político, económico, cultural y científico de cubanos ilustres que nos precedieron. Esa afición por la historia está reflejada en cada criterio que expongo y en todos los artículos o ensayos que escribo.

—He tenido la oportunidad de leer algunos trabajos tuyos sobre el problema del negro en Cuba y también hemos conversado algunas veces al respecto. En este orden de pensamiento, quiero hacerte varias preguntas qué considero importantes.
La primera: Realmente después de todo lo que ha realizado la Revolución de 1959 a la fecha ¿subsisten problemas raciales que afectan la vida y el desarrollo social de la población negra y mulata cubanas? En caso de ser afirmativo pudieras plantear una breve reseña al respecto.

—Sí, los problemas raciales subsisten. El concepto de raza como conjunto de características heredadas si bien carece de fundamentación, como construcción social tiene efecto dañino a la dignidad humana. En Cuba se trata de un fenómeno complejo enraizado en nuestra historia económica, sociológica y cultural que se reproduce en el tiempo. En ese sentido adelanto en forma de tesis, algunos de sus aspectos y momentos claves:

- Los negros africanos aparecieron en el escenario cubano a principios del siglo XVI, pero fue a fines del XVIII que su entrada masiva transformó la composición étnica de la población, la geografía, la historia, la cultura y la estructura social del país.
- Sin ser dueños ni de su propia persona, los esclavos, sometidos a condiciones de vida antihumanas respondieron con sus luchas: la cimarronería (1), el apalencamiento (2) y las sublevaciones. En una desigualdad total respecto al blanco, el negro devino criollo, pero diferente al criollo blanco, lo que parafraseando a Jorge Mañach, impidió compartir un propósito común por encima de los elementos diferenciadores.

- En la Guerra de los Diez Años iniciada en 1868, los hacendados blancos aspiraban a libertades económicas y políticas, mientras que los negros aspiraban a la abolición de la esclavitud. La relación coetánea de esos propósitos –independencia y abolición– constituyeron el punto de partida para la formación de una conciencia nacional, en un contexto donde las desigualdades y la discriminación racial actuaban como freno. De todas formas esa guerra, aunque terminó sin alcanzar plenamente sus objetivos, asestó un golpe a la esclavitud al liberar a los esclavos que participaron en la contienda y refrendar un conjunto de libertades (contenidas en el Pacto del Zanjón) que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana.

- En el intermedio entre la Guerra de los Diez Años y el inicio de la Guerra de 1895, Juan Gualberto Gómez expuso varios principios similares a los que seis décadas después utilizara Martin Luther King para la lucha cívica de los negros norteamericanos y fundó el Directorio Central de Sociedades de Color, desde el cual se movilizaron miles de negros ,que resistiendo, enfrentando incidentes penosos y acudiendo a la ley, ganaron espacios y facilidades desde palcos y lunetas en teatros hasta el acceso a las aulas de escuelas públicas, limitadas para niños blancos.

- Al reiniciarse la guerra por la independencia, cuando ya la esclavitud había sido abolida, los negros se incorporaron nuevamente, ahora por la igualdad social. Como antes, debido a su pericia en las cargas al machete y la vida en la manigua, la igualdad y solidaridad se impuso a los prejuicios raciales.

- Al arribar a la República, donde esas habilidades eran inútiles, faltó un proyecto sociológico encaminado a la disminución de la brecha económica y cultural entre blancos y negros. Esa carencia se reflejó en los cargos públicos, en el comercio, los bancos, las agencias de seguros, las comunicaciones, el transporte, las tabaquerías, e incluso, en la composición del ejército republicano, integrado mayoritariamente por blancos, en un país donde la mayoría de los combatientes por la independencia habían sido negros.

- Las constantes frustraciones en los primeros años republicanos condujo al alzamiento en armas de los miembros del Partido Independiente de Color en mayo de 1912; una acción que terminó con el más horrible crimen cometido en nuestra historia, pues se produjo entre cubanos de tez blanca contra cubanos de tez negra, entorpeciendo una vez más el proceso inconcluso de identidad y destino común.

- En la década del 30 del pasado siglo, varios órganos de prensa, emisoras de radio y destacadas figuras de la política y la cultura cubanas se enfrascaron en un debate público contra el racismo, ayudando con ello a la inserción y al desarrollo social y cultural del negro y consiguientemente al fortalecimiento de la conciencia encaminada hacia un destino común. Uno de sus resultados fue la inclusión, en la Constitución de 1940, de un principio jurídico imprescindible para el fomento de la igualdad entre negros y blancos al declarar: “ilegal y punible toda discriminación por motivo de raza, color o clase y cualquiera otra causa lesiva a la dignidad humana.” (3). Sin embargo, dicho principio quedó pendiente de la nunca promulgada ley penal complementaria contra la discriminación.

- En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia. Sin embargo, junto a los beneficios se perdieron los instrumentos y espacios cívicos que habían coadyuvado al avance logrado. El error consistió en considerar la discriminación racial como resultado de la existencia de las clases sociales, por lo que, una vez que éstas fueron eliminadas, se procedió a proclamar su fin en Cuba. Tan significativo “logro” condujo a la decisión de sacar el tema del debate público. Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos.

- Sin embargo, la igualdad de derechos proclamada tenía un lado flaco: la desigualdad heredada e irresuelta. Es decir, el punto de arrancada, aparentemente igual para negros y blancos, contenía una gran desventaja para los primeros. Eso explica que las universidades, que se pintaron de negro y de mulato, recuperaron su antiguo color. ¿Por qué?, entre otras razones, porque la familia del negro, con salvadas excepciones, por su origen no podía dar la importancia que merecen los estudios de sus descendientes (recuerdo a mi padre, nieto de esclava, decirle a mi madre: ¡déjalo!, que él estudiará cuando sea grande). Es decir, se adoleció del apoyo familiar tan necesario para el salto, lo que facilitó la reproducción del status anterior.

- Con la crisis del Socialismo Real en 1989, el negro que por sobradas razones históricas no emigró, quedó excluido de las añoradas remesas familiares, lo que se reflejó en el renacimiento de las desigualdades sociales, en la alta proporción de negros en los establecimientos penitenciarios, en una significativa presencia durante el éxodo masivo de agosto de 1994, en su concentración en barrios pobres y marginales, y consiguientemente en la reanimación de la discriminación.

En resumen, a lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno de tal complejidad, en consecuencia se reprodujo y continúa presente en nuestra sociedad, pasado medio siglo de poder revolucionario. Su más reciente prueba es la polémica en torno al intelectual negro Roberto Zurbano, director del Fondo Editorial de Casa de las Américas, suspendido de esa responsabilidad por un artículo suyo que el The New York Times publicó bajo el título “para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”, aunque en una entrevista, él aclaró que el título original era más bien que la revolución “no ha terminado”, pero reafirmó sus ideas acerca de que “sobre el racismo hay mucho que discutir todavía”.

En la polémica suscitada se pueden distinguir dos aspectos: uno, la presencia o no del racismo en Cuba; otro, el tratamiento al tema dado por los críticos de Zurbano.

En cuanto al primer aspecto, estrechamente relacionado con las tesis expuestas, me referiré sólo a dos de las cuestiones básicas expuestas por Zurbano:

“La diferencia económica creó dos realidades contrastantes que persisten hoy. La primera es la de los cubanos blancos, que han movilizado sus recursos para entrar en una nueva economía impulsada por el mercado y cosechar los beneficios de un socialismo supuestamente más abierto. La otra es la de la pluralidad de los negros, que es testigo de la muerte de la utopía socialista.”

— Esta afirmación confirma la similitud entre la situación de los negros, al arribar a la República, carentes de economía e instrucción, y la falta de posicionamiento hoy, para participar en condiciones de igualdad ante las medidas de liberación económica que se están dictando. Un hecho que devela la reproducción de las causas, pues una de las fuentes de la participación de los cubanos está en las remesas provenientes del exterior, ante la cual los negros están en total desventaja. Por tanto, los cubanos de tez oscura continúan en desigualdad respecto al punto de partida.

“El racismo ha estado oculto y se ha reforzado en Cuba, en parte porque no se habla de él. El Gobierno no ha permitido que los perjuicios raciales sean debatidos o confrontados política o culturalmente. En lugar de esto, a menudo ha pretendido que no existen”.

—Aquí radica otra de las claves de la permanencia del racismo. Se suspendió el debate del tema y ahora, 54 años después, no sólo resulta incómoda su aceptación, sino que algunos intelectuales de los que han atacado a Zurbano llegan, incluso, a negar su permanencia.

En cuanto al segundo aspecto, referido al tratamiento dado al tema por los críticos de Zurbano, salta a la vista una dificultad adicional para la erradicación de la discriminación racial en Cuba: la ausencia de una cultura de diálogo y debate, que ha anulado en gran medida la función de las ciencias sociales. No es posible dialogar de forma objetiva y con fundamentos, sin transgredir los límites impuestos por la ideología dominante. Ello es suficiente para anular la efectividad del diálogo y el debate en la solución de los problemas sociales. En este sentido se dirige la afirmación de Guillermo Rodríguez Rivera: La Revolución Cubana no sólo inició la lucha contra el racismo y la discriminación, sino que puede decirse que nunca esa lucha había sido tan a fondo como en ese momento de nuestra historia. En una postura que asemeja más a un vigilante que a un intelectual, Rodríguez Rivera señaló que Zurbano debía indagar el asunto con sus mayores. Este y otros planteamientos de los críticos de Zurbano develan los límites establecidos por el poder y su acatamiento; una conducta que tiende a paralizar el pensamiento al encasillar a los que piensan diferente en las categorías de amigos o enemigos.

Sin dejar de reconocer el papel que están desempeñando algunos espacios emergente de discusión, la complejidad del tema racial en Cuba obliga al debate público, donde, parafraseando a Víctor Fowler, participen todas las tribunas de opinión. La polémica suscitada por el artículo de Zurbano debiera convertirse en uno de los caminos para consensuar, entre todos, posibles soluciones al tema de la discriminación racial.

—Mi segunda pregunta en torno a los problemas de un racismo subsistente es: Desde tu punto de vista ¿cuáles podrían ser las líneas fundamentales de solución?

—Considero que las líneas fundamentales para su solución deben brotar de los estudios, del debate público y del consenso. Nadie tiene la verdad en sus manos, pero la podemos conformar entre todos. Lo que está claro, como nos demuestra nuestra historia, es que su erradicación no depende sólo de la promulgación de leyes, que es lo que se ha hecho desde el nacimiento de la República hasta hoy, sino también de un análisis multidisciplinario de su origen, desarrollo y tratamiento recibido.

—Y mi tercera pregunta, respecto a este tema: ¿Qué relación tendrían esos problemas con la definición, evolución y desarrollo de nuestra identidad nacional?

—Si entendemos por nación –desde el punto de vista sociológico– la fusión de los principales factores sociales que componen un país, resultado de un largo proceso de acercamiento e integración social, cultural y económico que conduce gradualmente a la unidad en la diferencia, en un momento de la historia y en un territorio determinado, entonces la relación del tema de la discriminación racial es determinante para la evolución y desarrollo de nuestra identidad nacional, pues compartir un destino común es imposible en condiciones de desigualdad. Ese es el reto pendiente.

—Finalmente, debo decirte que ésta sí es la primera entrevista que te hacemos; en el futuro quizás tendríamos que volver sobre estos temas, pero antes de terminar quiero preguntarte si tienes algo que quisieras añadir para su publicación.

—La convicción de que la situación de Cuba no encontrará una salida viable, hasta tanto las libertades y los derechos permitan, primero, la reconstrucción del concepto de ciudadano, hoy desaparecido, y desde ahí enfrentar los múltiples retos que la sociedad cubana tiene por delante, para poder insertarse en la era de la globalización, de informatización y de las novísimas tecnologías de la comunicación, lo que tiene su punto de partida en la incorporación definitiva de Cuba a los pactos internacionales de derechos humanos.

fsautie@yahoo.com

Notas:

(1) Cimarrones: esclavos prófugos de sus amos que hacían vida solitaria en el monte.
(2) Apalencados: comunidades estables de cimarrones ubicadas en lugares de difícil acceso para sus perseguidores (rancherías) conformadas por varios bohíos y producciones para el autoabastecimiento.
(3) T. FERNANDEZ ROBAINA. El negro en Cuba 1902-1958, p. 144

Unicornio, domingo 16 de junio del 2013.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=24&idTitulo=249485

La transmisión diferida de algunos momentos del VIII Congreso de la FEU, celebrado en La Habana entre el 12 y el 14 de junio, trajo a mi memoria la tesis expuesta por el filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset en su libro Misión de la Universidad.y otros ensayos afines.

Entre otros criterios escuché a los delegados decir: “lo que se hace en el Congreso no es lo que se hace siempre”, “tenemos que llegar al estudiante que no comparte nuestro criterio”, “existe una separación entre el presidente de la brigada y la masa estudiantil”, “los estudiantes no aprovechan la instancia de la brigada para expresar abiertamente sus inquietudes”, “nos ha hecho daño el paternalismo”, “a las generaciones anteriores no le planificaban las actividades”.

Si a lo anterior se une que la Declaración Final del evento plantea que no hay mayor responsabilidad y tarea para los hijos del Alma Mater, que la defensa de la continuidad de la Revolución y el Socialismo; y que en las palabras de clausura, el vicepresidente del Consejo de Estado, Miguel Diaz-Canel, expresó que Cuba cuenta con sus jóvenes para defenderla y preservar y continuar la Revolución, se comprende que la actual misión de la FEU no emerge de su naturaleza e historia, sino de un encargo.

Teniendo en cuenta la validez de la tesis de Ortega y Gasset cuando afirma que la raíz de la reforma universitaria está en acertar plenamente con su misión; que ello significa vivir a la altura de los tiempos y que eso tiene que ser antes y más que ninguna otra cosa la Universidad; tenemos que convenir que la subordinación a un Gobierno, a un partido, a una ideología y a la generación que encabezó una revolución el pasado siglo, desnaturaliza a la FEU y niega la historia de la Universidad, como lo demuestra una mirada retrospectiva a vuelo de pájaro.

En 1842, cuando la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana fue secularizada y rebautizada como Real y Literaria Universidad de La Habana, tuvo lugar una reforma dirigida a igualar los estudios universitarios de Cuba con los de España y a crear cátedras que respondieran a la época. En 1878 las reformas introducidas por los acuerdos del Pacto del Zanjó, le devolvieron el derecho de conferir grados de Doctor y le concedieron gran parte de las aspiraciones de los catedráticos e intelectuales. En 1885, se dispuso que cualquier profesor universitario pudiera ocupar el cargo de Rector. Y en 1898 los cargos de Rector, Vicerrector y Decano de Facultad pasaron a ser electivos por el Claustro Universitario.

En 1899, cuando el alto centro docente pasó a denominarse Universidad de La Habana (UH), se instauró el Plan Lanuza y poco después, para adaptarlo a las necesidades de la época, fue reemplazado por el Plan Varona, que fue la más radical reforma de los estudios universitarios hasta entonces. Los primeros Estatutos de la etapa republicana (1910) definían a la Universidad como un organismo superior docente, de carácter nacional, con uso de sello propio y autonomía en todo lo que se contrae a su régimen interior; gobernada por un Rector, un Consejo Universitario y un Claustro General. Y en  diciembre de 1921, el sabio naturalista Carlos de la Torre y Huerta, al tomar posesión como Rector, esbozó un programa dirigido a lograr la Autonomía Universitaria.

En ese contexto, la participación del estudiantado en la depuración del profesorado y en la reforma universitaria se aceleró a raíz de la propuesta de conferir el título de Dr. Honoris Causa a los generales norteamericanos Leonard Wood y Enoch H. Crowder. De esa oleada de protestas emergió la fundación de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), en diciembre de 1922. A partir de ese momento la autonomía universitaria ocupó el centro de las luchas de un estudiantado que actuaba con criterios y objetivos propios. Esas actividades se intensificaron a partir de 1922, año en que  el rector de la Universidad de Buenos Aires impartió en el Aula Magna de la UH la conferencia Evolución de las universidades argentinas, que dio lugar a la reforma universitaria iniciada en Córdoba, cuyo eje central era la autonomía y la intervención del estudiantado en el gobierno universitario.

En enero de 1923, después que la FEU elaboró un proyecto dirigido a la obtención de la personalidad jurídica y la autonomía de la UH y el Dr. Enrique José Varona propuso una comisión mixta de profesores y alumnos para estudiarlo, al ser aprobado por el Claustro General, el Rector, estudiantes y profesores marcharon al Palacio Presidencial para entregarlo al Presidente de la República, mientras Fernando Ortiz presentaba a la Cámara de Representantes un proyecto de ley para ese fin. Finalmente en marzo de 1923, el Gobierno dictó el decreto presidencial que consagraba el principio de intervención del estudiantado en el gobierno de la Universidad. Un avance reformista impetuoso que desembocó en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes.

A pesar de que en 1925 la Asamblea Universitaria fue disuelta y la FEU ilegalizada, cuando se planteó la prórroga de poderes de Gerardo Machado en 1927,  los estudiantes organizaron una manifestación e hicieron público un manifiesto firmado por el Directorio Estudiantil Universitario (DEU). Tres años después, cuando se produjo la manifestación en que cayó mortalmente herido Rafael Trejo, se creó el DEU de 1930, que lanzó un Manifiesto rechazando todo tipo de conciliación con el Gobierno y en 1933 llamó a la insurrección armada y a formar un gobierno provisional.

Durante el Gobierno de los Cien Días, encabezado por Ramón Grau San Martín, se emitió el Decreto Ley 2059 mediante el cual se puso en vigor la Autonomía Universitaria, la que quedó sin efecto al fracasar la  huelga de marzo de 1935, hasta su restitución el 9 de enero de 1937. Finalmente, la autonomía universitaria quedó refrendada así en la Carta Magna de 1940: “La Universidad de La Habana es autónoma y estará gobernada de acuerdo con sus Estatutos y con la Ley a que los mismos deban atemperarse”. Apoyado en la utonomía, la FEU participó activamente en lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. En 1955 se creó el Directorio Revolucionario, entre cuyas acciones  se destacaron la Carta de México, firmada por José Antonio Hecheverría y Fidel Castro, el ataque al Palacio Presidencial y la participación en la lucha guerrillera.

En 1959, en lugar restablecerse la Constitución de 1940 –como se había pronunciado en La Historia me Absolverá– se reformó para conferir al Primer Ministro las facultades de Jefe de Gobierno y al Consejo de Ministros las funciones del Congreso. Todo ello en un  contexto enrarecido por el diferendo los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, de lo que resultó el desmontaje de las instituciones y espacios cívicos que había posibilitado el triunfo revolucionario, entre los cuales estuvo la autonomía universitaria.
En el contexto de la crisis generada por la expulsión de un alumno de la Escuela de Ingeniería, que condujo a que la dirección de dicha Escuela fuera asumida por los alumnos y profesores  revolucionarios, el Consejo Superior de Universidades, que había sido creado en diciembre de 1960, acometió la nueva Reforma Universitaria.

Carlos Rafael Rodríguez resumió el alcance de dicha Reforma en tres preguntas: ¿Qué, cómo y quiénes van a estudiar? El ¿qué y el cómo? respondían a la nueva situación creada con el poder revolucionario. En cuanto al ¿quiénes? –explicó Carlos Rafael– la nueva Universidad será regida conjuntamente por profesores y alumnos, pero aclaró: “en la medida en que la revolución universitaria es obra de una verdadera revolución y que el socialismo preside las transformaciones, no es posible pensar en los profesores y los estudiantes como dos grupos antagónicos… Un profesor de conciencia revolucionaria, orientado por el marxismo leninismo y militante de esa ideología (se refería a Juan Marinello), no necesitará de la presencia vigilante de los estudiantes. De esa forma, sin ser derogada legalmente, la autonomía  desapareció en 1962.

Así, la FEU y la Universidad, fuentes importantes de cambio social, quedaron  inutilizadas para esos fines. Ahora, en pleno siglo XXI, con una sociedad estancada y un modelo fracasado, el Gobierno le encarga a la FEU la misión de conservar el pasado,  lo que constituye un intento de anclarse en el ayer, cuando hemos visto que la Universidad, desde su fudación estuvo en un proceso continuado de reformas tratando de vivir a la altura de los tiempos.

Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Estado, en la reunión del Consejo de Ministros del pasado mes de mayo expresó: las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no ha conducido al necesario aumento de la producción. La importancia de esa declaración no radica en el reconocimiento del fracaso, que es sabido, sino en la insuficiencia de las medidas aplicadas para revertir el deterioro causado por casi 50 años de socialismo totalitario.

En Cuba el proceso de formación de talleres artesanales, comercios y servicios, del cual emergió un empresariado nacional, fue barrido por la revolución y sustituido por jefes y administradores de la  propiedad estatal. Esa transformación generó desinterés en los productores, incapacidad productiva, escasez y conductas delictivas; un cuadro imposible de solucionar sin ir a las causas y sin retomar los análisis y aportes de pensadores y políticos cubanos que se preocuparon desde principios del siglo XIX por el fomento de una clase media.

El fracaso en Cuba no fue ninguna novedad. El intento de alcanzar una economía eficiente desde el monopolio del Estado había sido precedido por otros similares en Rusia, China, Vietnam, Mongolia, los países socialistas de Europa del Este y algunos del continente africano. El único que no ha cambiado es Corea del Norte, devenido modelo de lo que no debe ser y relegado al grupo de los 20 países más atrasados del mundo, mientras la parte sureña de esa península se ubica en el pelotón de los 20 más desarrollados.

Ante la crisis, el General Raúl Castro planteó en el año 2007 la necesidad de cambiar todo lo que deba ser cambiado y en el 2008 expresó que la producción de alimentos constituía un asunto de máxima seguridad nacional. Sin embargo, las medidas implementadas nacieron subordinadas al predominio de la propiedad estatal, la planificación socialista y los llamados ideológicos, precisamente tres agentes culpables del fracaso reconocido por Marino Murillo. Por tanto, para superar el estado actual hay que liberar la economía de las trabas ideológicas, legalizar el derecho de los cubanos a ser propietarios y a recibir salarios en correspondencia con el costo de la vida, sin lo cual no hay ni habrá economía eficiente.

El camino transitado por el Decreto Ley 259 sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo, el cual por sus limitaciones tuvo que ser reformado por Decreto-Ley 300, y que a su vez tendrá que sufrir nuevas modificaciones, indica que hay que desatar definitivamente el nudo que ha impedido la formación de pequeñas y medianas empresas privadas, mixtas o cooperativas y la formación de un empresariado nacional.

Si las empresas son organizaciones dedicadas a la satisfacción de demandas sociales y a generar beneficios a sus integrantes, no hay razón alguna que justifique la exclusión de los cubanos; un pueblo con iniciativas y un nivel de instrucción por encima del resto de los países que integran el bloque del ALBA, del cual Cuba forma parte y en los que existe una poderosa clase media que participa en los destinos económicos de sus respectivos países.
En Cuba el germen de esa clase media está hoy en los trabajadores por cuenta propia. Lo que se requiere es dotarlos de personalidad jurídica y de derechos y libertades para vender sus productos, comprar los insumos, relacionarse con otros productores internos y externos, acceder a Internet y asociarse para la defensa de sus intereses. La necesidad de esa clase se justifica, además, por los resultados negativos de muchas empresas estatales, como podemos ver en los siguientes cuatro ejemplos:

Uno. En el Valle de Caujerí, Guantánamo, se instaló una moderna fábrica de tecnología italiana para procesar toda la producción de tomate de esa zona. Sin embargo, según narra Lilibeth Alfonso en un reporte publicado en el periódico Venceremos del pasado 22 de marzo, a los productores se les informó que el 26 de febrero se recogerían los tomates envasados, pero el transporte no cumplió. Por esa varios productores perdieron miles de cajas de tomates envasados, mientras otra cantidad similar permanecía sin recogerse por falta de envases, lo que representa una enorme pérdida. Además la arrancada tardía de la fábrica y el tiempo parado por roturas ha obligado a trasladar el tomate contratado hacia la Fábrica de Guantánamo, con la consiguiente pérdida por la merma de peso y el gasto de transportación. Sin embargo, en esa misma zona existen campesinos con conocimientos y capacidad para montar pequeñas industrias locales que sólo requieren de una decisión gubernamental.

Dos. Según Freddy Pérez Cabrera, autor de un artículo aparecido en el diario Granma el 20 de mayo, la Empresa de Suministros y Transportes Agropecuarios de Villa Clara mantenía 66 sistemas de riego diesel inactivos desde el 31 de octubre de 2012 en espera de la “conversión de precios”. Esos equipos estaban destinados para ser vendidos a empresas estatales, pero sólo cuatro de ellos fueron comercializados. Las gestiones para concretar un nuevo precio de venta con el Grupo Empresarial de Logística del MINAGRI y con el Ministerio de Finanzas y Precios, hasta ese momento no habían dado resultado. Por su parte la entidad encargada de fabricar dichos equipos carece de facultad para establecer o variar el importe de venta. Se trata de máquinas que antes se importaban y que ahora se producen en el país, en espera de la adecuación del precio.

Tres. Los talleres de la UEB Derivados del Alambre de Minas, Camagüey, se encuentra abarrotada de pallets cargados con 897 toneladas de clavos debido a la no extracción por parte de la empresa comercializadora, mientras esas puntillas están en falta en las unidades comerciales. Lo mismo ocurre con el taller mallas galvanizadas, donde cientos de toneladas permanecen sin evacuar. Según Miguel Febles Hernández, en un artículo aparecido en Granma el 8 de abril de 2013, para esta fábrica, encargada de elaborar puntillas de 1 a 6 pulgadas, se invirtió recursos para la instalación de máquinas de elevada productividad. Sin embargo, están a punto de detener la marcha productiva por la razón antes expuesta, lo que implica la pérdida de la estimulación salarial de los trabajadores. La traba consiste en que el principal transportista, “no cubre toda la demanda” pues no dispone de almacenes que permita asumir grandes volúmenes de producción. Sin embargo, la población carece de las puntillas necesarias para las labores constructivas.

Cuatro. Un artículo de Freddy Pérez Cabrera, publicado el viernes 5 de abril de 2013 en Granma, nos narra que en el establecimiento Los atrevidos, en el año 2004 se adquirió una moderna máquina italiana a un costo superior a los 180 mil dólares y desde el año 2010 se acabó la tapa que sella el envase original para la crema de guayaba. Esta industria, capaz de confeccionar entre 1,5 y 2,0 toneladas en 8 horas de trabajo se ve ahora obligada a emplear de ocho a diez trabajadores en vez de dos.

En los cuatro ejemplos reseñados se han invertido miles y miles de dólares que por diferentes razones no reportan los resultados esperados; una prueba indiscutible de la incapacidad del Estado, la inutilidad de la planificación y las trabas de los aparatos burocráticos, lo que pone a la orden la entrada en escena de las pequeñas y medianas empresas y con ellas el surgimiento de la necesaria clase media cubana.

Tomaado de: http://www.convivenciacuba.es/index.php/derechos-humanos-mainmenu-52/948-sobre-el-racismo-hay-mucho-que-discutir-todavia

El pasado 23 de marzo, el multipremiado ensayista, crítico e investigador literario Roberto Zurbano, quien hasta ese momento fungía como  director del Fondo Editorial de Casa de las Américas, fue destituido del cargo. La medida se aplicó unos días después que el periódico estadounidense The New York Times, publicara un artículo suyo bajo el título “para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”. En una entrevista concedida a The Associated Press, en la que aclaró que el título que él dio a su artículo era “para los negros cubanos, la revolución no ha terminado”, Zurbano reafirmó sus ideas esenciales acerca del tema al expresar que ” sobre el racismo hay mucho que discutir todavía”.

Lamentablemente el artículo de marras en vez de conducir a una reflexión objetiva sobre el tema, provocó un toque a degüello de parte de algunos intelectuales cubanos que no comparten sus criterios.

La polémica suscitada de por sí constituye una prueba del planteamiento de Zurbano acerca de la sobrevivencia del racismo en Cuba. Como esa tesis coincide con criterios que he expuestos en varios trabajos sobre la discriminación racial en Cuba, aprovecho la oportunidad para volver sobre un asunto vital para las relaciones sociales en Cuba por su efecto en la vida y el desarrollo social de la población de tez oscura en Cuba y consiguientemente de todos los cubanos.

La esencia del asunto consiste en que a lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno tan complejo. Esa carencia está entre las causas que han permitido su permanencia y reproducción durante todo el siglo XX, incluso después de media centuria de poder revolucionario. Para argumentar esta afirmación enumeraré brevemente, en forma de tesis, un conjunto de hechos, aspectos y momentos claves de ese fenómeno social:

==> El concepto de raza como conjunto de características heredadas si bien carece de fundamentación, como construcción social tiene efecto dañino a la dignidad humana. En Cuba se trata de un fenómeno complejo enraizado en nuestra historia económica, sociológica y cultural que se reproduce en el tiempo.

==> La nación –desde el punto de vista sociológico– es la fusión de los principales factores sociales que componen un país, resultado de un largo proceso de acercamiento e integración social, cultural y económica que conduce gradualmente, en el tiempo y en un momento determinado, a la unidad en la diferencia.

==> Los negros africanos aparecieron en el escenario cubano a principios del siglo XVI, pero fue a fines del XVIII que su entrada masiva transformó la composición étnica de la población, la geografía, la historia, la cultura y la estructura social del país.

==> Sin ser dueños ni de su propia persona, los esclavos, sometidos a condiciones de vida antihumanas respondieron con sus luchas: la cimarronería1, el apalencamiento2 y las sublevaciones. En esas rebeliones el negro, actor casi único, escribió un capítulo de nuestra historia nacional.

==> En desigualdad total respecto al blanco, el negro devino criollo, pero diferente al criollo blanco, lo que parafraseando a Jorge Mañach, impidió compartir un propósito común por encima de los elementos diferenciadores.

==> En la Guerra de los Diez Años, iniciada en 1868, los hacendados blancos aspiraban a libertades económicas y políticas, mientras los negros aspiraban a la abolición de la esclavitud. La relación coetánea de esos propósitos –independencia y abolición– constituyeron el punto de partida para la formación de una conciencia nacional, en un contexto donde las desigualdades y la discriminación racial actuaban en dirección contraria. Esa guerra, aunque terminó sin alcanzar plenamente sus objetivos, asestó un golpe a la institución esclavitud al liberar a los esclavos que participaron en la contienda bélica y refrendarse legalmente un conjunto de libertades (contenidas en el Pacto del Zanjón), que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana.

==> En el intermedio entre la Guerra de los Diez Años y el inicio de la Guerra de 1895 Juan Gualberto Gómez, apoyado en las resoluciones coloniales que impedían la exclusión de los servicios por razón de raza, expuso varios principios similares a los que seis décadas después utilizara Martin Luther King para la lucha cívica de los negros norteamericanos y fundó el Directorio Central de Sociedades de Color. Desde ese posicionamiento cívico se movilizaron miles de negros que resistiendo, enfrentando incidentes penosos y acudiendo a la ley, ganaron espacios y facilidades desde palcos y lunetas en teatros hasta el acceso a las aulas de escuelas públicas, hasta entonces limitadas para niños blancos.

==> Al reiniciarse la guerra por la independencia, cuando ya la esclavitud había sido abolida, los negros se incorporaron nuevamente, ahora con la agenda de la igualdad social. Como antes, debido a su pericia en las cargas al machete y la vida en la manigua, la igualdad y solidaridad entre los combatientes negros y blancos se impuso a los prejuicios raciales.

==> Al arribar a la República, donde esas habilidades eran inútiles, faltó un proyecto sociológico encaminado a la disminución de la brecha económica y cultural entre blancos y negros. Esa carencia se reflejó en los cargos públicos, en el comercio, los bancos, las agencias de seguros, las comunicaciones, el transporte, las tabaquerías e incluso la institución armada que sustituyó al Ejército Libertador quedó integrada mayoritariamente por blancos, en un país donde el 60% de los combatientes por la independencia habían sido negros.

==> La permanencia de las desigualdades y las constantes frustraciones en los primeros años republicanos condujo a la fundación del Partido Independiente de Color en 1908 y al alzamiento en armas de sus miembros en mayo de 1912. Esta última  acción terminó con el más horrible crimen cometido en nuestra historia, pues, además de los miles de negros que resultaron muertos, la matanza se produjo entre cubanos de tez blanca contra cubanos de tez negra, entorpeciendo una vez más el proceso inconcluso de identidad y destino común.

==> En la década del 30 del pasado siglo varios órganos de prensa, emisoras de radio y destacadas figuras de la política y la cultura cubanas se enfrascaron en un debate público contra el racismo, ayudando con ello a la inserción y al desarrollo social y cultural del negro y consiguientemente al fortalecimiento de la conciencia encaminada hacia un destino común. Uno de sus resultados fue la inclusión en la Constitución de 1940 de un principio jurídico imprescindible para el fomento de la igualdad entre negros y blancos, al declarar: “ilegal y punible toda discriminación por motivo de raza, color o clase y cualquiera otra causa lesiva a la dignidad humana”. Sin embargo, dicho principio quedó pendiente de la nunca promulgada ley penal complementaria contra la discriminación.

==> En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia. Sin embargo, con la desarticulación de la sociedad civil existente, junto a los beneficios se perdieron los instrumentos y espacios cívicos que habían coadyuvado al avance logrado. El error consistió en considerar la discriminación racial como resultado de la existencia de las clases sociales, por lo que, una vez que éstas fueron eliminadas, se procedió a proclamar su fin en Cuba. Tan significativo “logro” condujo a la decisión de sacar el tema del debate público. Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos.

==> La igualdad de derechos entre negros y blancos, proclamada por la Ley, tenía un lado flaco: la desigualdad heredada e irresuelta. Es decir, el punto de arrancada, aparentemente igual para negros y blancos, contenía una gran desventaja para los primeros. Eso explica que las universidades, que se pintaron de negro y de mulato, con el tiempo recuperaron su antiguo color. ¿Por qué?, entre otras razones, porque la familia del negro, con salvadas excepciones, por su origen no podía dar la importancia que merecen los estudios de sus descendientes (recuerdo a mi padre, nieto de esclava, decirle a mi madre, ¡déjalo!, que él estudiará cuando sea grande). Es decir, se adoleció del apoyo familiar tan necesario para el salto, lo que facilitó la reproducción del status anterior.

==> Con la crisis del socialismo real en 1989, el negro que por sobradas razones históricas no emigró, quedó excluido de las añoradas remesas familiares, lo que se reflejó en el renacimiento de las desigualdades sociales, en la alta proporción de negros en los establecimientos penitenciarios, en una significativa presencia durante el éxodo masivo de agosto de 1994, en su concentración en barrios pobres y marginales, y consiguientemente en la reanimación de la discriminación.

En resumen, a lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno de tal complejidad. La colonia no tenía interés en solucionar el problema del negro; la República reconoció el problema, permitió el asociacionismo y el debate público, lo plasmó en la Constitución y logró ciertos adelantos, pero no lo acompañó con las medidas institucionales correspondientes; la Revolución tomó medidas educaciones e institucionales, pero desmontó la sociedad civil y limitó los derechos y libertades cívicas que habían servido de fundamento al lento avance logrado.
En consecuencia el racismo se reprodujo y continúa presente en nuestra sociedad, donde la decisión de aumentar proporción de negros y mulatos en algunos órganos, como ha ocurrido en la Asamblea Nacional del Poder Popular, pone en evidencia que el problema continúa presente. La más reciente prueba la constituye precisamente la polémica en torno al intelectual negro Roberto Zurbano.

En esa polémica se pueden distinguir dos aspectos: uno, la presencia o no del racismo en Cuba; otro, el tratamiento al tema dado por los críticos de Zurbano.

En cuanto al primer aspecto, estrechamente relacionado con las tesis expuestas, me referiré sólo a dos de las cuestiones básicas expuestas por Zurbano:

La diferencia económica creó dos realidades contrastantes que persisten hoy. La primera es la de los cubanos blancos, que han movilizado sus recursos para entrar en una nueva economía impulsada por el mercado y cosechar los beneficios de un socialismo supuestamente más abierto. La otra es la de la pluralidad de los negros, que es testigo de la muerte de la utopía socialista.

Esta afirmación confirma la similitud entre la situación de los negros al arribar a la República, carentes de economía e instrucción, y la falta de posicionamiento hoy, para participar en condiciones de igualdad ante las medidas de liberación económica que se están dictando. Un hecho que devela la reproducción de las causas, pues una de las fuentes de la participación de los cubanos está en las remesas provenientes del exterior, ante la cual los negros están en total desventaja. Por tanto, los cubanos de tez oscura continúan en desigualdad respecto al punto de partida.

El racismo ha estado oculto y se ha reforzado en Cuba en parte porque no se habla de él. El Gobierno no ha permitido que los prejuicios raciales sean debatidos o confrontados política o culturalmente. En lugar de esto, a menudo ha pretendido que no existen.

Aquí radica otra de las claves de la permanencia del racismo. Se suspendió el debate del tema y ahora, 54 años después, no sólo resulta incomodo su aceptación, sino que algunos intelectuales de los que han atacado a Zurbano llegan incluso a negar su permanencia.

En cuanto al segundo aspecto, referido al tratamiento dado al tema por los críticos de Zurbano, salta a la vista una dificultad adicional para la erradicación de la discriminación racial en Cuba: la ausencia de una cultura de diálogo y debate que ha anulado en gran medida la función de las ciencias sociales.

En Cuba no es posible dialogar de forma objetiva y con fundamentos sin transgredir los límites impuestos por la ideología dominante. Ese obstáculo es suficiente para anular la efectividad del diálogo y el debate en la solución de los problemas sociales. En este sentido la afirmación de Guillermo Rodríguez Rivera: La revolución cubana no solo inició la lucha contra el racismo y la discriminación sino que puede decirse que nunca esa lucha había sido tan a fondo como en ese momento de nuestra historia, es un planteamiento que carece absolutamente de fundamento. En otra parte Rodríguez Rivera señaló que Zurbano debía indagar el asunto con sus mayores. Este y otros planteamientos de los críticos de Zurbano develan los límites establecidos por el poder y acatados por una parte de la intelectualidad; una conducta que tiende a paralizar el pensamiento y el debate, a la vez que encasilla en las absurdas y desgastadas categorías de amigos o enemigos a los que piensan diferente a lo permitido.

Sin dejar de reconocer el papel que están desempeñando algunos espacios emergente de discusión, la complejidad del tema racial en Cuba obliga al debate público, donde, parafraseando a Víctor Fowler, participen todas las tribunas de opinión.

La discriminación racial constituyó y sigue constituyendo un serio obstáculo para compartir un destino común entre todos los cubanos. Por todo ello, la polémica suscitada por el artículo de Zurbano debiera convertirse en uno de los caminos para consensuar, entre todos, posibles soluciones al irresuelto tema de la discriminación racial en Cuba; cuyas líneas fundamentales deben brotar de los estudios, del debate público y del Consenso. Nadie tiene la verdad en sus manos, pero la podemos conformar entre todos. Lo que está claro, como nos demuestra nuestra historia, es que su erradicación no depende sólo de la promulgación de leyes, que es lo que se ha hecho desde el nacimiento de la República hasta hoy, sino también de un análisis multidisciplinario de su origen, desarrollo y tratamiento recibido, así como de los proyectos necesarios dirigidos a ese propósito.

1     Cimarrones, esclavos prófugos de sus amos que hacían vida solitaria en el monte.
2     Apalencados, comunidad estable de cimarrones ubicadas en lugares de difícil acceso a sus perseguidores (rancherías) conformada por varios bohíos y producciones para el autoabastecimiento.
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La capacidad de los criollos, conjuntamente con el efecto de la ocupación de La Habana por los ingleses y la Revolución de Haití, en la segunda mitad del siglo XVIII, favorecieron la conversión de Cuba en potencia azucarera. Los hacendados de la Isla  comprendieron la importancia de desarrollar rápidamente la agricultura antes de que Haití se rehabilitara. Había que mirar a la vecina isla, decía Francisco de Arango y Parreño, no sólo con compasión, sino con ojos políticos1. Como resultado, Cuba se convirtió en la principal productora y exportadora de azúcar en el mundo.

La producción de azúcar, que en 1860 fue de 447 mil toneladas, alcanzó 1,4 millones en 1895, se elevó en 1919 por encima de los 4 millones, en 1925 alcanzó los 5,3 millones y en 1952 llegó a 7,2 millones de toneladas. En 1970, después de un colosal esfuerzo que dislocó toda la economía cubana, se produjeron 8,5 millones, para comenzar a descender hasta el año 2001, cuando la producción no rebasó los 3,5 millones de toneladas; cifra por debajo de lo alcanzado en 1919.

Para revertir el declive se designó al General de División Ulises Rosales del Toro, al frente del Ministerio del Azúcar (MINAZ) y se emprendieron la Reestructuración de la Industria Azucarera y la Tarea Álvaro Reynoso. La primera dirigida a lograr un rendimiento industrial del 11% (extraer de cada 100 toneladas de caña 11 de azúcar) y la segunda para producir 54 toneladas de caña por hectárea (según la FAO el promedio mundial era 63 toneladas).

Los resultado de ambos proyectos durante una década, en millones de toneladas, fueron: en 2002, 2,2 millones; en 2003, 2,1; en 2004, 2,52;  en 2005, 1,3 (40% por debajo de la anterior); en los años 2006, 2007 y 2007 fueron similares al 2005; luego en 2009 subió ligeramente hasta 1,4 (la cifra alcanzada en 1895); y tocó fondo en el año 2010, cuando se produjo sólo 1,1 millones de toneladas. El promedio anual de ese decenio apenas sobrepasó 1,8 millones. Luego la zafra de 2011 quedó por debajo de 1,3 millones de toneladas.

En respuesta a los fracasos el MINAZ fue remplazado por el monopolio estatal AZCUBA, entidad que, teniendo en cuenta dos de los factores que incidieron fuertemente en las reducidas producciones, para la zafra del 2012 se sembró suficiente caña y se logró contar, desde el inicio de la contienda, con la casi totalidad de los recursos contratados. Sin embargo, esta vez  tampoco se pudo cumplir un plan de 1, 45 millones de toneladas, ni se terminó en la fecha planificada. Finalmente, en diciembre de 2012 al iniciarse la presente zafra, AZCUBA haciendo uso de la experiencia acumulada, se propuso producir 1,7 millones de toneladas de azúcar (20% mayor que la cosecha anterior) y anunció que la mayoría de las fábricas cerrarían antes del mes de mayo, para evitar el efecto negativo del calor y las lluvias de ese mes que deterioran la calidad de la caña.

Las dificultades asomaron temprano. A principios de febrero ya se contaba con un atraso productivo de 7,8 por ciento. A mediados del mes de marzo la prensa oficial comentó que la mayoría de las 13 provincias productoras del dulce tendrían que seguir moliendo después de la fecha fijada para poder alcanzar los 1,7 millones de toneladas. En las postrimerías de marzo el atraso productivo alcanzaba el 18%. A principio de abril debido al insuficiente abasto de caña el país estaba moliendo al 65% de la norma potencial. Así se inició mayo con el cumplimiento dos de las 13 provincias azucareras,  Cienfuegos y Artemisa aproximadamente al 90% de sus planes, Matanzas con un atraso de algo más de 30 mil toneladas de azúcar, mientras Villa Clara, Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas, Granma y Mayabeque, estaban moliendo por debajo del  60% de la norma potencial. Al concluir mayo se supo que Camagüey, una de las provincias que se esperaba cumpliera el plan, se quedó por debajo. Ahora a principios de junio, aún no se ha anunciado el cierre de la presente zafra.

Los resultados del central Uruguay,  de la provincia Sancti Spiritus, que en los últimos seis años cumplió su plan técnico económico, produjo 8 mil toneladas mas que en la anterior zafra y logró el rendimiento industrial acumulado más alto del país (11,95), constituye la regla sino la excepción.

En resumen, el cambios de dirigentes, la Reestructuración de la Industria Azucarera, la Tarea Álvaro Reynoso, el cierre de unas 100 fábricas de azúcar, la redistribución para otros cultivos de un alto por ciento de las tierras destinadas a las plantaciones de caña, la sustitución del MINAZ por AZCUBA y un variado paquete de medidas económicas y estructurales, no han logrado alcanzar la cantidad de caña por hectárea ni el  rendimiento industrial planificados.

La zafra de 2013 adoleció de los mismos problemas anteriores: arrancadas tardías, insuficiente abasto de caña, bajos rendimientos agrícolas e industriales, problemas de transporte, deficiente mantenimiento y roturas en la industria, mala calidad de las reparaciones de la maquinaría agrícola, envejecimiento de la materia prima, falta de piezas de repuesto, baja calificación del personal, incapacidad administrativa y elevado costo de producción por tonelada, entre otros factores.

Aunque el popular tango de Carlos Gardel y Alfredo Lepera dice que veinte años no es nada, en materia económica si son suficientes para desechar el modelo empleado, que  obsoleto o actualizado, sencillamente no funciona y no puede funcionar porque la economía continúa subordinada a la ideología, al predominio de la propiedad estatal y a una  planificación que no guarda ninguna relación con la realidad, tal y como se copio del modelo soviético. Se trata de una situación similar a la existente en Cuba a fines del siglo XVIII, cuando las soluciones que planteaba España ya no se respondían a los cambios ocurridos en la Isla, lo que motivó a Francisco de Arango y Parreño a expresar aquella frase lapidaria: si el modelo no sirve, ¿qué se puede esperar de la copia?

La Habana, 3 de junio de 2013
1 Ponte Domingo. Francisco J. Arango y Parreño estadista colonial cubano. La Habana: (Edición del Centenario), 1937, p. 27.

Tomado de http://www.diariodecuba.com/cultura/1374192211_4281.html

Las pocas expectativas generadas por el IX Congreso de la Unión de Periodistas y Escritores de Cuba (UPEC), celebrado el pasado fin de semana, terminaron en la frustración. Los cambios que demanda el periodismo para desempeñar un papel efectivo en las transformaciones sociales brillaron por su ausencia. El cónclave pasó por alto el tema de la libertad de prensa, un asunto vital para hurgar en las causas de la crisis actual y sugerir posibles soluciones, a pesar de que Cuba cuenta con una rica historia en esa materia.

El prócer camagüeyano Ignacio Agramonte, en la defensa de su tesis de licenciatura en Derecho expresó: Al derecho de pensar libremente le corresponde la libertad de examen, de duda, de opinión, como fases o direcciones de aquel.

La prensa en Cuba se inauguró con el Papel Periódico de La Habana en 1790; se diseminó con los acuerdos emanados del Pacto del Zanjón de 1878, gracias a los cuales Juan Gualberto Gómez ganó un proceso jurídico contra las autoridades coloniales que permitió divulgar públicamente las ideas independentistas; se multiplicó durante la República: Diario de La Marina, Bohemia, El País, El Mundo, Alerta, Noticias de Hoy, La Calle, Prensa Libre, Carteles y Vanidades, por sólo citar diez de ellos; las estaciones de radio en 1930 alcanzaron la cifra de 61, una cantidad que ubicó a Cuba en cuarto lugar a nivel mundial; y en cuanto a la televisión, en 1950, casi inmediatamente después de los Estados Unidos, se inauguró Unión Radio Televisión Canal 4, la tercera planta televisiva de América Latina, seguida ese mismo año del canal 6.

Gracias a esos medios, desde la colonia hasta la República, el debate de ideas alcanzó una importancia tal que resulta imposible explicar ningún acontecimiento de nuestra historia sin tener presente el papel de la libertad de prensa. La mejor prueba fue el alegato del Dr. Fidel Castro, conocido como La historia me absolverá, en el cual expresó: “Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo… Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos…”.

El historiador, sociólogo y político ruso Pavel Miliukov, en un artículo titulado En defensa de la palabra, definió a la prensa como la expresión más fina y perfecta de las formas de interacción sociopsicológica; explicaba que las normas de relaciones entre el hombre y la sociedad constituyen la médula de los derechos humanos y que la libertad de prensa es la única de las libertades civiles capaz de garantizar todas las demás.
Si a partir de las ideas expuestas aceptamos que la libertad de prensa constituye un factor ineludible para el desarrollo social, cualquier acción encaminada a excluir su uso, no puede calificarse sino como un acto contra el desarrollo del país y contra la dignidad de las personas.

Sí la nación realmente es de todos, comunistas o no,  revolucionarios o no, intelectuales o no, todos tienen el derecho de pensar, expresar y difundir libremente sus ideas como sujetos activos en los problemas nacionales. Lo contrario es exclusión, totalitarismo o  apartheid. Por tanto en la era de las novísimas tecnologías de la información y las comunicaciones, resulta inadmisible cualquier restricción a la libertad de prensa en un país con tan rica tradición libertaria. Baste recordar que en años difíciles como 1947, 1950 y un día después del asalto al cuartel Moncada, en 1953,  Noticias de Hoy, órgano del entonces Partido Comunista (Partido Socialista Popular) fue clausurado. Sin embargo, una y otra vez, gracias a la llamada libertad de prensa “burguesa”, los comunistas, apoyados por una buena parte de la prensa existente, exigieron su reapertura y lo lograron, a pesar de que Noticias de Hoy propugnaba la lucha de clases para derribar el sistema imperante.

Sin embargo, el miembro del Buró Político del PCC, Miguel Diaz-Canel, en la clausura del congreso de la UPEC, consideró que lo que falta para alimentar el deseo de mejorar la prensa y hacerla más virtuosa es el diálogo. Es decir, la prensa oficial es virtuosa y esas virtudes, según sus palabras, están en haber denunciado las campañas imperialistas de los enemigos internos y externos, por lo cual está en condiciones y tiene por misión contribuir al logro de un socialismo próspero y sostenible. Tenemos que apoyarnos –dijo Díaz-Canel– en un grupo de principios de la prensa cubana, extraídos del pensamiento martiano y de Fidel.

La pregunta a Diaz-Canel es si lo expresado por Fidel sobre la sociedad civil y las libertades ciudadanas durante el juicio del Moncada conserva su valor, y respecto a Martí es bueno recordarle la idea central que expuso en el Tercer Aniversario del Partido Revolucionario Cubano: Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia.

Varios periodistas de la prensa oficial elogiaron la subordinación de la prensa a los fines del PCC, como es el caso de Oscar Sánchez Serra, en el artículo El Congreso de quienes nos ven, nos escuchan y leen, publicado en Granma, el lunes 15 de julio, quien planteó que el periodista es un constructor del socialismo. Pero quien con mayor nitidez resumió las loas a la subordinación de la prensa oficial al PCC fue Víctor Joaquín Ortega, quien en un artículo de corte editorial, aparecido en el semanario Tribuna de La Habana, el domingo 14 de julio, escribió: “Somos arma del Partido Comunista de Cuba, el único que necesitamos para la brega, hijo de la dignidad y la línea creadora del Partido Revolucionario Cubano fundado y liderado por el Apóstol.

Estos y otros planteamientos similares demuestran que el periodismo de la UPEC es el periodismo de un partido político y de una ideología específica, por lo cual no puede autodefinirse como representante de la prensa cubana en general, cuya naturaleza plural desborda las ideas comunistas.

La prensa oficial se sostiene sobre la base de las restricciones a la libertad de prensa, no es –como bien expresó Jorge Barata en el dossier sobre este tema publicado en Espacio Laical– plural ni abierta, por lo cual está impedida de hablar en nombre de la sociedad cubana en su conjunto. Su política la define el PCC, basado en los límites establecidos en el Congreso de Cultura de 1961: Dentro de la revolución todo. Contra la revolución nada, un límite que debería comenzar por definir qué es una revolución y después demostrar que existe una revolución en Cuba.

La exclusión no sólo es injusta e inadmisible, sino irreal, pues las nuevas tecnologías lo impiden. De forma paralela a la prensa oficial ha surgido y coexiste otra prensa. Espacio Laical, Convivencia, Observatorio Crítico, Voces, el Boletín SPD, Primavera de Cuba y decenas de blogs y sitios webs que no responden al PCC, cuya importancia radica en la decisión de participar –sin permiso– desde visiones diferentes en los problemas de la nación. Un periodismo alternativo, independiente, ciudadano y participativo, que refleja realidades ignoradas por la prensa oficial y que cumple con los requisitos del periodismo tradicional e incorpora otros que son posibles con las nuevas tecnologías, a pesar de los obstáculos que significa la ausencia de libertad de prensa.