Hemeroteca de abril 2013

Publicado en la segunda edición de Cuadernos de Pensamiento Plural. Número dos, año i, invierno 2012.

Los pueblos no pueden vivir sin historia. En el 160 aniversario del natalicio de José Martí –figura cumbre del pensamiento político cubano–, sus ideas, en vez de emplearse para la solución de los graves problemas que aquejan a la sociedad cubana, se siguen manipulando con el objetivo de validar un modelo social fracasado con el que se intentó aumentar la producción, ignorando tanto las leyes que rigen la economía como los derechos y libertades más elementales.

El intento tuvo su debut el 19 de febrero de 1959, cuando unos días después de asumir el cargo de Primer Ministro, en un típico arranque de voluntarismo, Fidel Castro aseguró que: “aumentaría notablemente la producción agrícola, se duplicaría la capacidad de consumo de la población campesina y Cuba borraría su pavorosa cifra de desempleo crónico, logrando para el pueblo un nivel de vida superior al de cualquier otra nación”1. Sin embargo, el desmontaje de la sociedad civil, la suspensión de las libertades ciudadanas y el proceso de estatización, condujeron al estancamiento y al aislamiento externo; al descontento ciudadano y la desesperanza; a la apatía, la corrupción generalizada y al éxodo masivo.

En ese proceso, desde los primeros años de poder revolucionario, coexistieron dos vías para la dirección de la economía socialista: una, el Cálculo Económico, donde las empresas subordinadas a un plan estatal gozaban de determinada independencia, autofinanciamiento y el empleo priorizado de los estímulos materiales sobre los morales; la otra, el Sistema de Financiamiento Presupuestario, caracterizado por una mayor centralización, una alta carga subjetiva y el uso de los estímulos morales por encima de los materiales. Durante décadas esas dos vías se alternaron con un voluntarismo exacerbado. Lo ocurrido se puede sintetizar en los siguientes seis momentos

1- Entre 1962 y 1965 se introdujo el sistema de Cálculo Económico en las empresas agropecuarias, aunque de forma incompleta, pues el autofinanciamiento, uno de sus principios cardinales no se aplicó, razón por la cual las empresas tenían que recurrir al gasto público. En este período, el Jefe de la Revolución, ignorando la planificación, destinó grandes recursos para desarrollar sus propias ideas, como ocurrió con la Agrupación Básica del Cauto, un proyecto agropecuario conformado por territorios de varios municipios orientales con su centro en la ciudad de Bayamo.

2- En 1967 se impusieron los criterios de mayor racionalidad. Se introdujo el Sistema Presupuestario de Financiamiento pero con restricciones, bajo la denominación de Nuevo Sistema de Registro Económico. Con su introducción desapareció el Ministerio de Hacienda, el presupuesto del Estado, los mecanismos de cobros y pagos, y las escalas salariales. Para la formación del “hombre nuevo” se introdujo un horario laboral basado en la conciencia y el uso extremo de los estímulos morales. Una de sus expresiones fue el frustrado intento de convertir a Isla de Pinos en el primer territorio comunista de Cuba. Luego, con la Ofensiva Revolucionaria en 1968, se eliminaron los últimos 56,000 pequeños establecimientos de comercio y servicio que habían logrado sobrevivir al proceso estatizador. El clímax de este período fue el desquiciado intento de producir 10 millones de toneladas de azúcar, que dislocó toda la economía. Los errores de esa etapa fueron reconocidos en el informe al Primer Congreso del PCC en 1975, donde Fidel Castro dijo que se había tomado la decisión menos correcta, que fue inventar un nuevo procedimiento… quisimos establecer nuestros propios métodos, un Nuevo Sistema de Registro Económico precedido por la erradicación de las categorías mercantiles y la supresión de pagos y cobros entre las empresas del Estado2.

3- En 1972 Cuba fue admitida en el Consejo de Ayuda Económica y en 1975 se acordó introducir el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE), en el cual se combinaron la planificación directiva, la verticalidad administrativa y la negación del mercado. El SPDE resultó un fracaso anunciado, pues la experiencia soviética ya había demostrado que la eficiencia dentro de una economía planificada exige la descentralización y la introducción de mecanismos de mercado. En este período, el intento más atrevido fue la apertura del Mercado Libre Campesino (MLC) que al entrar en funcionamiento en 1980, permitió a los pequeños agricultores –una vez cumplidos los compromisos con el Estado– vender los sobrantes a precios de oferta y demanda y contratar fuerza de trabajo, además de introducirse el trabajo por cuenta propia en 48 actividades.

En 1986, debido a la influencia de la Perestroika en la URSS el experimento reformista fue interrumpido. En el afán por desconocer las leyes económicas, el líder cubano planteó: en la esfera de la producción tenemos que utilizar los instrumentos económicos como medios auxiliares del trabajo político y revolucionario. Desde esa óptica sustituyó a la Junta Central de Planificación y a sus dirigentes por el Grupo de Apoyo, los MLC fueron cerrados y sustituidos con las empresas agrícolas estatales, se recentralizaron las decisiones económicas, se inició el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas y con el argumento de la aparición de fenómenos negativos que atentaban contra “el proceso de construcción del socialismo”, se regresó a la entrega de subsidios a las ineficientes empresas estatales. En el contexto de esa contrarreforma emergió aquella consigna de  Ahora sí vamos a construir el Socialismo. Posteriormente, con el derrumbe de la Unión Soviética la pérdida de los subsidios que durante 30 años se habían otorgado a Cuba, combinado con la contrarreforma interna, provocaron una caída abrupta del Producto Interno Bruto.

4- El fracaso anterior generó una profunda crisis, bautizada por el gobierno como Periodo Especial. En respuesta, entre 1995 y 2003 se introdujo un paquete de reformas que permitieron la venta de comida en las casas y de alimentos, bebidas y helados en las calles, la existencia de la actividad artesanal y de pequeños talleres, la inversión extranjera, la reapertura de los MLC (ahora Mercados Agropecuarios) y la apertura del mercado de productos industriales, se legalizó la libre circulación del dólar, se descentralizó el comercio exterior, se abrieron zonas francas y se crearon las UBPC (supuestas cooperativas formadas por el Estado). En este período se mantuvo la aplicación, con carácter selectivo, del Sistema de Perfeccionamiento Empresarial en las empresas militares, en las que desde algunos años antes se venía experimentando

5- En el 2004, a pesar de que las reformas del período anterior arrojaron resultados importantes, las mismas fueron paralizadas para regresar una vez más a la centralización y la limitación del papel de mercado. La llamada Batalla de Ideas, impulsada por Fidel Castro, se adoptó como método para luchar contra la corrupción administrativa, el desvío de recursos estatales y el enriquecimiento ilícito; males del modelo que se achacaron al  mercado. En consecuencia se limitó la entrega de nuevas licencias, se aumentaron los impuestos y se reconsideró la inversión extranjera. Este giro estuvo asociado al incremento de las relaciones con Venezuela, país suministrador de petróleo a precios preferenciales y hacia el cual se exportaban servicios. La magnitud de ese intercambio, que sustituyó los subsidios soviéticos, desplazó de los primeros lugares al azúcar, al níquel y al sector manufacturero.

6- El inicio del período actual coincidió con el traspaso del poder del Primer Secretario del PCC, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministro y Comandante en Jefe Fidel Castro a manos del General de Ejército Raúl Castro. En ausencia de fuerzas cívicas alternativas con capacidad para influir en el curso de los acontecimientos, el traspaso se produjo entre los mismos sujetos del poder, lo que determinó el carácter, el orden, la profundidad, la dirección y la velocidad de los cambios. Raúl Castro, en un escenario nacional e internacional extremadamente complejo, abrió una etapa de conjeturas, aspiraciones y esperanzas.

Con el fin de impregnarle racionalidad al modelo, pero desconociendo el papel que le corresponde al mercado, a las relaciones de propiedad y a las libertades individuales, Raúl Castro comenzó por el desmontaje de los métodos y planes cargados de voluntarismo que formaban parte de la Batalla de Ideas y anunció la introducción de cambios estructurales y de conceptos, condensados en un plan mínimo de reformas: 1- Lograr una agricultura fuerte y eficiente para garantizar la alimentación de la población y sustituir importaciones. 2- Hacer que las personas sientan la necesidad de trabajar para vivir. 3- Rechazar firmemente las ilegalidades y otras manifestaciones de corrupción. 4- Desinflar las plantillas laborales, cuyas plazas innecesarias sobrepasaban el millón de trabajadores y 5- impulsar el trabajo por cuenta propia para asimilar la fuerza de trabajo excedente.

La ley más importante de ese plan mínimo fue la entrega de tierras ociosas en usufructo; una medida insuficiente y contradictoria, pues luego de reconocer la incapacidad del Estado para producir y de considerar la producción de alimentos como problema de máxima seguridad nacional, se decidió conservar la propiedad estatal y reducir los productores a simples usufructuarios. De todas formas, esos cambios (tardíos, escasos y limitados)  rompieron con décadas de inmovilismo.

El intento reformista fue entorpecido por una especie de dualidad de poderes, manifestada en el compromiso del nuevo mandatario de consultar las decisiones más importantes a su hermano y en la oposición de éste a los cambios. El punto más crítico de esa dualidad se produjo a mediados del año 2011, cuando Fidel Castro reapareció repetidas veces en público hasta  el 7 de agosto, cuando en una sesión extraordinaria de la ANPP expuso sus preocupaciones por la “inminente” guerra nuclear. En esa oportunidad, refiriéndose al presidente Barack Obama, quien supuestamente ordenaría el inicio del holocausto, dijo que: Tal vez no daría la orden si lo persuadimos. En contraposición, el 1 de agosto de 2011, en la sesión ordinaria de la ANPP, Raúl Castro anunció la generalización del trabajo por cuenta propia, incluyendo la contratación de mano de obra, algo inédito en Cuba; y el 13 de agosto, día del cumpleaños de Fidel, se anunció la próxima liberación de otros seis prisioneros políticos.

Los contenidos del programa mínimo –vaciados en los Lineamientos de la Política Económica y Social– aprobado en el VI Congreso del PCC quedaron acotados por el sistema de planificación socialista y la empresa estatal como vías principales para la dirección de la economía. Además de esa limitación, las  contradicciones e incoherencias se pusieron de manifiesto en las 15 conferencias provinciales del PCC celebradas post congreso. En ellas el Segundo Secretario, José Ramón Machado Ventura, reiteró ideas como las siguientes: “El Partido no administra, eso es bueno, pero no puede perder el control sobre sus militantes, independientemente del cargo que ocupen”; “Tenemos que conocer de antemano qué va a sembrar y cosechar cada productor”;  “Hay que exigirle a los que no hacen producir la tierra”. Planteamientos dirigidos a mantener la economía subordinada al Partido y al Estado. Finalmente, entre el 11 y el 18 de junio de 2012, aparecieron en la prensa oficial ocho pequeños textos de Fidel Castro, nebulosos y ajenos a la realidad nacional, que marcaron el fin de la dualidad de poderes, por lo que ahora y no antes se puede hablar del gobierno de Raúl Castro.

En julio de 2012, en la clausura del IX Período Ordinario de Sesiones de la ANPP, el presidente del Consejo de Estado volvió sobre los planteamientos realizados en el informe al VI Congreso; unos días después, en Guantánamo, retomó el tema de la disposición a mejorar las relaciones con Estados Unidos y el 30 de julio encabezó la marcha por el Día de los Mártires en Santiago de Cuba, lo que confirmaba el inicio real de su poder.

El balance de los últimos años de gobierno arroja los siguientes resultados:

1- La producción agropecuaria cayó en el año 2010 en 4,2%; en el 2011 el PIB creció menos de lo previsto; la importación de alimentos aumentó de 1,5 miles de millones en 2010 a 1,7 millones en 2011; las ventas disminuyeron en 19,4% respecto a 2010 y los precios al detalle se incrementaron en 19,8%; mientras el salario medio mensual nominal aumentó sólo en 2,2%, lo que empeoró la situación de los trabajadores. Las zafras azucareras continuaron con producciones similares a la de principios del siglo XX, incluyendo la zafra 2011-2012, que programada para producir 1 450 000 toneladas de azúcar, ni alcanzó la meta ni terminó en tiempo.

2- Las actividades delictivas crecieron, como lo demuestra la cantidad de procesos judiciales celebrados y en marcha, al punto que la corrupción, junto a la ineficiencia de la producción, constituyen problemas de seguridad nacional.

3- Las limitaciones impuestas al trabajo por cuenta propia impidieron que este sector absorbiera la cantidad esperada de trabajadores estatales. De unos 400 mil cuentapropistas más de 330 000 carecían de vínculo laboral o eran jubilados, por lo que realmente se absorbió menos el 17% de los trabajadores estatales.

Entre las múltiples causas de los fracasos está el intento de superar una crisis de carácter estructural con medidas parciales; la ausencia de voluntad política para permitir la coexistencia de diversas formas de propiedad, la formación de una clase media y cambiar el insatisfactorio estado de los derechos y libertades ciudadanas. Seguidamente la Primera Conferencia del PCC, celebrada en enero de 2012, volvió a eludir esos aspectos básicos. Más reciente, la enfermedad del presidente Hugo Chávez ha puesto en peligro los enormes subsidios que se reciben de Venezuela, por lo que las autoridades tendrán que introducir  un mayor dinamismo, profundidad  e integralidad a los cambios; pues pasé lo que pasé en Venezuela, sin Chávez nada volverá a ser como antes.

En ese sentido las medidas más recientes: la creación de cooperativas no agropecuarias con mayor autonomía que las anteriores; la nueva política migratoria, que flexibiliza las absurdas prohibiciones a la libertad de movimiento; la rebaja de de las tarifas de la telefonía celular, que aumentarán las comunicaciones; el considerable aumento de las emisiones de Telesur –en vivo–, que debilita la desinformación monopólica de los medios oficiales; la incorporación en la televisión cubana de informaciones acerca del deporte profesional como el baloncesto y la pelota, algo que estuvo prohibido hasta ahora; y la información sobre el inicio de las pruebas de ejecución del cable de fibra óptica con el fin de normalizar esa vía de comunicación, que rompió el prologado silencio gubernamental al respecto. La coincidencia temporal de esas y otras disposiciones parecen responder a los acontecimientos que se desencadenarán con la inminente salida del poder del presidente Hugo Chávez y en consecuencia, la necesidad de mejorar las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea.

Aunque los pasos mencionados apuntan en la dirección del cambio, hasta que los contenidos de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de los pactos de Derechos Civiles y Políticos y Derechos Económicos, Sociales y Culturales no sean incorporados como sustento legal de las libertades ciudadanas, no se podrá hablar propiamente de una verdadera voluntad política de cambios.

La vigencia del pensamiento martiano

¿Existe o no alguna relación entre, las ideas de José Martí acerca del Partido, de las libertades y la democracia, de la participación de los cubanos en la política, de la pequeña y mediana propiedad, de un lado;  y de otro lado, el estado actual de la sociedad cubana?

Después de analizar las causas del fracaso de la Guerra de los Diez años, Martí concibió el Partido revolucionario (PRC) como instrumento organizador, controlador y creador de conciencia para gestar la Patria y conformar la República, de modo que en la conquista de la independencia inmediata estuvieran los gérmenes de la independencia definitiva3. El 1 de abril de 1893, en Nueva York, expresó: “La grandeza es esa del Partido Revolucionario: que para fundar una república, ha empezado con la república. Su fuerza es esa: que en la obra de todos, da derecho a todos. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba: no una persona…”4. Y en las Bases del PRC lo definió así: El partido “no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud”5.

Respecto a la libertad y la democracia, otras de nuestras carencias actuales, planteó: “cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!…6  En 1891, dijo: “Por que si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre” 7. El 10 de Octubre de 1889, en Nueva York, expresó: “Todo lo de la patria es propiedad común, y objeto libre e inalienable de la acción y el pensamiento de todo el que haya nacido en Cuba. La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie, y las cosas públicas en que un grupo o partido de cubanos ponga las manos con el mismo derecho indiscutible con que nosotros las ponemos, no son suyas sólo, y de privilegiada propiedad, por virtud sutil y contraria a la naturaleza, sino tan nuestras como suyas…”8.  Y en carta a José Dolores Poyo, de diciembre de 1891, dijo: “Es mi sueño que cada cubano sea hombre político enteramente libre”9

En cuanto a la participación de los cubanos como sujetos políticos, el 17 de febrero de 1892 expresó: “… les enseñaré aquellos talleres donde los hombres, poniendo la vida real de margen a los libros, practican la política, que es el estudio de los intereses públicos, en el trabajo que la sanea y la modera y en la verdad que le pone pie firme”10. Y en el tercer aniversario del PRC volvió sobre ese tema: “… Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes… Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia”11.

Acerca de un tema tan vital por su función social como es el de la propiedad, José Martí decía; Es rica una nación que cuenta muchos pequeños propietarios. No es rico el pueblo donde hay algunos hombres ricos, sino aquel donde cada uno tiene un poco de riqueza. En economía política y en buen gobierno, distribuir es hacer venturosos12.

Conclusiones

El pensamiento martiano conserva su vigencia no sólo porque se adelantó a su época o porque definió conceptos que han resistido la prueba del tiempo, sino también, porque en materia de derechos y libertades Cuba ha retrocedido al siglo XIX en que a Martí le tocó vivir.

Martí concebía la República como estación de destino, a diferencia del  Partido, concebido como necesidad táctica de una estrategia mayor y no para representar a una clase social, no con fines electoreros, no para dominar y prohibir la existencia de partidos diferentes, no para anular la participación popular, no para declarar que la calle y la universidad pertenecen a los revolucionario, mucho menos para reprimir a los que con todo derecho piensan diferente.

Para Martí la república moderna debía ser inclusiva por naturaleza, estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba, espacio de libertad para la expresión del pensamiento y para el bien y la prosperidad de todos; una república para que cada cubano pudiera ser hombre político enteramente libre. Por tan elevados propósitos soñó, pensó, luchó y murió, para que la primera Ley de la República fuera la dignidad plena del hombre.

Por todo ello, una vez fracasado el modelo de socialismo totalitario, el pensamiento martiano que es historia y actualidad, constituye un punto de referencia válido, que sin  calcarlo, debemos emplearlo para superar el estancamiento en que estamos sumidos. Ese sería el mejor y más elogioso homenaje en este y en los sucesivos aniversarios.

“Sin un sindicato fuerte no habrá economía”, afirmó Salvador Valdés Mesa, vicepresidente del Consejo de Estado y miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC) en el recién concluido Pleno del Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros. Un planteamiento que expresa nítidamente la visión de los sindicatos como instrumentos del Estado y no como una asociación para defender los intereses de los trabajadores.

Valdés Mesa, sustituido la semana anterior del cargo de secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), en las últimas dos décadas fue primer secretario del PCC del municipio y de la provincia Camagüey, secretario general del Sindicato Agropecuario y Forestales y Ministro del Trabajo y Seguridad Social.

Al ser liberado del cargo al frente de la organización obrera, Machado Ventura, segundo secretario del PCC, explicó que la responsabilidad de Salvador Valdés como vicepresidente del país era incompatible con la dirección de la CTC, “pero dada la importancia y significado de contar con un movimiento obrero fuerte y consolidado”, él continuaría atendiendo esa labor desde su nueva función. En su lugar, Carmen Rosa López Rodríguez, segunda secretaria, estará al frente de la Central de Trabajadores hasta la celebración del XX Congreso que tendrá lugar en el mes de noviembre.

La salida de Valdés Mesa de la CTC parece responder al recambio de los dirigentes de las llamadas organizaciones políticas y de masas. Carlos Rafael Miranda Martínez, Félix González Vigo, Yuniasky Crespo Vaquero y Teresa María Amarelle Boué, sustituyeron hace apenas unos meses a los que ocupaban esas responsabilidades en los CDR, la ANAP, la UJC y la FMC. Los cuatro integraron el Consejo de Estado el pasado 24 de Febrero, cuando Valdés Mesa fue designado vicepresidente de ese órgano. Lo anterior demuestra la ausencia de autonomía del movimiento obrero en Cuba, sin la cual puede ser que no halla economía fuerte, pero lo seguro es que no habrá sindicatos fuertes.

Desarrollo y caída de los sindicatos cubanos

Una mirada sucinta a la historia de ese movimiento devela el proceso que condujo a su desnaturalización. Emergido en la segunda mitad el siglo XIX durante el proceso de sustitución de la mano de obra esclava por la asalariada, el sindicalismo cubano tuvo sus primeras manifestaciones con las huelgas en la industria del tabaco y la fundación de los primeros periódicos obreros; se extendió en pleno colonialismo con la entrada en vigor de la Ley General de Asociaciones en 1888; y apoyado en las libertades y derechos reconocidos en la Carta Magna de 1901, recogió sus primeros frutos en la primera década del siglo XX con la aprobación de los días festivos y de duelo, la jornada de ocho horas para trabajadores del Estado, la prohibición del pago en fichas y vales, y el cierre de establecimientos comerciales y talleres a las seis de la tarde, entre otras.

Su fortalecimiento se manifestó en la conformación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba en 1925; en la huelga que derribó el régimen de Gerardo Machado en 1933; en la legislación obrera de 1938, que garantizó derechos de los trabajadores como el salario mínimo y las pensiones por causa de muerte que asumieron carácter constitucional; y en el nacimiento de la CTC en 1939. Todo lo anterior convirtió al sindicalismo en un factor importante de la sociedad civil cubana.

Sin embargo, la subordinación de las asociaciones sindicales a los partidos políticos que comenzó en 1925, se agudizó en la década del 40 con la pugna entre auténticos y comunistas por el control del movimiento obrero y en 1952, cuando Eusebio Mujal, entonces secretario general del movimiento obrero después de ordenar la huelga general contra el golpe de Estado de ese año, terminó aceptando una oferta de Fulgencio Batista a cambio de conservar los derechos adquiridos por la CTC.

Finalmente, en 1959 se recibió el golpe más fuerte: la CTC fue disuelta y sustituida por la (CTC-R). En noviembre de ese año, en el X Congreso, el secretario general David Salvador Manso expresó que los trabajadores no habían ido al Congreso a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución. El XI Congreso celebrado en noviembre de 1961 confirmó la perdida de autonomía cuando los delegados renunciaron a casi todas las conquistas históricas del movimiento obrero: los nueve días de licencia por enfermedad, el bono suplementario de navidad, la jornada semanal de 44 x 48 horas, el derecho de huelga y el incremento del 9.09%, entre otros. A partir de ese momento, la CTC devino auxiliar del gobierno.

Los intereses estatales

La independencia de los sindicatos respecto a cualquier institución extrasindical constituye una premisa vital para la defensa de sus propios intereses. Sus funciones, al quedar bajo el control del Estado, dejaron de emanar de las necesidades e intereses de los trabajadores, lo que condujo a su desnaturalización. La dependencia se refrendó en la Constitución de 1976, en la cual no se recogieron los resultados alcanzados por el movimiento sindical desde su creación.

Una viva expresión de la perdida de autonomía fue el pronunciamiento de la CTC acerca de las medidas dictadas por el Gobierno para desinflar las plantillas laborales y brindarle mayor cobertura al trabajo por cuenta propia. En el documento denominado “Pronunciación de la Central de Trabajadores de Cuba”, emitido en el mes de septiembre de 2010, se plantea que “Nuestro Estado no pude ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía, resultan contraproducentes, generan malos hábitos y deforman la conducta de los trabajadores. Es necesario elevar la producción y la calidad de los servicios, reducir los abultados gastos sociales y eliminar gratuidades indebidas, subsidios excesivos, el estudio como fuente de empleo y la jubilación anticipada. El éxito del proceso que ahora se inicia dependerá del aseguramiento político que desde el movimiento sindical y bajo la dirección del Partido los dirigentes sindicales demos previamente a las acciones que se deben emprender…”

El texto citado confirma la pérdida de la independencia de la CTC, sin la cual es imposible la existencia de un verdadero sindicalismo. En el documento citado están plasmados los intereses del Estado, mientras no se dice nada de los ingentes problemas de los trabajadores, en primer lugar, de la insuficiencia de los salarios actuales para vivir.

Republicado

El Clásico, resultado de un reclamo y del acuerdo entre los directivos de la Federación Internacional de Béisbol y de las Grandes Ligas, es un campeonato mundial resultado de la fusión de peloteros amateurs y profesionales, en la que los atletas sin cobrar por participar ni defender intereses específicos, entregan a los aficionados del mundo, especialmente a los de sus países de origen, un espectáculo apasionado de la mayor calidad.

En la primera versión del Clásico (2006), Cuba, el equipo que más ponches recibió, que más carreras le hicieron y de mayor descontrol en el pitcheo, ocupó el segundo lugar. En la segunda versión (2009), aunque fue superior en ofensiva, pitcheo y defensa, pasó al quinto lugar. En la tercera versión (2013), el mentor cubano al concluir los choques preparatorios expresó que su equipo estaba en la mejor forma deportiva y que su mayor satisfacción era ver a los muchachos con sed de victoria. Ganaremos el Clásico. “A eso vinimos, no a otra cosa”, dijo enfáticamente. Sin embargo, a pesar de contar con uno de los mejores equipos que han representado a la Isla, no pudo mejorar la quinta posición. La lección es clara: la pelota cubana está en retroceso respecto al resto del mundo.

Causas de la derrota

Ubicada en el grupo de mayor facilidad de acceso, en la primera ronda la selección cubana dispuso de Brasil, le ganó a la República Popular China y derrotó a Japón. En la segunda ronda, cayó frente a Holanda, noqueó a Taipei y sucumbió nuevamente frente a los naranjas. A pesar de los abanderamientos y los llamados ideológicos a combatir con honor y dignidad, Cuba demostró no estar en condiciones de ganar un Clásico. En su lugar, Dominicana y Puerto Rico avanzaron hasta la final. Con un juego integral: pitcheo, bateo, defensa y combatividad de sus jugadores, esas dos pequeñas islas caribeñas, sin la omnipresencia del Estado, dejaron bien lejos a la mayor de las Antillas. Como expresara el periodista deportivo Rafael Arzuaga, Cuba ocupó el lugar que merece.

Entre las causas de la derrota se han mencionado, entre otros factores, los siguientes: ausencia de un lanzador que se eche el equipo encima; incapacidad para competir bajo la presión de un campeonato corto; necesidad de insertarse en ligas foráneas donde se juegue con mayor intensidad; baja preparación en la Serie Nacional; carencia en la  preparación del atleta desde las edades escolares y juveniles; carencia de equipos deportivos a precios accesibles; necesidad de cambiar la espectacularidad por la eficiencia en la dirección del béisbol cubano; técnicos calificados, que por razones conocidas prefieren entrenar en el extranjero; ausencia de una Liga de Desarrollo o Campeonato de Segunda Categoría; la mezcla del deporte con asuntos extradeportivos; y desterrar la idea de que en ganar o perder se va la vida.

Junto a esos señalamientos hay al menos otro que merece mayor atención, me refiero a la pelota profesional. De los 16 equipos participantes, Cuba es el único que no permite a sus peloteros jugar en ligas profesionales, lo que impide a figuras como Aroldis Chapman, Kendry Morales, Yadel Martí o Yoennis Céspedes, por solo citar cuatro de ellos, que puedan competir por su país, mientras en esta versión del Clásico tomaron parte más de 150 peloteros de ligas profesionales, de ellos 115 de Grandes Ligas.

A ello hay que añadir que antes de 1959 se radiaban y televisaban los juegos de Grandes Ligas, mientras los peloteros cubanos que jugaban fuera del patio traían sus experiencias, en incluso practicaban con los menores de sus barrios, a los que veíamos como seres superiores. Todavía conservo fresca en la memoria haber jugado en Bayamo con figuras como Yiqui De Souza, cuando apenas tenía 12 años de edad. Esos y otras facilidades permitían reproducir, desde cada barrio, la cultura beisbolera que habían traído de Estados Unidos los jóvenes cubanos que estudiaban en un país  que contó con clubes organizados desde 1842 y donde el profesionalismo debutó desde 1869.

La derrota del deporte estatal

En Cuba, aunque el primer partido oficial se sitúa en Palmar de Junco en diciembre de 1874, se ha conocido que siete años antes se efectuó un juego de béisbol entre jóvenes del Comercio Habanero con un grupo norteamericano1. La acogida a la pelota fue tal, que en la segunda mitad del siglo XIX había unos 200 equipos y que alrededor de 1888 se fundara la primera Liga Cubana de Béisbol. Así, junto a las guerras de independencia, los discursos políticos, el baile y la música, la pelota formó parte del proceso de conformación de nuestra identidad nacional y política y devino práctica sociocultural de la mayor importancia, lo que explica hechos como los siguientes: 1- los tabaqueros cubanos en Cayo Hueso y Tampa fundaron ese pasatiempo en el sur de La Florida y 2- como afirma Roberto González, muchos cubanos “recordaban con más precisión la cronología del béisbol a lo largo del siglo que los hitos de la historia nacional”2.

A fines del siglo XIX, con la ocupación de la Isla, selecciones de peloteros cubanos recorrieron la costa este de los Estados Unidos brindando juegos de exhibición contra los equipos locales, en los que obtuvieron más victorias que derrotas, incluyendo topes contra los mejores teams profesionales, pero no fue hasta los años 40 del siglo XX que en Cuba se impuso el béisbol rentado. En el Gran Stadium del Cerro se fundó la Liga Cubana de Base-Ball profesional con cuatro equipos: Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao, a los cuales se unieron otros. Todos contaban con sus respectivos clubes, patrocinados por organizaciones de la sociedad civil.

A mediados de los años 50, en la Triple A, irrumpieron los Cubans Sugar’s Kings, equipo con peloteros cubanos y de otros países caribeños que permitía a los amateur entrar a las Grandes Ligas. El profesionalismo se impuso como necesidad, servía para que hombres humildes garantizaran su vida y la de sus familias.

En el verano de 1959, los Cubans Sugar’s Kings ganaron la llamada Pequeña Serie Mundial, frente al equipo de Minnesota-Saint Paul en el Stadium del Cerro, en presencia de Fidel Castro. Finalmente  en 1961, después que Almendares y Cienfuegos disputaron el juego final de esa temporada, se creó el INDER, se abolió la pelota profesional y se prohibió a los peloteros cubanos viajar a Estados Unidos. Sin embargo, después de esa fecha hubo más estrellas profesionales que nunca, con hazañas superiores a las precedentes, a los que se les  llamó desertores por los que concebían la nación como la extensión de un Ejército bajo el mando de un Comandante en Jefe.

Rectificar

La relación entre política y deporte no era novedad. Peloteros cubanos  participaron en la lucha por la independencia, estuvo presente en el discurso modernizador del  autonomismo y presidentes como Gerardo Machado y Fulgencio Batista la utilizaron. Fiel a esa tradición, después de 1959, Fidel Castro se convirtió en el jefe de Estado que más intervino en la pelota, con la diferencia de que ahora se trataba de un proyecto totalizador: el deporte pasó de la sociedad civil al Estado. Sin embargo, se conservó el “profesionalismo revolucionario”, si entendemos por ese término, al que juega a cambio de un salario.

Con considerables fondos del Estado Cuba estableció una supremacía en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales que perduró durante décadas, lo que se calificó como la victoria de la pelota libre sobre la pelota esclava. Otro tanto comenzó cuando aparecieron los choques con equipos profesionales, declive manifestado en los Clásicos, que con participación conjunta de amateurs y profesionales, ha situado a Cuba ante la única salida, la de rectificar, un camino que comienza por excluir de la pelota los factores extradeportivos y devolver a la sociedad civil el papel que le corresponde en esa materia.

1 Tembrás Arcia, Rudens. El béisbol es patrimonio espiritual de la nación. Trabajadores, lunes 26 de marzo 2012. Entrevista a Félix Julio Alfonso, historiador y antropólogo cubano.
2 González Echevarría, Roberto. La gloria de Cuba. Historia del béisbol en la Isla. Madrid, Editorial Colibrí, 1999, p.579.

Por razones que desconozco desaparecieron del blog varios artículos que ahora repongo. Entre ellos el III Clásico de pelota y ¿Hay sindicatos en Cuba?, publicados el 26 de marzo y el 4 de abril de 2013 respectivamente en el Diario de Cuba. Pido disculpa a los lectores por las molestias que pueda haber ocasionado.

Dimas Castellanos