Hemeroteca de 16 noviembre, 2012

Publicado el 13de noviembre en http://www.diariodecuba.com/cuba/13942-acerca-del-sufragio-femenino-en-cuba
En el programa televisivo “Mesa Redonda” del jueves 18 de octubre, la licenciada en Historia y Ciencias Sociales Teresa Amarelle Boué, Secretaria General de la Federación de Mujeres Cubanas, expresó, más o menos, que gracias a la revolución de 1959 la mujer cubana pudo hacer uso del derecho al voto. Desde ese día he sido interrogado en varias oportunidades acerca de tal afirmación, lo que motivó la decisión de redactar las siguientes notas.

Desde el siglo XIX, varias intelectuales cubanas marcaron pautas acerca de los derechos femeninos. La Condesa de Merlín reflejó en su obra literaria los sentimientos femeninos, su raíz nacional y sus perspectivas. Gertrudis Gómez de Avellaneda, editó Álbum cubano de lo bueno y de lo bello, una revista femenina en la que desafió el dominio masculino e instó a otras mujeres a que hicieran lo mismo. Marta Abreu, encarnación sublime de la caridad y del patriotismo, cuando José Martí puso en pie de guerra al pueblo cubano, extendió la caridad a los sufridos por la patria. Sobre ella Máximo Gómez expresó: “Si se sometiera a una deliberación en el Ejército Libertador el grado que a dama tan generosa habrá de corresponder, yo me atrevo a afirmar que no hubiese sido difícil se le consignara el mismo grado que yo ostento”.

Durante las guerras de independencia, Ana Betancourt de Mora defendió la emancipación femenina en la Asamblea Constituyente de Guáimaro. María Hidalgo Santana se incorporó en 1895 al ejército insurreccional y en la batalla de Jicarita, al morir el abanderado ocupó la enseña y la enarboló, recibió siete heridas de bala y fue ascendida a capitán. Edelmira Guerra de Dauval, fundadora y presidenta del club Esperanza del Valle, ayudó a formular el manifiesto revolucionario del 19 de marzo de 1897, cuyo artículo 4 rezaba: “Queremos que las mujeres puedan ejercer sus derechos naturales a través del voto a la mujer soltera o viuda mayor de veinticinco años, divorciada por causa justa”. En 1897 María Luisa Dolz, profesora del colegio para alumnas Isabel la Católica, asoció la reforma educativa al nacionalismo y al feminismo, por lo que se le considera la primera feminista moderna de Cuba.

Al inicio de la República un grupo de mujeres fundaron asociaciones y órganos de prensa para defender los intereses de la mujer. Entre ellos, la Revista de la Asociación Femenina de Camagüey, primera revista feminista de la Isla; Aspiraciones, revista cívica y patriota; el Comité de Sufragio Femenino; el Club Femenino de Cuba; la Alianza Nacional Feminista; el Lyceum, organización eminentemente cultural que consideraba imposible el cambio sin contacto con la educación y la cultura; y la Unión Laborista de Mujeres, una asociación radical que puso la cuestión obrera por encima del derecho femenino al sufragio. En 1912, después del crimen contra los miembros del Partido Independiente de Color, un grupo de mujeres negras iniciaron una campaña dirigida a la aprobación de una ley de amnistía para los encarcelados, y en sus reuniones y mítines se pronunciaban a favor de derechos femeninos como el voto y el divorcio. En 1923, cuando se creó la Asociación de Veteranos y Patriotas, entre sus firmantes estaban diez de las dirigentes del Club Femenino de Cuba.

Entre las mujeres destacadas durante la República vale mencionar a Mari Blanca Sabas Alomá, Ofelia Rodríguez Acosta, Ofelia Domínguez Navarro y María Collado, quienes desempeñaron un importante papel en la lucha por los derechos de las féminas. Estas y otras dirigentes feministas celebraron congresos, hicieron peticiones a los políticos, establecieron coaliciones con diversos grupos, se manifestaron en las calles, se dirigieron al público a través de los periódicos y la radio, construyeron clínicas de obstetricia, organizaron para mujeres escuelas nocturnas, programas de salud y establecieron contactos con grupos feministas de otros países.

Aunque la Constitución de 1901 reconocía la igualdad de todos los cubanos ante la Ley, el Código Civil Español, aún vigente, establecía la inferioridad de la mujer, que impedía su avance y cerraba el paso al sufragio femenino. Sin embargo, gracias a la lucha cívica en 1914 se iniciaron los debates acerca del divorcio, el 18 de julio de 1917 se concedió a la mujer la patria potestad sobre sus hijos y la libre administración de sus bienes, y en julio de 1918 se aprobó la Ley del Divorcio.

En 1919 las cubanas ya habían alcanzado el mismo nivel de alfabetización que los hombres y en los años 20, proporcionalmente, se graduaban tantas mujeres en Cuba como en las universidades norteamericanas. Hechos que debilitaron a los enemigos del voto femenino. En ese contexto tomó fuerza la batalla por el derecho al sufragio.

En 1923 se celebró el Primer Congreso Nacional de Mujeres, al que asistieron 31 asociaciones, y en 1925 tuvo lugar el Segundo Congreso  Nacional de Mujeres, con 71 asociaciones. Al decir de Pilar Morlón, fue éste “¡Un Congreso de Mujeres, ideado por ellas, organizado por ellas, realizado por ellas, sin ayuda oficial de ninguna clase!”, a lo que yo añadiría y sin ningún hombre presidiendo el evento. Este Congreso tuvo tal impacto, que el presidente Gerardo Machado prometió que concedería el derecho al voto, para lo cual, al designar una Asamblea Constituyente con el objetivo de legalizar su reelección, incluyó en su propuesta el voto femenino. Sin embargo, debido al incumplimiento de su promesa, después de 1931 los grupos feministas se aliaron con los grupos políticos existentes y al estallar la rebelión, el voto de la mujer se convirtió en símbolo de la infidelidad de Machado a la democracia.

El 12 de agosto de 1933, cuando Machado fue derrocado y Carlos M. de Céspedes (hijo) asumió la presidencia, la Alianza Nacional Feminista apeló al mandatario para exigir el derecho al voto. Posteriormente, durante el gobierno de Ramón Grau San Martín, se promulgó el Decreto No. 13 de 2 de enero de 1934, mediante el cual se convocó una Convención Constituyente en la que se reconoció el derecho de la mujer a votar y ser elegida. Para ese evento fueron electas siete mujeres por las provincias de La Habana, Las Villas, Camagüey y Oriente.

En febrero de 1934, durante la presidencia del coronel Carlos Mendieta, se aprobó una Constitución provisional, que en su artículo 38 extendió formalmente el voto a la mujer. Y en febrero de 1939, previo a la Asamblea Constituyente que redactó la Carta magna de 1940, las féminas convocaron al Tercer Congreso Nacional de Mujeres, donde se aprobaron varias resoluciones, una de ellas, la exigencia de “una garantía constitucional para la igualdad de derechos de la mujer”. En ese reclamo, discutido en la Asamblea Constituyente, tomaron parte las feministas Alicia Hernández de la Barca, de Santa Clara, y Esperanza Sánchez Mastrapa, de Oriente.

La lucha iniciada en los años 20 del pasado siglo quedó refrendada en el artículo 97 de la Constitución de 1940: “Se establece para todos los ciudadanos cubanos, como derecho, deber y función, el sufragio universal, igualitario y secreto”. Gracias a ese resultado la mujer cubana ejerció legalmente el derecho al voto en las elecciones de 1940, 1944, 1948, 1954 y 1958, antes de la toma del poder por los revolucionarios en 1959.

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