Hemeroteca de abril 2011

Una de las sesiones del evento

Una de las sesiones del evento

Entre los días 8 y 9 del pasado mes de marzo, en la oriental ciudad de Holguín, se realizó el I Encuentro de Mujeres Iyaonifá en Cuba. En el evento quedó constituida la asociación “Hermanas Universales”, primera organización de ese tipo en nuestro país. En el Encuentro, de carácter universal, participaron de forma directa 31 delegadas de La Habana, Matanzas, Morón, Holguín y Santiago de Cuba, y de forma virtual, delegadas de Venezuela, México, Panamá y  España.

La inauguración, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, comenzó con un toque de tambor en honor a los ancestros y a figuras destacadas. De forma especial a Arábìnrin Àgbàyé Olùwò, -primera Iyaonifá conocida en la historia, quien vivió aproximadamente en el año 200 d.C. en Nigeria-, a Fermina Gómez, Latuan y a María Moserarrate, entre otras sacerdotisas del culto a Ifá y a mujeres relevantes de la historia de Cuba como Mariana Grajales y Celia Sánchez Manduley. En el segundo día de sesiones se fundó la asociación internacional Hermanas Universales y se eligieron las sacerdotisas para integrar las directivas Legislativa y Ejecutiva de la naciente institución.

Según se dio a conocer los dos objetivos fundamentales de Hermanas Universales son: 1- Reconquistar la posición que le corresponde al género femenino dentro del contexto afro religioso y 2- Coadyuvar, con su ejemplo, a la disminución del distanciamiento entre las diferentes familias e instituciones de babalawos que existen en Cuba.

La constitución de las Hermanas Universales es el resultad de una labor dirigida al reposicionamiento de la mujer en el contexto religioso afrocubano y afro-norteamericano iniciado en Cuba hace nueve años, cuando la Casa Templo Ifá Ìranlówo (La salvación es Ifá) liderada por Víctor Omolófaoró, consagró con el grado de Iyaonifá, equivalente al de Babalawo para los hombres, a las cubanas María Cuesta Ifachina y Nidia Águila Ifabiola en marzo de 2002, y a la venezolana Alba Marina Portales Ifayeni, en junio de 2004, las que pasaron a integrar la lista de mujeres del continente que encabeza Patri D’ Haifa, la primera mujer americana consagrada en la ciudad de Nueva York en 1985.

Para Víctor Omolófaoró la consagración femenina se justifica: porque los conocimientos esenciales en las tradiciones yorubas se reciben a alta edad y los esclavos hombres que llegaron a Cuba por su juventud carecían de los mismos; porque a la Isla arribaron mujeres africanas con los conocimientos requeridos para realizar iniciaciones; porque hasta la tercera década del siglo XX existieron en Cuba mujeres con esas características; porque las actividades religiosas de la Casa que él dirige son copias fieles de las ceremonias realizadas entre 1860 y 1930 en Cuba y de las realizadas en los pueblos yorubas antiguos; porque la iniciación realizada se corresponde con el movimiento internacional de dignificación del sexo femenino; porque han recibido visitas de varias Iyánífá procedentes de Nigeria; porque el profesor Wándé Abimbola Awise Agbaye, Inspector de Ifá en el Mundo, no establece distinción entre hombres y mujeres, ya que ambos pueden estudiar y recibir una mano de Ifá a través del conocimiento, del estudio y de la práctica; y porque el líder espiritual de la religión yoruba en el mundo, Chief Awoyemi Aworeni Adisa Mokoranwale, afirma que la mujer “puede hacer Itèfá, ser convertida en Ìyáonífá o Iyá-awo, en sacerdotisa de Ifá…”.

La labor iniciada en solitario por la Casa Templo Ifá Ìranlówo es seguida hoy por varios babalawos del país y el número de consagradas se ha elevado, dentro de Cuba a 58 consagradas, lo que demuestra que la igualdad de género dentro de la religión yoruba va camino a la consolidación. Un hecho que recuerda lo ocurrido en 1857 con el primer juramento abakuá de blancos en nuestro país,  por lo que Petit (Andrés Quimbisa) fue acusado de traidor y de haber vendido el secreto a los blancos. De igual forma la consagración de mujeres sacerdotisas y el nacimiento de Hermanas Universales constituye un momento trascendental en la historia de las religiones africanas en Cuba y de la igualdad de género.

Publicado en el Diario de Cuba (www.ddcuba.com) el 28 de marzo de 2011

1-carterEn un contexto de denuncias en los medios de comunicación acerca de una supuesta guerra en el ciberespacio contra Cuba, el ex-presidente  norteamericano James Carter acaba de arribar a la Isla invitado por el Gobierno cubano. La relevancia de la visita consiste en que Carter, durante su mandato presidencial entre 1977 y 1981, obtuvo resultados significativos en política exterior. Entre ellos los tratados sobre el Canal de Panamá, los Acuerdos de paz de Camp David entre Egipto e Israel, el tratado SALT II con la URSS, el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China y la apertura de la sección de intereses en Cuba.

Después de abandonar la Casa Blanca, Carter se destacó como mediador en diferentes conflictos internacionales, por impulsar la democracia, defender los derechos humanos y fomentar el desarrollo económico y político de los pueblos, labor por la que fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Además ha sido el único presidente norteamericano, dentro o fuera de la presidencia, que ha visitado la Isla después de 1959. A ello hay que añadir que durante su visita a La Habana, en mayo de 2002, mantuvo conversaciones con el Gobierno cubano y con disidentes políticos, y que en su discurso, pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, hizo pública una propuesta mediadora: poner fin al embargo exterior y celebrar elecciones libres al interior. Luego en junio de 2005 instó al cierre de la prisión de la Bahía de Guantánamo. Si a lo anterior se agrega que Estados Unidos, separado de Cuba por menos de 100 millas, es el tercer país más grande del mundo por superficie terrestre y por población y que su economía ocupa el primer lugar, no resulta difícil percatarse de lo que podría representar para todos los cubanos la normalización de las relaciones entre ambas naciones.

En una pequeña reflexión titulada La confrontación ¿una estrategia? publicada en junio de 2010, expresé en uno de sus párrafos “A pesar de la resistencia gubernamental, la relevancia de las libertades cívicas obligará, tarde o temprano, a cambiar la política interior y desde ella proyectar las relaciones exteriores basadas en el diálogo como principio rector y estrategia permanente. Entonces, habrá que comenzar por excarcelar a todos los prisioneros políticos, ratificar los pactos de derechos humanos, acoplar la legislación a esos pactos y abrir un debate nacional sobre los problemas que nos aquejan, para que los cubanos puedan participar como sujetos en los destinos de su nación. Es, sencillamente, un problema de tiempo”.

Fracasado el modelo cubano en sus principales proyecciones, con excepción del “mérito de la resistencia ante el enemigo” e inmerso el país en la crisis más profunda de su historia, Una vez que el proceso de excarcelación ha avanzado, la posible salida de tan crítica situación tiene que pasar tarde o temprano por la normalización de las relaciones con el poderoso vecino del Norte. Se impone pues, sin más demora desandar los caminos transitados desde el realismo político a favor del bienestar del pueblo cubano.

La política externa de los Estados, que dimana de sus políticas internas, en Cuba se invirtió a partir de 1959. En aquel momento, en plena Guerra Fría, el Gobierno cubano se definía así: Entre las dos ideologías o posiciones políticas y económicas que se están discutiendo en el mundo, nosotros tenemos una posición propia. Sin embargo, el proceso de nacionalización emprendido desde la Ley de Reforma Agraria en mayo de 1959, al afectar los intereses geopolíticos de Estados Unidos, condujo al deterioro de las relaciones hasta que el conflicto exterior ocupó el centro de la política. Comenzó así una carrera de medidas y contramedidas que subordinó los problemas internos.

En 1960 el presidente de Estados Unidos ordenó la preparación de una fuerza armada de exiliados para invadir a la Isla y el gobierno de Cuba respondió con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética e intervino las refinerías de petróleo. El Congreso norteamericano facultó al Presidente para rebajar la cuota azucarera y el Consejo de Ministros de Cuba concedió poderes excepcionales al Presidente y al Primer Ministro para nacionalizar las empresas norteamericanas. Estados Unidos redujo 700 mil toneladas de la cuota de azúcar cubano y la Unión Soviética anunció la compra de esa azúcar. Fidel Castro nacionalizó la mayoría de las empresas norteamericanas radicadas en el país y la OEA condenó a Cuba, mientras el gobierno estadounidense decretaba el embargo comercial.

En 1961 Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Cuba y en abril apadrinó el desembarco por Bahía de Cochinos, mientras Fidel Castro, que ya había proclamado el cumplimiento del Programa del Moncada, declaró el carácter socialista de la revolución. En 1962 el presidente Kennedy ordenó el bloque naval en respuesta a la instalación de cohetes soviéticos en la Isla, dando origen a la Crisis de Octubre que colocó al mundo al borde de una guerra nuclear. La presencia de guerrilleros cubanos en varios países de la región; las leyes Torricelli y Helms-Burton en los años noventa, la creación de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre y del Fondo para la Libertad en la presente década, son algunos de esos momentos que derivaron del proyecto democrático inicial a otro de resistencia eterna.

Para los cubanos el daño principal del diferendo consiste en que solapó las contradicciones entre Estado y sociedad, facilitó el desmontaje de la sociedad civil y condicionó el actual estancamiento. Después de medio siglo de confrontación, más allá de las pérdidas materiales y de las limitaciones a las libertades civiles y políticas, los peores resultados están en los miles de cubanos que han pagado con su vida en acciones bélicas, tratando de atravesar el Estrecho de la Florida o en misiones militares en el exterior, lo que unido a las víctimas de las separaciones familiares, de las enemistades generadas por razones ideológicas y de los traumas provocados; arroja un saldo totalmente negativo desde el punto de vista antropológico, que reclama pasar la hoja de la confrontación para entrar a las páginas del entendimiento, del diálogo, la colaboración y la reconciliación.

Agotado el capítulo de ganadores y perdedores, la nueva política norteamericana hacia Cuba podría ser una gran oportunidad. Por parte del Gobierno cubano, más que una respuesta a las medidas que ha venido dictando la administración del Presidente Obama para flexibilizar las restricciones antes impuestas, debería aprovechar la visita de Carter para dar pasos definitivos a favor de los propios cubanos, que víctimas del conflicto entre los dos países han retrocedido en materia de derechos a la época colonial. La tesis hasta ahora esgrimida de no cambiar nada hasta que el otro cambie está fuera de tiempo y de lugar. Una responsabilidad que recae totalmente en los que detentan el poder en estos momentos Se trata de desandar caminos equivocados.