m4s0n501

Hemeroteca de enero 2011

(Publicado en el Diario de Cuba, www.ddcuba.com, el 28 de enero de 2011)

2-marti-p-centralLos aniversarios de figuras que marcaron nuestra historia en épocas pasadas y que hoy conservan su vigencia, constituyen una excelente oportunidad para volver sobre sus ideas. Ese es el caso del 158 aniversario del natalicio de José Martí, que en esta oportunidad coincide con el inicio de los cambios que el gobierno está introduciendo en la economía, pero que tendrán que ser generalizados a todas las esferas sociales.

José Julián Martí Pérez, hijo de una familia de limitada instrucción, gracias a su sensibilidad e inteligencia, al amor de la madre y la rectitud del padre, y a sus relaciones con el director de la Escuela de Varones de La Habana, Rafael María de Mendive, devino historiador, poeta, literato, orador, maestro, periodista y el político cubano de más alta talla.

Sin embargo, a pesar de la cantidad de páginas que sobre él se han escrito, sus ideas esenciales apenas se divulgan. El haberle atribuido la autoría intelectual del Asalto al cuartel Moncada y situarlo junto al marxismo como fundamento del proceso que condujo a un sistema totalitario, ha provocado que algunos cubanos, especialmente los más jóvenes, manifiesten rechazo a esa desnaturalización de su figura. De ahí la importancia de llamar la atención sobre aspectos sencillos, pero raigales de su obra, que resultan válidos para el presente cubano. Con ese fin, adelanto ocho de esos aspectos.

- Su humanismo, al colocar al hombre como principio y fin de su obra libertaria; al soñar con que la primera Ley de la República fuera la dignidad plena del hombre, la cual es imposible sin las libertades que le sirven de sustento. Un humanismo expresado en el amor al prójimo que, como Jesús, incluía a sus propios enemigos y cuya mejor prueba consiste en que, a pesar del trato inhumano recibido en el Presidio Político, nunca expresó odio a España, o que a la vez que era enemigo del expansionismo norteamericano, era un ferviente admirador de la cultura de ese país y de su pueblo. De ese humanismo emana su ética, que en su accionar político constituyó un elemento distintivo expresado en su dimensión humana y en la correspondencia entre pensamiento y acción.

- Su profunda capacidad de análisis, gracias a la cual realizó un estudio crítico de los errores cometidos en la Guerra de los Diez Años y demostró que aquella contienda no la ganó España sino que la perdió Cuba. De ese estudio derivó un sistema de principios que incluye: la revolución como forma de la evolución, el papel de la política y su carácter democrático y participativo, la inclusión de todos los componentes en el análisis de los fenómenos sociales, la unión de los diversos factores, y el tiempo en la política. En ese sistema están los cimientos de una teoría de la revolución que incluye la función de la guerra necesaria y el papel del Partido.

- Su férrea oposición al caudillismo, que lo llevó a negar su participación en el Plan Gómez-Maceo en 1884, de lo cual dejó constancia en carta al Generalísimo: “Un pueblo no se funda General, como se manda un campamento”; una idea tan sencilla como esencial, cuya consecuencia  se manifestó a lo largo de la Guerra Grande y quedó recogida en su Diario de Campaña, 14 días antes de su muerte: “…Maceo tiene otro pensamiento de gobierno, una junta de los generales con mando, por sus representantes, –y una Secretaría General: –la patria, pues, y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejército, como secretaría del ejército”. Idea que había repetido una y otra vez, como en abril de 1894, cuando expresó: “Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea… Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia”1. Ideas que deben incorporarse a los actuales textos de enseñanza.

- Su concepción del Partido Revolucionario Cubano (PRC), como institución organizadora, controladora y creadora de conciencia para dirigir la guerra que habría de traer la República; no para dominar y prohibir la existencia de partidos diferentes después del triunfo, no para trabajar por el predominio, actual o venidero de clase alguna; sino por la agrupación, conforme métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en la Isla y en el extranjero2. Para, como quedó recogido en las Bases del PRC, fundar un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud3. E insistía que era una idea lo que hay que llevar a Cuba, no una persona4. Pensamientos totalmente ajenos al sistema de partido único implantado en Cuba.

- Su concepción de la República, concebida como forma y estación de destino, a diferencia de la Guerra y del Partido, concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella. Una república como estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios; de justicia social, que implicaba el amor y el perdón mutuo de una y otra raza, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano sea hombre político enteramente libre.

- Su ideario de Patria, a la que concebía como “comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”. Una aspiración condensada en las siguientes palabras escritas en Maestros ambulantes: “Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el goce del aire y de la luz” y “La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos”.

- Su enemistad con la violencia, a pesar de haberla sufrido en carne propia. En mayo de 1883 escribió: “… Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto a la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa… Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz”.

- Su rechazo al socialismo de Estado, del cual dejó constancia en La futura esclavitud, donde planteó que “los pobres que se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia”; que “al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera”; que “como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio.” Y que “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”5

Como los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetir una y otra vez los errores del pasado y Cuba en materia política ha regresado al siglo XIX, tenemos que convenir que el pensamiento político martiano continúa vigente, pues estamos detenidos en el tiempo en que a él le tocó vivir. La república con todos y para el bien de todos es materia pendiente. Una vez fracasado el modelo de socialismo totalitario, excluyente por naturaleza, el pensamiento martiano, síntesis de amor, virtud y civismo, constituye un legado que no podemos despreciar.
La Habana, 25 de enero de 2011

1 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.359
2 Resoluciones tomadas por la emigración cubana de Tampa y Cayo Hueso en noviembre de 1891. MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.23.
3 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 26
4 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.192
5 MARTÍ, JOSÉ. Obras Completas. T 15, pp.388-392.

3-albear2Las naciones, cuya historia está preñada de hechos violentos, le restan importancia a las figuras o acontecimientos ajenos a ese tipo de acciones. Si además, la violencia se divulga como paradigma de conducta, esa idea termina arraigándose en la conciencia social hasta establecer una falsa identidad entre guerras e historia, entre revoluciones y patriotismo, solapando otras formas válidas de hacer patria, de hacer historia y de fomentar cultura.

En Cuba, la historia de violencia –conquista, colonización, ataques de piratas y esclavitud; luchas abolicionistas, separatistas, independentistas y anexionistas; guerras civiles, crímenes raciales, golpes de estados, gangsterismo y terrorismo; lucha insurreccional y contrarrevolución armada– ocultan a figuras y acontecimientos, que por sus dimensiones, constituyen cimientos y columnas de la patria y de la nación. El Coronel Francisco de Albear y Fernández de Lara, gigante de la ingeniería cubana nacido en La Habana el 11 de enero de 1816, es uno de esos ejemplos.

En 1835 embarcó hacia España para ingresar a la Academia de Ingenieros y regresó a la Isla en 1845, cargado de cultura y de prestigio que le sirvieron para ser nombrado Ingeniero de la Real Junta de Fomento de Agricultura y Comercio de la Isla de Cuba, desde la cual emprendió una copiosa labor constructiva.

Entre la reparación del Convento de San Agustín en La Habana –su primera obra–, pasando por la construcción del acueducto Isabel II, se encuentra todo lo destacado en materia constructiva de la época. Basta mencionar el Cuartel de Caballería de Trinidad, el reconocimiento del río Zaza para su canalización, el estudio para ampliar los muelles de Cienfuegos, la Lonja del Comercio, el Jardín Botánico y la Escuela de Agronomía, los muelles, tinglados y grúas del litoral habanero, cuantas calzadas partían de la capital hacia las regiones circundantes, la instalación de las primeras líneas telegráficas de Cuba, el levantamiento del plano de La Habana, los proyectos del ferrocarril y la carretera central, entre otros.

En materia hidráulica, a pesar de la Zanja Real construida entre las décadas del 60 y del 90 del siglo XVI para trasladar las aguas desde el río La Chorrera; del acueducto Fernando VII construido entre 1832 y 1835 para conducir el agua mediante tuberías de hierro; además de los 895 aljibes y 2 976 pozos existentes, el abasto de agua potable a la villa de San Cristóbal de La Habana resultaba insuficiente en la primera mitad del siglo XIX.

Ante la crisis, el General Concha, Capitán General de la Isla, encomendó a una comisión pra solucionarel problema encabezada por Albear. Fue así como se le presentó al ilustre ingeniero la oportunidad de desarrollar su obra cumbre, consistente en dotar a la capital de un moderno acueducto que tomara el líquido del manto freático y lo trasladaba por tuberías soterradas para solucionar la insuficiencia e insalubridad de las aguas contaminadas procedentes de pozos, aljibes y de los acueductos precedentes.
Una vez concluido los estudios previos, por lo factible de la captación, conducción, cantidad,  calidad de las aguas, y por su altura, situada a más de 41 metros sobre el nivel del mar, de entre las posibles fuentes Albear eligió los manantiales de Vento. A continuación  investigó todo lo relacionado con el traslado del vital líquido hasta los depósitos de Palatino, demostró la influencia negativa de la luz solar sobre las aguas depositadas, modificó la geología de los terrenos para adaptarlos a la protección del canal, y dotado de precarios medios mecánicos lo hizo desplazarse por debajo del río Almendares.

3-acueducto-de-albearUn proyecto similar no pudo ser repetido hasta mediados del siglo XX, cuando se construyó el túnel de la bahía habanera: ambas obras, integrantes de las siete maravillas de la ingeniería cubana de todos los tiempos.

Por el conjunto de tan magistral labor Francisco de Albear fue premiado, primero en Filadelfia y luego en París con Medalla de Oro y una mención honorífica que reza: Como premio a su trabajo, digno de estudio hasta en sus menores detalles y que puede ser considerada como una Obra Maestra. Mientras la Real Junta de Fomento lo calificó como el más famoso de los ingenieros cubanos. A esa destacada eminencia de la ingeniería, Enrique José Varona le dedicó estos bellos versos:
Fundar la fe donde la duda sobra,
En medio de la noche hacer la luz,
Tomar la nada y fundar la obra,
Eso, Albear, es ser grande… ¡Así eres tu!

Al morir, Albear poseía merecidamente los títulos de Marqués de San Félix, Brigadier del Real Cuerpo de Ingenieros, Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y la Orden de Mérito Militar, Caballero de la Real y Militar Orden de San Fernando, Profesor de la Academia Especial de Ingenieros, Miembro Corresponsal de la Real Academia de Ciencias de Madrid, Socio de Número y de Mérito de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, Socio de Mérito de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, Honorario y Corresponsal de la Sociedad Británica de Fomento de Arte e Industria, Socio Fundador de la Sociedad Geográfica de España, Miembro de la Sociedad Científica de Bruselas y Miembro de la Sociedad de las Clases Productoras de México.

Como reconocimiento, el acueducto que inicialmente llevó el nombre de Isabel II se rebautizó con el de Francisco de Albear y el ayuntamiento de La Habana edificó la estatua ubicada en la calle Monserrate, entre Obispo y O’ Reilly, en la Habana Vieja. Sin embargo aún está pendiente que tan eminente ingeniero sea reconocido como un patriota de la construcción y uno de los forjadores de la cultura cubana, cuya obra cumbre sigue aportando una considerable parte del agua que se consume hoy en nuestra querida Habana.

(Publicado en Laborem.Voz del Movimiento de Trabajadores Cristianos/Cuba.Año 9, No. 36, julio-septiembre de 2010)

Trabajo y migración están estrechamente entrelazados. Si del primero emanan las riquezas que sustentan la vida material y espiritual del hombre, la segunda sirve de reacomodo cuando el trabajo es incapaz de garantizar la conservación y el desarrollo de la vida. Al respecto la Iglesia cuenta con un conjunto de documentos de obligada referencia, entre los que sobresalen las siguientes encíclicas.

La Rerum Novarum (1891), del papa León XIII, contiene valiosas reflexiones respecto a la redistribución del producto del trabajo social a través del salario. La Pacem en terris (1963), de Juan XXIII, plantea que la Iglesia tiene que compartir la aventura histórica del hombre. La Populorum progressio (1967), de Pablo VI, afronta la pobreza desde el punto de vista de la justicia y reconoce que la Iglesia debe ayudar a superar esas situaciones. La Laborem Exercens (1981), de Juan Pablo II, dice que la justicia de un sistema socio-económico y su justo funcionamiento merecen ser valorados según el modo como se remunere el trabajo humano, que la justa remuneración constituye el problema clave de la ética social y que el salario justo es aquel que resulta suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro. De esos planteamientos se deduce que el salario constituye un importante indicador de justicia social, a la vez que muestra si la economía está o no al servicio del hombre. Las cuatro encíclicas mencionadas ponen de manifiesto la opción preferencial por los pobres como elemento básico.

En Cuba, la falta de correspondencia entre ingresos y costo de la vida hizo que el salario dejara de ser la fuente principal de ingresos, con nefastas consecuencias para la economía, para la vida espiritual y para las relaciones sociales en general. Contradictoriamente las estadísticas oficiales exhibían una de las cifras de desempleo más bajas del universo, mientras decenas de miles de cubanos en edad laboral escapaban del país en busca de mejores condiciones de vida. Eso ocurría cuando aún no se había reconocido que sobran un millón de trabajadores.

Sin la migración humana no se puede explicar nuestra conformación como pueblo. Desde los primeros habitantes que arribaron a través del arco de las Antillas, hasta la primera mitad del siglo XX, nuestro país se caracterizó por la inmigración. Esa tendencia sufrió un giro de 180 grados en la segunda mitad del siglo. La diferencia de nuestra emigración, en relación con los éxodos masivo en otras partes del mundo, es que la misma constituye un proceso sostenido y en crecimiento que comenzó en 1959, continuó con la Operación Peter Pan, con las salidas por los puertos de Camarioca, del Mariel y de la Base Naval de Guantánamo y ha continuado de disímiles formas que van, desde la navegación en un neumático hasta abandonar cualquier misión en el exterior, fenómeno agudizado por la inexistencia del derecho a entrar y salir libremente del país.

La duración de ese fenómeno, la diversidad sociológica de los emigrados y el perjuicio a la nación, constituyen razones suficientes para comprender que la causa fundamental de esa situación radica en la incapacidad del modelo actual para satisfacer las necesidades de la población. Por ello, se impone situar a la persona como fin y no como medio, lo que implica reformar los salarios y la estructura de la propiedad, así como implementar los derechos ciudadanos.
Repitiendo a José Martí: Quien quiera nación viva ayude a establecer las cosas de su patria de manera que cada hombre pueda labrarse en un trabajo activo y aplicable una situación personal independiente.

(Publicado en Laborem, voz del Movimiento de Trabajadores Cristianos/Cuba.Año 9, No. 36, octubre-diciembre de 2010)

Familia y migración guardan una estrecha relación. La familia es una agrupación constituida por vínculos de parentesco o relaciones matrimoniales que, además de anteceder a otras formas de relaciones sociales, por sus funciones constituye la médula de la sociedad. Ella es escuela de amor, de educación y de participación en la vida de las personas, a la vez que proporciona a sus miembros compañía y seguridad. Por su parte la migración, tan antigua como la familia, consiste en una forma de reacomodo para sobrevivir cuando las condiciones materiales y/o sociales del lugar de residencia resultan incapaces de garantizar la conservación y el desarrollo de la vida.

Con excepción de las tribus nómadas que se trasladaban con todos sus miembros, la migración contemporánea separa a una parte de sus miembros, muchas veces a la pareja matrimonial. Un fenómeno que al universalizarse con la globalización afecta las funciones tradicionales de la familia. En el caso particular de Cuba, la crisis económica, la desproporción entre ingresos y costo de la vida y la impedimenta de salir y entrar libremente del país, entre otros factores, genera tanto migraciones individuales como masivas, pues la familia cubana inmersa en la lucha por satisfacer sus necesidades más elementales, al separarse pierde en buena medida las razones que la unieron. Así ha ocurrido antes y después del embargo, antes y después de la Ley de Ajuste y antes y después de la “Batalla de ideas” y así continúa ocurriendo.

Esa migración, sin posibilidad de regreso, además de afectar a la familia –especialmente a los más pequeños que son los principales usufructuarios de la orientación, educación y amor–, afecta también a la nación, pues la fuga de profesionales está descapitalizando y envejeciendo nuestra sociedad. Quizás por eso Juan Pablo II, en su homilía por la familia nos decía “Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón”.

(Publicado en el número 18 de la revista digital Convivencia, noviembre-diciembre de 2010, en el sitio www.convivencia.es/intramuros)

“La historia se vive hacia delante, pero para su comprensión hay que mirar hacia atrás. Kierkegarder”

2-mirar-al-pasado1

La interacción entre la incapacidad administrativa, la ineficiencia económica, la desesperanza, la corrupción generalizada y el éxodo masivo, han convertido a la actual crisis de Cuba en la más profunda de su historia. La presencia combinada de esos factores –suficiente para desintegrar cualquier conglomerado humano que aspire a existir como nación– constituye una alerta para todos los que se ocupan o preocupan por el presente y el futuro de nuestro país.

Agotadas todas las posibilidades de subsistir sin cambiar, el gobierno cubano está dando pasos hacia un conjunto de reformas que, aunque tímidas, insuficientes y contradictorias, al romper el inmovilismo, pudieran evolucionar en dirección de la democratización del país, única vía capaz de salvar a la nación cubana de su desaparición.

Ante el nuevo escenario un análisis retrospectivo arroja luz sobre un hecho que se repite en nuestra historia, me refiero al ciclo integrado por 1- el arribo al poder, 2- las intenciones de no abandonarlo, 3- la respuesta violenta de los que se oponen y 4- después de unos cuantas pérdidas humanas y materiales, el regreso al punto de partida, con la peculiaridad de que el resultado ha sido una marcha hacia el pasado, al punto que en materia de libertades cívicas nos encontramos a nivel de los años anteriores a 1878.

El retroceso de un país que ocupó uno de los primeros lugares en estándar de vida en América Latina y que llegó a consensuar una de las constituciones más avanzadas del mundo para su época, tiene que resultar de causas esenciales. Para ese análisis, por fortuna, contamos con un caudal de estudios, observaciones y prácticas realizadas por figuras ilustres de nuestra política y de nuestra cultura, de las cuales citaré brevemente algunas observaciones de ocho de ellos.

1- El padre Félix Varela (1778-1853), quien evolucionó desde la autonomía hasta devenir precursor de la independencia y del buen trato a los esclavos hasta elaborar un proyecto para la abolición de la abominable institución de la esclavitud, una vez inmerso en dichos propósitos comprendió que la formación cívica constituía una premisa para alcanzar tales objetivos y en consecuencia eligió la educación como camino para la liberación. Varela no solo bautizó a la cátedra de Constitución del Seminario San Carlos como institución de la libertad y de los derechos del hombre, sino que la concibió como un medio para enseñar virtudes cívicas. Es decir, derechos y virtudes unidos. Para ello introdujo la ética en los estudios científicos, sociales y políticos. Su obra Cartas a Elpidio, la dirigió a los jóvenes porque consideraba que si había alguien dispuesto a oír y deseoso de pensar con su propia cabeza, esa era la juventud. En ella, el padre Varela destaca la idea vital de ejercitar la virtud, la fuerza, la fortaleza, como medios de reafirmar un valor, un ideal moral, que los consolide como hombres y mujeres capaces de mirar alto y lejos. Por ello -decía- se impone, primero, empezar a pensar; propósito en que puso todo su empeño y por lo que José de la Luz y Caballero lo definió como nuestro verdadero civilizador.

2- José de la Luz y Caballero (1800-1862), quien después del padre Varela y de José Antonio Saco asumió la dirección de la Cátedra de Filosofía del Seminario San Carlos, consciente de los esfuerzos de algunos cubanos para liberarse de España, arribó a la conclusión de que, antes de la revolución y la independencia, estaba la educación, entendió la política como proceso y se pronunció contra la inmediatez que nos caracteriza. Hombres más bien que académicos –decía– es la necesidad de la época. A ese credo se consagró. En 1848 fundó El Salvador de La Habana, un colegio donde transcurrieron los últimos años de vida. En él todo lo valioso que acumuló de su tío materno José Agustín Caballero, de sus relaciones con el Padre Félix Varela y con los más insignes hombres de su época, lo amalgamó con los últimos adelantos de la pedagogía de la época, lo enriqueció con su sapiencia, lo adaptó a las condiciones de Cuba y lo entregó a sus alumnos, entre ellos a Mendive, el maestro de José Martí.

3- José Julián Martí Pérez (1853-1895), retomó el inconcluso proceso de conformación de la nación cubana para conducirla hasta una república moderna. Para ese fin realizó un estudio crítico de los errores de la anterior contienda independentista, donde el regionalismo, el caudillismo y el egoísmo, entre muchos males, dieron al traste con los propósitos de aquella guerra. De su análisis resultó un sistema de principios caracterizados por el carácter participativo y democrático, la inclusión de todos los componentes en el análisis, la unión de los diversos factores, y el papel del tiempo en la política. Desde esa proyectó la fundación de la república, que en su ideario era forma y estación de destino, a diferencia de la guerra y del partido, concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella, pero en los cuales tenían que estar presente los gérmenes de la democracia. Martí insistía en que el Partido no trabajaría por el predominio de clase alguna; sino por la agrupación, conforme métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en el extranjero. A pesar de su esfuerzo durante años, los males que dieron al traste con la Guerra Grande asomaron nuevamente. En el Diario de Campaña, 14 días antes de su muerte, Martí anotó: “…Maceo tiene otro pensamiento de gobierno, una junta de los generales con mando, por sus representantes, –y una Secretaría General: –la patria, pues, y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejército, como secretaría del ejército”.

4- Enrique José Varona (1849-1933), quien dedicó 50 años de su vida a la política, consideraba que nada será bueno ni perfecto, mientras los hombres no sean buenos y perfectos. Y decía: las leyes valen lo que valen los hombres que las aplican. Un postulado que apunta de nuevo a la ética y a la educación como punto de partida. En Mis consejos, escrito en 1930, Varona se quejaba de que la República había entrado en crisis, porque gran número de ciudadanos han creído que podían desentenderse de los asuntos públicos. Este egoísmo cuesta muy caro. Tan caro, que hemos podido perderlo todo. Varona, convencido de la necesidad de vivir de otro modo, comprendió que había que aprender de otro modo y decepcionado por los resultados obtenidos, se dedicó a la Pedagogía para formar ciudadanos.

5- Cosme de la Torriente y Peraza (1872-1956), convencido de lo inútil de la violencia para fundar pueblos y conformar naciones, encaminó sus pasos hacia la conciliación y el diálogo como cimientos ético-culturales de la acción política. Cosme decía a los líderes del Directorio Estudiantil, en 1931: Lo que entiendo como siempre he entendido, dada la situación internacional de Cuba y la complejidad de nuestros problemas, es que mucho mejor que una revolución, siempre de dudoso éxito, es llegar a una inteligencia o a una conciliación que permita un compromiso o convenio que restablezca la paz moral en la República y el orden jurídico destruido. Su vida es un modelo paradigmático del rechazo a la violencia para la solución de conflictos. Haciendo un uso efectivo de la diplomacia desempeñó un papel determinante en la recuperación de la soberanía de Cuba sobre Isla de Pinos y en 1934, desde La Habana, dirigió las negociaciones que culminaron con la abrogación de la Enmienda Platt. En los años cincuenta del pasado siglo, convencido del daño que acarrearía si Cuba se enrumbaba nuevamente por el camino de la violencia, encabezó el Diálogo Cívico, dirigido a retomar el camino de la constitucionalidad y eludir la disyuntiva entre dictadura militar y violencia revolucionaria.

6- Gustavo Pittaluga (1878-1956), médico italiano, radicado en España que emigró a Cuba en 1937, sin ser cubano de nacimiento estudió y conoció a nuestro país mucho más y mejor que la mayoría de los aquí nacidos. En su obra Diálogos del Destino, planteó que Cuba es un pueblo que ha querido crear una nación. Que es capaz de crearla. Pero que no la ha creado todavía, pues el signo específico de una nación es tener conciencia de su destino. Y Cuba no la tiene. Y agregaba: Ningún ideal se realiza por completo. Pero sin la visión de ese ideal no hay ruta, no hay brújula, no hay obra fecunda para el porvenir. Para él la violencia era el signo precursor del destino de Cuba. En su criterio la solución de los conflictos solo se podría alcanzar desde la política y el entendimiento, o se impondría nuestro signo precursor: la violencia, lo que se confirmó con el golpe militar de 1952, al poner frente a frente a las dos vertientes políticas de la violencia: la tradicional y la revolucionaria.

7- Fernando Ortiz Fernández (1881-1969), uno de los pensadores más destacados del siglo XX cubano, hurgando en nuestras raíces llegó a la conclusión siguiente: No creemos que haya habido factores humanos más trascendentes para la cubanidad que esas continuas, radicales y contrastantes transmigraciones geográficas, económicas y sociales de los pobladores; que esa perenne transitoriedad de pospropósitos y que esa vida siempre en desarraigo de la tierra habitada, siempre en desajuste con la sociedad sustentadora. Hombres, economías, culturas y anhelos, todo aquí se sintió foráneo, provisional, cambiado, “aves de paso” sobre el país, a su costa, a su contra y a su malgrado. En La crisis política cubana: sus causas y sus remedios (1919) destacó, entre nuestras limitaciones sociológicas: Falta de preparación histórica del pueblo cubano para el ejercicio de los derechos políticos; incultura en los dirigidos que les impide apreciar en su justo valor a los hombres públicos; cultura deficiente en las clases directoras, que impide refrenar sus egoísmos y hacerlos compaginables con los máximos intereses de la nación; desintegración de los diversos elementos sociales en razas y nacionalidades, de intereses no fundidos en un ideal supremo nacional; debilidad psicológica del carácter cubano, la impulsividad, característica de esa índole psicológica, que nos lleva con frecuencia a actuaciones intensas, pero rápidas, precipitadas, impremeditadas y violentas.

8- Jorge Mañach Robato (1898-1961), en sus ensayos, debates y comparecencias públicas, señaló características negativas de los cubanos: “Nuestro carácter nervioso e inquieto por temperamento fisiológico: frívolo, actualista e imprevisor. Respecto a las desavenencias permanentes entre cubanos, decía: “Cada persona tiene su pequeña aspiración, su pequeño ideal, su pequeño programa; pero falta la aspiración, el ideal, el programa de todos; aquella suprema fraternidad de espíritus que es la característica de las civilizaciones más cultas. Y añadía, el individualismo inhíbito en nuestra raza hace a cada uno quijote de su propia aventura. Los esfuerzos de cooperación generosa se malogran invariablemente. Los leaders desinteresados no surgen. En los claustros, en los gremios intelectuales, en las academias, en los grupos, la rencilla cunde como la yerba mala por los trigales de donde esperamos el pan del espíritu. Todo es un quítate tú para ponerme yo. La cultura es un naufragio, y el esfuerzo un arisco sálvese quien pueda. Se ansía vagamente un estado mejor; pero no se lucha en cruzada de todos por realizarlo.

Las observaciones críticas de estos pensadores nos ayudan a comprender las raíces del ciclo repetitivo que una y otra vez nos ha conducido a la supremacía de la violencia sobre las soluciones políticas y nos permiten establecer la similitud de tres períodos de la historia política cubana del siglo XX: De 1902 a 1933, de 1933 a 1952 y de 1952 a la actualidad.

En el primer caso, de los generales de la Guerra de Independencia, con excepción del Dr. Alfredo Zayas, surgieron casi todos los mandatarios que ocuparon la presidencia entre 1902 y 1933. En ellos se repitió el siguiente esquema: Arribo al poder, intenciones realizadas o malogradas de permanecer un poco más en la poltrona presidencial, respuesta violenta de los que reclamaban la rotación, solicitud de intervención extranjera, restitución del orden y nuevas elecciones. Así ocurrió con los intentos frustrados o consumados de reelección desde Estrada Palma hasta Gerardo Machado.

En el segundo caso, curiosamente, casi todos los que ocuparon cargos públicos de 1933 a 1952 surgieron de instituciones cívicas o militares que emplearon la violencia durante la Revolución del 30, la que terminó con el derrocamiento de Gerardo Machado: Grau San martín, Eleuterio Pedraza, Carlos Mendieta, Miguel Mariano Gómez, Federico Laredo Bru, Fulgencio Batista, Carlos Prío, Eduardo Chibás, Antonio Guiteras, Carlos Hevia, Sergio Carbó y otros muchos.

En el tercer caso, después de 12 años con mandatarios elegidos en las urnas, Fulgencio Batista en 1952 dio un Golpe de Estado, suspendió la Constitución, disolvió el Congreso e instituyó un gobierno provisional. Provocando, en consonancia con nuestra carencia de cultura democrática, el asalto al Cuartel Moncada, las sublevaciones militares como la de Matanzas y de Cienfuegos, el desembarco del Granma y el Asalto al palacio presidencial; manifestaciones de la supremacía que asumió la violencia sobre los esfuerzos de conciliación de la Sociedad de Amigos de la República, del Diálogo Cívico y de las gestiones del Episcopado.

Es decir, en los tres períodos mencionados, los presidentes electos fueron precedidos por contextos de violencia y los gobiernos resultantes sucumbieron nuevamente ante la violencia, en una marcha en dirección contraria al progreso social.

El gobierno revolucionario, emergente de la victoria militar en 1959, junto a las primeras medidas de carácter democrático y popular inició un proceso de concentración de la propiedad en manos del Estado y del poder en manos del Jefe de la revolución; proceso que comenzó en la Sierra Maestra en mayo de 1958, donde se acordó aplicar una política de mando único, centralizada en la figura de Fidel, quien fue nombrado Secretario General del Ejecutivo del M-26-7 y Comandante en Jefe de todas las fuerzas revolucionarias, incluyendo a las milicias urbanas.

Ese proceso continuó después de la toma del poder hasta agregar a los cargos de Comandante en Jefe, los de Primer Ministro y Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba. De forma paralela el entramado de asociaciones juveniles, femeninas, obreras, campesinas, profesionales, de empleadores, etc., fueron disueltas o subordinadas al los objetivos del Estado. La autonomía universitaria, que había sido refrendada en el artículo 53 de la Constitución de 1940, despareció de facto con la reforma Universitaria en 1962. La prensa escrita, radial y televisiva, la enorme red de cines existentes, la producción de libros y las instituciones culturales, quedaron bajo el control del Partido Comunista. Proceso que desembocó en el sistema totalitario y en la profunda crisis estructural en que nos encontramos, cuya explicación está estrechamente relacionada con los señalamientos críticos de los pensadores citados:

La idiosincrasia del cubano, cuya raíz está en los europeos que vinieron con la intención de enriquecerse para regresar y en los africanos que fueron traídos en contra de su voluntad; ni uno ni otro con la intención de arraigarse, como sucedió con los colonos que arribaron a Norteamérica. A ello se una el carácter nervioso e inquieto, inmediato e imprevisor, que con frecuencia nos lleva a actuaciones intensas, precipitadas, impremeditadas y violentas, pero de corta duración.

La carencia de una cultura democrática y de una casi inexistente formación cívica, que se manifiesta en la conducta de gobernantes y gobernados. Una de sus expresiones es el rechazo de la mayoría de la población a la política, lo que permite que la misma quede en manos de minorías que pueden tomar, de forma inconsulta, decisiones que afectan a todos y que facilita la exclusión.

La ausencia de la conciencia común de destino, lo que explica el carácter inconcluso de la nación cubana, pues cada uno tiene su pequeña aspiración, su pequeño ideal, su pequeño programa; pero como dice Mañach, falta la aspiración, el ideal y el programa de todos.

De lo anterior, si no queremos agregar nuevos episodios a esa fatídica marcha atrás, se impone la imperiosa necesidad de cambiar, empezando por nosotros mismos, pues como la historia la hacen los hombres, sobre todos aquellos que aspiran a ser sujetos de los cambios, no habrá futuro para nuestra sociedad. Tal conclusión nos conduce a la tesis martiana de conformar, desde los pocos espacios existentes, los gérmenes de la democracia para la futura Cuba, que repito empieza por los individuos, para lo cual resulta de capital importancia el rechazo al empleo de la violencia.

1-letra-del-ano-20111

La coincidencia de OGGUN y BABA EYIOBE, divinidad y signo regentes para el 2011, presagian un año de cambios importantes para Cuba. Así se informó en la conferencia de prensa efectuada el lunes 3 de enero, en la casa signada con el número 1509, en la avenida Diez de Octubre, del municipio capitalino del mismo nombre. En la cita se dieron a conocer las predicciones de Ifá para el año 2011 en Cuba y en el mundo.
En nombre de la Comisión Organizadora de la Letra del Año, la conferencia fue presidida por los sacerdotes de Ifá Guillermo Diago, Lázaro Cuesta, Víctor Betancourt y la conocida investigadora Natalia Bolivar. Estuvo presente una nutrida representación de periodistas, personalidades religiosas, investigadores, académicos y pueblo en general.

La actividad comenzó con un minuto de silencio en recordación de Miguel Febles Padrón, como reconocimiento a sus enseñanzas. Febles, a quien se le otorgó la jerarquía de babalawo a los 7 años de edad y la ejerció hasta su fallecimiento en 1986, es considerado figura prominente de la Regla de Osha en el siglo XX cubano. Fue también el principal impulsor de la unión de las decenas de Casas Templo que antes realizaban predicciones de forma independiente para confluir sus labores en la Comisión Organizadora de la Letra del Año desde 1987.

Como es tradicional desde hace más de dos décadas, en representación de la inmensa mayoría de las ramas o familias de Cuba y con el respaldo de sacerdotes de Ifá de otras naciones, a las 12 de la noche del 31 de diciembre de 2010 comenzó el proceso de consulta a Orula, donde el sacerdote con menor tiempo de iniciado tuvo la responsabilidad de manipular las 16 semillas sagradas y extraer el signo regente (Letra del Año) de entre 256 signos posibles.

De la elección e interpretación de las historias y patakies que forman parte del cuerpo literario de Ifá, resultó:

Como signo regente BABA EYIOBE, cuyo significado es doble salvación. Este signo se representa gráficamente por dos líneas paralelas formadas por columnas, por las que se puede transitar entre el bien y el mal. En ambas líneas hay beneficios y peligros cuyo resultado depende de la selección de las personas que transitan. BABA EYIOBE se repite por segundo año consecutivo como signo regente, lo que significa que sus advertencias fueron ignoradas la vez anterior, razón por la cual los conferencistas alertaron acerca de la necesidad de tener en cuenta las predicciones.

Como divinidad regente OGGUN, patrón de los herreros y de los militares. En el contexto nacional cubano se le identifica con la figura política y militar del General Raúl Castro. OGGUN, caracterizado por el uso de la fuerza, significa cambio seguro, sin embargo, según se explicó, al venir acompañada en esta oportunidad por OSHUN –divinidad de las aguas, las mareas, la luna y abogada de un fenómeno tan doloroso como los partos– los posibles cambios estarán matizados por la dulzura que caracteriza a esta diosa, que se identificaba por nuestros aborígenes como Atabey y con la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba.

Como oración profética resultó IRE SIWAYU TESI LESE YEMAYA, que significa beneficio de prosperidad, firme y seguro a los pies de Yemaya. El contenido de esta oración, conjuntamente con las características de la divinidad y signo regentes, auguran, según las predicciones, un año positivo.

La bandera del año es mitad verde y mitad negra, con ribetes amarillos.

El pronóstico, respecto a enfermedades de cuidado, llama la atención sobre las embolias, isquemias, tuberculosis aguda, así como trastornos oftalmológicos y óseos.

En cuanto a los acontecimientos de interés social se advierte, entre otros, peligros de guerras y confrontaciones, apertura comercial, logros en el sector de la pesca y la marina mercante, golpes de Estado o cambios de sistemas políticos y alto índice de muertes de personalidades públicas.

Dos de los refranes más significativos del Odù (signo regente) son: “Rey muerto, rey puesto” y “Las palmas jóvenes crecen mucho más altas y más frondosas que las viejas”.
1b-letra-del-ano-2011

El llamado de la Comisión Organizadora de la Letra del Año a observar las predicciones de Ifá –introducidas en Cuba por los esclavos lucumiés y conservadas por sus descendientes– tiene su fundamento en los aciertos de los vaticinios de años anteriores y en que las profecías pueden variarse en dependencia de la conducta, de lo que se deduce que los vaticinios negativos pueden revertirse y los positivos mejorarse.

Entre las recomendaciones están: restaurar o eliminar viejos esquemas políticos para el disfrute de un nuevo orden social; dar oportunidad a los más jóvenes dentro del ámbito familiar y social; y tener en cuenta los aciertos y errores de 1959, 1989, 1998 y 2004, años en los  que también BABA EYIOBE fue el Odù. Sobre este particular Víctor Betancourt adelantó una conferencia donde profundizará sobre las predicciones en esos años en que BABA EYIOBE fue el signo regente y sobre el cumplimiento de las mismas respecto a los hechos ocurridos.

Por su parte Lázaro Cuesta insistió en el reordenamiento de la familia, de donde emerge el respeto a la sociedad, en la cooperación armoniosa entre jóvenes y viejos como vía para recuperar el respeto y la moralidad, así como renunciar al intento de imponerle criterios a los demás, lo que conduce a la confrontación. Insistió en que el hombre no puede estar esclavizado contra su voluntad, sino basarse en sus principios y convicciones, es decir, en su dignidad como ser humano.

Los conferencistas, en respuesta a las preguntas de los presentes, afirmaron que la Letra del 2011 es muy buena. Lo que nos resta, a los cubanos todos, es actuar con la dignidad y el compromiso correspondiente para influir a favor de los cambios, para transitar, entre las dos columnas de BABA EYIOBE a favor del bien, es decir a favor de los cambios estructurales que la sociedad cubana necesita hace ya mucho tiempo, para salir del estado de estancamiento y desesperanza en que estamos sumidos.

copia-1-valla-32-festival3

(Publicado en www.diariodecuba.com, el 27 de diciembre de 2010)

La edición 32 del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, clausurado en La Habana el pasado 2 diciembre, demostró que el séptimo arte está en ascenso en Latinoamérica y que Cuba no es una excepción.

Entre más de 500 cintas participantes, los filmes cubanos –con independencia del tema, del mayor o menor acierto de sus directores, y de la calidad de actores y guiones– por vez primera coincidieron en reflejar críticamente la realidad social del país. Una prueba de que la cultura, aunque pueda ser sometida a la condición de prisionera de la ideología, como es nuestro caso, por su naturaleza y funciones trasciende tan negativa imposición. Un breve repaso, limitado a los cuatro largometrajes de ficción que participaron en la competencia, lo evidencia.

Casa Vieja, de Lester Hamlet, basada en la obra de teatro de Abelardo Estorino del mismo nombre, usa la narración de un caso particular, el regreso al seno familiar de un cubano después de 14 años viviendo en el exterior, para develar el efecto negativo que ha tenido el sistema político cubano en la penuria económica y moral en que se encuentra atrapada la sociedad.

Según su director “es una película que habla de quiénes somos y de cómo entiendo la vida de los cubanos desde el comprometimiento afectivo”. Desde esa visión se  introduce, con una fuerte carga emotiva, en uno de los tantos problemas de la Cuba de hoy. La cinta, que había obtenido el Gran Premio a la Mejor Maqueta de Largometraje de Ficción en el VIII Festival Internacional del Cine Pobre Humberto Solás, se alzó ahora con el Premio de la popularidad, el Premio Cibervoto del Portal del Cine y el Audiovisual Latinoamericano y Caribeño de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y con la Mención del Jurado de Ficción.

Larga Distancia, de Esteban Insausti, nos presenta la historia de cuatro amigos, que a causa de la profunda crisis que generó la desaparición del socialismo real en Europa de Este, no pudieron cumplir con su juramento de nunca separarse. Ana, uno de los cuatro, al cumplir los 35 años ya no tiene amigos para celebrar su onomástico, por lo que celebra su fiesta, de forma imaginaria, evocando los recuerdos de viejos amigos.

Desde el punto de vista sociológico es una crítica al impacto en la vida de los cubanos de la emigración, debido a la incapacidad del modelo cubano para brindar es oportunidad dentro de su nación. La vida de sus padres evidencia la pervivencia de males a través de generaciones y el rotundo fracaso en el proyecto de formar un hombre nuevo en Cuba.  En fin desajustes sociales resultado de un modelo que ha triunfado en la resistencia a cambio del empobrecimiento y ruina moral de considerables sectores de la sociedad.

Boleto al paraíso, de Eduardo Chijona, inspirada en testimonios reales ocurridos en 1993, recogidos en el libro Confesiones a un médico, de Jorge Pérez Ávila. El filme relata la historia de varios adolescentes que, resultado del empobrecimiento material y espiritual de la familia, al huir de sus hogares sus destinos se unen en busca de un paraíso inexistente y terminan autocontagiándose con el virus del sida para “disfrutar” de la vida en un sanatorio; un pacto simultáneo de amor y de muerte.

Afinidades, de Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, con guión del propio Vladimir, se introduce en una faceta de la corrupción administrativa de funcionarios relacionados con la gestión de empresas mixtas, que no es más que la expresión del deterioro generalizado en la sociedad cubana desde que el salario dejó de ser la fuente principal de ingresos y de que en este sector, burocratizado e investido de poderes que permiten el disfrute de de privilegios vedados para el cubano común y gracias a la institución de forma casi absoluta de la “propiedad de todo el pueblo” bajo el control de algunos. Un disfrute que lleva a la  trasgresión afectiva y conduce a la agresión de la dignidad, a la deliberada manipulación del prójimo. Aunque la cinta trata un problema del mundo contemporáneo, en Cuba es inseparable de la crisis estructural cubana, cuya primera causa radica en las contradicciones al interior del país.

Martí, el Ojo del canario. Del laureado Fernando Pérez, director y guionista, es una cinta inspirada en la infancia y adolescencia del Apóstol, resultado de una búsqueda para responder a la pregunta ¿Cómo pudo formarse, en plena colonia, una figura tan brillante y elevada como la de José Martí? En mi opinión, la cinta superior del Festival, es una combinación de la sensibilidad, ética, amor y búsqueda que definen a su director.
Precisamente es Fernando, quien con su concepción del cine como forma de ver, interpretar y formar la realidad, ha puesto en evidencia las potencialidades de la crítica cinematográfica para promover la reflexión entre cubanos; una demostración práctica de la responsabilidad de los intelectuales como estetas del cambio, críticos de nuestras insuficiencias y fuentes de conexión entre nuestras tradiciones y el saber universal. El principal, de los múltiples mensajes de este filme consiste en una apelación al rescate de la dignidad.

La cinta viene precedida del Colón de Plata al mejor Director y a la Mejor Fotografía en el Festival de Cine de Huelva. Ahora obtuvo el Premio Coral de dirección y el de Dirección artística a Erick Grass y Premio al mejor cartel de Giselle Monzón. Además el Gran Premio (Ex Aequo) Alba Cultural Latinoamérica Primera Copia; el Premio de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba; Premio de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica; Premio El Megano, de la Federación Nacional de Cine Clubes; Premio Caminos 2009, del Centro Memorial Martin Luther King; Premio Radio Roque Dalton, de Radio Habana Cuba; Premio Cined de la Cinematografía Educativa; Premio Vigía, de la sub sede de Matanzas; y  Premio de la UNICEF.

La crítica social, presente en la historia del cine cubano desde hace varias décadas, ha evolucionado de manifestaciones aisladas hasta la confluir en una critica generalizada, que sin dudas tiene mucho que ver con la conciencia crítica que cada vez toma mayor fuerza en nuestra sociedad y que, incluso, comienza a reflejarse en las más recientes, pero aún tenues, señales de cambios en las esferas del poder.