Hemeroteca de septiembre 2010

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No por esperados dejan de asombrar los resultados de las elecciones legislativas de Venezuela. El Gobierno de Hugo Chávez acaba de perder el control absoluto que mantuvo sobre la Asamblea Nacional durante una década, lo que impide, de ahora en adelante, aprobar nuevas leyes que requieran la sanción del parlamento sin el consenso de la oposición, lo que limita sus pretensiones de reelección.

Los siglos de injusticia social, carencia de democracia, caudillismo, violencia y corrupción administrativa, agudizados con el fracaso de los proyectos desarrollistas y neoliberales, generaron en Venezuela un grado de inconformidad social que se manifestó en varios intentos por repetir la experiencia de la revolución cubana. El Teniente Coronel Hugo Chávez, después de fracasar en un intento de Golpe de Estado en 1992, se propuso llegar al poder por la vía electoral, se presentó a las elecciones de 1998 con un mensaje de corte nacionalista y cautivó a un amplio sector de la población inconforme con las desigualdades existentes. Al asumir la presidencia en 1999, Chávez anunció una “revolución pacífica y democrática” y solicitó un referendo para reformar la Carta Magna, la cual, al ser aprobada, reforzó el poder presidencial, eliminó el Senado, vació el poder legislativo en la unicameral Asamblea Nacional y estableció un mayor control estatal de la actividad económica y de los medios de comunicación.

En 2001 Chávez llamó a la creación de los “Círculos Bolivarianos” –una copia de los Comités de Defensa de la Revolución de Cuba– y con un lenguaje agresivo comenzó a culpar de todo lo malo al “enemigo externo”. Al ser reelecto en 2002 para un nuevo mandato de seis años, el Presidente anunció una profunda transformación de las estructuras económicas y sociales del país y solicitó de la Asamblea Nacional poderes especiales para legislar por decreto en materias económica, social y de administración pública, lo que generó una ola de huelgas y enfrentamientos con la oposición, la cual califico las medidas de Chávez como dictatoriales. La violencia y la desobediencia civil, resultado de esa práctica, condujo al Golpe de Estado que depuso a Chávez en año 2002 y a su regreso casi inmediato al poder. Sin embargo, la persistencia en los objetivos de perpetuarse en el poder, provocaron nuevamente, en ese mismo año, manifestaciones civiles y militares en su contra, como fue la toma de la plaza Altamira en Caracas y la huelga general, incluyendo los empleados de la empresa petrolera PDVSA para exigir la renuncia del Presidente. La respuesta fue el despido de miles de trabajadores que apoyaron la huelga. El clima de violencia creado no cedió hasta que en el año 2003, cuando gracias a la mediación de la OEA, el Centro Carter y “países amigos”, el Gobierno y la Oposición firmaron un acuerdo.

De regreso a la vía no violenta, la oposición optó por la convocatoria de un referendo revocatorio, recogió las firmas exigidas y el Consejo Nacional Electoral lo convocó para agosto de 2004. En esa oportunidad, Chávez concentró sus esfuerzos en los sectores más marginados y en los que no acudieron a las urnas en las anteriores elecciones. El resultado fue 5 553 209 votos (59,06% de los emitidos), casi más de dos millones en relación a los comicios del año 2000; mientras que la oposición alcanzó más votos que en 1998 y que en en el año 2000, pero con un crecimiento inferior al obtenido por el Presidente.

En el año 2006 Chávez convocó un referendo consultivo para reformar 69 artículos de la Carta Magna con el objetivo de aumentar su poder, sin embargo, la mayoría dijo NO a la reforma; pero al vencer nuevamente en las elecciones regionales de 2008, el Presidente aprovechó el triunfo y solicitó nuevamente a la Asamblea Nacional la realización de otroreferendo en el año 2009, esta vez para reformar un solo artículo, el que le permitía su reelección en el año 2012, donde se impuso con aproximadamente el 55% contra el 45% de la oposición.

El presidente Venezolano, inmerso en su afán de perpetuarse en el poder, perdió de vista que las victorias electorales no son sino un reto y una oportunidad. Es decir, que el triunfo se mide no por la mayoría de votos sino por los cambios estructurales encaminados a resolver la deuda acumulada de justicia social y democracia participativa, tal como lo demostró Ignacio Lula da Silva en Brasil, quien se propuso la justicia social mediante el aumento de la producción y no quitando riqueza a los poseedores para redistribuirla a los desposeídos.

A pesar de que el petróleo alcanzó un preció que sobrepasó los 144 dólares por barril,  el Producto Interno Bruto decreció, la inflación aumento, el valor real del salario disminuyó, mientras la corrupción y la violencia se dispararon. En fin, que el chavismo no fue capaz de transformar el populismo revolucionario en medidas efectivas, mientras los venezolanos han aprendido a hacer uso de los mecanismos democráticos institucionalizados con eficacia. La mezcla de demagogia, militarismo, lenguaje agresivo y control del poder político, y su auto denominación del “Bolívar” de hoy, es una nueva aspiración al totalitarismo en una región en que ese estilo está sencillamente agotado.

El resultado es claro: desde el caudillismo populista no se puede proyectar la solución del atraso latinoamericano, lo que explica que el por ciento de la población que no comparte la política de Chávez se mantuviera, en los continuos comicios celebrados, alrededor del 40%, y que en esta oportunidad, además de impedir que el Gobierno acumulara las dos terceras partes de la Asamblea, gobierno y Oposición quedaron empatados en relación a los diputados elegidos al Parlamento Latinoamericano (cinco para cada bando) y en cuanto al voto popular, la oposición por vez primera logró un empate técnico, lo que augura un fracaso en los intentos reeleccionistas del Presidente.

Lo ocurrido en Venezuela contiene, al menos, siete valiosas enseñanzas:

1. Venezuela ha dado una importante demostración al aceptar, en cada una de las oportunidades, los resultados de las consultas electorales, lo que constituye una prueba de madurez, garantía de paz social y perspectiva de futuro.

2. La división de los votos en la reciente consulta electoral, aproximadamente a la mitad entre Gobierno y Oposición legitima tanto a uno como a otro ante Venezuela y ante el mundo, lo que impide a ambas partes hablar en nombre de todo el pueblo de Venezuela.

3. Chávez, en su afán por desarrollar una revolución a imagen y semejanza de Cuba y haciendo uso de los poderes adicionales que le otorgaron, limitó, pero no pudo barrer, los espacios, mecanismos y procedimientos cívicos existentes. De ello resulta una enseñanza: la instauración de una revolución, aunque sea por medio de las urnas, tiene que revalidarse constantemente por las urnas.

4. El intento de dirigir las naciones modernas como coto particular o bajo la hegemonía de una parte en detrimento de otras, desemboca en gobiernos totalitarios que terminan por negar las libertades en nombre de las cuales arribaron al poder.

5. Si la pérdida del control de la Asamblea Nacional no es una sorpresa, tampoco lo será el fracaso en los comicios presidenciales de 2012. Su posible reelección dependerá de la voluntad para transformar el populismo revolucionario en hechos positivos y permanentes: algo casi imposible y demasiado tarde.

6. Los venezolanos, a favor o en contra de Chávez, han aprendido a hacer uso de los mecanismos democráticos institucionalizados, lo que representa una valiosa lección cívica, especialmente para los cubanos, que carecemos de esos mecanismos e instituciones.

7. Lo que está ocurriendo en Venezuela tendrá un impacto en el nuevo escenario cubano, caracterizado por reformas tímidas al interior y búsqueda de fuentes de financiamiento al exterior, lo que obligará a acelerar el proceso de cambios si no se quiere tener un efecto similar al que tuvo la desaparición del campo socialista, pues los actuales términos de intercambio comercial con Venezuela son muy frágiles, ya que están basados en una relación política. A la vez indica el camino a seguir en Cuba, único país de la región sin oposición legalizada y de espaldas a las urnas, al debate público de la política y a los vientos que soplan en la región.

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Después de agotar todas las vías posibles para hacer funcionar la economía desde la concepción totalitaria, el Gobierno ha emprendido el camino de las reformas bajo el nombre de actualización del modelo. Entre las primeras medidas anunciadas están la reforma laboral que dejará sin empleos a más de 1 millón de trabajadores y la ampliación de las variantes del cuentapropismo, incluyendo la contratación de mano de obra. Sin embargo, dichas medidas demuestran que no se ha renunciado al vicio totalitario de ignorar la participación ciudadana y decidirlo todo desde el Estado, lo que augura nuevos fracasos.

Las exclusiones de sectores o grupos sociales en las decisiones ha sido una constante de nuestra historia. Desde los reclamos enarbolados por Félix de Arrate a mediados del siglo XVIII –con excepción del padre Félix Varela y después con José Martí, quien concibió a idea de la república moderna con todos– los movimientos y figuras protagonizaron diferentes episodios con el fin de lograr, bien la equiparación entre peninsulares y criollos, bien la condición de provincia española, bien la autonomía, bien la independencia; pero siempre desde y para la clase social que representaban, en detrimento de otras clases o sectores de la Isla. El proceso iniciado en 1959, con el fin declarado de dar remate a las luchas iniciadas en el siglo XIX, terminó reproduciendo el mal en su forma más desarrollada: la exclusión no de un sector, sino de toda la sociedad por el Estado.

Las dos medidas anunciadas, estrechamente relacionadas, constituyen intentos de rectificar graves errores cometidos. La reforma laboral es resultado del fracaso de la política de “pleno empleo”, impuesta contra toda lógica económica para exhibir artificialmente ante el mundo la superioridad del sistema cubano; mientras la extensión del trabajo por cuenta propia responde al intento de disminuir el impacto de los actuales despidos masivos y al fracaso de la propiedad estatal absoluta. Ambas medidas, antes y ahora, fueron implantadas desde el Estado, desconociendo la participación ciudadana, la cual es imposible sin la existencia de una sociedad civil, entendiendo por ésta un sistema interrelacionado de asociaciones, espacios públicos, derechos y libertades, que constituyen la base del intercambio de opiniones, de concertación de conductas y de toma de decisiones, sin más autorización que las que emanan de las leyes.

Cuando el Estado anula a la sociedad civil, como ha ocurrido en Cuba, puede imponer sus determinaciones, lo que no puede es obtener resultados positivos. De ahí que la implementación de los derechos y libertades fundamentales constituya una premisa para salir de actual la crisis estructural, cuya causa fundamental radica, precisamente, en la ausencia de las libertades en las que se sustenta la dignidad humana ¿Qué peculiaridades del nuevo escenario permiten al Estado, después de los fracasos obtenidos, seguir decidiendo el destino de la nación por sí solo?: en primer lugar, el Estado tiene la ventaja de ser casi único dueño de los medios de producción, lo que le permite introducir reformas apenas sin oposición de intereses particulares y sin depender de fuerzas externas; en segundo lugar, como expresé en ¿El huevo o la gallina?1, los cambios sociales generalmente se producen bajo la dirección de nuevas fuerzas que asumen el poder, mientras en Cuba, el sujeto inicial es la misma fuerza que detentó el poder durante más de medio siglo, lo que les facilita, en ausencia de una sociedad civil independiente, determinar el punto de inicio, la velocidad, la profundidad y la dirección de los cambios; en tercer lugar, como no existió la lógica alternancia en el poder, la fuerza que ha gobernado durante el último medio siglo es responsable de todo lo bueno y de todo lo malo ocurrido, lo que explica que se retome el cuentapropismo y no se hable del error cometido con la Ofensiva de 1968, que eliminó casi toda la pequeña propiedad; en cuarto lugar, porque esa fuerza ha contraído determinados intereses personales o de grupo que influyen en su conducta.

Lo anterior explica que en ninguno de los dos casos se reconozcan los errores cometidos, pues la Ofensiva Revolucionaria de marzo de 1968, eliminó de un solo golpe decenas de miles de pequeños propietarios, muchos de los cuales  que empleaban mano de obra contratada y ofertaban servicios y producciones que el Estado nunca logró suplir. Una medida producto del afán totalitario de controlarlo todo e impedir la formación de una clase media, ignorando las experiencias foráneas e internas, pues en Cuba, desde el Obispo Juan José Díaz de Espada a principios del siglo XIX, hasta Julio Sanguily en el siglo XX, pasando por José Antonio Saco, Francisco de Frías, Enrique José Varona y José Martí, innumerables pensadores argumentaron la necesidad de fomentar, tanto una economía diversificada de pequeños productores agrícolas como una clase media nacional.

Al eliminar la pequeña propiedad, además de la ineficiencia aparecida, las empresas estatales devinieron estaticulares2, provocando el surgimiento de otra inmensa red, de producciones y servicios, al margen de la Ley, las que, al no contar con suministros de materias primas, herramientas y piezas de repuestos, dieron lugar al hurto generalizado, bautizado con los verbos escapar, luchar y resolver, que designan las acciones para sobrevivir, lo que pasó a formar parte de la moral de sobrevivencia que predomina hoy.

La condición de prisionera desnaturalizó la economía hasta convertirla en factor de pobreza material y espiritual. Se necesita de una estructura social que garantice la participación de todos los ciudadanos con derechos legales y una concepción de la propiedad en la que convivan y cohabiten sus variadas formas, pues la propiedad, sea individual, familiar, cooperativa o estatal, tiene la función social de movilizar las potencialidades e iniciativas de las personas para producir; por lo tanto, cualquiera de sus formas tiene todo el derecho a existir y coexistir siempre que cumplan esa

función.

No se puede regresar al inmovilismo ni dedicarse simplemente a criticar las medidas, sino alentar los cambios desde una posición crítica para que los mismos trasciendan la  actualización del modelo y tomen el camino de la democratización, es decir, que los cubanos transiten de la función de “masa” a sujetos activos en las definiciones de la nación.

1 ¿El huevo o la gallina?, publicado en el diario digital Encuentro en la Red, el 13 de marzo de 2008

2 Estaticular (propiedad del Estado y ganancias del particular), La moral del cubano de hoy, publicado en el diario digital Encuentro en la Red, en marzo de 2001

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El diario Granma, del lunes 13 de septiembre, publicó un pronunciamiento de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) el cual constituye un buen motivo para debatir acerca de la autonomía de los sindicatos, de cara al escenario que está emergiendo en Cuba.

Según el documento: La dirección del Gobierno ha venido trabajando en la elaboración de un conjunto de medidas que garantizan e instrumentan los cambios que resulta necesario e impostergable introducir en la economía y la sociedad…; En correspondencia con el proceso de actualización del modelo económico y las proyecciones de la economía para el período 2011-2015, se prevé en los Lineamientos para el año próximo la reducción de más de 500 000 trabajadores en el sector estatal…; Nuestro Estado no puede ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía…; Al sindicato le corresponde actuar en su sector con un alto nivel de exigencia y mantener el control sistemático de la marcha de este proceso, desde que se inicie hasta que concluya, adoptar las medidas que correspondan y mantener informados a sus organismos superiores y a la CTC…

Los fragmentos seleccionados, como los del resto del documento, evidencian la ausencia total de independencia de la CTC. En ellos no aparece ninguna mención a los intereses de los trabajadores que supuestamente representa dicha organización, como es por ejemplo la no correspondencia entre salario y costo de la vida. La indagación de las causas por la que los sindicatos han devenido apéndice del Estado, obliga a una mirada retrospectiva, aunque sintética, de la historia del movimiento obrero cubano.

En Cuba, los sindicatos surgieron durante la sustitución de la mano de obra esclava por el trabajo asalariado partir del año 1865 con la creación de la Asociación de Tabaqueros de La Habana, el debut de las huelgas y la fundación de periódicos obreros. El crecimiento y fortalecimiento de ese movimiento desembocó en la conformación de las grandes centrales obreras del siglo XX, las cuales, apoyadas en las libertades y derechos reconocidos por la Constitución de 1901, escenificaron un gran movimiento huelguístico dirigido principalmente a lograr aumentos salariales y disminuir la duración de la jornada laboral, a la vez que desempeñaron un importante papel en hechos políticos como el derrocamiento del régimen de Machado por la huelga general del 5 de agosto de 1933: un acontecimiento sin precedentes en la historia de Cuba.

Gracias a la pujanza del movimiento obrero se aprobó una legislación laboral que comprendía la existencia legal de los sindicatos, el derecho de huelga, la jornada de ocho horas, el salario mínimo para los azucareros, la estabilidad del empleo, las vacaciones y licencias por enfermedad y maternidad retribuidas, entre otras medidas, las que se complementaron con la promulgación del Decreto 798 de abril de 1938: el más importante en la legislación laboral republicana. De igual forma muchas demandas obreras se convertían en leyes. Otra manifestación de la fuerza y autonomía fue la construcción del moderno edificio de Carlos III por el Retiro de Plantas Eléctricas y su arrendamiento a la Compañía de Electricidad; la construcción del hotel Habana-Hilton por el sindicato del Retiro Gastronómico y el desarrollo del reparto Gráfico por el de Artes Gráficas.
Sin embargo, ya desde 1925 había comenzado un proceso de subordinación de las asociaciones sindicales a los partidos políticos. En ese año, casi de forma simultánea, se fundaron la Central Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y el Partido Comunista de Cuba, Desde 1934, con la fundación del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), se inició una pugna con el Partido Comunista por el control del sindicalismo, la que se agudizó de tal forma con la victoria auténtica en las elecciones de 1944, que durante el V Congreso de la CTC –que realmente fueron dos congresos: uno controlado por los auténticos y el otro por los comunistas– una resolución ministerial declaró legítimo al congreso auténtico, en detrimento de los comunistas.

La subordinación del sindicalismo se manifestó de forma pronunciada ante el Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Eusebio Mujal, quien había ordenado una huelga general contra el Golpe, aceptó una oferta del gobierno de Batista a cambio de conservar los derechos adquiridos por la CTC, con lo que se le asestó otro golpe al sindicalismo cubano. En 1953, al resurgir las huelgas, la dirección sindical auténtica quedó atrapada: si las apoyaba entraba en conflicto con el Gobierno, si no las apoyaba perdía al movimiento obrero, y Mujal optó por la alianza con la dictadura.

El gobierno que tomó el poder en 1959 necesitaba del movimiento sindical para realizar su proyecto, y como la huelga general del 1 al 5 de enero consolidó al poder revolucionario, fue utilizada para hablar del movimiento obrero como factor decisivo del triunfo revolucionario. Sin embargo, el 22 de enero de 1959, se produjo el primer golpe contra el sindicalismo. La CTC fue disuelta y sustituida por la CTC con el apellido de Revolucionaria (CTC-R). La resistencia a tal intención no se hizo esperar. Se creó el Frente Obrero Humanista, donde se aglutinaron 25 de las 33 federaciones de industrias bajo el lema ¡Ni Washington ni Moscú!, lo que abrió un periodo de conflictos que fue resuelto en el X Congreso, de noviembre de 1959, donde David Salvador, designado Secretario General, ante la pregunta de un observador del Movimiento Social Cristiano, acerca de cuál era entonces el proyecto de los trabajadores, David respondió firme y lacónicamente: “Lo que diga el Comandante”.

Ante la división, el Primer Ministro del Gobierno, Fidel Castro, propuso un voto de confianza a la candidatura de David Salvador, dejando fuera a los comunistas y anticomunistas más destacados. Sin embargo, después del Congreso, Augusto Martínez Sánchez, entonces Ministro del Trabajo, logró lo que fue imposible durante las sesiones: despidió dirigentes e intervino sindicatos y federaciones, proceso que culminó cuando la mayoría de los dirigentes electos para el X Congreso quedaron excluidos.

Ya en el XI Congreso de la CTC-R celebrado en 1961 no quedaban vestigios del otrora movimiento obrero. Por vez primera se postuló un candidato para cada puesto y los delegados, representando al Gobierno, renunciaron a casi todas las conquistas históricas del sindicalismo cubano: a los nueve días de licencia por enfermedad, al bono suplementario de navidad, a la jornada semanal de 44 horas y al incremento constitucional del 9.09%, entre otros. El sindicalismo quedó bajo control del Estado y la CTC se transformó en el brazo auxiliar del Partido Comunista. Los resultados se reflejaron en la Constitución de 1976, en la cual los escasos seis artículos del Capítulo VI dedicados a los derechos de los trabajadores ignoran casi todo lo alcanzado por el movimiento sindical desde la creación de la CNOC en 1925.

En fin, se trata de una consecuencia de considerar que los pueblos son reducibles a una forma de organización donde las personas funjan como simples ejecutoras. Lo ocurrido en Cuba con el movimiento sindical corrobora la indiscutible tesis consistente en que: sin autonomía es imposible la existencia de un verdadero sindicalismo. Ahora, antes la aceptación del fracaso, el Gobierno está emprendiendo algunas reformas bajo el nombre de actualización del modelo; una decisión que tendrá un fuerte impacto en los trabajadores por la inexistencia de un verdadero sindicalismo, pues la ausencia de la sociedad civil independiente, incluyendo el sindicalismo, hace de Cuba una sociedad desarmada que permite al Estado decidir por sí solo y limitarse a solicitar el apoyo a los obreros, como lo demuestra el actual Pronunciamiento de la CTC-R.

La actualización del modelo, si está concebido para el bien de los cubanos, tiene que comenzar por darles participación efectiva a los trabajadores y dejar de considerarlos como masa. Se impone pues, el restablecimiento del sindicalismo como organización independiente.

 

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Después de una misa celebrada en su santuario por el Obispo de Santiago de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre inició el pasado 8 de agosto un peregrinaje por todo el país, con un mensaje de diálogo y reconciliación, que se extenderá hasta el 10 de diciembre de 2011.

 

La romería, en conmemoración del 400 aniversario de su aparición en aguas cubanas, coincide con una profunda crisis estructural provocada por el fracaso del totalitarismo que monopolizó la política, la economía, los medios de comunicación y eliminó la sociedad civil y los espacios cívicos independientes, generando un conjunto de perjuicios reflejados en la desesperanza, la apatía, la corrupción generalizada y el éxodo, cuya reparación requieren de una alta dosis de espiritualidad. En ese  contexto se inicia el peregrinaje de la patrona de Cuba por todos los pueblos y ciudades con un mensaje de libertad y de amor, dos conceptos que sufrieron un vuelco con el cristianismo y sin los cuales será imposible salir de la actual crisis.

 

La libertad, al establecer que la conciencia interior de la que emanan las obras humanas es resultado de la interiorización de la libertad concedida por Dios, lo cual la hace congénita al hombre. El amor, al entenderlo como una relación que abandonando el estrecho marco del pueblo judío incluyó a todos los hombres y a todos los pueblos, convirtiéndolo en instrumento de transformación encaminado a crear una comunidad donde los hombres se transformarían en hermanos. Así, el amor, condición primera de la concepción cristiana se erige como la forma más elevada en que se realiza el libre albedrío, mientras que la libertad constituye su infraestructura..

 

El culto mariano tuvo en Cuba manifestaciones anteriores pero fue con la aparición de la imagen de la Caridad, flotando en las aguas de la bahía de Nipe –ante dos aborígenes y un negro– la cual fue identificada como María por los peninsulares, como Atabey por los aborígenes y como Oshun por los oriundos de África, deidades relacionadas con las aguas, las mareas, la luna y la maternidad que representan la universalización del amor. Atributos que desde su aparición la convirtieron en la más cubana de las advocaciones marianas y parte de nuestra historia patria como lo demuestran los siguientes hechos:

 

En las minas del Cobre de Santiago del Prado, sede del Santuario de la Caridad, la historia ubica la primera rebelión masiva contra la esclavitud y la primera liberación de esclavos. En 1731 a causa de los maltratos recibidos, los esclavos de las minas se alzaron en las montañas vecinas para defender su libertad. En ese conflicto, Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, figura destacada de la Iglesia católica, no sólo actuó como mediador entre el Gobernador y los esclavos alzados, sino que se puso de parte de éstos últimos. Setenta años después, los mineros del Cobre, dirigidos por el Padre Alejandro Ascanio, obtuvieron su libertad por Real Cédula, la cual fue leída ante la Virgen, el 19 de mayo de 1801.

 

Carlos Manuel de Céspedes, al tomar la ciudad de Bayamo el 20 de octubre de 1868, celebró una misa solemne en honor a la Virgen, poniendo bajo su protección al ejército revolucionario y en noviembre de ese mismo año acudió al Santuario para presentarle sus armas, honrarla y pedirle, en su condición de Reina y Madre de los cubanos, por la libertad de Cuba.

 

En el diario de guerra de Ignacio Mora –uno de los patriotas que camagüeyanos que se alzó en noviembre de 1868–, el 8 de septiembre de 1872 escribió: La fiesta de la Caridad es un delirio para él (pueblo). Sin tener que comer, pasa dedicado estos días en buscar cera para hacer la fiesta al estilo mambí, esto es, encender muchas velas y suponer que la imagen de la Virgen está presente. ¡En todos los ranchos no se ve fuego para cocinar, sino velas encendidas a la Virgen de la Caridad!

 

El General Antonio Maceo, quien durante la guerra solía llevar consigo una imagen de la Virgen, en una ocasión expresó a sus hombres: Todos debemos darle gracias a la Virgen de la Caridad del Cobre, porque ella está peleando también en la manigua.

 

Al concluir la Guerra de Independencia, los representantes del Ejército Libertador fueron excluidos de la firma de capitulación, razón por la cual el General Calixto García ordenó a su Estado Mayor, con el General Agustín Cebreco al frente, avanzar hasta el Santuario para celebrar el triunfo de Cuba sobre España en Misa solemne con Te Deum a los pies de la imagen de la Virgen; hecho considerado como la Declaración Mambisa de la Independencia del pueblo cubano.

 

En septiembre de 1915, un grupo de veteranos de la Guerra de Independencia encabezados por el Mayor General Jesús Rabí, solicitó al Papa Benedicto XV que la nombrara Patrona de Cuba y al ocho de septiembre como el día de su celebración. En la petición se argumentaba: (pues) en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre una luz disipadora de todo peligro, o como rocío consolador, para nuestras almas, la visión de esa Virgen cubana por excelencia, cubana por el origen de su secular devoción y cubana porque así… la han proclamado nuestros soldados, orando todos ante ella para la consecución de la victoria, y para la paz de nuestros muertos inolvidados. Solicitud que fue concedida por bula pontificia.

 

Fermín Valdés Domínguez, íntimo amigo de José Martí, expresó: La milagrosa y cubana Virgen de la Caridad es santo que merece todo mi respeto porque es un símbolo de nuestra guerra gloriosa.

 

Por esas razones en diciembre de 1936 por delegación del Papa Pío XI, el Arzobispo de Santiago de Cuba, Mons. Valentín Zubizarreta, coronó la imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre frente a la bahía santiaguera. Entre 1951 y 1952, en el marco del cincuentenario de la república, la Virgen realizó su primera peregrinación por toda la Isla. En noviembre de 1959 su imagen fue trasladada a la Habana y colocada en el altar de la Plaza José Martí para celebrar la misa de clausura del Congreso Católico Nacional. En 1977, el Papa Pablo VI elevó el Santuario Nacional de la Caridad del Cobre a la dignidad de Basílica. En 1998 el Papa Juan Pablo II coronó por segunda vez a la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba, donde expresó: Desde su santuario, no lejos de aquí, la Reina y Madre de todos los cubanos –sin distinción de razas, opciones políticas o ideologías–, guía y sostiene, como en el pasado, los pasos de sus hijos hacia la Patria celeste y los alienta a vivir de tal modo que en la sociedad reinen siempre los auténticos valores morales, que constituyen el rico patrimonio espiritual heredado de los mayores.

 

Avalado con fundamentos históricos y divinos, la Virgen de la Caridad del Cobre constituye una fuerza espiritual de enorme valía en nuestra historia. Como abogada de un fenómeno tan doloroso como los partos, su presencia es significativa en un momento de alumbramiento. Por todas esas cualidades, por su cubanía, es decir, por su identidad y pertenencia a la cultura de Cuba, la imagen de María personificada en la Caridad del Cobre, nos acompaña, nos habla, nos une y nos insufla la fuerza que emana de la fe y de la esperanza, del amor y de la libertad. De ahí la relevancia de su peregrinaje en el momento crítico en que vive nuestra nación.