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El Blog de Dimas » Hemeroteca de Viernes, 25 junio, 2010

Hemeroteca de 25 junio, 2010

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La prensa oficial cubana publicó el pasado 17 de mayo los proyectos de resoluciones elaborados por las comisiones que sesionaron durante el X Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y que fueron aprobados en la sesión de clausura, celebrada en el Teatro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Una lectura crítica de esos documentos y del discurso del Ministro de Economía, evidencia una verdad: la solución de la ineficiente agricultura cubana no depende de congresos.

Las palabras del Ministro Mariano Murillo Jorge, parecen ser la guía de los proyectos aprobados por los delegados al Congreso, pues, en línea general, las resoluciones aprobadas responden a la “proyección de la economía hasta el año 2015”, presentada por el Ministro: reducir las importaciones de alimentos y materias primas para la alimentación animal; aumentar la producción de arroz, frijoles, maíz, leche, cárnicos, café y otros renglones; así como desarrollar la base nacional de alimentación animal para sustituir los cientos de millones de dólares que se invierten en comprar fuera lo que se puede producir dentro del país; lineamientos que constituyen el contenido esencial de los 37 proyectos elaborados por la Comisión No. 1: Producción y Economía.

En ellos se recomiendan a los ministerios del Estado continuar potenciando la producción de arroz, diseñar un programa de no menos de 100 mil hectáreas anuales para producir frijol y garbanzo, así como otros programas similares dedicados al maíz, a la soya, a las viandas, las hortalizas y las frutas. Potenciar un programa de la micro y minindustria, perfeccionar el programa de desarrollo del ganado vacuno, aumentar la producción de carne de cerdo sin incrementar las importaciones de pienso; potenciar el programa de équidos para crear nuevos patios de cría mular y de equino, desarrollar un trabajo con todos los poseedores de ganado mayor para que ceben y vendan sus propios animales directamente a los mataderos y desarrollar un movimiento popular para la producción de huevos sin importar alimentos.

También se plantea extender la experiencia de la agricultura urbana a las zonas suburbanas e incorporar las cooperativas a esos planes; no permitir a ninguna cooperativa cortar área de caña que no estén planificadas para moler, dejar sembrado el 100% del balance de área de caña en el 2011 y alcanzar para el próximo Congreso el mínimo de 54 toneladas por hectárea. Apoyar los programas de recuperación y desarrollo del café y del cacao, exigir a cada cooperativa el cumplimiento del programa forestal aprobado hasta el año 2015, aprobar un programa de desarrollo tabacalero en las provincias orientales, incrementar la producción de abonos orgánicos, y solicitar a las familias que tengan las posibilidades de producir arroz, frijol, grasa, huevos, leche y café, que hagan dejación de esos productos que se distribuyen por la canasta básica a precios subsidiados, así como tomar medidas para que todos aseguren sus patrimonios y evitar que el Estado sea el que asuma los daños y perjuicios.

En fin, lo primero que salta a la vista en el concluido Congreso es la falta de autonomía de la ANAP para discutir y acordar proyectos a partir de los intereses de sus asociados. Por ejemplo, un problema tan vital para la producción agropecuaria y tan arraigado en el campesinado, como es la estructura actual de la propiedad agraria brilló por su ausencia.
Resulta que durante décadas el Estado cubano ha demostrado fehacientemente su incapacidad para producir. Basta recordar que la producción de azúcar, el principal producto del agro cubano a través de su historia, en 1903, recién salida Cuba de la Guerra de Independencia y de la tea incendiaria, produjo 1 millón de toneladas, el monto que hoy casi constituye un sueño. Un descalabro que obliga a comprar azúcar en otros países para poder cumplir los compromisos exteriores. Y una de las causas, sino la principal, de esa incapacidad radica en la estructura de la propiedad que concentra la mayor parte y las mejores tierras en manos del Estado.

Sin embargo, los sectores privados y cooperativos, a pesar de la falta de autonomía, producen con menos tierra la mayor parte de los productos agrícolas. Sumando las 920 mil hectáreas entregadas con la Ley 259, el sector cooperativo-campesino dispone del 41 por ciento de la superficie agrícola; sin embargo, aporta cerca del 70% del valor de la producción agropecuaria; sin tener en cuenta que de las 920 mil hectáreas entregadas, alrededor de la mitad permanecen ociosas o insuficientemente explotadas, bien por falta de experiencias o bien porque los usufructuarios carecen de lo más elemental para ponerlas en explotación. Por su parte el Estado, con casi el 60% de las tierras, apenas produce un 30%. A pesar de ese dato tan aplastante el Estado se abroga el derecho de conservar la mayor parte de la tierra en sus manos y entregar a los verdaderos productores solo pequeñas parcelas en calidad de usufructo.

Como resultado, Cuba, un país con tradición agrícola y con un clima favorable se ha visto obligada a importar un por ciento creciente de lo que consume, pues a pesar de todas las medidas, el decrecimiento no ha podido detenerse y nada indica que se pueda lograr con los acuerdos del Congreso de la ANAP, pues parece ser que como ese tema no estaba en el discurso rector del Ministro de Economía, se decidió no abordarlo. Todo ello indica la importancia vital que tiene la autonomía para cualquier asociación, para no tener que discutir temas por encargo.